{"id":10995,"date":"2024-01-27T00:32:17","date_gmt":"2024-01-27T00:32:17","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=10995"},"modified":"2024-01-28T19:53:14","modified_gmt":"2024-01-28T19:53:14","slug":"picon-salas-pensamiento-critico-y-democracia-social","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/picon-salas-pensamiento-critico-y-democracia-social\/","title":{"rendered":"Pic\u00f3n Salas: pensamiento cr\u00edtico y democracia social"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Javier Lasarte Valc\u00e1rcel<\/h4>\n\n\n\n<p>Recientemente Beatriz Sarlo reivindicaba, ante el mundo desencantado de la cultura y la academia, el valor del \u201cpensamiento cr\u00edtico\u201d(1). Por m\u00e1s que en estos tiempos haya sido sometido a la duda recelosa o al desd\u00e9n sobrancero de algunos nihilistas postmodernos, el pensamiento cr\u00edtico sigue postul\u00e1ndose como emplazamiento desde el cual el intelectual observa e interroga las orientaciones de los intercambios sociales, guiado por la dif\u00edcil utop\u00eda del \u201cpluralismo\u201d democr\u00e1tico y en nombre de ideales revisados -y revisitados- como la \u2018igualdad\u2019 y la \u2018justicia\u2019. Esa \u201cfunci\u00f3n cr\u00edtica\u201d de la mirada y el discurso del intelectual a\u00fan tienen vigencia, seg\u00fan Sarlo, \u201cporque no se han desvanecido las injusticias que dieron impulso al fuego donde se impugnaron poderes absolutos y legitimidades basadas en la autoridad desp\u00f3tica y la concentraci\u00f3n de riquezas\u201d (2). Pocos a\u00f1os antes, N\u00e9stor Garc\u00eda Canclini asomaba la especie de que:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Quiz\u00e1 el tema central de las pol\u00edticas culturales sea hoy c\u00f3mo construir sociedades con proyectos democr\u00e1ticos compartidos por todos sin que se igualen a todos, donde la disgregaci\u00f3n se eleve a diversidad y las desigualdades (entre clases, etnias o grupos) se reduzcan a diferencias.<\/em> (3)<\/p>\n\n\n\n<p>Si en vez de interrogar a los pensadores del relativismo posmoderno,recurri\u00e9semos a una zona de la comunidad intelectual acad\u00e9mica latinoamericana o latinoamericanista de estos \u00faltimos a\u00f1os, con diferencias de matiz m\u00e1s o menos importantes, suscribir\u00edan tambi\u00e9n, a buen seguro,el papel decisivo del pensamiento cr\u00edtico en la b\u00fasqueda de una plena democracia social como norte del ejercicio intelectual. Y aunque ya casi nadie da un centavo por las pretensiones hegem\u00f3nicas de representatividad social de los intelectuales, es posible, no obstante, verificar c\u00f3mo algunas de las funciones adquiridas al calor de los debates y los principios dela modernidad reaparecen o persisten tercamente. <\/p>\n\n\n\n<p>En Am\u00e9rica Latina, la funci\u00f3n cr\u00edtica del intelectual y la b\u00fasqueda de la democracia social tienen una larga tradici\u00f3n. No es aventurado pensar que la cr\u00edtica se pone en marcha con el pensamiento independentista.Por su parte, la democracia social como valor capital, aunque nace con pensadores como Jos\u00e9 Mart\u00ed o Manuel Gonz\u00e1lez Prada, forma su embri\u00f3n en los discursos de Juan Montalvo, el atrabiliario Sim\u00f3n Rodr\u00edguez o incluso en el costado semifourierista de Sarmiento. Pero la historia de esa tradici\u00f3n tiene su \u00e9poca estelar: los a\u00f1os de la renovaci\u00f3n y las vanguardias hist\u00f3ricas, art\u00edsticas y pol\u00edticas, en los cuales se pensaba que \u201cS\u00f3lo seremos modernos si somos nacionales\u201d (4); la \u00e9poca dorada del pensamiento populista -socialdem\u00f3crata o socialista- latinoamericano en la primera mitad del siglo XX, en el que a nombres como los de Henr\u00edquez Ure\u00f1a &#8211; quien afirmase en 1925 que \u201cel ideal de justicia est\u00e1 antes que el ideal decultura\u201d (5) &#8211; o Mari\u00e1tegui, habr\u00eda que a\u00f1adir necesariamente, en pie de absoluta igualdad, el de Mariano Pic\u00f3n-Salas.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>II \u00abHacia la calle vamos\u00bb<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En Estampas inconclusas de un viaje al Peni (1935), hay un brev\u00edsimo texto que, en buena medida, expresa metaf\u00f3ricamente la postura intelectual de Pic\u00f3n-Salas. Salvando las distancias, el pasaje algo recuerda los viajes que realizaran poco antes los escritores del regionalismo cl\u00e1sico o los nacionalistas de la vanguardia -de R\u00f3mulo Gallegos al Grupo Guayaquil- por el interior del pa\u00eds, en busca de \u2018comprensiones\u2019 menos librescas de las realidades nacionales. \u201cSociolog\u00eda en La Pampa del Hambre\u201d se llama el texto. Pic\u00f3n-Salas decide adoptar La Pampa del Hambre, caf\u00e9 de actores, toreros de poca monta y escritores de provincia, como \u201cobservatorio democr\u00e1tico\u201d. El encuentro y adopci\u00f3n de ese lugar como foco de la escritura permite a Pic\u00f3n-Salas fijar y proyectar, en la identificaci\u00f3n con esa comunidad de lo socialmente menor, la residencia de su propio deseo ut\u00f3pico. En ese caf\u00e9, \u201c(a)unque la suerte sea muy pena, nunca faltan diez centavos para gustar y consumir, sorbo a sorbo, una negr\u00edsima tacita de caf\u00e9 de Yungas y so\u00f1ar con la gloria o la revoluci\u00f3n ante la multitud heter\u00f3clita que sube o baja la calle\u201d. Pic\u00f3n-Salas quiere incluso marcar la diferencia de signo (el gesto ideol\u00f3gico) de su localizaci\u00f3n y la deficiencia de otros posibles emplazamientos: \u00abOtros observatorios habr\u00e1 para mirar la vida urbana: la alta burgues\u00eda y el elemento cosmopolita prefieren a esta hora el grill del Hotel Bol\u00edvar o los jardines del Country Club o de La Caba\u00f1a, pero ninguno presenta m\u00e1s variedad que este rinc\u00f3n\u2026\u201d (6)<\/p>\n\n\n\n<p>La imagen pl\u00e1stica e inequ\u00edvoca de La Pampa del Hambre sirve para introducir la intenci\u00f3n de estas p\u00e1ginas. A diferencia de otras lecturas de Pic\u00f3n-Salas, que en los \u00faltimos a\u00f1os -al menos en Venezuela- buscan \u2018lirificar\u2019 las claves de su ejercicio intelectual, \u00e9sta quiere rescatar del naciente olvido, la centralidad de la funci\u00f3n cr\u00edtica y democratizadora en el pensamiento del meride\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Pic\u00f3n-Salas nacer\u00eda a la vida intelectual en las primeras d\u00e9cadas del XX, en un ambiente en el que se disputaban el predominio del campo cultural el cientificismo positivista -con lamentable frecuencia productor de un pensamiento racista, proclive a soluciones cesaristas y autoritarias para las \u2018degeneradas\u2019 sociedades latinoamericanas- y el no necesariamente incompatible idealismo culturalista y arist\u00e1rquico -que por mucho tiempo capitalizar\u00eda la figura de Rod\u00f3. Desde su primera aparici\u00f3n p\u00fablica -la conferencia \u201cLas nuevas corrientes del arte\u201d, dictada en 1917 en la Universidad de Los Andes-, Pic\u00f3n-Salas se opondr\u00eda sistem\u00e1ticamente a esas l\u00edneas dominantes de la cultura modernista latinoamericana (7). A partir de ese momento, ante el determinismo perverso del positivismo, Pic\u00f3n-Salas esgrimir\u00eda el poder creador de la cultura y el anhelo de comprender amorosamente, \u201cdescubriendo, trazando, explorando\u201d (8). como en un ejercicio de \u201cpsicoan\u00e1lisis de la vida nacional\u201d del que pudiera \u201cresultar una orientaci\u00f3n m\u00e1s certera de nuestros problemas\u201d (9). Y ante la fobia a las multitudes urbanas -la &#8216;nueva barbarie\u2019-, una decidida vocaci\u00f3n democr\u00e1tico-populista; la clara voluntad de romper los muros del reino interior de los modernistas, para atender desde la misma calle al \u00abritmo de los otros\u201d (parad\u00f3jicamente la frase es del propio Rod\u00f3 y se halla en la par\u00e1bola del rey hospitalario de su Ariel).<\/p>\n\n\n\n<p>En \u201cPr\u00f3logo y digresiones sobre Am\u00e9rica\u201d (1933), de <em>Intuici\u00f3n de Chile\u2026<\/em>, Pic\u00f3n-Salas asentaba esta actitud diferenciada, que transformaba radicalmente el vitalismo rodoniano al \u2018exponerlo\u2019 a los avatares de la calle y al centrar el fundamento de su aventura intelectual en la b\u00fasqueda de la democracia social. Algo similar, un peque\u00f1o acto parricida, se habr\u00eda operado respecto de su \u2018maestro\u2019 en el Henr\u00edquez Ure\u00f1a de los a\u00f1os 20, y en cierta forma, a decir verdad, supon\u00eda la recuperaci\u00f3n de otros costados del Modernismo -el Mart\u00ed de las &#8216;escenas norteamericanas\u2019 y \u201cNuestra Am\u00e9rica\u201d, o el Blanco Fombona de poemas como \u201cLa vida\u201d. La cr\u00edtica de Rod\u00f3, de los presupuestos de su arielismo y, por ende, de su figura de intelectual, ser\u00eda un primer paso indispensable:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Acaso por esas paradojas de la vida s\u00f3lo puede llegarse a lo eterno por medio de lo transitorio; y es preferible para un escritor vivir su tiempo, trasudar un poco con la multitud, disolver en su retorta estas sales que cristaliza cada \u00e9poca, antes que encerrarse en una campana aisladora de una forma perfecta pero vac\u00eda. [\u2026] M\u00e1s peligrosa me parece la actitud de buscar lo eterno aisl\u00e1ndose de la vida. Hay por ah\u00ed, una tradici\u00f3n literaria apretada como un herbario de las Antolog\u00edas, de hombres que persiguieron la forma con la obstinaci\u00f3n del mani\u00e1tico. Pero la forma no se busca: se crea. El error y el olvido que ya cubre a algunos escritores de Am\u00e9rica, como Rod\u00f3, es que ganaron en forma lo que perdieron en vida y pasi\u00f3n. As\u00ed sus escritos donde el arabesco disimula el contenido y lo redondo no deja ver el m\u00fasculo, parecen dirigidos al auditorio vespertino y empaquetado de los Ateneos. Se parecen extra\u00f1amente a esos ejercicios de Ret\u00f3rica que eran obligado ornamento de la educaci\u00f3n jesu\u00edtica (10).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Incluso casi dos d\u00e9cadas despu\u00e9s, cuando ya la generaci\u00f3n postmodernista, capitalizada por figuras como el mexicano Alfonso Reyes o el venezolano R\u00f3mulo Gallegos, hab\u00edan consolidado el relevo magisterial en el campo de la cultura, Pic\u00f3n-Salas, en \u201cAm\u00e9ricas desavenidas\u201d (1950), insist\u00eda en sostener la leg\u00edtima necesidad de su postura antirrodoniana: <\/p>\n\n\n\n<p><em>Ya no nos basta aquel individualismo est\u00e9tico, la lecci\u00f3n sosegada del viejo maestro Pr\u00f3spero, porque estamos urgidos de solidaridad \u00e9tica, y las ondas nos empujan hacia donde est\u00e1 bramando y solicitando lo colectivo. Ha desaparecido ese mundo de Rod\u00f3, de los finos aristarcos intelectuales de hace cincuenta a\u00f1os (11).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Las habitaciones y gabinetes darwinianos de la ciencia y el esp\u00edritu de positivistas e idealistas, se trocar\u00edan, pues, en Pic\u00f3n-Salas en llamado de \u201csolidaridad \u00e9tica\u201d. Por esos a\u00f1os, al calor del conflicto mundial, en \u201cProfec\u00eda de la palabra\u201d (1945), Pic\u00f3n-Salas asentaba la \u2018po\u00e9tica\u2019 de su ejercicio intelectual:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo que cabe de heroico en el oficio de pensar y escribir es que el verdadero escritor -que siente que la palabra no se le dio como juguete personal, sino como medio de comunicarse con los dem\u00e1s hombres y hacer m\u00e1s habitable el mundo- no renuncie a esta militancia y continua rectificaci\u00f3n de la vida que llamar\u00edamos [\u2026] con la desacreditada palabra &#8216;progreso&#8217;<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La \u201cmilitante y continua rectificaci\u00f3n de la vida\u201d y la palabra como \u201cmedio de comunicarse con los dem\u00e1s hombres y hacer m\u00e1s habitable el mundo\u201d declaran abiertamente la orientaci\u00f3n \u00e9tica que debe acompa\u00f1ar el ejercicio intelectual, el compromiso con la colectividad como \u00fanico sentido posible. En un momento en que a\u00fan no era discutible plantearlo, Pic\u00f3n-Salas asignar\u00e1 a la cultura y al intelectual un papel radicalmente decisorio en la definici\u00f3n de los destinos sociales. El populismo, no como burda estrategia demag\u00f3gica, sino en tanto elecci\u00f3n del Estado y condici\u00f3n de las mayor\u00edas sociales como n\u00facleo legitimador de discursos y pr\u00e1cticas culturales y\/o pol\u00edticas, se perfilar\u00e1 como inevitable posicionamiento del intelectual cr\u00edtico. Lo contrario, la desatenci\u00f3n de los \u2018otros\u2019, el narcisismo culturalista, ser\u00e1n una buena raz\u00f3n para la ca\u00edda:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hay culturas que mueren [\u2026] porque carecieron de decisi\u00f3n para mirar los hechos nuevos, porque cerradas en el trabajo escolar y el trabajo formalista de una tradici\u00f3n que les parec\u00eda eterna, no advirtieron que al lado suyo, inmensas multitudes estaban clamando y sintiendo de diferente manera <\/em>(12).<\/p>\n\n\n\n<p><strong>III El diagn\u00f3stico<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esta otra postura intelectual de un asumido populismo, coincidente en m\u00e1s de un sentido con las orientaciones pol\u00edticas -en ese entonces innovadoras- de emergentes actores pol\u00edticos de los a\u00f1os 20 y 30 como V\u00edctor Ra\u00fal Haya de la Torre o R\u00f3mulo Betancourt, incidir\u00eda tambi\u00e9n en los modos de comprensi\u00f3n que Pic\u00f3n-Salas establecer\u00eda sobre las realidades culturales de las naciones hispanoamericanas. La aspiraci\u00f3n ut\u00f3pica de Pic\u00f3n-Salas, como la de Mart\u00ed, apuntar\u00eda siempre al deseo de una arm\u00f3nica s\u00edntesis nacional y a la integraci\u00f3n ecum\u00e9nica del orden mundial. Pero ese mismo \u2018deseo\u2019 lo llevaba a marcar lo que entend\u00eda como su mayor obst\u00e1culo, la secular e irresponsable ceguera de las \u00e9lites nacionales y la consiguiente amenaza de convulsiones sociales. (En cierta forma, es la misma base del problem\u00e1tico panorama que se describiera ya en \u201cNuestra Am\u00e9rica\u201d, que, tras cumplir m\u00e1s de un siglo de lamentable vigencia, es fuente nutricia e inevitable de los neopopulismos del presente). <\/p>\n\n\n\n<p>En un texto temprano, de 1930, en la conferencia pronunciada en Chile, \u201cHispanoam\u00e9rica, una posici\u00f3n cr\u00edtica\u201d, Pic\u00f3n-Salas consignaba c\u00f3mo se verificaba en el plano cultural el conflicto social, expresado desde finales del XIX por el dilema martiano entre el \u201cletrado artificial\u201d y el \u201cmestizo aut\u00f3ctono\u201d, al se\u00f1alar<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2026 el tremendo desnivel americano entre el hombre Ilustrado, que asume para nosotros el car\u00e1cter esot\u00e9rico de un mago en una sociedad primitiva, y el pueblo -nuestro sagrado pueblo de los himnos nacionales y las declamaciones patri\u00f3ticas-, que est\u00e1 sumido a\u00fan en muchos pa\u00edses del continente, en oscura e inexpresada vida vegetativa<\/em> (13)<\/p>\n\n\n\n<p>En otro pasaje de las Estampas inconclusas de un viaje al Per\u00fa (1935), \u00abMisterio americano\u201d, insistir\u00e1 en representar el funcionamiento de este divorcio, sali\u00e9ndole al paso a las futuras im\u00e1genes realmagicistas de la \u2018Macondoam\u00e9rica\u2019:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Am\u00e9rica es el continente del misterio. M\u00e1s all\u00e1 de las formas pol\u00edticas o culturales de importaci\u00f3n late en nuestra existencia [\u2026] un enigma psicol\u00f3gico que es a la vez nuestro drama, nuestra esperanza y nuestra fascinaci\u00f3n. [\u2026]. Y es que nuestro subconsciente acumula como la tierra andina las convulsiones de las razas que no se han fundido bien, los gritos ancestrales de las especies distintas, lo primitivo que lucha con lo refinado, el embrollo de las culturas superpuestas. Entonces, en un momento, las fuerzas plut\u00f3nicas de adentro rompen la d\u00e9bil estratificaci\u00f3n de formas adquiridas, y advertimos que nos hab\u00edamos dormido precisamente sobre un tumultuoso misterio. Nos posee el terror o el asombro como a aquella amanerada y perezosa corte peruana del siglo XVIII, que de pronto descubre que todav\u00eda existen los Indios, y que las multitudes escondidas en los socavones mineros, en la aparente paz de la mita y de la encomienda, hab\u00edan despertado un d\u00eda con apetito de justicia y de sangre que suele ser el vino de la justicia. La minor\u00eda blanca que, por lo general, domina la tierra y la m\u00e1quina del Estado ve aparecer como un sangriento baile de m\u00e1scaras aquellos rostros venidos del fondo de Am\u00e9rica, de la oscura matriz ca\u00f3tica de nuestra existencia colectiva.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Du\u00e9lense los doctores de que a veces se rompa el orden constitucional y la l\u00f3gica clara que ellos edificaron en sus gabinetes. Construir m\u00e1s que pla\u00f1ir es lo que interesa. Y s\u00f3lo se aclara el misterio, la discordancia americana, sufri\u00e9ndola, meti\u00e9ndose en ella <\/em>(14).<\/p>\n\n\n\n<p>Se cumpl\u00eda as\u00ed el cambio de las explicaciones que se iniciara en los a\u00f1os finales del XIX como respuesta a los lebonistas latinoamericanos: la barbarie irracional y tumultuosa de las masas, no resid\u00eda en las temibles fuerzas an\u00e1rquicas de los sectores populares o de los inmigrantes; la verdadera barbarie no era otra cosa que el resultado de la incapacidad y zanganer\u00eda de las \u00e9lites nacionales. En \u201cSue\u00f1o de una pol\u00edtica exterior\u201d (1942), refiri\u00e9ndose a su inmediato presente Pic\u00f3n-Salas precisar\u00e1 a\u00fan m\u00e1s el cuadro de los conflictos sociales latinoamericanos:<\/p>\n\n\n\n<p>En el escenario social hispanoamericano luchan sin comprenderse ni integrarse las formas m\u00e1s antag\u00f3nicas; hay el latifundio de producci\u00f3n extensiva, trabajado por mano casi servil que prolonga en pleno siglo XX la estructura del viejo dominio feudal; hay el capitalismo parasitario que prefiere la seguridad de la renta f\u00e1cil a los azares de la creaci\u00f3n econ\u00f3mica; hay los millones de seres que pr\u00e1cticamente no consumen (15).<\/p>\n\n\n\n<p>El diagn\u00f3stico reaparecer\u00e1, un par de a\u00f1os despu\u00e9s, en una de las obras capitales de la historiograf\u00eda cultural latinoamericana, <em>De la conquista a la independencia <\/em>(1944), donde Pic\u00f3n-Salas insiste en la centralidad de este factor de desencuentro social -en sus palabras: el \u201cvertical contraste\u201d- para la comprensi\u00f3n de la particularidad de las realidades culturales y pol\u00edticas latinoamericanas, present\u00e1ndolo como problema que recorre y determina toda la historia del continente a partir de la conquista:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2026<em>ya se plantea, desde el momento en que los pobladores europeos arraigan en el nuevo mundo, el que ser\u00e1 permanente conflicto de la vida cultural criolla: la presencia de elaboradas formas extranjeras, de una cultura for\u00e1nea que sirve a las minor\u00edas privilegiadas, pero un tanto indiferentes a la realidad de la tierra, y el c\u00famulo de irresueltos problemas que brotan de las masas indias o mestizas<\/em> (16).<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso Pic\u00f3n-Salas entender\u00eda en esos a\u00f1os, con lucidez casi prof\u00e9tica, el escaso margen de error de que dispon\u00edan las pol\u00edticas de los pa\u00edses latinoamericanos y que su \u00fanica salida ten\u00eda acentos dr\u00e1sticos y dilem\u00e1ticos:<\/p>\n\n\n\n<p><em>A la soluci\u00f3n de un inmenso problema social debe dedicarse la pol\u00edtica hispanoamericana de los d\u00edas que vienen; el destino nos da a elegir entre una revoluci\u00f3n pac\u00edfica que utilice los recursos t\u00e9cnicos de este maduro momento de la historia humana, o bien una serie de crisis que prolongar\u00edan con m\u00e1s violencia nuestros trastornos y revueltas del siglo XIX<\/em> (17).<\/p>\n\n\n\n<p>El pensamiento de Pic\u00f3n-Salas logr\u00f3 vislumbrar c\u00f3mo el ejercicio -olig\u00e1rquico o democr\u00e1tico, excluyente o incluyente- del poder afectaba directamente la \u00edndole de los intercambios sociales y el estado de la naci\u00f3n. Por lo dem\u00e1s, la lectura del cuadro social interno y de los manejos del poder que hac\u00eda Pic\u00f3n-Salas ser\u00eda trasladada puntualmente por \u00e9l a su diagn\u00f3stico del intercambio entre pa\u00edses metropolitanos y perif\u00e9ricos:<\/p>\n\n\n\n<p><em>El conflicto capitalista-imperialista que en el siglo XIX y en el XX ha producido las colisiones de potencias, la miseria de las masas lejanas [\u2026] sobre cuyos brazos baratos se irguieron grandes construcciones del Capitalismo, tiene que ser reemplazado por una vertebraci\u00f3n de la Econom\u00eda mundial, por una nivelaci\u00f3n universal de las necesidades humanas<\/em> (18).<\/p>\n\n\n\n<p>El populismo de Pic\u00f3n-Salas, como el de cierta ideolog\u00eda de su \u00e9poca, vendr\u00eda acompa\u00f1ado, pues, a pesar de su vocaci\u00f3n ecum\u00e9nica -o precisamente por eso- por la asunci\u00f3n de un sereno anti-imperialismo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>IV \u201cA desalambrar\u201d<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando en los m\u00edtines pol\u00edticos despu\u00e9s de 1936 se descubri\u00f3 que el pueblo respond\u00eda a las m\u00e1s inteligentes consignas; cuando los nuevos institutos y escuelas t\u00e9cnicas rebasaban su abundante matr\u00edcula;cuando en un liceo nocturno el hijo de la criada dom\u00e9stica pudo concluir su bachillerato; cuando en las nuevas casas de los campamentos mineros-contra todo prejuicio reaccionario- los trabajadores no destruyeron los ba\u00f1os y conservaron los jardincillos, se hab\u00eda demostrado que nuestro pueblo no era inferior a ning\u00fan otro y que tiene el mismo anhelo de progresar y ascender de todos los pueblos. Civilizarse -desde este punto de vista-es necesitar y exigir m\u00e1s; no resignarse en silencio a lo que descuidadamente nos arroja la vida. Ten\u00edan que aprender, por ejemplo, las grandes compa\u00f1\u00edas inversionistas establecidas en el pa\u00eds, que las necesidades humanas son iguales para un trabajador de Venezuela que para otro de Massachusettsy Virginia. Que la Divina Providencia no ha dado a la raza sajona el privilegio de las casas limpias, de la escuela de amplios ventanales y c\u00f3modos bancos o del &#8216;Centro Social\u2019 donde reunirse despu\u00e9s de las horas de trabajo. Y al antiguo <em>No Trespassing <\/em>con que los inversionistas se defend\u00edan contra la peligrosa gente nativa, nuestro pueblo opuso su designio de \u201ctraspasar\u201d. Y esto no era precisamente \u201cComunismo\u201d -palabra conque quiso detenerse todo justo avance social- sino m\u00e1s bien una forma moderna de Capitalismo; la que aumenta el n\u00famero de consumidores, la que no hace de la Higiene, la Educaci\u00f3n, el Confort, exclusivo y costoso privilegio de un grupo olig\u00e1rquico. En este problema de \u201ctraspasar\u201d los cotos cerrados de la vieja plutocracia ego\u00edsta, est\u00e1 Venezuela como todos los pa\u00edses hispano-americanos. Es nuestra gran batalla cultural y social del siglo XX (19).<\/p>\n\n\n\n<p>Este pasaje de <em>Comprensi\u00f3n de Venezuela <\/em>(1948) encierra buena parte de la pol\u00edtica de Pic\u00f3n-Salas: la instalaci\u00f3n en Am\u00e9rica Latina de una \u201cforma moderna de Capitalismo\u201d; la apuesta por un humanismo populista que declara una l\u00facida relectura comprensiva de la \u2018psicolog\u00eda\u2019 de los sectores sociales excluidos, y por el derecho a la igualdad de oportunidades entre clases y pa\u00edses, la democracia social nacional e internacional, por tanto. <\/p>\n\n\n\n<p>Pic\u00f3n-Salas no tuvo suficiente tiempo para comprobar lo que de momento ha sido el gran fracaso hist\u00f3rico de esas pol\u00edticas, pues a\u00fan \u201chay el capitalismo parasitario que prefiere la segundad de la renta f\u00e1cil a los azares de la creaci\u00f3n econ\u00f3mica; (y) hay los millones de seres que pr\u00e1cticamente no consumen\u201d, mientras la inestabilidad pol\u00edtica recorre el continente. Ello no quiere decir que su diagn\u00f3stico haya sido desacertado, que las soluciones populistas por \u00e9l vislumbradas hayan perdido vigencia o que sus palabras sean objetos arqueol\u00f3gicos sin sentido actual. Para Pic\u00f3n-Salas valen las palabras que Guti\u00e9rrez Girardot dijera de un par de coet\u00e1neos: \u201cEl \u2018utopismo\u2019 de Henr\u00edquez Ure\u00f1a y de Alfonso Reyes no era un utopismo socialista. La Utop\u00eda de estos dos postulaba como meta la \u2018justicia\u2019 social, pero no era un programa revolucionario sino un motor democr\u00e1tico\u201d (20).<\/p>\n\n\n\n<p>El pensamiento de Pic\u00f3n-Salas puede ser le\u00eddo como discurso actual, entre otras cosas, porque hoy, m\u00e1s o menos como siempre, sigue siendo la democracia \u2018realmente\u2019 social la gran asignatura pendiente, la utop\u00eda concreta del pensamiento cr\u00edtico, que tiene en Pic\u00f3n-Salas un abierto y claro antecedente.<\/p>\n\n\n\n<p>1 Beatriz Sarlo, \u00abIntelectuales\u00bb, en Escenas de la vida posmodema. Intelectuales, arte y videocultura en la Argentina. Buenos Aires, Ariel, 1994, p. 198.<\/p>\n\n\n\n<p>2 Ib\u00edd., p. 179.<\/p>\n\n\n\n<p>3 N\u00e9stor Garc\u00eda Canclini, Culturas h\u00edbridas. Estrategias para entrar y salir de la modernidad. Buenos Aires, Sudamericana, 1992, p. 148.<\/p>\n\n\n\n<p>4 Renato Ortiz, en Garc\u00eda Canclinl, op. \u00e1t., p. 78.<\/p>\n\n\n\n<p>5 Pedro Henriquez Ure\u00f1a, La utop\u00eda de Am\u00e9rica. Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1989, p. 11.<\/p>\n\n\n\n<p>6 Mariano Pic\u00f3n-Salas, Viejos y nuevos mundos. Caracas, Biblioteca Ayacucho, 1983, p. 212.<\/p>\n\n\n\n<p>7 En esa conferencia cuestionar\u00eda figuras de escritor como las de Hugo, Baudelaire o Mallarm\u00e9 para optar por otras como las de Tolstoi -su modelo- o los &#8216;paroxistas&#8217;. \u00abLas nuevas corrientes del arte\u00bb seria a la vez s\u00edntoma del giro populista que un sector de la cultura venezolana renovadora desarrollaria por ese entonces; en ella es posible encontrar afirmaciones como la siguiente: \u00abel arte deber\u00e1 ser espejo de todo un pueblo y nunca todo un pueblo tom\u00f3 absintio, se inyect\u00f3 alcaloides y aspir\u00f3 \u00e9ter\u201d en Nelson Osorio, La formaci\u00f3n de la vanguardia en Venezuela. (Antecedentes y documentos). Caracas: Biblioteca de la Academia Nacional de la Historia. Colecci\u00f3n Estudios, Monograf\u00edas y Ensayos, No. 61., 1985, p. 198).<\/p>\n\n\n\n<p>8 Mariano Pic\u00f3n-Salas, Dependencia e independencia en 1a historia hispanoamericana. (Antolog\u00eda). Caracas: Consejo Nacional de la Cultura. Centro de Estudios Latinoamericanos &#8216;R\u00f3mulo Gallegos&#8217;. Colecci\u00f3n Repertorio Americano, 1977, p. 25.<\/p>\n\n\n\n<p>9 Ib\u00edd.,p. 27.<\/p>\n\n\n\n<p>10 Ib\u00edd., pp. 24-25.<\/p>\n\n\n\n<p>11 Ib\u00edd., p. 186.<\/p>\n\n\n\n<p>12 Ib\u00edd., p. 110. Traspasado el medio siglo (1952), en un art\u00edculo para la prensa, dudaba sobre el sentido de ciertas ceremonias celebratorias y expresaba con abierta franqueza su opci\u00f3n por el compromiso: \u00abA veces me pregunto si no hay un poco de farise\u00edsmo hist\u00f3rico en la serie de discursos que dedicamos cada mes de noviembre a la memoria de nuestro Andr\u00e9s Bello. El escritor abandona quehaceres m\u00e1s inmediatos y la obligaci\u00f3n de acompa\u00f1ar a su pueblo en las jornadas y los problemas cotidianos para esta visita -muchas veces convencional- al mausoleo de los grandes muertos\u2026 \/\/ A quienes escribimos y pensamos, no habr\u00e1 de juzg\u00e1rsenos por las sucesivas ofrendas que rindamos a nuestros muertos, sino por la manera como actuamos y nos responsabilizamos en la m\u00e1s inflexible  sociedad de los hombres vivos\u00bb (Recogido por G. Sucre en cronolog\u00eda de Viejos y nuevos mundos, op. cit., p. 656).<\/p>\n\n\n\n<p>13 Pic\u00f3n-Salas, Dependencia e independencia\u2026, op. cit., p. 41. <\/p>\n\n\n\n<p>14 Pic\u00f3n-Salas, Viejos y nuevos mundos, op. cit., pp. 203-204. <\/p>\n\n\n\n<p>15 Pic\u00f3n-Salas, Dependencia e independencia\u2026, op. cit., p. 96.<\/p>\n\n\n\n<p>16 Mariano Pic\u00f3n-Salas, De la conquista a la independencia. M\u00e9xico. Fondo de Cultura Econ\u00f3mica, 1982, 8a. reimpresi\u00f3n, pp. 18-19.<\/p>\n\n\n\n<p>17 Pic\u00f3n-Salas, \u00abSue\u00f1o de una pol\u00edtica exterior\u00bb, Dependencia e independencia\u2026, op. cit., p. 96.<\/p>\n\n\n\n<p>18 Pic\u00f3n-Salas, \u00abCuando cre\u00edamos en la buena voluntad\u00bb, Ib\u00edd., pp. 72-73.<\/p>\n\n\n\n<p>19 Pic\u00f3n-Salas, \u00abPueblos e intelectuales\u00bb Viejos y nuevos mundos, op. cit., p. 35.<\/p>\n\n\n\n<p>20 Rafael Guti\u00e9rrez Girardot, El intelectual y la historia, Caracas, La Nave Va, 2001, p. 50.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>NOTAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/javier-lasarte-valcarcel\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicado en: Revista Actual, Universidad de Los Andes. N\u00b0 65. 2007. pp. 77-89<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Javier Lasarte Valc\u00e1rcel Recientemente Beatriz Sarlo reivindicaba, ante el mundo desencantado de la cultura y la academia, el valor del \u201cpensamiento cr\u00edtico\u201d(1). Por m\u00e1s que en estos tiempos haya sido sometido a la duda recelosa o al desd\u00e9n sobrancero de algunos nihilistas postmodernos, el pensamiento cr\u00edtico sigue postul\u00e1ndose como emplazamiento desde el cual el intelectual [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":10996,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10995"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10995"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10995\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":11002,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10995\/revisions\/11002"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/10996"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10995"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10995"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10995"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}