{"id":11032,"date":"2024-02-01T15:05:50","date_gmt":"2024-02-01T15:05:50","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=11032"},"modified":"2024-02-01T18:29:26","modified_gmt":"2024-02-01T18:29:26","slug":"los-nombres-del-exilio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/los-nombres-del-exilio\/","title":{"rendered":"Los nombres del exilio"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jos\u00e9 Solanes <\/h4>\n\n\n\n<p><strong>LA PASI\u00d3N DE LOS NOMBRES <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Puesto que estamos en el mundo, estamos condenados al sentido, y no podemos hacer ni decir nada que no tome un nombre en la historia.<\/em> M. Merleau Ponty<\/p>\n\n\n\n<p><em>&#8216;Habitar\u00e9 mi nombre&#8217;, fue tu respuesta a los cuestionarios del puerto.<\/em> Saint-John Perse<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Vocabulario de la ausencia<\/strong> <\/p>\n\n\n\n<p>La mayor\u00eda de los diccionarios define el exilio en funci\u00f3n del espacio, sin alejarse de lo que sugiere la etimolog\u00eda de la palabra. Exilio ser\u00eda, en efecto, un derivado del lat\u00edn <em>exsiliare: saltar afuera<\/em>. A veces se hace sin embargo participar a la idea de tiempo en la delimitaci\u00f3n del concepto. La Enciclopedia Brit\u00e1nica nos dice, as\u00ed, que por exilio hay que entender \u00abla ausencia <em>prolongada <\/em>del propio pa\u00eds, impuesta por la fuerza de la autoridad\u00bb. Debemos creer que para hacer efectivo el castigo, se toma en cuenta m\u00e1s la duraci\u00f3n de la ausencia que la ausencia misma. Una ausencia demasiado breve no ser\u00eda realmente tal, pero si por la raz\u00f3n que sea, se hace demasiado larga, se dir\u00eda que ya es m\u00e1s que ausencia, que se vuelve otra cosa. \u00abDesconcierta la vida larga ausencia\u00bb, dec\u00eda Cervantes. Desconcertar: confundir, crear incertidumbre con respecto a lo que hay que hacer, decir o pensar. Y la incertidumbre es tal a veces, que s\u00f3lo el C\u00f3digo puede disiparla gracias al art\u00edculo que declara civilmente muerto a quien ha estado ausente un n\u00famero determinado de a\u00f1os sin que durante los mismos se hayan podido obtener noticias de \u00e9l. \u00bfC\u00f3mo entonces llamar a este ausente por la ausencia arrastrado hasta tan cerca de la muerte? <\/p>\n\n\n\n<p>La verdad es que se han propuesto m\u00e1s nombres de lo que, por lo general, se supone. Si son numerosas las palabras que se han hallado para ponerlas en lugar de muerte, vocablo que no sabr\u00edamos pronunciar ni escribir demasiado a menudo, son m\u00e1s numerosas todav\u00eda las que se han inventado para reemplazar a exilio y exilado, voces \u00e9stas que, sin embargo, pueden prodigarse sin embarazo. No se discute adem\u00e1s sobre las palabras propuestas en reemplazo de muerto: todas son en general aceptadas, mientras que se disputa con pasi\u00f3n sobre las que se quiere colocar en lugar de exilado. Ello ocurre sin duda porque las personas que se quieren as\u00ed nombrar, aun si no se tienen a s\u00ed mismas por muy vivientes, no por ello dejan de serlo lo bastante para pregonar sus divergencias y proponerse para etiquetas diferentes a aquellas que se les hace llevar. <\/p>\n\n\n\n<p>Un asunto jam\u00e1s agotado es en efecto el del nombre que habr\u00eda que dar a los ausentes cuya partida ha sido m\u00e1s o menos claramente forzosa y que han de permanecer alejados por un tiempo cuya duraci\u00f3n no puede determinarse de antemano. <\/p>\n\n\n\n<p>Se es muy puntilloso sobre ello. Quiroga Pla, el poeta yerno de Unamuno, no quer\u00eda que se dijese que <em>Morir al d\u00eda<\/em>, su hermoso libro hecho en Par\u00eds, hab\u00eda sido escrito en \u00abel exilio\u00bb, \u00abpalabra que rechazo\u00bb, declaraba. Prefer\u00eda hacerse llamar desterrado. La palabra exilado no es ajena al espa\u00f1ol, y el diccionario de la Academia la propone juntamente con exiliado; Quiroga no las encontraba sin embargo a su medida. \u00bfC\u00f3mo se le llamar\u00eda pues en el pa\u00eds donde escribi\u00f3, puesto que en franc\u00e9s <em>desterrer <\/em>no est\u00e1 hoy en uso, y cuando lo estaba, no significaba tampoco precisamente alejar a alguien de su tierra natal sino apoderarse de la tierra de alguien, desposeerlo de ella, aunque el despose\u00eddo permaneciera en el lugar? Nos enfrentamos aqu\u00ed a dificultades provenientes de uno de los caracteres esenciales del exilio, pues \u00e9ste no es sola- mente aventura en un tiempo y en un espacio abstractos sino tambi\u00e9n en una dimensi\u00f3n social donde la diversidad de hablas se da penosamente a sentir como estorbo o <em>suspecta extravagancia <\/em>(incluso, desde luego, cuando el idioma oficial del pa\u00eds de asilo es el mismo que el de origen).<\/p>\n\n\n\n<p>El nombre de los que viven la experiencia de la que nos queremos ocupar, cambia seg\u00fan las lenguas, seg\u00fan el punto de vista jur\u00eddico o pol\u00edtico desde el que se le enfoque, seg\u00fan el momento de la historia&#8230; Los gustos personales y las preferencias de grupo vienen luego, ampliando m\u00e1s todav\u00eda un muestrario en el que se elige de modo a veces sorprendente. Si tantos nombres hay, ello ser\u00e1 porque ninguno le signa todo lo que, dentro del concepto, busca apelativo, pero digamos que esta inquieta b\u00fasqueda contribuye no poco a caracterizarlo: con ella se manifiesta el sentimiento de una transformaci\u00f3n que el afectado no puede dejar de reconocer pero que se resiste a sufrir pasivamente.<\/p>\n\n\n\n<p>Tampoco Ovidio quer\u00eda que se le llamara exiliado y hac\u00eda observar a todos los que pod\u00edan leerlo, que no estaba sino relegado. El Cid, expulsado de Castilla por el rey Alfonso vi, era un salido. Unamuno nos lo recuerda y, como para ilustrar con un caso concreto nuestra observaci\u00f3n sobre la tendencia del grupo a verse representado por el excluido, hace notar que un salido fue el primer s\u00edmbolo po\u00e9tico de la castellanidad. Mas cuando, bajo otro Alfonso, a Unamuno le toc\u00f3 el turno de escoger un nombre para s\u00ed, olvid\u00f3 el salido y escogi\u00f3 desterrado. Los espa\u00f1oles que abandonaron su pa\u00eds en 1939 gustaron m\u00e1s de la palabra peregrino e hicieron aparecer en M\u00e9xico una importante revista que titularon Espa\u00f1a peregrina. Ahora bien, en el uso del nombre se les hab\u00eda adelantado en varios siglos un personaje, de su mismo origen, al que ninguno de ellos hubiese querido que se le asociara. Lope de Aguirre, el Peregrino, as\u00ed firm\u00f3 el atroz Tirano la c\u00e9lebre carta a Felipe II en la que se desnaturalizaba de Espa\u00f1a.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras en Am\u00e9rica, bajo Felipe II, despuntaba <em>el peregrino<\/em>, en Europa se daba el <em>traspuesto.<\/em> Hallamos el t\u00e9rmino en Antonio P\u00e9rez, el pr\u00f3fugo secretario del rey, quien en una carta a su mujer lo utiliza para referirse a un morisco \u00abde los traspuestos del reino de Granada\u00bb. Se dol\u00eda \u00e9ste en su destierro, nos dice P\u00e9rez, de su \u00abtransmigraci\u00f3n\u00bb y se lamentaba de la \u00abdisipaci\u00f3n de tanto pueblo\u00bb. Los traspuestos nos parecen as\u00ed corresponder a las modernas \u00abpersonas desplazadas\u00bb, esas D.P. de las que se habl\u00f3 tanto en los a\u00f1os que siguieron a la II Guerra Mundial (y es sin duda digno de notarse que, cuando se trata de buscar nombre al exilio, no ha dejado de acudirse, con las siglas, a los s\u00edmbolos, igual que en la Qu\u00edmica).<\/p>\n\n\n\n<p>Desterrar tiene en extra\u00f1ar un sin\u00f3nimo al que por cierto no se recurre frecuentemente, Quiz\u00e1s ello se deba a qu\u00e9 asombrar, que es otra de sus acepciones, pudiera crear confusi\u00f3n en el texto: sentirse asombrado al verse extra\u00f1ado es, sin embargo, como veremos m\u00e1s adelante, una de las experiencias m\u00e1s a menudo registradas en el exilio vivido. Lo que nos llama la atenci\u00f3n es que para los ministros de Fernando VI, extra\u00f1ado se contrajera en extra\u00f1o y as\u00ed lo usaran en sus documentos. No se trata pues ahora de un nombre que se dieran los desterrados sino de uno que recib\u00edan de los desterrantes. En 1816, dos a\u00f1os despu\u00e9s de la retirada de los bonapartistas, continuando las labores de \u00abpurificaci\u00f3n\u00bb (no se dec\u00eda todav\u00eda \u00abdepuraci\u00f3n\u00bb) de todos los sospechosos de ser afrancesados, se dicta una real c\u00e9dula \u00abpor la cual se prescriben las reglas que se han de observar en la sustanciaci\u00f3n y determinaci\u00f3n de las causas contra los extra\u00f1os del reino por adictos al Gobierno intruso\u00bb. La diferencia es de importancia: extra\u00f1o es el forastero, el extranjero. El t\u00e9rmino se aplica, seg\u00fan Mar\u00eda Moliner \u00aba la persona que no pertenece al grupo, familia, naci\u00f3n, c\u00edrculo, etc\u00bb. Con el extra\u00f1o se soltaban pues todos los lazos que pudieran a\u00fan unir con el extra\u00f1ado y ven\u00eda a ser como si, prescindiendo de tr\u00e1mites burocr\u00e1ticos, se retirara la nacionalidad al fugitivo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no es s\u00f3lo de gobiernos hostiles que se es fugitivo. En m\u00e1s de un pa\u00eds y de una Ocasi\u00f3n, la Naturaleza rechaza al hombre. A situaci\u00f3n distinta, nombre tambi\u00e9n distinto, como el brasile\u00f1o retirante, ombre dado al que emigra a otros estados huyendo de la sequ\u00eda que azota las zonas \u00e1ridas del Nordeste\u00bb, como nos explica M\u00e1rgara Russotto anotando, en su traducci\u00f3n, uno de los versos de Jo\u00e1o Cabral de Melo Neto, el titulado <em>Muerte y vida severina<\/em>, que deber\u00eda figurar en sitio preferente cuando se trate de ilustrar una forma de exilio que merece particular atenci\u00f3n. En su vano repliegue en busca de ocupaci\u00f3n, el retirante de Melo Neto llega a donde<\/p>\n\n\n\n<p><em>la muerte es tanta<\/em><br><em>que s\u00f3lo es posible trabajar<\/em><br><em>en esas profesiones que hacen<\/em><br><em>de la muerte oficio o bazar<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>rezanderas, sepultureros y \u00abdoctor de anillo en el anular.<\/p>\n\n\n\n<p>Debemos por un momento volver a los peregrinos para recordar que tambi\u00e9n se quiso llamar as\u00ed a los polacos expatriados del siglo pasado. Mickiewicz es autor del <em>Libro de los peregrinos polacos<\/em>, el de los exiliados que hab\u00edan \u00abhecho voto de ir en peregrinaje a Tierra Santa, es decir, a su patria liberada\u00bb, No alcanzaron su meta. Muchos se hallan hoy enterrados en un cementerio franc\u00e9s, en Montmorency, y es curioso observar que son ahora sus tumbas las que constituyen objeto de peregrinaci\u00f3n: cada a\u00f1o, en un d\u00eda determinado, se celebran ceremonias religiosas ante ellas, a las que acuden algunos de sus descendientes junto con emigrados e inmigrantes polacos residentes actualmente en Francia.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Destierro y destiempo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En una carta de 1852, V\u00edctor Hugo se muestra indiferente en lo tocante a los nombres que se le quisieran dar. Escribe en una carta: \u00abSe me ha afrentado, proscrito, exiliado, expulsado, perseguido, \u00bfqu\u00e9 s\u00e9 yo? Todo eso, para m\u00ed es bueno\u00bb. Le da igual. Pero debe observarse que en la relaci\u00f3n de palabras para \u00e9l aceptables, el t\u00e9rmino emigrado no figura. Tampoco figura en la lista que, ya a fines del exilio, se sinti\u00f3 de nuevo impulsado a establecer en el amargo prefacio que escribi\u00f3 para el libro de su hijo Charles. \u00abHe estado\u00bb, dice entonces, \u00abfuera de la ley, expulsado, condenado, recondenado, proscrito, reproscrito&#8230;. \u00bb. Y es que ni \u00e9l ni ninguno de sus compa\u00f1eros, republicanos proscritos del siglo XIX, habr\u00edan querido ser designados con el mismo nombre de los emigrados realistas del XVIII.<\/p>\n\n\n\n<p>Y he aqu\u00ed por otra parte a Men\u00e9ndez y Pelayo, el eminente y muy cat\u00f3lico pol\u00edgrafo espa\u00f1ol, autor de estudios muy notables sobre los jesuitas que, tambi\u00e9n en el siglo XVIII, expuls\u00f3 de su imperio Carlos III. Pues bien, algunos de los trabajos que les consagr\u00f3 aparecieron en su <em>Historia de los heterodoxos espa\u00f1oles <\/em>se ocupa: los protestantes, los her\u00e9ticos de todas la los rebeldes, ninguno de ellos merece el nombre que cubre jesuitas; no son sino fugitivos o exiliados, palabras que, tal vez darse cuenta, no aplica sino raramente a los sacerdotes de la compa\u00f1\u00eda. Es cierto sin embargo que \u00abhabi\u00e9ndose vuelto sospechosos por la ausencia\u00bb, como lo dice Nabile Fares, los exiliados deben estar preparados a ser tratados con toda suerte de nombres. He aqu\u00ed los que prev\u00e9 Fares: \u00abExiliados, Emigrados, Fugitivos, Peque\u00f1o-Burgueses, Funcionarios, Bur\u00f3cratas\u00bb, y los tres \u00faltimos sorprenden. Se trata no obstante de t\u00e9rminos realmente aplicados, a veces como insultos, (y entonces sobre todo por los compatriotas de los exiliados) a numerosos extranjeros venidos del Este y de ciertos pa\u00edses \u00e1rabes o africanos. El exilio es una de las situaciones que mejor favorecen el deslizamiento de sentido de las palabras y que m\u00e1s f\u00e1cilmente les hace despertar ecos pasionales.<\/p>\n\n\n\n<p>Favorece tambi\u00e9n la creaci\u00f3n de neologismos. Unamuno escrib\u00eda a veces despatriado en lugar de expatriado, y Jos\u00e9 Gaos invent\u00f3 la palabra <em>transterrado<\/em>, que fue muy bien acogida, \u00absobre todo por los americanos generosos que aceptaron de buen coraz\u00f3n a la emigraci\u00f3n espa\u00f1ola\u00bb, cuyos miembros se supon\u00edan hallarse en Am\u00e9rica como si simplemente hubieran cambiado de provincia. Cuando lleg\u00f3 la hora de los grandes exilios sudamericanos, el t\u00e9rmino fue adoptado por los antiguos anfitriones de los \u00abperegrinos\u00bb, y, proscritos a su vez, les ocurre ahora escribir. libros en que el <em>transtierro<\/em> aparece tambi\u00e9n: el chileno Gonzalo Rojas escogi\u00f3 la palabra para dar t\u00edtulo a su hermosa colecci\u00f3n de poemas, aparecida en Madrid.<\/p>\n\n\n\n<p>Al retorno de los \u00abperegrinos\u00bb a Espa\u00f1a, el periodista Francisco Umbral supo encontrarles todav\u00eda otro nombre: viendo el enternecimiento con que algunos de ellos miraban al cielo de Madrid y se daban cuenta que este cielo les hab\u00eda hecho falta tal vez m\u00e1s que la tierra, el periodista encontr\u00f3 que no hab\u00eda que llamarlos desterrados sino <em>descielados<\/em>, privados del cielo. Antes que \u00e9l, y sin escribir la palabra, el padre Nieremberg hab\u00eda ya pensado en los descielados, que eran para \u00e9l, sin embargo, exiliados de otro tipo de exilio, del m\u00e1s temible: se trata de los pecadores privados despu\u00e9s de la muerte del cielo de los bienaventurados, ser\u00e1n, dice el padre, <em>desterrados del Cielo y presos en el Infierno<\/em>. Tenemos todav\u00eda un precedente m\u00e1s viejo aunque menos serio: Perot Joan, poeta menor en la Valencia del siglo XV, la \u00e9poca de Auzias March. Tomamos la cita de Alphonse Serra-Bald\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Foreu estat cardenal<\/em>,<br>o gran home en dignitat;<br><em>ora seu pobre, robat,<\/em><br><em>e, si us moriu, bandejat<\/em><br><em>del regne celestial.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La idea de que, siendo el cielo la verdadera patria, se puede ser dos veces exiliado, al nacimiento y a la muerte, se encuentra aplicada al pa\u00eds entero en versos de Unamuno cuyo atormentado pensamiento puede aproximarse al de Hugo y Luria:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ay mi Espa\u00f1a desterrada<br>de tu reino celestial,<br>mi pobre tierra enterrada<br>en tu tierra terrenal.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Aun cuando se trate de la de la patria, la tierra no ser\u00e1 pues sino Tierra de Exilio. No s\u00f3lo somos \u00abextranjeros y peregrinos\u00bb, como nos lo dice ya el <em>Lev\u00edtico<\/em>, sino que la tierra misma est\u00e1 tambi\u00e9n exiliada, seg\u00fan ya lo se\u00f1alaban los autores de la <em>C\u00e1bala<\/em>. Ahora bien, entre los neologismos a que ha dado lugar el fen\u00f3meno que estudiamos, se encuentra <em>desterria<\/em>, que hasta ahora no hab\u00edamos mencionado. Propuesto por Luis Simon\u201d, <em>desterria<\/em> significar\u00eda precisamente Tierra de Exilio. Observemos que si en este planeta en que hemos nacido hemos podido conocer el sentimiento de estar en exilio, el sentimiento contrario, el de estar en casa, el de tener una patria, no nos era -y este es el momento de decirlo del todo extra\u00f1o: evidentemente, hemos tomado conocimiento del uno y del otro en el mismo planeta. <\/p>\n\n\n\n<p>En el esp\u00edritu de Luis Simon, <em>Desterria <\/em>no nombrar\u00eda a la Tierra entera ni tampoco al prohibido pa\u00eds de origen: es el nombre que llevar\u00eda una parte todav\u00eda imaginaria del mundo, donde la ONU crear\u00eda un \u00abespacio internacional\u00bb. Espacio, escribe Simon, en que \u00abse fundar\u00eda una naci\u00f3n o multinaci\u00f3n, el estado de <em>Desterria <\/em>o de Esperanza o de no importa qu\u00e9 otro nombre, que tambi\u00e9n podr\u00eda ser ONU\u00bb. En esta nueva entidad territorial imaginada por Luis Simon, \u00ablos exiliados de hoy, los de ma\u00f1ana y los de ayer que siguieran si\u00e9ndolo, encontrar\u00edan vida, trabajo y organizaci\u00f3n, asiento y seguridad\u00bb. Ser\u00eda un \u00abquinto mundo\u00bb, dice Simon adem\u00e1s, que transformar\u00eda una parte al menos de este planeta de exilio en tierra de asilo. <\/p>\n\n\n\n<p>No existiendo a\u00fan el estado de Desterria, sus futuros ciudadanos no tienen pues apelativo que les corresponda, y si se llaman desterrados, se los nombra tambi\u00e9n, seg\u00fan hemos visto, exiliados, proscritos, extra\u00f1os, expulsos, transterrados, descielados&#8230; \u00bfSer\u00eda que los nombres espa\u00f1oles son m\u00e1s numerosos? No es sin embargo un espa\u00f1ol, sino un polaco, Joseph Wittelin, quien ha creado, para bautizar la experiencia que tantos expatriados viven, el neologismo m\u00e1s interesante. Parti\u00f3 precisamente del castellano, de <em>destiempo<\/em>. Est\u00e1 construido dicho vocablo sobre el modelo de destierro: si \u00e9ste priva de la tierra, el <em>destiempo<\/em> priva del tiempo. Carlos \u00c1lvarez, uno de los poetas revelados por la emigraci\u00f3n espa\u00f1ola, se presentaba como <em>Juansintierra ni tiempo<\/em>. Y si seguimos a Wittelin observaremos que lo que marca m\u00e1s no es verse alejado de la patria, del pa\u00eds, de la tierra, del cielo o del para\u00edso, sino encontrarse apartado del tiempo, arrancados del tiempo. <\/p>\n\n\n\n<p>Al salir en busca de la palabra justa, ya tuvimos que notar la importancia que la noci\u00f3n de tiempo asumi\u00f3 en la definici\u00f3n de los hechos del exilio. Y nos encontramos ahora algo sorprendidos que no se trata ni de tiempo corto, ni de tiempo largo, ni de tiempo indefinido: es del no-tiempo de lo que hay que ocuparse. \u00bfY qu\u00e9 puede ser este no-tiempo? \u00bfQu\u00e9 relaci\u00f3n puede tener con el espacio?<\/p>\n\n\n\n<p>En el siciliano de la mafia, se ha ido a buscar la palabra que expresa la idea de partir al exilio entre aquellas que est\u00e1n en relaci\u00f3n con la experiencia del tiempo. Se escogi\u00f3 <em>speranzari<\/em>: esperar. \u00abHuir al extranjero: <em>speranzari<\/em>, leemos en el C\u00f3digo de la mafia. Un poco m\u00e1s arriba hemos visto a Simon proponer como alternativa a Desterria el nombre: <em>Estado de la Esperanza<\/em>. \u00bfQu\u00e9 aproximaciones pueden hacerse entre no-tiempo y esperanza?&#8230; Pero tendremos todav\u00eda que volver a hablar de nombres.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>EL EXILIO QUE PAREC\u00cdA OLVIDADO<\/strong> <\/p>\n\n\n\n<p><em>Si lo alcanza y lo puede entregar la sus secuaces] de mala muerte lo har\u00e1 exilar<\/em>. Raimbert<\/p>\n\n\n\n<p><em>Y de mi salud hago saber a vuestra merced que todab\u00eda me trata mal la calentura y tengo muy perdida la boca y me da mucha pena y las almorranas me destierran<\/em>. Pablo Collado, Gobernador de la Provincia de Venezuela, 1561<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Exilar y exterminar <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Acabamos de ver que la idea de exilio se puede expresar mediante una amplia variedad de palabras. Debemos ahora, al contrario, notar que la palabra exilio puede corresponder, como en verdad en ocasiones corresponde, a ideas que no son precisa- mente las que de costumbre se le asocian: figura en efecto todav\u00eda el vocablo en algunos diccionarios con la significaci\u00f3n de <em>ruina, destrucci\u00f3n, desolaci\u00f3n<\/em>, aplic\u00e1ndose entonces tanto a cosas como a personas. <\/p>\n\n\n\n<p>No figura en este sentido la palabra en los modernos diccionarios franceses y espa\u00f1oles que hemos podido consultar. Se encuentra sin embargo bien se\u00f1alado en el viejo Littr\u00e9 y en los modernos ingleses Oxford y Webster. En su edici\u00f3n de 1971, este \u00faltimo informa sobre la variedad de funciones gramaticales que la palabra exile ha cumplido, as\u00ed como sobre la riqueza de sentido que ha tenido: adem\u00e1s de verbo y sustantivo, ha sido adjetivo con el significado de <em>magro, delgado<\/em>, y dio lugar, adem\u00e1s, al nombre abstracto <em>exility <\/em>cuyo sentido era <em>finura, tenuidad, sutilidad<\/em>. El Littr\u00e9 no deja de recordar que por su parte el antiguo sentido de <em>exiler<\/em>, del que da etimolog\u00edas como la voz picarda <em>essiller<\/em>: dilapida disipara y la provenzal <em>issilhar<\/em>: destruir, causar infortunio. \u00ab<em>Essiller<\/em>, como <em>exil<\/em>\u00bb, dice Littr\u00e9, \u00abten\u00eda en la lengua antigua el sentido de asolar, destruir\u00bb y recuerda que del lat\u00edn <em>exterminare<\/em>: arrojar fuera del t\u00e9rmino de las lindes del territorio, ha resultado <em>exterminar <\/em>que significa destruir enteramente.<\/p>\n\n\n\n<p>Tenemos as\u00ed dos palabras de sentido neutro y origen cercano uno de otro referidas s\u00f3lo a hechos de car\u00e1cter espacial, relacionados con linderos y confines, <em>exterminare y exsiliare<\/em>, palabras que, al cargarse de peso afectivo y adquirir valor dram\u00e1tico, van a divergir manifiestamente de significado. Hubo sin embargo un per\u00edodo de indistinci\u00f3n y aun de rec\u00edproco refuerzo: lo pone de relieve Godefroy en su diccionario del antiguo franc\u00e9s, que ya en una nota hemos citado, y del que tomamos la cita de Raimbert que sirve de exergo a la presente secci\u00f3n. Observemos como en ella aparece exiliar, no tanto como opci\u00f3n diferente a matar sino, dir\u00edamos, en tanto que palabra-signo que eleva al cuadrado el mal de morir (<em>male-mort<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<p>A este exilio tan rudo, poco parece convenir la etimolog\u00eda que hemos al principio apuntado con aquel casi juguet\u00f3n \u00ab<em>exsiliare<\/em>\u00bb, saltar afuera. Una m\u00e1s acorde a su rigor han propuesto los ingleses: en el Oxford, <em>exile <\/em>figura como pudiendo haber sido formado por el <em>ex<\/em> privativo y por <em>il\u00eda<\/em>, entra\u00f1as. Etimol\u00f3gicamente exiliar significar\u00eda arrancar las entra\u00f1as, destripar. <\/p>\n\n\n\n<p>Desde el <em>exterminar<\/em> cruento al <em>desterrar <\/em>clemente va buena distancia. No tan grande sin embargo como de momento pudiera parecer. Hasta en las formas de exclusi\u00f3n m\u00e1s benignas, algo llega de la fiereza de las malignas. Siempre partir ha sido un poco morir. Cu\u00e1nto m\u00e1s luctuosas van a resultar las ausencias por la fuerza impuestas.<\/p>\n\n\n\n<p>Pensemos en una de las formas jur\u00eddicamente m\u00e1s suaves: el ostracismo. No era infamante. Se ha llegado a decir que, al contrario, verse ostracisado era verse conferir un honor. Recordemos que, en un cierto per\u00edodo de su historia, los atenienses ten\u00edan derecho de tomar en asamblea (que s\u00f3lo se pod\u00eda celebra como m\u00e1ximo una vez al a\u00f1o) la decisi\u00f3n de alejar por un tiempo de la ciudad a uno de sus compatriotas: aquel a quien por eminente y justo que fuera, gozara de una influencia que pudiera considerarse excesiva y por alg\u00fan motivo dar a creer que, en alg\u00fan momento, resultar\u00eda perturbadora. Se daban diez d\u00edas al ostracisado para abandonar la ciudad, d\u00edas que ten\u00eda que emplear en cobrar lo que le debieran y pagar lo que \u00e9l pudiera deber a sus conciudadanos, de modo que nadie pudiera ni desear ni temer por inter\u00e9s personal su regreso. Dir\u00edamos que el ostracisado ten\u00eda que disponer de sus bienes como en un testamento. \u00abMor\u00eda\u00bb temporalmente, por un m\u00e1ximo de diez a\u00f1os (duraci\u00f3n que se asignaba al ostracismo pero que raramente llegaba a alcanzar: en muchos casos, un decreto ven\u00eda a autorizar el retorno mucho antes) en los que se le pretend\u00eda inexistente: se trataba de una muerte civil en la que el afectado pudiera a la vez testar y ser su propio albacea.<\/p>\n\n\n\n<p>Curiosa es la actitud de los romanos. Tenemos para empezar que en su Derecho ten\u00eda cabida un exilio privado, es decir, impuesto no por autoridad del Estado sino por la del padre, la <em>ablegatio<\/em>, por la que el hijo rebelde era expulsado no s\u00f3lo de la casa paterna sino del pa\u00eds tambi\u00e9n\u201d. Y tenemos por otro lado que, al ser impuesto por el Estado, la pena de <em>exsilium<\/em> era considerada como pena capital. No se ejecutaba al reo, es verdad, mas el desterrado era de todos modos <em>capite damnatus<\/em>, nos dice el Calepino, puesto que su cabeza desaparec\u00eda de la ciudad. As\u00ed se nos explica en el venerable diccionario al hacer llegar desde la antig\u00fcedad hasta nosotros una observaci\u00f3n que hace ahora sonre\u00edr\u201d, Mas deber\u00edamos sin sonrisa preguntarnos qu\u00e9 va a ocurrir con esa cabeza que en vez de separar del tronco, manda el juez separar de la ciudad.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Tambi\u00e9n la tierra se destierra<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Recordemos que en el sentido que se tuvo por olvidado de destrucci\u00f3n, desolaci\u00f3n, ruina, exilio se aplicaba lo mismo al hombre que a las cosas. Se entiende actualmente por exilio tambi\u00e9n el lugar donde transcurre, y los diccionarios hablan a su prop\u00f3sito de tierra de exilio pero, si s\u00f3lo se contara con la definici\u00f3n que ahora se puede encontrar en ellos del t\u00e9rmino, nada salvo la presencia del desterrado que a habita permitir\u00eda distinguir a esta tierra de las otras. En los tiempos antiguos, el exilio castigaba la tierra y la penetraba. Hab\u00eda <em>tierras exiliadas <\/em>que se hab\u00edan convertido en tales no precisamente por el hecho de que una presencia o ausencia se registrara en ellas sino por la devastaci\u00f3n de que hab\u00edan sido objeto.<\/p>\n\n\n\n<p>El viejo sentido permanece vivo en el sentir de muchos proscritos. No se les ocurrir\u00e1 decirse que la marchitez que agosta todo aquello que ahora les rodea quiz\u00e1s no sea sino el reflejo de su propia aflicci\u00f3n. Creer\u00e1n m\u00e1s bien en una fuerza destructiva \u00fanica capaz de asolar todo a la vez, al hombre y al lugar. Exiliado est\u00e1 el hombre y exiliada est\u00e1 la tierra. El que lo vive y los lugares donde lo vive constituyen, juntos, el exilio que puede verse como una medalla cuyo anverso ser\u00eda el hombre y cuyo reverso ser\u00eda este mundo en el que ahora existe. \u00abEl exilio es el pa\u00eds severo: todo est\u00e1 all\u00ed por el suelo, demolido y abatido\u00bb, escrib\u00eda V\u00edctor Hugo, con palabras que recuerdan las que utiliza Cervantes para describir la desolaci\u00f3n de un paisaje que, lejos de Espa\u00f1a, una desafortunada guerra arruin\u00f3: torres y campos donde todo se ha revuelto, tumbado, arrasado. De una tierra derribada, de tierra ca\u00edda a tierra llega a hablar Cervantes:<\/p>\n\n\n\n<p><em>De entre esta tierra est\u00e9ril, derribada<br>Destos terrones por el suelo echados&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Quien en su obra se expresa as\u00ed es un soldado que, habiendo sobrevivido a la ca\u00edda del fuerte de La Goleta, en T\u00fanez, tomada por los turcos, pasa a ser esclavo de \u00e9stos. Al cabo de sus fuerzas, sobre esta tierra a su vez agotada, gastada y desgastada se pone en marcha hacia el Dios-sabe-d\u00f3nde de los deportados.<\/p>\n\n\n\n<p>Hablando del Alighieri, Merejkovski, exiliado tambi\u00e9n, escrib\u00eda: \u00abEn esta \u00e9poca\u00bb (aquella de la expulsi\u00f3n de Florencia), \u00abDante probablemente comprendi\u00f3 que la pena del exilio es pena de desnudez: por un tiempo de helada horrorosa, se echa a los hombres desnudos sobre la tierra desnuda\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Lejos de las guerras y de los guerreros cautivos, lejos de g\u00fcelfos y gibelinos, vemos como los enamorados alejados de sus bellas nos dicen que, para ellos igualmente, la ausencia es un exilio que \u201cexila\u201d el lugar donde la ausencia transcurre: lo ensombrece, torna fr\u00edo, est\u00e9ril y triste. \u00abComo un invierno ha sido mi ausencia\u00bb, dice Shakespeare a la mujer que ama en un soneto en el cual explica:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Qu\u00e9 heladas he sufrido, que oscuros d\u00edas he visto!<br>\u00a1La desnudez del viejo diciembre por todas partes!<br>Y sin embargo este tiempo extra\u00f1o era verano.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00abTodo es aqu\u00ed tedioso y fr\u00edo. Estoy hel\u00e1ndome bajo los cielos del Sur\u00bb, escrib\u00eda por su lado Pushkin desde Odessa, que no le estaba permitido abandonar, en carta a un amigo moscovita.<\/p>\n\n\n\n<p>Thomas Mann, exiliado tambi\u00e9n, se\u00f1alaba que la palabra inglesa <em>alien<\/em>, extranjero, se relaciona con la alemana <em>Elend<\/em>, miseria: hac\u00eda notar que tienen el mismo Origen y recordaba que \u00abElend ha significado en otros tiempos tierra extranjera\u00bb. \u00bfY estar en la miseria qu\u00e9 ser\u00e1 sino ser un miserable, sufrir agobio, fatiga, tormento? Mutilaci\u00f3n a veces.<\/p>\n\n\n\n<p>Uno de los m\u00e9ritos de Horacio Quiroga ser\u00e1 el haber puesto de manifiesto m\u00e1s claramente que otros autores que, en verdad, exilio es tierra destructiva. Quiroga al referirse en <em>Los desterrados<\/em> a ciertos personajes que hab\u00eda encontrado en Misiones, gente inveros\u00edmil que se empecinaba por razones m\u00e1s inveros\u00edmiles todav\u00eda a permanecer en la selv\u00e1tica regi\u00f3n argentina, nos presenta a un ciudadano flamenco tuerto, sin orejas y casi sin dedos que se hac\u00eda llamar <em>Lo-que-queda-de Van-Houten<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00f1os atr\u00e1s y en otro marco, tambi\u00e9n desfigurado presentaba Balzac al coronel Chabert, ese muerto-vivo de <em>La comedia humana<\/em> que, lejos de Francia, se tropieza con un antiguo compa\u00f1ero de armas. \u00a1Cu\u00e1nto trabajo les cost\u00f3 reconocerse uno al otro! \u00abForm\u00e1bamos la m\u00e1s bella pareja de desastrados que jam\u00e1s haya visto\u00bb, exclama al recordarlo, y a\u00f1ade: \u00ab\u00c9ramos dos curiosos desechos\u00bb. Y una vez repatriado trabajo \u2014in\u00fatil\u2014 le cost\u00f3 al coronel, a quien se ten\u00eda por muerto, recuperar su identidad de esposo y ciudadano: segu\u00eda siendo un desecho, embarazoso desecho.<\/p>\n\n\n\n<p>Mucho hemos hablado de Hugo: tristemente debemos ahora mencionar a su hija Adela que abandon\u00f3 Guernesey para seguir la ilusi\u00f3n de un amor en otro exilio, Am\u00e9rica, donde sus huellas se perdieron. Cuando despu\u00e9s de muchos a\u00f1os se encontr\u00f3 finalmente a la fugitive, una revista americana da cuenta de su reaparici\u00f3n, de la locura que le aflige y califica a la \u00absolitaria y desolada\u00bb Adela de \u00abpobre escombro\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p>Si regresando ahora a lo que ser\u00eda la primera y com\u00fan experiencia del destierro, el nacimiento, recordamos lo que en el primer cap\u00edtulo nos daba a notar el propio Hip\u00f3crates y siglos m\u00e1s tarde Groddeck con aquella <em>lombriz maltrecha<\/em> que la madre alcanzaba a \u00abexpulsar\u00bb (y \u00e9ste es precisamente el t\u00e9rmino que usan los obstetras), la afinidad entre desterrado y malogrado queda a\u00fan m\u00e1s de manifiesto.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Exilio, exilias y otros peregrinos m\u00e1s<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>No debemos concluir este cap\u00edtulo sin a\u00f1adir algo acerca de la variedad de usos a que se ha destinado la palabra exilio. Tiene un femenino, Exilia, nombre de mujer y como tal usado-por lo menos en Venezuela. Tambi\u00e9n ha participado en la formaci\u00f3n de apellidos: el autor de Manon Lescaut es el Padre Antoine Francois Pr\u00e9vost d&#8217;Exiles, y no todos los lectores lo saben ya que \u2014ignoramos la raz\u00f3n\u2014 son muchos los manuales en los cuales se le permite escuetamente asomar en tanto que Abb\u00e9 Pr\u00e9vost; en la corte que manten\u00eda en Roma la reina Cristina de Suecia despu\u00e9s de su abdicaci\u00f3n, figuraba un <em>Exilio o Essillio<\/em>, que tuvo fama de envenenador. Es igualmente nombre de lugar: existe en Francia, en el departamento de Is\u00e9re, un Saint Maurice-l&#8217;Exil del que s\u00f3lo venimos a tener noticia al enterarnos que se construir\u00eda all\u00ed una central nuclear (y no fue sin desasosiego que vimos lo amedrentador de at\u00f3mico juntarse en este pueblo con lo desolador de exilio).<\/p>\n\n\n\n<p>Muy curioso nos parece que haya una especie de gaster\u00f3podos (los caracoles pertenecen a la clase) llamada <em>Exilia per gracilis<\/em> del g\u00e9nero f\u00f3sil <em>Gasteropoda exilia<\/em>, descrita en 1860 por T. A. Conrad. \u00bfC\u00f3mo fue a darse este nombre al extinto animal? Renunciamos a hacer conjeturas. El caso de invertebrado f\u00f3sil demuestra que, puestos a dar nombres, las razones (o los caprichos) que gu\u00edan a los naturalistas en la elecci\u00f3n son dif\u00edciles al profano de penetrar, por lo que no nos atrevemos a decir si la palabra exilio se ha podido en otras ocasiones infiltrar en la nomenclatura de la zoolog\u00eda o la bot\u00e1nica. mineral.<\/p>\n\n\n\n<p>Y as\u00ed tenemos que el diccionario nos dice c\u00f3mo, en su tercera acepci\u00f3n, se puede aplicar a nimales plantas, costumbres, etc. que proceden de un pa\u00eds extra\u00f1o (Mar\u00eda Moliner). El \u00e1rbol extranjero de Louise Darios, al que nos referimos en el cap\u00edtulo 2, ahora lo vemos, se llam\u00f3 as\u00ed en virtud dir\u00edamos de una licencia po\u00e9tica: aunque menos expresivo de lo que con su invenci\u00f3n su autora quiso decir, el apelativo peregrino le hubiese convenido mejor desde el punto de vista gramatical.<\/p>\n\n\n\n<p>Son por otra parte peregrinas las aves migratorias de tan sorprendentes vuelos. Y a prop\u00f3sito del adverbio que acabamos de usar, notemos que tambi\u00e9n se llama peregrino lo que causa sorpresa, lo inesperado u original. Y en verdad resulta \u00abperegrina\u00bb la amplitud con que, volviendo al campo de lo humano, se usa la palabra peregrino. Se aplica a los que, justos o pecadores, van a lugares santos en peregrinaci\u00f3n; se lo aplic\u00f3 un traidor, como el Tirano Aguirre, y <em>peregrinus<\/em> fue t\u00edtulo honroso que se dieron algunos de los emperadores romanos, aqu\u00e9llos precisamente, seg\u00fan Ortega y Gasset, a los que se debe que el Imperio prolongara tanto su existencia\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Con los numerosos, distintos, complementarios y hasta contradictorios significados de los t\u00e9rminos exilio y peregrino, viene a reflejarse en el lenguaje todo lo complejo de las ideas que suscita y lo encontrado de los sentimientos que inspira la experiencia que queremos estudiar. Con modestia debemos proseguir: temerario ser\u00eda pretender ser exhaustivo. Alguna lecci\u00f3n confiamos sin embargo sacar del an\u00e1lisis de las vivencias de tiempo y espacio en el destierro.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-solanes\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jos\u00e9 Solanes LA PASI\u00d3N DE LOS NOMBRES Puesto que estamos en el mundo, estamos condenados al sentido, y no podemos hacer ni decir nada que no tome un nombre en la historia. M. Merleau Ponty &#8216;Habitar\u00e9 mi nombre&#8217;, fue tu respuesta a los cuestionarios del puerto. Saint-John Perse Vocabulario de la ausencia La mayor\u00eda de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":11041,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11032"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=11032"}],"version-history":[{"count":8,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11032\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11045,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/11032\/revisions\/11045"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/11041"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=11032"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=11032"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=11032"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}