{"id":1104,"date":"2021-09-05T21:27:48","date_gmt":"2021-09-05T21:27:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=1104"},"modified":"2024-02-01T18:30:51","modified_gmt":"2024-02-01T18:30:51","slug":"gallegos-y-lichtenberg","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gallegos-y-lichtenberg\/","title":{"rendered":"Gallegos y Lichtenberg"},"content":{"rendered":"<h4 style=\"text-align: right;\">Jos\u00e9 Solanes<\/h4>\n<p>Se lee entre l\u00edneas. Quiz\u00e1s pueda decirse tambi\u00e9n que se lee entre libros.<\/p>\n<p>La entrel\u00ednea es el espacio privilegiado de esta tan pregonada colaboraci\u00f3n del autor con el lector. No se sabe si lo que desde all\u00ed nos llega es lo que el autor quer\u00eda y no se atrev\u00eda- o no sab\u00eda- escribir con todas las letras o, m\u00e1s bien, aquello que nosotros, los lectores, hubi\u00e9semos querido o temido que nos dijera. El espacio que se abre para el lector entre lectura y lectura, entre libro y libro, es m\u00e1s amplio, y m\u00e1s amplia y m\u00e1s compleja la colaboraci\u00f3n que all\u00ed se establece. Tiene lugar entre el que lee y, no uno, sino por lo menos dos autores- con sus respectivos personajes.<\/p>\n<p>Se nos dir\u00e1 que entrelectura es tan s\u00f3lo el nombre que por capricho queremos dar lo que sencillamente es cr\u00edtica. Y en efecto, profesionales de la entrelectura podr\u00eda llamarse a los cr\u00edticos. Una diferencia sin embargo hay que se\u00f1alar: al erigirse en cr\u00edtico, el entrelector no solamente aumenta la parte que le corresponde en la colaboraci\u00f3n sino que le confiere prop\u00f3sito: el de evaluar, situar, encasillar y de alg\u00fan modo juzgar. Digamos que en alguna ocasi\u00f3n, en lugar del juez que pretende ser, se convierte en el c\u00f3mplice que no debiera ser de alguno de los escritores que en la entrelectura se enfrentan. Mas hay que compadecerse de los asalariados de la lectura, de los que leen por obligaci\u00f3n y que s\u00ed se distinguen de los estudiantes, que en tanto p\u00e1rrafo pajizo tienen que pastar, es por el derecho que se les reconoce de vituperar p\u00fablicamente al autor que les result\u00f3 enfadoso. La entrelectura ser\u00e1 para nosotros intertextualidad de profano, proceso sin acusados.<\/p>\n<p>Quisi\u00e9ramos llamar hoy la atenci\u00f3n sobre un extra\u00f1o fen\u00f3meno que, sali\u00e9ndonos por un momento de la literatura, podremos ilustrar recordando una cierta experiencia de viaje que, probablemente, m\u00e1s de un lector habr\u00e1 vivido: circula el viajero entre extra\u00f1os, por la lejana ciudad de un distante continente y, de pronto, se le abren los ojos con sorpresa al toparse con un conocido, un amigo quiz\u00e1s, una persona con quien trato en otros d\u00edas, en otro pa\u00eds, a lo mejor en su propia ciudad natal. Algo semejante ocurre al lector al tropezarse con asombre en un texto con frases, giros, enfoques que le parecen inspirados, sino simplemente tomados, del texto de otro autor, muy distinto, que escrib\u00eda en otro estilo, sobre otros temas, en otra lengua, en otro siglo. Pudimos con Gallegos sentir nosotros este asombro. Leyendo su <strong>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/strong>, se irgui\u00f3 en cierto punto ante nosotros la silueta de un autor que, a pesar de no sernos ni compatriota ni contempor\u00e1neo, s\u00ed conoc\u00edamos algo. Lo suficiente en todo caso para saber que no hay que esperar encontr\u00e1rselo en muchos sitios y, menos que ninguno, hubi\u00e9semos pensado, en los hatos de Apure. Se trata en efecto de Lichtenberg. \u00bfC\u00f3mo pudo su ingenio empalmar con el de Gallegos o, por lo menos, con el de uno de sus personajes?<\/p>\n<p>No hay que ser injusto con los personajes de Gallegos. Sobre todo si se toma en cuenta lo que afirm\u00f3 Germ\u00e1n Arciniegas: \u201cA Ud. lo eligieron presidente sus personajes\u201d, dicen que le dijo, en M\u00e9xico, en el homenaje que se le rindi\u00f3 al cumplir sus setenta a\u00f1os. Mas ocurre con Do\u00f1a B\u00e1rbara, personaje cuya corpulencia desborda del libro como de un cors\u00e9, que su figura eclipsa, para una buena parte del p\u00fablico, a sus compa\u00f1eros de narraci\u00f3n. Apenas si la gente sabe que tambi\u00e9n hay en la novela un Br. Mujiquita: pocos m\u00e1s nombres ver\u00edamos citados, nos atrever\u00edamos a creer, si se interrogara al azar a algunos de los que dicen haberla le\u00eddo. Quiz\u00e1s Pajarote alcance ahora mejor suerte que la corrida por los dem\u00e1s olvidados. Sucede, en efecto, que \u00e9ste fue persona tan de carne y hueso que hasta se le pudo tomar fotograf\u00edas y, en una de las que en ocasi\u00f3n del centenario la prensa ha reproducido, se le ve\u00eda montado sobre la cola de un gran caim\u00e1n con el propio Gallegos y otros amigos. Confesemos que, con una lupa, hemos en la fotograf\u00eda escrutado la fisonom\u00eda de Pajarote tratando de saber, por aquello de que el rostro es el espejo del alma, si le encontr\u00e1bamos alg\u00fan parecido con el Lichtenberg de los retratos que de \u00e9l se pueden en los libros encontrar. Podr\u00eda ciertamente ocurrir que alguno de los que Don R\u00f3mulo le atribuye sean en verdad de \u00e9l, y no del escritor. \u00bfSe limitar\u00eda \u00e9ste acaso, en su visita a los Llanos, a tomar nota de los mismos? Lo sabremos quiz\u00e1s cuando se puedan consultar con calma los cuadernos, tan felizmente hallados, del caporal Antonio Jos\u00e9 Torrealba que el profesor Colmenares del Valle se ha propuesto poner al alcance del p\u00fablico. Digamos en todo caso que no encontramos semejanza significativa entre las facciones del llanero y el jorobado de Gottinga, pero digamos tambi\u00e9n que mayor diferencia hay entre las de \u00e9ste y el novelista.<\/p>\n<p>Lichtenberg fue, en el siglo XVIII, ese profesor de F\u00edsica y Matem\u00e1ticas de Gottinga (tuvo a Humboldt entre sus disc\u00edpulos), que, quiz\u00e1s por su deformidad corporal, tanto vino a distinguirse \u00a0en el campo de la hipocondr\u00eda y de la meditaci\u00f3n extravagante. Ide\u00f3 lo que podr\u00eda llamarse el Kama-Sutra de la reflexi\u00f3n pensando en hasta 62 maneras diferentes de apoyar la cabeza en la mano. Escribi\u00f3 varios ensayos cient\u00edficos y unos curiosos <strong>Aforismos<\/strong> de los que es probable que Gallegos tuviera nunca ocasi\u00f3n de saber algo<a href=\"#_ftn1\" name=\"_ftnref1\">[1]<\/a>. Tampoco, y ello es m\u00e1s seguro, Pajarote pudo tenerla. He aqu\u00ed sin embargo lo que ambos escribieron. Lichtenberg fue el m\u00e1s breve, limit\u00e1ndose a incluir en los citados <strong>Aforismos<\/strong> aquel c\u00e9lebre<\/p>\n<p>\u201ccuchillo sin mango cuya hoja se perdi\u00f3\u201d<\/p>\n<p>Pero tampoco fue Pajarote muy prolijo. Recordemos lo que aparece diciendo en el cap\u00edtulo XII (parte II) de <strong>Do\u00f1a B\u00e1rbara<\/strong>. Al llegar desvalido al hato pide que le contraten como pe\u00f3n. Se le responde que s\u00ed se le aceptar\u00e1 y se le dar\u00e1 caballo que montar, pero que es indispensable que sea \u00e9l mismo quien se consiga el apero. \u201cYo tengo apero\u201d, replic\u00f3.<\/p>\n<p>\u201cme falta el arric\u00e9s, el guardabastos se me perdi\u00f3, el<\/p>\n<p>fuste me lo robaron y la corona no s\u00e9 que se me hizo,<\/p>\n<p>pero me queda el sufridor\u201d.<\/p>\n<p>El sufridor, es decir, el solicitante mismo, el candidato a jinete quien demuestra as\u00ed su \u201cvoluntad de pasar trabajos\u201d, seg\u00fan comenta Antonio, el personaje que cuenta la an\u00e9cdota.<\/p>\n<p>De un cuchillo que no tiene ni hoja ni mango queda de todos modos el nombre. Y gracias al escamoteo de todo lo que parec\u00eda hacerlo tal, este cuchillo es sin duda aquel que m\u00e1s presencia se ha ganado puesto que mucho se ha ido repitiendo y discutiendo la frase de LIchtenberg. Del apero que s\u00f3lo queda el sufridor<a href=\"#_ftn2\" name=\"_ftnref2\">[2]<\/a>, queda en realidad tanto que resulta ser este apero, el que no existe, el que m\u00e1s veces y en m\u00e1s lenguas se ha descrito. No han dejado los cr\u00edticos de referirse al curioso p\u00e1rrafo y Felipe Massiani lo presenta como expresi\u00f3n del estoicismo del llanero. Creemos que en verdad as\u00ed es, pero que, adem\u00e1s de la fortaleza, da testimonio de la sutil agudez del pe\u00f3n. Una agudez del mismo tipo que la del lajano escritor germano: una penetrante manera de demostrar cu\u00e1n estrechos resultan, ateni\u00e9ndose a la pura l\u00f3gica, los marcos definitorios de las cosas y, aun m\u00e1s, de los hombres. Veremos as\u00ed que llamamos bruto al que no aprende, pero a su vez notaremos que es dif\u00edcil aprender a ser bruto. Queda ello bien claro en otro pasaje (tambi\u00e9n citado por Massiani aunque por otro motivo)<a href=\"#_ftn3\" name=\"_ftnref3\">[3]<\/a> en donde se hace observar que \u201cni agua corre pa\u00b4arriba ni el inteligente aprende a ser bruto\u201d. Es decir, el inteligente se queda al nivel inferior que se tiene por b\u00e1sico, y en \u00e9l permanece enredado en lo discursivo, lo l\u00f3gico, lo grave (es decir lo pesado). S\u00f3lo el \u201cbruto\u201d, por lo liviano de su mente, llegar\u00e1 a la c\u00faspide de lo intuitivo. Dios es la suma bondad mas nuestro Pajarote encuentra una manera inesperada de hacerla reconocer por su interlocutor. Esta manera consiste en nada menos que identificar a Dios con el Diablo. Dios, afirma en el cap\u00edtulo XII de la parte III (y subrayamos nosotros), \u201ctiene su manera de El para arreglar las coas y <strong>es un demonio <\/strong>para castigar\u201d. Hubiese podido decir, con m\u00e1s l\u00f3gica y mayor deferencia <strong>cuenta con <\/strong>o <strong>dispone de<\/strong>, pero no: Pajarote dice netamente <strong>es.<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><strong>* <\/strong><strong>* *<\/strong><\/p>\n<p>No puede suponerse que Lichtenberg inspirara a Pajarote y ni siquiera que influenciara a Gallegos. \u00bfC\u00f3mo entonces pudo la chispa de un mismo genio brotar, con tan af\u00edn centelleo, en los claustros de una universidad teutona y en las sabanas de Apure? Quiz\u00e1s no tengamos necesidad de formularnos la pregunta si evocamos nuestra com\u00fan condici\u00f3n de seres pensantes y recordamos que no se sabe si en verdad se fabrica uno los pensamientos que tiene por propios y originales. Volvamos a LIchtenberg. No cre\u00eda \u00e9l que pudiera decirse de nadie ni de nada que lloviera, relampagueara o nevara. Pensar es en realidad, seg\u00fan \u00e9l, verbo impersonal, siendo lo m\u00e1s curioso que quien as\u00ed proclama la impersonalidad del pensar es, siendo el original Lichtenberg, uno de los m\u00e1s personales pensadores. Oig\u00e1mosle en todo caso afirmar que si se postula el <strong>yo <\/strong>al decir <strong>pienso<\/strong> es tan s\u00f3lo por necesidad pr\u00e1ctica: debi\u00e9ramos decir <strong>piensa <\/strong>como decimos <strong>llueve<\/strong>. Es una cierta aunque inadvertida intemperie estamos viviendo en la que resulta posible observar como <strong>en m\u00ed se est\u00e1 pensando<\/strong> del mismo modo que se observa como<strong> en la ciudad est\u00e1 lloviendo<\/strong>. Tendr\u00edamos as\u00ed que la extra\u00f1a lluvia fertilizante de lo racional il\u00f3gico puede caer en ambos mundos por igual- mas siempre con caprichosa escogencia- sobre las cabezas de personas que nada saben una de otra, y que ni deseo pueden tener de saber algo.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref1\" name=\"_ftn1\">[1]<\/a> Antes que Andr\u00e9 Br\u00e9ton lanzara su <strong>Antolog\u00eda del Humor Negro<\/strong> (en 1940, con textos de Lichtenberg traducidos por Albert B\u00e9guin), tan pronto y tan r\u00e1pidamente difundida, poco se hablar\u00eda de los <strong>Aforismos <\/strong>en los c\u00edrculos culturales que Gallegos pudo frecuentar. Existen ahora cuidadosas traducciones al castellano, y en Colombia se publicaron las versiones de A. de Zubiaure (<strong>Eco<\/strong>, octubre de 1962) y de E.V. (Volkening?) en la misma revista (\u201cEfigie de LIchtenberg\u201d. <strong>Eco<\/strong>, marzo-abril 1971).<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref2\" name=\"_ftn2\">[2]<\/a> Hay que hacer notar que si bien sufridor nombra al que sufre, nombra tambi\u00e9n en ciertos estados por lo menos, un objeto. Tenemos as\u00ed que, seg\u00fan se nos informa, para los campesinos de Cojedes <strong>sufridor <\/strong>es el pedazo de cobija, o de alguna otra clase de tejido, que se pone directamente en contacto con la piel del animal, entre el dorso de este y la silla de montalr.<\/p>\n<p><a href=\"#_ftnref3\" name=\"_ftn3\">[3]<\/a> Massiani, Felipe. <strong>El hombre y la naturaleza en Gallegos. <\/strong>Monte \u00c1vila, 1984. pp 181\/183.<\/p>\n<h4 style=\"text-align: right;\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-solanes\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n<h6>*Tomado del volumen: Jos\u00e9 Solanes, <em>La tarea de las palabras<\/em>. Ediciones del Rectorado de la Universidad de Carabobo.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Solanes Se lee entre l\u00edneas. Quiz\u00e1s pueda decirse tambi\u00e9n que se lee entre libros. La entrel\u00ednea es el espacio privilegiado de esta tan pregonada colaboraci\u00f3n del autor con el lector. 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