{"id":11284,"date":"2024-03-07T19:44:12","date_gmt":"2024-03-07T19:44:12","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11284"},"modified":"2024-03-07T19:46:38","modified_gmt":"2024-03-07T19:46:38","slug":"cronicas-de-eduardo-sanchez-rugeles","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cronicas-de-eduardo-sanchez-rugeles\/","title":{"rendered":"Los desterrados (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Eduardo S\u00e1nchez Rugeles<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>EL DESARRAIGO IMPOSIBLE<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00ab\u00bfVenezolano?\u00bb, pregunt\u00f3 el guardia de inmigraci\u00f3n. \u00abS\u00ed, por desgracia\u00bb, respondi\u00f3 con desidia. Grupos de patrioteros cercanos al escritorio, inmediatamente, censuraron la franqueza del muchacho. El murmullo se extendi\u00f3 a lo largo de la cola. Las frases hechas rebotaban contra las estructuras amarillas de la T4: \u00ab\u00a1Por eso es que el pa\u00eds est\u00e1 como est\u00e1!\u00bb; \u00ab\u00a1El problema de Venezuela es que nadie la quiere!\u00bb; \u00abLa juventud deber\u00eda luchar en lugar de quejarse\u00bb; \u00abbla, bla, bla\u00bb. El guardia puso el sello en el cuaderno y le devolvi\u00f3 el pasaporte. Tras el incidente, el joven desterrado parec\u00eda llevar un cartel \u2014avalado por la Organizaci\u00f3n Mundial de la Salud\u2014 que lo identificaba como enfermo terminal. Era un tipo flaco, tembloroso, ten\u00eda el cabello largo, sucio, atado en cola de caballo. El rumor sobre la confesi\u00f3n del ap\u00e1trida continuaba su pr\u00e9dica entre los viajeros: \u00abEse sifrinito dijo que sent\u00eda verg\u00fcenza de ser venezolano, \u00a1qu\u00e9 bolas!\u00bb; \u00ab\u00a1Qu\u00e9 horror!\u00bb; \u00abAve Mar\u00eda pur\u00edsima\u00bb, dijo alguna do\u00f1a santigu\u00e1ndose.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella tarde era la fecha tope: deb\u00eda entregar a los editores de ReLectura mi cr\u00f3nica sobre unas curiosas operetas que ten\u00edan lugar en los s\u00f3tanos del Teatro alia Scala (Mil\u00e1n). El art\u00edculo, sin embargo, quedar\u00eda para una pr\u00f3xima entrega. El encuentro con aquel desterrado en el aeropuerto de Barajas desbarat\u00f3 mis pretensiones. \u00ab\u00bfProfesor Sanz?\u00bb, escuch\u00e9 de repente. Estaba distra\u00eddo, con la memoria arisca. Quien hablaba era el ap\u00e1trida. No lo reconoc\u00ed. \u00ab\u00a1Profesor Lautaro!\u00bb, repiti\u00f3 antes del abrazo. Se quit\u00f3 los lentes y pude visualizar su lugar en el aula: primera fila pegada a la pared, segundo puesto de atr\u00e1s para adelante. Se sentaba delante de Adriana Haffner y detr\u00e1s de Daniela Esteva. \u00ab\u00bfGarmendia?\u00bb, pregunt\u00e9. Iberia, entonces, decret\u00f3 la huelga. Las correas de las maletas pararon intempestivamente. Nuestras conexiones anunciaron retardos. En aquellas horas de espera, Felipe Garmendia me cont\u00f3 lo que hab\u00eda sido de su vida. Aquel testimonio de aeropuerto destruy\u00f3 un indolente pero s\u00f3lido concepto de la costumbre en el exilio. Al d\u00eda siguiente cuando despert\u00e9, nada parec\u00eda tener sentido.<\/p>\n\n\n\n<p>Garmendia cont\u00f3 episodios privados que no pretendo hacer p\u00fablicos, luego, ante la espera eterna, inici\u00f3 su <em>speech<\/em>: \u00abMi \u00fanico deseo es abandonar ese lugar para siempre \u2014dijo\u2014. \u00bfA d\u00f3nde voy? No me importa. No creo que el resto del mundo sea gran cosa pero necesitaba salir de Caracas. Odio mi pasaporte. Ojal\u00e1 hubiera nacido en otra parte\u00bb. Aunque furioso, estaba impasible. Hablaba sin modular, con la pierna derecha montada sobre su rodilla. Sus ojos se perd\u00edan en el vac\u00edo, un vac\u00edo cuyo fondo estaba ocupado por una m\u00e1quina de refrescos. \u00ab\u00bfExiste, profesor, alguna raz\u00f3n convincente y real para amar un lugar como Caracas? \u00bfEs posible, sin sensibler\u00edas, decir que esa ciudad tiene algo por lo que valga la pena hacer sacrificios?\u00bb No respond\u00ed. Sab\u00eda que si, por herencia pedag\u00f3gica\/tr\u00e1gica, usaba alg\u00fan psicologismo formato McGraw-Hill o expon\u00eda criterios chauvinistas me ganar\u00eda su reticencia. \u00abNo me trates de usted, hace m\u00e1s de tres a\u00f1os que fui tu profesor. Ya no ejerzo la docencia, Felipe. Yo tambi\u00e9n me fui\u00bb. \u00abS\u00ed, lo recuerdo. Recuerdo cuando se fue. Al principio me pareci\u00f3 que usted era un cobarde pero luego lo entend\u00ed\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Felipe Garmendia, record\u00e9, pertenec\u00eda al curso que coincidi\u00f3 con mi renuncia. Yo entonces era profesor de Historia en cuarto y quinto a\u00f1o. A su grupo s\u00f3lo pude darle clases un a\u00f1o, en cuarto. Luego me fui; entre dimes y diretes con el mundo olvid\u00e9 las gratitudes de mi oficio. Antes de la aparici\u00f3n de Garmendia en el aeropuerto de Barajas me hab\u00eda impuesto el precepto de olvidar mis a\u00f1os de docencia. El muchacho esperaba respuestas. No sab\u00eda qu\u00e9 decir, hab\u00eda perdido la espontaneidad, la ret\u00f3rica, la capacidad de escuchar y, adem\u00e1s, la sensibilidad de la ense\u00f1anza. Me hab\u00eda hecho viejo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ante mi silencio, Garmendia continu\u00f3. \u00ab\u00bfEn qu\u00e9 me ennoblece un maldito araguaney? \u00bfQu\u00e9 le debo yo al \u00e1rbol? \u00bfD\u00edgame usted en qu\u00e9 parte de esa tierra maldita existe un volc\u00e1n? Se lo pregunto porque estos arrieros \u2014hizo un gesto de desprecio hacia un grupo de personas que, al fondo, hablaba mal del gobierno\u2014 suelen desgarrarse el pecho cantando un horrible villancico que define nuestra idiosincrasia como una mezcla de desierto, selva, nieve y volc\u00e1n. No entiendo por qu\u00e9 tenemos la necesidad de disfrazar nuestros fracasos con la exuberancia de la naturaleza. \u00bfD\u00edgame usted, profesor, humanamente, qu\u00e9 puede aportarnos la cascada m\u00e1s grande del mundo? Por cuestiones de familia he tenido la oportunidad de recorrer todas las carreteras de Venezuela, he dormido en pueblos y ciudades nulas, muy nulas. He vivido, adem\u00e1s, toda mi corta vida en Caracas. \u00bfSabe qu\u00e9 fue lo \u00fanico que vi? \u2014no respond\u00ed. Cambi\u00f3 de posici\u00f3n, estir\u00f3 las piernas y se puso las manos detr\u00e1s de la cabeza\u2014. Una humanidad fam\u00e9lica que no aspira a nada; una especie de analfabetismo existencial, una parodia de naci\u00f3n, un simulacro de esp\u00edritu. Yo, profesor, se lo digo honestamente, tengo m\u00e1s de un a\u00f1o promoviendo el exilio; persona con la que hablo que me comenta que tiene ganas de irse, le digo <em>l\u00e1rgate, vete de esta mierda, esto no vale nada<\/em>. Sin embargo, dentro de mi espontaneidad ap\u00e1trida no puedo evitar un sentimiento de culpa, una incomodidad ante el desarraigo, una especie de pesar por reconocer que una de las cosas m\u00e1s rid\u00edculas que he visto en mi vida es al tal Dudamel tocar <em>Pajarillo<\/em> con arreglo sinf\u00f3nico. No s\u00e9 \u2014por primera vez, desde que inici\u00f3 su mon\u00f3logo, solt\u00f3 algo parecido a una carcajada\u2014, se supone que uno debe estar orgulloso de eso, \u00bfno?; se supone que uno debe sentirse bien porque Juan Arango juegue en el Borussia M\u00f3nchengladbach a pesar de que ese equipo, de los m\u00e1s intrascendentes de Alemania, se est\u00e9 peleando el descenso a una categor\u00eda mediocre. Mire a ese pobre infeliz \u2014se\u00f1al\u00f3 a un caminante que, en sentido contrario, llevaba una gorra de los Navegantes del Magallanes y un morral con la bandera de Venezuela\u2014. \u00bfC\u00f3mo alguien puede ir por el mundo ostentando esa mierda? A veces pienso que si Shakespeare hubiese sido venezolano el dilema de Hamlet habr\u00eda sido mucho m\u00e1s simple: <em>\u00bfCaracas o Magallanes? \u00bfChicha o Riko Malt? \u00bfPor la Cota Mil o por la autopista? \u00bfSambil o Tol\u00f3n? \u00bfPuerto La Cruz o R\u00edo Chico? \u00bfDallas o Monta\u00f1a Suite? \u00bfWhisky o ron?<\/em> S\u00f3lo eso, nada m\u00e1s. No lo entiendo, profesor. Usted, que siempre tuvo las respuestas, d\u00edgame c\u00f3mo se puede sentir afecto por nuestra cultura de la mediocridad y la muerte\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEs dif\u00edcil de explicar, Felipe \u2014dije tratando de ganar tiempo, inventando argumentos sin forma, palabras equ\u00edvocas, eufemismos vacuos\u2014. Puede que esta vez no tenga las respuestas. Te dir\u00eda, incluso, que nunca las tuve y que, quiz\u00e1s, muchos de ustedes sobrevaloraron mi influencia. Yo estoy tan desorientado como t\u00fa, no s\u00e9 lo que est\u00e1 bien ni lo que est\u00e1 mal, me fui de ah\u00ed con una rabia parecida a la tuya. El tiempo, sin embargo, ha menguado mis arrebatos. Al final, y no s\u00e9 por qu\u00e9, hay muchas cosas que se echan de menos, es lo \u00fanico que te puedo decir\u00bb. \u00abSi me viene con el cuentico del \u00c1vila, los panas, el pabell\u00f3n, el Diablito o las hallacas, me parar\u00e9 de aqu\u00ed y lo insultar\u00e9; con todo respeto, cr\u00e9ame que le caer\u00e9 a co\u00f1azos. Yo no s\u00e9 qui\u00e9n invent\u00f3 esa ficci\u00f3n de que el venezolano es de pinga. Nunca he estado en un lugar en el que se tenga tanto desprecio por el pr\u00f3jimo\u00bb. \u00abSabes, Felipe, creo que si no tuviera tanto tiempo fuera de Venezuela no te dir\u00eda lo que te dir\u00e9 ahora. He sido un errante, he llevado una vida sin destino, he estado en lugares que nunca me imagin\u00e9 que pod\u00edan existir. Al final, las cosas que se echan de menos no resultan visibles; creo que tiene que ver con el arraigo, es algo impalpable, tel\u00farico. Estoy hablando paja, lo s\u00e9. A ver, d\u00e9jame intentar explicarlo. Puede que haya cierta poes\u00eda en el desprop\u00f3sito, en lo mal hecho, en lo incompleto. A lo mejor tienes raz\u00f3n, puede que Venezuela sea un pueblo innoble pero, curiosamente, creo que la falta de nobleza es la que nos permite reconocernos, la que nos da cierta identidad. He llegado a creer que, a fin de cuentas, no resulta tan malo ser un acomplejado. El venezolano siempre sospecha que algo est\u00e1 mal, que el mundo conspira contra \u00e9l, que lo quieren joder, que la ley de Murphy es un decreto publicado en Gaceta Oficial; el venezolano siempre lleva consigo resmas de fotocopias de sus c\u00e9dulas, licencias, certificados m\u00e9dicos \u2014originales o falsos\u2014, porque sabe que, en cualquier momento, los necesitar\u00e1 para evitar el soborno del primero que diga ser gendarme. Esa desconfianza, esa visi\u00f3n paup\u00e9rrima de la vida cotidiana, en el fondo, puede ser nuestro mayor atributo pero eso es algo que s\u00f3lo puede verse desde lejos; estando inmersos en el caos s\u00f3lo se percibe la vulgaridad y la miseria. En estos a\u00f1os he podido conocer el mundo y el mundo, la verdad, no ha logrado seducirme. Todo se ve mejor en las postales. Cuando atraviesas una calle cualquiera te das cuenta de que todo se parece. Es bueno viajar, Felipe, viaja, camina, agarra un mapa y l\u00e1rgate a recorrer lugares extra\u00f1os. En cualquier lugar ver\u00e1s lo mismo: gente. Y el venezolano, a fin de cuentas, maldito o no, no es m\u00e1s que gente. Te dir\u00e9 algo que me cont\u00f3 un amigo recientemente fallecido; era librero en Nicosia, venezolano por cierto. Antes de morir, mortificado por el destino de sus libros de Ayacucho y su idiosincrasia en conflicto, dijo: \u00abCuando los conductores obedecen las luces de los sem\u00e1foros, cuando las personas cruzan la calle por los pasos de peatones, cuando la puntualidad es un indicio de responsabilidad, cuando las gentes callan en los cines y apagan los celulares en los teatros, siempre aparece un venezolano que considera que esos valores son absurdos, que la vida s\u00f3lo vale la pena ser vivida con cierto margen de irresponsabilidad, irreverencia y esc\u00e1ndalo, y todo esto, tambi\u00e9n, puede ser una forma de belleza\u00bb\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Silencio. Despotriques contra Cadivi. Citas de an\u00e9cdotas graciosas. Vuelta al ruedo: \u00abHe seguido sus columnas en ReLectura y, con todo respeto, me parece que son una mierda\u00bb. \u00abS\u00ed, tambi\u00e9n lo he pensado, Garmendia, gracias por tu honestidad\u00bb. \u00ab\u00bfSe acuerda cuando cerraron RCTV? \u2014asent\u00ed en silencio\u2014. Usted fue de los pocos profesores que, en esos d\u00edas, dijo algo diferente. Todo el mundo hablaba de la democracia, de los derechos, de la justicia, el palabrer\u00edo de los peri\u00f3dicos. Esa ma\u00f1ana ten\u00edamos clase de Historia del Arte. Entr\u00f3 al sal\u00f3n con aire tranquilo, anot\u00f3 un esquema en la pizarra y mal dict\u00f3 un concepto. Esper\u00e1bamos m\u00e1s, yo esperaba m\u00e1s. Af\u00edn de cuentas, m\u00e1s que un profesor, t\u00fa siempre fuiste nuestro maestro. Hizo el amago de hablar del barroco e, intempestivamente, lanz\u00f3 su lecci\u00f3n. \u00bfNo recuerda lo que dijo, profesor Sanz?\u00bb \u00abHonestamente, no, Felipe, no tengo idea\u00bb, dije sin mucha saliva. \u00ab\u00bbNos est\u00e1n mutilando nuestra propia miseria\u00bb, eso fue lo que dijiste. Hablaste de la televisi\u00f3n venezolana, dijiste que te parec\u00eda una basura, una cosa mal hecha, mal producida, improvisada, sin inventiva pero, inevitablemente, nuestra. Hablaste de la tristeza que supon\u00eda el saber que alg\u00fan insensato nos echaba en cara nuestra minusval\u00eda. Dijiste que, de alguna forma, nuestra podredumbre tambi\u00e9n nos pertenec\u00eda y era leg\u00edtimo tratar de reivindicarla. Pero, profesor, d\u00edgame usted, realmente, sin eufemismos qu\u00e9 significa tratar de reivindicar algo en ese pa\u00eds, qu\u00e9 significa luchar, vale la pena luchar, luchar contra qu\u00e9, c\u00f3mo. \u00bfNo es absurdo? Yo le digo algo, y est\u00e1 es, a fin de cuentas, la raz\u00f3n por la que me fui: el mes que viene cumplir\u00e9 20 a\u00f1os, no hay una sensaci\u00f3n de soledad m\u00e1s brutal que la de ser joven y ser venezolano, eso es terrible. No hay salida, todo est\u00e1 mal, todo est\u00e1 cerrado; cualquier idea de bienestar es una quimera. Usted s\u00ed pod\u00eda luchar, usted ten\u00eda herramientas para luchar, sin embargo, decidi\u00f3 largarse a improvisar empresas absurdas, a descubrir cuadernos ap\u00f3crifos que no le interesan a nadie. Usted ten\u00eda una arena donde batirse y, de un d\u00eda para otro, se larg\u00f3 a buscar anillos \u00fanicos, flores azules o qu\u00e9 s\u00e9 yo qu\u00e9. \u00bfEncontr\u00f3 a su Mefist\u00f3feles, profesor Sanz?\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abNo, Felipe, la verdad, no he encontrado nada. Espejismos, me tropec\u00e9 con un par de espejismos, tienen su encanto pero s\u00f3lo son imaginaciones. Tienes raz\u00f3n, vivo en aeropuertos y puertos, me he convertido en un n\u00f3mada\u2026\u00bb. \u00abQue lee y escribe sobre Venezuela, que publica columnas en un portal de Venezuela y que, seguramente, cada ma\u00f1ana lo primero que hace al despertar es revisar Noticias24. Es pat\u00e9tico, \u00bfno le parece? \u2014no respond\u00ed\u2014. Te dir\u00e9 por qu\u00e9 te fuiste, Lautaro; hay personas que te conoc\u00edan mejor que yo; la gente habla, muchacho no guarda secretos; una vez me contaron que te fuiste porque quer\u00edas ser escritor. Supuestamente, ten\u00edas uno o dos guiones cinematogr\u00e1ficos que quer\u00edas mandar a concursos. Te fuiste con la ilusi\u00f3n de ganar un Oscar o un premio literario de esos en los que, adem\u00e1s de un cheque que te resuelve la vida por un tiempo, te regalan una escultura de un artista postmoderno. T\u00fa sabes muy bien que podr\u00edas ganar algo mucho m\u00e1s significativo cada veintis\u00e9is de julio y eso es lo que no te deja dormir. Recuerdo cuando se gradu\u00f3 mi primo Rolando, tu \u00faltima promoci\u00f3n, estabas ah\u00ed con tu Parkinson precoz, con tu agorafobia y tu v\u00e9rtigo por las multitudes. \u00bfHas vuelto a tropezar, en tu b\u00fasqueda, con una sensaci\u00f3n de bienestar parecida a aqu\u00e9lla? T\u00fa te podr\u00e1s haber ido a la mierda a buscar no s\u00e9 qu\u00e9 pero sabes muy bien que nunca, en ninguna parte ni en ning\u00fan oficio, tendr\u00e1s la inspiraci\u00f3n que encontrabas ah\u00ed; podr\u00e1s haber hallado las novelas er\u00f3ticas de R\u00f3mulo Gallegos o el cuaderno perdido de Cabrujas pero s\u00f3lo podr\u00e1s encontrarte a ti mismo el d\u00eda que vuelvas a pararte delante de un sal\u00f3n de clases. Esa es la disyuntiva entre tu felicidad o tu desgracia\u00bb. Bajo el r\u00f3tulo de salidas a Barcelona el <em>delayed<\/em> fue sustituido por el <em>boarding<\/em>. \u00abEs mi vuelo \u2014se levant\u00f3\u2014. Un placer haberlo visto, profesor. Espero no haberlo incomodado con mis peroratas, todo el mundo dice que hablo mucha paja\u00bb. \u00abBuen viaje, Garmendia. Tarde o temprano, lo ver\u00e1s, la tierra te tocar\u00e1 el hombro\u00bb. \u00abA m\u00ed no me tocar\u00e1 nada, lo s\u00e9. Yo no dej\u00e9 nada atr\u00e1s, \u00bfy usted? \u00a1Co\u00f1o! \u2014se interrumpi\u00f3 mientras intentaba cargar su maleta\u2014. La Guardia Nacional me pinch\u00f3 el equipaje, maldita sea\u00bb. \u00abVamos, te ayudo\u00bb. Caminamos juntos hasta la puerta H, o el pasillo H, o la sala H; la T4 es una locura. Mi vuelo hab\u00eda sido aplazado por m\u00e1s de seis horas. Deb\u00eda pasar la madrugada en el aeropuerto. Llegamos a la puerta de embarque. Un grupo de holandeses protestaba por el retraso. \u00abNo s\u00e9, Lautaro \u2014agreg\u00f3 antes de despedirse\u2014, yo ni siquiera tengo muy claro qu\u00e9 quiero hacer con mi vida pero s\u00ed s\u00e9 que t\u00fa eres uno de los pocos anormales que conozco que todos los d\u00edas sue\u00f1a que tiene las manos llenas de tiza y que se sienta sobre un escritorio a verles la cara a cuarenta adolescentes que, en su mayor\u00eda, no saben ni c\u00f3mo se llaman. Deja de tomar t\u00e9s chimbos, relajantes musculares o Valeriana. No te caigas a cuentos; si quieres volver a dormir, s\u00f3lo tienes que asumir con dignidad suficiente tu vocaci\u00f3n irrevocable de docente\u00bb. El avi\u00f3n abri\u00f3 la puerta. Felipe Garmendia me extendi\u00f3 la mano e hizo una moderada reverencia. \u00abFue un placer hablar con usted, profesor Sanz. Hasta luego. El mes que viene espero leer su interesant\u00edsima columna sobre las extra\u00f1as operetas venezolano\u2014milanesas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>EL LIBRERO DE NICOSIA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Conoc\u00ed al librero de Nicosia en el club venezolano chipriota del barrio Laika Yitonia. Ten\u00eda m\u00e1s de dos horas vagando por los arrabales griegos cuando una pizarra negra, con una inscripci\u00f3n de tiza y en espa\u00f1ol llam\u00f3 mi atenci\u00f3n: \u00abEsta noche, eliminatoria suramericana: Bolivia\u2014Venezuela\u00bb. El lugar parec\u00eda un mes\u00f3n mediterr\u00e1neo cualquiera. Men\u00fa del d\u00eda: almejas, pulpo y ensaladas verdes. El lugar era distante y solitario. La curiosidad impuso argumentos irrefutables. Abr\u00ed la puerta. Supe, entonces, que se trataba de una especie de taguara culta o bar\u2014biblioteca.<\/p>\n\n\n\n<p>El antro de Nicosia en el que transmitir\u00edan el partido de la Vinotinto era un lugar de borrachos lectores. Las paredes \u2014empotradas con antiqu\u00edsimas estanter\u00edas de madera\u2014 estaban repletas de libros. Casi todas las obras expuestas en el primer sal\u00f3n eran ediciones griegas o turcas. Cerca de la barra pude ver el busto de un escritor chipriota llamado Nicos Nicolaides al que varios aficionados hab\u00edan llevado peticiones y ofrendas. Hab\u00eda seis personas leyendo y tomando. Un anciano amarillo, muy amarillo, sosten\u00eda un ejemplar de <em>El cementerio marino<\/em> de Paul Val\u00e9ry. Aunque le\u00eda en silencio, sus labios entreabiertos articulaban palabras que no llegaban a decirse; entre verso y verso vaciaba una copa de vino blanco. Un borracho joven, con aires arios e insolados, le\u00eda <em>La isla del tesoro<\/em> y contrastaba la lectura con un mapa antiguo que extend\u00eda sobre sus rodillas. Otros lectores ebrios hojeaban textos de poetas griegos de los que nunca hab\u00eda o\u00eddo hablar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abHola\u00bb, me dijo el dispensario en ingl\u00e9s. Era un hombre fofo, sin cuello, el ment\u00f3n y el pecho parec\u00edan ensamblados por el tradicional sistema tornillo-tuerca. \u00ab\u00bfQu\u00e9 se le ofrece?\u00bb, su ingl\u00e9s era artificial, de curso de Internet. Ped\u00ed una cerveza y camin\u00e9 por un pasillo estrecho. Encontr\u00e9, sin propon\u00e9rmelo, un amplio sal\u00f3n en el que, entre las inmensas librer\u00edas, pod\u00eda verse un televisor pantalla plana acompa\u00f1ado de un sistema <em>home-theater<\/em>. La sala estaba vac\u00eda; hab\u00eda por lo menos ocho mesas sobre las que reposaban sillas colocadas al rev\u00e9s. Hice un paneo pausado y tenebroso por el cuarto. En una de las paredes vi algo desconcertante. All\u00ed, en Chipre, en un bar de Nicosia \u2014en la Nicosia griega\u2014, hab\u00eda un retrato de R\u00f3mulo Gallegos. Era un calco del retrato de siempre: aquella foto en la que Gallegos, en blanco y negro, aparece con cara de estre\u00f1imiento con los ojos perdidos en el cielo. Debajo del cuadro hab\u00eda una mesa peque\u00f1a \u2014un simulacro de altar\u2014. Pude ver un bander\u00edn de los Leones del Caracas y un <em>Adi\u00f3s al siglo XX<\/em> de Montejo abierto en el poema <em>Oraci\u00f3n por el tacto<\/em>. \u00ab\u00bfVenezuela?\u00bb, me pregunt\u00f3 con gracia el librero <em>barman<\/em> quien, repentinamente, apareci\u00f3 con mi cerveza. Asent\u00ed a disgusto. \u00abRegrese en la madrugada \u2014me dijo\u2014, a diez para las tres comenzar\u00e1 la retransmisi\u00f3n del partido. Podr\u00e1 conocer a los dem\u00e1s miembros del club de venezolanos de Chipre\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Vine a Nicosia invitado por el Cyprus Research Center; en realidad, \u00abinvitado\u00bb por una amiga becaria del Cyprus Research Center. Ella \u2014quien me pidi\u00f3 que no la citara\u2014 escribe actualmente una tesis sobre no s\u00e9 qu\u00e9 cancionero chipriota y sus relaciones con la cultura mediterr\u00e1nea. La conoc\u00ed en el noventa y tanto en un congreso literario que invent\u00f3 la Escuela de Letras de la UCAB. Fuimos \u00abnoviecitos\u00bb un par de meses hasta que el <em>affaire<\/em> del Banco Latino desfalc\u00f3 a su familia y tuvo que abandonar los estudios. Un a\u00f1o m\u00e1s tarde, gracias a un abuelo o bisabuelo griego, pudo repatriarse. Hace unos meses, durante mi convalecencia en Kingston, solicit\u00f3 mi \u00abamistad\u00bb por Facebook y en un alarde de falsa cortes\u00eda me dijo que cuando quisiera fuera a visitarla a Nicosia. Llegu\u00e9 al aeropuerto de Larnaka un 22 de mayo con la convicci\u00f3n de que era el \u00fanico venezolano en Chipre \u2014eso sin contar a mi amiga quien, para entonces, hab\u00eda obtenido la nacionalidad griega\u2014. Recorr\u00ed la ciudad en caminatas eternas y solitarias. No ten\u00eda mucho tiempo para compartir con mi casera ya que el horario del Centro de Investigaci\u00f3n era muy estricto. Adem\u00e1s, el refr\u00e1n popular que cita \u00ab<em>al tercer d\u00eda la visita hiede<\/em>\u00bb comenzaba a hacer efecto. Nuestro romance universitario pas\u00f3 a ser un recuerdo inc\u00f3modo. Ella era otra persona, hab\u00eda dejado de interesarse por la literatura latinoamericana. Tampoco le gustaba hablar en castellano. Trat\u00e9 de citar an\u00e9cdotas o amigos en com\u00fan pero ella dec\u00eda no recordar nada ni a nadie. En una de tantas historias se puso hist\u00e9rica. Me dijo que si quer\u00eda dormir en su casa le hiciera el favor de no hablarle de Caracas. Esa noche se acerc\u00f3 a mi sof\u00e1 \u2014en realidad, su sof\u00e1\u2014 y me bes\u00f3 en la frente. Estaba m\u00e1s calmada. \u00abPerd\u00f3name, Lauty. Lo que pasa es que tengo m\u00e1s de diez a\u00f1os tratando de olvidar ese pa\u00eds de mierda\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>La Nicosia profunda se parece a Caracas. Una l\u00ednea verde, casi invisible \u2014tambi\u00e9n conocida como la l\u00ednea de Atila\u2014, la pica en dos: turcos a un lado, griegos al otro. Se supone que Naciones Unidas decret\u00f3, hace m\u00e1s de dos a\u00f1os, la unificaci\u00f3n de Chipre y la supresi\u00f3n del simb\u00f3lico muro. Sin embargo, hay diferencias significativas entre el norte otomano y el sur hel\u00e9nico. La noci\u00f3n de belleza, por ejemplo, es diferente. La zona turca es terracota, ic\u00f3nica y bizantina. La zona griega es m\u00e1s europea \u2014se parece m\u00e1s a Occidente\u2014, ha recibido un mayor impulso econ\u00f3mico y ha explotado el formato tur\u00edstico. Son encantos dis\u00edmiles y complementarios. Hay zonas en las que la frontera verde est\u00e1 casi borrada. Huellas de zapatos, lluvias y pintas de grafiteros furiosos la han hecho disolverse en el concreto. La l\u00ednea verde me record\u00f3 las l\u00edneas invisibles de Caracas, las fronteras imaginarias. En Venezuela, sin embargo, el conflicto no es religioso, ling\u00fc\u00edstico, cultural ni \u00e9tnico; aquello simplemente parece ser un desacuerdo sobre el programa de un circo: el alzamiento de los payasos, la rebeli\u00f3n de los malabaristas, el resentimiento de los domadores de tigres, la frustraci\u00f3n de las mujeres barbudas\u2026 Caracas, a diferencia de Nicosia, no tuvo Edad Media.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella madrugada, cuando regres\u00e9 al barrio Laika Yitonia el bar biblioteca parec\u00eda estar cerrado. Toqu\u00e9 la puerta varias veces pero nadie respondi\u00f3. Permanec\u00ed en la oscuridad matando el fr\u00edo de la madrugada con cigarros. Luego, di algunas vueltas por callejones aleda\u00f1os. Al regresar pude ver que se acercaban dos sombras bajas, una de ellas mentaba la madre y comentaba que, desde hac\u00eda m\u00e1s de tres meses, hab\u00eda sido bloqueada su tarjeta de Cadivi. Supe, entonces, que estaba en el sitio correcto. Las sombras bordearon el edificio y tocaron una puerta lateral. El hombre tuerca abri\u00f3. Cuando entr\u00e9 a la sala estaba sonando <em>Manantial de coraz\u00f3n<\/em> de Yordano.<\/p>\n\n\n\n<p>Comenz\u00f3 el partido. En una mesa hab\u00eda antifari\u00edstas recalcitrantes que denunciaban la alineaci\u00f3n inexperta y juvenil que hab\u00eda sido convocada a La Paz. \u00ab\u00a1Los bolivianos nos meter\u00e1n ocho!\u00bb, escuch\u00e9 entre varias groser\u00edas y cr\u00edticas destructivas. \u00abRichard P\u00e1ez era malo pero no tan malo\u00bb, cit\u00f3 otro desenga\u00f1ado espectador. No me gusta mucho el f\u00fatbol. Soy un observador imparcial y poco comprometido. La \u00faltima vez que vi un partido completo Luis Figo, y Zinedine Zidane jugaban en el Real Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>La jerga del local era totalmente criolla. En aquella caverna chipriota estaban todos los estereotipos caraque\u00f1os. Estaba, por supuesto \u2014inevitable\u2014, el patriota, aquel que se levant\u00f3 y se puso la mano en el pecho cuando una banda boliviana toc\u00f3 algo parecido al himno. Vi en la pantalla a un mamarracho llamado Juan Garc\u00eda \u2014delantero, seg\u00fan escuch\u00e9\u2014 que sosten\u00eda una hoja de cuaderno con un mensaje de amor para alguna admiradora que estaba en la grada. \u00abImpresentable \u2014coment\u00f3 un intolerante desde la barra\u2014, deber\u00edan meterlo preso, la FIFA deber\u00eda multar al <em>lagarto<\/em>\u00bb, complet\u00f3. Pude ver, tambi\u00e9n, en la mesa m\u00e1s cercana al televisor, a un grupo de entusiastas con franelas vinotinto y bandanas de Brasil. Hab\u00eda pocos lectores. El esc\u00e1ndalo futbolero hac\u00eda dif\u00edcil cualquier amago de concentraci\u00f3n; sin embargo, hab\u00eda tres o cuatro personas dispersas que se tapaban las orejas con los pu\u00f1os e intentaban centrarse. Uno de los lectores sosten\u00eda una edici\u00f3n vieja de <em>Nadie encend\u00eda las l\u00e1mparas<\/em> de Felisberto Hern\u00e1ndez. Parec\u00eda nervioso, sudaba, sus manos temblaban y cada cierto tiempo hac\u00eda notas en los m\u00e1rgenes. Otro le\u00eda un libro de cuentos de Haroldo Conti mientras que una mujer de edad imprecisa estaba inmersa en la <em>Intriga en el Car Wash<\/em> de Salvador Flej\u00e1n. El librero de Nicosia estaba sentado al fondo; beb\u00eda un licor claro que no logr\u00e9 identificar. Era un hombre muy viejo. Un gato ocre-naranja estaba echado a sus pies. No parec\u00eda venezolano, su fisonom\u00eda era mediterr\u00e1nea, europea; pens\u00e9, en principio, que se hab\u00eda equivocado al adentrarse en aquel escenario de folclor surrealista. Me sorprend\u00ed cuando, al pasar a su lado, con timbre oriental y burlesco coment\u00f3: \u00abEstos pendejos todav\u00eda creen que Venezuela va a ir a un mundial\u00bb. Exhal\u00f3 el humo de su pipa y tuvo dos ataques, el primero de risa y el segundo de tos.<\/p>\n\n\n\n<p>El librero de Nicosia hab\u00eda vivido muchos a\u00f1os en Venezuela. Cuando le cont\u00e9 que alguna vez estudi\u00e9 Letras, me invit\u00f3 a su mesa y orden\u00f3 al hombre tuerca que nos trajera una botella de whisky. \u00abFui, soy y ser\u00e9 adeco hasta que me muera \u2014me dijo\u2014 y los adecos fuimos los que le ense\u00f1amos a esa tribu a beber whisky\u00bb. El mesonero nos trajo una botella de Buchanan&#8217;s y el librero brind\u00f3 a la salud de R\u00f3mulo Betancourt. Luego me cont\u00f3 que, durante muchos a\u00f1os, trabaj\u00f3 en el Instituto Pedag\u00f3gico; hab\u00eda dictado tambi\u00e9n algunos cursos en la Escuela de Letras de la UCV y de la mano del padre Fernando Arellano pudo dictar tres o cuatro seminarios en la UCAB. Su relato ten\u00eda algunas anomal\u00edas. Tard\u00e9 en caer en cuenta de que el librero de Nicosia estaba enfermo. \u00ab\u00a1Co\u00f1o&#8217;e la madre!\u00bb, grit\u00f3 un aficionado desde la mesa de falsos brasileros: el \u00e1rbitro hab\u00eda pitado un penalti a favor de Bolivia.<\/p>\n\n\n\n<p>El librero de Nicosia padec\u00eda una esquizofrenia literaria. Dec\u00eda haber conocido y tener lazos de amistad con personajes de ficci\u00f3n. \u00abCompart\u00ed muchos a\u00f1os \u2014dijo\u2014 con la familia Barazarte, los protagonistas de <em>Pa\u00eds port\u00e1til<\/em>. Alguna vez \u2014coment\u00f3\u2014, le pregunt\u00e9 a Funes, el memorioso, la letra de un tango que Gardel cantaba en la pel\u00edcula <em>Cuesta abajo<\/em> y el borgeano no supo responderme, se hizo el loco\u00bb. El librero dijo haber sido buen amigo de Maqroll el Gaviero; siempre que sus tribulaciones lo llevaron al Mediterr\u00e1neo el h\u00e9roe de Mutis hab\u00eda hecho, al menos, una parada en Chipre. \u00abHace algunos a\u00f1os me tom\u00e9 unos tragos con un muchacho chileno muy simp\u00e1tico llamado Arturo Belano\u00bb. El viejo hablaba solo. Sus mon\u00f3logos entraban y sal\u00edan del espectro literario de manera espont\u00e1nea. Dijo que le hab\u00eda hecho el amor a la Maga de Cort\u00e1zar pero que, sin duda, su mejor amante hab\u00eda sido Violeta, la hermana mayor de Blanca Nieves \u2014la famosa Mam\u00e1 Blanca de Teresa de la Parra\u2014. \u00abCuando esa ni\u00f1a creci\u00f3 se convirti\u00f3 en una ociosa\u00bb. Nombr\u00f3 muchas historias. Cit\u00f3 autores y referencias librescas que desconozco. Quiso saber algunas cosas de Venezuela, me pregunt\u00f3 por su amigo el librero Sergio Alves Moreira de Divulgaci\u00f3n. \u00abFalleci\u00f3\u00bb, le dije con desgano. \u00abSergio era mayor que todos nosotros\u00bb, fue lo \u00fanico que dijo. Tambi\u00e9n quiso tener noticias de su amigo Ra\u00fal Bethencourt, el librero de Suma. Le cont\u00e9 que lo atropell\u00f3 un carro. \u00ab\u00a1Gol!\u00bb Esc\u00e1ndalo en el bar. Tard\u00e9 en darme cuenta de que los bolivianos se marcaron un gol a s\u00ed mismos. El librero de Nicosia permaneci\u00f3 en silencio y dijo algo en una lengua extra\u00f1a, luego se persign\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Me cont\u00f3 las historias de los venezolanos exiliados en Chipre. \u00abNo s\u00f3lo en Chipre, est\u00e1n en todas partes; los venezolanos actualmente hacemos met\u00e1stasis. Llega mucha gente joven. Hay de todo: ingenieros, artistas, putas, contables, m\u00e9dicos, escritores, caza talentos, mata tigres. Uno de mis hijos, que naci\u00f3 en Venezuela, vive en Bak\u00fa, Azerbaiy\u00e1n. \u00c9l es soci\u00f3logo de la UCV. Me cuenta que toda Asia menor est\u00e1 plagada de venezolanos. Vea, por ejemplo, a Mario \u2014hizo un gesto con sus labios y se\u00f1al\u00f3 al lector de Felisberto Hern\u00e1ndez\u2014. Su historia, como la mayor\u00eda de las historias, es triste. Mario ten\u00eda un local en el Centro Comercial El Recreo. Vend\u00eda celulares, c\u00e1maras y otras pendejadas tecnol\u00f3gicas. Mario ten\u00eda la desgracia de ser hermanastro de un carajo que trabajaba en S\u00famate; era uno de los abogados de S\u00famate. Un d\u00eda cualquiera, sin previo aviso, le cay\u00f3 el Seniat, le decomisaron los equipos y le pusieron una multa impagable. Adem\u00e1s, Mario cometi\u00f3 la estupidez de firmar contra el presidente en uno de esos in\u00fatiles referendos que cada quince d\u00edas hacen en Venezuela. Esa firma le vali\u00f3 el bloqueo de otros negocios y contratos que estaban apalabrados. Su mujer lo abandon\u00f3, se muri\u00f3 su vieja, su hermanastro lo dej\u00f3 limpio y en la calle y el pobre Mario se volvi\u00f3 loco; fue cuando comenz\u00f3 a ver en la oscuridad y a conversar con los objetos. No s\u00e9 c\u00f3mo lleg\u00f3 a Chipre; me pareci\u00f3 escuchar que, por el lado paterno, tiene familiares en Sicilia; s\u00e9 que pas\u00f3 por Siracusa y, m\u00e1s tarde, entr\u00f3 a Nicosia desde la zona turca. Cuando me cont\u00f3 su padecimiento le dije que en los cuentos de Felisberto Hern\u00e1ndez se narran patolog\u00edas parecidas. Desde entonces lee esos relatos con ansiedad en busca de respuestas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>El lector de Haroldo Conti ten\u00eda una historia parecida. Era un ingeniero argentino expatriado por los militares a Venezuela en los setenta y, posteriormente, botado de Pdvsa al aire en un <em>Al\u00f3, Presidente<\/em>. \u00abLa historia de la lectora de Flej\u00e1n tambi\u00e9n es triste \u2014me cont\u00f3 el librero\u2014. Dice que su hijo muri\u00f3 porque su marido estaba empe\u00f1ado en que el muchacho jugara b\u00e9isbol. El muchacho era malo y termin\u00f3 fichado por un equipo mediocre de la liga taiwanesa. All\u00e1, supuestamente, lo mat\u00f3 una mafia. Ella, desde entonces, vaga por el Mediterr\u00e1neo. Lleg\u00f3 a Nicosia hace m\u00e1s de un a\u00f1o. Nadie sabe d\u00f3nde vive ni qu\u00e9 hace. Todas las noches viene a este bar y se sienta a leer <em>Intriga en el Car Wash<\/em>. Una y otra vez lee el relato <em>Grandeliga<\/em> y dice que ese hombre, Salvador Flej\u00e1n, le rob\u00f3 su experiencia y la convirti\u00f3 en cuento\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Eran las cinco de la ma\u00f1ana, m\u00e1s o menos, cuando termin\u00f3 el partido: gan\u00f3 Venezuela. Los antifari\u00edstas pasaron a ser admiradores del gran C\u00e9sar Far\u00edas e injuriaban con mala sa\u00f1a a Richard P\u00e1ez. \u00abMenos mal que no jug\u00f3 el tal Arango ni el caim\u00e1n de Jos\u00e9 Manuel Rey; estos muchachos son mejores\u00bb, dijeron los amanecidos. Incluso el intolerante de la barra reconoci\u00f3 que el lagarto, Juan Garc\u00eda, hab\u00eda hecho un partido decente.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos d\u00edas m\u00e1s tarde sal\u00ed de Chipre. Nicosia no tiene aeropuerto por lo que tuve que ir en autob\u00fas a la localidad sure\u00f1a de Larnaka. Me desped\u00ed de mi amiga con una nota escueta. Pas\u00e9 mi \u00faltima tarde en compa\u00f1\u00eda del librero de Nicosia, caminamos por las orillas del Pedieos; recorrimos la zona tur\u00edstica llena de japoneses, McDonald&#8217;s y pizzer\u00edas biling\u00fces. Al despedirse, como si leyera mis pensamientos amargos, me dijo en voz baja: \u00abNo se preocupe, joven, las balas pasan pero las palabras quedan. Eso de que los vencedores escriben la historia es falso, la verdadera historia la hace el perdedor. Busque testimonios, escriba, cuente las historias de los desterrados y har\u00e1 honor a su oficio. Literatura mata ej\u00e9rcitos. Ahora vaya, lo dejar\u00e1 el autob\u00fas\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Las turbulencias hicieron que el avi\u00f3n aterrizara en alguna isla de Grecia. No pod\u00eda dejar de pensar en el librero. Al mediod\u00eda, un Airbus A330 hizo un vuelo rasante sobre la costa. Record\u00e9 un cuento de Cort\u00e1zar y me imagin\u00e9 a un hombre viendo por la ventana del avi\u00f3n so\u00f1ando con una existencia alternativa en aquel para\u00edso. En beneficio de mi salud mental decid\u00ed renunciar, temporalmente, a la literatura. Al llegar a Atenas entr\u00e9 a un <em>cyber-caf\u00e9<\/em> y compr\u00e9 un pasaje a Caracas. No s\u00e9 qu\u00e9 dir\u00e1n los jefes de ReLectura cuando les anuncie que mi pr\u00f3xima columna ser\u00e1 escrita desde tierra caliente.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/eduardo-sanchez-rugeles\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicadas originalmente con el pseud\u00f3nimo de Lautaro Sanz<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Eduardo S\u00e1nchez Rugeles EL DESARRAIGO IMPOSIBLE \u00ab\u00bfVenezolano?\u00bb, pregunt\u00f3 el guardia de inmigraci\u00f3n. \u00abS\u00ed, por desgracia\u00bb, respondi\u00f3 con desidia. Grupos de patrioteros cercanos al escritorio, inmediatamente, censuraron la franqueza del muchacho. El murmullo se extendi\u00f3 a lo largo de la cola. 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