{"id":10537,"date":"2023-12-31T19:19:43","date_gmt":"2023-12-31T19:19:43","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=10537"},"modified":"2024-01-05T19:37:47","modified_gmt":"2024-01-05T19:37:47","slug":"ensayos-de-cecilio-acosta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/ensayos-de-cecilio-acosta\/","title":{"rendered":"Ensayos de Cecilio Acosta"},"content":{"rendered":"\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Las letras<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Las letras lo son todo. Las letras viajan, son la luz que inunda en un instante el espacio y lo colora, la arista que lleva el grano de la idea y que es arrebatada por el viento de las edades, para llevar a todas partes germen, \u00e1rbol, flor y frutos. Las letras crean: Homero ha dado origen a mundos en que \u00e9l no so\u00f1\u00f3 y que hoy ruedan en el vac\u00edo de la gloria; sin la palabra de Dem\u00f3stenes la suerte de Grecia no llega a Queronea: sin la de Cicer\u00f3n, Catilina suplanta a C\u00e9sar y precipita el tiempo de Farsalia; y el siglo de Julio II y Le\u00f3n X es grande, y Canova hubiera podido poblar el museo P\u00edo-Clementino de obras suyas, porque hab\u00eda libros santos que hablan maravillas, e historiadores y poetas que son dechados. \u00a1Qu\u00e9 siglo \u00e9se! Las galer\u00edas del Vaticano son historias del cielo; y se alcanz\u00f3 a poseer, entre otros genios, a un Miguel \u00c1ngel, que pudo desbaratar el orbe para llamarlo a juicio, y a un Rafael, que por la fuerza sola de su mano, hizo encarnar la Virgen en colores, tras de los cuales ve uno su misma gracia divina. Las letras han engendrado el canto y la armon\u00eda: Beethoven, Haydn y Mozart, los maestros profundos, y Rossini, Bellini y Donizetti, los maestros melodiosos, creadores todos ellos de un poder incontrastable que va derecho al alma y la cautiva, y despu\u00e9s que la cautiva, la ense\u00f1a, han calcado en su mayor parte las obras maestras que los ilustran, en las obras maestras de la poes\u00eda y de las letras; la poes\u00eda precede siempre a la m\u00fasica, como el rayo de luz al arco iris. Las letras son el tesoro inagotable de las bibliotecas, que ocupan hoy los palacios mudos del saber, as\u00ed como son el oleaje incesante del periodismo, que ba\u00f1a, agita y fecunda industrias, opiniones, costumbres y creencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Las letras han producido en las artes la est\u00e9tica, ciencia que encanta, naturaleza que r\u00ede, especie de creaci\u00f3n, donde no hay sonidos sin acorde, ni formas sin belleza. Las letras son en la amargura de la vida miel, en la vida de los pueblos aliento, en el esp\u00edritu cultura, en los anales del g\u00e9nero humano la \u00fanica p\u00e1gina sin mancha, y en la corriente de los siglos el \u00fanico bajel que no hace estad\u00eda ni naufraga. Las letras son las que han venido labrando este progreso que tenemos, esta civilizaci\u00f3n que nos honra, esta libertad que es nuestro orgullo. Las letras, por fin, han necesitado del f\u00f3sforo para domesticar y poner a logro el fuego, del ferrocarril para trasportar el fruto que da el tipo de imprenta, y del alambre para poner a su servicio la electricidad, el \u00fanico \u00f3rgano capaz de trasmitir, con la rapidez que \u00e9l tiene, el rayo fecundador del pensamiento.<\/p>\n\n\n\n<p>Y aqu\u00ed, se\u00f1ores, me siento como con alas, como llevado por el hipogrifo de Astolfo, para recorrer de un vuelo los siglos. \u00bfQu\u00e9 queda de Roma?\u2014Sus Libros. \u00bfQu\u00e9 de la Edad Media?\u2014Sus cr\u00f3nicas. \u00bfQu\u00e9 del siglo XV?\u2014El Renacimiento. \u00bfQu\u00e9 de la edad horrible de C\u00e9sar Borgia?\u2014Maquiavelo. \u00bfQu\u00e9 de la Italia humillada del siglo XVI?\u2014Ariosto y Tasso\u2026 Ved: hay en la larga jornada de la humanidad \u2014como se nota ahondando un poco, y a veces sin ello\u2014 una estrella que siempre va, un rastro que siempre queda: de luz todo. \u00bfSer\u00e1 \u00e9sta la aguja misteriosa que marca sin cesar el rumbo del viaje, la voz de alerta dada a la peregrinaci\u00f3n del porvenir, o el hilo de la Providencia, que, oculto a veces, a veces ostensible, burla todas las l\u00f3gicas para hacer triunfar la suya, y hace precipitar la corriente de los sucesos hacia s\u00ed, como hacia un centro absorbente? Mirad el siglo de Pericles: la musa del drama y de la historia deja m\u00e1s para la Grecia y para el mundo, que las batallas de Marat\u00f3n y Salamina; Tuc\u00eddides casi fu\u00e9 el maestro de T\u00e1cito, y Eur\u00edpides fue tan grande, que hab\u00eda de ser corona hist\u00f3rica suya que el adusto S\u00f3crates asistiese a la representaci\u00f3n de sus obras, y que m\u00e1s tarde hubiese de inmortalizar sus p\u00e1ginas la sangre preciosa de Tulio, que las le\u00eda, derramada sobre ellas por los sicarios de Antonio. \u00a1Hermosos d\u00edas \u00e9sos, en que los juegos ol\u00edmpicos fueron tambi\u00e9n palestra a ingenios lidiadores, hubo en ellos susurro de aplauso en el concurso, voz de grata fama corriendo de boca en boca, y en el autor afortunado, rubor de gloria ba\u00f1ando sus mejillas&#8230;!<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a1Oh, me siento trasportado! Quisiera hacer alto delante de esa edad florida, y que levant\u00e1semos aqu\u00ed tres tabern\u00e1culos, para contemplar de nuevo esa transfiguraci\u00f3n del esp\u00edritu que todav\u00eda, despu\u00e9s de m\u00e1s de veintid\u00f3s siglos, se ve pasar por sobre nuestras cabezas como un meteoro brillante. \u00bfQu\u00e9 dir\u00e1 ahora la barbarie (yo la interpelo para que comparezca a este lugar), qu\u00e9 dir\u00e1 cuando, en presencia de ese espect\u00e1culo espl\u00e9ndido, vea ella por sus propios ojos, que la sangre no deja sino sangre, las tinieblas sino olvido, y que en la posteridad, s\u00f3lo para la virtud hay honra y para el talento laurel&#8230;? <\/p>\n\n\n\n<p>Mi conmoci\u00f3n es extrema, pero prosigo. Augusto, soberano astuto y fr\u00edo, para cuyo gobierno sensual y desp\u00f3tico no hay m\u00e1s explicaci\u00f3n que el haberse encontrado al fin sin rivales o el haberse deshecho de ellos en tiempo, hall\u00f3 su ilustraci\u00f3n en los varones de letras de su \u00e9poca, y su mejor t\u00edtulo o la vida postrera en la inmortal lisonja de Horacio y de Virgilio. El reinado de Isabel de Inglaterra se nombra menos por su infame conducta con Mar\u00eda Estuardo, que por Spencer, Bacon y Shakespeare. El de Luis XIV es c\u00e9lebre por el esplendor del esp\u00edritu, que ilumin\u00f3 m\u00e1s su gusto regio que sus triunfos; todav\u00eda, despu\u00e9s de casi dos centurias, ese faro se alcanza a ver lo mismo: la soberbia pas\u00f3, el rastro de luz se mira a\u00fan; y si el gran monarca hace gran figura en la historia, es porque le lleva de la mano el gran Bossuet. Ese mismo siglo XVII fue el siglo de las ciencias, as\u00ed como lo fue tambi\u00e9n el siglo XVIII, siendo \u00e9ste adem\u00e1s, por lo que hace a la religi\u00f3n y a las ciencias sociales, el de los esp\u00edritus fuertes, el de los libres pensadores. Del fondo del \u00faltimo salt\u00f3 la chispa que produjo el incendio de la Revoluci\u00f3n francesa, el acontecimiento m\u00e1s grande del mundo pol\u00edtico, bautismo ese de todas las ideas, piscina prob\u00e1tica para todos los errores, gran biblia donde hay para la libertad anales, para el derecho ense\u00f1anzas y para el progreso humano advertimientos. <\/p>\n\n\n\n<p>Espa\u00f1a fue un tiempo la monarqu\u00eda universal; no estar\u00eda mal dicho de ella que el sol se fatigaba para recorrerla. De Carlos V, en quien recay\u00f3 por muerte de su abuelo materno, pudo escribir en significativa frase Montesquieu, aunque comprendiendo la Alemania tambi\u00e9n, que la tierra se hab\u00eda ensanchado para dar espacio a su grandeza. Felipe II, su hijo, salvo la dignidad imperial que toc\u00f3 a Fernando su t\u00edo, todo lo dem\u00e1s lo hered\u00f3: dominios colosales que se extend\u00edan a la Pen\u00ednsula, aumentados \u00e9stos despu\u00e9s en vida suya por la adquisici\u00f3n de Portugal, a Holanda, B\u00e9lgica, Ocean\u00eda, Asia, \u00c1frica y Am\u00e9rica. Este monarca poderoso pudo en su reinado hacer o\u00edr su voz de las islas Chilo\u00e9 a las islas Filipinas, hacer hablar por gala su lengua en casi todas las cortes, poblar los mares con sus flotas, obtener la mano de Mar\u00eda, triunfar en San Quint\u00edn, poner espanto a Inglaterra y colmar a Espa\u00f1a con el oro del Per\u00fa. \u00bfQu\u00e9 queda de todo eso y de lo dem\u00e1s del poder\u00edo espa\u00f1ol?<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Queda s\u00f3lo (por no hablar m\u00e1s que de esos tiempos) la abundant\u00edsima cosecha de las letras en los siglos XVI y XVII, y en parte del XVIII, llena, rica y varia, de rubios granos y jugosos vinos, cosecha que casi no cab\u00eda en las trojes y que rebosaba en los lagares; quedan las obras de erudici\u00f3n e inventiva, muchas de ellas inimitables, que llenaron las bibliotecas y los teatros.  Quedan los escritores distinguidos y los ingenios de primer orden, algunos de ellos, puede decirse, \u00fanicos: Santa Teresa de Jes\u00fas, que habl\u00f3 de la santidad en formas tan castas como castizas; Hurtado de Mendoza, de frase atildada, si bien concisa por extremo a fuerza de recortes. Mel\u00f3, como historiador cult\u00edsimo y capaz de asuntos m\u00e1s vastos, como si dij\u00e9ramos Roma; Garcilaso, cuyos versos deben leerse en medio de un jard\u00edn de tomillos, que tenga nardos por cerca; Sol\u00eds, estilo de filigrana; Ercilla, que compon\u00eda bajo el pabell\u00f3n del campamento el libro que le dio inmortalidad; Herrera, \u00e1guila siempre entre las nubes; Fray Luis de Le\u00f3n, rival de Horacio hasta en la lengua; Fray Luis de Granada, escritor de ep\u00edtetos espl\u00e9ndidos y enamorado del  amor divino, que \u00e9l sab\u00eda encerrar siempre, como dentro de cajas de m\u00fasica, en sus cl\u00e1usulas cantantes; Calder\u00f3n, un r\u00edo de cascadas sonoras, por la armon\u00eda; y Cervantes, cuya creaci\u00f3n es un mundo, porque la sac\u00f3 de la nada, y cuya inmortal obra ser\u00e1 siempre la desesperaci\u00f3n de los dem\u00e1s, porque casi no puede tener imitadores. \u00a1Tesoros todos \u00e9sos preciosos, que forman como un museo en los anales de las grandezas humanas! <\/p>\n\n\n\n<p>Heme aqu\u00ed, se\u00f1ores, de vuelta y.a de mi largo, si bien rapid\u00edsimo viaje por el ancho campo de la historia. Vengo contento, muy contento, porque os traigo lo que buscaba. Os traigo, que eso que hemos aprendido y leemos diariamente en los libros del progreso, es todo cierto: que la civilizaci\u00f3n marcha; que la conciencia humana es tribunal; que la justicia es c\u00f3digo; que la libertad triunfa y que el esp\u00edritu reina. He interrogado a los fastos de todos los siglos y todos me han respondido lo mismo. He atravesado la espesa noche de la barbarie y s\u00f3lo silencio he hallado all\u00ed; la historia misma calla. He extendido a la humanidad delante de m\u00ed, como si fuese un mapa de estudio, para examinar lo que contiene, y he visto, de un lado f\u00f3siles s\u00f3lo, osamentas, las petrificaciones y cenizas del error, que no sabe dejar por donde pasa sino escombros, cementerios, osarios; y del otro, el pante\u00f3n de la inmortalidad, donde se ven viviendo en galer\u00edas espl\u00e9ndidas todas las conquistas del trabajo y del talento: la industria que independiza, la riqueza que sustenta, las ciencias que ilustran, las artes que adornan, el libro que ense\u00f1a, el peri\u00f3dico que difunde, el vapor que viaja, el rayo que obedece, y el derecho, que va siendo ya, por los triunfos que cuenta, patrimonio com\u00fan, y, lo que es m\u00e1s, blas\u00f3n acariciado de las clases oprimidas. \u00a1Qu\u00e9 porvenir, se\u00f1ores! \u00a1Qu\u00e9 gloria!<\/p>\n\n\n\n<p>Este es el punto adonde yo deseaba llegar para apostrofaros; ah\u00ed lo ten\u00e9is; \u00e9sas son las letras, que representan realmente en el pueblo que las cultiva, el cultivo de su esp\u00edritu. Aunque con desma\u00f1a, que debe perdon\u00e1rseme en gracia siquiera del noble empe\u00f1o que he puesto, no me ha sido dif\u00edcil el haber logrado confirmar, si bien por modos diversos, el tema del certamen. <\/p>\n\n\n\n<p>Yo hubiera querido otra cosa. Hubiera querido tener voz de hechizo para evocar de sus tumbas<br>los muertos ilustres, ojos de \u00e1guila para penetrar desde la altura en los abismos del tiempo, y alas de fuego para atravesar sin fatiga la prolongad\u00edsima extensi\u00f3n; hubiera querido ser Plutarco, que cuenta con candor, Tito Livio que pinta con elegancia, T\u00e1cito que castiga con azote, Bossuet que crea y magnifica, y Guizot que generaliza y abarca; hubiera querido recoger hechos, deducir leyes y amontonar fastos, para de esta manera, y con tal mundo grandioso a nuestra vista, poderos decir: esa luz, que deja como un rastro de estrellas detr\u00e1s y lleva como un camino de estrellas delante, es la luz de la civilizaci\u00f3n: ved, no se extingue; ese esplendor de las ciudades, ese af\u00e1n de los mercados, ese hervir de los caminos, esa facilidad de tener cada uno, por su salario, pan y goces, es el aprovechamiento de la naturaleza por la industria y el rescate del hombre infeliz por el trabajo: ved, ni la una se cansa, ni el otro cede; ese esp\u00edritu que va es la libertad; este concierto que queda es el orden; esa justicia que se distribuye es el derecho. <\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de todo lo cual, si me alcanzaran las fuerzas para tanto, salvando el tiempo presente y ahondando m\u00e1s, divisando m\u00e1s y viendo abrirse en sucesi\u00f3n continua, como para dar paso al progreso, horizonte tras horizonte y b\u00f3veda tras b\u00f3veda, hasta tocar con el linde temporal de lo futuro, podr\u00eda agregaros por \u00faltimo con voz de aliento y esperanza: ese camino inmenso, casi infinito, que recorro s\u00f3lo en idea, es el camino de la humanidad, y este palacio de cielos el palacio de las letras.<\/p>\n\n\n\n<p><em>(De: \u201cDiscurso pronunciado por Cecilio Acosta al terminar el Certamen Literario que la Academia de Ciencias Sociales y Bellas Letras de Caracas celebr\u00f3 el 8 de agosto de 1869\u201d . Obras, vol. I, Caracas, MCMVIII, pp. 5-13).<\/em><\/p>\n\n\n\n<h3 class=\"wp-block-heading\"><strong>Las letras cl\u00e1sicas<\/strong><\/h3>\n\n\n\n<p>Italia precedi\u00f3 a todas las dem\u00e1s naciones en este camino; y no puede negarse que all\u00ed despunt\u00f3 m\u00e1s tarde, y siempre primero, el d\u00eda de las artes y las letras. Su mayor cercan\u00eda y contacto con el Imperio de Oriente, del cual recibi\u00f3 una colonia de artistas y de sabios, despu\u00e9s que Mahomet II tom\u00f3 a Constantinopla, fue causa de ello; a que contribuy\u00f3 tambi\u00e9n por su parte el haber sido Roma desde el principio asiento de los Papas, muchos de ellos varones eminentes, el haber sido la naci\u00f3n teatro siempre de guerras fecundas, y sobre todo el haberse recogido all\u00ed las m\u00e1s grandes espigas de la cosecha hel\u00e9nica. Desde el siglo de Augusto ya dec\u00eda Horacio:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Graecia capta ferum victorem cepit, et artes<br>Intulit agresti Lati\u00f3.<\/em> Ep. ad Aug.<\/p>\n\n\n\n<p>Col\u00edgese de aqu\u00ed que el estado embrionario de la lengua italiana dur\u00f3 tal vez menos que el de la lengua espa\u00f1ola, que se desarroll\u00f3 entre varias y encontradas razas dominantes; bien que (para decir la verdad) el empe\u00f1o de los que cultivaron la \u00faltima en no contaminar su origen, ni admitir, hasta donde fuese posible, enlaces que pudiesen deslustrar el escudo de familia, contribuy\u00f3 grandemente a conservarle mucho de la nobleza del abolengo y aquella gravedad, sonoridad, entonaci\u00f3n y armon\u00eda que la hace tal vez hoy el idioma m\u00e1s bello de la Europa.<\/p>\n\n\n\n<p>Voy a emitir aqu\u00ed, aunque sea de paso, una opini\u00f3n que me es exclusiva, y en que creo no me enga\u00f1a la idea que me han dejado estudios de conciencia. El griego y el lat\u00edn son sin duda m\u00e1s perfectos que los idiomas vulgares, pero s\u00f3lo (si bien esto es mucho) por la concisi\u00f3n, la traba arm\u00f3nica y el acento sonoro: semejan juegos chinescos, en que las piezas ajustan todas, o sus propios edificios cl\u00e1sicos en que todas las partes son geom\u00e9tricas y art\u00edsticas. Se comprende: en el un pueblo el arte fue un culto, en el otro la elocuencia una ense\u00f1anza privilegiada de las razas patricias. Cicer\u00f3n nos pinta a los Gracos educados, <em>non tam in gremio, quam in sermone matris<\/em>; y Plinio el joven, con ser quien era, escrib\u00eda sus oraciones, y no halla c\u00f3mo ponderar su esmero en atildarlas: <em>Nullum emmendandi genus omitto, dice, ac primum quae scripsi mecum pertracto; deinde duobus aut tribus lego, mox aliis trado adnotando, notasque eorum cum uno rursus aut altero pensito<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>La Grecia, aunque varia en la forma pol\u00edtica de sus diferentes Estados, recib\u00eda de Atenas el tono en el buen gusto, y Roma: era ella sola, por su influencia, el mundo latino; viniendo a ser esta concentraci\u00f3n de vida o esta absorci\u00f3n de intereses, causa de que fuesen sus lenguas menos un instrumento de comunicaci\u00f3n para todos los casos, que una joya de gala para algunos, y una masa preparada s\u00f3lo para formas est\u00e9ticas. Tan cierto es esto, que tras la absorci\u00f3n maced\u00f3nica el griego dej\u00f3 de ser lo que era, y despu\u00e9s que los pueblos del Norte quebrantaron la unidad del Imperio y hubo que entrar en relaciones con otros pueblos, el idioma del Lacio empez\u00f3 a corromperse, hasta el punto de ser muy otro, mucho antes de que Justiniano sancionase sus c\u00f3digos, pues comenz\u00f3 a perder las desinencias, la voz pasiva y el hip\u00e9rbaton, trabas de oro, y a dar lugar a la formaci\u00f3n de las lenguas francas, que fueron a poco el habla com\u00fan del continente.<\/p>\n\n\n\n<p>Los idiomas, pues, son m\u00e1s o menos propios, seg\u00fan los objetos a que sirven; sin que los unos tengan sobre los otros, en raz\u00f3n de su organismo, mayores causas para dar mejores frutos de ingenio. El ingenio es obra s\u00f3lo del acaso o la fortuna, y en cualquier terreno nace y crece: S\u00f3focles es m\u00e1s sencillo en la expresi\u00f3n, pero Shakespeare es m\u00e1s esc\u00e9nico en sustancia. Tito Livio m\u00e1s pulido en la forma, pero Bossuet es m\u00e1s profundo en pensamiento. Todo esto es para concluir que si los idiomas de hip\u00e9rbaton son para las artes, los que carecen de \u00e9l son para las industrias, el trato social y el comercio; y que si el castellano conserva mucho de la estructura latina (lo que le da formas varias sin trabas duras) y ha tomado como dotes propias la flexibilidad y soltura que lo habilitan para ser int\u00e9rprete fiel del progreso, sus condiciones son las m\u00e1s ricas: y as\u00ed que los pa\u00edses donde se habla sean m\u00e1s florecientes que hoy, su m\u00e9rito, como \u00f3rgano de expresi\u00f3n, llegar\u00e1 a ser sin rival.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cecilio-acosta\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Las letras Las letras lo son todo. 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