{"id":10789,"date":"2024-01-15T20:43:58","date_gmt":"2024-01-15T20:43:58","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=10789"},"modified":"2025-04-24T15:06:50","modified_gmt":"2025-04-24T19:36:50","slug":"el-viaje-como-motivo-de-esperanza-y-revolucion","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/el-viaje-como-motivo-de-esperanza-y-revolucion\/","title":{"rendered":"El viaje como motivo de esperanza y revoluci\u00f3n"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Mar\u00eda Auxiliadora Castillo<\/h4>\n\n\n\n<p>Podr\u00eda pensarse que <em>El dinosaurio azul<\/em> y <em>Miguel Vicente Patacaliente<\/em> se inscriben en lo que se ha denominado literatura para ni\u00f1os y ni\u00f1as, dado que en ambos relatos el protagonista es un ni\u00f1o, llamado Miguel Vicente. En <em>El dinosaurio azul<\/em> \u2014escrito en 1978\u2014 este protagonista se sumerge en el mundo de los sue\u00f1os, donde se encuentra a la jirafa roja, a la iguana verde, al ave del para\u00edso, al oso y por supuesto, al veh\u00edculo dador del viaje, el dinosaurio azul:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Me mont\u00e9 en un dinosaurio azul y me vine siguiendo el r\u00edo de aguas lentas. Atraves\u00e9 llanuras de aguas subterr\u00e1neas, t\u00faneles oscuros y minas de diamantes. Un d\u00eda me dorm\u00ed en un campo de esmeraldas, pero me despert\u00f3 una jirafa roja para decirme que arriba me esperaba el sol, el viento y las flores y los caminos de la tierra<\/em>. (Araujo, 2008: 4).<\/p>\n\n\n\n<p>Luego, Miguel Vicente llega a entablar un di\u00e1logo y se hace amigo del se\u00f1or petr\u00f3leo, pudiendo conocer su posible origen: <\/p>\n\n\n\n<p><em>Hice mi viaje al fondo de la tierra y me perd\u00ed en un bosque de hojas negras y de lagartos dormidos. Millones y millones de \u00e1rboles y de gusanos hundidos y quemados por un sol de cien mil a\u00f1os formaban un lago oscuro y un r\u00edo de aguas lentas y sin luz. Era el petr\u00f3leo.<\/em> (Araujo, 2008: 3).<\/p>\n\n\n\n<p>Posteriormente volveremos sobre este tema.<\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, en <em>Miguel Vicente Patacaliente<\/em>, publicado en 1971, el mismo protagonista es ahora un ni\u00f1o limpiabotas que sue\u00f1a con viajar y conocer un pa\u00eds que presiente lejano desde un cerro de Caracas: la ciudad donde Miguel Vicente juega y trabaja sacando brillo a los zapatos de los funcionarios, tiene una madre enferma, sola, distante y un hermano que es el dador de la posibilidad de viaje que, finalmente, emprende:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Desde una vuelta de la carretera, ya bien arriba, se volvi\u00f3 para mirar a Caracas, all\u00e1 abajo. Ya no la miraba desde su cerro. Ahora la ciudad se iba quedando, peque\u00f1ita y de mil colores luminosos, all\u00e1 abajo. <\/em>(Araujo, 1992: 26).<\/p>\n\n\n\n<p>En ambos relatos es com\u00fan, pues, la estructura del viaje, la presencia del mismo personaje (Miguel Vicente), el tema de la iniciaci\u00f3n; pero se diferencian en los espacios: irreal o fant\u00e1stico en El dinosaurio azul, real o mim\u00e9tico (la ciudad) en Miguel Vicente Patacaliente.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el viaje y la historia de Miguel Vicente no son s\u00f3lo una excusa para reflejar una realidad o una interpretaci\u00f3n del autor de dicha realidad, o derivan de la necesidad pedag\u00f3gica de exponer su an\u00e1lisis, desde la mirada del militante comprometido con los movimientos sociales, para abogar por una transformaci\u00f3n del rostro de marginalidad y neocolonizaci\u00f3n en un rostro de un pa\u00eds igualitario y soberano; sino que tambi\u00e9n Miguel Vicente puede ser visto como una met\u00e1fora de movimiento, sacudida, de camino por andar, por recorrer para la transformaci\u00f3n social.<\/p>\n\n\n\n<p>Si se realiza una lectura en el continuum de las obras literaria y ensay\u00edstica de Araujo, buscando los signos que m\u00e1s tarde se constituyen en s\u00edmbolos, se encuentra m\u00e1s bien, antes que un relato infantil, una profunda mirada del autor barin\u00e9s en torno a lo social y un atinado an\u00e1lisis acerca de los procesos socioecon\u00f3micos, as\u00ed como el impacto de los inicios de la supuesta industrializaci\u00f3n en Venezuela, producto de la explotaci\u00f3n petrolera y la entrada del capital extranjero. En su ensayo <em>Venezuela violenta<\/em>, el autor se muestra cr\u00edtico con dicho proceso que se promocion\u00f3 como la gran panacea del desarrollo, pero result\u00f3 a la larga el gran motivo para aumentar el n\u00famero de menesterosos, ahondando la brecha entre pobres y ricos, en una pol\u00edtica entreguista.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Es as\u00ed como el dominio extranjero se extiende y consolida en el pa\u00eds sin correr riesgos ni traer capitales. Es as\u00ed como lo que con tanto orgullo suele llamarse industrializaci\u00f3n nacional no es sino un proceso de complementaci\u00f3n del colonialismo econ\u00f3mico de los Estados Unidos sobre Venezuela<\/em> (Araujo, 1968: 91).<\/p>\n\n\n\n<p>Como lo explica el mismo autor en dicho texto, esto produjo el proceso de migraci\u00f3n del campo hacia la ciudad, o mejor dicho, el abandono de las pol\u00edticas agrarias: por el imaginario del progreso y la modernidad y el encantamiento s\u00fabito por los ingresos para la importaci\u00f3n y el comercio, muchos venezolanos terminaron sum\u00e1ndose a la legi\u00f3n de <em>cerr\u00edcolas<\/em>, que esperaron, infructuosamente, subir y bajar las escalinatas de las casas y de los edificios de la naciente burocracia estatal.<\/p>\n\n\n\n<p>Por ello Araujo (1968), en su <em>Venezuela violenta<\/em>, sentencia:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Venezuela se lanza al desarrollo industrial moderno sin obreros especializados, sin gerentes y sin experiencia. Se importa la t\u00e9cnica, se importa la experiencia. Si algo es nuevo y admirable, es precisamente la voluntad de industrializar a toda costa\u2026<\/em> (p.74).<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, m\u00e1s adelante agrega:<\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026) la t\u00e9cnica m\u00e1s avanzada y el equipo m\u00e1s moderno provocan desempleo (pi\u00e9nsese, por ejemplo, en la evoluci\u00f3n de la industria petrolera en los \u00faltimos a\u00f1os), mientras que el estancamiento de la t\u00e9cnica o su primitivismo, crean el empleo disfrazado o subempleo (nuestra agricultura es el mejor ejemplo) <\/em>(p. 87).<\/p>\n\n\n\n<p>Y todo esto ocurri\u00f3 precisamente por el petr\u00f3leo:<\/p>\n\n\n\n<p>A la sombra del petr\u00f3leo y bajo el orden de un gobierno rentista, que gasta su renta en obras p\u00fablicas, la agricultura pasa a ser la cenicienta de una econom\u00eda, que es ahora minera y comercialista. (Araujo, 1968: 64).<\/p>\n\n\n\n<p>A prop\u00f3sito del oro negro en la literatura venezolana \u2014t\u00edmidamente vislumbrada en Jos\u00e9 Rafael Pocaterra y visiblemente mayor en D\u00edaz S\u00e1nchez (Mene)\u2014, se\u00f1ala Campos (2006) que dicha presencia dio origen precisamente a la fractura del pa\u00eds entre lo rural y urbano.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Queremos remarcar esto: marginalidad y urbanismo es una relaci\u00f3n natural que se establece con el afianzamiento de la cultura  del petr\u00f3leo, y figura dicha relaci\u00f3n en la narrativa de esos a\u00f1os en la regi\u00f3n zuliana como una primicia para la literatura nacional\u2026 los sujetos de ese impacto, contra lo que pudiera creerse, no son quienes ya estaban asentados en las ciudades, sino los campesinos desarraigados, expulsados por el latifundio gamonal y un territorio consumido, puestos violentamente en situaci\u00f3n de desarrollar h\u00e1bitos m\u00e1s que de vida, de sobrevivencia\u2026 <\/em>(p. 482).<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Compa\u00f1ero de viaje Araujo<\/em> los describe de esta manera:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Hab\u00eda tambi\u00e9n fugitivos del hambre, campesinos sin tierra de Bocon\u00f3, parame\u00f1os de las terroneras de Tu\u00f1ame, Escor\u00e1 y las Mesitas\u2026 eran unos excluidos del latifundio andino, los exiliados del trigo meride\u00f1o y del caf\u00e9 trujillano (\u2026)<\/em> (p.11).<\/p>\n\n\n\n<p>A partir de 1936 la actividad econ\u00f3mica en Venezuela definitivamente termina por ser sustentada por el dominio del capital extranjero dirigido hacia el petr\u00f3leo, hasta el punto que \u201cla inversi\u00f3n directa (\u2026) en el sector de hidrocarburos y de miner\u00eda representan en la d\u00e9cada 1950-1959, el 93 por ciento\u201d (Araujo, 1968: 78). Por ello, la artesan\u00eda y la manufactura van perdiendo terreno y relegadas a meras extravagancias o excepciones; situaci\u00f3n que se mantuvo hasta hace relativamente poco.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Durante el per\u00edodo que viene de 1958 a nuestros d\u00edas, se mantiene en su esencia la caracterizaci\u00f3n del per\u00edodo anterior, contin\u00faa el fen\u00f3meno de crecimiento parad\u00f3jico, la condici\u00f3n importadora de la industrializaci\u00f3n, el contraste entre capital invertido y empleo generado, y se mantienen vigentes los factores que permiten e impulsan la invasi\u00f3n incontrolada del capital extranjero en la manufactura<\/em> (Araujo, 1968: 83).<\/p>\n\n\n\n<p>Por otra parte, otra de las nefastas consecuencias de esta situaci\u00f3n: la invasi\u00f3n de la t\u00e9cnica, y por ende, la violencia y  destrucci\u00f3n de la tierra (la madre tierra) para extraer los recursos, es tambi\u00e9n descrita en <em>El dinosaurio azul<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero todo aquello era un ruido infernal: \u00a1tun-taca-tun! \u00a1tun-tacatun! Por todas partes, hombres con cascos, torres, tanques, m\u00e1quinas, camiones, jeeps y el \u00a1tun-taca-tun! De unos inmensos p\u00e1jaros met\u00e1licos perforando con sus picos el pecho de la tierra, los h\u00edgados de la tierra, las tripas de la tierra \u00a1tun-taca-tun!<\/em> \u00a1Tun-tacatun! (Araujo, 2008: 13).<\/p>\n\n\n\n<p>De igual modo, la entrada del capital extranjero y las empresas petroleras configuran un urbanismo a imagen y semejanza de los campos petroleros extranjeros y completamente desarraigado de nuestra condici\u00f3n y costumbres: los obreros viven en casas peque\u00f1as, iguales, uniformes, sin \u00e1rboles, sin vegetaci\u00f3n, sin vida. En El dinosaurio se lee:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Uno de los obreros, el que parec\u00eda jefe del grupo, lo llev\u00f3 a su casa, una casita peque\u00f1a, rodeada de otras casitas peque\u00f1as, todas igualitas, rodeadas con telas met\u00e1licas y construidas en un campo donde unos cuj\u00edes lloraban de dolor por la ausencia de otros \u00e1rboles<\/em> (Araujo, 2008: 7).<\/p>\n\n\n\n<p>Peor, tal como lo vislumbra Araujo, el proceso de industrializaci\u00f3n en la era petrolera no ten\u00eda como norte el desarrollo social, la emancipaci\u00f3n del hombre, su bienestar en suma; antes bien, era el progreso por el progreso, la industria al servicio de la industria. En un di\u00e1logo que sostiene Miguel Vicente con un obrero se evidencia que el proceso de industrializaci\u00f3n conlleva a la cosificaci\u00f3n del hombre sin conciencia de su hacer: el hombre que perfora, horada, penetra la madre tierra s\u00f3lo para que siga aceitada la maquinaria del capital:<\/p>\n\n\n\n<p><em>&#8211; Yo perforo la tierra para que el petr\u00f3leo salga.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&#8211; \u00bfY para qu\u00e9 quieres que salga?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&#8211; Bueno, pues para muchas cosas, para que mueva las m\u00e1quinas, los camiones, los carros, los aviones y para que haya luz de noche, para muchas cosas<\/em> (Araujo, 2008: 11).<\/p>\n\n\n\n<p>A la par de esto, tambi\u00e9n est\u00e1 presente la denuncia de la contaminaci\u00f3n y la agresi\u00f3n a la naturaleza en la regi\u00f3n donde se produce la explotaci\u00f3n petrolera; por ejemplo: \u201cEl Lago de Maracaibo: aguas lentas y oscuras donde desembocan los r\u00edos del petr\u00f3leo\u201d. La voz del petr\u00f3leo se expresa en animus dolido por los excesos cometidos:<\/p>\n\n\n\n<p>No, Miguel Vicente, no me ofendas. Mi madre es la tierra, y en sus entra\u00f1as me concibi\u00f3, me pari\u00f3 y me ocult\u00f3 durante millones de a\u00f1os. La Compa\u00f1\u00eda es la que me persigue y la que hiere el pecho y el vientre de la tierra hasta encontrarme en las cuevas donde habito. All\u00e1 arriba me somete a torturas en grandes m\u00e1quinas para arrancarme a pedazos las fuerzas que me dieron los \u00e1rboles antiguos y los dinosaurios muertos (Araujo, 2008: 19).<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que en la obra de El dinosaurio azul, el viaje de Miguel Vicente es un viaje hacia la conciencia: un dispositivo de viaje-revoluci\u00f3n; Miguel Vicente es el actante que transita y transitar\u00e1 el camino hacia un mundo, desde lo so\u00f1ado, lo imaginado (un mundo azul: el dinosaurio) pero posible, a lo esperanzador, vivible, ecol\u00f3gico (un mundo verde: la iguana). Tambi\u00e9n es un viaje desde la indiferencia del habitante de la ciudad con respecto a su entorno hacia la tierra, hacia el origen, \u201cpor r\u00edos y por mares y hasta el centro de la tierra y m\u00e1s all\u00e1 (Araujo, 2008: 8)\u201d; en la b\u00fasqueda y encuentro de lo que es el hombre, el ser humano, y la comuni\u00f3n del ser humano con la naturaleza y con el universo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/maria-auxiliadora-castillo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicado con el t\u00edtulo: ORLANDO ARAUJO: EL VIAJE COMO MOTIVO DE ESPERANZA Y REVOLUCI\u00d3N EN <em>EL DINOSAURIO AZUL<\/em> Y <em>MIGUEL VICENTE PATACALIENTE<\/em>, en el volumen <em>Apuntes de sobremesa <\/em>(El perro y la rana, 2018)<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mar\u00eda Auxiliadora Castillo Podr\u00eda pensarse que El dinosaurio azul y Miguel Vicente Patacaliente se inscriben en lo que se ha denominado literatura para ni\u00f1os y ni\u00f1as, dado que en ambos relatos el protagonista es un ni\u00f1o, llamado Miguel Vicente. 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