{"id":11392,"date":"2024-03-24T21:47:24","date_gmt":"2024-03-24T21:47:24","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11392"},"modified":"2024-03-24T21:47:24","modified_gmt":"2024-03-24T21:47:24","slug":"entre-scylla-y-caribdis","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/entre-scylla-y-caribdis\/","title":{"rendered":"Entre Scylla y Caribdis"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Hernando Track<\/h4>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan lo que cada quien mantenga en el coraz\u00f3n, estas noches pueden ser tranquilas o amargas: tranquilas para los que, desde este momento, encendidas las luces en las esquinas, velaran sin cansarse , hasta que el sue\u00f1o evapore sus l\u00e1mparas, para que los que nos sobrevivan puedan remediar, olvidados de la prisi\u00f3n y de la matanza, Ia soledad de los suyos, agradecidos por nuestra vigilia y sin avergonzarse de nuestro recuerdo. Y amargas para los que, tras la suspicacia de unas donde no alumbra ya eI nombre apenas entredicho de los seres amados, no duermen y velan tambi\u00e9n, despiertos en un odio cada d\u00eda mas in\u00fatil, Acaso estas noches disfruten de Ia calma dudosa que sucede a las despedidas. Ese sosiego, sin embargo , no durara mucho tiempo, pues todav\u00eda unos pocos, obstinados en Ia esperanza, se cruzan su se\u00f1a instant\u00e1nea. Y saben demasiado con que y para que ha sido creada esta calma. Tambi\u00e9n yo lo s\u00e9, y me parece que si el mundo padece ahora esta enorme desgracia, es porque todos ellos, y nosotros, enterramos en un mismo oIvido, no los desacuerdos, sino, precisamente nuestras semejanzas.<\/p>\n\n\n\n<p>Si, oportunamente, se hubiera comprendido que todos incurrimos en una misma equivocaci\u00f3n, que est\u00e1bamos convocados por un mismo amor, que sufr\u00edamos de un mismo pesar, hoy encaminados -como efectivamente lo estamos- a un mismo destino, no ser\u00edamos tan desemejantes.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo eleg\u00ed el amor por fidelidad a mis propias imperfecciones, aunque habr\u00eda sido mas f\u00e1cil odiar y a la vez ser odiado, porque entonces mis debilidades no habr\u00edan sido tan desiguales. Esta opci\u00f3n, lo debo decir, no me pertenece, y no se me debe atribuir por ella ninguna virtud, pues, en realidad, la aprend\u00ed de los otros -algunos seres siempre mejores que yo, unos seres que, ilumin\u00e1ndome con aire distra\u00eddo y confiado , incurrieron en la inmensa desdicha de amarme. Acaso hoy, y como la se\u00f1al olvidada en un libro viejo, tropiecen nuevamente conmigo, y yo querr\u00eda decides desde cuanta soledad me encomiendo a ellos cada vez que, en la oscuridad de un desierto sin estrellas ni flores, invoco aquel acompa\u00f1amiento. Y hoy les encuentro mas grandes y, justamente, porque a su vez, y en un tiempo menos desconsiderado, me invocaron tambi\u00e9n, y con una nostalgia que no merec\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1adir\u00e9 ahora que todav\u00eda me parecen mas respetables las razones que se pueden admitir para amar, que las que insisten en sostener para odiar. Hay -esa es mi convicci\u00f3n- una verdad superior a todos nosotros. No acudir\u00e9 a ning\u00fan sue\u00f1o extrahumano: simplemente, dir\u00e9 que esa verdad la constituye cada hombre en particular, en la advertencia de que si se quiere sobrevivir, es necesario que cada quien se responsabilice por todos, e igualmente, que todos se responsabilicen por cada quien. Hemos desertado de aquella iluminaci\u00f3n, atenta y tranquila, que, acosados por una misma penumbra y por la memoria de una luz que, unos d\u00edas mas florecidos impuso su delgada frescura, a\u00fan no hemos podido olvidar y que, anublados en una misma tristeza, busc\u00e1bamos con un mismo af\u00e1n. Fraterniz\u00e1bamos en la hermandad de una misma interrogaci\u00f3n: quer\u00edamos saber si el sufrimiento com\u00fan tenia o no un sentido, y si sus letreros, de rato en rato levantados a nuestro paso, eran se\u00f1ales para indicar un destino, nunca la obtendr\u00edamos en la calma del cielo, y decidimos que era necesario indagarla aqu\u00ed, en el \u00fanico mundo que conoc\u00edamos, donde am\u00e1bamos y se nos amaba, un mundo lo suficientemente hermoso y sobrio para que, en un extra\u00f1o parentesco, convivieran nuestra blancura y nuestra impureza, y nos resultara m\u00e1s dulce vivir y menos humillante morir.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde luego, tampoco nos preguntamos si aquel acuerdo, como la esperanza irrenunciable de los condenados a muerte, no era demasiado precario, y si la calma que hab\u00edamos encontrado no era indicio de una contienda definitiva y atrozmente inmisericorde. Conozco demasiado bien el silencio de las grandes vacilaciones: ciertas veces, tan solo porque una brisa casi dorada se distrae ondulando el filo de los cipreses, me olvido, no exactamente de lo que soy, sino de lo que habr\u00eda querido ser, y me digo que si tengo razones para vivir, un d\u00eda descansare del horror y las encontrare tambi\u00e9n para morir, sin que sea necesario cerrar la ventana. Pero otras, me basta haber presenciado la muerte de un perro para convencerme de que lo indispensable era una respuesta que, irremediablemente, no habr\u00edamos comprendido, porque nos habr\u00edamos comprendido, porque nos habr\u00eda proporcionado, al menos, la nostalgia o la esperanza de ser mejores. Preguntar\u00e9 si as\u00ed no nos destinamos a una inm\u00f3vil semejanza con nosotros mismos. Yo s\u00e9: quiz\u00e1 el mal de los hombres consiste en buscar respuestas, y seguramente  porque no tenemos la grandeza de nuestras interrogaciones. Y se, igualmente, que permaneceremos desesperados hasta el ultimo d\u00eda, sino comprendemos que, justamente, nuestra grandeza se encuentra en admitirnos como pregunta. Esa humildad habr\u00eda podido suministrarnos una misma mirada, y entonces hubi\u00e9ramos descubierto que nos un\u00eda una misma amenaza y que lo inaplazable era comprometerse en un mismo af\u00e1n y en una misma esperanza, porque intent\u00e1bamos escapar de una misma mentira y de una impostura igual. Pero, finalmente, unos hombres soberbios juraron que ellos, tan solo ellos, dec\u00edan Ia verdad, toda la verdad y solamente Ia verdad. Autom\u00e1ticamente decidieron que los otros ment\u00edan, Se comprender\u00e1, entonces, que hayan optado por destruir, porque -y esta es su sinraz\u00f3n- separaron, tambi\u00e9n autom\u00e1ticamente, a los hombres en dos verdades. Es posible que el criminal conviva con el inocente, pero no es concebible Ia convivencia entre dos verdades que se excluyen rec\u00edprocamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Intent\u00e9 habIar mediante una sola palabra, la \u00fanica que conviene al hombre, esto es: la de la humanidad. Pero no me extra\u00f1ar\u00e9 si he fracasado, porque lo dicho est\u00e1 sostenido en una doble necesidad, estos d\u00edas mas dif\u00edcil: Ia de comprender, es verdad, pero tambi\u00e9n, puesto que no soy un dios, la de ser comprendido. Parecer\u00eda f\u00e1cil, pues en apariencia no es dif\u00edcil, pensar que ser comprendido no es tan solo una suerte, sino simplemente la consecuencia de comprender. Esa circunstancia comprueba que, aun en la soledad, o justamente a causa de ella, nuestras necesidades son semejantes. \u00bfComo negar, entonces, que el hombre tiene el instinto de la hermandad? \u00bfPor que, entonces, uncirse a Ia destrucci\u00f3n rec\u00edproca? Estos hombres -y lo esencial es que sean eso, hombres- pueden o no creer en lo que los otros creen. Eso no es decisivo. Lo importante es que si han decidido destruir lo que aquellos creen, no est\u00e9n dispuestos a destruir lo que son, pues basta un instante de reflexi\u00f3n para descubrir que los unos y los otros son semejantes incluso por el hecho de atribuirse, mutuamente, una equivocaci\u00f3n que parad\u00f3jicamente, consiste en no abrazarse en una creencia com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Incluso en este aspecto no dejamos de parecernos. Excepto unos pocos, estoy convencido de que cada quien siente honestamente lo que cree. Eso continua identific\u00e1ndonos y dici\u00e9ndonos que pensamos de modos disimiles, pero que no sentimos de maneras impares . Estos a\u00f1os han demostrado que las distancias enloquecedoras no se miden, propiamente, mediante ideas. Lo extra\u00f1o es que de una misma inconformidad hayamos derivado morales tan diferentes . Ambos estuvimos de acuerdo en que era necesario sobrevivir y, en efecto, hemos sobrevivido. Pero yo me pregunto si el mundo donde ahora soportamos esta convivencia dif\u00edcil, es m\u00e1s que aquel que, acaso en la nostalgia de una misma pureza, consideramos inhabitable. En este sentido no me hago iIusiones. Este instante, es la \u00faltima tarde, comienzan a entredormirse las flores y la luminosidad caIurosa de un cielo, en el que, dentro de un momento, encontraremos las mismas estrellas. No baste, sin embargo, habernos sublevado contra una misma mentira. Y ahora mi sospecha, en el aire de una noche todav\u00eda confiable y tranquiIa, es la de que me equivoque nuevamente. Y hoy, perdido y sin auxilio, en un mundo al que, de todos modos insisto en amar, me parece que, en realidad, el sufrimiento deriva de lo que se tiene y no, como se lo cree com\u00fanmente, de lo que no se posee. Pues lo que tenemos, lo que nos destituye de la felicidad, es la coronaci\u00f3n del verdugo y el envilecimiento de los inocentes. Yo s\u00e9: mi sublevaci\u00f3n es in\u00fatil y su destino es, sin remedio, el de empalidecer. Pero, de todas maneras, yo no eleg\u00ed la soledad: se me impuso, y mi \u00fanica ayuda fue la de acompa\u00f1arme con ella, porque reh\u00fase ser acompa\u00f1ado por los que, en la frialdad y la imprevisi\u00f3n, sin advertir que as\u00ed aherrojaban al esclavo e institu\u00edan al amo, dispusieron transformar la Iibertad en una servidumbre aceptada, y a Ia prisi\u00f3n, la tortura y el crimen en razones de Estado.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPara que explicar\u00eda que la soledad es, simplemente, caminar con un paso, invocar unos nombres, tocar una puerta y ocupar una siIla que no pertenecen a nadie? Si, vivir de nada y de nadie, tambi\u00e9n esto es la soledad&#8230; Se me dice que la escog\u00ed porque la encontr\u00e9 confortable. Habr\u00eda querido que fuese as\u00ed; pero ni siquiera soy apto para las noches y los cielos vac\u00edos. De todos modos, nunca he dicho que mi tarea es la de salvar el mundo, porque estoy suficientemente convencido de que no poseo esas luces; tan solo pienso que hoy es imprescindible amar incansablemente, aunque entonces sea necesario resignarse a no ser amado, pues la \u00fanica verdad por la que vivir a\u00fan no es totalmente in\u00fatil, es la de que el hombre es lo suficientemente grande -o lo suficientemente peque\u00f1o- para que, al menos, se intente salvar en \u00e9l lo que todav\u00eda puede y debe salvarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Desafortunadamente, todo indica que ya estamos en la comarca viscosa de las situaciones extremas; ninguna vacilaci\u00f3n es posible y quiz\u00e1 el hombre mas desconfiable es aquel que todav\u00eda no ha decidido. Pero, probablemente, Ie acechan dos desdichas iguales: tendr\u00e1 una misma capacidad para amar y para malquerer y nunca sera ni aborrecido ni amado. La suya, entonces, sera la m\u00e1s devastadora soledad, pues, en un mismo momento, podr\u00e1 destruir y ser destruido. Yo s\u00e9 que existe una enorme desgracia: la de que cuando el hombre se destituye de su autoridad moral, siempre acude a la inmoraIidad de los otros para justificarse. Pero tambi\u00e9n se que esta pavorosa pendiente pronto nos conducir\u00e1 a una horrible comarca tan solo poblada por v\u00edctimas y verdugos. La violencia siempre ha tenido prioridad. Constituidos ahora en una familia de adversarios que conviven en el resentimiento y el odio, aquella violencia sera, inevitablemente, el \u00fanico vinculo que mantendr\u00e1 nuestro parentesco. Y no sabr\u00eda decir si muy pronto la inocencia pertenecer\u00e1 exclusivamente a los muertos.<\/p>\n\n\n\n<p>Existe, asimismo, otra certeza : la de que la violencia engendra rebeIiones, y as\u00ed se establece la viciosidad de aquel c\u00edrculo en cuya vergonzosa corona estamos ya encarcelados, puesto que las sublevaciones, necesariamente, tambi\u00e9n acuden a la violencia, se alimentan, en suma, de la misma semilla que las ha provocado. Un d\u00eda, sin embargo, los que decidieron matar en nombre de un orden sin el que consideraron in\u00fatil vivir, comprender\u00e1n, y tard\u00edamente, que, en realidad, escogieron su propia destrucci\u00f3n. A menos que se acepte vivir en la horrorosa fraternidad de la muerte in\u00fatil. Mi convencimiento es el de que ninguna causa puede considerarse justa si previamente no rechaza la injusticia, y aun as\u00ed, su legitimidad no ser\u00e1 completa, porque no basta protestar y condenar: es necesario rechazar lo que se condena y renunciar a lo que se protesta. De otra manera, alguna vez -y muy pronto se impondr\u00e1 como realidad la de que se ha optado y sin remedio, por el odio, y que la persecuci\u00f3n y el terror han sustituido al deber de escuchar y al derecho de ser escuchado.<\/p>\n\n\n\n<p>Presencio una disputa implacable en Ia que se han movilizado la pasi\u00f3n y el resentimiento, pero no las doctrinas. Y entonces pienso que se ha renunciado a comparar y que, finalmente, se ha decidido convivir en la imparidad, el acecho y Ia suspicacia, en un delirio reciproco de aniquilamiento. Mi sospecha en el sentido de que las supersticiones pol\u00edticas han encomendado la palabra final aI totalitarismo y al dogma, no es nueva; pero esa convicci\u00f3n no es eI producto de un antagonismo entre mi nostalgia y la realidad; cualquiera, en Ia condici\u00f3n de que desista de su enajenaci\u00f3n y acuda, sin exigencias previas, incluso a la historia, comprender\u00e1 que las ideas atemporales no existen, que no existen las doctrinas inm\u00f3viles y que su propia transformaci\u00f3n conduce, necesariamente, a un momento en el que el esp\u00edritu envejecido se niega a dimitir de su preeminencia; entonces se totalitariza, insiste en s\u00ed mismo y su obcecaci\u00f3n Ie conduce a la extravagancia y al crimen. Los hombres no desconocen lo que han pagado en v\u00edctimas y sufrimiento cada vez que han defendido su derecho a no envejecer y morir con las doctrinas que, como ellos mismos, alguna vez alumbraron con unas luces que parec\u00edan inmarchitables. Pero las ideas, como lo descubriera Nietzsche de las civilizaciones, tambi\u00e9n son mortales. Y es justo que los hombres reh\u00fasen morir con ellas. Infortunadamente, es entonces cuando se cruza el l\u00edmite de la desgracia, porque, frecuentemente, se apela al crimen tanto para vivir como para negarse a morir.<\/p>\n\n\n\n<p>Quienes hayan defendido -o defiendan- una convicci\u00f3n pol\u00edtica, saben que si su asentimiento les expone a la infamaci\u00f3n y aun al asesinato, llega un momento en el que tambi\u00e9n ellos deben elegir entre dimitir o envilecer y matar. Yo no dir\u00e9 que aquella necesidad es injusta; pero tampoco admitir\u00e9 que es justa; simplemente, dir\u00e9 que constituye una perversa fatalidad. Y me pregunto si su explicaci\u00f3n no se encuentra en la prioridad que eI hombre se concede a s\u00ed y, sencillamente, porque porf\u00eda en atribuirse una ilusoria singuIaridad; en resumen, porque ha extraviado el sentido de su propia especie. Y ahora nos encontramos ante un hombre cuyo sue\u00f1o teleol\u00f3gico es noble, pero que, seg\u00fan lo aconsejen los d\u00edas, puede ser respetable o ruin. No; esta bifurcaci\u00f3n moral es err\u00f3nea; en realidad, se es lo uno y lo otro simult\u00e1neamente, y mientras debamos subordinarnos a esta ambivalencia, eI hombre no sera confiable. Pues nadie ignora que amar y odiar no pueden constituirse en un acto un\u00edvoco; a menos que sea posibIe odiar porque no se es amado&#8230; Pero aun as\u00ed, lo que se odiar\u00eda ser\u00eda el desamor, y esa ser\u00eda una forma , acaso la mas extra\u00f1a, de&#8217; amar, pues muchas veces, es el hecho de ser aborrecido el que conduce a desear el amor de quienes nos han detestado.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 se comprenda ahora por que es necesario situar a los hombres; nadie podr\u00eda desconocer que si no tuvimos la grandeza que necesit\u00e1bamos para coadyuvarnos en un mismo abrazo, es cierto, igualmente, que cada quien morir\u00e1 de su propia muerte: tan solo la suya anticipa o repite la muerte de todos. Y lo que me subleva, entonces, es que sean aquel horror y aquella amargura los que, finalmente, nos enlazaran en la fosa com\u00fan de una misma desgracia. Porf\u00edo en decir que vivimos sometidos a un disvalor cuyo signo es Ia deshumanizaci\u00f3n. Yo no desconozco el hecho de que en el aire del siglo dominan los dioses pol\u00edticos. Pero esas denominaciones deber\u00e1n, si es que todav\u00eda insisten en considerarse honestas, reconocer que su tarea ha sido la de ahondar las distancias humanas que, diariamente, nos obligan a presenciar el sacrificio de Abel.<\/p>\n\n\n\n<p>No solo se ha olvidado que la calidad de una idea tan solo puede verificarse mediante su efectividad creadora. Ocurre, asimismo, que los hombres significan menos que las doctrinas. Pero es que tambi\u00e9n se ha extraviado una luz que podr\u00eda, con una misma iluminaci\u00f3n, ennoblecer a los adversarios: la grandeza humana, pues si es cierto que un hombre no vale por lo que piensa, siempre vale por lo que es. En el mito ha sido posible que un rebelde coloque una piedra en la cima y que, inexorablemente, siempre deba rescatarla del abismo que parece atraerla. Pero los hombres han apostatado por la verdad contra el mito, y unos pocos est\u00e1n convencidos de que existe una inmensa verdad extraviada, y que aquella grandeza siempre estar\u00e1 mas all\u00e1 de \u00e9l. Quiz\u00e1 en esta humildad pueda reconciliarse con un mundo y un tiempo que nadie puede garantizarle, porque su tarea de hoy precisamente, es la de construirlos. Pues ning\u00fan hombre empieza y concluye en s\u00ed mismo; tendr\u00eda, entonces, la significaci\u00f3n de una puerta cerrada. Y nuestra tarea inmediata, si es que queremos evitar que, un tiempo que no sera el nuestro, otros hombres mejores se averg\u00fcencen de nuestro recuerdo, es la de comprender que la \u00fanica manera de justificarnos a nosotros mismos es la de combatir, desde ahora, para que aquellos hombres vivan y mueran irrecusablemente justificados.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/hernando-track\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Hernando Track Seg\u00fan lo que cada quien mantenga en el coraz\u00f3n, estas noches pueden ser tranquilas o amargas: tranquilas para los que, desde este momento, encendidas las luces en las esquinas, velaran sin cansarse , hasta que el sue\u00f1o evapore sus l\u00e1mparas, para que los que nos sobrevivan puedan remediar, olvidados de la prisi\u00f3n y [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":11393,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11392"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11392"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11392\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11394,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11392\/revisions\/11394"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11393"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11392"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11392"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11392"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}