{"id":11161,"date":"2024-02-13T22:23:03","date_gmt":"2024-02-13T22:23:03","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11161"},"modified":"2024-02-14T18:05:26","modified_gmt":"2024-02-14T18:05:26","slug":"naturaleza-historia-y-neocolonialismo-en-cubagua","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/naturaleza-historia-y-neocolonialismo-en-cubagua\/","title":{"rendered":"Naturaleza, historia y neocolonialismo en \u00abCubagua\u00bb"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Alejandro Bruzual<\/h4>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p>Quisieron hacer una ciudad de piedra y apenas levantaron unas ruinas.<\/p>\n\n\n\n<p>Es la iniciaci\u00f3n de una lucha que no ha terminado a\u00fan, que no puede terminar.<\/p>\n<cite>Cubagua<\/cite><\/blockquote>\n\n\n\n<p>Si consideramos que <em>Cubagua<\/em> (1931), la tercera novela del escritor y periodista venezolano Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez (1895-1964), pueda ser entendida como la obra clave del vanguardismo en Venezuela, no deja de sorprender el que, hasta hoy, haya sido tan poco conocida y estudiada. Su \u201cprosa castigada\u201d \u2212como la calific\u00f3 Uslar Pietri (1948:147)\u2212, su hermetismo dif\u00edcilmente descifrable, la coexistencia del vanguardismo de su concepci\u00f3n formal con evidencias de marcas modernistas, escasamente explican su exclusi\u00f3n del canon literario continental. En realidad, es un texto que podr\u00eda inscribirse en los debates poscoloniales latinoamericanos, en cuanto trabaja las relaciones entre historia y Estado, ofreciendo una visi\u00f3n literaria peculiar de los or\u00edgenes de la hegemon\u00eda econ\u00f3mica y cultural continental. La trama se ubica en los primeros a\u00f1os de la Conquista, en la peque\u00f1a isla que le da t\u00edtulo a la novela, y en paralelo con la tercera d\u00e9cada del siglo XX, momento central para la dictadura (1908-1935) de Juan Vicente G\u00f3mez, cuando se verifica un fuerte viraje modernizador en la sociedad venezolana.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde una perspectiva historiogr\u00e1fica de la narrativa nacional, la publicaci\u00f3n de <em>Cubagua<\/em> a inicios de los treinta se ubica entre <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara <\/em>(1929), la obra emblem\u00e1tica de R\u00f3mulo Gallegos, y <em>Las lanzas coloradas<\/em> (1931) de Arturo Uslar Pietri. Si bien estos dos libros difieren notablemente en estilo y contenido, ofrecen propuestas que pueden leerse como anticipos de los proyectos posgomecistas que buscaban reordenar la naci\u00f3n, ya desde principios de los a\u00f1os treinta. Si bien \u2212como ha sido analizado entre otros por John Beverley (1987)\u2212, Do\u00f1a B\u00e1rbara anuncia una incipiente oposici\u00f3n civil, que delinea el proyecto populista que llevar\u00eda a la presidencia al mismo Gallegos en 1947, detr\u00e1s de la renovaci\u00f3n \u201cfuturista\u201d de <em>Las lanzas coloradas<\/em> se evidencia la posibilidad de un reacomodo reformista y democratizador de las mismas fuerzas del gomecismo, al cual Uslar Pietri estaba vinculado. Entre ambas, <em>Cubagua <\/em>aporta un extra\u00f1o or\u00e1culo literario y pol\u00edtico que, en muchos sentidos, negaba ambas propuestas.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Cubagua<\/em> no fue un tour de force en la obra de N\u00fa\u00f1ez, como han sugerido algunos de sus cr\u00edticos, ni una suerte de generaci\u00f3n espont\u00e1nea de la narrativa venezolana. Fue, m\u00e1s bien, el resultado de una reflexi\u00f3n cr\u00edtica sobre la historia del pa\u00eds, en su contexto internacional, que llev\u00f3 a N\u00fa\u00f1ez a asumir una evidente postura antimperialista. La breve novela se puede pensar como una fragua conceptual, que tiene antecedentes y consecuencias relevantes en el resto de su obra, junto a la cual constituye un proyecto literario al que se le suman algunos de sus ensayos, textos biogr\u00e1ficos y cr\u00f3nicas posteriores. En este trabajo vamos a analizar algunas ideas sobre tiempo y naci\u00f3n en <em>Cubagua<\/em>, desarrollando las conexiones que se dan en su entramado formal entre historia, Estado y producci\u00f3n, as\u00ed como aprovecharemos para hacer algunas reflexiones cruzadas con las otras novelas ya mencionadas, <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara y Las lanzas coloradas<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La trama de <em>Cubagua<\/em> puede resumirse en pocas palabras. A mediados de los a\u00f1os veinte, el ingeniero de minas Ram\u00f3n Leiziaga llega a Margarita (isla mayor de Venezuela), enviado por el gobierno central a supervisar los recursos minerales de la zona. Poco despu\u00e9s, al visitar las ruinas de la capital de la vecina isla de Cubagua, sin que se llegue a saber si se trata de ilusi\u00f3n, alucinaci\u00f3n o realidad, Leiziaga participa en un areito, un rito ind\u00edgena en el cual se conecta con la historia, con sus diversos momentos y personajes. Paralelamente al viaje del protagonista, son desarrollados breves pasajes que tratan la esclavitud de los ind\u00edgenas y la explotaci\u00f3n de los placeres de perlas. A continuaci\u00f3n, el ingeniero interfiere en una pesca ilegal de perlas, haciendo valer su condici\u00f3n de funcionario p\u00fablico. M\u00e1s all\u00e1 de una suerte de pulsi\u00f3n de vieja explotaci\u00f3n colonial y de moderna corrupci\u00f3n burocr\u00e1tica, el personaje se siente confundido por una suerte de identificaci\u00f3n simb\u00f3lica entre las perlas y Nila C\u00e1lice, la mujer de la cual se ha enamorado, y quiere hacer suya a trav\u00e9s de la posesi\u00f3n de las perlas. Como consecuencia, Leiziaga es hecho preso a su vuelta a Margarita. En uno de los dos finales que se conocen \u2212y que aceptamos al mismo tiempo, como posibilidades coherentes de la obra\u2212, el protagonista escapa de la c\u00e1rcel y se interna en el Orinoco, mientras que en la variante que pareciera ser la \u00faltima decisi\u00f3n del autor, Leiziaga retorna a Cubagua.<\/p>\n\n\n\n<p>La novela presenta personajes secundarios, agrupados en dos grandes grupos. El primero, los que pueden ser vistos como de una sola realidad, seres planos y de un solo rostro, pertenecientes a una decr\u00e9pita clase media. A trav\u00e9s de ellos, se tiene una idea de las condiciones de vida y las caracter\u00edsticas de la hegemon\u00eda social en la Venezuela de principios de siglo. Son los representantes de diversos espacios profesionales: el juez Leonidas Figueiras, el secretario de gobierno Benito Arias, el coronel Juan de la Cruz Rojas, el m\u00e9dico rural Gregorio Almozas, el propietario de la cantina Jes\u00fas Quijada, y a quienes se les suman los administradores norteamericanos Henry Stakelun y Joseph Jhonston (sic), gerentes de la explotaci\u00f3n mineral de la isla, y agentes de la expansi\u00f3n del capital extranjero en el pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>El segundo grupo es el que forman personajes con nombres que anuncian activas traslaciones temporales y biogr\u00e1ficas. El fraile franciscano espa\u00f1ol Dionisio de la Soledad representa la mediaci\u00f3n entre la sociedad ind\u00edgena y la occidental, planteadas en una equivalencia cultural y hasta con una perspectiva de coexistencia sin asimetr\u00edas. De all\u00ed que sea visto con sorpresa por Leiziaga: \u201c\u2013\u00a1Un religioso en pr\u00e1cticas de hechicer\u00eda! En Nueva C\u00e1diz la prisi\u00f3n perpetua, el in pace\u201d (43). Fray Dionisio es la figura del traductor de conocimientos bidireccionales, testigo que permanece, es el que ve y puede  narrar: \u201ccomenz\u00f3 a hablar confusamente del pasado, de las cosas exteriores y de sus relaciones con lo que ha sido y es hace trescientos, hace miles de a\u00f1os\u201d (23). Como la m\u00e1s compleja construcci\u00f3n literaria de la trama, es \u00e9l mismo y otro a la vez, con rasgos del Bartolom\u00e9 de las Casas (quien, sin embargo, era dominico) a la vez que de los viajeros coloniales Humboldt, Bonpland y Depons. Posee su propia cabeza momificada, y ha vivido ininterrumpidamente desde los comienzos de la Conquista. Es \u00e9l el catalizador de los diversos conceptos del tiempo representados. En cuanto al personaje femenino principal, Nila C\u00e1lice es descrita desde distintos puntos de vista ubicados en otros personajes de la novela, funcionando todos al mismo tiempo, que el lector se ve obligado a aceptar como coexistentes y yuxtapuestos. Puntos de vista que, inclusive, no siempre son coincidentes en una funci\u00f3n en muchos sentidos rashomoniana, aunque siempre como s\u00edmbolo de rebeld\u00eda. Puede ser una ind\u00edgena moderna transculturizada, que ha estudiado en Princeton, y a la vez, una arquera, hija del cacique tamanaco Rimarima, quien se rebela contra los conquistadores. Tambi\u00e9n puede ser ella hija de un comerciante leproso del siglo XX, Pedro C\u00e1lice, quien a su vez es tambi\u00e9n un traficante de esclavos del siglo XVI. El resto de los personajes tienen funciones menores en la trama, hombres de la zona que repiten los nombres de los conquistadores espa\u00f1oles: Antonio Cede\u00f1o, Miguel Ocampo y Te\u00f3filo Ortega. Ellos son el pueblo, una categor\u00eda cambiante en la obra, que no ofrece posibilidad de resoluci\u00f3n a la mezcla de sangre y que siempre esta en movimiento, que cobra unidad en su referencia a la tierra, al paisaje, a la naturaleza que los envuelve. En estos personajes priva m\u00e1s el rol que ocupan en un momento determinado, que las \u201crazas\u201d, pues en ellos habitan \u201calmas superpuestas, vigilantes para que ninguna cobre imperio sobre la otra\u201d (59).<\/p>\n\n\n\n<p>Un par de cap\u00edtulos son dedicados a la vida cotidiana de la Cubagua-isla, durante los primeros d\u00edas de la Colonia, poco antes de la invasi\u00f3n de la isla por ind\u00edgenas de tierra firme, hecho que provoca una violenta venganza de los colonos espa\u00f1oles. Aqu\u00ed se presentan los dos personajes ind\u00edgenas m\u00e1s relevantes del relato, el h\u00e9roe Arimuy, hijo del cacique Toronaima, que se sumar\u00e1 luego a piratas franceses para seguir luchando contra los espa\u00f1oles, y Cuci\u00fa, una india prostituida por los espa\u00f1oles que, cuando va a ser asesinada en la hoguera, un adivino de su tribu la convierte en garza roja. Aqu\u00ed se describe tambi\u00e9n las acciones del conde milan\u00e9s Luis de Lampugnano, un personaje construido en espejo del protagonista Leiziaga, por medio de la superposici\u00f3n de  caracter\u00edsticas y acciones equivalentes. Ambos buscan infructuosamente enriquecerse en Cubagua. Lampugnano es un aventurero italiano, cuya existencia y presencia en la isla est\u00e1 plenamente documentada por cronistas de la \u00e9poca, a principios del siglo XVI. Finalmente, en cap\u00edtulo aparte, la novela tambi\u00e9n incluye al dios Vocchi, hermano de la deidad caribe Amalivaca. En Vocchi el autor cruza la cultura del Orinoco con la de las antiguas culturas de la India y Mesopotamia, emparentando el momento inmemorial del diluvio universal con el de los primeros d\u00edas de la conquista americana.<\/p>\n\n\n\n<p>Como a primera vista puede intuirse por la constituci\u00f3n de sus personajes, esta breve y fragmentaria novela pone en funcionamiento un complejo mecanismo temporal que indaga en las relaciones entre historia y naci\u00f3n. De la sencillez del mismo t\u00edtulo se desprenden los elementos principales del juego narrativo. Primero, la isla caribe\u00f1a como espacio geogr\u00e1fico que, en efecto, proyecta la realidad integral del continente todo (Miliani xliii). Segundo, el v\u00ednculo temporal que en su t\u00edtulo subyace hace referencia a relaciones entre el per\u00edodo inicial de la conquista, en su estadio insular, y el momento mismo de la escritura de la novela, a finales de los a\u00f1os veinte. Y, por \u00faltimo, en su referencia hist\u00f3rica, <em>Cubagua <\/em>asocia la violenta expoliaci\u00f3n conquistadora de los recursos perl\u00edferos \u2013din\u00e1mica que condujo a su excesivamente r\u00e1pido agotamiento a la par que al exterminio de los nativos esclavizados\u2013, con el comienzo de la explotaci\u00f3n petrolera a gran escala durante la dictadura de G\u00f3mez, bajo las condiciones impuestas por las empresas internacionales, particularmente las norteamericanas. Estos tres elementos cifrados en su t\u00edtulo \u2013lugar, tiempo y explotaci\u00f3n\u2013 conforman una alegor\u00eda sobre la persistencia colonizadora, basada en la reactuaci\u00f3n de su propio fracaso como proyecto no sustentable.<\/p>\n\n\n\n<p>Hay que hacer \u00e9nfasis aqu\u00ed en su peculiar constituci\u00f3n como novela hist\u00f3rica, lo que ha sido visto como un esfuerzo distinto a las obras precedentes, al menos en Venezuela, en cuanto cumple \u201cuna funci\u00f3n cr\u00edtica, revulsiva, cuestionadora, reconstructiva [\u2026] la productividad de la ficci\u00f3n como alternativa v\u00e1lida de acercamiento a la comprensi\u00f3n cr\u00edtica del pasado hist\u00f3rico\u201d (Pacheco 42). Sin embargo, no vemos el texto como una mera reconstrucci\u00f3n del pasado, sino m\u00e1s bien como una tensa radicalizaci\u00f3n de las relaciones entre pasado y presente. Cubagua se vale del mito y de la cr\u00f3nica hist\u00f3rica para su construcci\u00f3n est\u00e9tica, as\u00ed como para su cr\u00edtica de la historia. En todo caso, como afirma Miliani: \u201cNo es distorsi\u00f3n de la historia con sentido clasista dominante, sino intrahistoria, revelaci\u00f3n po\u00e9tica de las verdades escamoteadas por la historia grande, verdad subyacente, convertida: vertida con arte\u201d (xxv-xxvi).<\/p>\n\n\n\n<p>Se podr\u00eda pensar, incluso, que lo que hace N\u00fa\u00f1ez es invertir el acercamiento esperado entre fi cci\u00f3n y realidad, en referencia a c\u00f3mo se relaciona al pasado y al presente. En efecto, la referencia a la Venezuela gomecista queda textualizada como el hecho novelesco, ficci\u00f3n propiamente dicha, mientras que el autor da muestras de una enf\u00e1tica voluntad de serle fiel al relato hist\u00f3rico. En este sentido puede ser visto como una evasi\u00f3n doble. Por un lado, hablando de \u201clo que fue\u201d, evitaba la confrontaci\u00f3n con el orden vigilado de la dictadura. Por otro, ateni\u00e9ndose en lo posible a un archivo amplio (que suma a la \u201chistoria\u201d otros m\u00faltiples fragmentos textuales) se aparta de tentaciones reaccionarias a monumentalizar ese mismo pasado a trav\u00e9s del recurso est\u00e9tico, ese pasado \u201cdefinitivamente muerto\u201d, como dir\u00e1 con posterioridad el mismo autor.<\/p>\n\n\n\n<p>A diferencia de <em>Las lanzas coloradas<\/em> o de su propia <em>Despu\u00e9s de Ayacucho<\/em> (1920), que ficcionalizan sus historias referenciales \u2212bandos en guerra y clases sociales enfrentadas\u2212 en una discusi\u00f3n ideol\u00f3gica de tono metaf\u00f3rico dirigido a la comprensi\u00f3n del presente, cuando N\u00fa\u00f1ez se refiere a los tiempos de Cubagua hace \u00e9nfasis en la permanencia destructora. Esa que hab\u00eda sido ratificada en tres niveles paralelos ya en sus  propios or\u00edgenes: el econ\u00f3mico en el agotamiento de los placeres de perlas; el humano en la masacre de los ind\u00edgenas; y el natural en el hundimiento de la Nueva C\u00e1diz de Cubagua debido al maremoto de 1541. As\u00ed, al vincular los extremos cronol\u00f3gicos de la novela \u2013actualidad ficcionalizada con historia documentada\u2013, N\u00fanez explicitaba el fracaso del proyecto colonial y neocolonial en la constate de una naci\u00f3n que no puede buscar su fundamento en sus or\u00edgenes. Igualar los dos extremos cronol\u00f3gicos no significaba entonces ensalzar la historia, sino hacerla patente como frustraci\u00f3n. <em>Cubagua<\/em> no da sentido est\u00e9tico a una propuesta de proyecto nacional (como s\u00ed lo hace <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/em>), sino que ofrece un diagn\u00f3stico tr\u00e1gico del destino de Venezuela, bajo las condiciones impuestas por la explotaci\u00f3n neocolonial.<\/p>\n\n\n\n<p>Otro aspecto peculiar de esta novela es el contraste entre una macro historia \u2212que incluye la historia ind\u00edgena, aunque no escrita\u2212, con una suerte de historia natural, definida como hecho anterior. La naturaleza no es vista como opuesta a una cultura o civilizaci\u00f3n referencial (Gallegos como consecuencia \u00faltima en Venezuela), sino como posibilidad de una historia otra, arm\u00f3nica, posible, intuible aunque no f\u00e1cilmente descifrable. Las dos ciudades (la Nueva C\u00e1diz de Cubagua y La Asunci\u00f3n, en Margarita), as\u00ed como los dos momentos hist\u00f3ricos (siglo XVI y XX), se emplazan en una naturaleza que, de alguna manera los destruye. La naturaleza, que est\u00e1 vinculada a la idea del tiempo m\u00edtico, no necesaria tiene aqu\u00ed un sentido exclusivamente circular, en cuanto a que en ella se inscribe una historia de apariencia lineal. N\u00fa\u00f1ez aprovecha, as\u00ed, este contraste y coexistencia de recurrencia y telos, como se vio en la constituci\u00f3n de los personajes. Desde este punto de vista, Cubagua es novela m\u00edtica s\u00f3lo en cuanto \u201ces historia descronologizada \u2013como afirma Miliani\u2013 para imprimir permanencia a los hechos m\u00e1s all\u00e1 del tiempo en que se produjeron. Historia y novela son dos versiones distintas de una misma realidad\u201d (xxvi).<\/p>\n\n\n\n<p>Podr\u00edamos decir, entonces, que N\u00fa\u00f1ez tiene un acercamiento casi animista, que cruza la ruina cultural \u2212la ciudad presente y todo el pasado vistos como escombros\u2212 con otra historia inscrita en las costas y los paisajes, en los \u00e1rboles, en las nubes, en las codiciadas perlas. Es la interrogaci\u00f3n a los sonidos de la soledad que la destrucci\u00f3n ha dejado tras ella. Para entender esto, se puede comparar <em>Cubagua<\/em> con la naturaleza en <em>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/em>, donde a trav\u00e9s de un protagonismo arquet\u00edpico \u2212aleg\u00f3rico de la naci\u00f3n violada que responde con violaci\u00f3n, como plantea Liscano (xxiii)\u2013, \u00e9sta puede ser domada y dominada mediante conocimiento, fuerza, ley y orden, super\u00e1ndose los conflictos de poder, para producir la met\u00e1fora fuerte de la unidad final (la de las tierras en conflicto) que son el espacio mismo de la naci\u00f3n. De all\u00ed, la posibilidad de mediaci\u00f3n de Santos Luzardo, que es lo cultural-urbano-modernizador, con una Marisela transformada y una Do\u00f1a B\u00e1rbara derrotada, o quiz\u00e1s postergada en una posibilidad resurgente (la de la barbarie dictatorial). Mientras que Do\u00f1a B\u00e1rbara es magia, seducci\u00f3n, derecho anterior al derecho impuesto, por su sangre de ind\u00edgena violada, Santos Luzardo es expresi\u00f3n de otro tipo de violencia, la violencia civilizatoria que se ejerce sobre el saber regional, tradicional, y que al mismo tiempo sirve como fuerza ante el poder extranjero, visto tambi\u00e9n como enemigo.<\/p>\n\n\n\n<p>En cambio, en <em>Cubagua<\/em>, la naturaleza no es negociaci\u00f3n, sino armon\u00eda. No encarna personajes, pero est\u00e1 constantemente cruz\u00e1ndolos, son ellos los que subjetivan el paisaje, naturalizan lo cultural. En efecto, para N\u00fa\u00f1ez, la naturaleza es una suerte de historia, que forma una simbiosis con sus habitantes sucesivos. Lejos de cierta racionalidad positivista que busca imponerse en Gallegos, con las ideas de modernizaci\u00f3n, desarrollo y tecnolog\u00eda, en N\u00fa\u00f1ez el pensamiento central es de posibilidad, potencialidad que se define en una relaci\u00f3n mutua con la naturaleza. En este sentido, <em>Cubagua <\/em>est\u00e1 llena de im\u00e1genes de significado plural, a veces inestables. Los cardones son tambi\u00e9n ind\u00edgenas que esperan y observan, aunque antes sus espinas hab\u00edan impedido que los mismos ind\u00edgenas huyeran de los espa\u00f1oles conquistadores y asesinos. De all\u00ed, la narraci\u00f3n va hacia una imagen de s\u00edntesis en un supuesto presente: \u201c(c)aminan los hombres descalzos, impasibles, taciturnos. Son hombres cardones\u201d (56). No contento con esto, los cardones son a la vez marcas de modernidad, aparatos: \u201cY en realidad esas antenas podr\u00edan entregarnos el secreto de alguna teogon\u00eda in\u00e9dita\u201d (39). En el caso de Nila, ella simboliza la riqueza de la isla, es n\u00e1car, perla, pero al mismo tiempo es la selva amaz\u00f3nica y es referencia al barco La tirana, nombre que a su vez hace relaci\u00f3n con el pasaje del conquistador rebelde \u201cEl tirano\u201d Lope Aguirre, cuyos hechos son contados en la novela como si fuera una cr\u00f3nica period\u00edstica. Por su parte, las ruinas de la Nueva C\u00e1diz de Cubagua, al mismo tiempo, son como y son la piel de Pedro C\u00e1lice, quien muere lentamente de lepra: \u201cLa espesa cabellera le sepultaba en su negrura. Toda la fisonom\u00eda de la isla estaba en aquel rostro\u201d (22).<\/p>\n\n\n\n<p>Es decir, en el simbolismo entreverado de las im\u00e1genes de la novela y en la construcci\u00f3n temporal de sus personajes, N\u00fa\u00f1ez teje naturaleza y cultura en una tensi\u00f3n y una espera que no tienen nada de propuesta pacificadora. Si el llano gallegueano es una met\u00e1fora, Cubagua-isla es una metonimia, su historia es la historia de la naci\u00f3n. Si en <em>Do\u00f1a Barbara<\/em> se exige la reforma domesticadora de la naturaleza b\u00e1rbara, en <em>Cubagua<\/em> se propone como rebeli\u00f3n. Su denuncia es la manera como se relaciona pensamiento \u2212\u00bfproyecto nacional?\u2212 con geograf\u00eda, expresada en una riqueza \u2212petr\u00f3leo en este caso\u2212 que, as\u00ed y una vez m\u00e1s, se voltea en contra de sus pobladores, por la presencia de la explotaci\u00f3n (neo)colonial. As\u00ed, el nacionalismo de N\u00fa\u00f1ez se define frente a los mecanismos ideol\u00f3gicos de la econom\u00eda internacional, representada por las empresas petroleras. Su nacionalismo es, tambi\u00e9n entonces, la propuesta de control de las riquezas, del espacio-naturaleza por sus habitantes, en la asunci\u00f3n imperativa de alcanzar un tiempo poscolonial, romper la fuerza de la permanencia: \u201cYa no son voces que se alzan del mar: murmullos, clamores vagos, estremecedores, palpitantes, infinitos. Todo estaba como hace cuatrocientos a\u00f1os\u201d (66).<\/p>\n\n\n\n<p>Para entender la visi\u00f3n tel\u00farica que manejaba N\u00fa\u00f1ez en los d\u00edas de la novela, puede analizarse un curioso texto entre metaf\u00edsico e hist\u00f3rico, \u201cUna ojeada al mapa de Venezuela\u201d, escrito entre 1933 y 1934, es decir, poco despu\u00e9s de publicada <em>Cubagua<\/em>. Partiendo de la premisa de una unidad espiritual primigenia de todos los pueblos, como disposici\u00f3n natural a interpretar y darle sentido a su entorno, el autor postula all\u00ed una fuerza rec\u00edproca entre pensamiento y naturaleza: \u201cPorque el hombre trat\u00f3 siempre de reflejar la imagen del universo conforme al paisaje que le rodea, y en este caso, las ignotas llanuras y el rumor de las constelaciones en el silencio desconocido, hubieran ejercido su influencia en esa interrogaci\u00f3n [\u2026]\u201d (5).<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, al igual que el \u201csecreto de la tierra\u201d que es nombrado en la novela sin mayor explicaci\u00f3n, este pensamiento es s\u00f3lo comprensible en cuanto relaci\u00f3n arm\u00f3nica con la naturaleza. La explotaci\u00f3n \u2212tanto colonial como neocolonial\u2212 entraba en contradicci\u00f3n con ella y con sus habitantes, generando desamparo en los conquistadores (como el de Leiziaga), que estaban imposibilitados de interpretarla. Con palabras, que son casi ecos de <em>Cubagua<\/em>, N\u00fa\u00f1ez explica:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero hay el silencio y la soledad. Existen las serran\u00edas sobrepas\u00e1ndose siempre, y los horizontes. En todo esto hay im\u00e1genes. Se cree percibir cosas que existen o han existido. Algo que escapa a nuestros sentidos. En fin, eso que los conquistadores, cuando sent\u00edan turbada su alma en medio de las soledades, llamaban el secreto de la tierra. [\u2026] As\u00ed, ese contorno que contemplamos nos ofrece algo m\u00e1s que los simples relieves de su aspecto f\u00edsico y nos encontramos frente a una inteligencia; un pensamiento abandonado a la tierra.<\/em> (4-5)<\/p>\n\n\n\n<p>Esta interrogaci\u00f3n a lo inanimado estaba sostenida sobre una elaboraci\u00f3n pitag\u00f3rica del mundo como orden (a trav\u00e9s del <em>Timeo<\/em> de Plat\u00f3n), que establece relaciones entre esp\u00edritu, cuerpo y cosmos, armon\u00eda universal inteligible s\u00f3lo a trav\u00e9s del n\u00famero. El paisaje se torna identidad que va m\u00e1s all\u00e1 de lo hist\u00f3rico y lo historiado (oral o escrito), pero cuyo sentido se forma a lo largo de las sucesivas sociedades que la habitan e interpelan, en este caso, comenzando por la de los ind\u00edgenas, entendidos como habitantes primigenios que no pudieron alcanzar su plenitud creativa debido a la irrupci\u00f3n violenta conquistadora. La escasez de documentos, apenas restos arqueol\u00f3gicos, dice N\u00fa\u00f1ez, una se\u00f1al escrita en piedra, una melod\u00eda, una leyenda \u2212es decir, un archivo como el empleado en la escritura de Cubagua\u2212, no es \u00f3bice para intuir la potencialidad que se cifra en el entorno, y representar desde all\u00ed el universo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, lo ind\u00edgena en Cubagua, m\u00e1s que una referencia espec\u00edfica a las escasas etnias sobrevivientes en Venezuela, era la fuerza que surge de una deuda pendiente, preguntas que quedan como silencios llenos de significados. En su siguiente novela, La galera de Tiberio (escrita entre 1931 y 1932), que de manera directa da continuidad a preocupaciones equivalentes, el narrador dice: \u201cEl silencio del indio era un estado de alma. Un estado de alma que duraba siglos\u201d (54). As\u00ed, no hay un uso indigenista ni una mera evocaci\u00f3n ret\u00f3rica, como tampoco una vuelta id\u00edlica al pasado, sino que se presenta lo ind\u00edgena como conciencia pendiente de una civilizaci\u00f3n que qued\u00f3 incompleta. Tampoco es, entonces como ya vimos, una mera indagaci\u00f3n hist\u00f3rica, sino en todo caso, una cr\u00edtica de \u00e9sta como parte de la ideolog\u00eda imperante que obliga a su aceptaci\u00f3n como factum, como condicionante inapelable. En efecto, el \u00e9nfasis de la ficci\u00f3n novelesca de <em>Cubagua<\/em> busca demostrar el presente de las fuerzas conservadoras de la permanencia, por cierto, hecho que lo acerca a su coet\u00e1neo Mari\u00e1tegui. N\u00fa\u00f1ez afirma en <em>Una ojeada<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La tierra y el tiempo. Porque no es en un pasado definitivamente muerto donde ser\u00e1 posible encontrar el ritmo acelerado de esa actividad creadora. [\u2026] La cultura en todo caso, no es inercia o inmovilidad de esp\u00edritu. No es una expresi\u00f3n arcaica. Es, ante todo, comprensi\u00f3n y facultad de proseguir la historia. Y no es que se quiera hacer profesi\u00f3n de fe contra el pasado. Aqu\u00ed mismo hemos visto c\u00f3mo en sus entra\u00f1as pueden hallarse los augurios del presente y del futuro. Hay fuentes recientes ya exhaustas y en cambio otras de origen remoto que fluyen siempre j\u00f3venes. Sin duda el pasado puede ofrecernos un refugio donde palpar el color ideal y fastuoso de las cosas antiguas. Pero un culto exclusivo del pasado supone no ya un retorno est\u00e9ril sino una supercher\u00eda \u2013y todav\u00eda m\u00e1s\u2013 la atrofia del cuerpo y del esp\u00edritu.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p>Lo ind\u00edgena aqu\u00ed tambi\u00e9n ronda una referencialidad antiimperialista continental, funcionando, una vez m\u00e1s en nuestra historia cultural, como apelativo a un todo originario, m\u00e1s que propiamente \u00e9tnico o cultural (aunque sin negarlo). En el personaje de Nila C\u00e1lice, que expresa las m\u00faltiples versiones de la posibilidad ind\u00edgena, se personifica la idea de la resistencia y la rebeld\u00eda ante la presi\u00f3n de la modernidad internacionalizada, travestida en nuevas prebendas econ\u00f3micas y sociales para las clases hegem\u00f3nicas y para los pa\u00edses centrales, y en nuevas formas de sometimiento. Lo ind\u00edgena representa, entonces, la fuerza de lo propio, de lo aut\u00e9ntico, es la potencialidad de la narraci\u00f3n y de la naci\u00f3n, a la que hay que apelar y comprender con sentido descolonizador.<\/p>\n\n\n\n<p>Concluyendo, Cubagua expresa una tensi\u00f3n entre una peculiar visi\u00f3n metaf\u00edsica y novelesca, que utiliza un amplio archivo con sentido contrahegem\u00f3nico, en direcci\u00f3n a un cuestionamiento del proyecto nacional (reformista o populista) que se propon\u00eda en el nuevo estampado de las relaciones internacionales de finales de los a\u00f1os veinte, nuevo orden en el que Venezuela, de manera tan medular, se inscrib\u00eda como uno de los principales productores de energ\u00eda en el mundo. S\u00f3lo desde ah\u00ed se entiende que N\u00fa\u00f1ez postule la naturaleza como recurso efectivo para criticar las continuidades entre pasado y presente, continuidad de las clases ense\u00f1oreadas de la historia y de su fracaso. La colonia implanta una econom\u00eda ineficiente basada en la destrucci\u00f3n y en la separaci\u00f3n de la naturaleza, que a\u00fan permanec\u00eda durante el per\u00edodo central del gomecismo, como econom\u00eda neocolonial, para miseria de los pueblos que a\u00fan la sufr\u00edan. Interrogaci\u00f3n cuestionadora y cr\u00edtica desde sus bases hist\u00f3ricas, pero tambi\u00e9n desde las alternativas ideol\u00f3gicas y econ\u00f3micas que entonces se planteaban. \u201cEl mar es comunista\u201d (54), dice en alg\u00fan momento el narrador, m\u00e1s como constataci\u00f3n que como propuesta. As\u00ed, <em>Cubagua<\/em> es una mirada no nost\u00e1lgica sino cuestionadora a ese pasado, para apoyarse en la potencialidad territorial y social de Venezuela (o de Latinoam\u00e9rica, como quiere  Miliani), la de sus recursos econ\u00f3micos naturales, y las de las fuerzas populares reformuladas en su relaci\u00f3n con la historia, con lo que la novela cobra un fundamento pol\u00edtico-literario, no s\u00f3lo novedoso, sino todav\u00eda inquietante y actual.<\/p>\n\n\n\n<p>BIBLIOGRAFA<\/p>\n\n\n\n<p>Araujo, Orlando. \u201cEnsayo sobre la obra literaria de Enrique Bernardo N\u00fa\u00f1ez\u201d. E. B. N\u00fa\u00f1ez. <em>Cacao<\/em>. Caracas: Banco Central de Venezuela, 1972. 21-103.<\/p>\n\n\n\n<p>Benzoni, Girolamo. <em>Historia del Nuevo Mundo<\/em>. M. Carrera D\u00edaz, trad. 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Caracas: \u00c1vila gr\u00e1fica, 1949.<\/p>\n\n\n\n<p>Pacheco, Carlos. \u201c<em>Cubagua<\/em>: El ojo de la ficci\u00f3n penetra la historia\u201d. <em>Folios <\/em>(octubre 1999): 35-6.<\/p>\n\n\n\n<p>Uslar Pietri, Arturo. <em>Letras y hombres de Venezuela<\/em>. M\u00e9xico: FCE, 1948.<\/p>\n\n\n\n<p>Vilanova, \u00c1ngel. \u201cPara una lectura cr\u00edtica de <em>Cubagua<\/em>\u201d. <em>Escritura <\/em>XVIII, 16 (julio-diciembre, 1983): 233-250. <\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Ilustraci\u00f3n de Theodoro de Bry, 1594, en Girolamo Benzoni, Isla de las perlas (Cubagua), Americae Pars Quarta.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alejandro Bruzual Quisieron hacer una ciudad de piedra y apenas levantaron unas ruinas. Es la iniciaci\u00f3n de una lucha que no ha terminado a\u00fan, que no puede terminar. 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