{"id":11199,"date":"2024-02-22T20:07:27","date_gmt":"2024-02-22T20:07:27","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11199"},"modified":"2024-03-01T19:23:08","modified_gmt":"2024-03-01T19:23:08","slug":"cuentos-edinson-martinez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-edinson-martinez\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Edinson Mart\u00ednez"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading has-text-align-left\">El Rey de la felicidad<\/h3>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>De la felicidad como iron\u00eda\u2026<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan se ha dicho de un reino lejano, cuyo lugar y nombre no vienen al caso, en el que un soberano v\u00edctima de los tormentos de no querer vivir m\u00e1s, harto de vivirlo y tenerlo todo, no quer\u00eda continuar sufriendo la vida en su abundancia; eran tantos y tantos los placeres y dichas, que ya eran rutinas en su diario vivir. Y era tal su afortunada vida que otros soberanos comentaban y admiraban, a veces no sin envidia, que en edictos y proclamas este afortunado monarca era referido como muestra del reino ideal al que todos aspiraban llegar. Emulaban su comportamiento en casi todas sus ocurrencias y decisiones, queriendo con ello lograr alg\u00fan d\u00eda los privilegios de la felicidad que pose\u00eda el admirado rey.<\/p>\n\n\n\n<p>Este gobernante, dichoso en demas\u00eda, sin tener el valor para renunciar a su privilegiada vida y, as\u00ed experimentarla en las carencias y limitaciones de sus s\u00fabditos, opta, bajo la embriaguez de su suerte, por quitarse la vida. Pero, tampoco teniendo el valor para ello, pide a la m\u00e1s amada de todas sus esposas \u2013porque este rey, dentro de todos los haberes que en abundancia ten\u00eda, gozaba, obvia y evidentemente, de todas las esposas que quisiera tener\u2013 que le quite la vida, pero no queriendo que ella fuese juzgada y condenada a muerte por esto, decide planear junto a ella su muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Una experiencia como esta, despu\u00e9s de todo, le har\u00eda, aun cuando fuere por unos d\u00edas o tal vez meses, salirse de la rutina de fortuna que le agobiaba. Llegar a dicha decisi\u00f3n implicaba un conjunto de asuntos que deber\u00edan ser bien planeados a objeto de no causar sobre la responsable directa de su \u00f3bito, sanciones morales y f\u00edsicas que culminar\u00edan, naturalmente, con la condena y ajusticiamiento de la esposa seleccionada para su prop\u00f3sito redentor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Este rey ten\u00eda treinta esposas, todas ellas hermosas, amables y diligentes. Sus edades oscilaban entre 19 y 49 a\u00f1os, es decir, la misma cantidad de a\u00f1os que resultaban de restar entre la primera y \u00faltima esposa. Su majestad ten\u00eda por costumbre desposar una doncella por a\u00f1o, no por otra raz\u00f3n que no fuera la de la prudencia o sano juicio real. Llegar a esa conclusi\u00f3n, era obviamente, tambi\u00e9n, parte de su larga e inagotable fuente de sabidur\u00eda que le prodigaba su afortunada vida.<\/p>\n\n\n\n<p>El monarca se hab\u00eda impuesto como norma de selecci\u00f3n marital, el simple c\u00e1lculo matem\u00e1tico de restar un a\u00f1o de edad a la \u00faltima de sus consortes, para as\u00ed escoger un a\u00f1o menor a la nueva doncella. Naturalmente, con los a\u00f1os, las diferencias de edades entre su primera pareja, la de mayor edad de todas, y la \u00faltima a quien desposaba, se incrementar\u00eda para hacerlas siempre coincidir con el n\u00famero de esposas que ten\u00eda. De este modo, hab\u00eda llegado a poseer, al momento de no querer vivir m\u00e1s, treinta parejas durante tambi\u00e9n treinta a\u00f1os de vida conyugal con su primera mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>El rey deb\u00eda seleccionar, ajustado a su buen juicio de soberano, aquella que habr\u00eda de asesinarlo, para tal cometido decidi\u00f3 establecer como criterio que deb\u00eda escoger esa por la cual profesaba el mayor amor, la que en suma resumiera el mayor deseo y afecto de su parte. Para el regente era claro que deb\u00eda establecer una regla como esta, dado que s\u00f3lo ser\u00eda capaz de pedir semejante prop\u00f3sito a la persona m\u00e1s amada, s\u00f3lo ella comprender\u00eda la dimensi\u00f3n de sus tormentos, de sus abundancias que quisieran conocer fin. Pero como a todas, en efecto, les ten\u00eda amor y se debat\u00eda entre varias el deseo, se percat\u00f3 de que no ser\u00eda cosa f\u00e1cil la selecci\u00f3n, por lo que ide\u00f3 una preselecci\u00f3n entre las que se ajustaban al criterio establecido de afecto y deseo simult\u00e1neos.<\/p>\n\n\n\n<p>Bajo la agrupaci\u00f3n de esposas que m\u00e1s deseaba y amaba, el n\u00famero llegaba a la docena. Ante semejante descubrimiento, el rey, en un comienzo, se lament\u00f3 por el hecho de poder desear y amar a la vez a tantas de sus mujeres, atinaba a cavilar que seguramente habr\u00edan sido muchas m\u00e1s de no haber establecido la norma que s\u00f3lo le habilitaba a una esposa por a\u00f1o. \u00ab\u00a1Qu\u00e9 asco de fortuna!\u00bb Lleg\u00f3 a musitar. Al detenerse en esta observaci\u00f3n, el rey not\u00f3 que probablemente este par\u00e1metro hab\u00eda sido equivocado, que tal vez no hab\u00eda sido sabia y, menos, en estricto sentido, atinada, la norma de escoger una nueva esposa anualmente. Lleg\u00f3 a convencerse de que en su lugar han debido ser muchas m\u00e1s en cada anualidad, de esta manera, ahora, habr\u00eda tenido un mayor n\u00famero de parejas que amara y deseara con la misma intensidad. Hab\u00eda fallado en la selecci\u00f3n del precepto marital, y con ello, descubr\u00eda una nueva fuente de inconformidad existencial. Pero como su inter\u00e9s en el presente era dejar de vivir, hastiado, como se ha indicado, por su excesiva suerte, no pod\u00eda distraerse en detalles como estos que, luego de treinta a\u00f1os, determinaban una desacertada decisi\u00f3n; madre de un solitario e irrelevante infortunio en el presente. Concentrado, entonces, en el tema, durante \u2013primero horas\u2013 d\u00edas y m\u00e1s tarde meses, el se\u00f1or meditaba sobre esta docena de esposas, las entrevistaba, observaba, amaba con pasi\u00f3n y miraba a hurtadillas como queriendo encontrar la presencia de alguna decepci\u00f3n que le hiciera descartar al mayor n\u00famero de ellas en el menor tiempo posible. Era evidente que todas ten\u00edan atributos: eran bellas, amables y por sobre todo inteligentes. Por algo hab\u00eda sido tan afortunado al escogerlas como consortes. En su interior se compadec\u00eda de semejante privilegio, de la suerte con que hab\u00eda contado durante la escogencia de tales mujeres y, desde luego, el dilema que ahora padec\u00eda a fin de seleccionar a una de ellas para que le diera muerte.<\/p>\n\n\n\n<p>Su majestad, absorto como estaba, comprend\u00eda que la redenci\u00f3n aspirada a trav\u00e9s de su asesinato, requer\u00eda de una escogencia adecuada, muy bien atinada, de qui\u00e9n finalmente ser\u00eda la responsable del magnicidio, por lo que se dedicaba con esmero particular, con car\u00e1cter de asunto de Estado, a esta agotadora b\u00fasqueda entre sus amadas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras se consagraba a estos quehaceres, su reino crec\u00eda y extend\u00eda a otros dominios, sin que para ello hubiera tenido que realizar batallas, acuerdos o alianzas con soberanos de otras comarcas. La felicidad se multiplicaba de manera espont\u00e1nea en su feudo, se propagaba por doquier, como hierba a campo abierto para agobio del rey. A este tiempo, los meses y los d\u00edas transcurr\u00edan sin decisi\u00f3n sobre el asunto que se hab\u00eda propuesto; se amilanaba y entusiasmaba cambiando de humor a cada rato por la indecisi\u00f3n que le consum\u00eda un periodo que antes no hab\u00eda previsto, hasta que una hermosa y soleada ma\u00f1ana, habiendo pasado un a\u00f1o de meditaci\u00f3n y dedicaci\u00f3n casi absoluta, el rey, mientras reprochaba a la naturaleza la frecuencia con que d\u00edas as\u00ed le adornaban su vida, en medio de su queja, un rayo de luz que asomaba entre las flores de su jard\u00edn, le encendi\u00f3 como un chispazo, el pensamiento sobre la determinaci\u00f3n que seguidamente habr\u00eda de tomar.<\/p>\n\n\n\n<p>Pese a sus reproches, el verde de la hierba bien cortada del jard\u00edn, junto al colorido de todas las clases de flores que en forma de coraz\u00f3n ten\u00eda la entrada de su palacio, mostraban en todo su esplendor la panor\u00e1mica que siempre le inspiraba en momentos como estos, esos angustiosos instantes de felicidad a los que tanto deseaba poner fin.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>III<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>De las doce esposas preseleccionadas se impuso como criterio escoger la cantidad de seis de entre aqu\u00e9llas de menor edad. Esa era la idea que brillantemente se le ocurri\u00f3 durante aquella grata ma\u00f1ana.&nbsp; El gobernante al establecerse este par\u00e1metro de decisi\u00f3n lo hac\u00eda pensando en la predilecci\u00f3n que ten\u00eda por las c\u00f3nyuges de menos a\u00f1os; si bien es cierto que a las doce amaba, y deseaba a todas en igual proporci\u00f3n, el regente apreciaba la lozan\u00eda y frescura propias de la juventud como un atributo de especial consideraci\u00f3n. Pues, la condici\u00f3n juvenil, s\u00f3lo se tiene una vez en la vida. Sacrificaba de este modo, la experiencia y la madurez de otras esposas que, siendo igualmente amadas y deseadas, sin embargo, prefer\u00eda a las m\u00e1s j\u00f3venes porque tendr\u00eda con ello mayor seguridad de convencer entre ellas, aquella que finalmente acometer\u00eda lo que tanto deseaba. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Estas seis esposas pasaron nuevamente por varias sesiones de entrevistas, de introspecci\u00f3n y meditaci\u00f3n profunda del rey, buscando fundamentar sin yerros lamentables su determinaci\u00f3n. Se consultaba a s\u00ed mismo sobre a qui\u00e9n de ellas amaba y deseaba en mayor medida, puesto que segu\u00eda siendo \u00e9sta la principal regla de escogencia. A estas mujeres no ten\u00eda por qu\u00e9 espiarlas, observarlas o descubrir en su comportamiento algo que no le agradara, para \u00e9l era suficiente lo que sent\u00eda por ellas; no ten\u00eda entonces ninguna importancia lo que a su vez ellas sintieran por \u00e9l, ya la propia condici\u00f3n de encontrarse entre la media docena de finalistas, significaba para el afortunado monarca, prueba absoluta de amor hacia \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo continu\u00f3 transcurriendo y luego de meses de reflexi\u00f3n atendiendo, como se ha dicho, casi en exclusiva este delicado asunto, su majestad not\u00f3 que hab\u00eda sobrepasado el segundo a\u00f1o. Decidi\u00f3, dispuesto a no extender m\u00e1s su decisi\u00f3n, concluir con este proceso justo cuando llegara a cumplir treinta meses dedicados a seleccionar a su esposa homicida. La raz\u00f3n de esta determinaci\u00f3n la establec\u00eda para hacer coincidir el n\u00famero de meses con la cantidad de parejas que ten\u00eda. El rey, una vez que opt\u00f3 llevar adelante el plan para acabar con su vida, no despos\u00f3 a ninguna otra doncella, pues habr\u00eda significado no llevar a t\u00e9rmino el plan. Se manten\u00eda entonces con sus mismas treinta consortes de siempre.<\/p>\n\n\n\n<p>En la siguiente etapa, de las seis mujeres procedi\u00f3 a seleccionar tres, repitiendo igualmente aquella predilecci\u00f3n por entre las m\u00e1s j\u00f3venes: una morena, una blanca y otra negra. Todas eran bellas, amables y diligentes. Pero, adem\u00e1s, estas tres destacaban sobre las otras por su gran inteligencia. Sin propon\u00e9rselo, el rey hab\u00eda escogido las tres de mayor atributo intelectual, decantaci\u00f3n que se hab\u00eda producido en espont\u00e1nea lid sin que ellas lo supieran. Al percatarse en las nuevas sesiones de entrevistas de esta cualidad, el soberano se alegr\u00f3 de la selecci\u00f3n, hac\u00eda mucho tiempo que no sent\u00eda un alborozo como el que ahora manifestaba; se alegraba no de la inteligencia de sus tres esposas, sino de su buen juicio por preferirlas. Entre estas tres mujeres distribuir\u00eda su tiempo, a ninguna de ellas, naturalmente, les insinuaba y menos revelaba lo que en su interior planeaba. Les conversaba sobre la vida, la felicidad, la dicha, la fortuna, de lo que conoc\u00eda en abundancia que esto significaba. Las exploraba sobre sus meditaciones en torno a la muerte, la eternidad, el para\u00edso y el infierno. Quer\u00eda saber qu\u00e9 opinaban sobre cada uno de estos temas, tal vez descubriera alg\u00fan prejuicio o condici\u00f3n \u00e9tica sobre la vida y la muerte, por lo que, l\u00f3gicamente, una eventualidad como esta, las inhabilitar\u00eda para llevar a cabo el regicidio.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Las tres eran de pensamiento \u00e1gil, con creencias y valores diferentes. Una era tan religiosa como una santa; la de piel blanca, para quien la vida continuaba despu\u00e9s de la muerte. De acuerdo con el comportamiento terrenal se podr\u00eda ir al para\u00edso o al infierno, as\u00ed lo cre\u00eda. La de piel morena era absolutamente racional, cartesiana en todas sus deducciones, dudaba de todo aquello que tangiblemente no pudiera observar. La de piel oscura, inteligentemente despreocupada, sin Dios y sin diablo en sus inquietudes, opinaba que aquel quien tuviera una vida plena en equidad y justicia, obviamente, las grandes retribuciones en su existencia no le habr\u00edan de faltar.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras el se\u00f1or realizaba todas estas sesiones de entrevistas y conversaciones, \u2013en otros momentos tambi\u00e9n las amaba con pasi\u00f3n, experimentando el amor y deseo en su m\u00e1xima expresi\u00f3n con cada una de ellas\u2013 comprend\u00eda que su tiempo se le agotaba, deb\u00eda, entonces, tomar una resoluci\u00f3n prontamente. As\u00ed, luego de entregarse por semanas al placer, y agotadas los c\u00f3nclaves de entrevistas, en el mes n\u00famero veintinueve, eligi\u00f3 a la esposa que llevar\u00eda adelante el prop\u00f3sito que tanto hab\u00eda buscado: su muerte<\/p>\n\n\n\n<p>Le quedaba justo un mes para finiquitar los asuntos legales requeridos para salvaguardar de responsabilidad a su amada esposa, adem\u00e1s de hacer su testamento y ordenar aspectos relativos al afortunado y extendido reino. Deb\u00eda este regente garantizar la continuidad y vigencia de la monarqu\u00eda bajo gobierno de su primog\u00e9nito, como era tradici\u00f3n legal desde cientos de a\u00f1os. A\u00fan ten\u00eda pendiente resolver la manera de c\u00f3mo explicar a su predilecta el por qu\u00e9 ella habr\u00eda de darle muerte, y adicionalmente dilucidar la forma particular de c\u00f3mo habr\u00eda de hacerlo. Notaba, justo en \u00e9ste momento que, dedicado a seleccionar a la autora de su deceso, no hab\u00eda pensado sobre c\u00f3mo le gustar\u00eda hacerlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>IV<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La primera semana del mes veintinueve inici\u00f3 la redacci\u00f3n del testamento, en cuyo contenido legaba a cada una de sus treinta c\u00f3nyuges una treintava parte de sus riquezas, las cuales no inclu\u00edan los territorios y dominios del reino, puesto que estar\u00edan bajo gobierno y administraci\u00f3n del monarca sucesor. Todas las esposas, y sus descendientes, estar\u00edan bajo la tutela del nuevo rey. Ninguna de ellas, so pena de perder el legado de riquezas a su nombre, podr\u00eda tener nuevo esposo o pareja.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La seleccionada como homicida no ser\u00eda sometida a juicio alguno, tampoco penalizada moralmente ni obligada a hablar sobre el tema. Su actuaci\u00f3n a los ojos de la ley consist\u00eda en un acto de redenci\u00f3n solicitado expl\u00edcitamente por su majestad, y como tal, se beneficiaba expresa y previamente de la absoluci\u00f3n real de cualquier acusaci\u00f3n. As\u00ed lo dejaba escrito con la autoridad que ten\u00eda de gobernante de todos los soberanos y Rey de la felicidad de todos los tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>Para la segunda semana del mismo mes estaban listos los asuntos legales y testamentarios, restaba explicar a la esposa seleccionada los detalles del acto que habr\u00eda de cometer. A ella dedic\u00f3 la tercera semana colm\u00e1ndola de mimos y agrados, la amaba con pasi\u00f3n \u00fanica y en cada tertulia, insinuaba en un principio su prop\u00f3sito, y luego lo comentaba abiertamente. Observaba las reacciones de la mujer con detalle, notaba que a cada explicaci\u00f3n asent\u00eda con naturalidad, no contrariaba su decisi\u00f3n en ning\u00fan sentido. Lleg\u00f3 a parecerle en un instante que no tendr\u00eda remordimiento alguno de ejecutarlo. Llegado el momento, al inicio de la cuarta semana, una vez que la esposa hab\u00eda aceptado asesinarlo, esta se mostraba, seg\u00fan apreciaci\u00f3n del propio rey, en cierto modo, entusiasta de llevar a cabo el plan, hasta orgullosa parec\u00eda sentirse por haber sido ella la elegida.<\/p>\n\n\n\n<p>El regente, al percatarse de la resuelta actitud de la mujer, cae en cuenta que luego de treinta meses de meditar y planear su redenci\u00f3n por la consorte que \u00e9l m\u00e1s amaba y deseaba, nunca hab\u00eda considerado qui\u00e9n era la esposa que m\u00e1s lo adoraba y deseaba. Hab\u00eda colocado cualquier clase de criterios y par\u00e1metros de selecci\u00f3n, pero jam\u00e1s se hab\u00eda detenido a pensar, si aquella que elegir\u00eda, ser\u00eda, en efecto, quien m\u00e1s lo amaba. Pues, de haberlo considerado, habr\u00eda concluido que quien menos lo quer\u00eda, seguro habr\u00eda tenido mayor facilidad para poner fin a sus tormentos. El Rey de la felicidad descubri\u00f3, entonces, que hab\u00eda seleccionado a la esposa que menos lo amaba, a lo que, de seguidas, se pregunt\u00f3: \u00bfc\u00f3mo era posible que hubiera tenido esposas, cuando menos una, que no lo hubiera amado suficientemente, al punto que disfrutaba con la idea, o cuando menos no se inmutaba con el hecho de quitarle la vida?<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el plan ya estaba en marcha y no pod\u00eda detenerse por un descubrimiento o presunci\u00f3n de \u00faltima hora. La esposa de piel blanca, aquella devota y creyente mujer que en nada le contrariaba, ya ten\u00eda todo listo para proceder, obedec\u00eda estrictamente a los designios de Dios. Si era a ella a quien correspond\u00eda tal misi\u00f3n, no era por virtud de la casualidad, era su destino quien as\u00ed lo determinaba, senda inexorable en la cual, primero estaba Dios, como su \u00fanico gu\u00eda, y luego su rey y esposo, quienes gobernaban su vida terrenal. Las instrucciones del soberano eran muy precisas sobre no retroceder bajo ninguna circunstancia, s\u00f3lo ped\u00eda que su muerte se hiciera sin dolor y de ser posible sin que \u00e9l se diera cuenta de ello.<\/p>\n\n\n\n<p>En la noche del pen\u00faltimo d\u00eda de su vida, el monarca se acost\u00f3 temprano, se qued\u00f3 dormido con la placidez de siempre, la que tanto reprochaba y no deseaba volver a experimentar. Tras quedarse dormidocomenz\u00f3 a so\u00f1ar con sus treinta esposas, a las que ve\u00eda m\u00e1s bellas que nunca. Le dec\u00edan cosas que no entend\u00eda, todas estaban desnudas y giraban en torno a \u00e9l. El sue\u00f1o era de un rojo encendido que le cegaba, alucin\u00e1ndose con los giros que en c\u00e1mara lenta daban sobre \u00e9l en un principio, y posteriormente, desquici\u00e1ndolo cuando fueron movi\u00e9ndose a una mayor velocidad. Todas hablaban y re\u00edan a la vez, como celebrando su aturdimiento. Cuando intentaba atraparlas, desaparec\u00edan y segu\u00edan riendo a carcajadas sin que pudiera verlas. El rey intentaba despertar y no pod\u00eda, su cuerpo no respond\u00eda debati\u00e9ndose entre el sue\u00f1o y una vigilia paralizante. Una fuerza poderosa lo atra\u00eda y anulaba su voluntad. Eran las dos de la madrugada del \u00faltimo d\u00eda de la semana treinta.<\/p>\n\n\n\n<p>La esposa seleccionada, hab\u00eda acordado con \u00e9l antes de acostarse que dormir\u00eda en otra habitaci\u00f3n para dejarlo solo en compa\u00f1\u00eda de sus pensamientos. Sin embargo, las razones de retirarse a otro lugar ten\u00edan que ver m\u00e1s con sus oraciones. Ped\u00eda devotamente que la misi\u00f3n encomendada no fallara, que pudiera proporcionar al se\u00f1or el descanso de la felicidad que tanto le agobiaba. Nada hubo de hacer al siguiente d\u00eda. La poci\u00f3n venenosa que deb\u00eda darle muy temprano durante el desayuno, no fue necesaria. Un t\u00e9 inocente para procurarle un relajado sue\u00f1o le fue suministrado antes de irse a la cama.<\/p>\n\n\n\n<p>Del sue\u00f1o rojizo el gobernante desesperaba por regresar, los latidos de su coraz\u00f3n aumentaban con fuerza descomunal, el cuerpo tembloroso sudaba en cantidades, y la cama toda mojada parec\u00eda ba\u00f1ada en agua; su majestad se estremec\u00eda sin control en el placentero lecho. Entre las sabanas sedosas, un l\u00edquido caliente comenzaba a correr desde sus piernas, la elegante bata de dormir mostraba la humedad que de su cuerpo brotaba; el coraz\u00f3n, entonces, de sus pulsaciones s\u00fabitamente elevadas, deviene en languidez, habi\u00e9ndose resistido al sue\u00f1o extravagante con tanta tenacidad, le sobreviene un abatimiento sosegado hasta detenerse; sus latidos cesan y el cuerpo exang\u00fce se aquieta, mientras la orina de su majestad, como un rio alocado, en descarga de alivio corporal, se extiende sin pudor entre las mullidas sabanas de su lecho soberano. Su cuerpo desfallece por ansiedad, atenazado por la angustia de querer ver llegar el d\u00eda treinta en la ma\u00f1ana, entonces su coraz\u00f3n no resiste semejante tensi\u00f3n, pero, sobre todo, debido a la ejecuci\u00f3n que, por iniciativa propia, hiciera su esposa.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer, sin haberle comentado, por su cuenta, hab\u00eda cambiado la p\u00f3cima por otra, tambi\u00e9n con ello, la hora de su ejecuci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En el sue\u00f1o sus esposas lo toman de la mano y elev\u00e1ndose en el aire pudo ver su reino de flores, el verde de la hierba que tantas veces reprochaba, los campos extensos que se perd\u00edan de vista sobre todos los dominios de su reino afortunado. El cielo por donde volaba de la mano de todas sus consortes se fue haciendo oscuro y lleno de centellas, frente a una puerta de madera muy vieja que le cruj\u00edan las cerraduras, lo dejaron sus mujeres que, apresuradas se fueron volando. Al abrir la puerta, una garganta de fuego, con una sombra mitad humana y mitad serpiente, lo recibe a modo de bienvenida. El rey asustado y sorprendido pregunta a esta figura d\u00f3nde se encuentra, y esta le responde:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abTe encuentras en el Reino de los Inconformes. Este reino es de tormentos, que debiendo merecerlo por tu desagrado con la felicidad, sin embargo, no podr\u00e1 ser este lugar para ti. Tu nueva residencia queda al lado de este sitio, all\u00ed te recibir\u00e1n con agrado para que sufras eternamente la felicidad en todo su esplendor\u00bb<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Este a\u00f1o nos mudaremos<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>La noche anterior hab\u00eda llovido con tanta fuerza, que todav\u00eda el agua segu\u00eda corriendo por las calles, acumul\u00e1ndose en charcos y fangales luego que la tierra seca de la estaci\u00f3n reci\u00e9n culminada ya no pod\u00eda absorberla m\u00e1s con la misma voracidad de los primeros d\u00edas del invierno. En mayo, de pronto, tras la calma encendida de un cielo luminoso colmado de colosales nubes blancas, una tempestad atolondrada sin que antes se le vislumbrara, pod\u00eda precipitarse en cuesti\u00f3n de minutos, a veces en segundos, desde cualquiera de los puntos cardinales, acoquinando con la fuerza de sus vientos, los \u00e1rboles que han esperado seis meses por esa caricia invisible preludiando la temporada. Sus tallos, entonces, resisti\u00e9ndose al embate estacional, se doblar\u00edan hasta casi besar el suelo que los sostiene, mientras que, volando por los aires, sus hojas, se enroscar\u00edan en grandes torbellinos junto al polvo seco amontonado en las calles. Las personas, as\u00ed, alarmadas, como en todas las temporadas anteriores, ver\u00edan como los techos de sus viviendas pod\u00edan desprenderse pareciendo hojas de papel flotando en el ventarr\u00f3n. M\u00e1s tarde, el agua por unas calles sin pendiente, ser\u00eda tragada por la tierra, mientras la restante formar\u00eda unas charcas similares a las que ahora, desde el umbral retra\u00eddo de su casa, el hombre mira tratando de conseguir el modo de salir esta ma\u00f1ana. Despu\u00e9s de unos minutos pasajeros, lo conseguir\u00e1 finalmente, burlando al mismo tiempo el asedio tierno de su mujer, y, como si llevara sigilosamente tomados por las puntas de sus dedos el par de viejos zapatos que posee, raudo emprender\u00eda su fuga hasta siempre. Se hab\u00eda hecho, entonces, de una muda de ropa y de los ahorros que, celosamente guardados, permanec\u00edan escondidos entre unos cacharros arrinconados de la destartalada cocina. Se marchar\u00eda as\u00ed, azorado por las culpas amontonadas de la vida en com\u00fan, sin mirarle la cara a su mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Al a\u00f1o siguiente, cuando nuevamente tornan las lluvias, durante la v\u00edspera, apenas cerr\u00e1ndose la espesura nocturna, un temporal desde el cielo cegado de estrellas, se precipit\u00f3 precedido de un viento recio haciendo trepidar los cristales de las ventanas, sacudiendo el resto de la casa y acobardando a sus residentes, como si fuese un castigo divino lanzado con particular violencia. La luz de las bombillas, parpadeando como si pretendieran hacer se\u00f1ales en clave Morse, se apagaban y encend\u00edan tan s\u00fabitamente, que temiendo terminasen da\u00f1\u00e1ndose, enseguida fueron tras los interruptores para cortarles el suministro el\u00e9ctrico. Toda la intimidad interior de la vivienda qued\u00f3 as\u00ed sujeta a los centellazos relumbrantes que se dibujaban en la oquedad nocturna. Si no fuera por el estruendo aterrador con el que se anunciaban, si acaso fueran truenos mudos, la noche les habr\u00eda resultado menos atemorizante, pero tal cosa no exist\u00eda, y bien ella lo sab\u00eda. Despu\u00e9s de aquellos minutos angustiosos, el agua comenz\u00f3 a caer sobre el techo, desplom\u00e1ndose con la fuerza que la furia centelleante hab\u00eda presagiado. El ruido que produc\u00edan las gotas, sonaba como si una andanada de piedras se descargara iracunda sobre sus cabezas. Odiaba aquellos instantes prolong\u00e1ndose por minutos que parec\u00edan horas; a ella la pon\u00edan particularmente nerviosa, en un estado de excitaci\u00f3n que, luego, cuando ced\u00eda la tormenta, y una fina lluvia permanec\u00eda latosa, esta vez durante varias horas, le recordaban el ruido que hac\u00edan girando sobre el plato, los discos de vinilo hincados por la punta de grafito encima del \u00e1rea donde ya no reproduc\u00edan m\u00fasica.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Este a\u00f1o nos mudaremos, \u00d3nix\u2026 \u2013dice con determinaci\u00f3n, con ese tono pausado con el que se expresan las palabras queriendo asegurarse su certeza; las dirige en la penumbra a su \u00fanica compa\u00f1\u00eda. Es la misma afirmaci\u00f3n que llevaba tiempo escuchando de Faustino, por eso ahora suena como una promesa incumplida. Al principio pareci\u00f3 que continuar\u00eda la idea, quiz\u00e1s pretendiendo una de esas conversaciones que surgen repentinamente anud\u00e1ndose posteriormente a otras, pero claramente sab\u00eda que no tendr\u00eda el modo de encontrar interlocutor para ella, por eso, en su lugar, ayud\u00e1ndose con una de sus manos apoyadas en la pared de la sala, tanteaba buscando una silla para situarla pr\u00f3xima a la puerta principal, mientras con la otra, se zarandeaba uno de los bolsillones debajo de la cintura, a su costado derecho, donde, enseguida, el entrechoque met\u00e1lico de un juego de llaves agit\u00e1ndose entre sus dedos, se escuchaba timbrando en el ambiente, pareciendo querer decirle que ah\u00ed estaban, sin embargo, no era eso lo que buscaba, era la cajetilla de cigarrillos hundida hasta el fondo de la faltriquera la que procuraba con af\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Su acompa\u00f1ante, impasible ahora cuando la lluvia comenzaba a transformarse en tediosa gar\u00faa, apunta sus pupilas radiantes sobre ella, la observa desplazarse con cautela entre las sombras, como jam\u00e1s podr\u00edan hacerlo los ojos de gata mansa de la mujer sobre su entorno. A \u00e9l no pareciera importarle aquella oferta, el sonido de aquellas palabras, apenas concita en \u00e9l una t\u00edmida oscilaci\u00f3n en su semblante, un dejo de impotencia que podr\u00eda interpretarse como: \u201cyo qu\u00e9 puedo hacer, Albertina, no tengo modo de decidir sobre ello\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>El a\u00f1o pasado, quiz\u00e1s por estas mismas fechas, entre abril y mayo, cuando arrancaban las primeras lluvias de la temporada, y entonces las tempestades se anunciaban con ese bramido fantasmag\u00f3rico del viento golpeando como siempre los cuatro costados de la vivienda, Faustino le repiti\u00f3 la misma promesa de cada invierno: \u201cAlbertina, este a\u00f1o nos mudaremos\u201d. Fue tan convincente que nuevamente volvi\u00f3 a creerle, se qued\u00f3 mir\u00e1ndole a los ojos sin pronunciar palabras, simplemente asinti\u00e9ndole con aquella sonrisa discreta que apretaba sus labios conteniendo la emoci\u00f3n, mientras el humo del cigarrillo que ambos se compart\u00edan, les nublaba los rostros como si estuviesen dentro de una nube. Algo le dec\u00eda en su interior, en sus corazonadas de mujer ya entrada en edad que, ahora, por segunda vez, despu\u00e9s de veinte a\u00f1os atr\u00e1s, cuando lleg\u00f3 a creerle devotamente, s\u00ed parec\u00eda de verdad que se mudar\u00edan. Esta ocasi\u00f3n no la apreciaba como las veces anteriores, como cuando le repet\u00eda el prop\u00f3sito conyugal sin que nada al final sucediese. Por eso lleg\u00f3 a creerle de igual modo en que lo hizo hace tanto tiempo. No llegar\u00eda a imaginarse que ser\u00eda la \u00faltima oportunidad en que lo hiciera. De eso hac\u00eda justo ahora un a\u00f1o. \u201cA lo mejor fue s\u00f3lo por hablar, como todas las veces anteriores, sabiendo de antemano que nunca cumplir\u00eda la promesa de cada a\u00f1o\u201d. Pens\u00f3, mientras raspaba la cerilla para encender el cigarrillo que poco antes se requer\u00eda de entre el bolsill\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013\u00d3nix\u2026 \u00bfQu\u00e9 ser\u00eda de las promesas, si no hubiera quien las creyera? \u2013se pregunt\u00f3 en voz alta sin pretender respuesta.<\/p>\n\n\n\n<p>La andanada de rel\u00e1mpagos ya se hab\u00eda ido, tambi\u00e9n la abrumadora violencia de las gotas desplom\u00e1ndose sobre el techo, en su lugar, s\u00f3lo quedaba una llovizna con su chinchineo persistente, fastidioso, que se prolongar\u00eda, como siempre ocurr\u00eda, por varias horas. Era ella la responsable principal del rio de agua corriendo por las calles. Pudiendo encender ahora las luces, sin embargo, prefer\u00eda mantenerse a oscuras, sentada a un costado de la puerta sintiendo caer el agua con su lac\u00f3nico af\u00e1n, y con la vista puesta en el paisaje que Faustino acariciara aquella ma\u00f1ana del invierno pasado. Aspiraba hondo, como si el aire fuese a acabarse, y en cada fumeteo, lanzaba al aire frio de la noche las bocanadas que se perd\u00edan en la penumbra. Un a\u00f1o atr\u00e1s, ah\u00ed mismo, en la v\u00edspera, Faustino, le renovaba su promesa sempiterna.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Si uno supiera, \u00d3nix, si pudiera uno ver un poquito de futuro, qu\u00e9 cosas no evitar\u00eda y qu\u00e9 otras no har\u00eda. En qu\u00e9 creer\u00eda y qu\u00e9 no. No andar\u00eda uno a ciegas, como estamos ahora \u2013dijo de pronto, hablando como si \u00d3nix la comprendiera, como si fuera capaz de descifrar aquella reflexi\u00f3n inspirada en la noche de hace un a\u00f1o. \u00c9ste la miraba, la segu\u00eda en sus gestos; en las bocanadas que lanzaba perezosas al recuerdo flotando en las tinieblas; en el gemido que se conten\u00eda en su pecho cuando expresaba aquellas palabras laceradas por el enga\u00f1o. \u00c9l, contrario a ella, s\u00ed pod\u00eda verla en aquella lobreguez con razonable claridad.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Este a\u00f1o nos mudaremos, \u00d3nix \u2013volvi\u00f3 a repetirle, como si de aquel modo Faustino, desde qui\u00e9n sabe d\u00f3nde, le dijera nuevamente, como durante veinte a\u00f1os estuvo prometi\u00e9ndole.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00d3nix, entonces, lade\u00f3 su hocico, sacudi\u00f3 su trompa gruesa y lanz\u00f3 un ladrido ronco que ella corri\u00f3 a celebrar acariciando el lomo de su cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2013Yo s\u00ed tengo palabra, \u00d3nix, nunca ser\u00eda capaz de enga\u00f1arte.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/edinson-martinez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El Rey de la felicidad De la felicidad como iron\u00eda\u2026 I Seg\u00fan se ha dicho de un reino lejano, cuyo lugar y nombre no vienen al caso, en el que un soberano v\u00edctima de los tormentos de no querer vivir m\u00e1s, harto de vivirlo y tenerlo todo, no quer\u00eda continuar sufriendo la vida en su [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":11200,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11199"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11199"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11199\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11238,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11199\/revisions\/11238"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11200"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11199"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11199"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11199"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}