{"id":10578,"date":"2024-01-03T14:29:58","date_gmt":"2024-01-03T14:29:58","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=10578"},"modified":"2024-01-03T15:25:15","modified_gmt":"2024-01-03T15:25:15","slug":"cuentos-de-jorge-gomez-jimenez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-de-jorge-gomez-jimenez\/","title":{"rendered":"Cuentos de Jorge G\u00f3mez Jim\u00e9nez"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Alarmas<\/h3>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda llorado tanto que ten\u00eda corrido el maquillaje, as\u00ed que cuando pasaba alg\u00fan carro bajaba la mirada para no ver mi reflejo en el retrovisor. Pero claro que lo vi: los labios descoloridos y los r\u00edos negros que bajaban desde mis ojos. Record\u00e9 a mi t\u00eda cuando me dec\u00eda: las ni\u00f1as que lloran se ponen feas. Y sonre\u00ed, y quiz\u00e1s sonre\u00edr me hizo sentir culpable, pues se supone que cuando est\u00e1s deprimida no sonr\u00edes: llor\u00e9 otro poco.<\/p>\n\n\n\n<p>Mik quiso que me bajara pero me negu\u00e9, me sent\u00eda muy mal y sab\u00eda que el bullicio de Los Picadores y la alegr\u00eda ajena (deb\u00ed escribir&nbsp;<em>tan<\/em>&nbsp;ajena) me har\u00edan sentir peor. As\u00ed que les dije: vayan ustedes y bailen y divi\u00e9rtanse que yo los espero. Mi t\u00eda trat\u00f3 de convencerme: a lo mejor aqu\u00ed est\u00e1 el hombre de tu vida y t\u00fa aqu\u00ed muri\u00e9ndote por dentro. Pero tales argumentos s\u00f3lo logran incomodarme, pues me hacen pensar que la gente piensa que soy est\u00fapida. A veces estoy de acuerdo: soy est\u00fapida. Mik se impacientaba y le dijo a mi t\u00eda: no hay caso, que entre luego si quiere. Me dejaron las llaves del carro para que lo asegurara si cambiaba de idea, y entraron sin m\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>Reconozco que cuando decid\u00ed quedarme sola en el carro incurr\u00ed en un acto de franca vanidad. Las depresiones, de alguna retorcida manera, suelen revestirse de elegancia. Claudia se deprime: Claudia es profunda. Y sin duda ser profundo es elegante. Una siente ese ardor en el pecho y llora, pero la gente muestra respeto hacia el estado en que una se encuentra: eso en el fondo hace que una se sienta un poco bien. Dentro de lo que cabe.<\/p>\n\n\n\n<p>Supongo que el culpable de todo es Mik. Por los d\u00edas en que el Beto me dej\u00f3 yo hac\u00eda esfuerzos por no llorar. Ten\u00eda ganas de llorar (y de saltar de una azotea y de cortarme las venas), pero me conten\u00eda: una no anda por ah\u00ed llorando delante de todo el mundo. Entonces una noche mi t\u00eda me invit\u00f3 a salir con ella y Mik. Est\u00e1bamos tambi\u00e9n en Los Picadores y mi t\u00eda le cont\u00f3 todo a Mik, y Mik me dijo: es preciso llorar las penas para que no nos ahoguen. Y me puse a llorar y tuvimos que irnos a casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces lloro. Me levanto en la ma\u00f1ana llorando. Me acuesto en la noche llorando. Veo televisi\u00f3n: lloro. En el almuerzo: lloro. Ya no s\u00e9 hacer nada si no estoy llorando mientras. Y mi t\u00eda a veces se r\u00ede y me dice: Claudia, necesito que vayas a comprar papel higi\u00e9nico pero no llores. Y yo r\u00edo con ella, pero luego de regreso a casa tengo que abrir el paquete del papel para secarme las l\u00e1grimas.<\/p>\n\n\n\n<p>Me acurruqu\u00e9 en el fondo del asiento para llorar en absoluta intimidad. Nunca falta un hombre inoportuno que se acerca a preguntar: le ocurre algo, puedo ayudarla. Y ni siquiera el Beto pod\u00eda ayudarme: hac\u00eda falta una m\u00e1quina del tiempo que borrara lo ocurrido, no s\u00f3lo el recuerdo de lo ocurrido sino que lo borrara todo, todo. Que lo ocurrido no hubiera ocurrido nunca: s\u00f3lo as\u00ed estar\u00eda bien. Mientras tanto, me bastaba con acurrucarme para evitar la inoportuna visita del hombre inoportuno que, es de suponer, nunca falta en el estacionamiento de Los Picadores a las dos de la ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>Creo que me qued\u00e9 dormida y de pronto me sent\u00ed extra\u00f1a: no estaba llorando. Un acto reflejo me hizo abrir el bolso y sacar el celular para revisar si ten\u00eda mensajes del Beto: no ten\u00eda, y volv\u00ed a llorar. Habr\u00eda llorado igual si hubiera tenido. Disfrut\u00e9 el regreso al llanto y aquello me pareci\u00f3 enfermizo, as\u00ed que encend\u00ed un marlboro y trat\u00e9 de asfixiar las l\u00e1grimas con humo.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces me asalt\u00f3 el hast\u00edo o quiz\u00e1s la sensatez: aunque tenga el maquillaje muy llorado ir\u00e9 a buscar a Mik y a mi t\u00eda para que me lleven a casa. Siempre he tenido como norma: las tareas r\u00e1pidas duran menos que un cigarrillo. Puse el marlboro en el cenicero del carro y me baj\u00e9 imponi\u00e9ndome el desaf\u00edo de estar de vuelta antes de que se apagara. Pero cuando ya estaba a punto de entrar a Los Picadores volv\u00ed a sentir verg\u00fcenza de mis l\u00e1grimas y regres\u00e9 al carro.<\/p>\n\n\n\n<p>Recuper\u00e9 el marlboro y termin\u00e9 de fumarlo. Cuando dej\u00e9 la colilla muerta en el cenicero sent\u00ed: derrota. Tuve una idea: har\u00e9 sonar la alarma del carro. Oprim\u00ed el bot\u00f3n del control remoto y tras el breve silbido de la activaci\u00f3n abr\u00ed y cerr\u00e9 la puerta: la alarma son\u00f3. Pensaba que pronto aparecer\u00edan Mik y mi t\u00eda alarmados, pues para qu\u00e9 otra cosa puede servir una alarma. Pero no: los minutos ten\u00edan de todo menos apariciones salvadoras, y la alarma se hac\u00eda insoportable.<\/p>\n\n\n\n<p>En alg\u00fan momento dej\u00f3 de sonar: volv\u00ed a llorar. El Beto me dej\u00f3, mi t\u00eda y Mik estaban en Los Picadores, yo quer\u00eda estar en casa: todo eso me hac\u00eda llorar. Me dije: si no busco ahora mismo a mi t\u00eda y a Mik amanecer\u00e9 aqu\u00ed llorando. Encend\u00ed otro marlboro y lo puse en el cenicero. Abr\u00ed la puerta olvidando que la alarma estaba activada y empez\u00f3 de nuevo. Me detuve a un metro del carro esperando por \u00faltima vez que salieran, pero pronto comprend\u00ed que tendr\u00eda que ir a buscarlos o morir\u00eda: llorando o sorda.<\/p>\n\n\n\n<p>Me acerqu\u00e9 al gran ventanal de Los Picadores y busqu\u00e9 con la vista a mi t\u00eda y a Mik. Los vi en medio de la batahola bailando sobre litros de alcohol y pens\u00e9: es inc\u00f3modo que vaya a buscarlos, pero mi desgracia lo vale. S\u00e9 bien que mi t\u00eda me aprecia y supongo que tambi\u00e9n Mik: quien me aprecie le dar\u00e1 su justo valor a esto que me ocurre y reconocer\u00e1 sin duda que es vital para m\u00ed regresar a casa: aunque sea s\u00f3lo para llorar.<\/p>\n\n\n\n<p>La luz de un carro pas\u00f3 a mi trav\u00e9s y me di vuelta. En el lugar en que estaba era sencillo hacerse invisible, pues hab\u00eda arbustos y carros y noche. Saberlo me result\u00f3 muy \u00fatil: del carro que lleg\u00f3 se baj\u00f3 el Beto. Dos amigos lo esperaban. Empez\u00f3 a caminar en direcci\u00f3n a la puerta de Los Picadores y sent\u00ed p\u00e1nico: mi manto de invisibilidad dejar\u00eda de funcionar si \u00e9l se acercaba.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero entonces not\u00f3 el carro de Mik: m\u00e1s propiamente, not\u00f3 que sonaba la alarma del carro de Mik y fue hacia all\u00e1. Supongo que quiso ostentar sus cualidades c\u00edvicas revisando que todo estuviera bien. Aunque sent\u00ed el impulso de lanzarme a sus brazos, record\u00e9 los ribetes humillantes de lo ocurrido y decid\u00ed mantenerme oculta. Repas\u00e9 el lugar con la mirada: mi \u00fanica escapatoria era que me tragara la tierra o que me subiera a un taxi aburrido que esperaba pasajeros en el flanco derecho del estacionamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Camin\u00e9 hacia el taxi con prisa pero sin hacer ruido: no sab\u00eda qui\u00e9nes eran los que esperaban al Beto y si alguno me conoc\u00eda quiz\u00e1s le dir\u00eda que yo estaba all\u00ed. Mis senos, sin ser grandes, atraen a los hombres: me asegur\u00e9, desbordando el escote, de que se ofreciera una vista regular de sus formas, y en voz muy baja le pregunt\u00e9 al taxista si pod\u00eda ayudarme. Me sub\u00ed al asiento trasero y le expliqu\u00e9 mi problema: llor\u00e9 otro poquito y el taxista me dio un pa\u00f1uelo y eso me enterneci\u00f3: sonre\u00ed.<\/p>\n\n\n\n<p>El Beto fisgone\u00f3 alrededor del carro de Mik. Quiz\u00e1s vio el marlboro que a\u00fan deb\u00eda estar consumi\u00e9ndose en la soledad del cenicero y pens\u00f3: Claudia y sus marlboros. Despu\u00e9s de lanzar una mirada exploratoria por el estacionamiento se sumergi\u00f3 en la multitud que bailaba en Los Picadores. M\u00e1s tarde sali\u00f3 seguido por Mik: me buscaban. Me agazap\u00e9 en el asiento del taxi y los vi hablar.<\/p>\n\n\n\n<p>Mik es un hombre inteligente y estoy segura de que estaba seguro de que yo estaba cerca. Adem\u00e1s a\u00fan ten\u00eda sus llaves conmigo y s\u00e9 que sab\u00eda que no ser\u00eda capaz de irme sin devolv\u00e9rselas. Debi\u00f3 decirle cualquier cosa al Beto para disuadirlo de buscarme y pronto se despidi\u00f3 y regres\u00f3 al bullicio. El Beto mir\u00f3 la noche (y su gesto me pareci\u00f3 tan teatral) y sac\u00f3 su celular: puse el m\u00edo en silencio por si se le ocurr\u00eda llamarme: me llam\u00f3. Todav\u00eda ten\u00eda identificado su n\u00famero con la palabra&nbsp;<em>amor:&nbsp;<\/em>solloc\u00e9 mientras el celular me gritaba en silencio.<\/p>\n\n\n\n<p>Volvi\u00f3 con sus amigos y arrancaron. Sent\u00ed curiosidad: \u00bfqu\u00e9 camino toma un hombre cuando una se esconde? Sospecho que al taxista no le sorprendi\u00f3 mi medida desesperada: encendi\u00f3 el taxi y aceler\u00f3 hasta que se ubic\u00f3 a una distancia prudente del otro carro.<\/p>\n\n\n\n<p>Nos internamos en la ciudad. Pregunt\u00e9 al taxista si pod\u00eda fumar: me pidi\u00f3 un marlboro. Unas calles m\u00e1s adelante perd\u00ed de vista el carro, pero el taxista me tranquiliz\u00f3: fume, yo manejo. Me ech\u00e9 hacia atr\u00e1s y no pude contener uno de esos suspiros accidentados que sobrevienen despu\u00e9s de haber llorado mucho.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras esper\u00e1bamos que cambiara la luz de un sem\u00e1foro vi en la acera a una pareja que discut\u00eda. Alcanc\u00e9 a entender algunas palabras: desconsiderado, necia, nunca. De pronto \u00e9l se dio la vuelta y se alej\u00f3 tras la esquina, y ella me mir\u00f3: por un instante me pareci\u00f3 que nuestras miradas encontradas se apoyaban la una a la otra. Llor\u00e9. El taxista tambi\u00e9n me miraba por el espejo retrovisor, pero su mirada era escurridiza y no se enfocaba en mis ojos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00edamos hecho un rodeo innecesario por el centro: finalmente el carro donde iba el Beto se detuvo ante la puerta del Mirador. El taxista se estacion\u00f3 unos metros m\u00e1s atr\u00e1s, en el lado opuesto de la calle, y pens\u00e9: soy una est\u00fapida. Desde su ce\u00f1o fruncido el Beto me hab\u00eda dicho semanas antes: no quiero volver a saber de ti. Por mi parte lloraba y le gritaba: te odio. Y ahora \u00e9l iba a buscarme y yo me ocultaba s\u00f3lo para seguirlo en secreto.<\/p>\n\n\n\n<p>El taxista sali\u00f3 de pronto de su burbuja de discreci\u00f3n profesional y me dio un golpe de realidad: no se bajan. En efecto, los dos amigos del Beto que iban en el asiento delantero estaban vueltos sobre el respaldo y parec\u00edan hablar con \u00e9l. Luego se bajaron y entraron al Mirador, dej\u00e1ndolo solo. Ten\u00eda la cabeza gacha y cre\u00ed percibir un d\u00e9bil destello: me estaba llamando. Con la yema de mi pulgar acarici\u00e9 la palabra&nbsp;<em>amor&nbsp;<\/em>en la pantalla de mi celular y volv\u00ed a llorar. Me dije: est\u00fapida. El taxista me pidi\u00f3 otro marlboro.<\/p>\n\n\n\n<p>La m\u00fasica que sal\u00eda del Mirador se confund\u00eda con los ruidos de la calle: el taxista y yo s\u00f3lo esper\u00e1bamos. Al principio pens\u00e9 que los amigos del Beto saldr\u00edan en unos minutos, pero no fue as\u00ed. Hab\u00eda gente en la calle y algunos miraban al Beto en el asiento trasero del carro: lo miraban con recelo o compasi\u00f3n o al menos yo lo habr\u00eda mirado con compasi\u00f3n, pues soy est\u00fapida.<\/p>\n\n\n\n<p>Record\u00e9 algo que me hab\u00eda dicho el Beto poco despu\u00e9s de conocernos: Claudia, t\u00fa y yo somos tan parecidos. Cuando me lo dijo supuse que se trataba de alguna de las estratagemas de seducci\u00f3n del legado que el g\u00e9nero masculino se transmite de generaci\u00f3n en generaci\u00f3n. Recuerdo que pens\u00e9: el Beto piensa que soy est\u00fapida.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue entonces cuando escuch\u00e9 el portazo y la alarma. El Beto estaba sentado de manera que pod\u00eda verlo de perfil y comprend\u00ed que por alguna raz\u00f3n no quer\u00eda entrar a buscar a sus amigos. La pantalla de mi celular se encendi\u00f3 una vez m\u00e1s: habr\u00eda querido responder para decirle: es en vano, Beto, no van a salir. El ruido mon\u00f3tono de la alarma se hac\u00eda insoportable. El taxista me mir\u00f3 inquisidor y la noche se torn\u00f3 grande y cruel. Le pas\u00e9 un marlboro y le dije: regresemos a Los Picadores, si es tan amable.<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\">Cena con taxistas<\/h3>\n\n\n\n<p>Nunca pude decirle que no a mi hermana. Eso me meti\u00f3 en m\u00e1s de un problema cuando \u00e9ramos ni\u00f1os, pues a ella se le ocurr\u00edan ideas bastante extra\u00f1as, como reunir medias rojas obteni\u00e9ndolas en forma furtiva de los patios del vecindario o dramatizar el incendio de la Biblioteca de Alejandr\u00eda en la m\u00e1s bien austera biblioteca de la escuela.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que cuando ella decidi\u00f3 regresar de Europa me asalt\u00f3 un sentimiento ambiguo. Por un lado, me embarg\u00f3 una tierna alegr\u00eda que rebasaba los l\u00edmites de lo simplemente fraterno, ya que ella es la \u00fanica sobreviviente del n\u00facleo familiar. Mam\u00e1, pap\u00e1 y nuestro hermano menor murieron hace muchos a\u00f1os en un accidente del que mi memoria no guarda m\u00e1s que nubes y algunos sonidos. Pero, por el otro, empec\u00e9 a sufrir desde el instante en que me llam\u00f3 por tel\u00e9fono: con ella, lo sab\u00eda, vendr\u00edan nuevas y extravagantes y embarazosas ideas.<\/p>\n\n\n\n<p>La recib\u00ed con una gran cena, ocasi\u00f3n para la cual pul\u00ed los viejos candelabros que dan fe de una muy antigua bonanza familiar, ahora reducida a unas discretas rentas que recibimos ella y yo. Ella comi\u00f3 poco, pero fue una linda velada en la que me cont\u00f3 sus extraordinarias vivencias en Europa.<\/p>\n\n\n\n<p>Por mi parte s\u00f3lo pude narrar mis esfuerzos por no perder mi empleo de corrector en el peri\u00f3dico local y alguna aventurilla aislada y desva\u00edda, como mi viaje reciente al pueblo vecino a buscar un repuesto para la lavadora.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego nos sentamos frente a la ventana a fumar y a intentar reconocernos a trav\u00e9s del manto que fueron tejiendo los a\u00f1os. A pesar de su edad sus p\u00f3mulos siguen siendo abundosos y suaves, como cuando era ni\u00f1a. S\u00f3lo alrededor de sus ojos la piel empieza a sucumbir, y tambi\u00e9n en su cuello, por lo que se ha habituado a usar ropa que esconda tales desafueros de la biolog\u00eda. Si anta\u00f1o fue una ni\u00f1a hermosa, ahora es una hermosa mujer cercana a los cincuenta a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Hicimos tarde el desayuno, pues cuando nos acostamos ya estaba avanzada la noche. Comi\u00f3 poco esa ma\u00f1ana y poco al mediod\u00eda, y en la cena siquiera prob\u00f3 bocado. \u201cEst\u00e1s desganada\u201d, le dije con el tono intermedio de una afirmaci\u00f3n que es a la vez una pregunta. \u201cAs\u00ed es\u201d, me respondi\u00f3 sin dar mayor importancia al asunto, y luego se sumi\u00f3 en un silencio que dur\u00f3 apenas unos segundos, pero que se me hizo insoportable. Despu\u00e9s de dar un sorbo al vino, agreg\u00f3: \u201cEs que ahora soy antrop\u00f3faga\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Si o\u00edrla decir eso me desconcert\u00f3, saber de su particular gusto por los taxistas termin\u00f3 por escandalizarme. No me pasaba por la mente pensar que estuviera bromeando; la conozco lo suficiente para saber que ella no le mentir\u00eda a su hermano. La conozco tanto que no me sorprendi\u00f3 cuando me pidi\u00f3 que la ayudara a calmar sus extra\u00f1os apetitos.<\/p>\n\n\n\n<p>Urdi\u00f3 todo el plan para m\u00ed y me provey\u00f3 del arma que acabar\u00eda con la vida de la presa. Tendr\u00eda que irme a una de las calles aleda\u00f1as al puerto y esperar a que pasara alg\u00fan taxista de mediana edad, no demasiado delgado a fin de que su carne proporcionara alimento para varios d\u00edas antes de volver a cazar. Entre el puerto y nuestro vecindario el trayecto obliga a pasar por una carretera oscura rodeada de terrenos bald\u00edos, algo perfecto para quien no dispone de la sofisticaci\u00f3n de un arma con silenciador.<\/p>\n\n\n\n<p>El deseo de ver a mi hermana satisfecha y el temor a que enfermara a causa del hambre me dieron el valor para subirme al taxi. Era un carro muy viejo, de esos que en su momento ten\u00edan la apariencia de una fortaleza rodante y estaban tan bien construidos que pod\u00edan salir airosos de cualquier accidente. Una \u00e9poca, tambi\u00e9n, en la que s\u00f3lo se pod\u00eda pensar en utilizarlos como taxis para ejecutivos, pues eran veh\u00edculos concebidos para los estamentos superiores de la clase media. Uno luc\u00eda los mejores modales al ir a una fiesta si ve\u00eda estacionados afuera varios carros como este. Ahora, envejecido y aquejado de m\u00faltiples infamias de la mec\u00e1nica, no era m\u00e1s que un taxi improvisado, que no pertenec\u00eda a servicio alguno m\u00e1s que al provisto por su due\u00f1o a los caminantes sin rumbo.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras preparaba el arma, oculta en un bolsillo de mi chaqueta, entabl\u00e9 conversaci\u00f3n con la presa y supe que hab\u00eda pasado ya los cuarenta a\u00f1os, era casado y ten\u00eda dos hijos. El mayor acaba de ser admitido en la escuela de derecho y el menor, que temprano demostr\u00f3 su patente incapacidad para los estudios, trabaja en el puerto cargando paquetes. Dec\u00eda sentirse orgulloso de ambos \u2014supuse que no era capaz de admitir su afecto, notablemente superior, por el competente aspirante a abogado\u2014 y hablaba con profusi\u00f3n de ellos, de sus noviecitas adolescentes, de su tumultuosa relaci\u00f3n con la madre, una mujer fat\u00eddica cuyos \u00fanicos esfuerzos sinceros se concentraban en estropearle el d\u00eda a sus hijos y a su esposo.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto dej\u00f3 de hablar le cont\u00e9 una falsa historia de mi vida en la que inclu\u00ed una falsa esposa y unos falsos hijos, pues necesitaba que me sintiera igual a \u00e9l, que me diera su confianza. A eso le atribuyo el que hubiera frenado sin dudarlo cuando le dije que ten\u00eda ganas de orinar. No pod\u00eda ser m\u00e1s f\u00e1cil: me sigui\u00f3 y orin\u00f3 a unos pasos de m\u00ed. Cuando me dio la espalda, hice un disparo certero que lo tumb\u00f3 de bruces a pocos cent\u00edmetros del taxi. Lo sub\u00ed en el asiento trasero y lo cubr\u00ed con la chaqueta.<\/p>\n\n\n\n<p>Encend\u00ed el motor y me qued\u00e9 sentado al volante unos minutos. Temblaba y ni siquiera pod\u00eda sostener el cigarrillo. La primera vez que mato a un hombre y las cosas me salen bien, sin mayores dificultades. Sent\u00ed temor por mi vida; es sencillo perderlo todo en un instante. Poco a poco volv\u00ed a la serenidad, o a algo que de manera difusa se le asemejaba, construyendo en mi mente la imagen de la sonrisa de mi hermana.<\/p>\n\n\n\n<p>Di una \u00faltima mirada a la presa y part\u00ed. Era poco m\u00e1s de medianoche y hac\u00eda fr\u00edo, por lo que lament\u00e9 no haber llevado una chaqueta adicional. Tom\u00e9 nota de ello para no equivocarme la pr\u00f3xima vez. Ya bastantes preocupaciones me ocasionaba lo que estaba haciendo como para a\u00f1adir el inconveniente un resfr\u00edo, el temor a perder el empleo si ese resfr\u00edo me obligaba a quedarme en casa un par de d\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras pensaba en estas cosas escuch\u00e9 un ruido muy bajo, aunque intempestivo, en el \u00e1rea del motor. Quise ser optimista y segu\u00ed conduciendo, pero una de las agujas del tablero empez\u00f3 a subir con velocidad y sent\u00ed un inquietante olor a pl\u00e1stico chamuscado. As\u00ed que detuve el taxi, abr\u00ed el cap\u00f3 y me puse a mover cables y mangueras como si mis limitados conocimientos de mec\u00e1nica pudieran resolver mi situaci\u00f3n, hasta que el humo me impidi\u00f3 respirar y tuve que apartarme. Me recost\u00e9 de la puerta y encend\u00ed otro cigarrillo. Esperaba que, al enfriarse el motor, el taxi pudiera llevarme a casa antes de detenerse definitivamente.<\/p>\n\n\n\n<p>S\u00f3lo entonces pens\u00e9 en serio en la particularidad del nuevo capricho de mi hermana. \u00bfPor qu\u00e9 taxistas? \u00bfQu\u00e9 diferencia puede existir entre el sabor de un taxista y el de un campesino, pongamos por caso, que adem\u00e1s ser\u00eda m\u00e1s f\u00e1cil de cazar? Es decir: m\u00e1s f\u00e1cil para m\u00ed, que aunque pod\u00eda conducir muy bien, nunca fui afecto a involucrarme en los misterios de las buj\u00edas y los carburadores. Me confes\u00e9 a m\u00ed mismo que hab\u00eda escogido a esta presa espec\u00edfica por la ruina que denunciaban la edad y la apariencia del taxi, pues imaginaba que si era lo bastante pobre, los cuerpos de seguridad no se ocupar\u00edan demasiado en investigar.<\/p>\n\n\n\n<p>Sab\u00eda que nada pod\u00eda impedir que las cosas empeoraran, por lo que no me sorprendi\u00f3 cuando otro taxi igual de desvencijado, conducido por otro hombre de alrededor de cuarenta a\u00f1os, se detuvo un poco m\u00e1s adelante. El hombre se acerc\u00f3 hasta m\u00ed y me pregunt\u00f3 por el taxista; se conoc\u00edan y, al ver estacionado el taxi a un costado de la carretera, pens\u00f3 que su colega hab\u00eda sido asaltado.<\/p>\n\n\n\n<p>Aprovechando los retazos de informaci\u00f3n que mi taxista me hab\u00eda confiado, le dije que hab\u00eda tenido problemas con su esposa, y que aunque sus dos hijos intentaron detenerlo \u00e9l se escabull\u00f3 para ir a mitigar su pena cotidiana en uno de los bares del puerto, donde nos encontramos, pues tambi\u00e9n le dije que lo conoc\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Le cont\u00e9 que estuvimos tomando juntos hasta que \u00e9l se desmay\u00f3 y, en un destello de virtuosismo, agregu\u00e9 que, como no sab\u00eda d\u00f3nde viv\u00eda, hab\u00eda conducido a la deriva, con el hombre ebrio e inconsciente en el asiento trasero, esperando encontrar alg\u00fan taxista amigo, y que en eso estaba cuando ocurri\u00f3 la aver\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Me hice de su confianza utilizando nombres propios y relatos que tendr\u00edan resonancia en la memoria de cualquier conocido del taxista. Lo convenc\u00ed de que la mejor manera de resolver la situaci\u00f3n era que atara una cuerda de su taxi al de su amigo para remolcarlo hasta su casa. Luego de dar las explicaciones de rigor a quien all\u00ed nos recibiera, le pagar\u00eda por llevarme y asunto terminado. \u00c9l revis\u00f3 el motor y descubri\u00f3 que una correa estaba rota, lo que hab\u00eda causado el recalentamiento. Supongo que eso le bast\u00f3 para decidirse a abrir la maleta de su taxi en busca de la cuerda que necesit\u00e1bamos.<\/p>\n\n\n\n<p>Nunca pude decirle que no a mi hermana. Me hace feliz imaginar su expresi\u00f3n orgullosa, al recibirme de mi primera jornada de caza cargado con dos presas. Mientras conduzco el taxi del reci\u00e9n llegado, dibujo en mi mente la sonrisa con la que me dar\u00e1 la bienvenida y tambi\u00e9n sonr\u00edo.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jorge-gomez-jimenez\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicados en: https:\/\/digopalabratxt.com y https:\/\/contexturas.org, respectivamente<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Alarmas Hab\u00eda llorado tanto que ten\u00eda corrido el maquillaje, as\u00ed que cuando pasaba alg\u00fan carro bajaba la mirada para no ver mi reflejo en el retrovisor. Pero claro que lo vi: los labios descoloridos y los r\u00edos negros que bajaban desde mis ojos. Record\u00e9 a mi t\u00eda cuando me dec\u00eda: las ni\u00f1as que lloran se [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":6,"featured_media":10579,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_monsterinsights_skip_tracking":false,"_monsterinsights_sitenote_active":false,"_monsterinsights_sitenote_note":"","_monsterinsights_sitenote_category":0,"footnotes":""},"categories":[16],"tags":[],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10578"}],"collection":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/users\/6"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=10578"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10578\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":10587,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/10578\/revisions\/10587"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media\/10579"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10578"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=10578"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=10578"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}