{"id":10761,"date":"2024-01-12T21:11:17","date_gmt":"2024-01-12T21:11:17","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=10761"},"modified":"2024-12-18T16:23:32","modified_gmt":"2024-12-18T20:53:32","slug":"dos-cuentos-de-omar-pineda","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/dos-cuentos-de-omar-pineda\/","title":{"rendered":"Dos cuentos de Omar Pineda"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Una mujer con sombrero<\/h3>\n\n\n\n<p>Hubo una vez en mis dieciocho que fantaseaba con chicas hermosas e inalcanzables. Pertenec\u00edan a la realidad, a ese mundo bienaventurado de la vida universitaria en la que, adem\u00e1s de las clases matutinas y las protestas al mediod\u00eda hab\u00eda lugar para la sonrisa y el placer porque a esa edad uno no advierte que mientras pasan las horas dejamos de serlos mismos. Dec\u00eda el poeta Nazim Hikmet \u201cenvidio a los que no se dan cuenta de que envejecen, tan ocupados est\u00e1n con sus cosas\u201d. Entonces las m\u00e1s bellas paseaban sus cuerpos, con bluy\u00edn desle\u00eddo y franela rosa, a lo largo del pasillo de la facultad de Ingenier\u00eda o de Medicina de la Universidad Central, y yo me limitaba a contar los siete segundos que un pana que cursaba Estad\u00edstica promulg\u00f3 como el tiempo justo para dejar que pasaran a tu lado y luego volteabas a fin de disfrutar con mirada furtiva del esplendor de su belleza. A m\u00ed eso me sonaba a excusa barata, concebida para gente t\u00edmida, cohibida, retra\u00edda y pusil\u00e1nime, de manera que cuando la ten\u00eda de frente cronometraba los siete segundos, volteaba y disparaba mis dardos voyeristas que solo un ser apocado como quien hace esta confesi\u00f3n pod\u00eda ejecutar. Condenado a ver solo fracasos en el amor, la reiterada pr\u00e1ctica me premi\u00f3 sin embargo una ma\u00f1ana. La vi pasar. Piel acanelada, alta, buen cuerpo, ojos color aceituna pero no iba feliz al parecer sino que gravitaba en medio de una generosa tristeza que me desconcert\u00f3. Sobresal\u00eda entre las otras chicas porque exhib\u00eda un sombrero ornado de flores a lo Janis Joplin. Esa ma\u00f1ana no solo volte\u00f3 sino que me sonri\u00f3 con ternura, m\u00e1s que con otro prop\u00f3sito mundano, mientras nos alej\u00e1bamos a lo largo del pasillo. Veinte minutos despu\u00e9s, en mi pupitre durante el taller de redacci\u00f3n I, segu\u00eda pens\u00e1ndola, de tal modo que el profesor Alexis M\u00e1rquez Rodr\u00edguez me sorprendi\u00f3 justo cuando exhib\u00eda mi mejor cara de idiota a la pregunta que hizo acerca del uso del subjuntivo. Sin dejar de pensar en ella, en ese instante me asaltaba la canci\u00f3n de Silvio Rodr\u00edguez que hablaba de \u201cuna mujer con sombrero\u2026 como un cuadro del viejo Chagall\u201d. Me deshice en explicaciones in\u00fatiles que la fama de severo que vend\u00eda el profe cambi\u00f3 a un movimiento de cabeza leve de indulgencia, (yo era uno de sus mejores alumnos), como si hubiese acertado con la causa de mi distracci\u00f3n. Al terminar la clase intent\u00e9 disculparme, pero Alexis M\u00e1rquez sonri\u00f3 y pidi\u00f3 que no le explicara nada sino que m\u00e1s bien pusiera m\u00e1s atenci\u00f3n ya que los ex\u00e1menes trimestrales estaban cerca.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasaron los d\u00edas y tambi\u00e9n las semanas y acabaron en descalabro mis intentos por tropezarme de nuevo con esa chica y su mirada enigm\u00e1tica. Aferrado a su ausencia en los pasillos me distra\u00eda repasando su rostro terso, el cabello oculto en el sombrero floreado y la barbilla angulosa que exultaba felicidad aunque denotaba cierta aflicci\u00f3n. Me convert\u00ed en experto para recorrer los pasillos de las facultades de medicina, farmacia, odontolog\u00eda y humanidades, el espacio amplio y soleado del Rectorado, los vericuetos silenciosos a lo Calder del Aula Magna, la explanada verde y pecaminosa de la tierra de nadie y la salida de las Tres Gracias, hasta que me rend\u00ed y termin\u00e9 por admitir que se trataba de una peligrosa obsesi\u00f3n y, si se quiere, de un castigo contra mis propias enso\u00f1aciones. Hasta que un mediod\u00eda en la plaza del rectorado, alist\u00e1ndonos para salir a protestar por un presupuesto justo para la UCV y en contra de la represi\u00f3n policial, me top\u00e9 con Neyda, la joven que le acompa\u00f1aba en aquel d\u00eda de gloria y obviamente le pregunt\u00e9 por su amiga. Aunque involuntaria, la primera reacci\u00f3n de Neyda fue de sorpresa, luego de desolaci\u00f3n. \u00abNo volver\u00e1s a verla\u00bb, dijo evitando mirarme a la cara. Aymara hab\u00eda fallecido de c\u00e1ncer meses atr\u00e1s. \u201cPara esos d\u00edas, ya empezaba a perder su cabellera y apenas pod\u00eda asistir a las clases en Farmacia\u201d, resumi\u00f3, con un desahogo fugaz del coraz\u00f3n. No dije nada -\u00bfqu\u00e9 pod\u00eda a\u00f1adir?- y se abri\u00f3 un silencio tenso como de duelo. Hasta que Jes\u00fas Sotillo con el meg\u00e1fono en la mano se subi\u00f3 a un poste cerca de la Escuela de Comunicaci\u00f3n Social y me sac\u00f3 del aturdimiento para alertarnos que, a pesar de que la polic\u00eda y la guardia nacional nos esperaban en la redoma de Plaza Venezuela no deb\u00edamos caer en provocaciones. La marcha arranc\u00f3 por fin y con ese pedazo de sol enredado en nuestras cabezas, sin dejar de arrear las pancartas y gritar \u201cU-U-UCV\u201d, yo arrastr\u00e9 mi dolor oculto haciendo m\u00e1s insoportables los pasos de indignaci\u00f3n, incluso contra la vida misma. Me castigaba por no haberla parado esa ma\u00f1ana, saludarla y preguntarle al menos su nombre. Aymara era ahora un tembloroso recuerdo de esta huida del tiempo que se fue. Y ya era demasiado tarde. En cuesti\u00f3n de minutos surgieron las escaramuzas. Volaron las piedras y las molotov contra los polic\u00edas mientras ellos, en atenci\u00f3n al gui\u00f3n represivo, se divert\u00edan disparando bombas y soltando peinillazos sobre nuestras espaldas. El viento tra\u00eda los gritos distantes y en medio de la refriega y el caos volvi\u00f3 a perseguirme la canci\u00f3n de Silvio Rodr\u00edguez para recordarme que \u201clos amores cobardes no llegan a amores, ni a historias\u2026 y se quedan all\u00ed\u00bb. Entonces, cuando espabil\u00e9 estaba llorando y el humo de las lacrim\u00f3genas no me dejaba respirar.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">***<\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Formas extra\u00f1as de quitarse el hipo<\/h3>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de tanta lata, Luisa nos convenci\u00f3 de que esa ser\u00eda la mejor forma de curarlo. De pana que hab\u00edamos probado todas las t\u00e9cnicas conocidas empezando por los remedios caseros, como el infalible susto tras ocultarse en las cortinas de la sala, o contener la respiraci\u00f3n durante cinco minutos con la boca apresada en una bolsa de papel e incluso los doce vasos de agua deglutidos justo en el instante en que tales espasmos se anuncian por la autopista del diafragma. Pero ninguno sirvi\u00f3 y Juan se desesperaba. Empezaba a inquietarnos tambi\u00e9n a nosotros porque tales contracciones nada normales de la garganta no solo se hac\u00edan ruidosas sino tambi\u00e9n indominables e invasivas, y lo peor es que las mejillas del pana saltaban del color rosa para inclinarse hacia el morado. Hasta el se\u00f1or Rosales, el de la farmacia de la esquina, tan atento \u00e9l y tan comprensivo con las consultas inusuales del barrio, acab\u00f3 por rendirse luego de que los medicamentos de su estanter\u00eda y las maniobras paracient\u00edficas que aplic\u00f3 se estrellaran contra el muro del fracaso. Rendido, Rosales nos aconsej\u00f3 llevarlo de urgencia al hospital P\u00e9rez Carre\u00f1o, que seguramente ah\u00ed lo curaban. Pero no pod\u00edamos ingresarlo a ning\u00fan hospital como tampoco desfilar con el pobre Juan como si fuese un espect\u00e1culo circense, suerte de fen\u00f3meno con hipo ambulante porque, sencillamente, a Juan lo buscaba la polic\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Est\u00e1 bien, comencemos por echar el cuento si acaso esto cuaja en un relato. No fue por capricho que Luisa y yo nos aislamos del grupo durante el receso de la segunda hora y nos ausentamos en la clase de Qu\u00edmica de las dos y cuarenticinco de la tarde \u00a1V\u00e1lgame, Dios! con esa inmamable profesora de lentes culo de botella que el a\u00f1o pasado me oblig\u00f3 a repetir la materia. Sencillamente, ese martes once de mayo Luisa Valles rompi\u00f3 el celof\u00e1n de mi desolada timidez cuando estamp\u00f3 un beso cercano a mi boca mientras jug\u00e1bamos a beber agua en el filtro de chorrito en el pasillo y me orden\u00f3 en clave de agente secreto que no entrara a qu\u00edmica porque deb\u00edamos vernos debajo del araguaney, cuyas relucientes hojas amarillas simbolizan la identidad de nuestro liceo. As\u00ed que, hundido entre la excitaci\u00f3n y el remordimiento por ganarme otra vez la reparaci\u00f3n de una asignatura de la cual solo conoc\u00eda a medias la tabla peri\u00f3dica de los elementos acud\u00ed a la cita bajo ese sol herrumbroso de las tres de la tarde. A los tres minutos emergi\u00f3 no se de d\u00f3nde la exhuberante Luisa Valles, reluciente, apasionada, los labios pintados, encendidos y dos a\u00f1os menos que yo pero con t\u00edtulo de grandeliga en cuestiones de novios, besos y caricias mientras yo no pasaba de ser un novato prometedor en ascenso. Entonces sencillamente nos agarramos de mano, y susurr\u00f3 \u201cvente\u2026 que por aqu\u00ed hay una casa abandonada y quiero mostrarte algo\u201d. Urgente. Se encendieron todas mis alarmas sexuales hasta entonces adiestradas al abrigo de las revistas Playboy que uno de mis hermanos escond\u00eda debajo de su cama. Como para mi la vida siempre ha sido un partido de beisbol sent\u00ed una voz que dec\u00eda Edgardo ponte el uniforme y agarra ese guante Rawling porque que esta tarde vas a lanzar los nueve inning.<\/p>\n\n\n\n<p>Entramos lentos, silenciosos, a la deteriorada casa. Puertas desprendidas y ladrillos esparcidos en el suelo nos recibieron. Ya dentro nos envolvi\u00f3 una atm\u00f3sfera de lujuria. Una vez a salvo de intrusos nos agarramos de las manos, nos miramos de frente y disfrutamos de cada palabra como si tuvieran el sabor de las bolsitas de Kool-Aid granulado que tanto me gustaba. Luisa me observ\u00f3 no se si con algo de compasi\u00f3n. Apret\u00f3 mi cara con sus manos sedosas que ol\u00edan a crema Nivea. Mostr\u00f3 su fortaleza ante alguien que lo sab\u00eda vulnerable, indeciso y por instante en pleno desconcierto. Cuando cerr\u00e9 los ojos para besarnos sent\u00ed una rara vibraci\u00f3n como la r\u00e9plica de un sismo bajo los pies. Nos prepar\u00e1bamos para coronar el Everest cuando al voltear descubrimos que el pendejo de Juan nos estaba espiando desde un recodo de la casa. Mientras yo pensaba c\u00f3mo bajarme de la nube, ya Luisa Valles, totalmente molesta, despojada de su rol de seductora y convertida en villana le recrimin\u00f3 con sobrada raz\u00f3n a su primo \u201c\u00bfqu\u00e9 co\u00f1os haces aqu\u00ed?\u201d O sea, que si seguimos en lo del beisbol lo resumir\u00eda as\u00ed. Me embas\u00e9 con hit por la banda derecha, pis\u00e9 la primera, y como not\u00e9 que hab\u00eda chance porque el jardinero se demoraba en tomar la pelota segu\u00ed mi recorrido hacia la segunda base pero el \u00e1rbitro levant\u00f3 la mano, tens\u00f3 el pu\u00f1o, contrajo el cuerpo como si le doliera la barriga, levant\u00f3 una pierna y grit\u00f3 \u00a1out! Si, amigo, como te lo estoy contando: llegu\u00e9 a segunda base pero no sent\u00ed la satisfacci\u00f3n de haber pisado la almohadilla porque el pendejo de Juan apareci\u00f3 en mitad del partido como esos espont\u00e1neos que invaden el terreno de juego, y antes de que su prima volviera a repetirle la pregunta levant\u00f3 las manos en se\u00f1al de me rindo, llorique\u00f3 y exclamando con rictus que me record\u00f3 la piedad exclam\u00f3 \u201cco\u00f1o, disculpen\u2026 pero necesito ayuda\u2026 me escap\u00e9 y me est\u00e1 buscando la polic\u00eda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfAhora lo ves? Esto me lleva a pensar que Juan no mat\u00f3 a ning\u00fan portugu\u00e9s pero el \u00fanico que estaba en el bar cuando el se\u00f1or Joaqu\u00edn le orden\u00f3 que arreglara las gaveras de cerveza en la parte de atr\u00e1s y regresara con el tobo y el trapo para limpiar la sala lo involucran como el \u00fanico sospechoso. Era su tercer d\u00eda como empleado de un bar de mala muerte de la entrada de Ant\u00edmano, \u00fanico sitio donde donde aterrizaban frustrados los obreros de la construcci\u00f3n, los que se toman dos cervezas antes de llegar a su casa o los clientes viciosos que esperan que el portu encendiera la televisi\u00f3n para apostar a las carreras de caballos. Se lo cont\u00f3 una y otra vez a los polic\u00edas de la divisi\u00f3n de homicidios pero no le creyeron porque ya Juan registraba antecedentes por violencia contra un vecino en Catia y por intento frustrado de robar a una chica en la parada de autobuses. \u201cClaro que te creemos, Juan\u201d, le dije yo olvid\u00e1ndome de lo inoportuno que hab\u00eda sido su aparici\u00f3n en esa vieja casa, como si hubiese sido invitado a subir al estrado. Pero a su prima no le interesaba oir su alegato y se aferr\u00f3 en repetir tantas veces seguidas \u201c\u00a1co\u00f1o de la madre, Juan!\u201d, lo que no supe si interpretarlo como un lamento al problema legal en el que se hab\u00eda metido el chamo o al simple hecho de desbaratarnos el sue\u00f1o, lo que para mii ser\u00eda interrumpir una inolvidable lecci\u00f3n de anatom\u00eda. No obstante a Juan no le bast\u00f3 con que apost\u00e1ramos a su inocencia. El primo relat\u00f3 que aprovechando el desp\u00ecste de quienes lo trasladaban sin esposas al tribunal para la sesi\u00f3n de vista de los cargos sencillamente salt\u00f3 de la patrulla, corri\u00f3 sin mirar atr\u00e1s y se les perdi\u00f3 a los polic\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya en este punto Luisa y yo nos olvidamos de escalar el Everest y nos concentramos en c\u00f3mo ayudarlo. Lo primero: convencerle de que volviera a la polic\u00eda porque su fuga no hac\u00eda m\u00e1s que empeorar las cosas y ahora s\u00ed quedar\u00eda claro que hab\u00eda sido \u00e9l quien mat\u00f3 a Joaqu\u00edn para robarle el dinero que el jefe ocultaba en la caja registradora. \u201cTienen que creerme\u2026 el portu me dijo que me fuera para el fondo, acomodara las cajas vac\u00edas de cerveza y volviera para trapear el local. As\u00ed que las orden\u00e9 y cuando pasaban de cuarenta escuch\u00e9 una conversaci\u00f3n en voz alta\u2026 Con el ruido de la rocola y eso de que Joaqu\u00edn siempre hablaba por tel\u00e9fono como grit\u00e1ndole a la gente no le di importancia y segu\u00ed en mi trabajo hasta que entr\u00e9 al local y lo vi tirado en el piso con la camisa blanca ensangrentada\u201d. Luisa y yo callamos, nos vimos sin saber c\u00f3mo reaccionar porque todo flotaba como en una nube de absurdidad. De pronto el primo Juan se retorci\u00f3 como con un espasmo y acab\u00f3 en un incesante ataque de hipo que, pasados los cinco minutos, comenz\u00f3 a preocuparnos. As\u00ed que dejamos a atr\u00e1s los besos furtivos sin final, el tema de la fuga de Juan y las conjeturas acerca de qui\u00e9n hab\u00eda despachado al portu porque el hipo de Juan no solo se hac\u00eda intermitente sino que nos angustiaba como si fuese la antesala a un infarto. As\u00ed, el hipo de Juan se volvi\u00f3 en nuestra \u00fanica preocupaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces comprender\u00e1n porqu\u00e9 evitamos llevarlo al hospital y le tocamos la puerta al se\u00f1or Rosales que no pudo ayudarnos como tampoco nos sirvieron los trucos caseros. Pero record\u00e9 haber le\u00eddo en un aviso peque\u00f1o de Ultimas Noticias acerca de un tal Profesor Lerner que cura dolores de muela y sana hasta los remordimientos con solo apelar a su poder hipn\u00f3tico. La direcci\u00f3n exacta no la recordaba pero s\u00ed retuve que estaba al lado de una cervecer\u00eda llamada El Sif\u00f3n, en Ant\u00edmano. Desesperados con la angustia de quitarle el ataque de hipo a Juan, Luisa y yo cargamos con el primo mont\u00e1ndonos al autob\u00fas que sube al hospital El Algodonal, donde el conductor afirm\u00f3 que sab\u00eda donde quedaba El Sif\u00f3n. Nos bajamos y caminamos con ese hipo delator. Despu\u00e9s de unos minutos una se\u00f1ora que nos mir\u00f3 con recelo apunt\u00f3 con su \u00edndice a una suerte de casucha verde con el pipote de la basura enfrente a rebosar y cuando volteamos para darle las gracias, la do\u00f1a hab\u00eda desaparecido. Nos qued\u00f3 su advertencia: \u201ccuidado con ese brujo que es medio s\u00e1dico\u201d. Ya frente a la casa Luisa le dio tres golpes a la puerta y sali\u00f3 un sujeto sin camisa, barba desordenada y con dos chancletas dispares. Nos recibi\u00f3 con inusitada agresividad y despu\u00e9s del \u00bfqu\u00e9 quieren? y la explicaci\u00f3n nuestra acerca del hipo, el hombre se aquiet\u00f3 un poco, nos hizo pasar y nos orden\u00f3 sentarnos en un sof\u00e1 que ol\u00eda a orines de gato. Dijo \u201cya vuelvo y entr\u00f3 a un cuartucho\u201d apenas protegido por una tela que le serv\u00eda de cortina, y antes de que regresara yo le dije al primo \u201cco\u00f1o Juan aspira todo este orine de gato para ver si se te pasa el hipo\u201d. Cuando Luisa y yo est\u00e1bamos a punto de soltar una carcajada reapareci\u00f3 el profesor Lerner con un malet\u00edn negro que me record\u00f3, no s\u00e9 por qu\u00e9 a la imagen de la \u00fanica foto que los venezolanos conservamos del doctor Jos\u00e9 Gregorio Hern\u00e1ndez.<\/p>\n\n\n\n<p>-Esto es un asunto serio, eh, reclam\u00f3 el viejo y nos inform\u00f3 que la consulta costar\u00eda treinta y cinco bol\u00edvares. Juan busc\u00f3 su cartera en el pantal\u00f3n y antes de sacar la plata, Luisa le puso la mano en el brazo, intercept\u00f3 la acci\u00f3n y le dijo con voz queda \u201cpagamos al terminar, primo\u201d. Lerner se le qued\u00f3 mirando a Luisa con arrechera y pase\u00f3 con la lengua sus labios como si tuviera sed pero r\u00e1pido advertimos que ciertamente ten\u00edamos enfrente a un viejo s\u00e1dico.<\/p>\n\n\n\n<p>-Bueno, vamos al asunto \u00bfDesde cuando tienes ese hipo?, pregunt\u00f3 sin esperar respuesta y seguidamente elev\u00f3 una mirada tensa al techo, nos pidi\u00f3 que cerr\u00e1ramos los ojos y apret\u00e1ramos los pu\u00f1os como se\u00f1al inequ\u00edvoca de concentraci\u00f3n hipn\u00f3tica, digo yo. M\u00e1s que temor esa t\u00e9cnica del profesor me gener\u00f3 incomodidad y desconfianza.<\/p>\n\n\n\n<p>-Un momento, profesor, nosotros no tenemos hipo, ataj\u00f3 Luisa y se\u00f1al\u00f3 al pendejo de Juan quien, con los ojos cerrados y con el hipo sin parar ya comenzaba a extender las manos y apretar sus pu\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>-Esto se tiene que hacer bajo requerimientos cient\u00edficos que yo domino \u00bfokey?, insisti\u00f3 Lerner con tono desafiante y autoritario.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos callamos. Cerramos los ojos, extendimos los brazos con los pu\u00f1os cerrados como si intent\u00e1ramos formar una estrella. Pero el hipo de Juan no cesaba. No dej\u00f3 de hacerlo mientras estuvimos en el bus, cuando subimos la calle que nos condujo al bar El Sif\u00f3n y no hab\u00eda razones para que cesara ahora pese al comportamiento extravagante del profesor Lerner. Esta parte no sabr\u00eda c\u00f3mo contarla con rigurosidad y exactitud pero tengo la impresi\u00f3n de que entramos de verdad en un estado hipn\u00f3tico durante tres o cinco minutos cuando por alguna raz\u00f3n en mitad del trance oigo la voz de Luisa como quej\u00e1ndose, entreabro los ojos y descubro que el hijo de puta de Lerner le met\u00eda manos e intentaba desvestirla. Desesperado me le abalanc\u00e9 y pude lanzarle dos co\u00f1azos, uno acert\u00f3 y el otro fue a dara a la cara de Juan, a quien parece que ya se le hab\u00eda quitado el hipo pero segu\u00eda adormilado. Con el golpe a su cara Lerner enfurecido se me abalanz\u00f3, lo esquiv\u00e9 y cay\u00f3 de bruces en el suelo. En mi angustia recurr\u00ed a la imagen de yeso de San Expedito para aplastarle la cabeza. Luisa se arm\u00f3 de algo semejante a un tridente y se lo clav\u00f3 en el cuello mientras Juan celebraba que hab\u00eda desaparecido el hipo. Con el hombre en el piso, agonizando tratando de decirnos algo, Juan acab\u00f3 por aplastarle la cabeza con una silla.<\/p>\n\n\n\n<p>-V\u00e1monos, antes que nos vea alguien dijo Luisa tratando de vestirse, y sin pensarlo dos veces abandonamos la casa. No estaba la se\u00f1ora que nos previno, de manera que la huida fue silenciosa, sin testigo pero con el coraz\u00f3n en la boca. Pero antes y de la manera m\u00e1s est\u00fapida, el loco de Juan volvi\u00f3 y le sac\u00f3 el dinero de la cartera al moribundo. Yo intent\u00e9 impedirle a que siguiera cometiendo estupideces y al entrar vi a Lerner todav\u00eda sin ganas de morirse, tratando de decirnos algo pero cerr\u00e9 la puerta y solo nos qued\u00f3 la r\u00e1faga encendida de su mirada de odio. A los cinco d\u00edas atraparon a Juan y lo encausaron como primer sospechoso en el homicidio del portugu\u00e9s del bar. Luisa y yo fuimos expulsados por una semana por ausentarnos sin justificaci\u00f3n de clases y antes de que se reincorporara sus padres la hab\u00edan sacado del liceo y la internaron en un colegio en El Para\u00edso que administraban las monjas. Por eso cuando leo en las noticias que alguien con tal edad o determinada discapacidad logr\u00f3 coronar el Everest no dejo de recordarla y seguidamente me pregunto por la suerte de Juan, de su hipo y de la maldita profesora de quimica que me hizo repetir otra vez la materia haciendo peligrar mi graduaci\u00f3n como bachiller. Del profesor Lerner no s\u00e9 si muri\u00f3 ese d\u00eda porque me propuse por mucho tiempo no leer m\u00e1s los titulares de sucesos. Todav\u00eda sigo sin saber c\u00f3mo se cura el hipo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/omar-pineda\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una mujer con sombrero Hubo una vez en mis dieciocho que fantaseaba con chicas hermosas e inalcanzables. Pertenec\u00edan a la realidad, a ese mundo bienaventurado de la vida universitaria en la que, adem\u00e1s de las clases matutinas y las protestas al mediod\u00eda hab\u00eda lugar para la sonrisa y el placer porque a esa edad uno [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":10762,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10761"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10761"}],"version-history":[{"count":4,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10761\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":14514,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10761\/revisions\/14514"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/10762"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10761"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10761"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10761"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}