{"id":10454,"date":"2023-12-29T21:39:53","date_gmt":"2023-12-29T21:39:53","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=10454"},"modified":"2023-12-29T21:39:53","modified_gmt":"2023-12-29T21:39:53","slug":"mitos-wayuu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/mitos-wayuu\/","title":{"rendered":"Mitos wayu\u00fa"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>LA HIJA DE MALEIWA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>All\u00e1 en la c\u00e1lida tierra de la Guajira viv\u00edan un hombre y su mujer, en un guanetu que el marido hab\u00eda levantado sobre recios horcones y techado despu\u00e9s con yotojoro o card\u00f3n aplastado. <\/p>\n\n\n\n<p>Los soles y las lunas pasaban sobre la pareja de Guajiros y ellos viv\u00edan felices, porque nada deseaban que no pudiesen obtener con su trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero, cierta vez, Yorj\u00e1, el esp\u00edritu de la enfermedad, atac\u00f3 a la mujer con tal fuerza que no pudieron salvarla los ensalmos de los piaches, y su sombra la abandon\u00f3, dej\u00e1ndola muerta.<\/p>\n\n\n\n<p>El marido, despu\u00e9s de colocar su cuerpo dentro de un tronco hueco, llorarla y enterrarla entre los muertos de su casta, se qued\u00f3 muy triste, y no hac\u00eda sino recordarla y afligirse mucho cada vez que pensaba en ella.<\/p>\n\n\n\n<p>Una noche, mientras estaba durmiendo, se me apareci\u00f3 Wunur\u00fa o esp\u00edritu de su mujer, que ven\u00eda montado en una yegua blanca y tra\u00eda una tinaja llena de chicha de aceituno silvestre, de la que hizo que el hombre tomase un poco.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s se qued\u00f3 a pasar con \u00e9l la noche, y antes del amanecer le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Vente conmigo, que quiero que visitemos a mi familia.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre sigui\u00f3 al esp\u00edritu de la muerta y anduvieron un rato caminando entre las sombras; pero cuando el sol comenz\u00f3 a alumbrar la tierra y las cosas se hicieron visibles, la mujer se convirti\u00f3 en la planta pichwell y la yegua se transform\u00f3 en una culebra blanca. Entonces, el guajiro se tumb\u00f3 en el suelo y se durmi\u00f3, esperando que anocheciera.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando brillaron las estrellas, la mujer volvi\u00f3 a tomar su forma humana, despert\u00f3 a su marido y los dos emprendieron de nuevo la marcha, hasta que al fin ella se detuvo y dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Esp\u00e9rame un momento, que voy a ver lo que hay por estos lugares.<\/p>\n\n\n\n<p>Obedeci\u00f3 el marido y se qued\u00f3 aguardando, pero la noche pasaba sin que ella volviese, y ya empezaba el hombre a impacientarse, cuando de pronto, por encima del silbido del viento y de los chillidos de los negros monos marionda, se oyeron m\u00fasica y rumor de voces, que sal\u00edan entre la oscuridad.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 ser\u00e1 lo que hay por aqu\u00ed?- pens\u00f3 entonces el guajiro. Voy a buscar el sitio donde bailan, pues quiz\u00e1s se encuentre en \u00e9l mi mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Avanz\u00f3 un poco, gui\u00e1ndose por el ruido, y cuando le parec\u00eda que estaba ya cerca la m\u00fasica son\u00f3 a sus espaldas. Retrocedi\u00f3 entonces y tampoco logr\u00f3 descubrir luces ni gente, y as\u00ed estuvo bastante tiempo, caminando con la angustia de no distinguir nada y escuchando el ruido de la fiesta, que parec\u00eda rodearlo por todas partes.<\/p>\n\n\n\n<p>Por fin amaneci\u00f3 y el hombre vio que se hallaba en un lugar extra\u00f1o, en nada semejante a los caminos conocidos. Crey\u00f3 que hab\u00eda desorientado durante la noche, y no sabiendo a d\u00f3nde dirigirse, se subi\u00f3 a un cerro cercano y all\u00ed se encontr\u00f3 con unos cazadores, que le preguntaron:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 haces y qu\u00e9 vienes buscando por aqu\u00ed?<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el guajiro les cont\u00f3 lo que le hab\u00eda sucedido, ellos le dijeron:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Puedes venirte con nosotros. Te daremos un arco y una flecha para cazar y te llevaremos ante Maleiwa, el abuelo.<\/p>\n\n\n\n<p>En seguida colocaron entre todos una trampa de venados. Luego dejaron al guajiro apostado en una loma y se marcharon.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el sol estaba a la mitad de su camino pasaron por all\u00ed un hombre y una mujer, y le preguntaron:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfPor qu\u00e9 est\u00e1s ah\u00ed tan quieto?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Estoy esperando que pase alg\u00fan venado para darle caza contest\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Bien est\u00e1-respondieron los otros, y continuaron tranquilamente su camino.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando pas\u00f3 alg\u00fan tiempo regresaron los compa\u00f1eros del guajiro y dijeron:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 hubo por aqu\u00ed? \u00bfA\u00fan no has cazado nada?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; No -les respondi\u00f3 \u00e9l-. No he visto animal ninguno. S\u00f3lo pasaron un hombre y una mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1Ah! &#8211; exclamaron los compa\u00f1eros-, esos eran los venados.<\/p>\n\n\n\n<p>Buscaron entonces otro lugar para que el hombre acechase de nuevo una presa, le advirtieron:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Cualquiera persona que veas venir fl\u00e9chala, porque es caza.<\/p>\n\n\n\n<p>El guajiro se sent\u00f3 sobre la tierra y mir\u00f3 hacia todas partes, sin descubrir entre las matas rastros de conejo ni de dantas. Toda la extensi\u00f3n que se alcanzaba a ver parec\u00eda pelada de animales.<\/p>\n\n\n\n<p>De pronto, detr\u00e1s de unas rocas, surgieron un hombre y una mujer caminando hacia donde estaba el cazador, el cual, al verlos, prepar\u00f3 su arco y lo flech\u00f3 como le hab\u00edan dicho.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en cuanto las flechas se clavaron en la carne de las gentes, ellos dieron un grito de dolor y cayeron al suelo, transform\u00e1ndose inmediatamente en venados.<\/p>\n\n\n\n<p>Al volver los compa\u00f1eros, el guajiro se los mostr\u00f3, diciendo:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Aqu\u00ed est\u00e1n los venados que he cazado.<\/p>\n\n\n\n<p>Ellos los desollaron y dijeron luego:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ahora vamos a ver al viejo Maleiwa y t\u00fa puedes ofrecerle uno de los venados.<\/p>\n\n\n\n<p>Colocaron luego la caza dentro de unos cestos, se la cargaron a la espalda y empezaron a caminar por entre unos matorrales, hasta que llegaron a un lugar en el que se levantaban varios guanetus, el m\u00e1s hermoso de los cuales estaba el abuelo de los guajiros el gran Maleiwa, fumando su tabaco.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Aqu\u00ed tienes a uno de tus nietos, a quien su mujer ha tra\u00eddo hasta estos lugares-dijeron los cazadores.<\/p>\n\n\n\n<p>Y se marcharon despu\u00e9s, dejando al guajiro solo con el abuelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Maleiwa le dio dos patillas para que se las comiese, y en cuanto el hombre las prob\u00f3, vomit\u00f3 la chicha de aceituno que le hab\u00eda dado su mujer, que no era chicha, sino carb\u00f3n molido y disuelto en agua.<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de aquello, el viejo lo mir\u00f3 con firmeza y le dijo solamente:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Puedes marcharte ahora con mi hija, pero en cuanto sea de d\u00eda ven a verme.<\/p>\n\n\n\n<p>El guajiro busc\u00f3 la casa de la hija de Maleiwa, que era un guanetu muy grande en el que hab\u00eda muchos chinchorros, en uno de los cuales se hallaba acostada una hermosa muchacha. El hombre, silenciosamente, se dirigi\u00f3 al que estaba m\u00e1s apartado y se acost\u00f3 tambi\u00e9n, pero al poco rato ella le dijo desde el suyo:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ven &#8211; y el hombre se levant\u00f3 prontamente de su chinchorro y se acerc\u00f3 al de la hija de Maleiwa, a la que cont\u00f3 lo que le hab\u00eda sucedido. Cuando acab\u00f3 de hacerlo, ella le pregunt\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 te ha ordenado mi padre?<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Me ha dicho que vuelva ma\u00f1ana temprano -contest\u00f3 \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Alguna cosa extra\u00f1a te pedir\u00e1 -dijo entonces la muchacha-, pero yo te explicar\u00e9 c\u00f3mo tienes que hacerla. A los hombres que han venido antes que t\u00fa no los he ayudado, porque tuvieron miedo cuando les ped\u00ed que se acercasen a m\u00ed. Contigo ser\u00e1 diferente.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que acab\u00f3 la noche, el guajiro se present\u00f3 ante Maleiwa y \u00e9ste le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Quiero que me traigas una culebra amarrada con una soga.<\/p>\n\n\n\n<p>Y le indic\u00f3 el sitio adonde ten\u00eda que ir a buscarla.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre, entonces, se fue a pedir ayuda a la hija de Maleiwa, la cual se hallaba sentada delante de su guanetu tejiendo un cesto. Con la luz del d\u00eda pudo ver mejor el guajiro la belleza de su rostro, que ella llevaba cubierto con pintura paipai para defenderse del sol, y el precioso collar de piedras ruma con el que se adornaba.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Tu padre me ordena que atrape una terrible macagua que hay detr\u00e1s de aquellas rocas. \u00bfC\u00f3mo lo har\u00e9? -le pregunt\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Y la muchacha le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Debes escarbar con un palo el hoyo donde habita la culebra, y cuando veas que se levanta para atacarte, saltas por encima de ella tres veces seguidas para cansarla. De este modo podr\u00e1s amarrarla y llev\u00e1rsela a mi padre.<\/p>\n\n\n\n<p>La guarida de la culebra era un profundo hueco, lleno de los cad\u00e1veres de todos los hombres que hab\u00edan intentado cazar al animal; pero el guajiro, siguiendo las advertencias de la hija de Maleiwa, pudo enlazar a la culebra y llev\u00e1rsela al viejo.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1Oh! -dijo este al verla -, t\u00fa s\u00ed sabes hacer bien las cosas. Ninguno de los que he mandado antes ha regresado nunca.<\/p>\n\n\n\n<p>Mir\u00f3 luego la culebra detenidamente, y a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Puedes irte con mi hija y volver otra vez ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>El guajiro cont\u00f3 a la muchacha lo que hab\u00eda hecho, y ella le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ma\u00f1ana te ordenar\u00e1 mi padre que traigas una mapanare mucho m\u00e1s brava, que vive en un peligroso lugar; pero si t\u00fa haces lo mismo que hoy, podr\u00e1s tambi\u00e9n atraparlas.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed sucedi\u00f3, en efecto, y el hombre sali\u00f3 triunfante aquella vez, lo mismo que la primera.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la noche le dijo la hija de Maleiwa:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ahora mi padre te mandar\u00e1 que tales un bosque entero, pero t\u00fa no tienes m\u00e1s que cortar dos \u00e1rboles y luego poner el hacha en medio.<\/p>\n\n\n\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, despu\u00e9s de recibir las \u00f3rdenes del viejo abuelo, el guajiro se dirigi\u00f3 al bosque cercano y cuando cort\u00f3 los dos primeros \u00e1rboles dejo el hacha en suelo y vio con admiraci\u00f3n c\u00f3mo ella sola iba derribando los recios troncos y tumb\u00e1ndolos de un solo tajo, por lo que al poco tiempo todo el trabajo estuvo acabado, y al anochecer, Maleiwa supo que hab\u00eda sido complacido.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Veo que eres un bravo trabajador, vuelve ma\u00f1ana al amanecer.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquella noche le advirti\u00f3 la muchacha:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Tu pr\u00f3ximo trabajo ser\u00e1 desbrozar el monte y hacer los huecos para siembra. No hagas m\u00e1s que dos agujeros y pon luego el palo de sembrar en medio.<\/p>\n\n\n\n<p>El guajiro se fue de nuevo al monte y le pareci\u00f3 a\u00fan m\u00e1s grande que cuando estaba poblado de \u00e1rboles, pero \u00e9l no tuvo m\u00e1s trabajo que abrir dos agujeros y dejar entre ellos el palo, el cual se puso a saltar y a cada salto hac\u00eda un hueco en la tierra, por lo cual en pocos instantes dej\u00f3 la roza lista para sembrar.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces se fue a decir a Maleiwa que hab\u00eda acabado su trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ven ma\u00f1ana temprano- le contest\u00f3 el abuelo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y durante la noche volvi\u00f3 a decirle la muchacha:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ma\u00f1ana, mi padre te ordenar\u00e1 que siembres la roza. T\u00fa debes sembrar \u00fanicamente una semilla de cada especie y luego dejar el palo junto al mont\u00f3n de las restantes.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed lo hizo el hombre, y el palo fue arrojando las semillas dentro de los huecos, hasta que las reparti\u00f3 totalmente por toda la roza.<\/p>\n\n\n\n<p>Por la noche, como todos los d\u00edas, fue a decirle al viejo que ten\u00eda hecha su tarea, y el, tambi\u00e9n como siempre, le contest\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Vuelve ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p>La muchacha le avis\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Mi padre querr\u00e1 que hagas un corral, pero no te preocupes por ello, pues con s\u00f3lo poner dos troncos juntos habr\u00e1s acabado tu trabajo.<\/p>\n\n\n\n<p>El Corral que quer\u00eda Maleiwa era muy grande y el guajiro se encontr\u00f3 preparada una cantidad de madera para hacerlo; pero, tal como le hab\u00eda dicho la muchacha, puso dos troncos juntos y los dem\u00e1s se unieron solos, acabando en poco tiempo de levantar la valla.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando aquella noche fue a decirle a Maleiwa que todo estaba hecho, \u00e9ste le contest\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ma\u00f1ana no vengas, porque va a llover.<\/p>\n\n\n\n<p>El hombre se march\u00f3 al guanetu de la hija de Maleiwa y le cont\u00f3 lo que el viejo hab\u00eda dicho. La muchacha le pidi\u00f3 aquella noche:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ven a dormir conmigo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y cuando estuvieron juntos a\u00f1adi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ma\u00f1ana mi padre montar\u00e1 en su caballo y visitar\u00e1 los lugares donde te ha mandado trabajar, para ver si has cumplido todas sus \u00f3rdenes.<\/p>\n\n\n\n<p>A la ma\u00f1ana siguiente, muy temprano, Maleiwa se prepar\u00f3, en su efecto, para comprobar si sus deseos hab\u00edan sido obedecidos; pero cuando iba a empezar su recorrido, se encontr\u00f3 con unos amigos y se detuvo a beber con ellos, por lo que se retras\u00f3 bastante, pues se pusieron a tirar al blanco para comprobar su punter\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Entre tanto, la muchacha y el guajiro estaban en el guanetu y oyeron los truenos de una tormenta lejana, que poco a poco se iba acercando.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando ya estaba pr\u00f3xima, la hija de Maleiwa dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Vamos pronto, porque ya mi padre viene hacia la casa.<\/p>\n\n\n\n<p>Enseguida la muchacha escupi\u00f3 dentro de un pocillo, que coloc\u00f3 luego debajo de su chinchorro, y despu\u00e9s fue a buscar su yegua, que era el viento, y mont\u00e1ndose los dos en ella salieron velozmente, sin que la cabalgadura levantase polvo ni su galope hiciese ruido contra la tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Al poco tiempo lleg\u00f3 Maleiwa, y como ven\u00eda cansado se tumb\u00f3 en un chinchorro que hab\u00eda colgado bajo una enramada delante del guanetu. Desde all\u00ed le grit\u00f3 a la muchacha:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfEst\u00e1s ah\u00ed, hija? Ven a recibirme.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ya voy, padre -le contest\u00f3 la saliva-. Espera un momento descansando, que en seguida salgo.<\/p>\n\n\n\n<p>Maleiwa se qued\u00f3 a dormir en aquel chinchorro, pero durante la noche llam\u00f3 varias veces a su hija, y la saliva le contestaba siempre:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Ya voy, padre; ya voy, padre.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta que, finalmente, cuando ya fue de d\u00eda, el viejo entr\u00f3 en la casa para ver lo que hac\u00eda la muchacha, y entonces se encontr\u00f3 con guanetu vacio y con el plato de saliva debajo del chinchorro.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1Ah! -pens\u00f3 enfurecido-, ahora comprendo que he sido enga\u00f1ado por mi propia hija. Ella es quien le ha dicho al hombre c\u00f3mo ten\u00eda que hacer sus trabajos.<\/p>\n\n\n\n<p>Inmediatamente se puso a buscar el rastro de los fugitivos y, en cuanto lo hall\u00f3, sali\u00f3 en su persecuci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya llevaba adelantado bastante camino la muchacha y el guajiro, cuando ella divis\u00f3 una gran nube que se les acercaba, y dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; All\u00ed viene mi padre sigui\u00e9ndonos. Vamos m\u00e1s de prisa. Y espole\u00f3 a la yegua-viento para que corriese m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p>Los rayos y los truenos preced\u00edan a Maleiwa y los perseguidos los sent\u00edan cada vez m\u00e1s cerca; pero el viento los llevaba tan r\u00e1pidamente, que pudieron llegar al mar antes de que el viejo les diese alcance.<\/p>\n\n\n\n<p>En el borde del agua, la muchacha se convirti\u00f3 en el \u00e1rbol trupillo y as\u00ed se qued\u00f3 desafiando la tormenta. Maleiwa pas\u00f3 como un hurac\u00e1n delante del \u00e1rbol y no se fij\u00f3 en \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego mir\u00f3 hacia todas partes y s\u00f3lo distingui\u00f3 las ondas del lago, extendidas silenciosamente ante su mirada, sin que sobre ellas ni si sobre el viento apareciese gente alguna.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, viendo que hab\u00eda perdido el rastro, el viejo retrocedi\u00f3 un poco y en la orilla del agua descarg\u00f3 muchos rayos, pero ninguno toc\u00f3 al trupillo.<\/p>\n\n\n\n<p>Y Maleiwa tuvo que regresar a su casa triste y malhumorado, porque hab\u00eda perdido para siempre a su hija.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces, en la Guajira las gentes saben que cuando truena por Oriente es Maleiwa que viene enfurecido persiguiendo a su hija, y cuando la tormenta se oye por las playas de Occidente es el karrao o marido de la hija, que viene a visitarla galopando en su caballo de viento.<\/p>\n\n\n\n<p>EL ORIGEN DEL FUEGO<\/p>\n\n\n\n<p>En un principio los hombres no conoc\u00edan el Fuego. Eran seres imperfectos que com\u00edan cosas crudas, como carne, tub\u00e9rculos, ra\u00edces y frutos silvestres. Ning\u00fan alimento vegetal era pasado por el fuego, ni calentado, ni cocido. Nada preparado se com\u00eda. La carne no la ahumaban, no la asaban; sino que hac\u00edan cecina, la tend\u00edan al sol y la consum\u00edan seca.<\/p>\n\n\n\n<p>La triste suerte de los primeros hombres a causa de su imperfecci\u00f3n era igual a la de los animales. Unos viv\u00edan metidos en los troncos, en los huecos, en las cuevas; otros ten\u00edan ranchos para abrigarse, pero sin fuego para calentarse, ni lumbre para ahuyentar el miedo que emerg\u00eda del fondo de las noches. S\u00f3lo Maleiwa pose\u00eda el fuego en forma de piedras encendidas que celosamente guardaba en una gruta fuerte lejos del alcance de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Maleiwa no quer\u00eda entregar el fuego a los hombres porque \u00e9stos eran faltos de juicio, y en vez de hacer buen uso de \u00e9l pod\u00edan emplearlo para sus maldades. Por eso los preserv\u00f3 de su uso.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero sucedi\u00f3 una vez, que estando Maleiwa sentado junto al fuego, calentando su cuerpo al calor de la fogata, vio venir hacia \u00e9l un joven aterido de fr\u00edo, llamado Junuunay.<\/p>\n\n\n\n<p>Maleiwa, al verlo, se indign\u00f3 grandemente.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfQu\u00e9 ven\u00eds a hacer, intruso? \u00bfNo sab\u00e9is que este sitio est\u00e1 vedado a todo acceso? \u00bfAcaso ven\u00eds a perturbar mi tranquilidad y a colmar mi paciencia?<\/p>\n\n\n\n<p>Y Junuunay respondi\u00f3 con actitud suplicante:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; No, venerable abuelo. S\u00f3lo vengo a calentar mi cuerpo junto a vos. Tened clemencia para m\u00ed, que no he querido ofenderos. Amp\u00e1rame de este fr\u00edo que me hiela, que me puya la carne y me llega hasta los huesos. Tan pronto entre en calor me marchar\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed dec\u00eda Junuunay escondiendo su intenci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel joven audaz, para convencer a Maleiwa se vali\u00f3 de mil artima\u00f1as. Hizo crujir sus dientes. Eriz\u00f3 los poros de su cuerpo como carne de gallina muerta, tembl\u00f3 como machorro, frot\u00f3 sus manos.<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta que por fin, Maleiwa, complacido, lo acept\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero el gran Padre no le quitaba la vista de encima, porque ten\u00eda sus reservas respecto a la habilidad de aquel extra\u00f1o personaje, que m\u00e1s inspiraba admiraci\u00f3n que desd\u00e9n.<\/p>\n\n\n\n<p>&#8230;Y ambos comenzaron a frotarse las manos y a darse calor en todo el cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las llamas de aquel fuego eran intensamente bellas, resplandec\u00edan a lo lejos como los fulgores a\u00e9reos de las estrellas, como las brasas del cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>Junuunay se llen\u00f3 de coraje y quiso conversar con Maleiwa para distraerlo, pero \u00e9ste permanec\u00eda callado sin hacer caso a las palabras del intruso. Pero, un rumor de viento hizo que Maleiwa voltease la cara hacia atr\u00e1s para mirar y cerciorarse bien del peque\u00f1o ruido que se avecinaba. Era as\u00ed como si fuesen pasos cautelosos que estrujaran la hojarasca del paraje.<\/p>\n\n\n\n<p>Aquel instant\u00e1neo descuido lo aprovech\u00f3 Junuunay. Cogi\u00f3 de la fogata dos brasas encendidas y r\u00e1pidamente las meti\u00f3 en un morralito que llevaba oculto bajo el brazo. Con las mismas se dio a la fuga, y se ocult\u00f3 bajo el brazo. Con las mismas se dio a la fuga, y se escurri\u00f3 por las malezas que rodeaban la gruta.<\/p>\n\n\n\n<p>Consumado el robo, y burlado as\u00ed el Gran Maleiwa, \u00e9ste se dio a perseguirlo para castigarlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Maleiwa dec\u00eda: -!Lo castigar\u00e9 d\u00e1ndole el suplicio de una vida inmunda. Lo har\u00e9 vivir en los estercoleros rodando bolas de excrementos. Y diciendo esto, corri\u00f3 tras el ladr\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Jnuunay hu\u00eda desesperado, pero sus pasos eran tan lentos y cortos que casi no avanzaba al menor trecho. Y en ese trance dif\u00edcil, quiso emplear de nuevo su escurridiza habilidad para salvarse.<\/p>\n\n\n\n<p>Llam\u00f3 en su auxilio a un joven cazador llamado Kenaa a quien r\u00e1pidamente le entreg\u00f3 una brasa para que la escondiera.<\/p>\n\n\n\n<p>Kenaa tom\u00f3 la preciosa joya incandescente y se alej\u00f3 con ella sin ser visto. El sol le ocult\u00f3 de la vista de Maleiwa pero siempre fue descubierto cuando lleg\u00f3 la noche y trataba de esconderse entre las matas.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces Maleiwa, para castigarlo lo convirti\u00f3 en cocuyo nocturnal, que en las noches oscuras de invierno emite su luz intermitente cuando vuela.<\/p>\n\n\n\n<p>Junuunay, en su desesperaci\u00f3n encontr\u00f3 a su paso a Jimut al Cigarr\u00f3n, y le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Amigo m\u00edo, Maleiwa me persigue porque le he robado el fuego para d\u00e1rselo a los hombres. Tomad esta brasa que me quema, huid con ella y esc\u00f3ndela en un sitio bien seguro. Quien posea esta joya ser\u00e1 el m\u00e1s afortunado de los hombres: sabio y grandioso.<\/p>\n\n\n\n<p>Dicho esto Jimut tom\u00f3 la brasa y r\u00e1pidamente la meti\u00f3 dentro de un palo de caujaro. Luego la pas\u00f3 a un olivo, despu\u00e9s a otro palo, y as\u00ed se extendi\u00f3 y multiplic\u00f3 por todas partes, hasta que los hombres la encontraron una vez por medio de un ni\u00f1o llamado Serumaa. Este ni\u00f1o, mientras se divert\u00eda en jugar y saltar por entre los montes, iba se\u00f1alando a los hombres los palos en donde JIMUT hab\u00eda depositado el fuego. Aquel ni\u00f1o no sab\u00eda hablar s\u00f3lo sab\u00eda decir: !skii!&#8230;. \u00fcskii\u00fc fuego\u00fc&#8230;fuego\u00fc&#8230;.\u00fcfuego!!&#8230;.<\/p>\n\n\n\n<p>Los hombres entonces se apresuraron a buscar el fuego, pero ellos no pod\u00edas encontrarlo ni tampoco lo sab\u00edan obtener. Y as\u00ed registraron todos los palos, los troncos y nada pudieron conseguir. Practicaron mil maneras y \u00a1nada!. Taladraron y frotaron con sus manos dos varitas de caujaro, y al punto surgi\u00f3 el fuego que ilumin\u00f3 el coraz\u00f3n de los montes y encendi\u00f3 de alegr\u00eda el esp\u00edritu de los hombres.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde entonces el fuego lo destinaron a sus servicios.<\/p>\n\n\n\n<p>Ya los hombres no sintieron m\u00e1s temor, ni volvieron a sufrir los rigores de las noches fr\u00edas.<\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto al ni\u00f1o Serumaa, lo convirti\u00f3 Maleiwa en pajarillo que salta de rama en rama diciendo: \u00a1skiii&#8230;! \u00a1skii&#8230;.! \u00a1skii&#8230;\u00fc su voz natural.<\/p>\n\n\n\n<p>Esto aconteci\u00f3 despu\u00e9s que Maleiwa convirti\u00f3 a Junuunay en escarabajo, y lo conden\u00f3 a vivir en las inmundicias por haber robado el fuego. Desde entonces, el escarabajo vive y se alimenta de excrementos.<\/p>\n\n\n\n<p>Y en castigo de su atrevimiento, qued\u00f3 a vivir en las inmundicias por haber robado el fuego. Y en castigo de su atrevimiento, qued\u00f3 impreso en su cuerpo la mancha de su robo, o sea, las manchas brillantes que llevan en sus patas los escarabajos.<\/p>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Tomados del libro: LOS MITOS EN LA REGI\u00d3N ANDINA: VENEZUELA. Elizabeth Sosa e Hilda Inojosa. IADAP, 1996. Foto: https:\/\/www.organizmo.org.<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA HIJA DE MALEIWA All\u00e1 en la c\u00e1lida tierra de la Guajira viv\u00edan un hombre y su mujer, en un guanetu que el marido hab\u00eda levantado sobre recios horcones y techado despu\u00e9s con yotojoro o card\u00f3n aplastado. 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