{"id":10740,"date":"2024-01-12T19:47:56","date_gmt":"2024-01-12T19:47:56","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=10740"},"modified":"2024-01-12T19:48:40","modified_gmt":"2024-01-12T19:48:40","slug":"origen-minicuento","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/origen-minicuento\/","title":{"rendered":"Or\u00edgenes del minicuento"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Violeta Rojo<\/h4>\n\n\n\n<p>Si bien el minicuento se ha hecho tan com\u00fan en Am\u00e9rica Latina como en Am\u00e9rica angl\u00f3fona, entre ambas expresiones literarias hay distinciones importantes. Una de ellas se refiere a la longitud. Un <em>short-short-story<\/em>, por ejemplo, puede tener hasta cinco p\u00e1ginas, mientras que seg\u00fan el criterio dominante entre nosotros un minicuento de esa duraci\u00f3n ser\u00eda un cuento, sin m\u00e1s. El minicuento hispanoamericano no sobrepasa en ning\u00fan caso a las dos p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<p>Para los norteamericanos, el minicuento se produce por la necesidad de proporcionar al lector textos cortos que quepan en espacios reducidos y no exijan mucho tiempo para su lectura. Seg\u00fan esta visi\u00f3n, el minicuento ser\u00eda algo as\u00ed como <em>fast literature<\/em> , una forma r\u00e1pida de consumo literario. Manuel de Cabral no ve esto como algo negativo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>El futuro de la novela es el cuento, y el porvenir del cuento es la par\u00e1bola y, si la evoluci\u00f3n no se detiene -que lo dudo-, la s\u00edntesis de la novela, el cuento y la par\u00e1bola es inevitablemente el aforismo. Porque el hombre del ma\u00f1ana -casi dentro de algunas horas- ser\u00e1 un hombre de mentalidad de telegrama. Tiene adem\u00e1s la ventaja de que en este mundo vertiginoso, s\u00f3lo unos minutos pueden dar que pensar todo el d\u00eda, si queda tiempo<\/em>. (Citado por Koch, 1986b, 176)<\/p>\n\n\n\n<p>En esta misma l\u00ednea, Robert Shapard explica que cuando hicieron una encuesta para determinar a qu\u00e9 razones se deb\u00eda esta forma de literatura breve recibieron todo tipo de respuestas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2026 achacaban la popularidad del nuevo cuento ultracorto a las exigencias de los compiladores y los directores de revistas; a una reacci\u00f3n contra la superabundancia de informaci\u00f3n que sufrimos en nuestro tiempo; a un estado de rebeld\u00eda continua contra el esquema convencional del cuento moderno, con su obligada exposici\u00f3n descriptiva y desarrollo de personajes, a nuestra conciencia de ser mortales<\/em>. (Shapard y Thomas, 1989, 12)<\/p>\n\n\n\n<p>La otra raz\u00f3n que explica el auge del minicuento en el norte del continente es m\u00e1s empresarial. Los minicuentos pueden llenar esos espacios demasiado peque\u00f1os para un cuento convencional o para un art\u00edculo, pero demasiado grandes para que queden en blanco. James B. Hall dice que \u00abLos or\u00edgenes del g\u00e9nero son oscuros, pero siempre hubo implicaciones de tipo comercial: la narraci\u00f3n ultracorta encaja f\u00e1cilmente en el espacio de una revista, rodeada de anuncios de alta prioridad\u00bb. (Shapard y Thomas, 1989, 248)<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora bien, en nuestros pa\u00edses ninguna de estas razones es considerable. Para nosotros (latinos al fin: <em>ars langa, vita brevis<\/em>) la literatura no es de consumo r\u00e1pido, ni las revistas no literarias suelen publicar cuentos. Por supuesto, no podemos dejar de mencionar dos revistas hispanoamericanas que se dedican exclusivamente a publicar cuentos: <em>El cuento<\/em> (mexicana) y <em>Puro cuento<\/em> (argentina). En ambas revistas los minicuentos tienen una presencia permanente y, sobre todo, muy importante. Las dos revistas celebran concursos de minicuento (anual el de El cuento, semestral el de Puro cuento). Estos concursos tienen una gran receptividad, tanto as\u00ed, que el promedio de minicuentos participantes en cada concurso de Puro cuento suele ser de unos cuatrocientos textos. En estas revistas, s\u00ed es posible que los minicuentos sean utilizados como textos que pueden incluirse f\u00e1cilmente porque encajan en un espacio peque\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Los or\u00edgenes del minicuento son desconocidos. Para algunos autores (Torri, Monterroso) la \u00fanica forma de escribir es brevemente; para otros, el minicuento les permite narrar historias cortas que quiz\u00e1s no podr\u00edan desarrollarse en textos m\u00e1s largos (pienso en las Historias de cronopios y de famas de Cort\u00e1zar, por ejemplo); otros quiz\u00e1s quer\u00edan recrear f\u00e1bulas (Denevi, Cabrera Infante).<\/p>\n\n\n\n<p>En todo caso, podr\u00edamos decir que hubo una primera hornada de minicuentistas, entre ellos Rub\u00e9n Dar\u00edo, Jos\u00e9 Antonio Ramos Sucre y Vicente Huidobro. Poetas los tres, por cierto, que escribieron peque\u00f1as historias entre su vasta obra. Es curioso observar que son muy actuales. Aunque en el caso de \u00abEl nacimiento de la col\u00bb de Rub\u00e9n Dar\u00edo, si no supi\u00e9ramos qui\u00e9n es el autor podr\u00edamos pensar que se trata de una parodia modernista. \u00abTragedia\u00bb, de Huidobro, es una muestra de minicuento con una an\u00e9cdota condensada, un lenguaje preciso y escueto, adem\u00e1s de una historia ir\u00f3nica y anticonvencional. \u00abEl mandar\u00edn\u00bb de Ramos Sucre es un minicuento con un car\u00e1cter proteico muy marcado, en el que destaca el uso de la . sugerencia y la elipsis.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante los a\u00f1os treinta, cuarenta y cincuenta, la escritura de minicuentos fue una opci\u00f3n individual en la que, coincidentalmente concurrieron y concordaron varios autores. \u00c9sta ser\u00eda la segunda generaci\u00f3n, que podr\u00eda comenzar con Julio Torri y Jorge Luis Borges. A partir de estos aportes y hasta los setenta entrar\u00edan en esta tendencia Augusto Monterroso, Juan Jos\u00e9 Arreola, Marco Denevi, Julio Cort\u00e1zar, Guillermo Cabrera Infante, Enrique Anderson-Imbert, etc\u00e9tera. A partir de los setenta aparecen los seguidores de \u00e9stos. Ya la escritura de minicuentos no es coincidencial, sino de otro tipo, m\u00e1s bien imitativa. Como dice Tomachevski, \u00abEs suficiente que una novela tenga \u00e9xito ( \u2026 ) para hacer brotar tambi\u00e9n las imitaciones; nace as\u00ed toda una literatura de imitaciones, se crea un g\u00e9nero de novelas con alguna caracter\u00edstica principal\u00bb (1982, 212).<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestro pa\u00eds el proceso se sigui\u00f3 justamente de esta manera. El iniciador en Venezuela fue Alfredo Armas Alfonzo, que caus\u00f3 gran revuelo con su libro El osario de Dios. Al a\u00f1o siguiente dict\u00f3 algunos talleres literarios en Caracas de los que egresaron varios escritores de minicuentos: Armando Jos\u00e9 Sequera ser\u00eda el m\u00e1s importante de esta hornada. Simult\u00e1neamente en M\u00e9rida, Ednodio Quintero y Gabriel Jim\u00e9nez Em\u00e1n, influidos por los textos breves en las revistas El cuento de M\u00e9xico, empezaron a producir textos equivalentes. En el a\u00f1o 70 se publicaron tambi\u00e9n Rajatabla de Luis Britto Garc\u00eda e Im\u00e1genes y conductos de Humberto Mata, en los que encontramos textos muy breves. Creo que posiblemente este es el proceso que sigui\u00f3 el cultivo del minicuento en toda Am\u00e9rica Latina a partir de los setenta, aunque no se puede desde\u00f1ar que esta \u00e9poca fue tambi\u00e9n la del poema corto.<\/p>\n\n\n\n<p>Miranda (1992) incluye varias razones para el desarrollo del minicuento que van desde: \u00abfalta de tiempo para leer, ritmo urgente de la vida urbana, saturaci\u00f3n informativa que hace deseable lo m\u00ednimo y esencial\u00bb hasta la derrota de la guerrilla, en el sentido de evadirse y contestar a la literatura pol\u00edtica y comprometida de aquella \u00e9poca. Adem\u00e1s de hacer constar que, salvo pocas excepciones, en Venezuela los minicuentistas suelen acometer empresas de m\u00e1s largo aliento una vez que dominan el peque\u00f1o g\u00e9nero.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien estas razones pueden ser l\u00f3gicas, es posible que sean interpretaciones. El desarrollo de la escritura breve como una manera de reaccionar a cierta charlataner\u00eda de la literatura anterior es una constante.<\/p>\n\n\n\n<p>Respecto al car\u00e1cter de escuela del minicuento, en el sentido de que una vez que dominan el g\u00e9nero pasan a formas literarias de m\u00e1s largo aliento, es dif\u00edcil de comprobar, entre otras cosas porque no existen los escritores que se dedican \u00fanica y exclusivamente a escribir minicuentos. Julio Cort\u00e1zar, Guillermo Cabrera Infante, Marco Denevi, Enrique Anderson-Imbert publicaron minicuentos, pero tambi\u00e9n cuentos y novelas. Augusto Monterroso, sumo sacerdote del minicuento, ha publicado seis libros, pero solamente uno de ellos (La oveja negra \u2026 ) est\u00e1 dedicado -y no exclusivamente- al minicuento. Creo m\u00e1s en el minicuento como una forma expresiva que a veces se cultiva y otras veces no. Como cualquier expresi\u00f3n literaria, por otra parte.<\/p>\n\n\n\n<p>Como criterio gen\u00e9tico del mini cuento parece m\u00e1s convincente la teor\u00eda de la literatura imitativa. Los minicuentos pueden encontrarse en la literatura oriental de hace varios siglos, en las tradiciones has\u00eddicas, en los cuentos \u00e1rabes, en textos surrealistas, en las f\u00e1bulas de Ambrose Bierce y en las greguer\u00edas de Ram\u00f3n G\u00f3mez de la Serna, por no dar m\u00e1s que algunos ejemplos. En la literatura hispanoamericana de este siglo, como dijimos antes, hay minicuentos a finales de los veinte, despu\u00e9s en los a\u00f1os sesenta, y cierto auge en los setenta que se mantiene hasta hoy. Me parece que la eclosi\u00f3n de minicuentos desde hace veinte a\u00f1os, se debe al \u00e9xito que alcanz\u00f3 Monterroso con \u00abEl dinosaurio\u00bb, unido al de Cort\u00e1zar con sus Historias de cronopios y de famas, que generaron la literatura de imitaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>En todo caso, creo que es dif\u00edcil examinar los or\u00edgenes de cualquier nuevo g\u00e9nero y determinar exactamente c\u00f3mo, de qu\u00e9 manera y por cu\u00e1les razones se form\u00f3. Sin embargo, con el minicuento hay tantos datos escondidos que el estudio de esta forma literaria se hace dif\u00edcil. Por dar un ejemplo, en el n\u00famero 21 de la revista Puro cuento (marzo-abril 1990) se publica un art\u00edculo de Edmundo Valad\u00e9s en el que aporta dos datos importantes sobre el minicuento en Colombia: la publicaci\u00f3n de la revista Eku\u00f3reo, especializada en la narrativa muy breve y el manifiesto del minicuento publicado por la revista Zona, de Barranquilla; referencias que hacen pensar en un importante desarrollo del minicuento en Colombia. P\u00e1ginas antes del art\u00edculo de Valad\u00e9s, podemos encontrar otro de Jos\u00e9 Cardona L\u00f3pez llamado \u00abEl cuento breve colombiano: una antolog\u00eda\u00bb, en el que no hay ninguna referencia a los datos proporcionados por Valad\u00e9s, y donde adem\u00e1s se nos informa que el minicuento en este pa\u00eds ha tenido escaso desarrollo y difusi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>La oscuridad que rodea los or\u00edgenes de una forma literaria tan reciente resulta particularmente curiosa, aunque es posible que se deba a la escasa atenci\u00f3n tanto en el campo de la cr\u00edtica como en el de la historiograf\u00eda que ha tenido el minicuento.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/violeta-rojo\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Violeta Rojo Si bien el minicuento se ha hecho tan com\u00fan en Am\u00e9rica Latina como en Am\u00e9rica angl\u00f3fona, entre ambas expresiones literarias hay distinciones importantes. Una de ellas se refiere a la longitud. Un short-short-story, por ejemplo, puede tener hasta cinco p\u00e1ginas, mientras que seg\u00fan el criterio dominante entre nosotros un minicuento de esa duraci\u00f3n [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":10741,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[14],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10740"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10740"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10740\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10743,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10740\/revisions\/10743"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/10741"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10740"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10740"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10740"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}