{"id":11306,"date":"2024-03-08T22:33:56","date_gmt":"2024-03-08T22:33:56","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11306"},"modified":"2024-03-08T22:33:56","modified_gmt":"2024-03-08T22:33:56","slug":"nube-de-polvo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/nube-de-polvo\/","title":{"rendered":"Nube de polvo"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Krina Ber<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>I La casa de la bah\u00eda<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cierro los ojos y me sue\u00f1o en esa casa de piedra y sol. Dormito en un chinchorro protegida por sus paredes cubiertas de trinitarias, correteo con el viento en su patio abierto al mar como a la vida por delante. <\/p>\n\n\n\n<p>Son sue\u00f1os dulces y seguros como los libros de la infancia cuando se leen y vuelven a leer en ese chinchorro, y as\u00ed hab\u00edan sido sus estad\u00edas all\u00ed. A fin de cuentas, tambi\u00e9n lo fue aquel verano de 1987, al menos en su primera parte, a pesar del deterioro y del acoso, a pesar del miedo que se hab\u00eda infiltrado en los d\u00edas y los ro\u00eda como herrumbre. Su padre nunca quiso admitir que exist\u00eda y ella, orgullosa, le sigui\u00f3 la corriente. No lo sintieron tan claramente entonces porque pudieron probar tambi\u00e9n el v\u00e9rtigo del desaf\u00edo y la euforia de la resistencia: no obstante, lo primero que se impone al evocar esos d\u00edas es precisamente eso: el miedo, la angustiosa anticipaci\u00f3n del pr\u00f3ximo golpe. No fue una sensaci\u00f3n infundada. Culmin\u00f3 materializada en sombras la noche en que invadieron la casa. <\/p>\n\n\n\n<p>Sombras amenazadoras, seguras de su impunidad Vilma las divis\u00f3 desde lejos a trav\u00e9s de los mosquiteros de la sala: eran sombras que crec\u00edan y menguaban en la escurridiza luz de las linternas, latigazos de luz rajando la oscuridad pegajosa de calor, la sala, la casa, la \u00fanica vida que ella conoc\u00eda. Fren\u00f3 en seco y as\u00ed qued\u00f3, inm\u00f3vil y muda, por toda la eternidad de unos segundos, sellando con el pu\u00f1o el grito que le nac\u00eda en el pecho y amenazaba con estallar en la boca. <\/p>\n\n\n\n<p>Hay momentos que transcurren fuera de los relojes, abismos negros que abren en el tiempo ranas grietas irreparables. Vilma ya lo sab\u00eda: era la segunda vez que algo maligno pasaba en su ausencia. solo que esa vez era peor: se trataba de su padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Vilma era yo. Y era el final del \u00faltimo verano que pasaron en la bah\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo pasaron atrincherados en su casa como los heroicos sobrevivientes de las ciudades asediarlas en esas grandes batallas del pasado que estaban en los libros, y los libros y todas las cosas se cubr\u00edan de polvo rojizo, pegajoso de arena y sal, que el viento tra\u00eda sin tregua de las obras cercanas. No obstante, ese trocito de cotidianidad que compartieron en la inminencia del final hab\u00eda sido sorprendentemente bueno, a ratos sublime y en general muy tolerable. Menos el miedo, aunque Antonio Sandoval nunca quiso admitir que existiera.<\/p>\n\n\n\n<p>En el fondo estaba preocupado tanto como su hija, incluso m\u00e1s. Le hab\u00eda dicho muchas veces que si algo llegara a pasarle tendr\u00eda que acudir de inmediato al padre de Jorge, el licenciado Barbosa, quien le oficiaba por amistad de abogado: <em>\u00e9l sabr\u00e1 qu\u00e9 hacer, Chinita, <\/em>dec\u00eda, y no olvid\u00f3 repetirlo tambi\u00e9n una hora antes de la invasi\u00f3n, cuando la mand\u00f3 a comprar queroseno en el \u00fanico bazar que segu\u00eda abierto hasta las altas horas de la noche, porque era tambi\u00e9n el \u00fanico en el pueblo que ten\u00eda licencia para el expendio de licores. Para cocinar, Vilma se las arreglaba con la bombona de gas y la gran cava llena de hielo (esa noche, recuerdo, hab\u00edan comido ceviche), pero necesitaban el queroseno para contar al menos con la luz vacilante de una l\u00e1mpara en la negrura del cielo y del mar Pesadas nubes de tormenta opacaban la luna. La electricidad escaseaba en la zona de la bah\u00eda, la cortaban y pon\u00edan a capricho de la constructora, y el generador instalado en el anexo hab\u00eda dejado de funcionar hac\u00eda semanas, casi al principio de las vacaciones.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>El generador: pieza fundamental en la log\u00edstica de vivir en una casa de playa. \u00bfPor qu\u00e9 no comenzar por el generador? <\/p>\n\n\n\n<p>Antes, \u00e9l mismo lo habr\u00eda arreglado. Antes, cuando las cosas importaban. O al menos habr\u00eda ido al taller mec\u00e1nico del pueblo a preguntar qu\u00e9 har\u00eda Esteban Marcano en semejante aprieto: pedir consejos era una consabida astucia para lograr que el hombre se dejara llevar a la casa y revisara la planta de emergencia. Vilma traer\u00eda un par de cervezas y Esteban, tras un minucioso examen, escupir\u00eda discretamente en la mano esa hoja de tabaco que siempre masticaba, la guardar\u00eda en el bolsillo, se limpiar\u00eda la palma en el pantal\u00f3n y dar\u00eda su lac\u00f3nico veredicto. Algo como: Hay que rebobinar el motor<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Est\u00e1s tostado, hombre! \u2014protestar\u00eda el padre\u2014. Esta no me la calo. Es casi nuevo. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tranquilo, profe. De nuevo no tiene nada. Compr\u00f3 esa vaina usada y bien usada. No iba a dar para mucho. Yo se lo dije, pero no quiso escucharme. <\/p>\n\n\n\n<p>Y Yurama se alejar\u00eda hacia la cocina sacudiendo su larga cabellera como una gata ofendida y aunque no despegara los labios ser\u00eda como si se le escuchara mascullar entre dientes que para qu\u00e9, que otro gasto in\u00fatil. Ella no lo dec\u00eda \u2014nunca dec\u00eda nada\u2014 pero estaba conforme con vender desde el principio, no le importaban la casa ni la lancha, ni el vaiv\u00e9n del soplo del mar, cercano como un animal dormido en el calor de las noches de verano. No as\u00ed el padre. Ese era su orgullo, su sue\u00f1o realizado, su refugio de verdor y piedra en la arena de las dunas. La mejor casa en toda la bah\u00eda construida contra viento y marea, casi con las propias manos. <\/p>\n\n\n\n<p>Refunfu\u00f1ar\u00eda contrariado, pues no era hombre de darle la raz\u00f3n a cualquiera, ni siquiera a la gente que respetara como respetaba al viejo Marcano quien sab\u00eda arreglar pr\u00e1cticamente cualquier cosa. No  obstante, entre los dos recompondr\u00edan el generador, volver\u00eda la luz y todo seguir\u00eda como antes, cuando las cosas importaban. Antes del acoso de los abogados y de las excavadoras, antes de que le reventaran los cauchos de la camioneta y pintaran insultos en las paredes de la rasa y le tirasen por la ventana una gaviota sin cabeza (suceso que Antonio hab\u00eda ocultado a las dos mujeres). <\/p>\n\n\n\n<p>Antes de que Hudini, o tal vez un gemelo suyo, amaneciera destripado en el porche y Vilma tropezara con su cad\u00e1ver al volver de una fiesta privada en uno de los condominios de la zona.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Pero todo hab\u00eda comenzado tiempo antes de esos acontecimientos, con se\u00f1ales precursoras tan claras como las visitas de aquel licenciado que se llamaba J.J. Enjuto (apellido no se puede m\u00e1s discordante con su estatura y barriga), como los estudios de suelos y los top\u00f3grafos que rondaban el acantilado y la playa; no obstante, nadie cre\u00eda que iba a ocurrir realmente. O m\u00e1s bien: yo no lo cre\u00eda. En la ciudad nos mud\u00e1bamos a menudo, de una urbanizaci\u00f3n a otra, de un apartamento a otro, porque s\u00ed, porque nos iba mejor o peor, porque pap\u00e1 se cansaba de esos lugares siempre demasiado caros o demasiado estrechos o, la \u00faltima vez, porque se hab\u00eda vuelto a casar, pero la casa de la bah\u00eda hab\u00eda crecido conmigo y nos esperaba inc\u00f3lume cada verano: su gran sala a la que se integraba el mes\u00f3n de la cocina, su amplio porche, sus fachadas blancas y el patio interno que se abr\u00eda en una terraza al mar conformaban el \u00fanico espacio estable que yo hab\u00eda conocido. La idea de su inminente destrucci\u00f3n se volvi\u00f3 de pronto tangible para m\u00ed en un hermoso d\u00eda de sol, uno de esos d\u00edas que recordar\u00eda de todos modos porque fue cuando Jorge Barbosa y yo nos besamos por primera vez en la lancha, con un beso de verdad &#8211; verdad. <\/p>\n\n\n\n<p>Y qu\u00e9 decepci\u00f3n. Los libros, las revistas, las muchachas del liceo que ya pasaron por eso, las telenovelas y las pel\u00edculas, el mundo entero no pod\u00eda estar equivocado en algo tan importante como el primer beso; no obstante, lo que sent\u00ed era casi asco cuando su lengua se meti\u00f3 en mi boca como una ostra viva, objeto ajeno y viscoso. <\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1bamos anclados muy cerca, recuerdo, en el puro azul sin olas ni viento. Me puse a re\u00edr y salt\u00e9, me sumerg\u00ed espiando debajo del contorno tembloroso de la lancha las piernas de Jorge que se mov\u00edan igualmente temblorosas en el agua centelleante, estremecida de luz. \u00c9l nadaba a la derecha, yo escapaba por la izquierda, me deslizaba debajo de la quilla y mi risa me segu\u00eda en burbujas. Nadaba mucho mejor que yo y era f\u00e1cil dejar que me atrapara y volviera a besarme mientras nos elev\u00e1bamos a la superficie para tomar aire y nos zambull\u00edamos de nuevo, abrazados, y otra vez esa lengua salada forzaba mi boca, empujaba, exploraba, insist\u00eda, hasta que una especie de languidez se apoder\u00f3 de m\u00ed y ya no tuve fuerzas para seguir escapando. El mundo entero no pod\u00eda estar equivocado, pens\u00e9. Sub\u00ed por la escalerita mientras \u00e9l se izaba con la fuerza de los brazos y saltaba a la cubierta antes que yo; <em>te atrap\u00e9<\/em>, dijo, ri\u00e9ndose todav\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>Se acost\u00f3 a mi lado y volvi\u00f3 a besarme mientras la lancha recuperaba progresivamente el equilibrio, zarandeando y luego meci\u00e9ndonos con suavidad, y por primera vez tambi\u00e9n sent\u00ed esa dureza esperada y temida debajo de su short mojado. <em>Tranquila<\/em>, murmuraba acariciando mi pelo mojado con su mano mojada, tranquila \u2014su mano temblaba\u2014, <em>tranquila<\/em>. Mi languidez crec\u00eda, recuerdo. No era la delicia celestial que yo hab\u00eda esperado, pero present\u00eda ya que esa debilidad que se apoderaba de mis miembros era un buen camino para encontrarla, que por ah\u00ed iba la cosa. Trat\u00e9 de dejarme ir (<em>tranquila<\/em>, repet\u00eda Jorge), de abandonarme al cada vez m\u00e1s ansioso escalofr\u00edo interno que part\u00eda de su lengua en mi boca y se irradiaba hasta los dedos de mis pies. Pod\u00eda concentrarme en eso porque todav\u00eda no estaba enamorada de \u00e9l (aunque el peligro exist\u00eda siempre, lo confieso), y menos mal: demasiado recordaba a\u00fan la tortura de desasosiego insoportable por culpa de aquel chico de cuarto a\u00f1o que se llamaba Roberto y que ni siquiera se dio por enterado de mi existencia. Menos mal (me dec\u00eda) que no sent\u00eda nada as\u00ed con Jorge, aunque realmente me gustaba mucho con su caminar gatuno y la sonrisa descarada a matar, y ese cuerpazo liso y bronceado de diecisiete a\u00f1os \u2014tres m\u00e1s que yo\u2014, garant\u00eda de que sabr\u00eda qu\u00e9 hacer para que estallara en mis entra\u00f1as esa sensaci\u00f3n exquisita descubierta cuando me acariciaba solita, espiando los gemidos que llegaban desde el dormitorio de mi padre y Yurama, solo que mejor, mil veces mejor, tal como lo promet\u00eda el mundo. <\/p>\n\n\n\n<p>Pero vino otro estallido. El graznido enloquecido de las gaviotas que se desparramaron por el cielo nos hizo incorporarnos deprisa, como pillados por un intruso sorpresivo, segundos antes de que una oleada estremeciera a nuestro barquito. Pens\u00e9 en una explosi\u00f3n, recuerdo. En la meseta encima de la playa un tanque oruga con cabeza de drag\u00f3n arremet\u00eda contra la casa de Alina Hern\u00e1ndez, nuestra vecina intermitente que ven\u00eda a la bah\u00eda con su pila de hijos y un marido diferente cada verano, o casi (menos este, me di cuenta de pronto, este verano no hab\u00eda venido). Jorge jur\u00f3 feo entre dientes. La m\u00e1quina infernal retrocedi\u00f3 y volvi\u00f3 al ataque. Volaron bloques y pedazos de vidrio y otra fachada estall\u00f3 en una nube de polvo dejando al desnudo la cocina y la sala, expuestas como en una casa de mu\u00f1ecas. Y otra vez. El techo se desplom\u00f3. Abrazados ya tan solo de puro espanto, vimos c\u00f3mo los dientes de acero trituraban la pared interna, el mes\u00f3n, el fregadero, las puertas. Recuerdo, est\u00fapidamente, el refulgir al sol de un w\u00e1ter blanco antes de que lo pisara la oruga. El fragor y el polvo llegaron hasta nosotros mientras la cuarta arremetida arrasaba con el resto de las paredes. En cuesti\u00f3n de minutos de lo que hab\u00eda sido la rasa de Alina quedaron apenas unos mu\u00f1ones de concreto roto con cabillas enmara\u00f1adas al aire que sobresal\u00edan de un mont\u00f3n de escombros. <\/p>\n\n\n\n<p>Los escasos vacacionistas abandonaban precipitadamente la playa recogiendo sus toallas, toldos, sillitas plegables, bolsas, ni\u00f1os y parasoles. Por encima de ellos, cuando se disip\u00f3 el polvo, vi a mi padre que agitaba los brazos haci\u00e9ndonos se\u00f1as incomprensibles desde nuestra terraza. Y a su lado correteaba Hudini que se desga\u00f1itaba ladrando, desde una distancia prudencial, a la m\u00e1quina demoledora.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Volviendo a Hudini: el tiempo es cosa fr\u00e1gil. Hasta el simple hecho de crecer lo agrieta, y mucho m\u00e1s crecer en una casa que tiembla, pero fue la muerte de Hudini la que lo rompi\u00f3 por primera vez en un antes y un despu\u00e9s, de un modo irreparable. Ocurri\u00f3 una noche de fiesta, cuando Vilma, imitada por dos casuales amigas, hab\u00eda tomado y bailado mucho y se re\u00eda mucho tambi\u00e9n con el v\u00e9rtigo que sent\u00eda entonces cada vez que se asomaba desde su capullo de ni\u00f1a protegida al abismo de las libertades adultas. Tambi\u00e9n se meti\u00f3 una raya, como dec\u00edan, la fiesta iba a todo trapo y ella se dej\u00f3 convencer por los que la animaban a destaparse un poco: con el aire de quien conoce su cosa, introdujo el pitillo en la fosa nasal izquierda, presion\u00f3 la derecha con el dedo \u00edndice como los hab\u00eda visto hacer y aspir\u00f3 sin miedo aquella sustancia blanca que le quem\u00f3 la nariz y la garganta. Probablemente exager\u00f3, porque los ojos se le salieron de las \u00f3rbitas, pero ellos se rieron, ya va a pasan chama, no es para tanto. Te pondr\u00e1s alegre, no m\u00e1s. <\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed fue; aunque no exactamente as\u00ed. <\/p>\n\n\n\n<p>Tras una corta euforia de hablar y hablar atropelladamente, no recuerda de qu\u00e9, su organismo no aguant\u00f3 la mezcla de cerveza, vino, tequila y encima, aquello. Dios sabe qu\u00e9 m\u00e1s hizo fuera de quitarse la blusa y de bailar en la mesa y de besarse otra vez con Jorge a quien hab\u00eda procurado evitar desde aquella vez en la lancha porque intu\u00eda que con \u00e9l la cosa no se quedar\u00eda en los besos y no estaba segura de que la atrajera para tanto. Esa noche, s\u00ed, aunque no sintiese absolutamente nada estaba dispuesta a todo (pues si su padre hab\u00eda podido casarse con alguien como Yurama, tambi\u00e9n ella pod\u00eda hacer lo que le diera la gana) y se bes\u00f3 largamente con Jorge y luego con un tal Carlos y con un gringo que se llamaba Patrick para castigar a Jorge por algo que ya no recuerda, ni tampoco recuerda por qu\u00e9 mordi\u00f3 al gringo en la lengua ni qu\u00e9 m\u00e1s hizo antes de dejar hasta el alma en un elegant\u00edsimo lavamanos de porcelana negra. Volvi\u00f3 en s\u00ed pasmada de lucidez, rodeada de un c\u00edrculo de caras que la rodeaban entre sol\u00edcitas y burlonas, y es como si yo tambi\u00e9n la estuviera mirando despatarrada sobre las baldosas del ba\u00f1o, tambi\u00e9n negras, como si fuesen ajenos a m\u00ed los hechos de esa fiesta y de todo ese verano: s\u00e9 lo que pas\u00f3, conozco los eventos y el orden en que se suced\u00edan pero eso no es recordar, no encuentro hilos dentro de mi que me unan a esa criatura con su carita de ni\u00f1a pintada que no delataba siquiera los catorce a\u00f1os \u2014casi quince, mentir\u00eda ella\u2014 que contaba en aquel momento de desesperado bochorno. All\u00e1 ella, tratando de taparse los peque\u00f1os senos, tratando de incorporarse con torpeza del suelo. Un agrio olor a v\u00f3mito emanaba de su propio cuerpo, parec\u00eda impregnarle el pelo, Ia minifalda, ese sost\u00e9n de encaje, puramente decorativo, que se hab\u00eda quitado a medias y hasta los zapatos de tac\u00f3n que eran de Yurama. Que porquer\u00eda. Pero qu\u00e9 porquer\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>No es f\u00e1cil contar una historia, aunque sea mi propia historia. <\/p>\n\n\n\n<p>Yo \u2014ella\u2014 hab\u00eda sido mucho mas feliz los a\u00f1os anteriores jugando con los muchachos del pueblo y no se dio cuenta de cuando esa gente los hab\u00eda desplazado con sus lujosas casas <em>d\u00faplex <\/em>y sus fiestas y <em>pericos y los r\u00fasticos \u00faltimo modelo. La zona estaba cambiando y hab\u00eda<\/em> que seguir la corriente. Jorge busco su blusa y se ofreci\u00f3 para llevarla, pero esta vez no se besaron en la camioneta, el ambiente no se prestaba para eso. El parec\u00eda incomodo, como si se sintiera culpable de haber fallado en alguna obligaci\u00f3n \u2014hasta entonces inexistente\u2014 de cuidar de Vilma. Ella, encerrada en un hosco silencio solo quer\u00eda huir. Ni siquiera le dejo acompa\u00f1arla el trozo del sendero que bajaba hacia la casa entre los \u00faltimos cocoteros que a\u00fan no hab\u00edan ca\u00eddo en Ia vor\u00e1gine de las demoliciones: le pidi\u00f3 expresamente que por el amor de Dios la dejara sola; y Jorge se encogi\u00f3 de hombros y se fue.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Tuvo que ser ella Ia primera en descubrir a Hudini. Estaba en el porche donde sol\u00eda dormir a veces cuidando la puerta de la casa, y pese a su aturdimiento se alegr\u00f3 porque hacia ya unos d\u00edas que no se lo ve\u00eda por ninguna parte y hab\u00eda comenzado a preocuparse. El amanecer apenas templaba la negrura del aire, pero ya se hacia sentir en los lejanos crujidos de Ia lancha y en Ia impaciencia del mar que se alzaba contra las rocas del malec\u00f3n. Vilma ansiaba una ducha, ansiaba las sabanas limpias de su cama, barquito anclado en las olas del tiempo que se columpiaba suavemente con sus mu\u00f1ecas y peluches mientras ella beb\u00eda, fumaba, bailaba con las tetas al aire y volv\u00eda a casa al amanecer apestando a v\u00f3mito. Rez\u00f3 para que nadie se despertara. El vaho nauseabundo la delataba, Ia marcaba sin disiparse, al contrario, parec\u00eda crecer en la brisa matutina golpeando su nariz con ins\u00f3lita fuerza. Y de pronto era otra cosa: violento, agrio, insoportable. Su estomago se revolvi\u00f3 de nuevo. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Mu\u00e9vete, flojo \u2014alcanz\u00f3 a decir con impaciente ternura antes de agacharse para acariciar a Hudini y descubrir Ia verdadera raz\u00f3n de ese hedor: el charco de liquido negro y las v\u00edsceras regadas. <\/p>\n\n\n\n<p>Recul\u00f3 de un salto, gritando como nunca hab\u00eda gritado en su vida y vomit\u00f3 por segunda vez esa noche. Su padre sali\u00f3 al porche en <em>shorts <\/em>y el haz de su linterna ilumin\u00f3 los ojos del animal abiertos en un opaco asombro. Yurama no tard\u00f3 en asomarse detr\u00e1s de \u00e9l con su bata mal amarrada y se par\u00f3 all\u00ed, p\u00e1lida, despeinada, una mano sobre Ia boca, las ojeras profundas de terror. No hab\u00edan escuchado ladridos ni forcejeo: al perro lo hab\u00edan envenenado o dormido con un dardo antes de hacer lo que le hicieron. Una verdadera carnicer\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>Vilma quer\u00eda gritar, por qu\u00e9, por qu\u00e9 lo hicieron, \u00bfpor qu\u00e9 a Hudini? Queria aferrarse a su perrito, limpiar toda esa sangre, abrazar su cabeza golpeada. Para que volviera en s\u00ed, para que la perdonara. Quer\u00eda despertarlo y despertar ella misma como si esto fuera solo un sue\u00f1o, un mal sue\u00f1o, como si bastara con silbar para que apareciera corriendo, meneando la cola y mir\u00e1ndola con una infinita lealtad, su lengua rosada colgando en esa jadeante sonrisa suya que dejaba al descubierto los colmillos &#8211;<em>ese perro sonr\u00ede<\/em>, sol\u00eda decir pap\u00e1\u2014; bastar\u00eda con que pap\u00e1 soplara sobre su cabello como lo hac\u00eda cuando era peque\u00f1a para apagar todas las pesadillas que herv\u00edan dentro de su cabecita, y ya: no sucedi\u00f3, no pas\u00f3 nada, la Chinita se equivoc\u00f3 en ir a esa fiesta y en hacer todas las tonter\u00edas que hizo, pero, \u00a1por Dios!, no hab\u00eda sido para tanto, no era posible que una atrocidad tan inconcebible como esa estuviese ocurriendo por su culpa, por que un ser inocente ten\u00eda que pagar por ella. Y ni siquiera pudo llorar, paralizada y temblando, aferrada torpemente a Yurama. La maldad del hecho Ia aniquilaba. En pocos instantes la linterna se hizo in\u00fatil; el amanecer irrump\u00eda con brutalidad definiendo los contornos y las siluetas y lo que fuera que se escurr\u00eda de Ia barriga del pobre animal con la calidad fantasmag\u00f3rica de una escena inventada a la que a\u00fan no hab\u00edan acudido las moscas. Escucho la voz de su padre: <em>Ll\u00e9vatela adentro. Y entra t\u00fa tambi\u00e9n, mi vida, no se me queden viendo esto<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto, no era solamente el cad\u00e1ver de Hudini. VETE DE AQU\u00cd BASURA \u2014rezaban las toscas letras negras que chorreaban sobre la pared frontal de Ia casa, reci\u00e9n repintada por Zacar\u00edas. Esta vez el mensaje estaba bien escrito, clar\u00edsimo. Y la letra \u00abI\u00bb que destacaba, dos veces mas grande que las dem\u00e1s, no dejaba dudas sobre la autor\u00eda de la amenaza. As\u00ed se ve\u00eda en el logotipo de Turisteca C.A.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/krina-ber\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Krina Ber I La casa de la bah\u00eda Cierro los ojos y me sue\u00f1o en esa casa de piedra y sol. Dormito en un chinchorro protegida por sus paredes cubiertas de trinitarias, correteo con el viento en su patio abierto al mar como a la vida por delante. 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