{"id":10804,"date":"2024-01-15T23:45:23","date_gmt":"2024-01-15T23:45:23","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=10804"},"modified":"2024-01-15T23:48:48","modified_gmt":"2024-01-15T23:48:48","slug":"tiempo-de-encierro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/tiempo-de-encierro\/","title":{"rendered":"Tiempo de encierro (fragmentos)"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Dom\u00e9nico Chiappe<\/h4>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>A Marta, Fabi\u00e1n y Emily, y tantas otras familias<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Semana 16<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sentada en la penumbra, Igrid sube las piernas sobre la mesa y desnuda su torso. Observa sus pechos y sus pezones, roza la superficie de su vientre con el anverso de sus manos. No es posible que la mujer sienta al feto que, suspendido en la oscuridad, todav\u00eda es demasiado peque\u00f1o como para que sus reflejos retumben en la caverna materna. Con diecis\u00e9is semanas de gestaci\u00f3n ya ha construido sus terminaciones nerviosas y, por tanto, se supone, puede responder a los est\u00edmulos y sentir ese calor que emana de las manos de Igrid, que ahora acaricia la piel que comienza a estirarse.<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan sin advertir a la criatura, durante este amanecer de finales de junio, sentada junto a la ventana velada por una cortina, ella comprueba el lento acomodo que su cuerpo, maleable contenedor, comienza a experimentar.<\/p>\n\n\n\n<p>Y, entonces, habla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abHola.<\/p>\n\n\n\n<p>Solo eso. Una primera palabra dirigida hacia su barriga apenas hinchada. Una palabra que basta para mostrar su confianza en la existencia del feto, en el entendimiento que esa nueva vida puede tener, aunque no exista ninguna se\u00f1al que permita deducir que ya tenga algo semejante a la conciencia. Varios minutos despu\u00e9s, dice:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbEste es el espacio que habitamos. Yo habito esta casa; t\u00fa me habitas a m\u00ed. Soy Igrid Vuc\u00fa.<\/p>\n\n\n\n<p>Hace silencio. Bosteza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbAyer te vi por primera vez; te chupabas el dedo. He le\u00eddo que tu cerebro ya es capaz de controlar movimientos. \u00bfSientes placer al hacerlo, tienes suficiente parecer para tomar decisiones como cu\u00e1ndo meterte el dedo en la boca y cu\u00e1ndo dejar de hacerlo? Te midi\u00f3 el ec\u00f3grafo y me dijo que mi ginec\u00f3loga me llamar\u00eda cuando regresara de un congreso, de uno de sus viajecitos.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid descorre la cortina, el sol perezoso se abre paso hasta el jard\u00edn. El contraluz tenue hace que los objetos de afuera parezcan monigotes y las sombras, alargadas, su continuaci\u00f3n. Sonr\u00ede.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbNos se\u00f1alan. Todo aquello que a\u00fan no puedes ver, nos se\u00f1ala hoy. Parecen sorprendidos, m\u00e1s que acusadores. O ser\u00e1 mi \u00e1nimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Se cierra la blusa, holgada y clara, sin adornos, con la que duerme, como si quisiera esconder sus senos de la mirada de esos intrusos.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando esta madre habla al feto sin sexo y sin nombre, vocaliza, explica, cuenta, traza un nexo cerebral, conforma una amistad. La madre se expresa aun cuando no sea demostrable que la criatura comprenda. Es temprano para asegurar que escucha. Pero el sonido es vibraci\u00f3n, y su voz corre por sus huesos y permea su piel. Igrid no ha dicho, no ha exteriorizado, si cree o no que el feto sienta, si tiene alguna forma de pensamiento. De la mesa de madera, antigua puerta de pueblo manchego cortada, limada y colocada sobre cuatro bastiones, Igrid quita los pies descalzos y se apoya en el suelo para reacomodarse en el sill\u00f3n, individual, mullido, con orejeras y forrado en tela beis que parece terciopelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Dice:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbLa madera de las patas de la mesa no es de la misma madera de lo que fue la puerta.<\/p>\n\n\n\n<p>Dobla su cuerpo, la cabeza entre sus rodillas. Mira debajo del sill\u00f3n. Prosigue:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbLas patas del sill\u00f3n no son de la misma madera que la mesa; reci\u00e9n hoy me doy cuenta de estos detalles.<\/p>\n\n\n\n<p>Se levanta y camina, desde la esquina donde estaba, junto a la ventana, hasta la cocina. En diagonal, cruza diez metros hasta llegar al recibidor, donde se enfrentan cuatro puertas, una en cada pared del cuadrado, que dan paso a la calle, al estudio, a la cocina y, por donde llega Igrid, al sal\u00f3n, las escaleras, el comedor y la salida hacia el jard\u00edn. Habla con voz opaca:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbVivimos aqu\u00ed, en esta casa grande, quiz\u00e1s demasiado grande.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasa a la cocina, donde hierve el agua. Quita la tetera de la vitrocer\u00e1mica y, sin apoyarla, vierte agua en una taza que parece enorme entre sus manos nervudas. Elige un t\u00e9, entre muchos que tiene en bolsas de papel dentro de una caja met\u00e1lica plana y negra con ideogramas. Una mezcla de p\u00e9talos de rosa, c\u00e1scaras de naranja y t\u00e9 blanco. Coloca la m\u00e1xima cantidad en las rejillas, mira el reloj y luego deja que el agua las humedezca y despu\u00e9s inunde. Sube y baja la rejilla, sonr\u00ede otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbTuve un amigo que secaba la marihuana junto a c\u00e1scaras de naranjas. Las revolv\u00eda y pon\u00eda al sol. No hab\u00eda pensando en \u00e9l en, por lo menos, veinte a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Contin\u00faa el movimiento, como de pescador impaciente que recoge y suelta el carrete, durante cuatro minutos. Saca la rejilla. La deja en la encimera. La taza, a pesar de su tama\u00f1o, solo tiene un asa. Con sus dedos, de u\u00f1as cortas y sin pintar, Igrid entrelaza el asidero. Acerca la nariz, aspira, y se sienta bajo otra ventana que, por estar en poniente, no recibe, a esta hora, demasiada luz. Deja la taza, posa la mano en su vientre. Habla:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbVoy a buscar el m\u00f3vil. Ven, vamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sube las escaleras hasta la planta intermedia, donde est\u00e1 su dormitorio y otros tres cuartos, uno de ellos convertido en vestier. Empu\u00f1a el tel\u00e9fono m\u00f3vil. Lo enciende. En la pantalla t\u00e1ctil teclea su c\u00f3digo de seguridad. Vuelve a bajar. Antes de entrar a la cocina, el tel\u00e9fono suena, avisa que tiene un mensaje de texto, enviado qui\u00e9n sabe a qu\u00e9 hora. Igrid observa la pantalla, lee el remitente y roza la superficie vidriosa con la yema del dedo para abrir el mensaje, se sienta frente a la taza de t\u00e9, vuelve a mirarse los pechos, esta vez sin abrir la blusa, por el espacio que deja la tela abombada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bb\u00bfEst\u00e1n m\u00e1s grandes?<\/p>\n\n\n\n<p>Mira la pantalla. Lee. Deja el tel\u00e9fono. Sorbe el t\u00e9. Aspira.<\/p>\n\n\n\n<p>Pronuncia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbLucas se ha matado.<\/p>\n\n\n\n<p>Retoma el m\u00f3vil, teclea en silencio, con la cabeza agachada, como si el tel\u00e9fono pesara tres toneladas y se sujetara de la base de su cr\u00e1neo, tirando hacia adelante, hacia un abismo. Igrid en el filo, equilibrista. Al terminar, mira por la ventana. Hay una jaula vac\u00eda colgada de un extremo del marco.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbNunca deb\u00ed comprar un canario.<\/p>\n\n\n\n<p>Entra otro mensaje de texto. Lee el remitente en la pantalla. Deja el aparato en la mesa, no abre el mensaje. Sorbe otra vez. Dice:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbMueren amigos. O personas que lo fueron, y ya no. O conocidos, o solo gente con la que compartiste un tiempo, un tiempo distinto al de ahora: las vidas se abren, van por caminos distintos. Sobre la muerte de Lucas, llegar\u00e1n mensajes, siempre colectivos y sobrios, en el fondo morbosos. La gente tiene la necesidad del duelo, de la congoja, del recuerdo. Pero el Lucas que se suicid\u00f3 hace unas horas no es el mismo que conoc\u00ed, como no soy yo la misma que \u00e9l conoci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Con su soliloquio, Igrid elige palabras que expliquen al feto el mundo que rodea la burbuja donde crece. Ese mundo que les influye, a ella y a \u00e9l. Hablar\u00e1 de todo lo que afecta a su sensibilidad, de lo controlable y de lo inexorable. Ella intentar\u00e1 comprenderlo para transmit\u00edrselo a aquello que crece en su interior. Al explicarlo, exteriorizar\u00e1 sus sentimientos a un espacio sin p\u00fablico. Esos vocablos revertir\u00e1n en su interior, a aquel lugar invisible que queda detr\u00e1s del ombligo, que se llena de l\u00edquido amni\u00f3tico, que desplaza sus \u00f3rganos internos y deforma su cuerpo. Es la emoci\u00f3n y el significado. Las im\u00e1genes cargadas de sentimientos que se convierten en palabra. Literatura, quiz\u00e1s. Es lo que sucede a partir de esta ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>La jaula vac\u00eda, las cortinas con estampado de verduras, el juego de cuchillos colgado boca abajo y suspendido sobre la tostadora y la fruta, pl\u00e1tano, manzana, durazno, en la canasta que despide un olor agridulce. Igrid contiene una arcada sin m\u00e1s gestos que un leve entrecerrar de ojos y un alzamiento de los labios.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bb\u00bfY no se supone que las n\u00e1useas se sienten solo los tres primeros meses? Tengo trabajo, y no es buen momento para rechazar ning\u00fan encargo. Tal como est\u00e1n las cosas. Tal como est\u00e1 el pa\u00eds.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aspira el t\u00e9, pero la mueca sutil de la arcada regresa a su rostro. Se levanta, se enjuaga la cara bajo el ca\u00f1o de la pila. Las gotas de agua que quedan en sus manos las esparce por su sien, salpicada de canas que no disimula con tintes ni con henna. Con los dedos coraz\u00f3n y anular, barre su frente y conduce las gotas hacia el resto del cabello, todav\u00eda negro impoluto, d\u00f3cil, algo esponjado. Deja el resto de l\u00edquido en su cara y se seca las manos con el pa\u00f1o que cuelga de la manilla del horno. Cruza el recibidor, de una puerta a la de enfrente, cerrada, que abre con un leve quiebro de mu\u00f1eca. Adentro huele a madera y papel, a moho y \u00e1caro. Entre las bisagras de la persiana se cuela la luz con fuerza apenas para iluminar motas de polvo suspendidas, que danzan al paso de Igrid, que avanza hacia el escritorio de roble, de fuerte aroma a bosque h\u00famedo, a tierra mojada, a hojas casi p\u00fatridas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tamborilea sobre \u00e9l:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbMe recuerda a la casa de mi padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Enciende la computadora port\u00e1til blanca y ligera que emite un corto acorde, el que saldr\u00eda de una orquesta al caer al foso, y se ilumina la pantalla con una luz mortecina. Igrid aprieta un bot\u00f3n en la pared y la persiana asciende con parsimonia, como un tel\u00f3n que se descorre sobre el escenario, sobre ella, la directora y \u00fanica empleada de una empresa de edici\u00f3n especializada en el libro electr\u00f3nico y el lenguaje multimedia. Igrid se sienta a trabajar con la misma camisa con que duerme, en desnudez velada. Desabotona otra vez la blusa y desliza las solapas al borde de sus hombros, rectos, lisos, salpicados por un pu\u00f1ado de lunares peque\u00f1os y marrones. Mira sus pechos otra vez, los sopesa como si evaluara un mel\u00f3n con otro en el mercado, pulsa con un fugaz toque el bot\u00f3n de uno y luego lo atrapa entre los dedos pulgar y coraz\u00f3n, lo masajea y lo suelta, y acaricia esa parcela inferior de piel que sostiene todo el peso de la mama, y vuelve a sopesarla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bb\u00bfCrecen?<\/p>\n\n\n\n<p>A diferencia de hace unos minutos, no sonr\u00ede cuando expresa la pregunta. Su otra mano baja y con un solo dedo surca el vientre en vertical.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbTodav\u00eda no tengo marcada la l\u00ednea alba. Deja que la cabeza caiga sobre el respaldo alto de su silla ejecutiva de cuero y rueditas. El ordenador termina de abrir los programas autom\u00e1ticos, est\u00e1 listo para su utilizaci\u00f3n. Igrid desliza el rat\u00f3n con la izquierda y busca los iconos suspendidos en la pantalla. El suicidio de Lucas, uno m\u00e1s de tantos que suceden cada d\u00eda y que se conocen por mensajes de texto, correos electr\u00f3nicos o emisiones al vac\u00edo de las redes sociales, se cuela en la cotidianidad de Igrid.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbNo quiero saber nada de la muerte de Lucas, quiz\u00e1s m\u00e1s tarde.<\/p>\n\n\n\n<p>Obvia una, dos, tres alertas de llegada de mensajes.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbPronto callar\u00e1n.<\/p>\n\n\n\n<p>Acaricia su vientre, traza suaves ondulaciones sobre la pelusa incolora que la cubre. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbMe conectar\u00e9 luego. Ahora tengo que pensar c\u00f3mo hacemos este trabajo que me ofrecen.<\/p>\n\n\n\n<p>Abre un archivo y la pantalla se cubre de un manto blanco radiante bajo las letras. Igrid rebusca sobre los papeles y objetos amontonados sobre el escritorio: Un tarro de ced\u00e9s, una lata de caf\u00e9 sin tapar en donde se amurru\u00f1an hojas dobladas, unas impresiones en papel tama\u00f1o carta unidas con un clip, un bol\u00edgrafo de tinta roja, unas pegatinas alargadas que le pusieron a una maleta en un viaje por avi\u00f3n hace ya tiempo, un frasco de crema de aloe para manos, una tablet Android y un iPad, una caja de paracetamol y otra de ibuprofeno, un chocolate cerrado, una agenda peque\u00f1a y una grande que est\u00e1 abierta, un rotulador de punta extrafina, un peque\u00f1o espejo redondo, una carpeta de tapas pl\u00e1sticas y varias de cart\u00f3n, un taco de papeles amarillos peque\u00f1os, un ventilador apagado, una impresora donde brilla una luz verde. Mira la pantalla, mueve los dedos y la impresora hace ruido y escupe un papel. Igrid lo lee y lo deja antes de que la m\u00e1quina termine con el siguiente.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbUna artista que se hace llamar Bi quiere componer un multimedia.<\/p>\n\n\n\n<p>Mira hacia su barriga descubierta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbBi habla de arte total a partir de una obra suya, una performance que no puede revelarme todav\u00eda. Escribe que quiere ir m\u00e1s all\u00e1 de Wagner. Necesita un editor que le ayude a estructurarla, que coordine la programaci\u00f3n y el dise\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Deja que la m\u00e1quina termine de imprimir, se reclina en su butaca, desriza las ondulaciones del vello p\u00fabico. Mira sus piernas, mide la circunferencia de los muslos con ambas manos, intentando juntar \u00edndice y pulgar de cada mano, que forman un arco alrededor de la carne.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bb\u00bfEst\u00e1n hinchadas?<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid lee el siguiente papel, y el otro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbBi explica que me han recomendado, no menciona qui\u00e9n, pudo ser cualquiera. Soy una de las pocas freelance que trabaja en estas cosas. El mundillo editorial parece anonadado ante el cambio digital, lo enfrentan como un mot\u00edn sectario cuando se trata de una r\u00e1pida alteraci\u00f3n en el modo de pensar y procesar informaci\u00f3n de la gente. <\/p>\n\n\n\n<p>Igrid se levanta, abre la ventana para que entre el fresco de las horas tempranas, antes de que el ambiente hierva con la fuerza del sol de verano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbLa crisis que produce el cambio tecnol\u00f3gico en el sector editorial, del que yo formo parte, se suma a la crisis econ\u00f3mica en que est\u00e1 sumida la poblaci\u00f3n mundial y sobre todo Espa\u00f1a, este pa\u00eds desarticulado y dividido en que vivimos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>La luz comienza a fortalecerse y penetra por la ventana, agresiva, invasora. De pie, Igrid observa el exterior. Poca gente transita por su calle, una o dos personas al d\u00eda, si se cuenta al cartero. M\u00e1s all\u00e1 del muro bajo que cerca su propiedad, se ve, al otro lado de la pista, otra hilera de chal\u00e9s, id\u00e9nticos al suyo, tanto que parece un reflejo en un espejo gigante. Pared con pared, calcados del mismo plano. La mayor\u00eda vac\u00edos, sin vender ni alquilar. Una urbanizaci\u00f3n fantasma.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbDebo contestarle hoy a la artista. Pasarle un presupuesto y un calendario. En el correo le demostrar\u00e9 que s\u00e9 c\u00f3mo hacer lo que ella quiere. Le hablar\u00e9 de la inteligencia fragmentada, de la mentalidad de ventanas que induce a que los j\u00f3venes puedan concentrarse en varias cosas a la vez. Le dir\u00e9 que este cambio afecta a todo el \u00e1mbito de la vida del p\u00fablico y del gozo que recibe de una obra de arte. Felicitar\u00e9 a Bi por abordar, como artista, este modo nuevo de inteligencia, esta muestra de la capacidad de adaptaci\u00f3n para rechazar lo lineal de un libro o de una galer\u00eda, pero, en contrapartida, abarcar y relacionar m\u00e1s datos. Educados en este entorno, requieren obras de calidad, que es lo que haremos juntas, si finalmente le convienen el precio y las fechas. Le hablar\u00e9 tambi\u00e9n de las cualidades que el medio requiere del tipo de obras que ella pretende hacer.<\/p>\n\n\n\n<p>Vuelve a entrecerrar los ojos, a hacer el rictus de la n\u00e1usea, a llevarse la mano a la boca del est\u00f3mago por un instante.<\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 sea demasiado para una primera respuesta. Se incorpora, crea una nueva hoja en el programa de texto, acerca el teclado hasta su cuerpo, pulsa, murmura mientras escribe: Querida Bi, me entusiasma el proyecto que me propones.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid se interrumpe. Selecciona el icono del navegador, la pesta\u00f1a de favoritos, el diario.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbEl peri\u00f3dico no dir\u00e1 nada sobre Lucas. Solo leer\u00e9 la misma histeria financiera que ha logrado convencernos de que no hay m\u00e1s alternativa que la que imponen quienes se dedican a multiplicar el capital con la complicidad de quienes est\u00e1n en la administraci\u00f3n de lo p\u00fablico. Traidores que imponen la resignaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid posa su mano sobre el vientre, cierra los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bb\u00bfC\u00f3mo te llamar\u00e9 mientras est\u00e1s ah\u00ed dentro, mientras hablo contigo? \u00bfCigoto, embri\u00f3n, feto, hijo, descendencia? \u00bfPuedo poner ahora, en mi perfil de Twitter, que, adem\u00e1s, perpet\u00fao la especie? \u00bfNo es preservar la especie el principal fin de un ser vivo? \u00bfO, en este momento de la historia, tener hijos es una inmoralidad?<\/p>\n\n\n\n<p>Abre los ojos, fija la vista en la pantalla, en el diario.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbAh\u00ed est\u00e1, lo que te dec\u00eda. La prima de riesgo sube, la bolsa baja, una agencia que ha estafado a sus clientes asegura que la deuda entera de un pa\u00eds es basura. Cu\u00e1ndo ha sido todo esto un titular de primera plana. \u00bfY ese lenguaje?, \u00bfsalvar al euro, rescatar al pa\u00eds?, \u00bfde qu\u00e9 superh\u00e9roe con capa hablan? Superh\u00e9roes del equ\u00edvoco, defensores del error y la prepotencia, envestidos de supremac\u00eda moral sufragada con fondos p\u00fablicos, preconizadores de la desigualdad. Y nada se informa sobre Lucas, ni sobre las personas. Solo hay demagogia encubierta. Excusas para allanar el camino a una ideolog\u00eda, la misma que nos ha metido en este l\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid se levanta, recoge la taza de la mesa, camina al sal\u00f3n, se apoya en el alf\u00e9izar, abre el cristal, respira hondo. Pronuncia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbTe dir\u00e9 una de las pocas cosas que s\u00e9 con certeza: En esta sociedad embrutecedora, preguntar ya constituye una rebeli\u00f3n. Una rebeli\u00f3n privada, la m\u00e1s dif\u00edcil. Indagar es la clave del razonamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Bebe el resto del t\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbEst\u00e1 fr\u00edo. Mejor terminemos de contestar a Bi.<\/p>\n\n\n\n<p>Regresa al despacho, frente a la computadora, teclea, teclea, teclea. Env\u00eda el correo. Abre la carpeta de favoritos, busca otro diario, lo llama y aparece en su pantalla. \u00bbLos medios de comunicaci\u00f3n aceptan, incluso con alivio, su rol de mec\u00e1nicos altavoces. \u00bfPor qu\u00e9 ocultan informaci\u00f3n sobre los responsables de la gran crisis que vivimos? \u00bfNo son los protagonistas de la historia de acoso y derribo de los Estados-naci\u00f3n, de los ciudadanos? Hay que hacerse preguntas, criatura. Hay que formularlas, expresarlas, aunque la respuesta no exista o ya la conozcas.<\/p>\n\n\n\n<p>El sonido met\u00e1lico del m\u00f3vil alerta que ha llegado otro mensaje de texto. Igrid, de pie, se frota la cara como para quitar el maquillaje de la modorra y mira la pantalla del tel\u00e9fono.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbEs Bi. Es r\u00e1pida en contestar. Quiere que nos veamos hoy en su estudio. <\/p>\n\n\n\n<p>Queda en el centro. Entierra los dedos de la mano libre en su cabello, lo mesa como si quisiera modelarlo. El cabello cae sobre su frente. Teclea la respuesta: Podr\u00eda estar all\u00ed a las doce. Pulsa el bot\u00f3n de la persiana, y la baja hasta la mitad. Se sienta otra vez.<\/p>\n\n\n\n<p>Dice:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbVoy a guglearla.<\/p>\n\n\n\n<p>Teclea: Bi, enter. Mueve la cabeza en forma negativa. A\u00f1ade: Artista pl\u00e1stica Madrid, enter.<\/p>\n\n\n\n<p>Lee y luego expresa:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbGoogle asegura haber encontrado novecientos mil resultados en diecinueve segundos, algo que no se puede comprobar y que, adem\u00e1s, no tiene importancia porque nadie ir\u00e1 m\u00e1s all\u00e1 de los diez o, como mucho, veinte primeras propuestas. Confiamos en el criterio del buscador y dejamos que estos numeritos algor\u00edtmicos labren la reputaci\u00f3n de popularidad, incluso de calidad, de alguien, como Bi por ejemplo, sin saber qu\u00e9 contienen. Mejor, echo un vistazo a la p\u00e1gina oficial y me voy a vestir.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid sintetiza y transforma lo que lee. Por la creencia que ahora profesa, casi m\u00edstica, de ser escuchada, lo emite al entorno vacuo, procesado por el tamiz de su criterio sobre lo importante y lo real. Pronuncia:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbPolifac\u00e9tica y ecl\u00e9ctica artista de arte contempor\u00e1neo dedicada a la performance y a la denuncia social, perseguida por el radicalismo islamista debido a sus intervenciones en carteles publicitarios, en donde a todo rostro le a\u00f1ad\u00eda una pegatina con un turbante, una barba y una frase: Soy Mahoma. Cinco tama\u00f1os de calcoman\u00edas que se adaptaban, mejor o peor, a las dimensiones de los rostros en los carteles luminosos de las paradas de autob\u00fas. Transform\u00f3, entre otros, a George Clooney en el anuncio de Nespresso, a la an\u00f3nima chica de los ba\u00f1adores de El Corte Ingl\u00e9s e incluso al papa Benedicto XVI en la propaganda de la Jornada Mundial de la Juventud que sufrag\u00f3 la Comunidad de Madrid. Asegura haber intervenido m\u00e1s de diez mil carteles durante un a\u00f1o, siempre de madrugada y en la clandestinidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Pausa, m\u00e1s lectura, m\u00e1s reflexi\u00f3n, m\u00e1s transformaci\u00f3n de la idea expresada en texto e imagen, para producir otro enunciado, esta vez oral.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbSus \u00faltimas instalaciones han sido dos simult\u00e1neas,que todav\u00eda se exponen. Una, en el Museo de Arte Moderno de Bilbao, un cubo de dos por dos cent\u00edmetros sobre una bandeja de plata: El hielo se derrite y un empleado de la instituci\u00f3n debe reponerlo, secar la bandeja antes de colocar el cubo sustituto y congelar el agua para el siguiente; as\u00ed, cada diez o quince minutos, cuando el hielo se hace agua, de forma interminable. Seg\u00fan Bi, la obra es una cr\u00edtica a la revoluci\u00f3n industrial que favorece los totalitarismos que aplican el capitalismo salvaje de Estado. La otra instalaci\u00f3n est\u00e1 en la Feria de Arte de Miami, en el stand de la galer\u00eda Marlborough. Es un documento de una performance en carreteras secundarias de Europa, recorridas por Bi para encontrar materiales de construcci\u00f3n todav\u00eda \u00fatiles pero abandonados, inamovibles, que conforman ya parte del paisaje: Bloques de cemento, bases prefabricadas para puentes, cabillas, tendidos el\u00e9ctricos, tablones de madera. Bi rastrea su precio en el mercado local gracias a la tecnolog\u00eda satelital, imprime una etiqueta con el pvp y la pega en el objeto. Lo documenta con una Polaroid. Lo que se expone es este conjunto de instant\u00e1neas. El precio de cada una es el mismo que correspond\u00eda al objeto.<\/p>\n\n\n\n<p>En el navegador de su pantalla, Igrid retrocede en la secuencia de contenidos, regresa al listado ofrecido por el navegador, elige el primer resultado, que dirige a un blog. Traduce a sus propias palabras.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbAqu\u00ed se comenta una instalaci\u00f3n realizada por Bi hace doce a\u00f1os, en un contenedor de aduana instalado en la plaza del Museo de Arte de S\u00e3o Paulo. Oscuro, solo decorado por telas negras que colgaban del techo y que hac\u00edan un laberinto para llegar hasta una silla de metal. Se admit\u00eda a una persona cada media hora, previa firma de un papel donde aceptaba entrar bajo su riesgo y renunciar a cualquier reclamaci\u00f3n. La artista permaneci\u00f3 dentro del contenedor todo el tiempo que dur\u00f3 la instalaci\u00f3n, tres semanas, sin salir. La persona que entraba, en horas de apertura del museo, le llevaba, seg\u00fan un estricto cronograma que los organizadores cumplieron al pie de la letra, alimento, agua, productos higi\u00e9nicos y cajitas doradas preparadas por Bi, que estaban cerradas. El espectador avanzaba a ciegas entre las telas, se sentaba, esperaba a que la artista apareciera y le esposara a la silla y le observara antes de actuar solo para \u00e9l. La funci\u00f3n, asegura el bloguero que recab\u00f3 testimonios, consist\u00eda, seg\u00fan cada caso, en un recital de poes\u00eda lorquiana, en el canto de una canci\u00f3n disfrazada de sirena, en escupitajos a la cara, en sostener la mirada en silencio, en un di\u00e1logo de marionetas caseras, en una felaci\u00f3n o un cunnilingus. Al terminar, Bi les daba, a veces, una bolsita con los desechos que quer\u00eda sacar. La instalaci\u00f3n se llam\u00f3 Ar\u00e1cnido y la ara\u00f1a era, por supuesto, Bi, y las moscas, el p\u00fablico. O la humanidad, seg\u00fan ponen aqu\u00ed, que se dejaba atrapar en la tela atra\u00edda por el reclamo de la publicidad y la promesa de vivir algo singular.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid reduce la lexia del bloguero, para mantenerla al alcance de un clic en el men\u00fa de la pantalla, y abre su cuenta de correo electr\u00f3nico. Once misivas sin abrir. El asunto de cuatro incluye la palabra Lucas. Igrid marca las cuatro cartas, busca el bot\u00f3n de Borrar y las elimina.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbLas odas a Lucas no quiero leerlas. Se suicid\u00f3, se ahorc\u00f3 en la terraza de su edificio en avenida de Am\u00e9rica, en el sitio donde los vecinos tienden la ropa. Sin trabajo desde hace tres a\u00f1os, con el piso subarrendado a personas de paso; camas en las habitaciones y el sal\u00f3n. \u00c9l en la habitaci\u00f3n principal rodeado de todas las pertenencias familiares metidas en cajas. Sus dos hijas y su mujer se mudaron a la casa de la madre de ella en Usera, hace casi dos a\u00f1os, para vivir en una sola habitaci\u00f3n. Qu\u00e9 m\u00e1s tengo que saber. \u00bfPensar ahora que pude ayudarle?<\/p>\n\n\n\n<p>Otros tres correos son de publicidad, spam, mensajes no deseados. Los otros cuatro provienen de remitentes conocidos con diferentes enunciados. Abre uno con el t\u00edtulo Final, que comienza con esta frase: Queridos amigos, el pr\u00f3ximo viernes dejar\u00e9 mis labores como director de la editorial. Luego enumera los nombres de quienes se marchan con \u00e9l. No menciona el motivo del despido. Le sustituir\u00e1 el subdirector de comercializaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbMe encargaba un par de proyectos al a\u00f1o. Los editores de hoy, demasiado conservadores, dedican m\u00e1s horas a leer sus cuadros Excel de ventas que los originales que pueden o no publicar. Es incre\u00edble que los editores de mi edad prefieran autores muertos, obras libres de derechos pero con subvenciones de traducci\u00f3n, que conozcan poco de lo que se hace a diez metros de su despacho. Son verduleros. Y los libros se pudren en las librer\u00edas m\u00e1s r\u00e1pido que los tomates.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid sube las escaleras. Un azulejo del tercer pelda\u00f1o tiembla al pisarlo. Las plantas de los pies desnudos se apoyan en la cer\u00e1mica blanca del suelo y, al llegar al vestier, en la moqueta marr\u00f3n, oscura, gruesa. El cuarto est\u00e1 revestido por armarios de madera, casi todos ocupados por la ropa y los zapatos de Igrid. Hay dos cl\u00f3set m\u00e1s. Uno para guardar las camas inflables en las que podr\u00edan dormir amigos y familiares pero que nunca se han utilizado porque no han tenido visitas que pernocten con ellos. El otro, para almacenar la ropa fuera de temporada de su pareja. Ella desliza una de las puertas corredizas que resguardan sus vestidos colgados, sin orden de textura ni color, en perchas blancas id\u00e9nticas. Pasea su mano por las telas, en un movimiento horizontal, separa uno de otro. Al dejarlas, las prendas se recomponen. La mano regresa y barre los vestidos:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbVivimos bien. Hemos vivido bien. Aprovechamos los a\u00f1os de esplendor, cuando hab\u00eda dinero. Era la fiesta interminable. Nosotros usufructuamos el despilfarro como cualquier ciudadano de esta comunidad, pa\u00eds, continente. Fuimos creyentes: el mundo se divide entre los que creen y los que crean. Nosotros cre\u00edmos.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid selecciona un vestido, lo mira, lo plancha con un movimiento r\u00e1pido del reverso de su mano, lo recoloca en el cl\u00f3set.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bb\u00bfVestido o pantal\u00f3n? \u00bfVoy de sastre o con bluy\u00edn? La artista me recibir\u00e1 en franelilla y bermudas, estilo Silicon Valley generaci\u00f3n dos punto cero. As\u00ed que qu\u00e9 me pongo.<\/p>\n\n\n\n<p>Corre la puerta y desliza la siguiente, donde aguardan los pantalones dispuestos en dos hileras:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbVivimos bien y no hay nada de qu\u00e9 arrepentirse.<\/p>\n\n\n\n<p>Elige unas sandalias. Se levanta, busca, de un armario a otro, una camisa blanca, unos pantalones beis, una prenda interior de encajes que acumula en el antebrazo y que suelta en la silla peque\u00f1a, estilo flamenco, pintarrajeada de colores vivos sobre verde esmeralda.<\/p>\n\n\n\n<p>En un solo movimiento, Igrid tira hacia atr\u00e1s de su camisa, que cae como un p\u00e1jaro herido por su espalda, sus nalgas, sus muslos, sus pantorrillas y sus talones. Desnuda, se mira al espejo, angosto pero alto, del piso al techo, colocado al lado de la puerta de entrada, en la \u00fanica de las cuatro paredes que no tiene armarios. Cuerpo arm\u00f3nico de mujer sedentaria, delgada, de carnes blandas pero tersas, atacadas en el culo por una celulitis misericordiosa apenas visible. El resto es liso, suave, pulcro. Vientre levemente c\u00f3ncavo, tetas empinadas como mont\u00edculos, cintura estrecha. Igrid yergue la espalda, saca los pechos, aguanta la respiraci\u00f3n. Escruta el vientre.<\/p>\n\n\n\n<p>Busca la silla, la acerca con cuidado para que no caigan las ropas, sube la pierna derecha, arquea la cintura, peina los vellos, con la mano zurda descubre los labios vaginales, los abre, los estimula, levanta la vista, la fija en sus propios ojos, en su mirada. Toca esa boca ros\u00e1cea de labios verticales y corrugados. La acaricia, como una brisa que sacude una pluma, hasta que se eriza, se ofrece a la apertura.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbEstoy en paz. Por primera vez me siento reconciliada con mi cuerpo. Siempre esmirriado, siempre plano. Fui la \u00faltima en desarrollarse en el colegio. Crec\u00eda curvada, adocenada. Un cuerpo que, al madurar, se afof\u00f3, se solt\u00f3 sin rellenarse y ahora siento que resplandece.<\/p>\n\n\n\n<p>Fricciona con un poco m\u00e1s de presi\u00f3n, ya no como brizna, sino como aguij\u00f3n que surca hasta la profundidad de media falange y extrae melaza, grumo licuado que extiende hacia el cl\u00edtoris y lo impregna. Polen en el abdomen de la abeja, que se eleva y se lanza en picado otra vez sobre la flor, y la puya cala un poco m\u00e1s en el interior de esa caverna que se expande lo necesario para dejar que el ap\u00e9ndice se sumerja m\u00e1s y m\u00e1s. Entonces, el interior se ci\u00f1e al intruso y lo presiona, lo atrapa como corola carn\u00edvora al insecto.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbCuando era joven y ofuscada descubr\u00ed la capacidad para contraer y soltar mis m\u00fasculos, estos m\u00fasculos que ahora retienen mi dedo, a voluntad, con fuerza, con naturalidad. Al descubrirlo, me revel\u00e9 invencible en la intimidad, en el territorio de la cama, del asiento trasero, de la pared.<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00edndice sigue la ruta del dedo coraz\u00f3n y le refuerza en el acompasado vaiv\u00e9n, m\u00e1s travieso, m\u00e1s complaciente con el cl\u00edtoris.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bb\u00bfPor qu\u00e9 ya no es belleza aquello que representa fertilidad y asentamiento? \u00bfPor qu\u00e9 repelen las carnes abundantes y blandas? \u00bfEs odio al cuerpo real femenino lo que tiende a hacer que la moda dicte que la mujer triunfal es aquella que se rebela contra las leyes naturales, a costa de su propia salud, de la esclavitud a la cirug\u00eda, a las dietas, a la desnutrici\u00f3n? \u00bfEs triunfal la imagen de la mujer que parece un adolescente masculino? \u00bfEs inocente la transmisi\u00f3n de esta imagen?<\/p>\n\n\n\n<p>Los dedos abandonan la cavidad, se concentran en la yema lubricada, escurridiza, agrandada que palpita, y la acarician de un sentido a otro, de una direcci\u00f3n a otra, con cambios de ritmo, como una sinfon\u00eda, a ratos allegro, a ratos adagio, vivace e con brio o afetuosso, un tempo cuyo aire var\u00eda seg\u00fan la inminencia de \u00e9xtasis que provoca su ejecuci\u00f3n. Igrid se detiene, hace presi\u00f3n con los dedos, bloquea el orgasmo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbLa ofuscaci\u00f3n trae consigo tristeza. Nostalgia por lo que no se tiene, ya sea que se ha perdido, o que no se logra alcanzar. El individuo ofuscado y triste se lanza al consumo. Al convertir lo natural en anormalidad, en fealdad, se siembra en el inconsciente colectivo una serie de im\u00e1genes que produce insatisfacci\u00f3n en el individuo, insatisfacci\u00f3n irracional. Yo ca\u00ed en ese juego, el de construir un carapacho para no verme, privada de la felicidad de lo que mi propio cuerpo desvela, y ahora mi cuerpo es una coraza, la tuya. <\/p>\n\n\n\n<p>Libera la contenci\u00f3n de los dedos antes del \u00e9xtasis.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbLa tensi\u00f3n emulsionada me torna agresiva, h\u00e1bil, hambrienta, con la astucia del apetente. Siento el poder del que todo lo puede. Como ahora: soy yo quien te dicta las normas. Me sublima esta evocaci\u00f3n del poder absoluto.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid pierde de vista su reflejo, recoge las bragas, baja la pierna, se viste. Suena el timbre de casa, alguien toca a su puerta, en esa urbanizaci\u00f3n deshabitada como un cuerpo con Alzheimer. Igrid mira por la ventana. <\/p>\n\n\n\n<p>Dice:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbCorreos. Qu\u00e9 raro, ser\u00e1 un sobre certificado pero no espero ninguno.<\/p>\n\n\n\n<p>Suena el timbre por segunda vez. Ella se separa de la ventana y grita:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Un momento.<\/p>\n\n\n\n<p>Sujetador, pantal\u00f3n, camisa, sin mayor esmero. Baja las escaleras mientras se abrocha y aguarda tras lapuerta para terminar con los botones centrales. Abre:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Diga.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Un telegrama para Ingrid\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfIngrid o Igrid?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Igrid, s\u00ed, Igrid Vu\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vuc\u00fa, soy yo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfVuc\u00fa P\u00e9rez?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Qui\u00e9n lo env\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEs usted?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Firme aqu\u00ed, por favor.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid firma, cierra la puerta, lee en alta voz:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbCaja Espa\u00f1a de Inversiones, Caja de Ahorros y Monte de Piedad, le comunica el vencimiento anticipado de pr\u00e9stamo hipotecario de fecha 02\/02\/2008 suscrito ante Notario D. Alonso Alfonso Alonso y requerimos de pago de 201 198,13 euros, m\u00e1s intereses pactados desde fecha de cierre de cuenta (22\/06\/2012) y gastos.<\/p>\n\n\n\n<p>Mueve la cabeza como si quisiera espantar una mosca con las manos atadas. Cierra los ojos y los abre como si los inundara de colirio. Deja caer la mano con el papel sujeto suavemente, pone la otra mano en su vientre.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbQu\u00e9 significa esto: Vencimiento anticipado, requerimos pago. Nunca me he encargado de las cuentas. Las lleva tu padre. Nunca me ha dicho que tenemos que preocuparnos. Hemos disminuido gastos. A \u00e9l le han recortado su horario de clases, un tercio de la jornada. Ganamos menos. Pero nunca me ha dicho que no tengamos para comer ni para pagar la casa. Qu\u00e9 significa esto entonces.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid lee:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbDatos del expedidor. Remitente Abogados P\u00e9rez-Valle y Asociados. NIF\/CIF E88552324. Direcci\u00f3n calle Ponzano, 9-11, 7\u00ba A. Localidad Madrid, provincia Madrid, c\u00f3digo postal 28003.<\/p>\n\n\n\n<p>Suena el timbre de nuevo. Igrid no se ha movido de detr\u00e1s de la puerta. No reacciona. Suena por segunda vez. Ella no se inmuta. Golpean la puerta suavemente, luego un poco m\u00e1s fuerte. Se escucha una voz de hombre, suavizada hasta el falsete.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1ora, soy yo, el cartero. Tengo otro telegrama.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid no responde, se empina para llegar a la mirilla. El hombre se ha retirado y en ese visor que distorsiona los objetos destaca el amarillo del uniforme y el gorro, la  cara morena de sol. Entreabre la puerta, no asoma la cabeza, esparce la humedad de las ojeras por el rostro, por fortuna sin maquillar a\u00fan:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es un telegrama para Ismael Lavoce Malanga.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid asoma los ojos, esconde el resto de la cara, asiente, estira la mano con la que sujeta la madera. El hombre pregunta:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEst\u00e1 aqu\u00ed? \u00bfPuede recibir el telegrama?<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid niega con la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEs usted un familiar? Podr\u00eda firmar la entrega.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Soy su mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPuede recibirlo, por favor?<\/p>\n\n\n\n<p>Le extiende el telegrama. Igrid responde:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No s\u00e9 si debo aceptarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es una formalidad. Si no lo hace, yo informar\u00e9 de que dej\u00e9 aviso. Para el caso, da lo mismo. Pero es mejor que lo tenga, que tome sus previsiones.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid toma el papel que le extiende el cartero, que suda, transpira mucho, empapa y oscurece su camisa amarilla. \u00c9l le extiende otra hoja y un bol\u00edgrafo. Ella firma. \u00c9l se retira y, casi de espaldas, masculla:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Lo siento.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid no responde, cierra la puerta, la vuelve a abrir. El hombre ya cruza el umbral. Ella le llama:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Se\u00f1or, \u00bfusted nunca se fue?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfC\u00f3mo dice?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfEstuvo siempre tras la puerta?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, ten\u00eda el otro telegrama.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPor qu\u00e9 no me dio los dos al mismo tiempo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Son dos env\u00edos diferentes. En estos casos, siempre prefiero esperar cinco minutos.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid cierra la puerta, lee el nuevo telegrama. Solo var\u00eda un dato del destinatario, el nombre de \u00e9l en vez del de ella. El resto es id\u00e9ntico. Con ambos papeles en la mano, se dirige al sal\u00f3n, se sienta en la butaca de la ventana, donde estuvo hace un rato.<\/p>\n\n\n\n<p>Se desabrocha la camisa blanca y los pantalones. Descubre su barriga ante la ventana. La luz del sol alumbra la piel afinada. Sentada, juega con los rayos de sol. Tapa y destapa, hace sombra y la destruye y mira sin ver el peque\u00f1o terrapl\u00e9n ajardinado y bordado por cuatro pinos, uno en cada esquina, que concluye en una piscina rectangular y profunda, pero escasa para nadar, y una tapia de bamb\u00fa. Es su jard\u00edn, es su casa. Un chal\u00e9 que compr\u00f3 cuando ella y su pareja, un profesor interino de secundaria, sin plaza fija pero con jornada completa en un colegio y contrato hasta el inicio del siguiente curso, decidieron vivir juntos. El c\u00e9sped es muy verde. Los aspersores autom\u00e1ticos se activan. El agua brilla con intensidad en un punto del espacio, donde Igrid fija la vista. Se encienden cada tres d\u00edas en invierno y dos veces diarias en verano.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbTu padre, s\u00ed, tu padre, Maelo, de quien todav\u00eda no te he hablado, tiene por nombre Ismael Lavoce Malanga. Emigr\u00f3 a Madrid hace m\u00e1s de diez a\u00f1os. Instal\u00f3 con sus manos el sistema de riego, tambi\u00e9n excav\u00f3 los huecos para sembrar los cuatro pinos. Cuando nazcas sabr\u00e1s qu\u00e9 es un \u00e1rbol, una hoja, la tierra, el barro. Tu padre es guapo y tiene una cicatriz en la cara. Me cont\u00f3 que se la hizo \u00e9l mismo, cuando era un ni\u00f1o, quer\u00eda parecer un Geyperman. Se raj\u00f3 con una cuchilla de afeitar. Cuando le cos\u00edan la herida, le pregunt\u00f3 al m\u00e9dico si le quedar\u00eda cicatriz. Llor\u00f3 cuando le dijeron que no. Pero s\u00ed le qued\u00f3, y le hace m\u00e1s atractivo. Vivimos juntos desde hace cuatro a\u00f1os. Antes, ambos viv\u00edamos alquilados en el centro de Madrid, cada uno por su cuenta. Manten\u00edamos una relaci\u00f3n estable: Ninguno se acostaba con otra persona, ambos quer\u00edamos pasar nuestro tiempo libre con el otro. Entonces \u00e9l aprob\u00f3 la oposici\u00f3n, qued\u00f3 tercero en su grupo, sac\u00f3 un 6,7; solo aprobaron cinco. Esper\u00f3 el reparto de plazas. No le toc\u00f3 ninguna fija, pero consigui\u00f3 entrar al sistema como interino con turno completo y me dijo: Quiero estabilidad para establecerme contigo. Eso dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid tantea un lunar en el abdomen, conocido moj\u00f3n del color de la tierra abonada.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbMe ofreci\u00f3 esta casa. Un lugar donde fundar una familia cuando llegara el momento, dijo tu padre. Fundar una familia es tener hijos. \u00bfHa llegado el momento de fundarla? \u00bfLo sabes t\u00fa?<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid silencia. Su mirada se fija en el pino m\u00e1s alejado de su ventana. La ma\u00f1ana es luminosa, despejada como es habitual en agosto. Mueve los labios. Su rostro parece tenso y, a la vez, inexpresivo. Los dedos de Igrid acarician el vientre, como si necesitaran calmarlo. Este movimiento parece delatar que no es el advenimiento de aquella criatura lo que le paraliza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbTu padre, ese loco, ya hab\u00eda visto esta urbanizaci\u00f3n, elegido la casa, planeado d\u00f3nde ir\u00eda la piscina, cu\u00e1les ser\u00edan nuestros espacios particulares, d\u00f3nde la casa del perro que no tenemos, que nunca adoptamos. \u00c9l, tan loco, no hubiera dudado en parir muchos hijos, y cuanto antes mejor. Pero no era suya la elecci\u00f3n. Era m\u00eda, porque sus decisiones siempre son desacertadas. Suelen serlo. Aqu\u00ed est\u00e1 la muestra: Cuatro a\u00f1os pagando una hipoteca y ahora qu\u00e9. No es momento de debilidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la sombra de los pinos menos inclinada y con los aspersores apagados, prosigue:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbVivamos en el campo, me propuso, un campo con comodidades, lo mejor de dos mundos. Y yo me entusiasm\u00e9 con su entusiasmo. En pocos d\u00edas hicimos tantas cosas como solo pueden hacerlo dos enamorados ignorantes. Visitamos la inmobiliaria y el banco, compramos la casa, suscribimos la hipoteca entre los dos, con el presupuesto de su sueldo nuevo y mi sueldo antiguo, nos financiaron el cien por cien. Nos ofrecieron algo extra para comprar un coche y para pagar las propias comisiones del banco y sus notarios. Aceptamos. Un dineral. \u00c9l dijo que en el campo nos ven\u00eda bien un todoterreno, un Jeep, y eso solo aumentaba las cuotas unos cuantos euros al mes. Renov\u00f3 su plaza en el colegio p\u00fablico y yo fund\u00e9 una empresa de asesor\u00eda y edici\u00f3n al tiempo que renunciaba a mi empleo en la editorial. Comenc\u00e9 a trabajar en casa, a buscar clientes, a hacer el trabajo, a cobrarlo pasados veinte d\u00edas, luego a los tres meses y ahora tengo acumuladas facturas sin cobrar desde hace un a\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Suelta los telegramas, que caen al suelo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbDisfrutamos de esta casa desnuda. \u00c9l cada d\u00eda ten\u00eda m\u00e1s horas en el colegio y adem\u00e1s daba clases particulares para reforzar matem\u00e1ticas, f\u00edsica, qu\u00edmica. Ganaba muy bien, y yo rechazaba encargos, no quer\u00eda vivir amargada, eso dec\u00eda yo. Est\u00e1bamos genial e incluso ahorramos. Pag\u00e1bamos todas las cuotas y guard\u00e1bamos doscientos, trescientos, quinientos euros en el banco cada mes. Ese dinero es tuyo, me dec\u00eda tu padre: C\u00f3mprate cosas, los gastos de la casa van de mi cuenta. Buenos tiempos. \u00bfY ahora d\u00f3nde est\u00e1 ese dinero?<\/p>\n\n\n\n<p>Igrid desliza sus manos, ambas, por los apoyabrazos del sill\u00f3n. Acomoda su cuerpo y con el meneo ladea los cojines de su espalda, cosidos a mano con varias sedas. Desv\u00eda su vista hacia dentro de la casa, donde la luminosidad es menor. Espera a que sus pupilas se acostumbren. Recoge los telegramas del piso.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbY ahora nos lo quieren quitar.<\/p>\n\n\n\n<p>Despliega y relee el mensaje.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbNos lo quieren quitar, nos quieren quitar todo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y expone las palmas de sus manos al sol.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbNo voy a permitir que nazcas en la calle.<\/p>\n\n\n\n<p>Sobre el vientre se dibujan sus dedos alargados.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bbNo voy a permitir que nazcas en la calle. \u00bfLo hemos perdido todo? Si es as\u00ed, tu padre no podr\u00e1 evitar que nazcas a la intemperie. Pero yo s\u00ed. Yo puedo impedir que nazcas. En la calle o donde no queramos. No saldr\u00e9 de esta casa. No podr\u00e1n sacarme. No dejar\u00e9 que me desahucien. <\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/domenico-chiappe\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Dom\u00e9nico Chiappe A Marta, Fabi\u00e1n y Emily, y tantas otras familias Semana 16 Sentada en la penumbra, Igrid sube las piernas sobre la mesa y desnuda su torso. Observa sus pechos y sus pezones, roza la superficie de su vientre con el anverso de sus manos. 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