{"id":10696,"date":"2024-01-09T21:32:48","date_gmt":"2024-01-09T21:32:48","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=10696"},"modified":"2024-01-10T12:45:54","modified_gmt":"2024-01-10T12:45:54","slug":"metaficcion-historia-at-torres","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/metaficcion-historia-at-torres\/","title":{"rendered":"Metaficci\u00f3n e historia en la escritura de Ana Teresa Torres"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Luz Marina Rivas<\/h4>\n\n\n\n<p><em>No puedes lanzarte a escribir una historia, aunque sea de divulgaci\u00f3n sin asumirla. Ni a\u00fan d\u00e1ndole el<br>car\u00e1cter de novela. Escribir es siempre asumir.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Ana Pizarro: <em>La luna, el viento, el a\u00f1o, el d\u00eda.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Estas palabras que l\u00facidamente hacen de <em>La luna, el viento, el a\u00f1o, el d\u00eda<\/em>, una novela autorreferencial, parecen tambi\u00e9n acercarnos al proyecto est\u00e9tico de otra Ana, la venezolana Ana Teresa Torres, cuyas tres novelas publicadas muestran una constante preocupaci\u00f3n por la historia como tem\u00e1tica y por la metaficci\u00f3n del novela la historia. Estas son <em>El Exilio del Tiempo <\/em>(1990), <em>Do\u00f1a In\u00e9s contra el Olvido <\/em>(1992) y <em>Vagas desapariciones<\/em> (1993). Se trata de novelas que sumen la historia desde lo femenino (las dos primeras) o desde los otros subordinados sociales (la \u00faltima). Tienen en com\u00fan la necesidad de mirar la historia desde espacios individuales y cotidianos, cuya met\u00e1fora es la casa o lo dom\u00e9stico. Hacen intrahistorias, seg\u00fan Unamuno. Sin embargo, esa perspectiva no excluye la visi\u00f3n pol\u00edtica y general de lo hist\u00f3rico, que se filtra en lo privado y lo determina. Las novelas son visiones no oficiales de la historia, en las cuales el inter\u00e9s por lo colectivo pasa por el tamiz de ficciones con fuertes rasgos autobiogr\u00e1ficas. Se novela en primera persona, contando una historia propia para poder contar otras muchas historias de otros, de antepasados o de las vidas ajenas que tanto seducen a los narradores de <em>Vagas apariciones<\/em>. La perspectiva de conocimiento es, entonces, un yo, que observa y que organiza los hechos del pasado imprimiendo en ese orden su propia subjetividad y su propia concepci\u00f3n de la necesidad de recuperar la historia, los cuales, como intentaremos explicar a lo largo de este trabajo, en las obras de esta autora, aparecen textualizadas a conciencia.<\/p>\n\n\n\n<p>En la novela femenina contempor\u00e1nea (1970-1985) Birut\u00e9 Ciplijauskait\u00e9 analiza la novela hist\u00f3rica escrita por mujeres en la Europa actual y anota que las mujeres europeas escriben intrahistorias y que con frecuencia se elige la forma autobiogr\u00e1fica para propiciar la visi\u00f3n femenina que busca aclarar y rectificar la historia en general y dar prioridad a lo subjetivo. Para esta autora, la producci\u00f3n de novelas hist\u00f3ricas en la Europa contempor\u00e1nea escritas por mujeres, responde a un enfoque parecido al de los autores de la generaci\u00f3n de 98, quienes conoc\u00edan la interpretaci\u00f3n de la historia de Dilthey y Simmel. Estos fil\u00f3sofos destacan la importancia de lo an\u00edmico espiritual en los fen\u00f3menos de la historia. Tambi\u00e9n conoc\u00edan la concepci\u00f3n de Schopenhauer, para la cual la historia era una mara\u00f1a de hilos que se cruzan al azar. Explica Ciplijauskait\u00e9 que los autores de la generaci\u00f3n del 98, se acercaron a la historia con un enfoque nuevo: en vez de batallas y reyes, las vivencias del pueblo; en vez de progresi\u00f3n lineal, tiempo c\u00edclico; en vez de una \u00fanica visi\u00f3n \u201coficial\u201d, \u00e9nfasis en la realidad:; en vez de tono elevado, uso de la iron\u00eda (126).<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar del contexto latinoamericano, tan diferente del europeo, las autobiograf\u00edas ficcionadas de Ana Teresa Torres, se caracterizan por el desarrollo de los mismos elementos. Los protagonistas son an\u00f3nimos y, en dos de las novelas, el yo narrador se multiplica en un colectivo de voces que cuentan la historia y reflexionan sobre sus hacerse. Las tres novelas elaboran una visi\u00f3n del tiempo y del olvido, del historiar y del crear la historia, todo lo cual resulta en una autorreflexividad que se impone en la escritura de la obra de Torres con tal densidad, que merece una intenci\u00f3n particular. De esta manera, surge un pensamiento de la historia cuestionador del pasado hist\u00f3rico y de las ideolog\u00edas que lo han registrado. En este pensamiento priva la importancia de lo an\u00edmico y espiritual, precisamente lo que m\u00e1s se aleja de la historia oficial; se hace \u00e9nfasis en como sienten la historia aquellos que la viven y la sufren. A ello se a\u00f1ade la necesidad de descubrir la propia identidad en el proceso de reconstruir a propia historia.<\/p>\n\n\n\n<p>Adem\u00e1s, se exploran el tiempo c\u00edclico, la memoria fragmentaria y el olvido, as\u00ed como se asoman distintas posibilidades de acceder a lo hist\u00f3rico: recordarlo a partir de fragmentos, recrearlo, reinventarlo. En <em>El Exilio del Tiempo y en Do\u00f1a In\u00e9s contra el Olvido<\/em> se parte de una ficci\u00f3n del poder, lo cual nos recuerda a Michel de Certeau, para quien el historiador escribe desde el poder que no detenta; por lo tanto, la escritura de la historia se presenta como una ficci\u00f3n del poder. En la primera novela encontramos una voz femenina que narra la historia de una familia venezolana a lo largo de cinco generaciones. Esta voz femenina pertenece a la clase dominante, a la burgues\u00eda caraque\u00f1a que se identifica con apellidos poderosos y que ha decidido con sus actuaciones la historia del pa\u00eds. Por los tanto, esta voz femenina parece situarse del lado del poder, del lado de una clase social que se ha legitimado como clase dirigente. En un juego de metaficci\u00f3n, un personaje llamado Isabel, la prima, alter ego de la narradora principal indaga con iron\u00eda acerca de su necesidad de historiar al burgu\u00e9s:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Burgues\u00eda, palabra obsesionante, plagada de connotaciones y discretos encantos que Isabel quer\u00eda explicar pero no desde afuera sino desde adentro. Oh, la burgues\u00eda. Explicar de modo subjetivo de ser burgu\u00e9s, el amor burgu\u00e9s, el origen y el devenir burgu\u00e9s, la marca indeleble de ser burgu\u00e9s. (\u2026) esa vieja oligarqu\u00eda goda se re\u00fane y persiste porque deviene burguesa(\u2026) (158)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La historia narrada es precisamente la historia de una familia burguesa, cuya vocera es una adolescente que se identifica tanto con su familia, que asume, ir\u00f3nicamente, la voz autoritaria y el orden burgu\u00e9s desde un nosotros que va explicando justamente esa manera de ser burgu\u00e9s. De esta manera, la adolescente nos habla del orden impuesto por la herencia recibida, los objetos de la casa y los muebles, las posiciones est\u00e1ticas frente al mundo y frente a los otros. En este \u00faltimo particular, resulta ir\u00f3nico y gracioso el nosotros asumido por la ni\u00f1a narradora el emitir juicio sobre Isabel, su prima, que es presentada desde el principio como alteridad:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ya dije que Isabel de ni\u00f1a hab\u00eda sido bastante dif\u00edcil pero de adolescente se puso peor. T\u00eda Luisa vivi\u00f3 siempre en casa porque era la viuda de un hermano de pap\u00e1 y despu\u00e9s de la muerte de mi t\u00edo Guillermo qued\u00f3 en muy mala situaci\u00f3n. Y desde luego ni lo dudamos en que lo m\u00e1s l\u00f3gico era que ella e Isabel se vinieran a vivir con nosotros, aunque creo que pap\u00e1 y mam\u00e1 se arrepintieron un poco de esa generosidad y tambi\u00e9n nuestros abuelos porque Isabel no lleg\u00f3 nunca a ser lo que se esperaba y no supo agradecer la educaci\u00f3n que le dimos, siempre fue una ni\u00f1a sospechosa y descre\u00edda, tratando de ser distinta, como si fuera bueno que la gente buscara sus diferencias (53).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En este ejemplo se hace patente la ficci\u00f3n del poder. El nosotros asumido aqu\u00ed se presenta con la autoridad del que decide y manda, del que tiene poder para juzgar porque tiene el poder de la palabra. Sin embargo, la iron\u00eda est\u00e1 en que quien habla es una adolescente, una ni\u00f1a que apenas inicia su pubertad y que, en consecuencia, no detenta ning\u00fan poder. Ella es la historiadora elegida por la autora para narrar la historia desde la perspectiva femenina al margen del poder. La mujer est\u00e1 al margen de \u00e9ste, pero sinti\u00e9ndolo como continuadora de usos y costumbres, como transmisora ideolog\u00eda que contin\u00faan subordinando su hacer. Esta narradora, que habla apropi\u00e1ndose del discurso ideol\u00f3gico dominante, lo subvierte al ser quien es: una voz femenina y, por si fuera poco, una ni\u00f1a que narra el modo de ser burgu\u00e9s y las fisuras y contradicciones de la burgues\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Su contraparte es Isabel, un personaje de una gran riqueza, pues en una extra\u00f1a combinaci\u00f3n, alteridad y amistad. Isabel, la prima recogida, que participa vicariamente en la vida burguesa, es la voz de la disidencia, cuyo lugar en las reuniones familiares no es un mueble, sino el suelo y a\u00fan as\u00ed, est\u00e1 sujeta al mismo orden que construye la armon\u00eda de clase de la familia. Isabel se burla ir\u00f3nicamente de la familia y es al mismo tiempo parte de ella. Es Isabel quien lleva a la narradora a visitar la casa prohibida del se\u00f1or Laing, el vecino que al final de la novela se muestra como imagen del tiempo que todo lo devora. Es tambi\u00e9n Isabel, quien en su af\u00e1n de ser soci\u00f3loga, busca en el diccionario qu\u00e9 significa ser burgu\u00e9s para descubrir el burgu\u00e9s desde dentro, lo cual de hecho est\u00e1 haciendo la narradora al contar toda la historia de la familia. Este personaje, al igual que la narradora, toma distancia para mirar a la familia descubriendo sus contradicciones. Por ello, no es de extra\u00f1ar, que en la \u00faltima parte, Isabel haga un viaje por toda la ciudad en compa\u00f1\u00eda de la narradora, antes de irse a Francia, para llevarse en los ojos su propio paisaje para cuando se enguayabara en el gris oscuro (211), y cuando la \u00faltima mudanza de la casa anticipa cambios irreversibles en el devenir de la familia, queda de manifiesto la escritura de la historia familiar que est\u00e1 culminando la narradora, cuyo nombre nunca es dado a conocer. Entonces, aparece tambi\u00e9n Isabel, dispuesta a recibir los cambios:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Cierra estas p\u00e1ginas, prima, me dijo Isabel, escribe las \u00faltimas l\u00edneas y vente conmigo, eres la \u00fanica con quien todav\u00eda puedo conversar, la \u00fanica sobreviviente del naufragio (261)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed la narradora e Isabel se identifican. Ambas almacenan recuerdos, construyen y deconstruyen el pasado familiar. La narradora, en el encuentro con las alteridades que se suceden al encuentro con Isabel, va descubriendo las contradicciones del discurso del poder que supuestamente tiene la familia:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Existe tambi\u00e9n la t\u00e9cnica de la paradoja contradictoria. Mam\u00e1 \u00bfporqu\u00e9 la cocinera tiene tan poco dinero? Porque la gente floja tiene poco dinero. Contrapregunta: pero ella trabaja. Contrarrespuesta: s\u00f3lo faltaba que adem\u00e1s de floja no trabajara. Estoy convencida de que la gran fisura del ni\u00f1o o ni\u00f1a burgueses es la cargadora, personaje indispensable para aportar a la vida infantil su primera contradicci\u00f3n social: querer mucho a alguien a quien domina, dominar a alguien que lo domina a uno (154).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En esta escritura se va develando la ficci\u00f3n del poder desde la cual se escribe. El burgu\u00e9s desde adentro, si es mujer, se vac\u00eda de poder. La voz de la narradora se va encontrando con otras voces femeninas del pasado familiar, que a su vez han hecho conciencia de las fisuras del poder y han sido voces disidentes de una u otra manera. As\u00ed se encuentra con las figuras de la t\u00eda Olga, que nunca se cas\u00f3 porque se le prohibi\u00f3 hacerlo con el hombre que amaba; Mar\u00eda Josefina, que se divorci\u00f3 muchas veces y que a su adolescencia vivi\u00f3 un exilio voluntario en Europa a trav\u00e9s del cual se busc\u00f3 a s\u00ed misma; Mercedes, quien devela para s\u00ed misma que la historia ajena determina la propia.<\/p>\n\n\n\n<p>La metaficci\u00f3n de la historia es un juego no exclusivo de la narradora. La conciencia de la fragmentariedad se hace clara en diversos personajes, como el antepasado que habla desde la muerte y que sabe que \u00e9l mismo es una reconstrucci\u00f3n a partir de fragmentos, como una tela de muchos siglos, con apenas unas esquinas que permanecen, algunos hilos que conservan su tejido (251).<\/p>\n\n\n\n<p>De esa fragmentariedad est\u00e1 consciente Mar\u00eda Josefina, cuando reflexiona acerca de su discontinuidad, de su memoria fragmentaria, llena de recuerdos que se aparecen al resolverse de papeles en una gaveta donde meto la mano y no s\u00e9 si saco un conejo o una radiograf\u00eda o un recibo de farmacia o un anillo de matrimonio o la foto del preceptor de mi t\u00edo Pedro Miguel cuando viv\u00eda en Par\u00eds (168). En un momento en que la metaficci\u00f3n de la historia se hace patente a trav\u00e9s de la voz de este personaje, la novela parece anticipar su construcci\u00f3n fragmentaria y la imposibilidad de asir el tiempo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026) si la vida fuera una pel\u00edcula parecer\u00eda filmada por un director inconstante que en los momentos de dramatismo cortara la escena y pasara a otra. Me gustar\u00eda hacer una pel\u00edcula donde eso pudiera verse tal como yo lo siento por dentro, para hacerme entender, como si las palabras fueran instrumentos inadecuados para mostrar justamente lo que me parece m\u00e1s bien una visi\u00f3n especial (168).<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La historia en esa novela es vista como una composici\u00f3n a partir de fragmentos. Al final, la narradora ofrenda todos sus recuerdos al tiempo, que toma la imagen del viejo se\u00f1or Laing, un vecino cuyo cad\u00e1ver permanec\u00eda a\u00fan sentado en su escritorio. El tiempo le devuelve sus recuerdos como unos pedazos desarticulados, unos mu\u00f1ecos sin voz, unas hojas separadas de un libro desencuadernado (263). Ello provoca que la escritura de una novela a partir de esos fragmentos la necesidad del historiar se textualiza tambi\u00e9n en la novela desde el ep\u00edgrafe de Octavio Paz que la precede:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Todo nos amenaza:<br>el tiempo, que en vivientes fragmentos divide<br>al que fui<br>del que ser\u00e9,<br>como el machete a la culebra;<br>la conciencia, la transparencia traspasada,<br>la mirada ciega de mirarse mirar&#8230;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Hoy recuerdo a los muertos de mi casa.<br>Rostros perdidos en mi frente, rostros<br>sin ojos, ojos fijos, vaciados,<br>\u00bfbusco en ellos acaso mi secreto,<br>el dios de sangre que mi sangre mueve,<br>el dios de yelo, el dios que me devora?<br>Su silencio es espejo de mi vida,<br>en mi vida su muerte se prolonga:<br>soy el error final de sus errores (9)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En esta motivaci\u00f3n del contar la historia, encontramos, con No\u00e9 Jitrik y con Ciplijaukait\u00e9, que la novela de tema hist\u00f3rico sirve como v\u00eda de b\u00fasqueda de la identidad. Esto es claro para Latinoam\u00e9rica, pero tambi\u00e9n lo es para la mujer que asume el g\u00e9nero femenino en la escritura. Ciplijaukait\u00e9 afirma que la escritura de la mujer asumida en primera persona se acompa\u00f1a de la reflexi\u00f3n sobre la escritura, que se vuelve una meditaci\u00f3n sobre su propia identidad. El ep\u00edgrafe de Paz establece la mirada al pasado como un juego de espejos que permiten encontrarse y mirarse como un resultado del pasado. As\u00ed tambi\u00e9n, reflexiona la narradora sobre la historia como una sucesi\u00f3n de ciclos que espejean a los seres humanos:<\/p>\n\n\n\n<p><em>A veces temo equivocarme en los recuerdos de los dem\u00e1s y enturbiar su vida con mis recuerdos. Temo tambi\u00e9n que todo sea a veces lo mismo y que haya una sola historia, repetida y mon\u00f3tona, con discretas variantes. Nuestra vida tan coincidente y yuxtapuesta \u00bfno ser\u00e1 el eco y el anuncio de las otras? Mireille, Ingrid, \u00bfson nuestras coincidencias o espejos diversos de otras nosotras mismas que hubi\u00e9ramos podido ser, m\u00faltiples configuraciones o juegos de luz, violentados personajes con los que ensayamos juntos obras inconclusas, siguiendo guiones desconocidos, tanteando di\u00e1logos perdidos? (67)<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta b\u00fasqueda de la identidad se busca tambi\u00e9n luchar contra el olvido, como dice la t\u00eda Olga narrando su propia vida, se hace preferible morir antes que olvidar (72).<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, la visi\u00f3n de la historia es pesimista, como puede apreciarse en la cita de Mar\u00eda Josefina. La historia es vivida por determinaciones que otros imponen. La condici\u00f3n de la mujer es la de subordinaci\u00f3n a los dictados masculinos. Por ello, Mercedes expresa su odio y su impotencia al tener que vivir una vida que no ha elegido. Una salida que propone la narradora es reinventar la historia. Como no le gusta la historia de la t\u00eda Graciela o de la t\u00eda Malena, inventa otras posibilidades, de c\u00f3mo debieron ocurrir las cosas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>A m\u00ed me gustaba imaginarme que as\u00ed no hab\u00edan sido las cosas y que cuando a Malena le contradijeron sus amores hizo lo mismo que nuestra prima Mar\u00eda Josefina: se fue a Par\u00eds y se solt\u00f3 el mo\u00f1o y fue la amante de artistas muy c\u00e9lebres y de un conde rubio y ten\u00eda fama de ser una de las mujeres m\u00e1s bellas, tanto como la Marie Duplesis y eso que era Par\u00eds (39)<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, a estos recursos l\u00fadicos de la narradora mientras es una ni\u00f1a, se impone la reflexi\u00f3n fatalista sobre la determinaci\u00f3n que la violencia social imprime sobre las vidas individuales. Marisol, la guerrillera, reflexiona tambi\u00e9n sobre la historia que le ha tocado vivir a ella y a sus compa\u00f1eros, desde su condici\u00f3n de subordinados sociales: <\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026) no somos m\u00e1s que el producto de una violencia, de una ejecuci\u00f3n impensada que cae sobre nosotros articul\u00e1ndonos en las m\u00e1s diversas posiciones y dej\u00e1ndonos en historias que pudieran haber sido otras y cuando las reconstruimos desde el presente hacia el pasado, sus conexiones son absolutamente l\u00f3gicas o coherentes y nos parece que no podr\u00eda haber sido de otra manera, pero si hici\u00e9ramos la operaci\u00f3n inversa y trat\u00e1ramos de recorrer el hilo desde atr\u00e1s hacia adelante, encontrar\u00edamos a cada momento tant\u00edsimas alternativas que s\u00f3lo por un acto de violencia puede decirse cual es la propia, la \u00fanica, que nos ha determinado (222)<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto es justamente lo que gu\u00eda a Do\u00f1a In\u00e9s, la vieja mantuana de Do\u00f1a In\u00e9s contra el Olvido, quien, como los muertos de Michelet, habla y cuenta su historia en la segunda novela, en la cual se narra desde el pasado hasta el presente, a la inversa de <em>El Exilio del Tiempo<\/em>. En <em>Do\u00f1a In\u00e9s contra el Olvido<\/em> tambi\u00e9n se construye el relato desde una ficci\u00f3n del poder. Quien narra es de nuevo una mujer, una vieja mantuana del siglo XVII, con temple y aparentemente poderosa, que ha luchado siempre por unas tierras que le pertenecen leg\u00edtimamente, pero que, ir\u00f3nicamente nunca ha recorrido ni contemplado. Su condici\u00f3n femenina siempre la at\u00f3 al espacio dom\u00e9stico, desde donde inici\u00f3 una lucha desesperada de m\u00faltiples litigios sobre las tierras de Curiepe, herencia familiar que le disputa a su ex-esclavo y liberto Juan del Rosario, quien ha querido fundar all\u00ed una poblaci\u00f3n. Las querellas legales extendidas por muchos a\u00f1os de espera por la justicia, quedan olvidadas en un pa\u00eds en que todo se olvida, para resucitar en el siglo XX y resolverse, ir\u00f3nicamente, por la v\u00eda de la corrupci\u00f3n administrativa, que permitir\u00e1 la satisfacci\u00f3n de los descendientes y el sentimiento de inutilidad de la historia y la memoria en el cad\u00e1ver cansado de Do\u00f1a In\u00e9s.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta novela tambi\u00e9n las historias relatadas dan cuenta de su hacerse en el texto narrativo. Al igual que <em>El Exilio del Tiempo<\/em>, privilegia la textualizaci\u00f3n de la oralidad. Pero aqu\u00ed no tenemos los mon\u00f3logos interiores de las diversas mujeres de una familia cuya historia se cuenta polif\u00f3nicamente, como en la primera novela. En <em>Do\u00f1a In\u00e9s\u2026<\/em>, es el fantasma de \u00e9sta quien lleva la voz hegem\u00f3nica del texto. Ella est\u00e1 relatando su historia a su marido Alejandro y a su ex-esclavo y liberto Juan del Rosario, y ocasionalmente surgen otros que escuchan , como el gobernador Ca\u00f1as y Merino, o Joaqu\u00edn Crespo. La apelaci\u00f3n a esos otros, que escuchan, sugeridos tambi\u00e9n en <em>El exilio\u2026<\/em>, da un sentido colectivo a la historia y la aleja de las voces de la historia oficial, que por lo general se construye como visi\u00f3n \u00fanica de una sola conciencia.<\/p>\n\n\n\n<p>La metaficci\u00f3n en esta novela tiene tambi\u00e9n una gran riqueza: se indigna sobre la necesidad de historiar y fijar. Do\u00f1a In\u00e9s habla sobre su historia, pero a medida que lo hace, pide a un escribano que le asiente. Esto sugiere la idea de que la historia, para ser reconocida como tal, debe pasar por la escritura. As\u00ed, la novela est\u00e1 salpicada de sentencias como: <em>anota, escribano: yo soy acreedora de la Rep\u00fablica, yo me adjudico ese honor y ese desenga\u00f1o<\/em> (87). No obstante, la escritura termina por mostrarse in\u00fatil, como tambi\u00e9n la historia y la memoria. Los papeles, las escrituras de las tierras, que tan afanosamente busca Do\u00f1a In\u00e9s durante trescientos a\u00f1os para que quede legitimada la posesi\u00f3n de las tierras de la familia, desaparecen, se olvidan y reaparecen en el siglo XX en manos de un historiador venido a menos, sin poder para publicar sus investigaciones, sin que se escuchado por nadie. Los papeles en cuesti\u00f3n nunca otorgan ning\u00fan poder a nadie; terminan por ser piezas raras para coleccionistas, un regalo curioso para los descendientes de Do\u00f1a In\u00e9s. Esta, luego de contar su historia, reflexiona sobre la memoria:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Es in\u00fatil el recuerdo, Alejandro, he podido comprenderlo. Es est\u00e9ril como \u00e1rbol macho; cuantos m\u00e1s recuerdos se almacenen, m\u00e1s es necesario olvidarlos. En este pa\u00eds de la desmemoria es soy puro recuerdo (\u2026) s\u00e9 que todo mi empe\u00f1o ha sido crear una voz in\u00fatil, voz de cad\u00e1ver para o\u00eddos de cad\u00e1ver, pero a caso la memoria sea la m\u00e1s in\u00fatil de nuestras cualidades<\/em> (238).<\/p>\n\n\n\n<p>Igualmente se refiere Do\u00f1a In\u00e9s a la imposibilidad de asir la historia toda, que quer\u00eda haber conocido y registrado en documentos, pero no hay escribano que no acepte tal empresa (238) y, por ello, s\u00f3lo pudo contar una de tantas historias posibles, la de su litigio. A lo largo de la novela, tambi\u00e9n se impone la violencia de la Historia con H may\u00fascula, que tuerce el curso de los acontecimientos y va causando las desgracias de la familia, los despojos de propiedades y el olvido.<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Do\u00f1a In\u00e9s\u2026<\/em>, tambi\u00e9n se plantea una b\u00fasqueda de la identidad, aunque se relata desde el pasado hacia el presente y no al rev\u00e9s. No se trata de escarbar para indagar qui\u00e9nes fueron los ancestros, sino de afirmar la propia identidad en contraste con la alteridad, representada en la novela por Juan del Rosario.<\/p>\n\n\n\n<p>Durante trescientos a\u00f1os, la historia de la familia mantuana primero; patricia, despu\u00e9s y, finalmente, burguesa, ha estado entrelazada con la historia de los esclavos negros, primero y sus descendientes mestizos y plebeyos despu\u00e9s, hasta que llegan a confundirse en la misma familia. Durante ciertos momentos de la historia se han enfrentado las dos alteridades como enemigos o han tenido que convivir para garantizar su propia supervivencia. El otro afirma al uno, parece decirnos Do\u00f1a In\u00e9s:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Quisiera que alguien me hablara de este silencio. T\u00fa tambi\u00e9n me has dejado sola, Alejandro, y t\u00fa, Juan del Rosario, contrad\u00edceme, disp\u00fatame. Cada vez que le\u00eda un auto tuyo me encontraba a m\u00ed misma, a cada nueva pretensi\u00f3n que se te ocurr\u00eda, m\u00e1s me afirmaba, a cada anhelo que consignaste, m\u00e1s me opuse, a cada derecho que me combatiste m\u00e1s encontr\u00e9 mi raz\u00f3n, a cada pedazo de tierra que quisiste ocupar, m\u00e1s me enterr\u00e9 en mi posesi\u00f3n<\/em> (25).<\/p>\n\n\n\n<p>En esta novela, se afirma la necesidad de historiar como un acto de voluntad, como una necesidad porque s\u00ed, aunque sea un acto in\u00fatil. Una y otra vez, Do\u00f1a In\u00e9s expresa que desea que su voz permanezca, insta a su liberto Juan del Rosario para que no olvide y lo que m\u00e1s le disgusta del personaje Domingo S\u00e1nchez, arribista del castrismo y del gomecismo, es su desmemoria.<\/p>\n\n\n\n<p>La propia historia se relativiza en el texto. Termina por ser una historia m\u00e1s, puesto que la de Do\u00f1a In\u00e9s no es la \u00fanica versi\u00f3n, es la visi\u00f3n mantuana. Los descendientes de los esclavos en Barlovento tambi\u00e9n han conservado una historia que se transmite oralmente y que sirve de aliento de lucha a Jos\u00e9 Tom\u00e1s, el concejal. Por otra parte, Bel\u00e9n desciende de Do\u00f1a In\u00e9s, conserva apenas unos pocos hilos de la historia familiar, que ha reinventado como mitos, cuando refiere a sus sobrinos la casi epopeya de la esclava Dar\u00eda, que rescat\u00f3 a su bisabuela de una muerte segura durante la emigraci\u00f3n a Oriente en los tiempos de la Independencia. El Historiador, Don Heliodoro, por su parte,custodio de los c\u00e9lebres legados de Do\u00f1a In\u00e9s, construye a partir de los mismos otra versi\u00f3n de la historia que enfurece a \u00e9sta, quien siempre se otorga como prerrogativa, la autoridad de conocer los hechos tal como ocurrieron:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ahora nada es de nadie y de lo que fue casa de hacienda \u00fanicamente quedan las huellas del piso enladrillado que se\u00f1alan donde estuvo levantada, pero \u00f3yeme bien, porque tengo en los secretos de mi memoria toda su historia <\/em>(77).<\/p>\n\n\n\n<p>Al contemplar la historia en su hacerse, en su devenir, desde el margen a que la obliga el hecho de estar muerta, de no poder intervenir en los hechos, Do\u00f1a In\u00e9s siente la misma impotencia que los personajes de <em>El Exilio del Tiempo<\/em>. Volviendo al proyecto metaficcional expresado por el personaje Marisol, puede decirse que la historia, en sus dos sentidos, del presente hacia el pasado y viceversa, muestra siempre su fracaso. La imposibilidad de cisiones globales, no parciales, no condicionadas, la hace siempre fragmentaria e incompleta.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Vagas desapariciones <\/em>nos devuelve otro proyecto: el que dej\u00f3 en ciernes Mar\u00eda Josef\u00edna, una de las voces de El Exilio del Tiempo cuando descubr\u00eda un sentido espacial de la historia que parec\u00eda imposible de ser aprehendido por las palabras. Ella no vislumbra la construcci\u00f3n de una novela, sino de una pel\u00edcula, para narrar la vida. Esto sugiere la necesidad de inaugurar otros lenguajes que vayan m\u00e1s all\u00e1 de la linealidad ling\u00fc\u00edstica, para alcanzar esa espacialidad del tiempo posible por v\u00eda de la imagen en una pel\u00edcula. Ahora bien, para textualizar esto, se puede recurrir a otro registro de im\u00e1genes. La tercera novela de Ana Teresa Torres encuentra un nuevo lenguaje en la fotograf\u00eda, que como dice Roland Barthes, es una manera de encontrase con el ser y el no ser. Una foto da cuenta de lo que ya no es, pero tiene relaci\u00f3n con el ser. Es un encuentro con la muerte. Vagas desapariciones no asume ya el g\u00e9nero femenino en la narraci\u00f3n. Es la historia de dos personajes marginales, un enfermero y un artista homosexual, que deciden poner en orden sus recuerdos y escribir la historia de sus vidas. El primero tiene una motivaci\u00f3n. Le interesa saber cu\u00e1l fue la fecha de su llegada a la casa de reposo de pacientes psiqui\u00e1tricos donde trabaja. Pep\u00edn, el enfermero, no tiene otro hogar que esa casa. Se identifica con su espacio, pero ese espacio construye olvidos, puesto que todos los que llegan, lo que quieren es olvidar. La necesidad de articular un tiempo propio a ese espacio tan suyo lo lleva a acometer la empresa de escribir un relato autobiogr\u00e1fico a partir de su colecci\u00f3n de fotograf\u00edas. Se alternan, pues, en la novela, tres tipos de cuadernos que buscan la historia: La felicidad detr\u00e1s del olvido, de Pep\u00edn, con ayuda de Eduardo, en los que se narra la vida cotidiana de la casa y de las vidas de los pacientes que la habitan; Autobiograf\u00eda de un escritor autodidacta, de Pep\u00edn s\u00f3lo, en los cuales se narra la vida de Pep\u00edn y El fot\u00f3grafo ambulante, de Eduardo, en que construye dial\u00f3gicamente su historia con Pep\u00edn como voz que disiente, confirma, juzga.<\/p>\n\n\n\n<p>En esta novela se suceden m\u00faltiples juegos metaficcionales, pues el tema de la misma es la recuperaci\u00f3n de la memoria y su registro; no es en s\u00ed una novela de tema hist\u00f3rico. As\u00ed, encontramos en ella la posibilidad de inventar la historia, escribiendo historias posibles hasta dar con la verdadera, juego que inaugura Pep\u00edn desde su infancia, cuando en su af\u00e1n de saber de su padre, inventa y escribe sobre \u00e9l. Igualmente hace un ejercicio de inventar para un vendedor de loter\u00edas una historia de la mujer del vestido santo, de la cual \u00e9ste \u00faltimo buscaba saber desde hac\u00eda tiempo. Eduardo inventa tambi\u00e9n historias de lo que el llama personajes emblem\u00e1ticos, como Fern\u00e1ndez, el bur\u00f3crata o Ricardo, el amigo izquierdista de Pep\u00edn. Aqu\u00ed puede verse como la ficci\u00f3n juega consigo misma. Se plantea como una v\u00eda de acceder a la verdad. Se muestra como la ficci\u00f3n de la historia puede mostrar la comprensi\u00f3n de la historia. Sin embargo, esos intentos son fallidos. La madre de Pep\u00edn siempre preguntaba \u00bfy de d\u00f3nde sacaste eso? El vendedor de loter\u00eda se disgust\u00f3 con la versi\u00f3n de la mujer del vestido santo y el propio Pep\u00edn no aceptaba las versiones de las vidas de los personajes elegidos por Eduardo para Historiarlos.<\/p>\n\n\n\n<p>Los cuadernos de Eduardo se muestran como textos metaficcionales sobre la recuperaci\u00f3n de la memoria en la v\u00eda propuesta por Mar\u00eda Josefina. Cada fotograf\u00eda es una escena recortada de la vida, una met\u00e1fora de tiempo detenido. Eduardo guardaba sus fotos en una caja, donde permanec\u00edan dispersas para que \u00e9ste les diera un orden, como Mar\u00eda Josefina guardaba sus recuerdos al igual que los objetos en una gaveta. Eduardo reflexiona as\u00ed sobre sus fotos:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Venc\u00ed la idea de romperlas porque aquellos puntilleos, aquel caos de personas, luces, calles, edificios, lugares, me constitu\u00edan, y abandonarlos era colocarme a m\u00ed mismo en un lugar <strong>fading<\/strong> <\/em>(36).<\/p>\n\n\n\n<p><em>La reconstrucci\u00f3n de una persona, a trav\u00e9s de distintas fotos correspondientes a distintos momentos, es s\u00f3lo el se\u00f1uelo de fijarla y  poseerla, pues siempre los saltos entre unas y otras quedar\u00e1n como las desapariciones del personaje en cuesti\u00f3n y ser\u00e1 precisamente de esos espacios de donde surgir\u00e1 la presencia del mismo<\/em> (37). <\/p>\n\n\n\n<p>En estas citas se manifiesta ya la idea de que la fotograf\u00eda es un testigo del pasado, un testimonio de la identidad, pero a la vez, se trata de una representaci\u00f3n del pasado insuficiente para reconstruirlo. La fotograf\u00eda como texto recuperador de la memoria, tambi\u00e9n falla. Cuando Pep\u00edn le dice a Eduardo frente a una foto de su infancia: Ah\u00ed dice que t\u00fa ten\u00edas cinco a\u00f1os. En ninguna parte dice que yo tuve cinco a\u00f1os (38) quiere rescatar el valor del documento de la fotograf\u00eda, pero para Eduardo, la prueba de que Pep\u00edn tuvo cinco a\u00f1os es su sola presencia. Se relativiza as\u00ed el valor del documento. Los motivos de componer un relato autobiogr\u00e1fico a partir de las fotos tambi\u00e9n se hacen relativos. Lo in\u00fatil de la aprehensi\u00f3n del pasado tambi\u00e9n es tema de esta novela:<\/p>\n\n\n\n<p>En la medida en que transcurr\u00eda el tiempo y yo avanzaba en mi proyecto de componer un relato fotogr\u00e1fico que pudiera darme un sentido, oscilaba en enjuiciar mi tarea como un pasatiempo in\u00fatil o como la esencia de mi vida; en el primer caso, me derrumbaba en la desolaci\u00f3n de saber que aquellas fotograf\u00edas eran mi vida, y por lo tanto, su inutilidad comparable a la m\u00eda. En el segundo, pensaba que la esencia de la vida de una persona es importante, no porque en ella transcurran hechos significativos , ni porque la persona sea, ella misma, un sujeto de importancia, sino porque si todos los seres llegaran a concebir su vida como in\u00fatil, la destrucci\u00f3n ser\u00eda la consecuencia inevitable (239)<\/p>\n\n\n\n<p>Estas reflexiones de Eduardo prefiguran el final de la novela, cuando Pep\u00edn, sintiendo que ha sido in\u00fatil escribir los cuadernos y que no s\u00f3lo no le es accesible su tiempo, sino tampoco su espacio porque la casa ser\u00e1 vendida, decide culminar su escritura con la destrucci\u00f3n. Mata a los pacientes de la cl\u00ednica para detenerlos dentro de s\u00ed mismo en la felicidad de su olvido, antes de que la vida de la casa deje de ser. Simb\u00f3licamente los congela como im\u00e1genes felices, al igual que Eduardo ten\u00eda en sus fotos im\u00e1genes felices de lo que ya no era. Para Pep\u00edn ten\u00eda sentido lo que el loco profesor europeo, paciente de la cl\u00ednica, conceb\u00eda a partir de sus propias fotograf\u00edas: los errores negativos, concepto que encerraba lo que ya no era y lo que hab\u00eda sido.<\/p>\n\n\n\n<p>La escritura de Ana Teresa Torres va dejando pistas acerca de una concepci\u00f3n del historiar como un acto humano, a la vez imperioso e in\u00fatil; quijotesco, puede decirse. En las tres novelas puede verse el esfuerzo para mostrar el otro lado de la historia, por develar su hacerse desde una pretendida posici\u00f3n de poder, que nunca es tal. Adem\u00e1s, la historia de todo aquello que m\u00e1s all\u00e1 de los eventos pol\u00edticos o militares, nos constituye como identidad, pero nunca totalmente. En la escritura de Torres, se pone de manifiesto lo inasible del pasado hist\u00f3rico, su fragmentariedad y su relatividad. La ficci\u00f3n se propone como una alternativa de la b\u00fasqueda que puede o no, tal vez s\u00ed, tal vez no, ofrecernos parte de la verdad.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/luz-marina-rivas\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre la autora<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Luz Marina Rivas No puedes lanzarte a escribir una historia, aunque sea de divulgaci\u00f3n sin asumirla. Ni a\u00fan d\u00e1ndole elcar\u00e1cter de novela. Escribir es siempre asumir. Ana Pizarro: La luna, el viento, el a\u00f1o, el d\u00eda. 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