{"id":11373,"date":"2024-03-21T21:35:25","date_gmt":"2024-03-21T21:35:25","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11373"},"modified":"2024-03-21T21:35:25","modified_gmt":"2024-03-21T21:35:25","slug":"cuentos-de-silda-cordoliani","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-de-silda-cordoliani\/","title":{"rendered":"Cuentos de Silda Cordoliani"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Babilonia<\/h3>\n\n\n\n<p>El d\u00eda en que la sangre manch\u00f3 mi t\u00fanica, Antra, la vieja esclava de mi madre, se ocup\u00f3 de los preparativos. Bajo sus \u00f3rdenes las otras esclavas doblaron y guardaron cuidadosamente mis vestidos mancillados; prepararon el ba\u00f1o de hierbas frescas, me lavaron con empe\u00f1o y luego me ungieron con los aceites que sol\u00edan usar mis hermanas mayores. Cuando el sol se ocult\u00f3, sal\u00ed de la habitaci\u00f3n de mi ni\u00f1ez a donde nunca m\u00e1s volver\u00eda. Vestida con las nuevas telas doradas, trenzados mis cabellos por primera vez con delgados hilos de plata, me enfrent\u00e9 a toda aquella parentela que me recibi\u00f3 con m\u00faltiples presentes y amables cumplidos. Luego mi padre hizo su aparici\u00f3n. A trav\u00e9s de su larga barba negra rizada, como s\u00f3lo la rizaba los d\u00edas de grandes acontecimientos, pude descubrir una enorme sonrisa. Se me aproxim\u00f3 lentamente mientras los instrumentos de los m\u00fasicos comenzaban a sonar y las bailarinas a danzar. S\u00f3lo o\u00eda la m\u00fasica y el poder de sus majestuosas pisadas: un respetuoso silencio de voces acompa\u00f1\u00f3 el resto de la ceremonia. Pocas veces lo hab\u00eda visto tan cerca; nunca, que yo recordara, me hab\u00eda elevado entre sus brazos como lo hizo en aquel momento. Estamp\u00f3 un beso h\u00famedo y salobre en mis labios y habl\u00f3 con afectada solemnidad; \u201cYa eres mujer, ahora te debes a Ishtar\u201d. Luego coloc\u00f3 en cada uno de mis brazos dos s\u00f3lidos brazaletes de oro reci\u00e9n forjados, y haciendo un discreto gesto hacia mi madre la invit\u00f3 a participar del acto. Le entreg\u00f3 unos largos zarcillos, tambi\u00e9n de oro macizo, para que ella los presionara sobre mis l\u00f3bulos v\u00edrgenes. Yo no grit\u00e9, ni siquiera suspir\u00e9 ni me mov\u00ed. Fue mi hermana mayor quien con un pa\u00f1o h\u00famedo enjug\u00f3 las gotitas rojas que sent\u00eda brotar de las dos heridas frescas. No recuerdo con exactitud qu\u00e9 m\u00e1s paso aquella noche. Tengo la remota sensaci\u00f3n de que danc\u00e9 y re\u00ed escandalosamente, pero sospecho que el extra\u00f1o humo en que me envolvieron las esclavas me proporcion\u00f3 la capacidad del olvido.<\/p>\n\n\n\n<p>Cien noches despu\u00e9s habr\u00eda de saber a qu\u00e9 se refer\u00eda mi padre cuando mencion\u00f3 mi deber hacia la diosa Ishtar. Durante todo ese tiempo hube de acostumbrarme al abandono de mis antiguos juegos, y a la distancia de las otras ni\u00f1as de la casa que a\u00fan no conoc\u00edan el sangrar de su cuerpo. En cambio las mayores se dedicaron a m\u00ed, inici\u00e1ndome en algo que llamaron las delicias del placer. Me ense\u00f1aron los secretos de cada sitio de mi cuerpo, aprend\u00ed a bailar con suma lentitud disfrutando de los m\u00ednimos y r\u00edtmicos movimientos, aprend\u00ed el secreto de los perfumes de las flores en mi piel y de las tintas de colores en mi rostro. Supe que las joyas y los vestidos sirven para seducir, y tambi\u00e9n las miradas y las sonrisas. Me entren\u00e9 especialmente en el ejercicio de contraer y distender esa parte de mi cuerpo en que la sangre hizo su aparici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, la cuarta vez que la vi, un d\u00eda antes de la noche de mi deber, ya estaba preparada para recibirla con verdadero goce. Todo fue de nuevo algarab\u00eda y felicidad. Otra vez las esclavas se dedicaron a lavarme y vestirme con tanto gusto y empe\u00f1o como lo hicieran en la primera oportunidad. Me dijeron que por fin hab\u00eda llegado el momento en que saldr\u00eda de casa para visitar el templo de la diosa y entregarle mi \u00fanico bien. La luna alumbraba la oscuridad del cielo; tres mujeres \u00edbamos en la litera que atraves\u00f3 buena parte de la ciudad antes de llegar a su destino. Mi madre y yo llev\u00e1bamos el rostro cubierto y la vieja Antra se mostraba atenta a los desv\u00edos de los fornidos eunucos. Yo ve\u00eda a trav\u00e9s de la peque\u00f1a rendija de la cortinilla las fascinaciones de la noche: la luna como un arco tensado hacia el oriente, las estrellas, los edificios alumbrados por fogatas y antorchas, y tambi\u00e9n a las extra\u00f1as mujeres que a cada paso intentaban detener a los hombres extendiendo sus brazos y labios entintados de p\u00farpura. Mi madre me observaba con ojos h\u00famedos y nada hac\u00eda por controlar mi curiosidad y asombro. De pronto, a lo lejos, pude divisar el enorme edificio, el templo de Ishtar dijo Antra. Poco a poco nos fuimos acercando a su formidable opulencia. Mucha gente, hombres y mujeres, hablaban y caminaban ante su fachada principal, pero nuestros esclavos evadieron la multitud y tomaron por un peque\u00f1o atajo que nos llev\u00f3 hasta una discreta puerta posterior. Antes de bajarnos esperamos que otra madre y su hija \u2013 eso dijo Antra\u2013 terminaran de despedirse. La muchacha entr\u00f3 al templo por aquella puertecilla y la madre corri\u00f3 hacia lo m\u00e1s oscuro de la noche. Entonces descendimos. Tal como la pareja anterior, mi madre y yo nos dijimos adi\u00f3s ocultas tras una columna que disimulaba la entrada. Ya no pudo controlar sus l\u00e1grimas, su voz se quebr\u00f3 cuando quitando el velo de mi cara pronunci\u00f3 las palabras de despedida: \u201cUna sacerdotisa te guiar\u00e1 hasta la galer\u00eda, tomar\u00e1s el asiento que ella te se\u00f1ale y esperar\u00e1s al hombre, \u00e9l rociar\u00e1 tu regazo con algunas monedas. Sean de cobre, de plata o de oro, t\u00fa recoger\u00e1s las monedas de Ishtar y te levantar\u00e1s para seguirlo\u201d. Yo tambi\u00e9n temblaba, yo tambi\u00e9n quer\u00eda llorar y yo tambi\u00e9n habl\u00e9. \u201cMadre, no quiero\u2026 \u00bfPor qu\u00e9?\u201d \u201cObedece\u201d, fue su \u00fanica respuesta. Recuerdo que todo el trayecto con la sacerdotisa fue tan largo como mi infancia de juegos entre la ribera y el riachuelo, como los cuentos narrados por Antra, como los signos que feliz aprend\u00ed a descifrar sobre piedras y tablillas arcillosas, como las cotidianas caricias y besos de mi madre, mis hermanas y las esclavas. Cuando tom\u00e9 el asiento indicado entre tantas otras mujeres, ya hab\u00eda superado nuevamente y para siempre los d\u00edas de mi ni\u00f1ez: tuve conciencia de mi sangrar, sent\u00ed entonces la humedad entre mis piernas.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1bamos ubicadas contra la pared de un largo pasillo, iluminado por innumerables teas, del cual no vislumbraba principio ni final. Al poco rato o\u00ed una puerta que se abr\u00eda lejana a mi derecha, todas giramos el rostro y, temerosas, pudimos distinguir a los hombres que comenzaban a desfilar ante las primeras que habr\u00edan de consagrarse. Eran pocos, y esos pocos, despu\u00e9s de considerar las cualidades o defectos f\u00edsicos de aquellas mujeres sentadas a mi diestra, escanciaban sus monedas en las faldas de algunas de ellas. Las vi recogerlas lentamente, las vi seguirlos sumisas y cruzar los estrechos umbrales que de tanto en tanto romp\u00edan la uniformidad de la larga galer\u00eda. Fue con el cuarto grupo de hombres, tras muchas horas de ansiedad, que \u00e9l lleg\u00f3. Se distrajo admirando la belleza y lozan\u00eda de varias j\u00f3venes antes de detener sus ruinosas sandalias frente a mis ojos. Supe que deb\u00eda levantar el rostro, \u00e9l me sonri\u00f3 y su sonrisa era hermosa a pesar de los vac\u00edos en su dentadura; sus ojos brillaban como esmeraldas pulidas y sus manos, enormes y agrietadas, lanzaron unas pocas y gastadas monedas de cobre sobre mi n\u00edveo regazo. Las tom\u00e9 y me dej\u00e9 guiar. Mis senos se agitaban al ritmo loco de mi coraz\u00f3n: estaba asustada pero feliz.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cVamos afuera\u201d, le dijo a una de las sacerdotisas que vigilaban el orden del inici\u00e1tico ritual y conoc\u00ed esa voz de acento extranjero que retumbaba como el Eufrates amenazante. Ella insisti\u00f3 en su poca prudencia, pero termin\u00f3 por convencerla despu\u00e9s de indicarme la necesidad de entregar las monedas que ya sent\u00eda como mi m\u00e1s preciado tesoro. Salimos por la puerta principal, me tom\u00f3 de la mano y nos alejamos r\u00e1pidamente de toda aquella confusi\u00f3n de hombres y mujeres celebrando no s\u00e9 qu\u00e9. Caminamos largo rato hasta llegar a un paraje muy oscuro y silvestre, cerca del susurro de alg\u00fan arroyuelo. Su respuesta a mi \u201cquisiera verte\u201d, mientras las manos decididas hurgaban mis vestidos, fue apenas un gru\u00f1ido a trav\u00e9s del cual pude distinguir \u201cno es necesario, s\u00f3lo si\u00e9nteme\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Invoqu\u00e9 a Ishtar y la diosa acudi\u00f3 a m\u00ed. El me posey\u00f3 dulce y fren\u00e9ticamente, y Ella recompens\u00f3 sus destrezas y pasi\u00f3n convirti\u00e9ndome esa noche en la m\u00e1s sabia amante de todas sus siervas. Al amanecer, el sexo y los labios del hombre mostraban restos de mi sangre. Dormimos abrazados bajo los oblicuos destellos del sol y al despertar no pod\u00edamos a\u00fan despedirnos. Cuando jug\u00e1bamos entre las aguas, comenz\u00f3 a contarme su vida de errabundo. Me habl\u00f3 de muchos dioses y costumbres curiosas. A mi ruego pronunci\u00f3 frases en diferentes lenguas, todas ellas, dijo, quer\u00edan decir \u201ceres hermosa\u201d. Sin dudarlo le ped\u00ed que me llevara con \u00e9l, sin dudarlo lo descart\u00f3 serenamente. Me deseo felicidad y muchos hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando sola en mi habitaci\u00f3n me deshice de mi t\u00fanica manchada de tierra, de hierba y de sus l\u00edquidos y los m\u00edos, encontr\u00e9 entre las telas estas tres gastadas monedas que como ves son de oro puro. Te cuento esto, hija m\u00eda, para que no ignores, como yo entonces, que en pocas horas Ishtar habr\u00e1 de iniciarte en el goce del amor y en los misterios de la muerte. Lleva tu cuerpo hasta el templo y entr\u00e9galo al extranjero; pero te ruego, deja tu coraz\u00f3n conmigo. Ponlo aqu\u00ed, entre mis manos, que yo lo sabr\u00e9 resguardar como no supe hacerlo con el m\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Recuerdo de Par\u00eds<\/h3>\n\n\n\n<p><strong>A &nbsp;(primer personaje)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>T\u00fa, por supuesto, no lo sabes. No tienes por qu\u00e9 saberlo, pero la verdad es que casi nunca uso el metro, y menos a esa vacilante hora de la noche, cuando ya casi todo el mundo ha llegado o est\u00e1 muy cerca de llegar a su casa, cuando los ociosos se preguntan qu\u00e9 m\u00e1s ir\u00e1n a inventar para llenar el tiempo que los separa del sue\u00f1o, que es como decir, del pr\u00f3ximo d\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Definitivamente no me gust\u00f3 encontrarte. Del tren tardarse un poco m\u00e1s yo habr\u00eda continuado caminando hacia el extremo del and\u00e9n, embarcado en otro vag\u00f3n y nada habr\u00eda ocurrido. Si hubiera ido leyendo atentamente cualquier papel de trabajo, como acostumbro cada vez que tomo el metro con asientos libres, si me hubiera distra\u00eddo tratando de encontrarle sentido a la discusi\u00f3n que con un m\u00ednimo de vocabulario sosten\u00edan tres lice\u00edstas sobre la novela de las nueve; en fin, que de no voltear repentinamente a la derecha, no te habr\u00eda distinguido, no te habr\u00eda encontrado deseando insistente una mirada que correspondiera a tus ojos clavados en m\u00ed unos cuantos metros m\u00e1s all\u00e1, cuando ya seguramente estabas a punto de claudicar porque tu estaci\u00f3n era la pr\u00f3xima. S\u00ed, unos segundos m\u00e1s y desist\u00edas, y yo tal vez s\u00f3lo avizorara entonces otra de las tantas espaldas que abandonaban el vag\u00f3n sin reconocerla, sin asociarla a ti para nada, libr\u00e1ndome de esta especie de angustia, \u00e9sa que siempre me atrapa cuando muy a mi pesar obtengo pruebas irrebatibles de la existencia del tiempo, el inmisericorde tiempo sobre tu rostro tenso y ansioso y tambi\u00e9n sobre el que me dediqu\u00e9 a observar durante cuatro estaciones despu\u00e9s de tu salida, reflejado en la ventana frente a m\u00ed, es decir, el m\u00edo. Pero m\u00e1s all\u00e1 de la angustia esto parece semejarse a la culpa.<\/p>\n\n\n\n<p>M\u00e1s vale que no te hubiera encontrado, no tanto porque pueda sentir la necesidad de rememorar \u00e9pocas pasadas (nunca lo hago y menos en este caso), ni siquiera porque este sentimiento que he calificado de culpa, el que m\u00e1s detesto, vaya a incomodarme demasiado: me repondr\u00e9 dentro de poco sin ninguna duda; mucho menos porque apenas nos saludamos desde lejos y pudiera yo lamentar, desde que cruzaste la puerta autom\u00e1tica, la ausencia de algunas frases, de alg\u00fan breve di\u00e1logo que saciara mi curiosidad y me guiar\u00e1 en lo que puede haber sido de tu vida en todos estos a\u00f1os. Es que mi bien cultivada entereza se siente fuertemente amenazada cada vez que obtengo, siempre de manera azarosa, pruebas contundentes de la existencia del tiempo. Sobre todo cuando se me divide en fue, es y ser\u00e1, sobre todo cuando el fue hace intentos por instalarse exigi\u00e9ndome respuestas, conclusiones que nunca me han interesado, como ahora, cuando despu\u00e9s de haberme dirigido a mi casa en tan desacostumbrado medio de transporte, despu\u00e9s de la cena, fumo y me esfuerzo en leer las pocas cosas que me interesan del peri\u00f3dico del d\u00eda para disimular, para olvidarme de esta inquietud, o m\u00e1s exactamente de tu rostro nada terso que me escruta solicitando atenci\u00f3n y tambi\u00e9n tal vez respuestas. \u00bfPor qu\u00e9 justo hoy me fall\u00f3 la bater\u00eda del carro?, \u00bfpor qu\u00e9 justo hoy tuve que hacer esa diligencia en el oeste de la ciudad?, \u00bfpor qu\u00e9 tom\u00e9 el metro y no un taxi?, \u00bfpor qu\u00e9 desvi\u00e9 la vista hacia la derecha para encontrarme con sus ojos?<\/p>\n\n\n\n<p>Jam\u00e1s volver\u00e9 a tomar el metro a esas horas: lo juro.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>B (segundo personaje)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Como quiero imaginarte pensando en m\u00ed, aunque sea muy brevemente, me digo que a lo mejor te preguntaste si vivo por all\u00ed, si me muevo en los alrededores de la estaci\u00f3n donde descend\u00ed despu\u00e9s de mi descuidado \u2014muy bien meditado\u2014 gesto de saludo (\u00bfnotar\u00edas mi ansiedad?). Me digo que a lo mejor, si t\u00fa tampoco acostumbras a encontrarte atravesando la ciudad a esas horas, que a lo mejor concluyeras que siempre ando por all\u00ed, y hasta puede ser que en alg\u00fan momento te hayas planteado la posibilidad de volverme a encontrar, ahora con toda intenci\u00f3n, otro d\u00eda de semana a la misma hora, en el mismo vag\u00f3n. Que entonces, me digo que te dir\u00edas, no me permitir\u00e1s deshacerme tan r\u00e1pido de la situaci\u00f3n, te levantar\u00e1s inmediatamente, saldr\u00e1s junto conmigo simulando que tambi\u00e9n es \u00e9sa tu parada de destino, me invitar\u00e1s a un caf\u00e9, a un trago para conversar, para saber, me pedir\u00e1s el n\u00famero de tel\u00e9fono, me dar\u00e1s el tuyo y nos prometeremos un pr\u00f3ximo encuentro, sin prisas, sin temor al paso de las horas nocturnas en esta dif\u00edcil ciudad. Pero eso \u2014comprendo\u2014 no es m\u00e1s que una peque\u00f1a ilusi\u00f3n, la peque\u00f1a ilusi\u00f3n de alguien que (acabo de descubrirlo) mantiene la esperanza.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello, por tanta ansiedad, supongo, alcanc\u00e9 mi casa velozmente a pesar de haberme obligado a bajar una estaci\u00f3n antes de la que me correspond\u00eda, para buscar entre cajas y gavetas la postal con la pintura griega, lo \u00fanico que a\u00fan conservo, tangible, real, de aquel breve sobresalto que cambi\u00f3 mi vida y leer, de nuevo, despu\u00e9s de muchos a\u00f1os, el perturbador mensaje: \u00abAntes que nada, un beso y nuestros recuerdos por tu cumplea\u00f1os\u2026 hace fr\u00edo en Atenas y no s\u00e9 exactamente por qu\u00e9 te extra\u00f1o\u2026 ya ordenar\u00e9 mis ideas para contarte lo que han sido estos d\u00edas, y tambi\u00e9n lo que siento\u2026 Aqu\u00ed nos entendemos con palabras sueltas en ingl\u00e9s (si al menos as\u00ed pudiera entenderme contigo\u2026) Otra vez, uno, mil besos, y mi cari\u00f1o, eterno\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos o tres semanas antes nos hab\u00edamos despedido en Par\u00eds. Fueron unos d\u00edas d\u00edscolos, de mucho vino y conversaciones interminables. Recuerdo que al amanecer, despu\u00e9s de haber dormido muy poco, continu\u00e1bamos alimentando el tema de la madrugada, quiz\u00e1s repitiendo las mismas palabras que hab\u00eda dicho otro cuando dormit\u00e1bamos entre trago y trago, cuando nos alej\u00e1bamos en los altos vuelos de la marihuana. Casi no hubo museos, ni librer\u00edas, ni terrazas. Nos encerramos en el viejo \u00e1tico como si ansi\u00e1ramos recuperar el mucho tiempo sin vernos. Entonces comenz\u00f3 esto que a\u00fan parece no concluir y que quisiera explicarte, si es que acaso no lo sabes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo \u00e9ramos, c\u00f3mo nos vest\u00edamos, c\u00f3mo nos pein\u00e1bamos, sonre\u00edamos y mir\u00e1bamos en aquellos d\u00edas de Par\u00eds?<\/p>\n\n\n\n<p>Entre las pocas salidas, \u00bfrecuerdas? (\u00bfrecordar\u00e1s ahora, en este preciso instante, mientras enciendes un cigarrillo?, \u00bffumar\u00e1s todav\u00eda?), hicimos una nueva visita obligada al Louvre. Apenas iniciar el recorrido, yo me detuve largos minutos frente al mascar\u00f3n alado, descabezado al final de la ancha escalera, pregunt\u00e1ndome, como de costumbre, si antes de la mutilaci\u00f3n pudo haber sido tan perfecto, tan bello. Ustedes mientras tanto hab\u00edan continuado cada uno su camino, cada uno hacia la secci\u00f3n, la sala, la obra necesaria. Tres horas despu\u00e9s, seg\u00fan lo acordado, nos reencontramos en la entrada. (Para entonces nadie se imaginaba en la extensa explanada la d\u00edscola y perturbadora pir\u00e1mide de Pei). Nos reencontramos y continuamos celebrando en una pr\u00f3xima bo\u00eete con cualquier ordinario pero amado vino franc\u00e9s; dijiste \u2014recuerdo\u2014 que otra vez no s\u00e9 cu\u00e1ntas cabezas de liso y negro pelo asi\u00e1tico te hab\u00edan impedido ver la Mona Lisa, lo que cualquiera de nosotros aprovech\u00f3 para afirmar arbitrariamente, como afirm\u00e1bamos todo entonces, que recurrieras a una buena reproducci\u00f3n, que all\u00ed podr\u00edas gozarla mejor y todo el tiempo que quisieras, y que, adem\u00e1s, muchas obras de Leonardo, ignoradas por los turistas japoneses y tambi\u00e9n por todos los dem\u00e1s, eran superiores a la de la enigm\u00e1tica sonrisa. Que de enigm\u00e1tica\u2026 \u00a1nada!, debe haber dicho otro, porque lo que sigui\u00f3 fue una delirante disquisici\u00f3n sobre las tantas interpretaciones de los delgados labios distendidos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00c9sa fue la noche, la gran noche en que cantando incansables Los mareados (\u00bfqui\u00e9n de todos remedaba mejor a la Rinaldi?) caminamos hasta la casa acompa\u00f1ados por una botella que pasando de mano en mano vaciamos poco a poco antes de llegar a la Rue des Saints P\u00e8res. La juerga interminable iba a continuar un poco m\u00e1s, al d\u00eda siguiente se acababa la visita y ustedes partir\u00edan rumbo a Grecia. Para entonces ninguno de nosotros la conoc\u00eda, lo que no evit\u00f3 que buena parte de esa velada tan dif\u00edcil de olvidar la dedic\u00e1ramos a hablar sobre ella cual expertos helenos.<\/p>\n\n\n\n<p>Dejamos Grecia, sus paisajes, su literatura y sus dioses, \u00abnuestros m\u00e1s cercanos parientes\u00bb, dijo alguien, para caer de nuevo en una de aquellas el\u00edpticas, o m\u00e1s bien cr\u00edpticas conversaciones, a las que yo me empe\u00f1aba en incorporarme consciente de que a\u00fan no hab\u00eda completado la iniciaci\u00f3n que, sent\u00eda, de alguna manera me estaban solicitando, la que me har\u00eda digna de ellas, es decir, del acceso definitivo al cuarteto. Yo sab\u00eda y todos lo sab\u00edamos. Y ahora me pregunto, como tantas otras veces, hasta qu\u00e9 punto esos pocos d\u00edas no fueron de alguna manera meticulosamente planeados por ustedes, acuerdo t\u00e1cito, sin palabras, porque todos eran (y fuimos) uno.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso, esa noche, esa noche despu\u00e9s de la tarde en el Louvre, de tanto \u00abcada cual tiene su pena y nosotros la tenemos\u2026\u00bb, de agotar el motivo del viaje inminente y, m\u00e1s a\u00fan, de tanto tiempo resistiendo cuatro entre cuatro paredes aquel inmenso caudal de amor y sordideces que nos invad\u00eda y apenas soport\u00e1bamos (cada uno el suyo), alguien ten\u00eda que ser el blanco del inminente y necesario estallido, y ya sab\u00edamos (o al menos ustedes lo sab\u00edan) a qui\u00e9n se dirigir\u00eda la flecha. De cualquier manera, la cruel ocurrencia y el feroz gesto no habr\u00eda tenido consecuencias si yo me hubiera dormido, tal como elegantemente pronostiqu\u00e9 al abandonar el peque\u00f1o sal\u00f3n, si no me hubiera dedicado a tratar de discernir desde mi cama una conversaci\u00f3n de la que apenas me llegaban frases sueltas y risas desproporcionadas. Si no hubiera respondido a tu susurro en la puerta del cuarto no s\u00e9 cu\u00e1nto tiempo despu\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelvo a tu cara envejecida y alumbrada por las luces del vag\u00f3n, distante, distra\u00edda en cualquier pensamiento rutinario, y al de estas dos r\u00edgidas y hermosas vestales de una Grecia muy antigua, ocupadas con lira y flauta en algo seguramente no muy distinto a Los mareados, y me pregunto por qu\u00e9 no fui capaz de levantarme, de aproximarme a ti antes de llegar a la estaci\u00f3n, una estaci\u00f3n que ni siquiera era la que me tocaba, y dejarme llevar, llevar como aquella noche de eternos minutos entre el susurro en la puerta y el primer, vacilante roce. Nada me importaron, nada me importan todav\u00eda las roncas voces ignorantes (\u00bfignorantes?) desde el sal\u00f3n que poco a poco se me apagaron: nada, como nada te importaron a ti que nunca nada pareci\u00f3 importarte.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfC\u00f3mo controlar esta ansiedad que renace?, \u00bfc\u00f3mo recuperar lo \u00fanico que deseo y que siempre he negado?<\/p>\n\n\n\n<p><strong>C (tercer personaje)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>S\u00ed, lo not\u00e9 desde que cruz\u00f3 la puerta. Todos estos largu\u00edsimos a\u00f1os al menos han servido para conocer hasta nuestros m\u00e1s imperceptibles gestos, para ser inclusive capaces de clasificar los diversos ritmos de nuestros corazones.<\/p>\n\n\n\n<p>Cre\u00ed que nada me dir\u00eda y no me iba a extra\u00f1ar, al fin y al cabo el silencio, de t\u00e1cito y mutuo acuerdo, es parte de una muy vieja costumbre. Por eso me sorprendi\u00f3, debo reconocerlo, que mencionara la coincidencia, el encuentro, mientras prepar\u00e1bamos la cena; lo hizo al descuido, con aire premeditadamente despreocupado, como pretendiendo restarle cualquier importancia a algo que, sin embargo, el solo hecho de comentar me da pruebas de la perturbaci\u00f3n que le ha causado. Yo o\u00ed las pocas frases adoptando la misma actitud de ligereza, pero dado mi car\u00e1cter habr\u00eda de estar matizada, como en efecto lo estuvo, de una o dos preguntas con tono de verdadera sorpresa, de curiosidad y \u2014\u00bfpor qu\u00e9 no?\u2014 de alegr\u00eda, pues ninguno de los dos ignora que se trata de alguien a quien nunca he podido ni querido borrar de mi memoria, alguien que siempre me ha inspirado un afecto sincero: una gran amistad que ha pasado a ese extra\u00f1o y cuidado recinto de lo descartado y perdido, \u00e9se que s\u00f3lo ocupan las personas y las cosas que en verdad hemos deseado conservar eternamente.<\/p>\n\n\n\n<p>La falta de pan y el previsible y mutuamente increpado \u00abyo cre\u00ed que t\u00fa lo ibas a comprar\u00bb, cort\u00f3 toda posibilidad de alargar el tema. No deb\u00ed aceptarlo, pero, debo reconocerlo, me da mucho fastidio el s\u00f3lo intentar aproximarme a esta barrera que juntos y en completo acuerdo tan bien hemos construido: \u00abcada quien su vida\u00bb (\u00bfcada cual tiene su pena?, \u00bfcada quien lo suyo, su camino, su secci\u00f3n, su trozo de vida imprescindible?) \u2014aclaramos y consentimos casi desde el comienzo. Por lo dem\u00e1s, aunque este caso bien merec\u00eda otra frase alusiva de mi parte, debo reconocer que temo sus reacciones torpes e hirientes, \u00e9sas que nunca dejan de dirigirse a mi privacidad, al mundo al que sabe no puede tener acceso, por eso resolv\u00ed callar, callar y dejarla.<\/p>\n\n\n\n<p>Dejarla con su peri\u00f3dico y los interminables cigarrillos que detesto, dejarla que siga insistiendo en no darse cuenta de que hab\u00eda alguien capaz de ofrecerle lo \u00fanico que s\u00e9 no ha cesado de buscar, con quien pudo ser mucho menos infeliz. Pero mejor as\u00ed, mejor que fume y no insista, al menos en voz alta, en encontrar una nueva y retorcida excusa para lo que fue su elecci\u00f3n (justo despu\u00e9s de haber enviado la postal que entusiasmado le ayud\u00e9 a escoger y a redactar): s\u00f3lo yo y para siempre, alej\u00e1ndonos sin mayores explicaciones de las otras personas que daban sentido a esta uni\u00f3n; aun aceptando que d\u00edas antes, en Par\u00eds, hab\u00edamos logrado la m\u00e1s perfecta conjunci\u00f3n, la armon\u00eda. Al menos eso cre\u00ed, y creo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>D (cuarto y \u00faltimo personaje)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Bajo el volumen de las noticias para atender el tel\u00e9fono.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQui\u00e9n?, \u00bfc\u00f3mo? S\u00ed, es Daniel\u2026 \u2014la verdad, en un principio no entend\u00ed las frases entrecortadas, seguramente porque no reconoc\u00eda la voz que hablaba con la m\u00e1s absoluta familiaridad \u2014\u00a1ah!, \u00bfy eso?: \u00a1qu\u00e9 sorpresa!<\/p>\n\n\n\n<p>La conversaci\u00f3n a trav\u00e9s del aparato (dividida en dos breves etapas) iba a resultar demasiado larga para mi gusto, con demasiadas frases en franc\u00e9s para mi gusto, pero sin duda la voz en la bocina merec\u00eda todas las condescendencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no recuerdo hace cu\u00e1nto tiempo que no me llama. Si hubi\u00e9ramos tenido el hijo, el que ninguno quiso, sin duda fuera diferente: la separaci\u00f3n no habr\u00eda sido tan dr\u00e1stica, por m\u00e1s malos recuerdos e inclusive rencor que entre nosotros existiera, tendr\u00edamos que hablar con frecuencia, acaso con indeseada frecuencia. Pero en fin, no es \u00e9sta la situaci\u00f3n: la llamada me sorprende por inesperada, carente de sentido despu\u00e9s de tant\u00edsimo tiempo, despu\u00e9s de los \u00faltimos y ya remotos intentos de di\u00e1logo.<\/p>\n\n\n\n<p>Tratando de encontr\u00e1rselo (el sentido; es decir, de entender), decido apagar el televisor, me enderezo en la poltrona y adopto mi tan cotidiana postura de sabio analista, pero s\u00e9 de antemano que la profesi\u00f3n no va a servirme para nada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No, no creo que podamos vernos: salgo de viaje ma\u00f1ana, estar\u00e9 fuera por lo menos una semana. Pero qu\u00e9 pasa; estoy a punto de asustarme\u2026 Bueno, estamos hablando ahora \u00bfno?, pero si prefieres esperar mi regreso\u2026 S\u00ed, s\u00ed, tengo tiempo: dime\u2026 (tiempo justo para llegar hasta mi escritorio y buscar la caja de Marlboro a la que recurro s\u00f3lo en situaciones de extrema ansiedad; luego, hasta la cocina donde encuentro por fin los f\u00f3sforos que encienden el cigarrillo)\u2026 \u00bfY?\u2026 t\u00edpico: siempre haces las cosas y despu\u00e9s te arrepientes, el problema es que nadie se entera\u2026 nadie se entera del arrepentimiento, quiero decir\u2026 Est\u00e1 bien, disculpa: t\u00edpico m\u00edo, s\u00ed, no he cambiado nada, sigo igual: no te dejo hablar y saco ligeras conclusiones\u2026 \u00a1No!, no tranques, dime, \u00bfqu\u00e9 m\u00e1s?\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026 Oye, hace tiempo que super\u00e9 la etapa del masoquismo y aquello de que el sufrimiento afina el esp\u00edritu me resulta realmente repulsivo\u2026 Bueno, por los momentos, y desde hace tiempo, para tu informaci\u00f3n, s\u00f3lo me ejercito en recordar los imprescindibles textos de psicoan\u00e1lisis, \u00bfpor qu\u00e9?\u2026 \u00a1Al\u00f3!, \u00a1al\u00f3!\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Con la mirada en la bocina, dudo entre el fastidio y lo que siento mi deber hacia el ser eternamente desamparado que tanto am\u00e9. Finalmente me decido a colgar, y acto seguido tomo la libreta de tel\u00e9fonos para marcar su n\u00famero con la remota esperanza de que no siga siendo el mismo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014 No vuelvas a colgarme, por favor. A ver, qu\u00e9 es lo que quieres; ya te dije: tengo tiempo; adem\u00e1s, ahora yo pagar\u00e9 la llamada: puedes aprovechar\u2026 \u00a1Al\u00f3!, \u00bfest\u00e1s ah\u00ed?, \u00bfvas a hablar, s\u00ed o no?: lo del pago de la llamada era un chiste\u2026 Ok: no m\u00e1s chistes. Dime\u2026 por favor\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026 S\u00ed, te estoy oyendo. He o\u00eddo atentamente todo lo que has dicho, no he apartado el aparato de mi oreja ni un solo segundo, te lo juro, pero no s\u00e9 qu\u00e9 responderte. \u00bfQu\u00e9 quieres que te diga?\u2026 \u00bfQu\u00e9 esper\u00e1bamos de ti?, \u00bfc\u00f3mo que qu\u00e9 esper\u00e1bamos de ti?\u2026 Oye, Bety, \u00e9ramos j\u00f3venes y cre\u00edamos que el tiempo nunca avanzar\u00eda; \u00e9ramos amigos y pens\u00e1bamos que la amistad consist\u00eda en compartirlo todo, absolutamente todo\u2026 Bueno, est\u00e1 bien, no todo, pero s\u00ed todo lo que se pudiera\u2026 T\u00fa estabas all\u00ed, por qu\u00e9 tengo que explicarte lo que t\u00fa bien sabes, mejor que yo si no me equivoco\u2026 Sencillamente porque me temo que no has dejado nunca de darle vueltas al asunto y a m\u00ed, la verdad, es que no me interesa en absoluto\u2026 No, Sonia no est\u00e1 aqu\u00ed, est\u00e1 de vacaciones, voy a encontrarme con ellos ma\u00f1ana\u2026 Ya tiene diez a\u00f1os, y antes de que me lo preguntes, Sebasti\u00e1n, el segundo y \u00faltimo, acaba de cumplir seis, \u00bfcomplacida?\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026\u00a1Dios m\u00edo!: \u00bfest\u00e1s llorando?\u2026 Mira, entiendo, no te acercaste, evadiste la situaci\u00f3n, cualquiera puede entender eso. Si quieres trato de conseguir su tel\u00e9fono esta misma noche y te vuelvo a llamar, \u00bfte parece?\u2026 Ya s\u00e9 que no es \u00e9se el problema, pero es que no comprendo cu\u00e1l es el problema y mucho menos qu\u00e9 es lo que quieres de m\u00ed. Me temo que llamaste a la persona equivocada: contigo no puedo hacer de psiquiatra, la \u00e9tica, ya sabes\u2026 Est\u00e1 bien, lo juro: no m\u00e1s chistes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026Ok: vamos punto por punto\u2026 Oye: yo creo que esa pregunta la respond\u00ed hace mucho tiempo y no pienso volver a hacerlo\u2026 No, no, \u00a1c\u00f3mo vas a trancar en ese estado!, \u00bfest\u00e1s borracha?\u2026 S\u00ed\u2026 s\u00ed\u2026 Bety, te voy a contestar la primera parte con una frase contundente y precisa como, seg\u00fan t\u00fa, siempre has querido y yo me he negado, pero nunca m\u00e1s, \u00bfentiendes?, nunca m\u00e1s, porque esto me harta y no me interesa: s\u00ed, estuve con ambos\u2026 Vamos a ver, si mal no recuerdo, para nadie, tampoco para ti, eran un secreto las preferencias de Carlos, \u00bfo no?\u2026 Ok, ok, yo era todo eso, todo lo que a ti te d\u00e9 la gana, \u00bfy qu\u00e9?\u2026 Mira, Bety, querida \u2014y ese querida va en serio y de verdad\u2014: no, en ese tema no me voy a meter, emborr\u00e1chate hasta la muerte si te da la gana, pero yo voy a colgar\u2026 Est\u00e1 bien: \u00bfcu\u00e1l era la segunda pregunta que ya la olvid\u00e9?\u2026 \u00bfQuieres que te sea sincero?: lo ignoro, simplemente no me acuerdo, no s\u00e9 cu\u00e1ntas veces cada uno, no s\u00e9 cu\u00e1ntas veces los tres, a lo mejor una sola vez. \u00a1No me acuerdo, carajo!, \u00bfquieres que lo jure por mis hijos?\u2026 \u00a1Al\u00f3!<\/p>\n\n\n\n<p>Me gustar\u00eda decir que la conozco, me gustar\u00eda saber si volver\u00e1 a sonar el tel\u00e9fono o no, me gustar\u00eda contar \u00abuno, dos, tres, cuatro, cinco: ringggggg\u00bb, pero no, con ella nunca supe, menos voy a saber ahora. Por mi parte, ya cumpl\u00ed, no pienso volver a llamarla, que se tome cinco botellas si le provoca, que se tire por el balc\u00f3n si es lo que prefiere; yo soy un hombre feliz, un hombre feliz que necesita con urgencia un trago de whisky, el tercero de la noche para irse a terminar de arreglar el equipaje, pero justo cuando salgo del ba\u00f1o con el cepillo de dientes y la afeitadora, vuelve a sonar el tel\u00e9fono<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Aj\u00e1, dime\u2026 No, Sonia, mi amor, es que estaba hablando con un colega y se cort\u00f3 la comunicaci\u00f3n: cre\u00ed que era \u00e9l\u2026 S\u00ed, s\u00ed, ya tengo todo listo. Nos vemos ma\u00f1ana en el aeropuerto\u2026 Me estoy portando mejor que nunca, te lo juro, \u00bfy los ni\u00f1os?\u2026 No, no, nada de particular, es que ya sabes, dejo todo para \u00faltima hora y no tengo nada listo\u2026 Un beso. Buenas noches. Te quiero\u2026 Chao\u2026 Te adoro\u2026 Chao.<\/p>\n\n\n\n<p>Termino con el trago y la maleta, con el bolso de mano del que he vuelto a sacar el cepillo y la afeitadora porque record\u00e9 que antes de partir ma\u00f1ana tendr\u00e9 que utilizarlos. Hace un calor infernal, absolutamente desacostumbrado para esta \u00e9poca del a\u00f1o, no me pongo el pijama, ni siquiera interiores. Abro la ventana de par en par, me tiendo en la cama y de manera instintiva aproximo ambas manos a mi sexo sorprendi\u00e9ndolo tenso y erguido, como en sus mejores tiempos \u2014cualquiera afirmar\u00eda. Me digo que debo aprovecharlo y superar el let\u00e1rgico efecto de los whiskies, el cansancio de un d\u00eda de trabajo con tan absurdo remate. Lo froto lentamente pero con vehemencia, dos, tres, cuatro o no s\u00e9 cu\u00e1ntos intensos ludimientos hacen falta para aceptar que a esta edad el cuerpo no responde sin la imaginaci\u00f3n; cierro pues los ojos para poder fantasear mejor, fantasear por ejemplo con mi punta h\u00fameda hundi\u00e9ndose en el surco oscuro, tan conocido y recurrente, que existe en todo el centro del pecho de mi querida Sonia, el que crean con cierta fiereza sus hermos\u00edsimas, hermos\u00edsimas, hermos\u00edsimas, blanqu\u00edsimas, blanqu\u00edsimas, blanqu\u00edsimas, enormes, inmensas, gigantescas, insolentes tetas. Pero eso no ayuda en nada a mantener el estado que tanto me satisface y que estoy a punto de perder; entonces supongo saber de qu\u00e9 se trata, entonces me aproximo poco a poco, lentamente, y tomo, y poseo (mientras se contonea al ritmo de alg\u00fan suave son tropical) el cuerpo absolutamente perfecto de una mujer joven y plena que resulta ser, deb\u00ed suponerlo desde el comienzo, el de Bety amante, el de Bety rendida en su primer acto de amor, el de Bety entreg\u00e1ndose cual sufrida esclava durante la despedida que ya sab\u00edamos definitiva, y vuelvo a recuperarme, mi mano insiste y el placer crece junto con mi miembro hasta que retumban como voces de fantasmas burlones (de mis padres ya muertos, de las generosas amantes que no alcanzo a recordar, de los amigos queridos y de los que nunca me hicieron falta) sus desagradables quejas por mi poca pasi\u00f3n, por mi rechazo a todo lo que no soy capaz de prever y controlar, su condena a mi educaci\u00f3n en colegios de curas y a la memoria de mi madre, sus reproches por mi miedo, mi absoluto terror a lo que ella dice puede ser en verdad una mujer, el cuerpo y el alma, todo junto, todo en uno, de una mujer. Pero no, me niego, insisto, por eso, a punto ya de perder el inmenso, absoluto placer que, debo reconocer, casi hab\u00eda olvidado, atrapo la \u00fanica fantas\u00eda capaz de salvarlo: s\u00e9 que mi \u00faltimo recurso est\u00e1 en Par\u00eds, volver a Par\u00eds, a la noche de cada cual con su pena, al instante en que sin ning\u00fan intento por controlar mi rabia pretend\u00ed vengarme de todas las injurias con un golpe certero sobre su rostro; volver al momento en que Carlos, con un gesto m\u00e1s amoroso, y quiz\u00e1s m\u00e1s satisfecho que nunca, me arrastr\u00f3 tras de Alicia para asomarnos en la puerta entreabierta y ser silenciosos testigos del acto apasionado de aquellos dos cuerpos desbordantes, ofensivamente curvos y gozosos. Ahora son Bety y Alicia bes\u00e1ndose, acarici\u00e1ndose, retorci\u00e9ndose, convulsion\u00e1ndose sobre una cama que jam\u00e1s pude volver a sentir m\u00eda, quienes se encargan de guiarme en la b\u00fasqueda del \u00e9xtasis; las veo, las observo, las disfruto y no soporto m\u00e1s: caigo sobre ellas como no lo hice veinte a\u00f1os atr\u00e1s, dej\u00e1ndome entonces ara\u00f1ar, estrujar y morder por sus manos, muslos y bocas crueles y golosas. S\u00e9 que nunca disfrutar\u00e9 otra vez algo semejante, por eso lo detengo y alargo, lo detengo y alargo, lo detengo y alargo hasta que, finalmente, de un solo y decidido gesto aparto a Alicia bruscamente para desbordarme, para desbordarme yo, yo, todo colmado, plet\u00f3rico, se\u00f1or, due\u00f1o, tirano, sobre el rostro ansioso y sometido de mi Bety.<\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicados en: <em>El hilo de la voz. Antolog\u00eda cr\u00edtica de escritoras venezolanas del siglo XX<\/em> (Yolanda Pantin y Ana Teresa Torres, 2015) y https:\/\/ficcionbreve.org, respectivamente.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Babilonia El d\u00eda en que la sangre manch\u00f3 mi t\u00fanica, Antra, la vieja esclava de mi madre, se ocup\u00f3 de los preparativos. 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