{"id":11096,"date":"2024-02-07T19:08:48","date_gmt":"2024-02-07T19:08:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11096"},"modified":"2024-02-07T19:08:48","modified_gmt":"2024-02-07T19:08:48","slug":"una-mujer-me-mira-y-me-incomoda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/una-mujer-me-mira-y-me-incomoda\/","title":{"rendered":"Una mujer me mira y me incomoda"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Miriam Mireles<\/h4>\n\n\n\n<p><em>A Orlando Alc\u00e1ntara Fern\u00e1ndez.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tiene una discreta c\u00e1mara fotogr\u00e1fica, la mueve con cierto nerviosismo entre sus manos. La mujer la saca a cada rato de su bolso. Hago como si no me diera cuenta de su inquietud. Me mira y me incomoda. Estoy a punto de decirle que no me vea demasiado. Intento distraerme de la ansiedad que eso me provoca pero el tic nervioso del se\u00f1or sentado a mi derecha, multiplica mi desasosiego. \u00c9l lee el peri\u00f3dico y sacude casi imperceptiblemente su cabeza. Curioseo en el resto del vag\u00f3n donde s\u00f3lo vamos tres personas. Observo de nuevo a la mujer, ahora lleva oculta la c\u00e1mara en un pa\u00f1uelo de colores pasteles.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin moverme del asiento, leo el peri\u00f3dico del se\u00f1or desde su hombro izquierdo, pero es dif\u00edcil hacerlo con naturalidad. &nbsp;El metro se detiene bruscamente y a pesar de no caerle encima, lo tropiezo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Disculpe. Todav\u00eda no me acostumbro al nuevo sistema que han implementado para bajarnos.<\/p>\n\n\n\n<p>El se\u00f1or se aleja un poco de m\u00ed y responde:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfS\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>Me arrimo para decirle en voz baja:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Subir por una escalera hasta llegar al techo del vag\u00f3n e introducirse en el tubo succionador que te lleva a la calle directamente, es como mucho para nosotras las mujeres. Sobre todo si nos ponemos faldas o vestidos.<\/p>\n\n\n\n<p>Anuncian por los altavoces el retraso para ir a la pr\u00f3xima estaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El otro sistema de bajarnos por las ventanas me gustaba m\u00e1s, se hac\u00eda un esfuerzo pero era menos azaroso y ten\u00eda menos riesgo \u2014digo mientras aguardo en vano que me hable.<\/p>\n\n\n\n<p>Con una&nbsp; risita y sin dejar de leer el diario, el se\u00f1or responde:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Me parece fabuloso el nuevo sistema.<\/p>\n\n\n\n<p>La mujer de la c\u00e1mara ha cambiado de lugar; sin embargo, me sigue mirando con el rabo del ojo y de vez en cuando escribe en una peque\u00f1a libreta. \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 lo que anota? \u00bfEs una reportera? Estoy a punto de abordarla, de preguntarle \u00bfpor qu\u00e9 me mira tanto? &nbsp;No, no soy capaz de decirle nada. Quisiera acerc\u00e1rmele. S\u00ed, me gustar\u00eda hablar con ella. \u00bfContarle lo ocurrido? No s\u00e9. Me parece como si la conociera \u00bfSer\u00e1 qu\u00e9 la conozco? No. Ella no me ha saludado pero, siento que puedo revel\u00e1rselo. Le contar\u00e9 todo pero no s\u00e9 si me crea. &nbsp;S\u00ed, comenzar\u00e9 por decirle sobre la entrevista de trabajo de hace dos d\u00edas. Cerca de la estaci\u00f3n de Ca\u00f1o Amarillo \u00bfMe creer\u00e1? Bueno no, mejor empezar\u00e9 por explicarle sobre los gritos al pasar por una casona pintada de colores naranja y dorado. S\u00ed, ah\u00ed me detuve para ver de d\u00f3nde sal\u00eda esa bulla. Proven\u00eda de un gent\u00edo que manifestaba m\u00e1s adelante. Me vi envuelta entre ellos &nbsp;cuando comenzaron a correr &nbsp;en direcci\u00f3n a donde yo estaba. Qued\u00e9 paralizada. No sab\u00eda qu\u00e9 hacer. De inmediato empezaron a caer, muy cerca, bombas que irritaban los ojos. No me mov\u00ed. No reaccion\u00e9, s\u00f3lo alcanc\u00e9 a taparme la cara. Tos\u00ed. Tos\u00ed mucho. En aquella confusi\u00f3n, sent\u00ed a alguien tomar mi mano y arrastrarme. No ve\u00eda nada, ca\u00ed al suelo varias veces. Sent\u00ed la desesperaci\u00f3n de la gente. Golpeaban las puertas y gritaban. A pesar del desbarajuste, la persona no solt\u00f3 mi mano. Sent\u00ed el calor del gent\u00edo, de sus cuerpos, de sus brazos, m\u00e1s no pude verlos; forceje\u00e9. Tuve muchas sensaciones extra\u00f1as. Los gases ocultaban las formas, a\u00fan las m\u00e1s pr\u00f3ximas. De repente, la masa de gente se detuvo, empez\u00f3 a recular y qued\u00e9 aprisionada contra una puerta de vidrio. Se abri\u00f3 con la presi\u00f3n &nbsp;e inmediatamente se cerr\u00f3. Termin\u00e9 adentro. La persona cuya mano me hab\u00eda arrastrado desapareci\u00f3. Intent\u00e9 abrir la puerta pero no pude. Mis ojos se irritaron y me dio un fuerte dolor en el pecho. Camin\u00e9 por un corredor oscuro y logr\u00e9 conseguir una butaca y, tirarme en ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando volv\u00ed en s\u00ed, estaba desorientada. Ech\u00e9 mi cabeza hacia atr\u00e1s y empez\u00f3 a sonar una m\u00fasica de propagandas: de refrescos, de cigarrillos. Limpi\u00e9 mis ojos para aclararlos. No sab\u00eda qu\u00e9 estaba sucediendo realmente. Me di cuenta que transmit\u00edan, en una pantalla gigante, la publicidad de un cine: \u201cVisita Canc\u00fan en tus vacaciones navide\u00f1as\u201d nos invitaba con voz seductora la chica de una agencia de viajes. Mir\u00e9 hacia atr\u00e1s, hacia todos lados, no hab\u00eda nadie. Estaba sola, no hab\u00eda ninguna otra persona en aquella gran sala. Todo transcurri\u00f3 muy r\u00e1pido. Comenzaron a pasar los tips sociales: c\u00f3ctel en la inauguraci\u00f3n de un centro comercial, celebraci\u00f3n de una boda y cuando me secaba el rostro con las &nbsp;mangas de mi maltrecha blusa, apareci\u00f3 la noticia de las exitosas operaciones del cerebro. Para mi desconcierto quien daba las declaraciones era yo y me acompa\u00f1aba un m\u00e9dico un tanto especial. No lo reconoc\u00ed. El reportero lo present\u00f3 como Doctor Dagoberto Alc\u00e1ntara, fundador junto a otros del Movimiento de Operaciones Cerebrales de la Corriente del 02. El doctor auguraba el \u00e9xito de mi intervenci\u00f3n, donde hab\u00eda utilizado diversos tejidos, experimentado con la gen\u00e9tica animal. Estaba convencido de las sorprendentes conclusiones cl\u00ednicas que se obtendr\u00edan progresivamente. Le insisti\u00f3 al reportero sobre los acercamientos difusos entre las tendencias de los diferentes gremios m\u00e9dicos del pa\u00eds. Le habl\u00f3 sobre las fronteras de los postulados entre esas sociedades que se hab\u00edan fragmentado. Esta situaci\u00f3n imped\u00eda la realizaci\u00f3n de un evento \u00fanico de operaciones cerebrales.<\/p>\n\n\n\n<p>Sacud\u00ed mi cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>No entend\u00ed nada, y menos a\u00fan cuando el Doctor Alc\u00e1ntara explic\u00f3 al reportero que este movimiento era filos\u00f3fico-m\u00e9dico-cibern\u00e9tico, surgido en Venezuela a mediados de los ochenta.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no pude escuchar m\u00e1s, pens\u00e9 que los gases de las bombas me hab\u00edan trastocado la mente. Decid\u00ed irme. Empuj\u00e9 muchas puertas y sal\u00ed de aquella sala de cine. Afuera no hab\u00eda rastros de aquella gente, ni de la protesta.<\/p>\n\n\n\n<p>Al &nbsp;regresar a casa, llam\u00e9 a mis familiares en Barquisimeto. Nadie contest\u00f3. A todos les dej\u00e9 el mensaje:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ll\u00e1mame \u00a1Es urgente!<\/p>\n\n\n\n<p>Encend\u00ed el televisor y no parec\u00eda ocurrir nada anormal. En el noticiero no dedicaron ni dos minutos a reportar la protesta cerca de la estaci\u00f3n de Ca\u00f1o Amarillo.<\/p>\n\n\n\n<p>Esperando las llamadas de mi familia, me dorm\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Al d\u00eda siguiente, al ba\u00f1arme descubr\u00ed unas peque\u00f1os nudos en mis omoplatos y al lavar mis pies, me di cuenta que mis u\u00f1as se hab\u00edan endurecido. Estaban m\u00e1s largas de lo habitual. Trat\u00e9 de ver mi espalda en el espejo, pero mi vista no alcanzaba. S\u00f3lo vi un leve enrojecimiento en el lado izquierdo de mi nuca.<\/p>\n\n\n\n<p>Decid\u00ed buscar a Dora en la universidad. Ella puede ayudarme a revisar mi espalda y tal vez, pueda decirme qu\u00e9 tengo ah\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Facultad, les pregunt\u00e9 a algunos conocidos sobre la protesta en las inmediaciones de Ca\u00f1o Amarillo. No dijeron nada importante y me fui sin despedirme, pues sent\u00eda una molestia en las puntas de los pies.&nbsp; Al estar lo suficientemente lejos, los examin\u00e9.&nbsp; Las u\u00f1as hab\u00edan crecido un poco.<\/p>\n\n\n\n<p>No encontr\u00e9 a Dora en la universidad, ni en su residencia, ni siquiera respondi\u00f3 el tel\u00e9fono. Decid\u00ed &nbsp;regresar y por el camino trat\u00e9 de serenarme, de ir lento, poco a poco, pero iba contraria a mis pensamientos. Apur\u00e9 el paso y not\u00e9 algo inexplicable mientras entraba a mi habitaci\u00f3n. Mis pies dieron como peque\u00f1os saltos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pas\u00e9 todo el d\u00eda encerrada en el cuartico y, a ratos me acercaba al peque\u00f1o espejo colgado en el pasillo del ba\u00f1o. \u00danicamente vi el ligero enrojecimiento de la nuca. No pude observar m\u00e1s nada en mi espalda. La toqu\u00e9 una y otra vez y s\u00f3lo sent\u00ed peque\u00f1\u00edsimas protuberancias, como ped\u00fanculos. Comenc\u00e9 a sofocarme y a temblar. Entr\u00e9 en una especie de p\u00e1nico. Trat\u00e9 de convencerme de que no pasaba nada. Me acost\u00e9 y di much\u00edsimas vueltas en la cama. Algunas veces me levant\u00e9 y no pude hacer nada. No dorm\u00ed bien. Me levant\u00e9 muy temprano con un malestar de cabeza y me tom\u00e9 dos Vicod\u00edn.<\/p>\n\n\n\n<p>Resolv\u00ed &nbsp;ir hasta los alrededores de Ca\u00f1o Amarillo. Pas\u00e9 por el frente del Instituto Armando Rever\u00f3n y cerca del Viaducto, me dispuse a tomarme un jugo en una de las muchas fuentes de soda que por all\u00ed hab\u00eda. Pregunt\u00e9 al dependiente si sab\u00eda algo de la protesta. Me coment\u00f3 despectivamente que esos esc\u00e1ndalos eran cotidianos. Le habl\u00e9 del sitio, una especie de sala de cine con puerta de vidrio en su fachada. Me dijo que nunca la hab\u00eda visto. No le cre\u00ed. Cuando pagu\u00e9 al cajero le pregunt\u00e9 s\u00ed conoc\u00eda al Dr. Alc\u00e1ntara y me respondi\u00f3 que no.<\/p>\n\n\n\n<p>Sal\u00ed desconcertada de aquella fuente de soda y camin\u00e9 hacia la estaci\u00f3n del metro.<\/p>\n\n\n\n<p>Con cierto disimulo, examino otra vez las u\u00f1as de mis pies. Me doy cuenta,&nbsp; mientras me calzo los zapatos, que en el vag\u00f3n hay otras dos personas. El se\u00f1or del peri\u00f3dico ya no est\u00e1 a mi derecha. No vi cuando se march\u00f3, me distraje pensando en lo qu\u00e9 le dir\u00eda a la mujer de la c\u00e1mara fotogr\u00e1fica. De nuevo, ella me mira con el rabo del ojo y anota en su libreta. Ahora, las dos nuevas personas que nos acompa\u00f1an fingen no observarme.<\/p>\n\n\n\n<p>En un impulso me acerco a la mujer. Se sorprende.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Me ha ocurrido algo muy raro. Necesito cont\u00e1rselo por favor \u2014le digo muy agitada\u2014. \u00bfPuede escucharme?<\/p>\n\n\n\n<p>Me mira entre recelosa e incr\u00e9dula pero acepta.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el metro se detiene, salgo con la mujer por el succionador del vag\u00f3n, nos lleva directamente fuera de la estaci\u00f3n. Buscamos un lugar para sentarnos y, ella se\u00f1ala mi espalda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSon naturales?<\/p>\n\n\n\n<p>Asustada, estiro la mano para tocarme y ahora s\u00ed, mis dedos palpan unas carnosidades con suaves y escasas plumas. Un fr\u00edo recorre mi cuerpo. Me tapo la boca para no gritar. Estoy a punto de desmayarme. La mujer me sostiene y nos sentamos en el banco de una plaza muy cercana a la estaci\u00f3n. Comienza a preguntarme y totalmente perturbada le cuento lo que ha sucedido.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella muestra una cara de fascinaci\u00f3n y sin preocuparse demasiado por m\u00ed, pregunta:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPuedes volar?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 dice? \u2014grito.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Desde hace largo rato he visto tus alas. \u2014Totalmente emocionada, acota\u2014: Han ido creciendo.<\/p>\n\n\n\n<p>Desconcertada con sus palabras me echo hacia atr\u00e1s para pegar mi espalda al banco de la plaza&nbsp; y as\u00ed, esconder las plumas. Ella se da cuenta y me entrega su abrigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo acepto de mala gana y pregunto:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfA qu\u00e9 se dedica?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Busco una historia para un cuento.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No te creo \u2014le digo alterada.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella me mira cautivada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPuedo tomarte una foto?<\/p>\n\n\n\n<p>Me siento grotesca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No s\u00e9. \u2014Hago un esfuerzo y accedo\u2014 Est\u00e1 bien.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin ning\u00fan apuro, la mujer limpia la c\u00e1mara fotogr\u00e1fica con el pa\u00f1uelo de colores pasteles. Delicadamente lo guarda en el bolso junto a su libreta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tienes que quitarte el abrigo. \u2014Estira sus brazos y me ordena\u2014: Despliega tus alas as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>La imito y me sale una media sonrisa.<\/p>\n\n\n\n<p>Al enfocarme con la c\u00e1mara, mis pies comienzan a levantarse del piso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Sonr\u00ede. \u2014Insiste\u2014: \u00a1Sonr\u00ede! \u00a1Mueve tus alas!<\/p>\n\n\n\n<p>Le hago caso y siento que subo r\u00e1pidamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Una tenue brisa, color naranja, rodea mi cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/miriam-mireles\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*\u00a0\u00c1ngel de la Guarda (Zacar\u00edas Gonz\u00e1lez Vel\u00e1zquez, ). Publicado en https:\/\/ficcionbreve.org. <\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Miriam Mireles A Orlando Alc\u00e1ntara Fern\u00e1ndez. Tiene una discreta c\u00e1mara fotogr\u00e1fica, la mueve con cierto nerviosismo entre sus manos. La mujer la saca a cada rato de su bolso. Hago como si no me diera cuenta de su inquietud. Me mira y me incomoda. Estoy a punto de decirle que no me vea demasiado. 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