{"id":10878,"date":"2024-01-18T23:13:21","date_gmt":"2024-01-18T23:13:21","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=10878"},"modified":"2024-01-18T23:16:08","modified_gmt":"2024-01-18T23:16:08","slug":"ensayos-balza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ensayos-balza\/","title":{"rendered":"Dos ensayos de Jos\u00e9 Balza"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Llegar a Cumboto<\/h3>\n\n\n\n<p>El oleaje carnal del Atl\u00e1ntico se vuelve lasitud de espejo frente a las costas de Puerto Cabello, cuyo nombre deriva de esa serenidad. All\u00ed coloc\u00f3 Conrad el escenario de su novela <em>Nostromo<\/em>. Por esas playas ingresaban a la regi\u00f3n los esclavos que sobreviv\u00edan al sufrimiento desde las Antillas. \u00a1<em>Cum-boto, cum-boto<\/em>!, era la \u00fanica palabra que pod\u00edan arrancarle sus perseguidores. <\/p>\n\n\n\n<p>Hoy, como hace quinientos a\u00f1os, el esplendor geogr\u00e1fico sigue siendo seductor. Y en tal paisaje se desarrolla una de las m\u00e1s fascinantes narraciones de la la literatura venezolana. Su autor, Ram\u00f3n D\u00edaz S\u00e1nchez (1903-1968) ten\u00eda tras de s\u00ed una agitada vida de obrero, de periodista, de experto en cosas petroleras.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Cumboto <\/em>fue concluida hacia 1948, publicada en 1950 y traducida al ingl\u00e9s, al franc\u00e9s y al italiano. Mereci\u00f3 el premio <em>Faulkner<\/em>. Precisamente del petr\u00f3leo trata otra de sus obras, <em>Mene<\/em>, de nerviosa estructura. Ser\u00eda suya tambi\u00e9n la biograf\u00eda del General Guzm\u00e1n Blanco, que se adelanta por d\u00e9cadas a la saga de los dictadores latinoamericanos redactada por novelistas. Y un raro ensayo de visi\u00f3n interna (<em>Cam<\/em>, 1933), donde sopesa implacablemente la condici\u00f3n del negro en todos los tiempos.<\/p>\n\n\n\n<p>Al norte del pa\u00eds, en el <em>tr\u00f3pico absoluto<\/em> (como dir\u00eda el poeta Eugenio Montejo) est\u00e1 la zona real. Sobre ella, el autor despliega una hipn\u00f3tica historia de ardor intelectual y sexual. Cierto que el estilo y la estructura, por su directa fluidez, puede parecer del siglo pasado (\u00bflas Bront\u00eb?), pero temas y personajes son delirantemente actuales. Como en esas narraciones de suspenso emotivo que tan bien conduce S\u00e1ndor Marai.<\/p>\n\n\n\n<p>Estamos en las \u00faltimas d\u00e9cadas del siglo XIX. La aridez de la costa se convierte, al alejarse del mar, en exultante bosque de palmeras. Los cocoteros sostienen una econom\u00eda firme con su aceite. <\/p>\n\n\n\n<p>Una poderosa familia integrada por criolla y alem\u00e1n esconde su secreto: un ni\u00f1o negro. Pero el hijo blanco y su amiguito negro cumplen ante nosotros una historia de amistad, de aventuras. La narraci\u00f3n es realizada por este \u00faltimo y al saberlo comprendemos que el estilo deba poseer aquella neutralidad. Sobre ese hombre oscuro descansa el efecto hipn\u00f3tico que causa la narraci\u00f3n: \u00bfcu\u00e1l es su v\u00ednculo real con la familia? \u00bfQu\u00e9 enigma esconde su condici\u00f3n de doble o de sombra? En \u00e9l y en esta novela asoma como tal vez nunca ha ocurrido en la literatura de Am\u00e9rica Latina una inteligencia discreta, excepcional, que se eleva desde la intuici\u00f3n tradicional, atribuida al negro, a la esfera encantatoria de lo mental.<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo que de manera rec\u00f3ndita, ante la <em>c\u00f3pula incomparable<\/em> que permite a un hombre vislumbrar el mundo de los otros, puede decirse el narrador: \u00abLos caminos de Cumboto est\u00e1n llenos de revelaciones como \u00e9sta, de extra\u00f1os seres irrealizados, provisionales, esquemas humanos&#8230;\u00bb<\/p>\n\n\n\n<p>Con qu\u00e9 sabia disposici\u00f3n el narrador va colocando los objetos simples y mir\u00edficos: una calavera, un ba\u00fal, la cesta, la botella, el piano, una pala de plata. Llenar\u00e1n la historia de extra\u00f1os significados. Con qu\u00e9 calculada maestr\u00eda suscita personajes sangu\u00edneos, agudos, brutales, sensitivos: Federico, el blanco; Natividad, el negro; Pascua, la mulata, la abuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la hacienda, la selva, el mar, transitan las guerras. All\u00ed donde Teresa de la Parra vislumbrara la gracia en medio de los combates, D\u00edaz S\u00e1nchez escruta la sexualidad incontrolable, la ambici\u00f3n, la soledad. Negros, alemanes, piratas, una india de vagina con <em>carne semivegetal<\/em>, el fantasma bajo la luna: todo hace de este <em>cuento de siete leguas<\/em> un legado que s\u00f3lo espera a un director para convertirse en cine. <\/p>\n\n\n\n<p>En medio del tr\u00f3pico nocturno la hermosa Pascua baila desnuda la sonata <em>Waldstein <\/em>que toca su amante enfebrecido. Despu\u00e9s el m\u00fasico acude a su propia inspiraci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfCu\u00e1l es mi sue\u00f1o? Amalgamar el alma de esta tierra con el esp\u00edritu cl\u00e1sico. Hay que crear una nueva expresi\u00f3n musical&#8230; Las manos estaban en alto. De pronto cayeron, reson\u00f3 el acorde con la profunda sonoridad del trueno y las notas m\u00e1s oscuras y aterrorizadas del piano volaron hacia el paisaje gimiendo: Cumboto&#8230; Cumboto&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Y no deja de ser curioso que, quiz\u00e1 sin saberlo, desde esa novela, D\u00edaz S\u00e1nchez estaba asomando una confluencia virtual de lo que iba a ser la danza moderna de Jos\u00e9 Lim\u00f3n, de Sonia Sanoja; lo que tra\u00eda la m\u00fasica de Villa-Lobos y Est\u00e9vez; lo que iluminaban las pinturas de Figari y Quintana Castillo.<\/p>\n\n\n\n<p>Narraci\u00f3n tersa que invade al lector, sugiri\u00e9ndole esos misterios laterales que nos otorga la vida cotidiana, aunque tambi\u00e9n comparta ciertos <em>glissandos <\/em>de <em>El reino de este mundo<\/em>, escrita por Carpentier, en esos d\u00edas, en Caracas.<\/p>\n\n\n\n<p>Novela amoral, que se convierte en una red para comprender c\u00f3mo nos realizamos &#8211; los americanos &#8211; en un sentido filos\u00f3fico. O c\u00f3mo todos los pueblos podr\u00edan lograr el mestizaje perfecto: en los planos puramente est\u00e9ticos. Pero sobre todo novela del negro (autor y personajes) que bien puede reconocerse en esta admirable frase: <em>Una doble conciencia, una conciencia negra<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Ramos Sucre: el abismo pros\u00f3dico<\/h3>\n\n\n\n<p>El sutil ensayista venezolano Francisco Rivera atisb\u00f3 en Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre un motivo dram\u00e1tico para la supresi\u00f3n \u00abdel pronombre relativo de m\u00e1s alta frecuencia en nuestra lengua\u00bb: el que. Apoy\u00e1ndose en Georg Perec y en su texto sobre la escritura lipogram\u00e1tica concibe que el poeta practica la liponom\u00eda (o supresi\u00f3n de una palabra).<\/p>\n\n\n\n<p>Concluye Rivera que tal pr\u00e1ctica constituye una auto-censura y una automutilaci\u00f3n, procedimientos que conducir\u00edan hacia la expresi\u00f3n neutra o la impersonalidad deseadas por Ramos Sucre para su escritura. Todo esto pudiera ser cierto y el propio Rivera no se extiende en relacionar la lenta, gradual inclinaci\u00f3n al suicidio de Ramos Sucre con esta tensa, dolorosa quiz\u00e1, operaci\u00f3n gramatical. <\/p>\n\n\n\n<p>Lo evidente es que el poeta lograr\u00e1 excluir de su estilo \u00bb s\u00f3lo el \u00abque\u00bb sino todas aquellas part\u00edculas que agilizan bifurcando los apoyos relativos de la frase: cuales, quienes, etc\u00e9tera. Y sin duda en el efecto de tal ausencia est\u00e1 una de las claves invisibles que producen extra\u00f1eza en el lector al aproximarse a \u00e9l por primera vez. (Curiosamente. releerlo esconde uno de sus goces en esa cristalina tensi\u00f3n.) <\/p>\n\n\n\n<p>Veamos sin embargo algunos rasgos de la poes\u00eda as\u00ed elaborada. En primer lugar, debido a que cada oraci\u00f3n del poema es como una flecha que avanza inexorablemente sobre s\u00ed misma, la rigidez expresiva impide que tal movimiento (tanto des-de el comienzo de la expresi\u00f3n hasta su final, como en el encadenamiento de una frase con la otra dentro del poema) pueda ser bifurcado: gramaticalmente cada l\u00ednea del texto es sint\u00e9tica. Su molde expresivo no admite derivaciones. El efecto de tal disparo es el de una l\u00edmpida dicci\u00f3n: aura o iluminaci\u00f3n que, de manera parad\u00f3jica, cesa cuando comenzamos a hurgar en su sentido, que abarca resonancias plurales. <\/p>\n\n\n\n<p>De aqu\u00ed se desprende que no haya proposiciones gramaticales secundarias. La forma es expl\u00edcita: el pensamiento conducido de tal manera no tolera ramificaciones. El vuelo de la flecha es un absoluto en s\u00ed mismo que parece eliminar las connotaciones. <\/p>\n\n\n\n<p>Otra curiosa consecuencia de estos procedimientos constituye tambi\u00e9n una paradoja pl\u00e1stica: ya conocemos con qu\u00e9 frecuencia Ramos Sucre aleja las im\u00e1genes centrales de su poes\u00eda: sociedades, reinos, personajes de \u00e9pocas remotas en escenarios on\u00edricos. Tiempos y espacios inalcanzables, cuya reverberaci\u00f3n se torna inesperadamente actual. La escritura, concisa como el trazo de un grabado en metal, vibra al dise\u00f1ar una lejan\u00eda que es atra\u00edda violentamente al primer plano. Lo re-moto resplandece con una cercan\u00eda de rayo l\u00e1ser. <\/p>\n\n\n\n<p>Quiero acercarme, por \u00faltimo, a dos intuiciones menos t\u00e9cnicas sobre la supresi\u00f3n del pronombre relativo en nuestro poeta. Para tocar la primera de ellas creo necesario recordar c\u00f3mo el ni\u00f1o Jos\u00e9 Antonio fue trasladado desde su espl\u00e9ndida Cuman\u00e1 natal (ciudad en la que hab\u00eda nacido y vivido con sus familiares) a Car\u00fapano, que le es desconocida y donde la exagerada disciplina de su t\u00edo sacerdote, el padre Ramos, lo someter\u00e1 al enclaustramiento y al estudio. Cierto que de esa tenebra emerger\u00e1 su radiante sensibilidad hacia el lat\u00edn y hacia los numerosos idiomas que manejar\u00e1 desde su adolescencia. Todos podemos leer en sus cartas de veinte a\u00f1os m\u00e1s tarde, la execraci\u00f3n con que Ramos Sucre condena la muerte de su infancia, bajo el control religioso y pedag\u00f3gico del t\u00edo: <\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026 la virtud austera o con facha de burro y alma de can\u00edbal merece a cada paso mi abominaci\u00f3n; (\u2026) Car\u00fapano fue un encierro, el padre Ramos ignoraba por completo el mira-miento que se debe a un ni\u00f1o. Incurr\u00eda en una severidad est\u00fapida por causas balad\u00edes. De all\u00ed que ning\u00fan afecto sienta yo por \u00e9l. Yo pasaba d\u00edas y d\u00edas sin salir a la calle y me asaltaban entonces accesos de desesperaci\u00f3n y permanec\u00eda horas llorando y riendo al mismo tiempo. Yo odio a las personas en-cargadas de criarme. (\u2026) ya ves c\u00f3mo se vino elaborando mi desgracia. Suponte que yo era rega\u00f1ado por el padre Ramos y rega\u00f1ado por el plasta de mierda de Mart\u00ednez Mata porque retozaba con los ni\u00f1os de mi edad, a los once a\u00f1os\u2026).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Ser\u00e1 all\u00ed mismo, y entonces, cuando la vertiginosa erudici\u00f3n de Ramos Sucre comience a definir su pensamiento. Tanto por obligaci\u00f3n como por curiosidad, mucho debi\u00f3 leer, comentar y reflexionar, asombradamente, sobre el mundo b\u00edblico. (\u00bfNo estar\u00e1 pendiente un estudio acerca del paisaje de la Biblia en su obra?) Para la mentalidad ardiente del ni\u00f1o, el Mois\u00e9s del Deuteronomio en algo se identificaba con su propio t\u00edo: Dios le ha hablado y le entrega las Leyes a trav\u00e9s del fuego. Ese Dios es invisible o, por lo menos, carece de rostro, de representaci\u00f3n. \u00bfCu\u00e1ntas veces ante la agudeza del ni\u00f1o debi\u00f3 explicar el sacerdote la posibilidad de aquella presencia sin forma?<\/p>\n\n\n\n<p>Si algo impresiona en Ramos Sucre (aun en sus cartas) es la falta de una memoria \u00edntima, personal. Su vida parece carecer de detalles familiares, amorosos, pol\u00edticos. Es el gran contraste con su obra, en la cual, como acabamos de decir, la plenitud arquetipal del mundo es vivificada, extra\u00edda del pasado y con-vertida en un caleidoscopio incesante de la historia, de existencias ajenas. Cultura que engloba idiomas, arte, filosof\u00eda, religi\u00f3n, heretismo. <\/p>\n\n\n\n<p>No debi\u00f3 ignorar el poeta, por lo tanto, aquella tradici\u00f3n her\u00e9tica de omitir, de eliminar una palabra importante, probablemente divina, en el discurso. Una forma de rebeli\u00f3n. Es a esto a lo que Georg Perec denomina liponom\u00eda. <\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed podemos intuir que tras la eliminaci\u00f3n de las part\u00edculas gramaticales en Ramos Sucre no s\u00f3lo alienta un impulso est\u00e9tico, la a\u00f1oranza r\u00edtmica de idiomas perdidos, el delineamiento de un estilo exigente y audaz, sino tambi\u00e9n un acto de recrear el mundo (el \u00fanico mundo posible para \u00e9l: el verbal, el mundo escrito) configurando su instrumento y su soporte. El lenguaje, a su manera. Cumple entonces una herej\u00eda, una rebeli\u00f3n: contra aquella norma espiritual que someti\u00f3 a su infancia, que la redujo y que, sin dudas, determin\u00f3 numerosos rasgos de su car\u00e1cter. <\/p>\n\n\n\n<p>Este complejo proceso podr\u00eda iluminar tambi\u00e9n, la desafiante perfecci\u00f3n con que titula a lo que, creo, haya sido su \u00faltima obra, su obra maestra: <em>Las formas del fuego.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p>Vuelve entonces Ramos Sucre a asumir una actitud de demiurgo o a inclinarse ante un demiurgo que le concede es-ta otra libertad. A pesar de su tensa exposici\u00f3n, a pesar de la econ\u00f3mica flecha que conduce a cada poema, no hay duda de que sus textos producen una coloraci\u00f3n de vitrales: la serpiente verbal rodea a hombres y mujeres, v\u00edrgenes y guerreros, prisioneros, animales, monta\u00f1as para que su luz irrumpa fant\u00e1stica, poderosamente, en nuestro presente, en nuestra imaginaci\u00f3n de lectores.<\/p>\n\n\n\n<p>En el libro, cada poema es una figura. Sus im\u00e1genes son las formas del fuego. Quien las concibe, las descifra y las describe es Ramos Sucre. El fuego b\u00edblico ha sido derrotado. De su incandescencia el poeta extrae la materia est\u00e9tica. Dios, si era el Dios de las Leyes, es sometido: \u00e9l y su intermediario, el fuego, adquieren forma, formas, y pueden ser vistos, le\u00eddos. Adquiere forma porque un lenguaje, recreado por el poeta, lo trae a la existencia. Es un hereje creador. <\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jose-balza\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Llegar a Cumboto El oleaje carnal del Atl\u00e1ntico se vuelve lasitud de espejo frente a las costas de Puerto Cabello, cuyo nombre deriva de esa serenidad. All\u00ed coloc\u00f3 Conrad el escenario de su novela Nostromo. 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