{"id":11203,"date":"2024-02-22T21:39:48","date_gmt":"2024-02-22T21:39:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11203"},"modified":"2025-09-14T14:31:47","modified_gmt":"2025-09-14T19:01:47","slug":"viaje-por-el-pais-de-las-maquinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/viaje-por-el-pais-de-las-maquinas\/","title":{"rendered":"Viaje por el pa\u00eds de las m\u00e1quinas (selecci\u00f3n)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez<\/h4>\n\n\n\n<p><strong>LOS HOMBRES DE NEGOCIOS<\/strong> <strong>(El Greco en Nueva York)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Es Nueva York, la meca de los suramericanos, de los ge\u00adnerales y los hombres de negocios. Nueva York no es propiamente americana dicen los mismos yanquis. Los que se enorgullecen de Nueva York son los que all\u00ed viven, procedentes de todo el planeta. Los hombres de negocios tienen sus resi\u00addencias en las afueras, a varias millas de distancia, en pe\u00adque\u00f1as ciudades. Los suramericanos, italianos y espa\u00f1oles, sobre todo los primeros, cuando son renegados, hombres que no recuerdan su idioma, lo proh\u00edben a sus hijos y sirven a sus capataces en cuatro pies. El tipo r\u00ede renegado, \u201cspanish\u201d, es muy frecuente, en su mayor\u00eda cubanos, portorrique\u00f1os, mexi\u00adcanos, etc. Sus amos lo tratan con un desd\u00e9n terrible, no exen\u00adto de curiosidad. Y viven. Para esta clase de hombres est\u00e1 he\u00adcho Nueva York, una ciudad construida con el objeto de ser la ciudad m\u00e1s grande del mundo. Esta idea se lee en los ros\u00adtros, hasta en el de los vendedores ambulantes, y por ella sola son felices. Los renegados hacen lo posible para asemejarse a sus patrones, para ser el tipo del \u201cbusiness man\u00bb, a quien adoran y reverencian.<\/p>\n\n\n\n<p>Mr. Such a one est\u00e1 sentado en su escritorio. Su faz apopl\u00e9tica reluce. El viene a recibiros no como un hombre nor\u00admal que recibe a otro, sino como un hombre de negocios. \u00c9l tiene sus teor\u00edas y un asunto cualquiera, as\u00ed, sea el m\u00e1s insignificante, no puede tratarlo sino a trav\u00e9s de las ideas que tiene de los negocios. Un hombre de negocios sin esas reglas no ser\u00eda un verdadero hombre negocios. Pasa a \u00e9stos como a los generales que combat\u00edan en las primeras guerras contra Napole\u00f3n. Dec\u00edan que no era un buen guerrero, porque iba contra las reglas del arte militar. As\u00ed fracasar\u00eda tambi\u00e9n la idea de un negocio cualquiera. En ese hombre se ha metido un mun\u00addo de principios sin los cuales ser\u00eda in\u00fatil comprar siquiera una caja de f\u00f3sforos. El r\u00ede, habla, enga\u00f1a a todo el mundo dentro de ciertas normas, de ciertas reglas determinadas. Esta especie de hombre se ha sentido un poco desconcertado con lo que ocurre en el mundo. Por primera vez en mucho tiem\u00adpo \u2014id\u00f3latra de la prosperidad\u2014 ha visto su voluntad chocar con un obst\u00e1culo que contradice de un modo escandaloso todas sus teor\u00edas. Hasta hoy se hab\u00eda cre\u00eddo omnipotente.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensaba con orgullo en su capacidad, en su dinero y en sus m\u00e1quinas, y he aqu\u00ed que de pronto todo eso comienza a fallar. Por esto cree a veces volverse loco. Por suerte ha encontrado una explicaci\u00f3n a todos sus males. Es el se\u00f1or Roosevelt, la insoportable interferencia del gobierno en los negocios. He aqu\u00ed la causa. Cuando Roosevelt desaparezca con su s\u00e9quito de innovadores todo volver\u00e1 a la normalidad. La defensa de la democracia va \u00edntimamente unida a la libertad del hombre de negocios. Es el sistema americano el que est\u00e1 sufriendo tan tremendos reveses. El horror del hombre (le negocios al fas\u00adcismo y al comunismo no estriba tanto en los sistemas pol\u00edticos, sino en su terrible amenaza contra la libertad de los ne\u00adgocios. El propio Roosevelt se entretiene a veces en hacerle despiadadas jugarretas que lo indignan profundamente. He ah\u00ed por ejemplo, ese teatro patrocinado por la PWA (Public Work Administration), el cual se debe a una iniciativa personal del presidente Roosevelt, donde se representan los estragos que los caseros han hecho a la ciudad en alianza con el c\u00f3lera, la tuberculosis, la miseria y otros males, y donde el p\u00fablico aplaude estrepitosamente. El casero desde los d\u00edas de la fundaci\u00f3n de Nueva York hasta hoy explotando a la humanidad y acusado por sus v\u00edctimas. El business man profundamente incomodado se revuelve en su silla. No obstante su vieja sonrisa persiste, una sonrisa que \u00e9l ha aprendido y trata de conservar hasta la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay otra clase m\u00e1s modesta de hombre de negocios. Son los empleados o vendedores. El vendedor que acecha su pre\u00adsa y se lanza sobre ella para desvalijarla. Cuando \u00e9sta se ha\u00adlla a su alcance le acomete. Dif\u00edcilmente \u00e9l os dejar\u00e1, y si fra\u00adcasa continuar\u00e1 vi\u00e9ndoos con visible enojo.<\/p>\n\n\n\n<p>Si se estableciera una comparaci\u00f3n entre el hombre de ne\u00adgocios del Norte y el de Sur Am\u00e9rica, hallar\u00edamos su equiva\u00adlente, como valor hist\u00f3rico ya en decadencia, en el general o mandatario suramericano. Existe, sin embargo, alguna dife\u00adrencia. La independencia norteamericana se hizo especial\u00admente para los business men. Lo dem\u00e1s -esfuerzo cultural, discursos y estatuas\u2014 fue un derivativo. Fue el pa\u00eds de la libre competencia, el hijo mayor de la pol\u00edtica econ\u00f3mica \u2014esa cien\u00adcia de cerdos\u2014 seg\u00fan lo llam\u00f3 Ruskin, creo que con raz\u00f3n. Nosotros los suramericanos fuimos a otra especie de pol\u00edtica. La independencia se hizo para los generales. Estos fueron tambi\u00e9n hombres de negocios, pero enemigos de la libre com\u00adpetencia. Lo quisieron todo para s\u00ed. El business man aborrece la intervenci\u00f3n del Estado en asuntos econ\u00f3micos salvo para proteger sus intereses, particularmente en las rep\u00fablicas hispanoamericanas. Aqu\u00ed el hombre de negocios erigido en gene\u00adral y estadista \u2014seguido por una turba de doctores\u2014 eliminaba de un tiro la libre competencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El business man no es siempre apopl\u00e9tico. Algunas veces tiene rasgos de asceta como ese retrato de hombre atribuido al Greco: cejas enarcadas, frente calva, barba escasa, mirada penetrante. Un rostro ceniciento donde la experiencia va cavando surcos. Sus ojos miran ya desde lo alto de los a\u00f1os. Porque en Nueva York se encuentra uno con el Greco.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>LAS OBRAS DE ARTE<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Nubes sobre Toledo. Un fondo de azul tenebroso. Nubes de un crep\u00fasculo, sobre una ciudad en primer t\u00e9rmino, encima de una colina. Collados verdes manchados por los muros. Caminos abiertos perdi\u00e9ndose en la oscuridad. Abajo un arroyo o un r\u00edo. \u00a1Es el Greco!<\/p>\n\n\n\n<p>Lagos helados. Un sol redondo, inmenso, cobrizo. Al fondo la masa de rascacielos. Son los poemas levantados por los hombres de negocios. Vestigios de la \u00e9poca ya vetusta de los millonarios.<\/p>\n\n\n\n<p>El retrato de Felipe IV pende en una de las salas del Museo Metropolitano en la colecci\u00f3n Altman. Benjam\u00edn Altman es sin duda un gran hombre. Me he detenido con gratitud ante su retrato, porque gracias a \u00e9l he podido conocer a Vel\u00e1squez. Procede del palacio de Villa Hermosa en Madrid, dice al pie. Es tambi\u00e9n un trofeo arrancado a Espa\u00f1a, como lo es ese barco, el \u201cReina Mercedes\u201d, que se mece atado en la bah\u00eda de Ann\u00e1polis, cerca del puente que lleva el nombre fat\u00ed\u00addico de Dewey. Un blanco nav\u00edo, de los de Cuba, con su bal\u00adconcillo en la proa, m\u00e1s propio para serenatas en la noche de luna, junto a otros buques de quillas rectas, cortantes. El rey del gran siglo, del fin del gran siglo, el gran rey Felipe IV. Rostro sensual con un leve rasgo de melancol\u00eda. Vestido ne\u00adgro con cuello blanco. En el pecho Tois\u00f3n de Oro. Amplia capa pende de sus hombros. El sombrero sobre un rojo mueblecillo. Gran sombrero negro de anchas alas. En su mano derecha sostiene una carta. La izquierda en la empu\u00f1adura de la espada.<\/p>\n\n\n\n<p>Un poco m\u00e1s all\u00e1 est\u00e1 otro cuadro de Vel\u00e1squez: Cristo con los peregrinos de Ema\u00fas. Cristo va a partir el pan con sus manos traspasadas. Uno de los disc\u00edpulos est\u00e1 de frente. El otro le da la espalda. Lleva Cristo una t\u00fanica roja. Al fondo el color gris del muro, que bien puede ser el color de la tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro retrato de Felipe IV en su madurez \u2014grandes mosta\u00adchos\u2014 se halla en la Sociedad Hisp\u00e1nica de Nueva York. Hay all\u00ed tambi\u00e9n un retrato del General G\u00f3mez y otro del Padre Borges, obra de L\u00f3pez Mezquita. El del General G\u00f3mez se halla con los de Unamuno, Baroja, Azor\u00edu y P\u00e9rez de Ayala. Gran personaje para Baroja. El guardia es oriundo de Gua\u00adyana Brit\u00e1nica. \u00ab\u00a1Ah!, s\u00ed. Somos casi compatriotas, somos del Sur\u201d. \u00bfUsted quiere verlo? \u2014me pregunta riendo, un po\u00adco sorprendido, antes de abrirme los batientes donde los tie\u00adnen encerrados. \u201cClaro que s\u00ed\u201d. Adusto firme, recio. Mira\u00adda de indefinible rudeza. Sobre la blusa militar la mancha de una condecoraci\u00f3n. El Padre Borges, de bonete, la sonrisa bo\u00adnachona, como en sus buenos d\u00edas del Sam\u00e1n de G\u00fcere. Y mientras yo lo contemplo una vez m\u00e1s, el guardi\u00e1n me refiere el caso de un venezolano quien pregunt\u00f3 enfurecido por qu\u00e9 estaban all\u00ed esos retratos. Como si la pol\u00edtica fuera el arte o el arte la pol\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p>En el frontis est\u00e1n grabados los nombres de Bello, Olmedo, Dar\u00edo y Sor Juana In\u00e9s de la Cruz. Es significativo eso de que los poetas representen la hispanidad y sobrevivan a los cambios pol\u00edticos. No est\u00e1n los nombres de los guerreros sud\u00adamericanos. S\u00f3lo los poetas. Bello es una columna de la hispanidad en un momento en que esta se derrumbaba. Qued\u00f3 solitaria, imp\u00e1vida, como esas columnas de los templos en ruinas. Hay s\u00ed un guerrero: el Cid. Y el Cid es el Romance\u00adro. Su estatua se levanta en el centro del patio que divide los dos edificios o galer\u00edas: la de los pintores antiguos de la de los modernos. El Cid es el prototipo de la hispanidad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>LOS CLAUSTROS (Las m\u00e1quinas)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A un extremo de Nueva York, en Tryon Park, sobre una riente colina donada por Rockefeller Jr., se elevan los claustros reconstruidos por George Grey Bernard con material arquitect\u00f3nico de las ruinas de los monasterios franceses y espa\u00f1oles. Gracias a ese trabajo es posible ver hoy el Hudson desde el balc\u00f3n de una abad\u00eda del siglo XIII.<\/p>\n\n\n\n<p>Claustros de San Miguel de Cuixa. Portal de San Vicente Mart\u00edn, en Fr\u00edas, y de la iglesia de San Cosme en Narbona graciosos. Est\u00e1n all\u00ed claros, renacidos, granitos gris y blanco. Frente a estas reliquias o despojos del arte y de la vida religiosa, claustros pillados o abandonados desde los d\u00edas de la Revoluci\u00f3n Francesa, descuellan bajo un disco de sol rojo de ocho de la tarde, las torres sagradas del capitalismo. Una forma de civilizaci\u00f3n frente a la otra. Los productos del capitalismo. Todas las mercanc\u00edas vendidas al Sur sumergido en el orden bonach\u00f3n y al mismo tiempo f\u00e9rreo y agresivo de los \u201cbusiness men\u201d. Bah\u00eda gris y oscura, tornasolada de sol tard\u00edo de abril, cruzada de naves, de \u201cferrys\u201d, de lanchas que vomitan humo y nieblas.<\/p>\n\n\n\n<p>No puede decirse que sean im\u00e1genes de un mal sue\u00f1o estas maquinarias. Son feas y estupendas. Producen multitud de objetos maravillosos y realizan el trabajo de miles de hombres. Se requieren muchos a\u00f1os para llegar a tan maravillosa perfecci\u00f3n. Estos artefactos fueron engendrados en la fantas\u00eda de la Edad Media. La sombra de la m\u00e1quina comienza a perfilarse en el claustro, entre esas mismas columnas rom\u00e1nicas y g\u00f3ticas de esos claustros trasplantados. La sospecha de que la m\u00e1quina era obra de arte diab\u00f3lica tiene su fondo de verdad. La idea alete\u00f3 en esas naves con menos rumor que el de la abeja en el jard\u00edn conventual.<\/p>\n\n\n\n<p>Los antiguos tuvieron sus m\u00e1quinas. Los secretos de la mec\u00e1nica en la construcci\u00f3n de las pir\u00e1mides se han perdido. La maquinaria moderna es otra cosa. La carta dirigida al mundo del a\u00f1o 7.000 encerrada en un tubo en los terrenos de la Gran Feria \u2014cuando tal vez Manhattan sea un desierto \u2014se hallar\u00e1 con la sombra eterna que aqu\u00e9llas trazan y sobre las arenas silenciosas.<\/p>\n\n\n\n<p>Los materialistas \u2014Marx\u2014 aseguran que Dios es un reflejo, una proyecci\u00f3n de la mente humana. Esta idea ha vuelto al hombre cuando la m\u00e1quina se apoder\u00f3 de \u00e9l y lo hizo esclavo. Por el mismo camino podr\u00eda decirse que el hombre de hoy es una creaci\u00f3n o una proyecci\u00f3n de la m\u00e1quina.<\/p>\n\n\n\n<p>Los nuevos profetas se inspiran en esas ef\u00edmeras y terribles creaciones. La m\u00e1quina ha precipitado de nuevo al hombre en la rebeli\u00f3n. Tienen esos claustros, as\u00ed tan silenciosos, con sus huertas donde se oye de nuevo la antigua fuente, una \u00edntima relaci\u00f3n con los rascacielos esquel\u00e9ticos en la noche. Dir\u00edase que los vigilan a trav\u00e9s de los ojos cerrados de sus capiteles, de sus quimeras y monstruos, y de sus im\u00e1genes mutiladas. Hay una estatua sepulcral de Jean D\u2019Alluye, se\u00f1or de varios lugares. Es un mancebo cruzado que regres\u00f3 de los Santos Lugares a su tierra de Francia, en 1244. Su expresi\u00f3n de serenidad ya no podr\u00eda encontrarse nunca en el hombre moderno.<\/p>\n\n\n\n<p>La voz fiera de la bah\u00eda, voz fiera y desgarradora, responde al ta\u00f1ido siempre fresco de la campana. Es as\u00ed que la civilizaci\u00f3n ha construido los instrumentos que van a destruirla. La civilizaci\u00f3n se ha puesto una m\u00e1scara de gas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>LA TUMBA DE POE \u2013 (BALTIMORE)<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Estas superficies planas, estas masas arquitect\u00f3nicas agrupadas en torno de la bah\u00eda de aguas plomizas hablan a uno de la tierra venezolana, a su manera. Las calles iguales a las otras calles de las ciudades que tratan de parecerse unas a otras, a fin de perder todo car\u00e1cter. El hombre moderno ha querido hacer de la vida algo as\u00ed como una f\u00e1brica de zapatos y de pajillas a un mismo precio. Uno se aleja al cabo del mundo y encuentra el mismo panorama. Una vidriera es igual a otra vidriera. Y al fin uno cree que no se ha movido de su sitio. Todo igual. Estad\u00edstica. Los gobiernos gastan grandes sumas para que hasta los menores gestos humanos adquieran esa exactitud o precisi\u00f3n de n\u00fameros. Baltimore, a pesar de su desarrollo, es una ciudad anticuada en relaci\u00f3n con otras ciudades americanas. Las l\u00edneas toscas, evocaciones coloniales y el ambiente provinciano de sus casas de apartamentos con antiguos muebles, el viejo Maryland, cuyo fundador fue Cecilio Calvert, aquel se\u00f1or de capa y chambergo cuya estatua descuella entre las nuevas construcciones. En Baltimore comienza el Sur y el Sur, el rom\u00e1ntico y profundo Sur, es el pa\u00eds de las leyendas tenebrosas, de los hombres que se cre\u00edan de una casta superior a las del Norte, de los propietarios de esclavos.<\/p>\n\n\n\n<p>Una tierna luz de crep\u00fasculo envuelve los cementerios que rodean a Baltimore. Emergen blancos en el fondo verde de los caminos de Washington, de Ann\u00e1polis, de Filadelfia, y la visi\u00f3n de ellos persiste en la memoria. Las zanahorias y coliflores, como todas esas hortalizas que se amontonan en los mercados de Baltimore, recuerdan las mejillas redondas y sonrosadas que tanto amaban los pintores flamencos. Las gu\u00edas tur\u00edsticas de Baltimore se decoran con la efigie de Poe. Porque Baltimore con sus cuatro mil nav\u00edos anuales y sus tarifas ferroviarias, y sus exportaciones de hierro y acero, y sus tres mil acres de parques \u2014una espesa l\u00ednea de m\u00e1stiles y chimeneas- su cielo gris \u2014ese cielo plomizo y h\u00famedo que el viajero no deja de recordar nunca\u2014 es la tumba de Poe.<\/p>\n\n\n\n<p>En Mount Vernon Place \u2014en el coraz\u00f3n de Baltimore\u2014 una fuente corre en las noches del verano. Yo me siento a o\u00edr esta fuente bajo la claridad de unas estrellas remotas. Mount Vernon Place \u2014en otro tiempo el sitio de moda\u2014 est\u00e1 ahora solitario. Apenas unos cuantos vecinos traen sus perros a tomar el fresco. Cuando Poe vino a Baltimore, ya estaba ah\u00ed esa fea columna con la estatua de Washington, desde la cual se puede contemplar toda la ciudad y su cenicienta bah\u00eda. Por aqu\u00ed pas\u00f3 Dickens \u2014conoci\u00f3 a Poe en Filadelfia\u2014, y por aqu\u00ed pas\u00f3 tambi\u00e9n en medio de aclamaciones Jenny Lind \u2014el ruise\u00f1or sueco\u2014 cuyo nombre repet\u00edan las generaciones rom\u00e1nticas. Lind, otra hermana de la fuente, de quien apenas quedan pocos labios para repetir su nombre. La Lind vino a Baltimore un a\u00f1o despu\u00e9s de la muerte de Poe.<\/p>\n\n\n\n<p>Por mar y tierra la vida de Poe describe c\u00edrculos fatales en torno de Baltimore. De Richmond a Nueva York, de Nueva York a Baltimore, de Filadaelfia a Nueva York, a Washington, a Richmond, a Baltimore. Un poeta a quien no se le pagaba bastante, porque su estilo \u2014gran pecado\u2014 era o estaba muy por encima de lo vulgar. En marzo de 1829 Poe viene por primera vez a Baltimore. Los editores le devuelven sin publicarlo su poema Al Araaf. Es all\u00ed, en una posada de la calle de Calvert, donde recita sus primeros poemas en las noches de invierno, mientras un marinero toca su flauta junto al fuego. Las luces de los garages puntean de rojo la calle ahora desierta. Sin embargo, la fama comienza en Baltimore. El \u201cBaltimore Saturday V\u00edsiter\u201d ofreci\u00f3 un premio de cincuenta d\u00f3lares por el mejor cuento, y Poe concurri\u00f3 con seis relatos. El jurado se decidi\u00f3 por \u201cUn manuscrito dentro de una botella\u201d. Entonces Poe estaba ansioso de fama y de riqueza.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1os despu\u00e9s le dice a su padre adoptivo \u2014en busca de un perd\u00f3n que no vino\u2014, que ni sombra de orgullo le hab\u00edan dejado sus infortunios. Porque para hacerse perdonar es preciso todo eso: probar que ya no se tienen deseos de gloria, o que no se pueden abrigar tales ambiciones. Pero \u00bfc\u00f3mo se prueba que ya no se tienen altos pensamientos? Un hombre que los haya tenido alguna vez es siempre sospechoso. Por \u00faltimo, es en Baltimore donde conoci\u00f3 a Virginia Clem, su esposa, Annabel Lee, cuyo retrato frente al del autor de \u201cEl Cuervo\u201d, entre los manuscritos y las obras impresas del poeta, decora el sal\u00f3n que le est\u00e1 dedicado en la biblioteca p\u00fablica de la ciudad. Un d\u00eda salieron juntos de la iglesia de San Pablo. Virginia debe consumirse lentamente a su lado, en una vida de andanzas y de miserias, y precederlo en la muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Poe ten\u00eda en proyecto un nuevo matrimonio. De regreso de Richmond se detiene un s\u00e1bado en la tarde, en Baltimore. Deb\u00eda tomar el tren de Filadelfia donde pensaba cobrar unos d\u00f3lares por corregir los versos de una poetisa. Era uno de los recursos de Poe, el de corregir versos a los poetisos y poetisas. Era d\u00eda de elecciones, y se distribu\u00eda whisky en abundancia a los votantes, a fin de inspirarlos debidamente. Poe que hab\u00eda hecho prop\u00f3sito de enmienda cay\u00f3 en la trampa electoral. Era octubre. Octubre es el m\u00e1s bello de los meses en Baltimore. El oto\u00f1o tiene sus m\u00e1s l\u00edricos esplendores. Los caminos se cubren de hojas secas. Los \u00e1rboles est\u00e1n rojos, color de sangre, o se han vuelta tan dorados como si otra vez fuesen j\u00f3venes, en pleno amanecer. Una taberna en Lombard St. Un hombre agoniza y gime entre desconocidos. Es Poe. Algunos lo reconocen. Unos amigos lo llevan al hospital. Su agon\u00eda fue terrible.<\/p>\n\n\n\n<p>El ba\u00fal de Poe \u2014pobre ba\u00fal que guardaba los negros secretos del Cuervo y las ropas impregnadas de alcohol\u2014, est\u00e1 en Richmond, y la tumba de Poe se halla en Baltimore en un rinc\u00f3n casi solitario, pero al mismo tiempo en plena secci\u00f3n de la actividad y los negocios. En un extremo de la calle se halla una taberna y en la otra se levanta la torre de ladrillos de la iglesia presbisteriana, cuyo jard\u00edn guarda sus despojos. Una iglesia y una taberna. Poe era a ratos piadoso, amaba los astros, y quer\u00eda saber el secreto y el nombre de los \u00e1ngeles. Una orla de flores silvestres, como las que azulean en los campos de Venezuea, festona en el verano el z\u00f3calo del blanco monumento. Pero ya las hojas han ca\u00eddo y el invierno cercano las oprimi\u00f3 con sus dedos helados.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>EL CUERVO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>19 de enero de 1938. La \u201cSociedad Edgar Allan Poe\u201d, conmemora el natalicio del autor de \u201cEl Cuervo\u201d. Mientras la nieve cae sobre Baltimore unos coros escolares cantan en la iglesia de Westminster las stanzas argentinas de \u201cLas Campanas\u201d y la gloria de Annabel Lee. Poe estaba en la c\u00e1rcel una noche de a\u00f1o nuevo. Sufr\u00eda prisi\u00f3n por deudas contra\u00eddas por un hermano suyo. Los carrillones de los templos protestantes y las otras campanas cat\u00f3licas y griegas voltigean sobre Baltimore, mientras el blancor de la nieve cubre sus negras fachadas.<\/p>\n\n\n\n<p>El profesor Ernest J. Becker, Presidente de la Sociedad, al explicar el significado de la obra de Poe, dijo aquella tarde: \u201cLa poes\u00eda de Poe no es propia para ni\u00f1os. Debe darse a leer a los alumnos poes\u00edas f\u00e1ciles de Longfellow, Wordsworth y Tennyson, simples y bellas cosas relacionadas con entes reales. Lo son tanto como lo es El Cuervo en relaci\u00f3n a los p\u00e1jaros verdaderos. Sus personajes personifican desesperaci\u00f3n y agon\u00eda, son tipos tan bellos e inanimados como estatuas\u201d. Algo semejante puede decirse de P\u00e9rez Bonalde. Poe es para los venezolanos P\u00e9rez Bonalde. Su poes\u00eda no es propia de un pueblo joven. Pero el p\u00e1jaro negro o el avechucho cruz\u00f3 el mar y se vino tras las huellas del gran viajero a guarecerse en las oquedades de las monta\u00f1as, en las tierras luminosas. Si hubi\u00e9ramos podido dedicarle un rinc\u00f3n donde guardar los objetos, las cartas y obras del padre de Flor, hallar\u00edamos los vestigios de otra vida rota. En un principio la poes\u00eda de P\u00e9rez Bonalde llega a causar casi disgusto. Despu\u00e9s se creer\u00eda encontrar en ella algo as\u00ed como un eco de nosotros mismos. Sin embargo, es necesario trasformar el negro avechucho en p\u00e1jaro luminoso.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante su estancia en Filadelfia \u2014se lee en las biograf\u00edas de Poe\u2014, hizo estrecha amistad con Thomas Holley Chiver\u2019s, autor de \u201cLamento en la muerte de mi madre\u201d. Las estrofas de esta poes\u00eda concluyen con el motivo o nota final de \u201cEl Cuervo\u201d: No, nevermore. Chivers era hombre de genio bastante sarc\u00e1stico, y aseguraba para desesperar a Poe, que \u00e9l Chivers, era el verdadero autor de \u201cEl Cuervo\u201d. Pero es en Nueva York, en los crudos inviernos, sin le\u00f1a para calentarse, que \u201cEl Cuervo\u201d cobra forma definitiva. Poe lo vio una noche en el umbral de su aposento. Lo vio con el rojo elixir que Je dio la posesi\u00f3n inmaterial de Ligeia. Cierta tarde, Poe anuncia a un amigo que iba leerle el mejor poema escrito en lengua inglesa. Hasta entonces la posici\u00f3n inferior de los escritores americanos con respecto a los ingleses, era evidente Poe lo ley\u00f3 varias veces en Nueva York, y por \u00faltima vez en Richmond, en una audici\u00f3n organizada por sus amigos de aquella ciudad, poco antes de emprender el viaje fatal a Baltimore.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed en la \u201cSociedad Edgar Allan Poe\u201d, dej\u00e9 esa tarde la traducci\u00f3n de \u201cEl Cuervo\u201d, de P\u00e9rez Bonalde. Entre muchas traducciones no hab\u00eda una espa\u00f1ola. La que all\u00ed se halla es la versi\u00f3n venezolana de P\u00e9rez Bonalde.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/enrique-bernardo-nunez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez LOS HOMBRES DE NEGOCIOS (El Greco en Nueva York) Es Nueva York, la meca de los suramericanos, de los ge\u00adnerales y los hombres de negocios. Nueva York no es propiamente americana dicen los mismos yanquis. Los que se enorgullecen de Nueva York son los que all\u00ed viven, procedentes de todo el planeta. [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":11204,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[18],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11203"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11203"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11203\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":17319,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11203\/revisions\/17319"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11204"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11203"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11203"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11203"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}