{"id":11181,"date":"2023-04-13T23:44:00","date_gmt":"2023-04-13T23:44:00","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11181"},"modified":"2024-02-20T00:16:11","modified_gmt":"2024-02-20T00:16:11","slug":"dos-cuentos-de-slavko-zupcic","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-slavko-zupcic\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Slavko Zupcic"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Unicornio perdido en enero<\/h3>\n\n\n\n<p>a Ana Bella Guill\u00e9n <\/p>\n\n\n\n<p>Nunca pude observar c\u00f3mo llegaba su estuche envuelto en papel de regalo o en un pa\u00f1o de fina seda. Sencillamente siempre estuvo all\u00ed, su caja negra revestida internamente de raso rojo, junto a la biblioteca de la casa, en la mesa colocada all\u00ed s\u00f3lo para sostenerlo. Algo natural y sencillo como una de las butacas del recibo o el retablo ruso de la virgen en el cuarto de mi hermana, pero maravilloso e imponente al mismo tiempo. <\/p>\n\n\n\n<p>Debi\u00f3 ser despu\u00e9s, a los tres o cuatro a\u00f1os de su estancia vigilada por m\u00ed en la biblioteca de la casa, cuando me fue concedido el privilegio de develar el contenido del misterioso estuche y sostener entre mis manos el viol\u00edn Antonius Stradivarius, Cremona, feccit anno 1731. Si alguna vez hab\u00eda sido s\u00f3lo un mueble de respeto diez veces m\u00e1s grande que un libro, pero mucho m\u00e1s peque\u00f1o que un piano, ahora se trataba de un Stradivarius guardado religiosamente en el estuche de cuero negro que yo limpiaba todas las tardes con un pa\u00f1o aceitado, no importaba que no supiera el significado de su nombre en realidad. Luego alguna enciclopedia me lo aclarar\u00eda todo repentinamente: \u00abAntonius Stradivarius, incomparable fabricante de violines, n. en Cremona (\u00bf1644?\u20141737)\u00bb. <\/p>\n\n\n\n<p>Dos o tres a\u00f1os m\u00e1s tarde comenzaron los estudios de viol\u00edn en el Conservatorio. Recib\u00eda clases de un anciano polaco de apellido Sienkewicks con otro viol\u00edn, hermoso tambi\u00e9n, pero nunca como el Stradivarius magn\u00edfico de la casa. Era una l\u00e1stima no poder llevar nuestro tesoro al Conservatorio y tener que hacer los ejercicios de rigor con el peque\u00f1o Guarneri de mi t\u00eda. De todas maneras, el Profesor Sienkewicks pudo conocerlo una vez terminadas las clases del primer curso. A\u00fan recuerdo sus brazos elev\u00e1ndolo, sosteni\u00e9ndolo. Su barbilla afincada en la madera de cedro. Todav\u00eda recuerdo su voz. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es tan suave. No hace falta almohadilla para tocarlo. <\/p>\n\n\n\n<p>Todo mientras sus manos acariciaban las cuerdas lentamente, un momento antes de buscar el arco en la parte superior del estuche y comenzar a tocar repentinamente los m\u00e1s bellos compases de Mendelssohn en su Concierto en Mi menor. <\/p>\n\n\n\n<p>Su visita marc\u00f3 el inicio de mis presentaciones. Cada vez que despu\u00e9s de esa noche llegaba alguna visita a la casa, mi hermana me invitaba a tocar viol\u00edn desde el medio de la sala. Yo caminaba lentamente por el pasillo rumbo a la biblioteca, abr\u00eda la puerta del cuarto, encend\u00eda la luz siempre a la izquierda, alcanzaba la mesa de caoba y me deten\u00eda cinco o diez segundos contemplando el estuche. Retiraba cuidadosamente el pa\u00f1o que lo cubr\u00eda, lo doblaba con calma, abr\u00eda la cerradura con la llave que me hab\u00eda sido entregada previamente y alzaba el viol\u00edn. Una voz sonaba en el cuarto de al lado, yo sal\u00eda ceremoniosamente a la sala y la visita respond\u00eda sorprendida. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Un Stradivarius, un Stradivarius. <\/p>\n\n\n\n<p>Era como si ninguna otra cosa en el mundo importara aparte del maravilloso trozo de madera que sosten\u00edan mis manos. Luego se acercaban lentamente sin atreverse a tocarlo. A m\u00ed me bastaba con tocar dos o tres piezas y pronunciar luego algunas palabras. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Antonius Stradivarius naci\u00f3 en Cremona&#8230; <\/p>\n\n\n\n<p>Fue en un momento como ese, cinco a\u00f1os despu\u00e9s de la primera presentaci\u00f3n, cuando uno de los visitantes, casualmente ingeniero musical, se levant\u00f3 de su asiento y se atrevi\u00f3 a tocar con sus manos el viol\u00edn antes de pronunciar la terrible sentencia. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No es un Stradivarius. Es una imitaci\u00f3n. Todo antes de explicar que la madera de la tabla superior no era de haya ni de arce y otras cosas que he preferido olvidar, simplemente porque a partir de ese d\u00eda, aunque el viol\u00edn, su estuche y la fina llave de borde dorado me fueron entregados definitivamente, nunca volv\u00ed a ser llamado para tocarlo en la sala, en las horas de visita. <\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">D\u00edas de suerte <\/h3>\n\n\n\n<p>\u2014Ju\u00e9guese el cuatrocientos cuarenta y ocho \u2014dijo para mi sorpresa la cajera de la panader\u00eda cuando termin\u00f3 de darme el vuelto. <\/p>\n\n\n\n<p>Yo le hab\u00eda pagado con un billete de diez mil y ella no s\u00f3lo me daba dos o tres billetes y algunas monedas, sino que tambi\u00e9n un n\u00famero para jugar en la loter\u00eda, como si supiera que yo estaba a punto de presentar un libro con textos ludop\u00e1ticos. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Gracias \u2014fue lo \u00fanico que dije\u2014. Muchas gracias. Cuatrocientas cuarenta y ocho gracias. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No hay de qu\u00e9, mi amor. Pero que sea por la loter\u00eda de Caracas. En el sorteo de las once de la ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Okey \u2014le dije esta vez y camin\u00e9 torpemente hacia el carro: ten\u00eda que ir a lo del libro. <\/p>\n\n\n\n<p>Antes de entrar en la autopista, el anciano que pide dinero en el sem\u00e1foro me lo volvi\u00f3 a repetir. A cambio de las monedas que la cajera me hab\u00eda dado, claro. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El cuatro cuatro ocho. Loter\u00eda del T\u00e1chira. Sorteo de las siete. <\/p>\n\n\n\n<p>Eran las siete y cinco y el bautizo estaba pautado para las siete y media: ya lo de la loter\u00eda ser\u00eda para el d\u00eda siguiente. Era necesario llegar al museo. Que si patat\u00edn, que si patat\u00e1n. Los saludos de rigor, alg\u00fan discurso. Se trataba de una presentaci\u00f3n colectiva y el \u00fanico libro ludop\u00e1tico era el m\u00edo. <\/p>\n\n\n\n<p>Mientras presentaban la colecci\u00f3n, como hab\u00eda mucha gente y demasiado calor, me sent\u00e9 junto a las plantas, aproximadamente a diez metros de la tarima. Inmediatamente se acerc\u00f3 una morena, interesante aunque con el pelo te\u00f1ido de amarillo y un libro de Fern\u00e1ndez Retamar en la mano izquierda. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPuedo? \u2014apenas dijo en lo que yo entend\u00ed como una pregunta destinada a saber si pod\u00eda sentarse a mi lado. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Claro, \u00bfc\u00f3mo no? \u2014le dije apretando las piernas y haciendo desaparecer los codos. Ella se sent\u00f3 y comenz\u00f3 a abanicarse con el libro. Luego lo coloc\u00f3 sobre sus piernas, lo abri\u00f3 y se detuvo en una p\u00e1gina en blanco, donde estaba garabateada la dedicatoria. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEs del autor? \u2014le pregunt\u00e9. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No s\u00e9, el libro no es m\u00edo, es del amigo con que vine \u2014dijo mostr\u00e1ndome un cent\u00edmetro de papel donde dec\u00eda clarito: \u201cRetamar\u201d\u2014. \u00bfT\u00fa tambi\u00e9n lees? <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Un poco, s\u00ed. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY escribes? <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Un poquito menos. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY tienes suerte? <\/p>\n\n\n\n<p>Le iba a responder, pero en seguida me llamaron para que me tomara una foto con el libro en la mano, como si fuera un diploma. A los dos minutos regres\u00e9. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tengo suerte a veces, depende de la compa\u00f1\u00eda \u2014le dije pensando en un amigo que siempre ocasiona desgracias, verdaderas desgracias. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY llevas dinero contigo? <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es posible, creo que s\u00ed. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Entonces ll\u00e9vame a un bingo. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY tu amigo? <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No importa, yo le devuelvo el libro. <\/p>\n\n\n\n<p>Todav\u00eda no s\u00e9 muy bien por qu\u00e9, pero inmediatamente sal\u00ed del museo con la morena de pelo pintado. Retroceso, primera, segunda, en apenas cinco minutos llegamos al bingo y, en uno m\u00e1s, est\u00e1bamos junto a las maquinitas. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfT\u00fa sabes que en el libro casualmente se habla de estas m\u00e1quinas? <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ah, \u00bfs\u00ed? Yo me voy a meter en esta m\u00e1quina. La m\u00e1quina en cuesti\u00f3n estaba decorada con carritos y flores. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Si me tocan los tres carritos, me da quince jugadas gratis \u2014dijo mientras met\u00eda el segundo billete en la ranura tragabilletes. <\/p>\n\n\n\n<p>A mi lado, un desdichado peleaba con una m\u00e1quina llena de mu\u00f1equitos de Disney: <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Que me toquen tres Barneys, por favor. Que me salgan los tres Barneys. <\/p>\n\n\n\n<p>No pude evitar girarme completamente para ver su rostro. Lo que vi justificaba la visita al bingo. Era mi profesor de historia de la psiquiatr\u00eda, un m\u00e9dico de Maracay que se hab\u00eda educado vendiendo panelas de San Joaqu\u00edn. Fing\u00ed no reconocerlo y continu\u00e9 d\u00e1ndole dinero a la morena de pelo te\u00f1ido. Cuando el dinero estaba a punto de acabarse, apart\u00e9 un billete de veinte y lo introduje en uno de los bolsillos de la chaqueta. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 haces eso, papi? Mira que trae mala suerte. <\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No te preocupes, mi vida. Es para pagar el estacionamiento \u2014le dije pensando que antes de doce horas jugar\u00eda el vuelto al cuatrocientos cuarenta y ocho.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/slavko-zupcic\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a> <\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicado en: https:\/\/entreshandysybartlebys.blogspot.com. Imagen: https:\/\/unsplash.com-<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Unicornio perdido en enero a Ana Bella Guill\u00e9n Nunca pude observar c\u00f3mo llegaba su estuche envuelto en papel de regalo o en un pa\u00f1o de fina seda. Sencillamente siempre estuvo all\u00ed, su caja negra revestida internamente de raso rojo, junto a la biblioteca de la casa, en la mesa colocada all\u00ed s\u00f3lo para sostenerlo. 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