{"id":1111,"date":"2021-09-06T01:06:05","date_gmt":"2021-09-06T01:06:05","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1111"},"modified":"2023-11-24T15:18:08","modified_gmt":"2023-11-24T15:18:08","slug":"el-difunto-yo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-difunto-yo\/","title":{"rendered":"El difunto yo"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Julio Garmendia<\/h4>\n<p>Examin\u00e9 apresuradamente la extra\u00f1a situaci\u00f3n en que me hallaba. Deb\u00eda, sin perder un segundo, ponerme en persecuci\u00f3n de mi\u00a0<i>alter ego<\/i>. Ya que circunstancias desconocidas lo hab\u00edan separado de mi personalidad, conven\u00eda darle alcance antes de que pudiera alejarse mucho. Era necesario, mejor dicho, urgente, muy urgente, tomar medidas que le impidieran, si lo intentaba, dirigirse en secreto hacia alg\u00fan pa\u00eds extranjero, llevado por el ansia de lo desconocido y la sed de aventuras. Bien sab\u00eda yo, su \u00edntimo -iba a decir \u201cinseparable\u201d-, su \u00edntimo amigo y compa\u00f1ero, que tales sentimientos ven\u00edan aguijone\u00e1ndole desde tiempo atr\u00e1s, hasta el extremo de perturbarle el sentido cr\u00edtico y la sana raz\u00f3n que debe exhibir un alter ego en todos sus actos, as\u00ed p\u00fablicos como privados. Ten\u00eda, pues, bastante motivo para preocuparme de su repentina desaparici\u00f3n. Sin duda acababa \u00e9l de dar pruebas de una reserva sin limites, de inconmensurable discreci\u00f3n y de consumada pericia en el arte de la astucia y el disimulo. Nada dej\u00f3 traslucir de los planes que maestramente preparaba en el fondo de su silencio. Mi\u00a0<i>alter ego<\/i>, en efecto, hac\u00eda varios d\u00edas que permanec\u00eda silencioso; pero en vista de que entre nosotros no mediaban desavenencias profundas, atribu\u00ed su conducta al fastidio, al cual fue siempre muy propenso, a\u00fan en sus mejores tiempos, y me limit\u00e9 a suponer que me consideraba desprovisto de la amenidad que tanto le agradaba. Ahora me sorprend\u00eda con un hecho incuestionable: hab\u00eda escapado, sin que yo supiera c\u00f3mo ni cu\u00e1ndo.<\/p>\n<p>Lo busqu\u00e9 en seguida en el aposento donde se me hab\u00eda revelado su brusca ausencia. Lo busqu\u00e9 detr\u00e1s de las puertas, debajo de las mesas, dentro del armario. Tampoco apareci\u00f3 en las dem\u00e1s habitaciones de la casa. Notando, sorprendida, mis idas y venidas, me pregunt\u00f3 mi mujer qu\u00e9 cosa hab\u00eda perdido.<\/p>\n<p>-Puedes estar segura de que no es el cerebro -le dije. Y a\u00f1ad\u00ed hip\u00f3critamente:<\/p>\n<p>-He perdido el sombrero.<\/p>\n<p>-Hace poco saliste, y lo llevabas. \u00bfNo me dijiste que ibas a no s\u00e9 qu\u00e9 peri\u00f3dico a poner un anuncio que quer\u00edas publicar? No s\u00e9 c\u00f3mo has vuelto tan pronto.<\/p>\n<p>Lo que dec\u00eda mi mujer era muy singular. \u00bfAd\u00f3nde, pues, se hab\u00eda dirigido mi\u00a0<i>alter ego<\/i>? Dominado por la inquietud, me ech\u00e9 a la calle en su busca o seguimiento. A poco not\u00e9 -o cre\u00ed notar- que algunos transe\u00fantes me miraban con fijeza, cuchicheaban, sonre\u00edan o gui\u00f1aban el ojo. Esto me hizo apresurar el paso y casi correr; pero a poco andar me sali\u00f3 al encuentro un polic\u00eda, que, ech\u00e1ndome mano con precauci\u00f3n, como si fuera yo alg\u00fan sujeto peligroso o dif\u00edcil de prender, me anunci\u00f3 que estaba arrestado. Vi\u00e9ndome fuertemente asido, no me cupo de ello la menor duda. De nada sirvieron mis protestas ni las de muchos circunstantes. Fui conducido al cuartel de polic\u00eda, donde se me acus\u00f3 de pendenciero, escandaloso y borracho, y, adem\u00e1s, de valerme de miserables y cobardes subterfugios, habilidades, ma\u00f1as y mixtificaciones para no pagar ciertas deudas de caf\u00e9, de veh\u00edculos de carrera, de menudas compras \u00a1Lo juro por mi honor! Nada sab\u00eda yo de aquellas deudas, ni nunca hab\u00eda o\u00eddo hablar de ellas, ni siquiera conoc\u00eda las personas o los sitios -\u00a1Y qu\u00e9 sitios!- en donde se me acusaba de haber escandalizado. No pude menos, sin embargo, de resignarme a balbucir excusas, explicaciones: me falt\u00f3 valor para confesar la vergonzosa fuga de mi\u00a0<i>alter ego<\/i>, que era sin duda el verdadero culpable y autor de tales supercher\u00edas, y pedir su detenci\u00f3n. Humillado, promet\u00ed enmendarme. Fui puesto en libertad, y alarmado, no ya tanto por la desaparici\u00f3n de mi\u00a0<i>alter ego<\/i>\u00a0como por las deshonrosas complicaciones que su conducta comenzaba a hacer recaer sobre m\u00ed, me dirig\u00ed r\u00e1pidamente a la oficina del peri\u00f3dico de mayor circulaci\u00f3n que hab\u00eda en la localidad con la intenci\u00f3n de insertar en seguida un anuncio advirtiendo que, en adelante, no reconocer\u00eda m\u00e1s deudas que las que yo mismo hubiera contra\u00eddo. El empleado del peri\u00f3dico, que pareci\u00f3 reconocerme en el acto, sonri\u00f3 de una manera que juzgu\u00e9 equ\u00edvoca y sin esperar que yo pronunciara una palabra, me entreg\u00f3 una peque\u00f1a prueba de imprenta, aun olorosa a tinta fresca, y el original de ella, el cual estaba escrito como de mi pu\u00f1o y letra. Lo que peor es, el texto del anuncio, autorizado por una firma que era la m\u00eda misma, dec\u00eda justamente aquello que yo ten\u00eda en mientes decir. Pero tampoco quise descubrir la nueva supercher\u00eda de mi\u00a0<i>alter ego<\/i>\u00a0-\u00bfde qui\u00e9n otro pod\u00eda ser?- y como aquel era, palabra por palabra, el anuncio que yo quer\u00eda, pagu\u00e9 su inserci\u00f3n durante un mes consecutivo. Dec\u00eda as\u00ed el anuncio en cuesti\u00f3n:<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><i>\u201cParticipo a mis amigos y relacionados de dentro y fuera de esta ciudad que no reconozco deudas que haya contra\u00eddo \u201cotro\u201d que no sea \u201cyo\u201d. Hago esta advertencia para evitar inconvenientes y mixtificaciones desagradables. Andr\u00e9s Erre.\u201d<\/i><\/p>\n<p>Volv\u00ed a casa despu\u00e9s de sufrir durante el resto del d\u00eda que las personas conocidas me dijeran a cada paso, d\u00e1ndome palmaditas en el hombro:<\/p>\n<p>-Te vi por all\u00e1 arriba\u2026<\/p>\n<p>O bien:<\/p>\n<p>-Te vi por all\u00e1 abajo\u2026<\/p>\n<p>Mi mujer, que cos\u00eda tranquilamente, al verme llegar detuvo la rueda de la m\u00e1quina de coser y exclam\u00f3:<\/p>\n<p>-\u00a1Qu\u00e9 p\u00e1lido est\u00e1s!<\/p>\n<p>-Me siento enfermo -le dije.<\/p>\n<p>-Trastorno digestivo -diagnostic\u00f3-. Te preparar\u00e9 un purgante y esta noche no comer\u00e1s nada.<\/p>\n<p>No pude reprimir un gesto de protesta. \u00a1C\u00f3mo! La escandalosa conducta de mi\u00a0<i>alter ego<\/i>\u00a0me expon\u00eda a crueles privaciones alimenticias, pues yo deber\u00eda purgar sus culpas, de acuerdo con la l\u00f3gica de mi mujer. Esto desprend\u00edase de las palabras que ella acababa de pronunciar.<\/p>\n<p>Sin embargo, no quer\u00eda alarmarla con el relato del extraordinario fen\u00f3meno de mi desdoblamiento. Era un alma sencilla, un alma simple. Hubiera sido presa de indescriptibles terrores y yo hubiera cobrado a sus ojos las apariencias de un ser peligrosamente diab\u00f3lico. \u00a1Desdoblarse! \u00a1Dios m\u00edo! Mi pobre mujer hubiera derramado amargas l\u00e1grimas al saber que me acontec\u00eda un accidente tan extra\u00f1o. Nunca m\u00e1s hubiera consentido en quedarse sola en las habitaciones donde apenas penetraba una luz d\u00e9bil. Y de noche, era casi seguro que sus aprensiones me hubieran obligado a recogerme mucho antes de la hora acostumbrada, pues ya no se acostar\u00eda despreocupadamente antes de mi vuelta, ni la sorprender\u00eda dormida en las altas horas, cuando me retardaba en la calle m\u00e1s de lo ordinario.<\/p>\n<p>No obstante los incidentes del d\u00eda, todav\u00eda conservaba yo suficiente lucidez para prever las consecuencias de una confidencia que no pod\u00eda ser m\u00e1s que perjudicial, porque si bien las correr\u00edas de mi\u00a0<i>alter ego<\/i>\u00a0pudiera suceder que, al fin y al cabo, fuesen pasajeras, en cambio ser\u00eda dif\u00edcil, si no imposible, componer en mucho tiempo una alteraci\u00f3n tan grave de la tranquilidad dom\u00e9stica como la que producir\u00eda la noticia de mi desdoblamiento. Pero los acontecimientos tomaron un giro muy distinto e imprevisto. La defecci\u00f3n de mi\u00a0<i>alter ego<\/i>, que empez\u00f3 por ser un hecho antes risible que otra cosa, acab\u00f3 en una traici\u00f3n que no tiene igual en los anales de las peores traiciones\u2026 Este inicuo individuo\u2026<\/p>\n<p>Pero observo que la indignaci\u00f3n -una indignaci\u00f3n muy justificada, por lo dem\u00e1s- me arrastra lejos de la brevedad con que me propuse referir los hechos. Helos aqu\u00ed, enteramente desnudos de todo artificio y redundancia:<\/p>\n<p>Sal\u00ed aquella noche despu\u00e9s de comer frugalmente porque mi mujer lo quiso as\u00ed y me dijo, no obstante mis reiteradas protestas, que me dejar\u00eda preparado un purgante activ\u00edsimo para que lo tomara al volver. Calculaba que mi regreso ser\u00eda, como de ordinario, a eso de las doce de la noche.<\/p>\n<p>Con el fin de olvidar los sobresaltos del d\u00eda, busqu\u00e9 en el caf\u00e9 la compa\u00f1\u00eda de varios amigos que, casi todos, me hab\u00edan visto en diferentes sitios a horas desacostumbradas y hablaban maliciosamente de ciertos incidentes en los cuales hall\u00e1base mezclado mi nombre, seg\u00fan pude colegir, pues no quise inquirir nada directamente ni tratar de esclarecer los puntos. Guard\u00e9 bien mi secreto. Disimul\u00e9 los hechos lo mejor que pude, procurando despojarlos de toda importancia. Una discusi\u00f3n de pol\u00edtica nos retuvo luego hasta horas avanzadas. Eran las dos de la madrugada cuando abr\u00ed la puerta de casa, empuj\u00e1ndola r\u00e1pidamente para que chirriara lo menos posible. Todo estaba en calma, pero mi mujer, a pesar de que dorm\u00eda con sue\u00f1o denso y pesado, despert\u00f3 a causa del ruido. Los ojos apenas entreabiertos, me pregunt\u00f3 entre dientes c\u00f3mo me hab\u00eda sentado el purgante.<\/p>\n<p>-\u00a1El purgante! -exclam\u00e9-. Llego de la calle en este momento y no he visto ning\u00fan purgante! \u00a1Expl\u00edcate, habla, despierta! \u00a1Eso que dices no es posible!<\/p>\n<p>Se desperez\u00f3 largamente.<\/p>\n<p>-S\u00ed -me dijo- es posible, puesto que lo tomaste en mi presencia\u2026 y estabas conmigo.. y\u2026<\/p>\n<p>\u2013 \u2026 \u00a1Y!\u2026<\/p>\n<p>Comprend\u00ed el terrible enga\u00f1o de mi\u00a0<i>alter ego<\/i>. La traici\u00f3n de aquel \u00edntimo amigo y compa\u00f1ero de toda la vida me sobrecogi\u00f3 de espanto, de horror, de ira. Mi mujer me vio palidecer.<\/p>\n<p>-Efecto del purgante -dijo.<\/p>\n<p>Aunque nadie, ni aun ella misma, hab\u00eda notado el delito de mi\u00a0<i>alter ego<\/i>, la deshonra era irreparable y siempre vergonzosa a pesar del secreto. Las manos crispadas, erizados los cabellos, lleno de profundo estupor, sal\u00ed de la alcoba en tanto que mi mujer, volvi\u00e9ndose de espaldas a la luz encendida, se dorm\u00eda otra vez con la facilidad que da la extenuaci\u00f3n; y fui a ahorcarme de una de las vigas del techo con una cuerda que hall\u00e9 a mano. Al lado colgaba la jaula de Jesusito, el loro. Seguramente hice ruido en el momento de abandonarme como un p\u00e9ndulo en el aire, pues Jesusito, despert\u00e1ndose, esponj\u00f3 las plumas de la cabeza y me grit\u00f3, como sol\u00eda hacerlo:<\/p>\n<p>-\u00a1Adi\u00f3s, Doctor!<\/p>\n<p>Tengo razones para creer que mi\u00a0<i>alter ego<\/i>, que sin duda espiaba mis movimientos desde alg\u00fan escondrijo improvisado, a favor de las sombras de la noche, se apoder\u00f3 en seguida de mi cad\u00e1ver, lo descolg\u00f3 y se introdujo dentro de \u00e9l. De este modo volvi\u00f3 a la alcoba conyugal, donde pas\u00f3 el resto de la noche ocupado en prodigar a mi viuda las m\u00e1s ardientes caricias. Fundo esta creencia en el hecho ins\u00f3lito de que mi suicidio no produjo impresi\u00f3n ni tuvo la menor resonancia. En mi hogar nadie pareci\u00f3 darse cuenta de que yo hab\u00eda desaparecido para siempre. No hubo duelo, ni entierro. El peri\u00f3dico no hizo alusi\u00f3n a la tragedia, ni en grandes ni en peque\u00f1os t\u00edtulos. Los amigos continuaron chance\u00e1ndose y d\u00e1ndole palmaditas en el hombro a mi\u00a0<i>alter ego<\/i>, como si fuera yo mismo. Y Jesusito no ha dejado nunca de gritar:<\/p>\n<p>-\u00a1Adi\u00f3s, Doctor!<\/p>\n<p>Sin duda, mi\u00a0<i>alter ego<\/i>\u00a0desarroll\u00f3 desde el principio un plan h\u00e1bilmente calculado en el sentido de producir los resultados que en efecto se produjeron. Previ\u00f3 con precisi\u00f3n el modo como reaccionar\u00eda yo delante de los hechos que \u00e9l se encargar\u00eda de presentarme en r\u00e1pida y desconcertante sucesi\u00f3n. Determin\u00f3 de antemano mi inquietud, mi angustia, mi desesperaci\u00f3n; calcul\u00f3 exactamente la hora en que un c\u00famulo de extra\u00f1as circunstancias hab\u00eda de conducirme al suicidio. Esta hora se\u00f1alaba el feliz coronamiento de su obra; y es claro que s\u00f3lo un alter ego que gozaba de toda mi confianza pudo llevar a cabo esta empresa. En primer lugar, el completo conocimiento que pose\u00eda de los m\u00e1s rec\u00f3nditos resortes de mi alma le facilit\u00f3 los elementos necesarios para preparar sin error el plan de inducci\u00f3n al suicidio inmediato. En segundo t\u00e9rmino, si logr\u00f3 hacerse pasar por m\u00ed mismo delante de mi mujer y de todas las personas que me conoc\u00edan, fue porque estaba en el secreto de mis costumbres, ideas, modos de expresi\u00f3n y grados de intimidad con los dem\u00e1s. Sab\u00eda imitar mi voz, mis gestos, mi letra y en particular mi firma, y adem\u00e1s conoc\u00eda la combinaci\u00f3n de mi peque\u00f1a caja fuerte. Todos mis bienes pasaron autom\u00e1ticamente a poder suyo, sin que las leyes, tan celosas en otros casos, intervinieran en manera alguna para evitar la iniquidad de que fui v\u00edctima. Tambi\u00e9n se apoder\u00f3 del cr\u00e9dito que hab\u00eda alcanzado yo despu\u00e9s de largos a\u00f1os de conducta intachable y correctos procederes; y en el mismo peri\u00f3dico contin\u00faa publicando a diario, autorizado con su firma, que es la m\u00eda, el mismo aviso que dice:<\/p>\n<p style=\"text-align: left;\" align=\"center\"><i>\u201cParticipo a mis amigos y relacionados de dentro y fuera de esta ciudad que no reconozco deudas que haya contra\u00eddo \u201cotro\u201d que no sea \u201cyo\u201d. Hago esta advertencia para evitar inconvenientes y mixtificaciones desagradables. Andr\u00e9s Erre.\u201d<\/i><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Julio Garmendia Examin\u00e9 apresuradamente la extra\u00f1a situaci\u00f3n en que me hallaba. Deb\u00eda, sin perder un segundo, ponerme en persecuci\u00f3n de mi\u00a0alter ego. 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