{"id":11194,"date":"2024-01-12T18:52:00","date_gmt":"2024-01-12T18:52:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11194"},"modified":"2024-02-22T19:13:50","modified_gmt":"2024-02-22T19:13:50","slug":"dos-cuentos-de-judit-gerendas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-judit-gerendas\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Judit Gerendas"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">La escritura femenina<\/h3>\n\n\n\n<p>Me siento obligada, casi en contra de mi voluntad, a hacer una confesi\u00f3n que s\u00e9 que me perjudicar\u00e1 enormemente. Pero no me queda m\u00e1s remedio que hacerla, aunque me consta tambi\u00e9n que no lograr\u00e9 con ello m\u00e1s que miradas de l\u00e1stima y comentarios despectivos.<\/p>\n\n\n\n<p>No ignoro, y quiz\u00e1s esto no haga m\u00e1s que agravar mi situaci\u00f3n, que hoy en d\u00eda no est\u00e1 de moda entre las mujeres intelectuales expresar efusivos sentimientos en relaci\u00f3n al hecho de la maternidad. Todo lo contrario, las que transitan por la calle principal de la irreverencia sienten un especial placer en demoler a martillazos las esculturas de La Piet\u00e1 con las que se tropiezan en su camino. Demuestran tambi\u00e9n especial repugnancia ante el embarazo y subrayan con iron\u00eda la distancia, imposible de colmar, entre ellas y los hijos, esos otros irreductibles y extra\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo, en cambio, me veo precisada a confesar que me encanta la maternidad, con todo lo que pueda tener de idea demod\u00e9, convencional, estereotipada. \u00bfNo es esto realmente lamentable?<\/p>\n\n\n\n<p>Reconozco que he hecho bastantes esfuerzos para cambiar de actitud, pero igualmente tengo que reconocer que no he alcanzado ning\u00fan \u00e9xito en este aspecto. Trato de sacudirme de tan absurdo hechizo y me repito que los hijos son esferas cerradas y limitadas sobre s\u00ed mismas, impenetrables para m\u00ed, apenas su madre, una nadie si a ver vamos, frente a esos desconocidos inexpugnables y lejanos. Indudablemente yo tendr\u00eda que asumir este hecho, del todo deplorable, pero al mismo tiempo por completo incuestionable, y terminar por aceptar que esos seres a quienes yo, por una liviandad imperdonable de la lengua, llamaba hijos \u2014 seres cuyo cuidado y atenci\u00f3n hab\u00edan ocupado no pocos a\u00f1os de mi de por s\u00ed breve existencia humana, por qu\u00e9 no decirlo tambi\u00e9n \u2014 eran unos desconocidos, as\u00ed de simple, puesto que ni siquiera eran unos ilustres desconocidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque es realmente penoso el confesarlo, yo estaba atrapada por ciertos lugares comunes, por una red de f\u00f3rmulas banales que mis manos, tan dadas a acariciar, a rozar las pieles y a enredar los cabellos, no eran capaces de desbaratar, para as\u00ed librarme del encierro en el que me manten\u00edan cautiva.<\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda podido nunca sustraerme a esa insensata idea de que, desde el momento mismo en que nuestros hijos llegaron, el mundo se pobl\u00f3 de palabras nuevas, que para nosotros resultaron de una tibieza insospechada. Triviales palabras como mam\u00e1, pap\u00e1, nen\u00e9, tan ancestrales y tan manidas, a las que pronunci\u00e1bamos como si nadie las hubiera usado hasta entonces, como si nosotros las hubi\u00e9ramos rescatado del olvido para darles forma in\u00e9dita en nuestras bocas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pretend\u00edamos desdoblarnos en ni\u00f1os y no pas\u00e1bamos de vivir rodeados de pa\u00f1ales blancos. Aunque tampoco se pod\u00eda negar que la casa entera se volv\u00eda como m\u00e1s clara, mientras respir\u00e1bamos su presencia y su olor a limpio. Nos la pas\u00e1bamos caminando de un lado a otro con ni\u00f1os en brazos, cant\u00e1bamos canciones inventadas por nosotros nos empe\u00f1\u00e1bamos en susurrar palabras de la \u00edndole de duerman bien, chiquiticos amados, y los contempl\u00e1bamos embelesados mientras ellos se ovillaban, laxos, confiados y satisfechos. Hubiera sido necesario librarse de tanto fervor at\u00e1vico, hacer estallar el embeleso y aterrizar de una vez, soslayar el esquema de tanta puericultura materno-infantil y asumirse como un ser-para-s\u00ed, aut\u00f3nomo, desalienado y consciente.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero la dificultad ven\u00eda aumentada por esa condici\u00f3n de ellos de ser unos bojoticos tiernos, de labios h\u00famedos y pesta\u00f1as largas y serenas, que incluso hab\u00edan logrado convocar la presencia en nuestro patio de un camello que de vez en cuando se acercaba, de pronto, y los montaba en su lomo. Era un fen\u00f3meno que suced\u00eda mas que todo en esos momentos en que sus ojitos comenzaban a cerrarse. Empezaba el camello a galopar con alg\u00fan peque\u00f1o jinete encima, hundi\u00e9ndose hasta los tobillos en la blanda arena de las dunas, mientras sus rodillas se doblaban un poco. Un ni\u00f1o comenzaba entonces a tejer su sue\u00f1o. Los montones cada vez m\u00e1s densos de arena obligaban al camello a balancearse cada vez m\u00e1s intensamente. Su peque\u00f1a carga se mec\u00eda al ritmo de los pasos acompasados, mientras escuchaba el canto que se levantaba en el desierto. La canci\u00f3n hablaba de un r\u00edo y de una muchacha y en ella se imploraba y se exig\u00eda al mismo tiempo. Y hablaba tambi\u00e9n de una vena que se hab\u00eda de pinchar y de una sangre que se hab\u00eda de hacer correr para dar fe de un cari\u00f1o verdadero. El jinete nada entend\u00eda de todo eso, pero reconoc\u00eda sin embargo la melod\u00eda que le llegaba, ancestral, dura, de todos los tiempos. Dentro de s\u00ed, en lo m\u00e1s profundo, iba repitiendo la canci\u00f3n con una vocecita muy suave, palabra por palabra.<\/p>\n\n\n\n<p>Para cuando conclu\u00eda la \u00faltima nota, el m\u00ednimo jinete estaba ya completamente dormido. Reposaba satisfecho y confiado en brazos de pap\u00e1, que lo llevaba hasta la cuna y lo arropaba con mucho cuidado. En el desierto s\u00f3lo se escuchaba entonces el murmullo de la canci\u00f3n, que se hab\u00eda quedado revoloteando por encima de los oasis y de las dunas. <\/p>\n\n\n\n<p>Resultaba obvio que a gente as\u00ed, en cuya casa ocurr\u00edan hechos de esta naturaleza, con camellos transitando libremente de un lugar a otro, no pod\u00eda de ninguna manera consider\u00e1rsele confiable. M\u00e1s bien deb\u00edan necesariamente resultar sospechosos desde todo punto de vista, ajenos a la marcha actual de los acontecimientos. Gente as\u00ed dif\u00edcilmente pod\u00eda aspirar a acceder a la condici\u00f3n de sujeto de su propia historia, si es que alguna historia pod\u00eda haber en estas circunstancias, lo cual en \u00faltima instancia terminaba resultando tambi\u00e9n harto cuestionable.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora mismo, por ejemplo, sentada en el patio, mis ojos se complacen en recorrer los objetos que me rodean. Veo, junto a la escoba que se ha quedado en el sitio donde seguramente uno de mis hijos consider\u00f3 que estar\u00eda mejor que en su lugar de costumbre, a robots sin pilas, pelotas, un cami\u00f3n de la basura, la tijera, recortes de papel, la goma de pegar, creyones, cartulinas. A donde quiera que dirijo la mirada, me llegan desde las paredes mensajes de animales rugientes o durmientes, supermans en raudo vuelo y letras vacilantes que intentan inscribirse en el universo. Una raya morada baja desde lo alto, indiferente a las normas y pautas de los l\u00edmites y dimensiones de los objetos de arte, y se contin\u00faa por el suelo casi hasta llegar al ba\u00f1o. Junto a m\u00ed hay caballitos, bicicletas y poncheras llenas de agua, en las que unas horas antes navegaban las ballenas, los delfines y los submarinos. Carente de pensamientos, contemplo absorta las vac\u00edas cajetillas de f\u00f3sforos y los botones de distinto color y tama\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Encima de m\u00ed est\u00e1 la noche, suave y tibia. Empiezo a cabecear, mientras a mi alrededor todo se apaga, el movimiento de las cosas se detiene y yo dejo de escuchar los sonidos de afuera. En mi sue\u00f1o vislumbro la carita resplandeciente de mis hijos, grandes hacedores de lluvia y se\u00f1ores de la ceremonia del agua. Sus ojos inmensos y luminosos examinan el mundo, al cual sus voces llenan de melod\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>El silencio es absoluto y la oscuridad de la noche tambi\u00e9n. Me levanto y giro los cerrojos de las puertas y de las rejas y voy apagando las luces. Mis pasos resuenan en la casa, en la que ahora soy la \u00fanica que produce manifestaciones de vida en movimiento, aunque siguen estando ah\u00ed las cosas, hablando con su presencia. Levanto un sacapuntas del suelo y doblo un sweater que un fugaz gesto apresurado hab\u00eda echado a un lado. Dentro de este silencio, terso y afelpado, no se afirma ni se niega nada, ni se despliega teor\u00eda alguna. Nada se desborda de la esfera o burbuja o arca de la alianza que pareciera guardar dentro de s\u00ed al silencio espeso y oscuro, encerrado cual semilla en el vientre de la noche, continente del cual el contenido no podr\u00e1 derramarse cual masa amorfa y magm\u00e1tica, puesto que esta nocturna matriz lo sostiene levemente, d\u00e1ndole forma y encarnadura. En la lontananza se vislumbra la curvatura del horizonte, gr\u00e1vida del pr\u00f3ximo amanecer, henchida como animal pre\u00f1ado, insinuando en medio de la sombra sus v\u00edsceras resplandecientes, ros\u00e1ceas y azuladas.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo, que nunca escarmentaba, obcecadamente segu\u00eda so\u00f1ando para mis hijos con un mundo en el cual no pudiese volver a ser posible que las canciones de cuna y las tonadas de boda, lo ritos de luna y los ensue\u00f1os de amor fueran reventados por la brutalidad de los fusiles.<\/p>\n\n\n\n<p>Me acordaba tambi\u00e9n, como tantas, pero tantas otras veces, de mi padre, de qui\u00e9n m\u00e1s si no, otra de esas caracter\u00edsticas tan convencionales de la condici\u00f3n femenina en medio de cuyas limitaciones yo me manejaba. Adi\u00f3s, querido m\u00edo, hubiera deseado yo susurrarle, y as\u00ed hacerle part\u00edcipe de esa despedida reiterada que en mi interior yo segu\u00eda pronunciando interminablemente, en vano intento de compartir su muerte, tan suya, tan impenetrable, tan ajena y lejana, as\u00ed como una puerta que se cierra de golpe y que nunca m\u00e1s puede ser abierta. Yo sent\u00eda que no hab\u00eda ya manera alguna de lograr pasar por esa puerta y llegar hacia donde \u00e9l de todas maneras ya no estaba. Era como la tapa del ata\u00fad que se dejaba caer y que no se pod\u00eda levantar de nuevo, o como la tumba de cemento que la gr\u00faa remacha con una losa de concreto, mostrando c\u00f3mo esa ilusi\u00f3n de que el polvo en el que se convierten los muertos se entremezcla con la tierra que origina vida, configurando un ciclo infinito, no es m\u00e1s que eso, una vana fantas\u00eda solamente. Yo andaba todo el d\u00eda trasegando con jarras y fuentes y ollas y en verdad no ten\u00eda mucho tiempo para fantas\u00edas, ni mucho menos para elaborar un pensamiento sistem\u00e1tico. Quiz\u00e1s si lo hubiera tenido hubiera podido imaginarme que yo era un hombre y que hab\u00eda alcanzado a ejercer un poder considerable, que hab\u00eda llegado a ser incluso general en jefe de numerosas divisiones, un general que pudo haber participado en guerras grandiosas, como la del Vietnam, por ejemplo. Aunque probablemente ser\u00eda m\u00e1s conveniente decir de ella que fue grande, y no grandiosa, para ajustarnos m\u00e1s a las opciones que ofrece una guerra moderna, opciones que en realidad no son tantas, y entre las cuales no se incluyen las de los ideales del hero\u00edsmo. Un general en campa\u00f1a dominando a centenares de miles de soldados y de armas, desde rifles hasta bombarderos y sustancias qu\u00edmicas de todo tipo, al mando de convoyes, patrullas y pelotones, dise\u00f1ando combates y aspirando a ser vencedor, para llevar al enemigo a la derrota, a hacerle aceptar ser el vencido y as\u00ed impedirle solicitar condiciones de ning\u00fan tipo.<\/p>\n\n\n\n<p>Claro que fantas\u00edas de semejante \u00edndole s\u00f3lo pod\u00edan servir para demostrar las ideas tan maniqueas y estereotipadas que yo ten\u00eda acerca del rol de los sexos, ideas en las cuales no se tomaban en cuenta para nada realidades tan evidentes como la existencia de la Thatcher, por ejemplo, y su guerra de las Malvinas, o sus irlandeses muertos en sus huelgas de hambre, o la Isabelita Per\u00f3n y su Triple A, la que inici\u00f3 las masacres en la Argentina de los setentas, para no mencionar sino a dos casos recientes. Por la tarde yo hab\u00eda estado rebanando el pan en la cocina, mientras escuchaba en la radio algunas canciones, aunque mi mente segu\u00eda por su cuenta con sus ensue\u00f1os habituales. Las voces desgarradas del grupo de rock heavy parec\u00edan responderme, con su canto que pretend\u00eda ser aguerrido, aunque m\u00e1s bien era de dolor y de sentimiento, un lamento explosivo, una queja y una maldici\u00f3n, como algo que viniese de muy atr\u00e1s, quiz\u00e1s de la Biblia misma y en el que se preguntaba por el d\u00f3nde estar de un cuchillo, por su d\u00f3nde estar puesto que no lo ve\u00edan, ser\u00eda que ya estaban muertos, o ser\u00eda que estaban ciegos.<\/p>\n\n\n\n<p>Una canci\u00f3n que hablaba de unos muchachos ciegos o muertos, aferrados a una pasi\u00f3n, pero necesitados de un cuchillo, carentes de vista, o con la vida cegada, a oscuras, igual a como estaba ahora yo en medio de la noche, aunque la oscuridad que los rodeaba a ellos no era ni tibia ni afelpada, como la que me envolv\u00eda a m\u00ed, sino dura y fr\u00eda, como un estremecimiento. En su canci\u00f3n no hab\u00eda perd\u00f3n ni absoluci\u00f3n posibles, en los t\u00e9rminos con los que expresaban su angustia no hab\u00eda concesiones y el objeto de su b\u00fasqueda no era una rosa ni una estrella ni la zapatilla de una princesa, sino un cuchillo que se les escapaba en medio de las tinieblas.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00e1 en la cocina, mientras untaba la mantequilla y cortaba pedacitos de queso, en medio de una gran cantidad de fragmentos de ideas, destellos, sentimientos, im\u00e1genes, inconexiones, trozos de melod\u00edas y anhelos informes que no lograban cristalizar en aspiraciones coherentes, yo me hab\u00eda estado preguntando sobre el c\u00f3mo podr\u00eda configurarse una expresi\u00f3n de lo femenino. Puesto que resultaba evidente que yo no lograr\u00eda nunca escapar de esa condici\u00f3n, debido a mis limitaciones ya esbozadas, tendr\u00eda que estar dispuesta al menos a asumirla, y a enfrentarla l\u00facidamente. Incapaz de acceder a estadios superiores del desarrollo humano, a una cultura org\u00e1nica intelectualmente plena, tendr\u00eda que tener siquiera el coraje de asumir esa mi situaci\u00f3n, lograr la ruptura de lo convencional, y dentro de esa estrechez de opciones, elegirme como lo que yo era: apenas una existencia de mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Sola en medio del silencio, observo ahora frente a m\u00ed a la monta\u00f1a perenne. Pero en lugar de la lucidez, me invaden, una vez m\u00e1s, ay de m\u00ed, las im\u00e1genes. Recuerdo ahora, pobre esclava de mis h\u00e1bitos mentales, la figurita de uno de mis hijos sentado en la hierba, llenando sus dos manos peque\u00f1itas de tierra, para observar con detenimiento c\u00f3mo se escurr\u00edan sus part\u00edculas de entre sus deditos. De vez en cuando levantaba la mirada, muy serio, y vigilaba la marcha del mundo. La mirada serena de sus grandes ojos serios y escrutadores recorr\u00eda las cosas que lo rodeaban: las copas de los \u00e1rboles, los pedazos de cielo, los bancos cargados de gente, el suelo cargado de movimiento. Una vez cumplida la exploraci\u00f3n volv\u00eda a concentrarse en su trabajo. La arena se escurr\u00eda de nuevo de entre sus deditos tranquilos y afanosos. Sus manos palpaban la tierra h\u00fameda, tamborileaban brevemente, para luego tomar de nuevo el material con el que estaba creando el universo. La fragilidad de su figura m\u00ednima se recortaba sobre el suelo, rodeado de innumerables perolitos. De pronto, en un viraje en su actividad que s\u00f3lo \u00e9l hab\u00eda decidido, abandonaba la arena para iniciar la recolecci\u00f3n de piedritas, palos, hierbas y hojas.<\/p>\n\n\n\n<p>El milagro se hab\u00eda producido y mi ni\u00f1o, que ayer apenas si pod\u00eda reptar un cent\u00edmetro o dos, ahora andaba erguido y dispon\u00eda sus pasos, su direcci\u00f3n y su rumbo. Tropezaba, se tambaleaba y ca\u00eda, med\u00eda el suelo una y otra vez, pero se levantaba de nuevo, se empinaba y echaba a andar. Era mi ni\u00f1o y ven\u00eda en direcci\u00f3n m\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Con sus dos manitas aferraba el aire y trataba de balancearse sujetando la nada. Sus inmensos ojos centelleaban y su sonrisa estaba ah\u00ed, no era ni de triunfo ni de satisfacci\u00f3n, era solamente una presencia sin m\u00e1s, una sonrisa de ni\u00f1o, inefable y simple.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed, de esta manera, se confirmaba tambi\u00e9n nuevamente el hecho de que yo no lograr\u00eda jam\u00e1s superar las contradicciones en las que me encontraba atrapada. Todo se repet\u00eda una y otra vez, se\u00f1al\u00e1ndose de esta manera mi reiterado fracaso, as\u00ed como el modo divergente de acuerdo al cual se desarrollaban dentro de m\u00ed los procesos conscientes, con sus metas y objetivos tan claros y l\u00facidos, pero a los que yo definitivamente no pod\u00eda acceder, junto a los procesos inconscientes, irracionales y viscerales, que rayaban en la cursiler\u00eda y en la banalidad, los cuales me manten\u00edan fijada a posiciones francamente primitivas. A veces, en mi desesperaci\u00f3n, no pod\u00eda dejar de pensar que yo era como un remanente de \u00e9pocas pasadas, dentro de esta modernidad de fin de siglo a la que definitivamente he sido incapaz de adaptarme y la cual parece ser coto cerrado para m\u00ed. No me queda m\u00e1s remedio que reconocer que no lograr\u00e9 integrarme al grupo de las mujeres de la vanguardia intelectual, tal como hab\u00eda so\u00f1ado alguna vez ingenuamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre el ir y venir, el reflexionar, el cabecear y el desesperarme, todo lo cual es como una puesta en escena de mi caos existencial, me doy cuenta, de pronto, que poco a poco va amaneciendo. Muy tenuemente el sol empieza a alumbrar el nuevo d\u00eda que se est\u00e1 iniciando. Se trata de un d\u00eda in\u00e9dito, a\u00fan no rese\u00f1ado por la prensa, p\u00e1gina en blanco. Posiblemente cuando finalice, ante nuestra mirada retroactiva se ver\u00e1 como una noticia refrita, quiz\u00e1s hasta un poco c\u00f3mica y un poco marchita, pero en todo caso ya cancelada, congelada en el tiempo, petrificada.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo he cumplido con el rito de la confesi\u00f3n y en el acto mismo de haberla hecho va incluida la penitencia. Creo que no hace falta reiterar, una vez m\u00e1s, mi arrepentimiento, ni tampoco ser\u00e1 necesario, quiz\u00e1s, volver a pasar por la humillaci\u00f3n de tener que aclarar que posibilidad de enmiendo no hay. Muy a mi pesar. Como todos sabemos, los llamados at\u00e1vicos de un instinto ancestral, invasores y avasallantes, son capaces de mantener prisioneros en la liturgia de su noche cerrada a todas aquellas que han demostrado no saber hacer estallar los l\u00edmites dentro de los cuales permanecen absortas, desgranando los d\u00edas milenarios, pronunciando augurios, haciendo votos e intentando vanamente influir en la marcha de los acontecimientos verdaderamente importantes de la existencia.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Volando libremente<\/h3>\n\n\n\n<p>e lejos parec\u00eda una estrella, o un punto negro en el cielo, o quiz\u00e1s un avi\u00f3n cargado de gente, pero a medida que se iba acercando ya no quedaba lugar a dudas de que se trataba de un buitre, cuyo vuelo, suntuoso y met\u00e1lico, arrojado y oscuro, penetraba el aire de manera confiada y segura, intern\u00e1ndose en el espacio luminoso.<\/p>\n\n\n\n<p>Penetraba tambi\u00e9n, negro signo en movimiento, el blanco papel sobre el cual yo dise\u00f1aba su desplazamiento, tratando de otorgarle un sentido que ni yo misma ten\u00eda claro y cuyas posibilidades, que abarcaban un registro muy amplio, desde el mitol\u00f3gico hasta el ecol\u00f3gico, no se hab\u00edan definido en absoluto, es m\u00e1s, el buitre se negaba rotundamente a transformarse en alegor\u00eda y adquir\u00eda, s\u00fabitamente, un car\u00e1cter aut\u00f3nomo que lo llevaba a mantener su vuelo infinitamente en calidad de imagen sensible, sostenido por toda la eternidad en el aire y negado a producir connotaciones m\u00e1s all\u00e1 de su mera presencia. Una existencia sin m\u00e1s, podr\u00edamos decir si fu\u00e9ramos aficionados al existencialismo sartreano de los a\u00f1os cuarenta, un ave que no representaba ninguna esencia de ninguna \u00edndole.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfPero a fin de cuentas qu\u00e9 pod\u00eda hacer uno con un buitre de esta naturaleza? Permitirle seguir flotando en el papel, liberado del tiempo y del espacio, no s\u00f3lo desvirtuar\u00eda el propio vuelo que se pretend\u00eda plasmar, sino que impedir\u00eda tambi\u00e9n el otro vuelo, el del texto mismo, que terminar\u00eda girando en c\u00edrculo sobre s\u00ed, en ese sentido de que un buitre es un buitre es un buitre, que a lo mejor ya no ser\u00eda capaz siquiera de dar cuenta de la buitredad misma, si es que fuera posible denominarla de esa manera.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, no quedaba m\u00e1s remedio que condenarlo a escoger un rumbo, lo cual terminaba siendo sartreano del todo, aunque tampoco ello se habr\u00eda elegido libremente, lo que a su vez no dejaba de ser un contrasentido. Ser\u00eda, pues, necesario ubicar a esa ave hist\u00f3rica y geogr\u00e1ficamente, delimitarla, aprisionarla sobre los cielos de Dubl\u00edn o de Praga o de Buenos Aires, o ponerla a volar sobre la Caracas de finales del siglo XX, colocarla en un lugar que fuera nuestro, es decir, en un lugar com\u00fan, un acto que, despu\u00e9s de haber dado tantas vueltas, resultaba bastante miserable, considerando que el vuelo suntuoso pudo haber sido eterno, aunque, como tal, no dejar\u00eda de ser profundamente tedioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00edamos entonces intentar situar dentro de un estereotipo actual a este dichoso buitre, lo cual, a fin de cuentas, consistir\u00eda en una actividad hasta cierto punto estrafalaria, si a ver vamos, algo as\u00ed como tratar de chocarle a la gente, fastidiarla y molestarla, ya que esa ave bien hubiera podido ser un \u00e1guila o un c\u00f3ndor, o quiz\u00e1s un canario, un jilguero o un ruise\u00f1or, y no un vulgar buitre, al cual incluso probablemente ser\u00e1 necesario m\u00e1s adelante transformar en un zamuro, ya que hemos decidido colocarlo en el cielo caraque\u00f1o, con lo cual no dejar\u00e1 de convertirse en un vol\u00e1til a\u00fan mucho m\u00e1s vulgar.<\/p>\n\n\n\n<p>La narradora, lidiando con este animal, quiz\u00e1s se sentir\u00eda tentada a transitar por el trillado main street de la narrativa actual, y en alg\u00fan momento entremezclar\u00eda el vuelo de su ave con la preparaci\u00f3n de alg\u00fan postre apetitoso o alguna sopa sustanciosa, o quiz\u00e1s, m\u00e1s bien, junto al sonido del batir de las alas de sedosas plumas ahuecadas har\u00eda escuchar el ritmo de alg\u00fan bolero o de alguna m\u00fasica de salsa, cuyo texto conocido formar\u00eda contrapunto con el mencionado batir, o, quiz\u00e1s, ya lanzada por esta calle del medio, har\u00eda que el pajarraco se confrontase con ciertos elementos de los mass media, y mezclar\u00eda sabiamente im\u00e1genes y t\u00e9cnicas cinematogr\u00e1ficas, textos publicitarios y voces radiof\u00f3nicas con el vuelo m\u00e1s bien simpl\u00f3n de su buitre, el cual de esta forma ya definitivamente aparecer\u00eda como un ser venido a menos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, si la narradora fuera capaz de evitar estas atractivas, aunque ciertamente epig\u00f3nicas modalidades, entonces sus opciones ser\u00edan mucho m\u00e1s duras y despojadas, m\u00e1s libres y vertiginosas, al mismo tiempo que mucho m\u00e1s dif\u00edciles, porque ya f\u00f3rmulas ad hoc no tendr\u00eda a mano. En ese momento el buitre podr\u00eda volver a levantar un vuelo sostenido y audaz, aunque, indudablemente, alguna noci\u00f3n tendr\u00eda que tenerse acerca de lo que se quisiera lograr con \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s podr\u00edamos intentar hacerlo m\u00e1s \u00edntimo y personal a trav\u00e9s del recurso de otorgarle un nombre. Seguramente no hay precedentes en cuanto al nombramiento de un buitre, eso es evidente. Y tratar de ponerle Juan, o Luis, o Gregorio, resulta como bastante inveros\u00edmil. Al mismo tiempo, no hay nada que impida, dentro de un feminismo militante, el que optemos por llamarlo, es decir, llamarla, qu\u00e9 s\u00e9 yo, Carmen, o Manuela, o Sara. Pero tambi\u00e9n estos son nombres que a todas luces no se corresponden con la buitredad, esa calidad de buitre que no se nos entrega f\u00e1cilmente.<\/p>\n\n\n\n<p>Siguiendo el asedio con distintos recursos, podr\u00edamos intentar reunirlo con otros personajes, siempre y cuando, por supuesto, pudi\u00e9ramos admitir a priori que un ave que no desarrolla m\u00e1s acci\u00f3n que la de volar imp\u00e1vidamente de un lugar a otro, y que al mismo tiempo no es capaz de establecer una relaci\u00f3n dial\u00f3gica o polif\u00f3nica con nadie en medio de ese volar tan reiterado, es ya de por s\u00ed un personaje. Entonces, quiz\u00e1s, pudi\u00e9ramos ubicarlo en el tiempo, y situarlo, digamos, en los a\u00f1os treinta venezolanos. Ahora bien, dentro de la vacilaci\u00f3n que ha caracterizado a este texto que estamos tejiendo aqu\u00ed, como work in progress, con las costuras a la vista y el trabajo de hilatura elabor\u00e1ndose delante de todos los que quieran observar su hechura, tendr\u00edamos que preguntarnos de qu\u00e9 espacio de los a\u00f1os treinta venezolanos se trata. Es decir, si el zamuro en cuesti\u00f3n empieza a dar tumbos en medio de una represi\u00f3n policial y de la consiguiente matanza de estudiantes, proyectado por cierto mucho m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites de esa d\u00e9cada de crisis y de petr\u00f3leo, para abarcar todo el resto de este siglo veinte nuestro, pestilente, andrajoso, desolado y putrefacto, embadurnado de otras crisis, untado de petr\u00f3leo y jalonado de cad\u00e1veres de estudiantes que so\u00f1aron con ser heroicos y cuyos nombres nadie recuerda, ni mucho menos venera, o si reinicia m\u00e1s bien su vuelo en medio de las palabras ya escritas en aquellos a\u00f1os, recorriendo los textos que se han venido conociendo como literatura de los treintas, tropez\u00e1ndose en su ofuscado desplazamiento con unas lanzas coloradas cuyo dise\u00f1o a su vez diera cuenta de otro siglo enloquecido, tambi\u00e9n jalonado de cad\u00e1veres de estudiantes y de otras gentes, embadurnado de sangre y se\u00f1alado por desencuentros.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta manera podr\u00edamos irlo desplazando a\u00f1o tras a\u00f1o, siglo tras siglo, movilizarlo a trav\u00e9s de todas las d\u00e9cadas con las que hemos pretendido dar cuenta de este final de milenio, y entonces, quiz\u00e1s, en alg\u00fan momento de este largo vuelo as\u00ed alcorzado en el tiempo y en el espacio, el buitre podr\u00eda detenerse por fin, aterrizar, sentir el suelo bajo sus patas, o sus garras, o lo que fuese, caminar sin ning\u00fan garbo y alimentarse a su manera usual, tal y como fue obsesi\u00f3n de todos los narradores y autores tr\u00e1gicos griegos, cuya obra toda no deja de girar persistentemente en torno a los despojos humanos dignamente enterrados, o, por el contrario, expuestos a la infamia de ser devorados por los perros y, por qu\u00e9 no decirlo de una vez, por los buitres, los cuales definitivamente no son canarios ni golondrinas ni se andan con medias tintas en este tipo de asuntos. Pero ahora no se trata de sacar a relucir viejas historias de los campos de batalla de Troya o de Tebas, ni de Cartago, sino de acompa\u00f1ar simplemente a este buitre en particular en sus alternativas alimenticias actuales, las cuales, indudablemente, carecen de las reminiscencias gloriosas que podr\u00edan proporcionar las \u00e9picas v\u00edsceras objeto de ficcionalizaci\u00f3n en aquellos tiempos ya cancelados.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde esta perspectiva, el buitre contempor\u00e1neo, obligado de cierta manera a estar en la cultura del fast food, en los sitios de descarga de basura de la gran ciudad, terminar\u00eda convirti\u00e9ndose en una especie de anti-h\u00e9roe, en una figura degradada que, en lugar de las entra\u00f1as de H\u00e9ctor o de Pol\u00ednices, tendr\u00eda que conformarse con desperdicios, con la basura dom\u00e9stica o industrial, constataci\u00f3n que hacemos sin pretender metaforizar, ni mucho menos, a la comida r\u00e1pida, sino apenas bosquejar un s\u00edmil, dentro de la tradici\u00f3n formal de esa literatura griega tan amante de los s\u00edmiles, pero cuya tem\u00e1tica realmente ya carece de correspondencias en el mundo de la uniformidad gastron\u00f3mica actual.<\/p>\n\n\n\n<p>De esta manera, una vez logrado hacer aterrizar a nuestra ave en el basural especificado, habremos construido el espacio en el que lo podremos conectar con personajes que representar\u00e1n a seres humanos, hecho que hasta ahora hubiera resultado bastante imposible, abocado como estaba el animal a ese ciego volar durante el cual muy dif\u00edcilmente lo hubieran podido acompa\u00f1ar personajes humanizados, a menos que se tratase de alg\u00fan texto de ciencia ficci\u00f3n o de una versi\u00f3n actualizada de Peter Pan, lo cual en realidad no es la idea. Pero una vez ubicados en el basural, las circunstancias se hacen m\u00e1s controlables, a pesar del revoloteo de las moscas, del roer de las ratas y ratones, de la hediondez insoportable, de la putrefacci\u00f3n y los detritus en descomposici\u00f3n, de los efluvios cadav\u00e9ricos, despojos nuestros de cada d\u00eda, residuos de nuestro quehacer cotidiano, amonton\u00e1ndose ah\u00ed sa\u00f1udos, carentes de gloria, sin opciones para el technicolor, gris\u00e1ceos y l\u00edvidos, extendidos ah\u00ed de cualquier manera, sin \u00ednfulas de trascender a nada, chorreando aguas negras, aunque carentes tambi\u00e9n de toda frivolidad, ruinas de nuestros soberbios actos de la jornada, lo que qued\u00f3 del banquete, de la cl\u00ednica de lujo, de la fabricaci\u00f3n de perfumes o de la impresi\u00f3n de libros.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, antes de que el texto se nos convierta en alegor\u00eda medieval del tipo sic transit gloria mundi, ser\u00e1 necesario establecer que es en este espacio en el que habremos de colocar a nuestros personajes, anti-h\u00e9roes tambi\u00e9n, evidentemente, al igual que el buitre. Porque por una l\u00f3gica elemental, no podremos ubicar en semejante escenario a personajes que representen a pr\u00edncipes o a triunfadores, ni a seres fulgurantes que luchan por realizar un sue\u00f1o o instaurar un culto, pero tampoco podremos colocar, por demasiado evidentes, a unos recolectores de basura, unos mendigos o unos ni\u00f1itos marginales jugando con objetos que sustituyen a los juguetes que nunca tuvieron. Tendremos que evitar el construir, con los elementos ya logrados, un idilio anacr\u00f3nico o una denuncia que a nada conducir\u00eda, por demasiado obvia. Muy cautelosamente podr\u00edamos iniciar el intento ubicando en el espacio definido a un equipo de cineastas, constituido por los actores, el director y sus asistentes, los camar\u00f3grafos, el director de fotograf\u00eda, la gente de utiler\u00eda y los maquilladores, es decir, un mont\u00f3n de gente, como para llenar el horror al vac\u00edo, todos gritando y realizando movimientos desordenados, pero que estar\u00edan dirigidos a un fin, o sea, muy activos, din\u00e1micos m\u00e1s bien, con lo cual nuestro relato habr\u00eda dado un giro de 180 grados, puesto que de carecer pr\u00e1cticamente de acci\u00f3n y de personajes, ahora se podr\u00eda decir que estar\u00eda repleto de ellos.<\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00edan estos unos personajes llenos de vitalidad, alegres y extrovertidos, echadores de broma. Ya que se trata de cinematograf\u00eda venezolana, probablemente se estar\u00eda filmando un crimen, en cuya puesta en escena y ejecuci\u00f3n se afanar\u00eda toda esa gente, ejecuci\u00f3n del proyecto cinematogr\u00e1fico, por supuesto, pero tambi\u00e9n del crimen, al igual que de este texto, que entreteje todo lo anterior y cuya ejecuci\u00f3n da origen a otro producto y a otros problemas, sin lugar a dudas. Un atraco a un banco pudo haber sido la secuencia anterior, con el consiguiente saldo de muertos y la persecuci\u00f3n del auto de los criminales por varias patrullas de la polic\u00eda, escena cinematogr\u00e1fica infaltable en este tipo de pel\u00edculas, absolutamente desgastada, pero fidedigna y comprobadamente efectiva, pr\u00e1cticamente ya un gag, en realidad. Ahora bien, tomando en cuenta que el protagonista de este texto, al menos por el momento, es el buitre y que, dentro de la perspectiva de la narrativa moderna, que le permite amplia libertad a los personajes y no los convierte en marionetas de los autores, pudiera suceder, digo, que el buitre, en este preciso momento, se hartara de escarbar dentro de la basura y decidiera levantar vuelo, en el sentido figurado y en el literal del t\u00e9rmino, cruzando sin mayor esfuerzo el cielo caraque\u00f1o y pos\u00e1ndose suavemente en un sitial elevado de la monta\u00f1a de la ciudad. Con su cambio de posici\u00f3n perder\u00edamos de golpe a todo ese mont\u00f3n de personajes ya logrados y a la acci\u00f3n desencadenada por ellos, porque, y esto es necesario reconocerlo, el punto de vista predominante en este texto es el del buitre y, por m\u00e1s buena vista que tenga, por m\u00e1s ojo de \u00e1guila que sea, ser\u00e1 imposible que su mirada abarque una escena tan distante que, a fin de cuentas, para \u00e9l carecer\u00e1 de toda importancia, a tal punto que ya seguramente la habr\u00e1 olvidado del todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero ahora, instalado tranquilamente en las alturas de la monta\u00f1a, se\u00f1oreando la prominencia de cerrada espesura, estar\u00e1 colocado de hecho en la propia cumbre, sin que ello deba llevarnos a sacar apresuradas conclusiones en torno a lo bajo y a lo alto, ni a contraponer esquem\u00e1ticamente lo abyecto del basural con lo sublime de la cordillera. Posado ah\u00ed en la altura, ahueca el ala e inclina ligeramente la cabeza, entreg\u00e1ndose a un dormir tranquilo, carente de pesadillas. Ning\u00fan ser viviente se le acerca: en verdad siempre ha ignorado lo que es recibir visitas. Pero la soledad no lo agobia ni le causa momentos de incertidumbre, ni frustraciones de tipo alguno. Lo cubre la noche estrellada y alrededor suya se escurren subrepticiamente peque\u00f1as culebras, algunos rabipelados y un sinf\u00edn de insectos de toda \u00edndole. Lo rodea el perfume de la vegetaci\u00f3n frondosa, aunque \u00e9l en realidad preferir\u00eda fragancias de otra naturaleza.<\/p>\n\n\n\n<p>All\u00e1 abajo, al pie de la monta\u00f1a, a una distancia considerable, transcurre el movimiento de la ciudad nocturna. Cientos de miles de luces titilan y el desplazarse de los autom\u00f3viles traza luminosas franjas que parecieran ser capaces de adquirir autonom\u00eda propia. Entre millones de seres humanos, un joven se dirige hacia el barrio donde vive. Camina en medio de la noche, en una ciudad hostil que hace que en su juvenil coraz\u00f3n nazcan el miedo y la desesperanza y que lo lleven a repetir en su fuero interno un canto que es trash y que es destroy, y que s\u00f3lo habla de muerte, de morir y de matar, de excrementos y de basura, de hierros que se hunden en la carne fr\u00e1gil y tierna y de balas que hacen crujir los huesos y los llevan a estallar en fragmentos irrecuperables. No crece la hierba en esta su ciudad, s\u00f3lo crecen los cuchillos y las navajas. El dolor se ha instalado en el coraz\u00f3n de este muchacho, que se siente acechado por otros j\u00f3venes en cuyo coraz\u00f3n tambi\u00e9n hay dolor y se ha infiltrado en ellos insidiosamente la desconfianza. Cadenas y botellas llevan consigo estos j\u00f3venes, que ocultan su desconcierto detr\u00e1s de la m\u00e1scara d fiereza que han tenido que adoptar, El muchacho acelera sus pasos, que resuenan en la ciudad solitaria, oculta tras las rejas, los candados y los cerrojos. Los edificios lo rodean amenazantes y nadie propicia gestos de protecci\u00f3n ni ofrece palabras de consuelo. Una mujer que pasa a su lado lo mira con ojos enloquecidos, aterrada, mientras se aleja de \u00e9l a gran velocidad, corriendo casi.<\/p>\n\n\n\n<p>El recuerda a su abuela, que le habl\u00f3 de otra ciudad, que en realidad era esta misma, en la que ella todas las tardes cocinaba una gran olla de dulce de lechoza, y la colocaba en la ventana de su casa de sobria belleza, al alcance de la mano de todos los muchachos que jugaban en la calle. En otras ventanas surg\u00edan vasijas llenas de ciruelas reci\u00e9n lavadas o bandejas con galletas horneadas en casa, todav\u00eda calientes, y cada quien se serv\u00eda en la medida de su apetito. As\u00ed suced\u00eda cada tarde y todas las tardes, en un mundo que ahora parec\u00eda m\u00e1s lejano e inveros\u00edmil que la era de la glaciaci\u00f3n o la edad de oro de la mitolog\u00eda. Era ese un pasado que a nada compromet\u00eda, realmente port\u00e1til, como la ciudad toda, tal como lo hab\u00eda dicho ya Adriano, y ahora ni siquiera hab\u00eda banderas que defender, hubiera sido necesario inventar banderas nuevas, pero no era f\u00e1cil, en verdad no lo era. El so\u00f1aba con ser director de cine o cantante de rock, aunque, claro, eso no era cuesti\u00f3n de banderas, sino algo m\u00e1s bien personal. Pero ahora llevaba en la cartera solamente mil bol\u00edvares, un s\u00f3lo billete de a mil, que pudo haber sido algo en alg\u00fan momento, pero que ahora ya realmente casi no era nada, aunque para \u00e9l segu\u00eda siendo algo importante, porque era lo \u00fanico que ten\u00eda, y nada indicaba que en un futuro inmediato tuviese opci\u00f3n a poseer algo m\u00e1s que eso. El prestaba sus servicios en una empresa altamente calificada, que cumpl\u00eda una funci\u00f3n primordial en el engranaje social; para ejecutar las tareas a \u00e9l asignadas hab\u00eda tenido que desarrollar un conjunto de destrezas que le permit\u00edan suponer que era elegible para cargos que indudablemente exig\u00edan responsabilidad y confiabilidad. Pero la elecci\u00f3n no se hab\u00eda producido y la energ\u00eda y el esfuerzo invertidos en las actividades preparatorias s\u00f3lo llevaban a unas fantas\u00edas de \u00edndole meramente particular, ciertamente desconocidas por sus jefes directos y ni siquiera imaginables para los miembros de la alta gerencia.<\/p>\n\n\n\n<p>El muchacho present\u00eda que la ciudad no necesariamente tendr\u00eda que haberse convertido en una fortaleza, mientras avanzaba por las sinuosas y estrechas calles, oscuras y solitarias. Si tuviera un caballo, como ten\u00eda la gente anta\u00f1o, podr\u00eda sentir el poder de su cuerpo dominando al animal, y tambi\u00e9n sentir\u00eda a \u00e9ste consustanciarse con el cuerpo de \u00e9l, crecerse juntos por encima de las sombras y galopar, audaces y confiados, hacia un destino quiz\u00e1s m\u00e1s luminoso. Pero las realidades de la vida s\u00f3lo se corresponden con las fantas\u00edas en algunos momentos privilegiados, de manera que el muchacho sigui\u00f3 arrastrando su cansancio por el \u00fanico camino posible en este lugar y a esta hora.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue en ese momento que sinti\u00f3 frente a s\u00ed al otro, al muchacho que lo retaba y lo enfrentaba y que ya lo estaba co\u00f1aceando, mientras \u00e9l, que quiz\u00e1s desde siempre hab\u00eda estado esperando con fatalidad este momento, de pronto le dec\u00eda al otro, le gritaba, casi instintivamente y sin poder controlarse, en medio de su desesperaci\u00f3n y como tratando de negar lo que estaba sucediendo: &#8211; \u00bfQu\u00e9? \u00bfPero qu\u00e9? \u00bfPero qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de gritar esas palabras insensatas se despert\u00f3 en \u00e9l un sentimiento de furia, una necesidad de repeler al otro, de no permitirle que lo arrastrara a un espacio que no era de \u00e9l y que \u00e9l no hab\u00eda elegido y con el que se negaba a confundirse, ya que no era justo que lo obligaran a hacerlo de esta manera inconsulta y arbitraria. Al mismo tiempo, le fue imposible dejar de responder a los golpes que le estaban siendo propinados, cada uno de los cuales lo hund\u00eda m\u00e1s en un pantano del cual ya no parec\u00eda posible volver a un mundo cristalizado. Trat\u00f3 de dar un paso hacia atr\u00e1s y refrenar sus instintos, decidido a no seguirse dejando arrastrar hacia la puesta en escena que hab\u00eda sido dispuesta por otro, a recuperar su espacio, ya no para poder seguir so\u00f1ando ni nada parecido, pero al menos para poder continuar respirando y caminando, aunque fuese arrastr\u00e1ndose, porque la vida apenas hab\u00eda comenzado para \u00e9l y era tan insensato e insoportable que fuese cegada de una manera tan carente de todo sentido, y al mismo tiempo de una forma tan concluyente y definitiva. Todav\u00eda sinti\u00f3 que unos dedos hurgaron r\u00e1pidamente en su billetera y que tomaron velozmente ese \u00fanico billete de a mil, el cual de esta manera cambiaba de due\u00f1o, y escuch\u00f3 tambi\u00e9n como unos pasos se alejaban por el mismo camino por el que \u00e9l hubiese tenido que continuar para llegar a destino. Pero en el instante en el que crey\u00f3 poder realizar los movimientos necesarios para incorporarse y seguir su marcha, en realidad ya estaba muerto y su aspecto exterior hab\u00eda sido modificado por una mancha roja que \u00e9l no hab\u00eda elegido adquirir, pero cuya propiedad el otro lo hab\u00eda obligado a aceptar.<\/p>\n\n\n\n<p>Ciertamente en alg\u00fan lugar alguien llorar\u00eda, rompiendo el silencio con sus lamentos y su desconsuelo, quiz\u00e1s incluso se arrancar\u00eda los cabellos y se dar\u00eda de golpes hasta el agotamiento. Alguien se adelantar\u00eda y tratar\u00eda de desentra\u00f1ar el secreto, invadido por la c\u00f3lera, pero probablemente desanim\u00e1ndose al poco tiempo, ante la indiferencia, ante la incomprensible situaci\u00f3n de tener que pedir favores en una circunstancia que por s\u00ed misma tendr\u00eda que convocar la solidaridad y la justicia.<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo continuar\u00eda su transcurrir, porque esa es la caracter\u00edstica esencial del tiempo y no hay forma ni manera de modificarla. El dolor y la indignaci\u00f3n se ir\u00edan asordinando, atemperados, y el cad\u00e1ver iniciar\u00eda su largo viaje hacia el olvido, borr\u00e1ndose poco a poco de la memoria de los que alguna vez hab\u00edan conocido al que hab\u00eda sido, o cre\u00eddo ser, su propietario.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1s alg\u00fan grupo de cineastas se interesar\u00eda por el caso y algunos elaborar\u00edan un gui\u00f3n a partir del mismo, y si luego de cierto tiempo efectivamente se llegar\u00eda a proyectar la pel\u00edcula, probablemente no tendr\u00eda nada que ver con lo que realmente hab\u00eda pasado, aunque todos los que de alguna forma recordaran al muchacho ir\u00edan a sentir alegr\u00eda y estar\u00edan persuadidos de que los hechos pasaron tal cual en la pel\u00edcula, lo que los llenar\u00eda de satisfacci\u00f3n, porque ser\u00eda una forma de mantenerlo vivo y de conservar su memoria.<\/p>\n\n\n\n<p>Y quiz\u00e1s el mismo d\u00eda en que la pel\u00edcula se estrenara en alg\u00fan cine de segunda categor\u00eda de la ciudad, un buitre, que no necesariamente tendr\u00eda que ser el mismo cuyos desplazamientos hab\u00edamos acompa\u00f1ado al comienzo de este texto, ya que la vida no presenta regularidades de ese tipo, despegar\u00eda en vuelo aut\u00f3nomo desde lo alto de la monta\u00f1a, soberano y neutro. No ser\u00eda m\u00e1s que un buitre y en realidad sus opciones ser\u00edan muy escasas, reducidas apenas a la acci\u00f3n de volar de un lugar a otro, sin tensiones de ninguna especie y sin embriagarse jam\u00e1s con la idea de ese su volar, del cual carec\u00eda por completo de conciencia. Hend\u00eda el espacio luminoso o surcaba el cielo nocturno, batiendo las alas, remont\u00e1ndose una y otra vez hacia los sitiales m\u00e1s altos, a trav\u00e9s de movimientos constantes y uniformes que en s\u00ed mismos a nada lo compromet\u00edan. Apacible y sereno, ascend\u00eda y luego se lanzaba en picada, sin parecerse en verdad a ninguna estrella y mucho menos a un avi\u00f3n, sin noci\u00f3n alguna en cuanto a su identidad de buitre, imperturbable y pasajero en el tiempo, con sus lujosas plumas lustrosas y negras, carente de canto, grande y magn\u00edfico, indiferente y distante, clausurado para el romance y para la tragedia, apenas un ave. <\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/judit-gerendas\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<p><a href=\"https:\/\/www.blogger.com\/share-post.g?blogID=7743159691568723206&amp;postID=6160857027911039513&amp;target=email\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\"><\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La escritura femenina Me siento obligada, casi en contra de mi voluntad, a hacer una confesi\u00f3n que s\u00e9 que me perjudicar\u00e1 enormemente. Pero no me queda m\u00e1s remedio que hacerla, aunque me consta tambi\u00e9n que no lograr\u00e9 con ello m\u00e1s que miradas de l\u00e1stima y comentarios despectivos. 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