{"id":10748,"date":"2024-01-12T20:13:29","date_gmt":"2024-01-12T20:13:29","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=10748"},"modified":"2024-01-12T20:25:15","modified_gmt":"2024-01-12T20:25:15","slug":"bajo-tierra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/bajo-tierra\/","title":{"rendered":"Bajo tierra"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Gustavo Valle<\/h4>\n\n\n\n<p>1<\/p>\n\n\n\n<p>Hay mucha gente buscando a otra gente y eso se siente, de verdad que se siente. Explicar esto no tiene importancia. Las cosas perdidas suelen llevarse consigo el motivo de su p\u00e9rdida, y si las recuperamos suele ser demasiado tarde para reclamar explicaciones.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La noche del terremoto yo, Sebasti\u00e1n C. reci\u00e9n nacido, bajaba las escaleras del hospital en brazos de mi padre. Escaleras oscuras, gente atropell\u00e1ndose, gritos, y un hombre y su hijo escapando a toda prisa del temblor. Cuando pienso en esto no pienso en m\u00ed sino en mi padre, presa del p\u00e1nico, con un beb\u00e9 en brazos. Desde entonces su miedo es mi propio miedo y la historia del terremoto es mi propia historia.&nbsp;Pero hay otra. Siempre hay otra historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Doce a\u00f1os despu\u00e9s, en 1979, mi viejo desapareci\u00f3 en la excavaci\u00f3n de un t\u00fanel. \u00c9l era un inmigrante que hab\u00eda llegado a Venezuela en los a\u00f1os cuarenta. Dedic\u00f3 su vida a estudiar el subsuelo de Caracas para los proyectos viales del Ministerio de Obras P\u00fablicas. Extra\u00eda muestras de la tierra, las piedras y el lodo que ten\u00edamos bajo nuestros pies. Un d\u00eda, mientras trabajaba en la perforaci\u00f3n de un viejo t\u00fanel del Metro, desapareci\u00f3. Minutos antes sus colaboradores lo vieron meterse en el agujero, minutos despu\u00e9s ya no estaba, se hab\u00eda esfumado.<\/p>\n\n\n\n<p>Lamento ser tan escueto pero no tengo otro remedio: mi viejo se meti\u00f3 dentro de un t\u00fanel y no volvimos a verlo m\u00e1s. El suceso tuvo una repercusi\u00f3n escasa: ocup\u00f3 un par de renglones en dos de los peri\u00f3dicos de mayor circulaci\u00f3n del pa\u00eds. El Colegio de Ingenieros public\u00f3 un comunicado, y a pedido de mi madre se abri\u00f3 una investigaci\u00f3n que, al cabo de unos meses, termin\u00f3 archivada. Varias hip\u00f3tesis se barajaron en aquel momento: el hampa com\u00fan, la venganza, el accidente fatal, problemas psicol\u00f3gicos, militancia pol\u00edtica, abandono de hogar, deudas, suicidio. Pero nosotros, su familia, sab\u00edamos que ninguna de esas hip\u00f3tesis pod\u00eda explicar nada. Creo que en el fondo est\u00e1bamos convencidos de que la muerte, esa vez, hab\u00eda tomado una forma imprevista.<\/p>\n\n\n\n<p>Para colmo, al a\u00f1o despu\u00e9s de desaparecido, mi vieja decidi\u00f3 enterrarlo. Y lo digo literalmente. Ignoro c\u00f3mo fue el tr\u00e1mite, pero se ofici\u00f3 un entierro sin su cuerpo en un cementerio a las afueras de Caracas.<\/p>\n\n\n\n<p>Como es de suponer, mi madre, mi hermano y yo sufrimos el vac\u00edo que dej\u00f3 esta sorpresiva ausencia. No quiero hablar por los dem\u00e1s, pero en mi caso el asunto me marc\u00f3 para siempre. Quiz\u00e1s porque yo s\u00f3lo ten\u00eda doce a\u00f1os, y a esa edad uno est\u00e1 saliendo del sue\u00f1o de la infancia para meterse en el sue\u00f1o de la vida, o quiz\u00e1s porque nunca entend\u00ed qu\u00e9 diablos hab\u00eda pasado, ni por qu\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde ese momento esta historia comenz\u00f3 a contarse sola. Casi siempre ocurre as\u00ed, las historias se cuentan solas. Uno cree que uno es quien las cuenta, pero no, uno solamente las agarra, las recorta, pero no las cuenta. Contarlas es otra cosa. Contar una historia es, en el fondo, un trabajo imposible. Quiz\u00e1s por eso este libro no comienza con la desaparici\u00f3n de mi viejo, sino veinte a\u00f1os despu\u00e9s, el d\u00eda en que sal\u00ed a buscarlo en diciembre de 1999, y m\u00e1s exactamente el d\u00eda en que Gloria y yo conocimos a Mawari. Pero de esto hablar\u00e9 m\u00e1s adelante.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSalir a buscarlo\u201d quiz\u00e1s no sea la expresi\u00f3n exacta. M\u00e1s que buscarlo a \u00e9l, sal\u00ed a buscar el vac\u00edo que dej\u00f3, el agujero de ese vac\u00edo. En un momento dado (tard\u00e9 veinte a\u00f1os en darme cuenta) supe que yo deb\u00eda ir tras \u00e9l. Por eso, m\u00e1s que buscarlo (nunca tuve la est\u00fapida ilusi\u00f3n de encontrarlo, de dar con sus huesos) lo que pretend\u00eda era hacer el mismo camino que \u00e9l hizo, seguirle los pasos.<\/p>\n\n\n\n<p>Por supuesto esto no pod\u00eda hacerlo, desde la conciencia de saber que lo estaba haciendo, pues eso hubiese significado la locura o el suicidio. Lo hice, ahora lo pienso as\u00ed, como el ni\u00f1o que va a la playa sin preguntarse nada, o casi nada, e incluso sin tener mucha&nbsp;conciencia de su deseo de ir a la playa, y sin embargo llega a la playa.<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo debo decir que nunca antes hab\u00eda sentido la necesidad de buscar a nadie y mucho menos de contar una historia. Creo que s\u00f3lo se siente esa necesidad cuando lo que uno busca, o pretende contar, ha desaparecido del todo.<\/p>\n\n\n\n<p>2<\/p>\n\n\n\n<p>Ese d\u00eda sal\u00ed con mi vieja chaqueta de cuero gastado. Era una chaqueta heredada de mi hermano mayor que me daba cierto aire de Mickey Rourke. Me encantaba meter las manos en los bolsillos rotos y caminar como Mickey Rourke en Rumble Fish. Ahora no recuerdo si Mickey Rourke caminaba con las manos metidas en los bolsillos pero eso no importa: yo sent\u00eda que la c\u00e1mara de Francis Ford Coppola me segu\u00eda por las calles de Caracas.&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Me pod\u00eda pasar horas y horas con las manos all\u00ed metidas, toqueteando f\u00f3sforos rotos, papelitos, colillas, y no s\u00f3lo lo hac\u00eda en la ma\u00f1ana cuando caminaba rumbo a la facultad sino tambi\u00e9n en la tarde, cuando me quedaba deambulando por La Perla, o en la noche tomando cervezas con los amigos. A pesar de mis treinta a\u00f1os, todav\u00eda segu\u00eda estudiando, y lo peor era que lo hac\u00eda sin ganas, como por inercia. Ten\u00eda una melena de ondas despeinada que casi tocaba mis hombros flacuchentos. Caminaba jorobado, pues yo consideraba idiotas a quienes caminaban erguidos. No s\u00e9 si era un tipo triste o indolente, quiz\u00e1s las dos cosas juntas, pero a pesar de esto, o quiz\u00e1s gracias a esto, cargaba con una extra\u00f1a violencia interior, una violencia que a veces se manifestaba con repentinos ataques de furia. Lo cierto es que llega Mickey Rourke con las manos metidas en los bolsillos de su chaqueta, y se sienta en las escaleras de la panader\u00eda La Perla a fumar con los ojos semicerrados. Son las siete y media de la ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>Gloria apareci\u00f3 dando carreras, batiendo su melena rubia, con unos pantalones muy pegados y su mochila Jansport colgando del hombro. Nos sentamos juntos en las escaleras a esperar la hora de clase y fumamos cuatro o cinco Belmonts aspirando profundamente, como si fueran los \u00faltimos. Gloria miraba a la calle con los ojos puestos en los carros y en la gente y yo la miraba de perfil contra la luz suave de esa hora; me encantaba ver sus mejillas ahuecarse con cada inhalaci\u00f3n. Hablamos sin vernos a la cara, desganados, sin \u00e1nimo para nada, o por lo menos fue mi caso, pues a esa hora soy lo m\u00e1s parecido a un son\u00e1mbulo, recostado en la escalera como si fuera un div\u00e1n. Gloria en cambio se sent\u00f3 abrazando sus rodillas (los huesitos de su columna abultaban su blusa) y a juzgar por su semblante parec\u00eda que hab\u00eda desayunado pastel de prote\u00ednas, estaba como nueva y hablaba hasta por los codos.<\/p>\n\n\n\n<p>Sus pantalones fueron determinantes. Eran negros y con alg\u00fan componente el\u00e1stico que hac\u00eda que se adhirieran a sus muslos y a su culo. Como ten\u00edan un dise\u00f1o tubo le daban cierto aire punk, pero Gloria era todo lo contrario a una chica punk. Ven\u00eda de un pueblo del interior y hab\u00eda aterrizado en la ciudad hac\u00eda poco. El aire pueblerino no se le notaba a simple vista pero cuando hablaba de ciertos temas (de m\u00fasica, por ejemplo) quedaba en evidencia. Por aquel entonces yo tarareaba mucho \u201c1979\u201d de los Smashing Pumpkins, y Gloria me escuchaba con los ojos torcidos y con cierta desconfianza, convencida de que yo estaba inventando la canci\u00f3n. Ella apenas conoc\u00eda la m\u00fasica que sonaba en la radio, aunque se sab\u00eda de memoria una cantidad importante de canciones de Serrat. Entre su Serrat (que a m\u00ed me ten\u00eda sin cuidado) y mis Smashing Pumpkins nuestro di\u00e1logo musical era nulo. A pesar de esto las cosas avanzaron con una rapidez asombrosa, y lo cierto es que a partir de ese d\u00eda en que apareci\u00f3 metida dentro de esos inolvidables pantalones, no pude dejar de pensar en ella, enseguida tuve miedo de perderla y decid\u00ed seguirla como un sabueso idiota sin pensar demasiado en las consecuencias. Al fin y al cabo no hab\u00eda nada significativo en mi vida (yo acarreaba con una deriva f\u00edsica y metaf\u00edsica), y por tanto no ten\u00eda nada que perder. Y no s\u00e9 si fue por esto o por todo lo que ocurri\u00f3 inmediatamente despu\u00e9s, pero a partir de entonces no pude separarme nunca m\u00e1s de ella, incluso cuando ya no estaba a mi lado, no pude separarme de ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Poco a poco la calle se fue llenando de carros, autobuses y gente. A m\u00ed me gustaba esta progresiva acumulaci\u00f3n de seres y m\u00e1quinas que pasaban frente a m\u00ed, mientras yo los miraba de costado. La ciudad (por lo menos ese pedacito de ciudad que estaba all\u00ed) despertaba&nbsp; como de una borrachera y yo era el testigo adormilado de ese despertar. Me sorprend\u00eda ver c\u00f3mo de manera violenta las calles dejaban de estar vac\u00edas y de pronto comenzaba el caos. No hab\u00eda soluci\u00f3n de continuidad. Apenas pesta\u00f1aba, y ya la ciudad era otra. En cuesti\u00f3n de minutos, entre las siete y media de la ma\u00f1ana y las ocho, el mundo cambiaba. Un instante antes todav\u00eda hab\u00eda neblina y volaban guacamayas encima de las antenas. Un instante despu\u00e9s ya se escuchaban los taxis y la gente pasaba corriendo a toda prisa. Le coment\u00e9 esto a Gloria, pero me dijo que yo estaba demasiado dormido para darme cuenta.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Abre los ojos, Sebasti\u00e1n. A veces pareciera que estuvieras muerto.<\/p>\n\n\n\n<p>Le hice caso y los abr\u00ed un poco m\u00e1s. Lo que ocurre es que tengo los p\u00e1rpados ca\u00eddos y la gente siempre cree que me estoy durmiendo. Pero no es as\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Pobre hombre \u2014dijo Gloria.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfAh?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014El mendigo, \u00bfno lo ves?<br><\/p>\n\n\n\n<p>Se refer\u00eda al chino loco, un viejo mendigo de la zona que siempre me recordaba a alguien, aunque no sab\u00eda exactamente a qui\u00e9n. Justo pasaba frente a las escaleras de La Perla envuelto en su mugriento saco, del que colgaban imperdibles y chapitas. Era gordo y encorvado, m\u00e1s bien bajo, caminaba lentamente arrastrando bultos y bolsas de pl\u00e1stico negro.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfCu\u00e1ntos a\u00f1os tendr\u00e1? \u2014pregunt\u00f3 Gloria envuelta en el humo de su Belmont.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfCiento treinta, ciento cuarenta? \u2014respond\u00ed con la mitad de un pastelito en la boca.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfDe qu\u00e9 parte de la China habr\u00e1 venido?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Quiz\u00e1s de la Gran Muralla, tiene pinta de haber salido de la Gran Muralla.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSabes una cosa? \u2014dijo Gloria con ese tono ingenuo que aprend\u00ed a adorar en cuesti\u00f3n de d\u00edas\u2014, a veces pienso en la cantidad de gente que debi\u00f3 perder la vida construyendo la muralla esa. Ese mont\u00f3n de obreros excavando y trabajando en las monta\u00f1as\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed, yo tambi\u00e9n siento una inmensa pena \u2014dije, pensando que iba a re\u00edrse, pero no lo hizo.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto el mendigo subi\u00f3 las escaleras, pas\u00f3 muy lentamente a nuestro lado y entr\u00f3 a la panader\u00eda. Sus movimientos eran tan lentos que parec\u00eda que llevaba los pies atados al suelo, y como no se desprend\u00eda ni un instante de sus bultos y bolsas, todo su andar era pausado y desquiciante, parecido al de una pereza. Estuvo adentro durante unos minutos y al rato sali\u00f3 con una bolsa de papel manchada con grasa, que apretaba contra su saco. Los due\u00f1os conoc\u00edan al chino y le daban bolsas con cachitos del d\u00eda anterior, pastelitos arruinados y trozos de pan. Con su bolsa sali\u00f3 de la panader\u00eda y se fue a sentar encima del cap\u00f3 de un Ford Futura estacionado frente a nosotros.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Tiene hambre \u2014dijo Gloria.<\/p>\n\n\n\n<p>Y s\u00ed, era l\u00f3gico pensar que un mendigo tuviese hambre, pero yo pensaba en otra cosa. Me parec\u00eda raro que un descendiente de la China milenaria terminara de mendigo en el Caribe, en una ciudad como Caracas. Desde mi div\u00e1n imagin\u00e9 r\u00e1pidamente el periplo del chino, saliendo de los extrarradios de Beijing, cruzando el Oc\u00e9ano \u00cdndico en embarcaciones paup\u00e9rrimas, subiendo a Europa tras largos d\u00edas de lamentables carreteras turcas y embarc\u00e1ndose finalmente en alg\u00fan puerto gallego en direcci\u00f3n a Am\u00e9rica, arriba de un carguero. Le cont\u00e9 esto a Gloria y le dije que alguien que hace todo ese esfuerzo no termina pidiendo limosnas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ella me dijo que ese viaje no lo hacen por el Oc\u00e9ano \u00cdndico sino por el Oc\u00e9ano Pac\u00edfico, y adem\u00e1s le parec\u00eda perfectamente posible que un chino terminara de mendigo en Caracas, pues las posibilidades de uno de convertirse en mendigo en Caracas eran alt\u00edsimas, dijo. Tras lo cual pas\u00f3 a darme otros ejemplos: los rumanos en Madrid, los bolivianos en Buenos Aires, los argelinos en Par\u00eds, los hind\u00faes en Londres, los turcos en Alemania.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Muy bien, Gloria, pero ninguno de esos ejemplos incluye a los chinos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY Jap\u00f3n? \u2014salt\u00f3\u2014. Seguro que en Jap\u00f3n debe haber mendigos chinos. En Jap\u00f3n a los chinos los odian.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo le dije que no, que Jap\u00f3n era un pa\u00eds serio, sin mendigos, cuyos problemas se reduc\u00edan \u00fanicamente a: uno, alimentarse con pescado crudo y, dos, una elevada tasa de suicidio. Pero que de mendigos, nada. Adem\u00e1s le expliqu\u00e9 que los chinos eran una raza de trabajadores y que primero muertos que mendigar por los caminos. Por \u00faltimo, conclu\u00ed, inventaron el kung-fu.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces Gloria, no s\u00e9 si para demostrar su tesis de la procedencia china del mendigo o porque ya estaba aburrida de estar sentada y era hora de volver a desfilar sus inolvidables pantalones negros, se puso de pie y se acerc\u00f3 hasta el Ford Futura donde estaba el mendigo masticando sus mendrugos y se par\u00f3 frente a \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Al principio el chino ni la vio. Estaba tan concentrado en su banquete que no advirti\u00f3 que Gloria estaba all\u00ed, parada a metro y medio de distancia. El chino parec\u00eda refugiarse dentro de su saco negro, mordiendo sus pasteles con un apetito animal. Adem\u00e1s com\u00eda con la cara metida dentro de la bolsa y era imposible distraerlo. Gloria se qued\u00f3 all\u00ed parada, sin mover ni uno de sus pelos rubios, exactamente a una distancia de metro y medio hasta que, pasados unos segundos, el mendigo eruct\u00f3. Fue un eructo sutil, nada cavernoso, que incluso yo confund\u00ed con el ruido de un Dogde Dart que justo pasaba cerca de ah\u00ed hecho un b\u00f3lido. Tras eructar, el mendigo continu\u00f3 comiendo y luego, un instante despu\u00e9s, levant\u00f3 la cabeza de la bolsa y eruct\u00f3 de nuevo \u00a1groooog! Este segundo eructo fue grave y profundo y lo oblig\u00f3 a levantar la mirada de la bolsa y detener por un instante su ingesta. Entonces la vio frente a \u00e9l. Y cuando la vio abri\u00f3 lo ojos m\u00e1s que nunca, como si tuviera frente a s\u00ed al mism\u00edsimo Buda. La mir\u00f3 durante unos tres segundos. Tres largu\u00edsimos segundos. Luego murmur\u00f3 algo incomprensible, algo como equipiri nami kati nun sempere, y continu\u00f3 comiendo.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014Creo que no es chino \u2014me dijo Gloria cuando volvi\u00f3 a sentarse a mi lado en las escaleras.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014\u00bfQu\u00e9 te dije yo?<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u2014No, no es chino, yo conozco a los chinos, los chinos tienen otra mirada.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Gloria no pudo ver bien la cara del mendigo (eso me dijo), o la cara del mendigo estaba escondida detr\u00e1s de su propia cara (eso me dijo tambi\u00e9n), o el tipo simplemente ten\u00eda una cara que no se pod\u00eda determinar con facilidad detr\u00e1s de tanta mugre acumulada. Gloria me coment\u00f3 que en su pueblo hab\u00eda chinos desde que ella ten\u00eda uso de raz\u00f3n, y que muchos de los negocios pertenec\u00edan a la comunidad china. El abasto, un restaurante, la \u00fanica lavander\u00eda. Ella los conoc\u00eda bien y por eso insist\u00eda en que el chino no era chino. De lejos parece chino, dec\u00eda, pero no lo es. Tiene otros rasgos, los p\u00f3mulos abultados, los ojos rasgados, la mirada torva. Le dije que los chinos&nbsp; compart\u00edan exactamente esas mismas caracter\u00edsticas, y ella me respondi\u00f3 que s\u00ed, menos los p\u00f3mulos abultados. Y pas\u00f3 a explicarme que&nbsp; los chinos eran de p\u00f3mulos chatos y frentones, mientras que los hind\u00faes ten\u00edan mucho m\u00e1s pelo y les brillaban los ojos. No s\u00e9 por&nbsp; qu\u00e9 pero justo en ese momento me vino una imagen tremenda a la mente. Fue una alucinaci\u00f3n fant\u00e1stica: Gloria enfundada en sus pantalones suicidas, con la melena rubia m\u00e1s larga que nunca, completamente desnuda, rodeada de corpulentos hombres orientales, unos chinos enormes que parec\u00edan basquetbolistas, metidos en una especie de fumadero de opio o burdel donde predominaba el color violeta y donde Gloria era la \u00fanica mujer que hab\u00eda. Eso fue todo. La imagen apareci\u00f3 y desapareci\u00f3 casi instant\u00e1neamente. No iba a ser la \u00fanica vez que me ocurriera esto.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; La alucinaci\u00f3n tuvo un efecto vigorizante, despert\u00e9 como si me hubieran dado un corrientazo en los muslos y abr\u00ed los ojos un poco m\u00e1s, como Gloria quer\u00eda que los abriera. El mendigo se hab\u00eda comido todo lo que hab\u00eda en la bolsa y la arroj\u00f3 al suelo sin fuerzas, justo en el instante en que llegaban los ni\u00f1os pedig\u00fce\u00f1os.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Eran dos hermanitos de ocho y once a\u00f1os que deambulaban todos los d\u00edas cerca de La Perla. Andaban siempre con los ojos&nbsp; desorbitados y sus ropas rotas e inmundas. Se acercaban a las escaleras donde yo estaba sentado, me ped\u00edan monedas o algo para comer, y yo maquinalmente les dec\u00eda que no, que no ten\u00eda, o a veces s\u00f3lo negaba con la cabeza sin decir una sola palabra mientras sorb\u00eda mi caf\u00e9 y masticaba mi pastelito. Todos los d\u00edas ocurr\u00eda exactamente lo mismo, yo, sentado en las escaleras y los ni\u00f1os que volv\u00edan a pedirme monedas o comida.<br>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; Lo cierto es que esa ma\u00f1ana llegaron los ni\u00f1os pedig\u00fce\u00f1os a La Perla y lo primero que hicieron fue levantar del suelo la bolsa vac\u00eda que hab\u00eda arrojado el mendigo. Tras comprobar que no hab\u00eda dejado ni las migas, comenzaron a burlarse de \u00e9l. Le gritaron \u00a1chino-loco!, y despu\u00e9s repitieron como ametralladoras \u00a1loco!, \u00a1loco!, \u00a1loco!, \u00a1loco! Pero el chino ni volte\u00f3 a verlos. Avanz\u00f3 lentamente por la acera con la mirada puesta en el piso o en sus zapatos rotos. Parec\u00eda como si una inercia milenaria lo empujara lentamente a salir de ah\u00ed, pero a los ni\u00f1os les molest\u00f3 su indiferencia. Se acercaron a \u00e9l y comenzaron a tirar de sus bultos y de sus bolsas de pl\u00e1stico negro. Despu\u00e9s, al ver que el chino continuaba su camino sin hacerles caso, le arrojaron piedras y latas vac\u00edas que fueron a estrellarse en su cabeza y en su espalda. Entonces el chino reaccion\u00f3 y gir\u00f3 en c\u00e1mara lenta en direcci\u00f3n a los ni\u00f1os que ya hab\u00edan huido velozmente hacia la acera de enfrente. Dirigi\u00f3 su mirada a un punto impreciso y sin abandonar sus bolsas murmur\u00f3 otra extra\u00f1a parrafada. Fue m\u00e1s bien una larga letan\u00eda que dur\u00f3 unos minutos, una salmodia en un idioma extra\u00f1o. Concluidas sus palabras, se march\u00f3 en direcci\u00f3n hacia la avenida Libertador, deteni\u00e9ndose en algunos pipotes de basura. De sus bolsas de pl\u00e1stico negro cayeron al suelo varios papeles, cartas y postales. Los ni\u00f1os recogieron los papeles del suelo, hicieron bollos con ellos y se los tiraron a la espalda mientras gritaban otra vez \u00a1loco!, \u00a1loco!, \u00a1loco!, \u00a1loco!, y tambi\u00e9n dec\u00edan \u00a1chino cochino! Y despu\u00e9s subieron a las escaleras de la panader\u00eda y yo me anim\u00e9 a darle cien bol\u00edvares al m\u00e1s peque\u00f1o. Extend\u00ed el brazo con la moneda en la mano y antes de d\u00e1rsela le dije:<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSabes una cosa, chamo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Aquel viejo chino del que tanto te burlas es un antiguo guerrero ninja.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfGuerrero qu\u00e9?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Guerrero ninja, una raza milenaria de combatientes de la China.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfY a m\u00ed qu\u00e9 me importa?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Es un viejo mago, puede hacer magia, desaparece cosas.<\/p>\n\n\n\n<p>El ni\u00f1o me vio directamente a los ojos durante un par de segundos, y despu\u00e9s neg\u00f3 con la cabeza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Ese viejo de porquer\u00eda no hace nada, \u00bfme vas a dar algo?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014S\u00ed \u2014le dije, y le di la moneda de cien bol\u00edvares.<\/p>\n\n\n\n<p>El ni\u00f1o sali\u00f3 corriendo escaleras arriba y se meti\u00f3 dentro de la panader\u00eda. Tras \u00e9l sigui\u00f3 su hermano. En ese instante Gloria me agarr\u00f3 del brazo y me arrastr\u00f3 con fuerza.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 haces, Gloria?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Vamos a seguirlo \u2014me dijo.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfSeguir a qui\u00e9n?<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Al mendigo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gustavo-valle\/\">Sobre el a<\/a><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gustavo-valle\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">u<\/a><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/gustavo-valle\/\">tor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Gustavo Valle 1 Hay mucha gente buscando a otra gente y eso se siente, de verdad que se siente. Explicar esto no tiene importancia. 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