{"id":11141,"date":"2024-02-11T23:54:22","date_gmt":"2024-02-11T23:54:22","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11141"},"modified":"2024-02-11T23:54:58","modified_gmt":"2024-02-11T23:54:58","slug":"contracuerpo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/contracuerpo\/","title":{"rendered":"Contracuerpo"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Wilfredo Machado<\/h4>\n\n\n\n<blockquote class=\"wp-block-quote\">\n<p><em>Toda la eternidad no es m\u00e1s que una sola noche<\/em>. Plat\u00f3n, <em>Apolog\u00eda de S\u00f3crates<\/em><\/p>\n<\/blockquote>\n\n\n\n<p>Toda la noche en la vigilia, la mujer estuvo escuchando el ruido pausado y mon\u00f3tono de una gotera cayendo desde un aguamanil desfondado en alg\u00fan lugar del patio bajo las estrellas. Entreabri\u00f3 los p\u00e1rpados y sinti\u00f3 un vaci\u00f3 indefinido en la escolladura de los huesos, como caer en un agujero sin fondo. La sensaci\u00f3n dur\u00f3 s\u00f3lo un segundo. A un lado, en silencio, el gato orinaba sobre la cama, ronroneaba y se escabull\u00eda entre los pies de la mujer que desaparec\u00edan en la oscuridad: s\u00f3lo los ojos verdes por un momento quedaron retratados en la sombra, mientras la humedad penetraba las s\u00e1banas y se hac\u00eda desagradable, casi fr\u00eda. La mujer respir\u00f3 profundamente y lo maldijo en silencio, luego restreg\u00f3 sus manos contra las manchas rosadas de la piel y un vago olor a flores muertas flot\u00f3 en el aire tibio de la habitaci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Bajo el filo de luz vio el perfil triste dibujado a medias sobre el hueco de la almohada, el tiesto de flores deshoj\u00e1ndose en un polvo blanquecino sobre el lin\u00f3leo, la lluvia afuera resbalando por la calle como un pelele de feria, tal vez la muerte presentida de ese mundo, de esa burbuja fofa que reventaba all\u00e1 afuera, tan lejos de la habitaci\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>Ahora lo ve\u00eda mejor: era un hombre y no un gato el que estaba tirado sobre la cama, entre las s\u00e1banas sucias, con la boca abierta y los dientes un tanto separados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tiene manos de mujer \u2014pens\u00f3, al sentir el contacto de los dedos largos y fr\u00edos entre sus piernas, como si una ara\u00f1a se hubiera puesto a caminar sobre su cuerpo; pero el hombre segu\u00eda dormido hablando entre sue\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>El gato arque\u00f3 el lomo frente al espejo y en la oscuridad desped\u00eda chispas azules. Hab\u00eda que adivinar su salto entre los muebles, la ca\u00edda de un florero o un candelabro arrastrados a su paso, el ronroneo detr\u00e1s de los biombos japoneses pintados con escenas de dragones y juncos, la cola como una serpiente de felpa, rozando la piel, el salto a la ventana para luego perderse bajo las luces de ne\u00f3n de los avisos luminosos en las azoteas.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es martes\u2014 dijo el hombre abriendo los ojos, y fue como una premonici\u00f3n. Trat\u00f3 en vano de recordar en d\u00f3nde estaba&#8230; Desliz\u00f3 sus manos sobre el cuerpo desnudo y sinti\u00f3 fr\u00edo. En octubre la temperatura desciende m\u00e1s que en ning\u00fan otro mes del a\u00f1o. El viento se met\u00eda por una ventana abierta moviendo los materos del balc\u00f3n; todo permanec\u00eda en silencio; s\u00f3lo escuchaba el ruido de la sangre desliz\u00e1ndose suavemente por las venas como un r\u00edo subterr\u00e1neo. Recorri\u00f3 de una mirada la habitaci\u00f3n\u2014 el quiebre de luz sobre el costado de una pared llena de alacranes\u2014 y sinti\u00f3 que algo se hab\u00eda roto esa noche mientras dorm\u00eda. Era la sensaci\u00f3n de regresar de un largo viaje a trav\u00e9s de ciudades que se perd\u00edan en la bruma, con lagos helados donde los ancianos patinaban y flores disecadas que colgaban de la percha junto a los guardapolvos, para luego sentir una forma indefinida de tristeza (\u00bfacaso la tristeza tiene forma definida?) en el grifo goteando sobre el lavamanos, vertical, fr\u00edo. Sinti\u00f3 que el cuerpo de la mujer se expand\u00eda en delgadas capas de calor. Intent\u00f3 en vano reconstruir su rostro, pero no lograba sacarla de la oscuridad. era como si el tiempo se hubiera encargado de borrar sus rasgos, de regresarla a un estado de desecho: huesos, jirones de la piel, v\u00edsceras donde leer el futuro, \u00f3rganos amontonados en cavas fr\u00edas, lunas c\u00f3rneas arrancadas de los dedos, como en un antiguo rito; pero, \u00bfqui\u00e9n borraba a qui\u00e9n? Record\u00f3 como en un sue\u00f1o a otras mujeres desgre\u00f1adas bajando por una escalera polvorienta. \u00bfSo\u00f1aba ahora? Hab\u00eda un bombillo rojizo flotando en el centro de un gran sal\u00f3n y unas mesas grises, despatarradas, llenas de sobras de comida. Las flores se ahogaban en el humo de los cigarrillos. Una pareja pas\u00f3 acarici\u00e1ndose rumbo a las habitaciones superiores riendo a carcajadas. A veces alguien sacaba una pistola y apuntaba a las mujeres que se re\u00edan en la borrachera, ense\u00f1ando unos senos rosados bajo la luz tenue y el humo, pero nunca pasaba de all\u00ed; s\u00f3lo una vez: Ofelia se hab\u00eda desembarazado de un cliente pasado de tragos y vino a sentarse a nuestra mesa donde celebr\u00e1bamos el natalicio del pecado original. El viejo la sigui\u00f3 a trav\u00e9s de las mesas y se acomod\u00f3 a su espalda. Hab\u00eda comenzado a sonar un bolero de Santos y las parejas se apretaban en los rincones siguiendo el comp\u00e1s de la m\u00fasica. No hubo tiempo de nada. El estampido del disparo nos dej\u00f3 sordos por un segundo. Ofelia segu\u00eda ri\u00e9ndose; intent\u00f3 levantarse y se derrumb\u00f3 sobre la mesa arrastrando los vasos hasta el piso, donde qued\u00f3 una mancha oscura de sangre; luego vinieron las declaraciones en la polic\u00eda, la notificaci\u00f3n a una t\u00eda lejana (tan lejana que nunca lleg\u00f3). Las dem\u00e1s muchachas decidieron vestirla de novia para su entierro. Ese d\u00eda me  puse un traje de mi padre y camin\u00e9 bajo un sol abrasador hasta el cementerio. Pensaba que la muerte era una estupidez que nos inmovilizaba para siempre, que cada gesto, cada sonrisa tarde o temprano se borrar\u00edan para dar paso a otros recuerdos que tambi\u00e9n sucumbir\u00edan al paso del tiempo. Deposit\u00e9 un ramo de flores que se hab\u00edan marchitado durante el camino. All\u00ed estaban todos con los rostros sudados y olorosos a jean marie farina. El viento levantaba un polvo reseco que nos aguaba los ojos. Alguien comenz\u00f3 a recitar entre labios una ant\u00edfona; una mujer se desmay\u00f3 y hubo que llevarla a la sombra de un \u00e1rbol. En el cielo no hab\u00eda una nube y el sol ca\u00eda agrietando las tumbas que yac\u00edan rotas semienterradas en la arena:<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">AQU\u00cd YACE OFELIA DIETRICH<br>MUERTA EN LA PAZ DEL SE\u00d1OR<br>RECUERDO DE SUS PADRES Y AMIGOS<br>29-10-56   24-06-84<\/p>\n\n\n\n<p>Cerr\u00e9 los ojos. Ahora pod\u00eda escuchar el ruido de las palas arrojando la tierra sobre las placas de cemento, el zumbido de una colmena sobre la maleza a pocos metros de distancia, una lave de agua abierta en alg\u00fan lugar junto al quejido de un ni\u00f1o, lento paso del tiempo sobre los \u00e1ngeles de yeso enceguecidos en la luz del mediod\u00eda, el sudor pegajoso de las manos metidas en los bolsillos del traje demasiado grande. Por un momento qued\u00e9 suspendido en el sue\u00f1o: Ofelia recog\u00eda flores en las cercan\u00edas de un r\u00edo, luego su cuerpo flotaba en la corriente encerrado en una burbuja y se alejaba rompi\u00e9ndose entre las piedras. Cuando abr\u00ed los ojos estaba solo. Todos se hab\u00edan marchado; la mujer bajo el \u00e1rbol tambi\u00e9n hab\u00eda desaparecido y en su lugar una columna de hormigas arrastraban a un escarabajo sobre la hierba. Desde un muro amarillo se proyectaba una sombra que oscurec\u00eda la maleza. Camin\u00e9 durante un largo tiempo perdido entre las tumbas, sin objeto, mirando sin inter\u00e9s las inscripciones, los n\u00fameros, algunas veces un nombre despertaba recuerdos, pero todo era tan confuso. Pens\u00e9 que la muerte era eso: una confusi\u00f3n, un estado de \u00e1nimo parecido a la tristeza, aunque las personas tristes siempre me parecieron m\u00e1s vivas, como si el dolor o la conciencia resaltaran lo humano, la soledad, la respuesta que nunca supe darme a m\u00ed mismo. Antes de salir vi al gato caminando entre las tumbas hasta que cerraron el port\u00f3n. Dentro de poco ser\u00eda de noche y todo estar\u00eda olvidado. Algunas estrellas comenzaban a brillar en el cielo, Aun lado un viejo dorm\u00eda sentado en una acera bajo una nube de moscas; ya en la calle alguien me toc\u00f3 el hombro y me invit\u00f3 a celebrar. \u2014Vamos \u2014dijo\u2014 los vivos nos esperan, pero ahora ni siquiera pod\u00eda estar seguro. (pero era s\u00f3lo eso: un juego absurdo que siempre terminaba con un disparo al aire, o la imagen del hombre en el espejo como una farsa de suicidio).<\/p>\n\n\n\n<p>EL GATO ROD\u00d3 por la cornisa con un murci\u00e9lago en la boca. A ratos lo soltaba para atraparlo nuevamente d\u00e1ndole t\u00edmidos zarpazos. Olisqueaba entre sus alas; saltaba a un lado de la noche y lo golpeaba cuando \u00e9ste comenzaba a levantar el vuelo. Se estiraba como un resorte, flotaba y adivinaba los movimientos en la oscuridad con antelaci\u00f3n. Estaba en todas partes y en ninguna. Desaparec\u00eda con el arco de la luna en la curva de la espalda. Describ\u00eda un c\u00edrculo evitando los obst\u00e1culos y ya estaban aqu\u00ed los ojos verdes, la piel lisa de nutria, las diminutas garras seccionando la piel, las alas membranosas, un chillido como de rata herida, un sabor dulce de sangre, los fr\u00e1giles cart\u00edlagos rocas, la fr\u00eda intuici\u00f3n de la muerte en los ojos. El gato cierra los ojos y sue\u00f1a: la sombra bajo las estrellas, la electricidad en la piel, las u\u00f1as clavadas como peque\u00f1os anzuelos en la noche. Es s\u00f3lo un juego donde se pierde la vida -ma\u00falla.<\/p>\n\n\n\n<p>El murci\u00e9lago con plumas de gallina abre su boca llena de dientes. Muerde el aire, el polvo de la noche, las luces, el sonido del viento. Aletea y se escabulle. Gira intentando subir y siente de nuevo el zarpazo, suave, casi como una caricia, Ahora est\u00e1 tendido boca arriba esperando. Un ala est\u00e1 desprendida y se mueve como si tuviera vida propia. El cielo est\u00e1 lleno de ojos de gato, El juego ha terminado. El gato mordi\u00f3 la cabeza del murci\u00e9lago hasta que los huesos cedieren en un crujido como de madera rota y una peque\u00f1a mancha de sangre comenz\u00f3 a brotar desde la boca. Despu\u00e9s se alej\u00f3 presintiendo la lluvia en la humedad del aire. Detr\u00e1s de \u00e9l, los aletazos se hac\u00edan m\u00e1s d\u00e9biles, casi imperceptibles, como lo de una mariposa.<\/p>\n\n\n\n<p>Era absurdo escuchar una gotera en el patio, mientras afuera, la lluvia continuaba cayendo. Exist\u00eda una pausa, un intervalo de tiempo minutos, segundos, horas, d\u00edas enteros extraviados de los calendarios- en que todas las cosas parec\u00edan como muertas: el polvo de las flores, la cretona de las cortinas, el hombre desnudo baje: las s\u00e1banas. Todo dejaba de respirar y sentir, el movimiento se reduc\u00eda a lo fundamental, los relojes enmohec\u00edan dentro de las esferas de cuarzo. Todo estaba a la espera de un momento que no rese\u00f1aban las estaciones meteorol\u00f3gicas, los higroscopios, la rueda de la fortuna, los hor\u00f3scopos chinos, el loro de la buena suerte en el mercado (tomando un trozo de papel con el pico liso \u201c<em>\u00bfQuid novi vetus?<\/em>\u00ab) Los objetos regresaban a un silencio vegetal de materia en descomposici\u00f3n, de savia dormida. Cumplido el ciclo comenzaban a transformarse, a sufrir cambios en su estructura f\u00edsica; un p\u00e1jaro cobraba vida de un cuadro y luego de girar en la habitaci\u00f3n hu\u00eda por una ventana, un florero se llenaba de peces que miraban la tarde a trav\u00e9s del cristal aumentado, una salamandra disecada cambiaba a colores de tonos m\u00e1s c\u00e1lidos. El silencio casi pod\u00eda morderse, pero ella apretaba los dientes aguantando las ganas de gritar. Crey\u00f3 que estaba volvi\u00e9ndose loca y eso la tranquiliz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ya hemos vivido esta historia y la conozco como la palma de mi mano. El azar juega con nuestras vidas \u2014murmur\u00f3 entre dientes\u2014. Realicemos nuestro papel y acabemos con esto \u2014finaliz\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre crey\u00f3 que so\u00f1aba o hablaba dormida: la frase le era familias, pero no atin\u00f3 a recordar d\u00f3nde ni cu\u00e1ndo la hab\u00eda escuchado. Desde la ventana pod\u00eda mirarse una parte de la calle y ver el enjambre de edificios grises diseminados en la ciudad como una colmena (los compartimientos destrozados por las palas mec\u00e1nicas que trabajaban hasta altas horas de la noche; arrojados al suelo en un desorden de escombros de postguerra, y vueltos a levantar a los pocos d\u00edas en dise\u00f1os de dudosa modernidad). las luces lejanas de ultramar escamoteadas en la neblina, el paso veloz de los autos sobre el fango de las calles; luego la ventana se empa\u00f1\u00f3 y ya no se vio nada.<\/p>\n\n\n\n<p>Comenz\u00f3 a sentir la gotera ajena a todos los ruidos de la noche, la humedad pudriendo la madera del piso. Por un momento pens\u00f3 que era su coraz\u00f3n. Fue cerrando los ojos hundi\u00e9ndose en el sue\u00f1o como en una arena movediza. Ahora la gotera era un metr\u00f3nomo que marcaba regularmente el comp\u00e1s de las horas muertas, del tedio, de los deseos insatisfechos. A su lado, el gato ten\u00eda los ojos clavados en el artesonado, por donde caminaban en secreto las ara\u00f1as, la cola danzaba suavemente como una cobra.<\/p>\n\n\n\n<p>Hacia calor esa noche a pesar de la luvia y la humedad que envolv\u00eda la maleza y los \u00e1rboles cercanos a la plaza. El agua ca\u00eda sobre el pavimento formando una delgada costra de barro que era arrastrada calle abajo dentro de un remolino de hojas muertas. La luz de los anuncios brillaba reflejada en las ventanas opacas de los Caf\u00e9s\u2014 donde los rostros pegaban la nariz al cristal contemplando peces que eran carros avanzando en la noche, paraguas transformados en medusas, camiones de basura en argonautas\u2014. Adentro el calor era a\u00fan m\u00e1s intenso. El gato entr\u00f3 en la habitaci\u00f3n por una ventana abierta con el cuerpo esponjado de agua. Se revolc\u00f3 sobre un caj\u00f3n de ropa sucia, y desde all\u00ed\u2014 a trav\u00e9s del polvo y de la luz difusa\u2014, mir\u00f3 los cuerpos inm\u00f3viles sobre la cama; una pierna dormida sobre otra pierna, un brazo sobre un brazo, como una figura repetida en un espejo; un vientre mordisqueado como una manzana, una mano oscilando como un p\u00e9ndulo, los ojos cerrados. El hombre elevaba burbujas de saliva que flotaban hasta reventarse con un ruido sordo, En ese momento el gato subi\u00f3 al tocador en un desorden de cremas y pomos faciales. Pas\u00e9 junto al espejo donde vio reflejado el daguerrotipo amarillento de una geisha dormida sobre un recamier. Desde all\u00ed salt\u00f3 a la cama lamiendo la espalda de la mujer que despert\u00f3 al contacto de la lengua fr\u00eda. \u00c9sta estir\u00f3 la mano y acarici\u00f3 la cabeza del gato que ronroneaba cerrando los ojos; despu\u00e9s encendi\u00f3 la luz de un velador que se escamote\u00f3 entre la sombra que proyectaba la mano sobre la superficie de la pared. Encendi\u00f3 tambi\u00e9n un cigarrillo y le dio una larga pitada: la peque\u00f1a brasa ilumin\u00f3 el rostro, los labios, que sonre\u00edan despacio, casi sin querer. El humo dibujaba animales grises, tent\u00e1culos, extra\u00f1as flores, formas alargadas que desaparec\u00edan mezcladas al olor de la cera derretida. La mujer se levant\u00f3, y en silencio, contempl\u00f3 su desnudez frente al espejo. Afuera el viento despegaba los listones de la ventana y se colaba retorciendo la llama que parpadeaba casi muerta goteando sobre el lin\u00f3leo.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hubiera querido otra noche para morir, otra ciudad, otra muerte diferente a esta. Una calle ba\u00f1ada de niebla donde la hiedra venenosa escalara los muros y las flores no se murieran de fr\u00edo. Donde vinieran los amigos a tomar el t\u00e9 de las cinco y a decir cosas sin importancia, mientras la ciudad se hunde bajo el peso de la noche.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Hubiera querido una ciudad atravesada por un r\u00edo de vidrio, un cenotafio lleno de flores, una bola de cristal para mirarnos el futuro, si acaso ten\u00edamos alguna. Pero uno no escoge su muerte, ni la ciudad ni la hora. Puede que haya niebla y que su r\u00edo baje quebr\u00e1ndose entre las piedras, y que contemplemos todo esto desde una orilla mientras la corriente arrastra animales muertos que se alejan veloces como da figura de un sue\u00f1o. Tal vez\u2014no lo s\u00e9 con exactitud la ceniza sea nuestra forma definitiva.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>ELLA se asoma a la ventana rozando con los labios el cristal h\u00famedo y siente frio. Afuera ha dejado de llover; el aguamanil a\u00fan gotea sobre los ladrillos del patio rodeado de arecas. La luna dibuja la sombra de un caballo sobre la arena que huye por un callej\u00f3n sombr\u00edo. Ella piensa en una armon\u00eda secreta junto a las formas de la noche. Las calles contin\u00faan desiertas como siempre a esta hora. Una mariposa atraviesa la calle y va a dar a un charco de agua: agita las alas llenando de ondas la superficie, luego se decolora y ti\u00f1e el charco de una tintura azul, hasta que el agua recobra su quietud y la mariposa desaparece en el fondo. A veces piensa que la vida de un hombre puede ser la vida de una mariposa, ef\u00edmera, dar un golpe en el aire y sentir debajo el vac\u00edo, el v\u00e9rtigo de la ca\u00edda cada vez m\u00e1s hondo como un p\u00e1jaro que se hunde en el abismo del agua. A veces piensa en esto y se siente tan fr\u00e1gil y se queda dormida frente a la ventana con la nariz pegada a un extremo de la noche.<\/p>\n\n\n\n<p>HAY UN HOMBRE Y UN GATO que trepan sobre mi cuerpo a horcajadas, que chillan como ratas siguiendo el comp\u00e1s de mi respiraci\u00f3n, suben hasta mis ojos y entonces podemos ver la muerte retratada en cada uno de nosotros, Trepan sobre mis piernas flacas y las muerden hasta hacerlas sangrar; se retuercen como peque\u00f1as serpientes prestas a saltar sobre cualquier intruso que intente desalojarlas. Los dos ma\u00fallan y sue\u00f1an con mi muerte; dibujan con sus u\u00f1as la imagen de la luna en mi espalda, y hay un dolor leve como el como el desgarramiento de la piel de una mano, o del himen de una adolescente. Alguna vez cre\u00ed en la posibilidad de cambiar mi vida, pero uno termina comprendiendo que no es as\u00ed, que nada cambia, que las cosas dan vueltas y se devuelven, giran y se rompen frente a nuestros ojos; creo que a esto lo llaman fe, \u00bfpero ahora qu\u00e9 sentido tiene? Ahora s\u00f3lo escucho el ruido que hace el aguamanil sobre las baldosas del patio rompi\u00e9ndose como una c\u00e1scara seca, el crujido de la madera mojada, el sonido de la noche, la respiraci\u00f3n del gato que tiembla al contacto de mis dedos. Detr\u00e1s de la ventana qu\u00e9 queda, sino un pedazo de calle hecha jirones por la lluvia, un olor a humedad que nos ahoga, una vaga forma de la nostalgia que se pudre y luego desaparece sin dejar rastro.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Recuerda todo frente al espejo: movimientos del hombre, ojos de gato, humedad de hojas, avisos luminosos, mariposa atravesando la calle, u\u00f1as, rostro como una m\u00e1scara frente al espejo, risa del hombre, del gato, de la mariposa, lluvia resbalando por el cuerpo o sangre? Hubiera querido otra noche (siempre), otra ciudad, otra muerte. Golpe, y sentir debajo el vac\u00edo, ca\u00edda del hombre-gato-mariposa. Caer antes. Mirar por \u00faltima vez. No. Movimiento desacelerado del cuerpo. Postura rid\u00edcula la de un muerto. Aplausos. Cada vez m\u00e1s hondo como un p\u00e1jaro en un sue\u00f1o parecido a la muerte. Habitaci\u00f3n gira, luces giran. Vieja man\u00eda de los muertos de girar sobre su eje roto. Gota de grifo, grifo de agua, gruta de grito. \u00daltima mirada a la mujer que permanece callada frente a la puerta con las tijeras colgando de una mano. Hilo de sangre (ORH positivo) que se desovilla y comienza a manchar el piso como si alguien derramara beaujolais o mermelada de fresa. Un golpe \u00bfSue\u00f1o ahora? Ruido de tijeras cortando m\u00fasculos, tendones, huesos, flores muertas, nervios. Sentir debajo el vac\u00edo de lo inm\u00f3vil, materia en reposo, luna muerta entre \u00e1rboles. Querido otra noche, otra ciudad, otra muerte, otra (ovaci\u00f3n).    <\/em><\/p>\n\n\n\n<p>EL GATO ronronea y tensa el lomo como un arco.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014<\/em>\u00bfRecuerdas a Ofelia?\u2014 dice la mujer contemplando su rostro en la luna del espejo. El hombre respira con dificultad<em>\u2014<\/em>. Es como regresar de un largo viaje donde nadie nos espera y escuchar un grifo vertical, fr\u00edo, una forma indefinida de la nostalgia<em>\u2014<\/em> piensa.<\/p>\n\n\n\n<p>El gato se lame los bigotes y camina sobre el cuerpo que yace en el piso, sin vida.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014<\/em>Ofelia soy yo mi querido Hamlet<em>\u2014<\/em>dijo, y se desvaneci\u00f3 en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>La luna se cuela entre los escombros de la habitaci\u00f3n y alumbra la cama<em>\u2014<\/em> hierros retorcidos y quemados<em>\u2014<\/em> donde una ara\u00f1a teje una mortaja en silencio. En las grietas del piso brillan los alacranes avanzando torpemente sobre una capa de polvo y humedad. Ahora la luna remueve la sombra de los cuerpos en el espejo.<\/p>\n\n\n\n<p>El gato ha cerrado los ojos y sue\u00f1a que una mariposa atraviesa la calle golpeando suavemente el aire con sus alas, y que Ofelia acaricia su piel como en otro tiempo. De alguna manera sabe que que puede invocar su cuerpo en una nueva historia, despertarla de ese mutismo con que se detiene frente a la ventana a contemplar la lluvia sin verla realmente, escuchando caer las gotas en el mundo distorsionado del cristal. A veces extra\u00f1a el calor de la piel bajo las s\u00e1banas, la soledad de los cuerpos que nunca se encuentran en el espacio reducido de una cama; a veces recupera fragmentos del sue\u00f1o donde la mujer y el hombre beben caf\u00e9 y hablan del curso de la vida, de las ma\u00f1anas fr\u00edas, de los viajes pospuestos. En el fondo se reconoce s\u00f3lo en una habitaci\u00f3n vac\u00eda donde un florero se deshoja en cenizas sobre el piso. Ahora juguetea con un murci\u00e9lago en mitad de la noche y no sabe si sue\u00f1a o est\u00e1 en la habitaci\u00f3n sentado delante de la actriz japonesa que sonr\u00ede, mientras \u00e9l, detenido, inm\u00f3vil, los ojos cerrados, como un gato de porcelana, y afuera las grandes hojas brillando su piel en torno al viento.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wilfredo-machado\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Wilfredo Machado Toda la eternidad no es m\u00e1s que una sola noche. Plat\u00f3n, Apolog\u00eda de S\u00f3crates Toda la noche en la vigilia, la mujer estuvo escuchando el ruido pausado y mon\u00f3tono de una gotera cayendo desde un aguamanil desfondado en alg\u00fan lugar del patio bajo las estrellas. Entreabri\u00f3 los p\u00e1rpados y sinti\u00f3 un vaci\u00f3 indefinido [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":11144,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11141"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11141"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11141\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11147,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11141\/revisions\/11147"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11144"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11141"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11141"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11141"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}