{"id":10381,"date":"2023-12-25T17:01:08","date_gmt":"2023-12-25T17:01:08","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=10381"},"modified":"2023-12-26T21:37:23","modified_gmt":"2023-12-26T21:37:23","slug":"bruja-raskolnikoff","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/bruja-raskolnikoff\/","title":{"rendered":"La bruja y Raskolnikoff"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Jes\u00fas Puerta <\/h4>\n\n\n\n<p><strong>Cap\u00edtulo I <\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Al atravesar las rejas, los alambres cargados con electricidad, un gran port\u00f3n de madera a la entrada del asilo, le sorprendi\u00f3 el pasillo amplio y luminoso que ofrec\u00eda al fondo la vista de un jard\u00edn florido y lleno de los colores de las flores. Tanto m\u00e1s le impresion\u00f3 por el contraste con las pestilencias, las quebradas de aguas negras y la calle destrozada que rodeaban al edificio, que se ve\u00eda m\u00e1s peque\u00f1o desde afuera. Hab\u00eda sentido temor mientras aguardaba que le abrieran la puerta, despu\u00e9s de tocar un timbre con un ojo electr\u00f3nico, la calle estaba vac\u00eda. Hab\u00eda montoncitos de gente unas cuadras abajo, pero llevaba en la mano el estuche de una laptop, demasiado atrayente para cualquiera. Eso pod\u00eda llamar la atenci\u00f3n a cualquier ratero. El veh\u00edculo lo hab\u00eda estacionado en una especie de garaje al lado del asilo, donde un hombre gordo y moreno, de sucia franela rosada, le hab\u00eda recibido con una tranquilizante sonrisa y una inquietante AK. <\/p>\n\n\n\n<p>Por dentro, el silencio se impon\u00eda en una edificaci\u00f3n de dos pisos, con un gran jard\u00edn central, llena de puertas y ventanas, pulcros y de suaves colores. En el patio interior, destacaban, ub\u00e9rrimos, un mango y un par de chaguaramos. Le hab\u00eda abierto el port\u00f3n una monja de expresi\u00f3n ce\u00f1uda, labios delgados y ment\u00f3n peque\u00f1o que hac\u00eda que se notara una creciente papada, en un cuerpo m\u00e1s bien ligero. <\/p>\n\n\n\n<p>Al avanzar por el pasillo que enmarcaba el gran jard\u00edn central, se encontr\u00f3 con peque\u00f1os grupos de ancianos sentados que charlaban animadamente, aunque quedaban en silencio al apenas ella acercarse. La miraron en una actitud que ella no supo si atribuir a la extra\u00f1eza, la alarma, o incluso, al rechazo. Aquellos ojos, id\u00e9nticos a peque\u00f1os botones torpemente fijados en el medio de dos nidos de arrugas, parec\u00edan estarle escrutando y hasta juzgando. La monja que la guiaba, por otra parte, ten\u00eda una actitud de suma gravedad que impon\u00eda un f\u00e9rreo control sobre cualquier entusiasmo. No era la primera vez que ven\u00eda. Antes hab\u00eda acudido a buscar, a toda carrera, la caja donde hab\u00edan metido el cuerpo de Pap\u00e1, a pocas horas de haber conseguido su cuerpo inerte y haber revisado, la polic\u00eda, el cuarto y el ba\u00f1o donde lo hallaron tirado. Los hombres que hab\u00eda contratado llevaron aquella carga al cami\u00f3n que luego se desplaz\u00f3 raudo hacia el cementerio en las afueras de la ciudad. El certificado de la muerte se lo hab\u00eda facilitado, por cortes\u00eda, un m\u00e9dico amigo de sus primas. Con el documento, Leima logr\u00f3 obtener el acta de defunci\u00f3n en el registro para poder gestionar el desplazamiento del cad\u00e1ver, no sin antes tener que pagar sendas sumas a los funcionarios. Hubo un breve velatorio en la misma peque\u00f1a capilla del camposanto. Estuvieron sus primas, ella, su ni\u00f1a y los enterradores, a quienes tambi\u00e9n hubo que pagar. Pap\u00e1 tal vez no habr\u00eda aprobado esos rezos en los que sus primas se empe\u00f1aron y en el que tambi\u00e9n hubo que poner una suma en las manos de un cura viejo y muy delgado. <\/p>\n\n\n\n<p>Ahora volv\u00eda al asilo para examinar las pertenencias de Pap\u00e1. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Pase. La Directora la est\u00e1 esperando-, dijo la adusta monja. Leima obedeci\u00f3 como si fuera lo m\u00e1s natural del mundo. Sigui\u00f3 a la religiosa hasta la oficina que quedaba subiendo unas escaleras de ladrillos rojos. All\u00ed fue recibida con callado respeto por una mujer alta, de ojos claros de metal. Luego de unos breves saludos y las condolencias debidas, la directora le indic\u00f3 que siguiera a otra monja <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Le llevar\u00e1 hasta donde fue la habitaci\u00f3n de su padre\u2026 La esperar\u00e9 el tiempo que requiera\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>La monja que la gui\u00f3 le dijo que la polic\u00eda reci\u00e9n hab\u00eda retirado la cinta de pl\u00e1stico amarillo. Los ancianos se hab\u00edan reunido en una esquina del jard\u00edn para observarla con una decantada curiosidad. En breve, abri\u00f3 una puerta y la claridad del patio entr\u00f3 regocijando aquel cuarto estrecho. Leima ech\u00f3 un primer vistazo: \u201cAqu\u00ed est\u00e1, en cinco cajas de cart\u00f3n, todo lo que nos leg\u00f3 Pap\u00e1\u201d, pens\u00f3 Leima. <\/p>\n\n\n\n<p>All\u00ed estaba el legado: veinte libros de su breve biblioteca. Lo que qued\u00f3 de aquella inmensa, infinita biblioteca, que abrumaba las paredes hasta el techo de dos cuartos completos de la casa, y que a ella se le ven\u00eda encima desde la infancia. Estaban tambi\u00e9n los cuadernos de su \u00faltima hora, sus carpetas con hojas sueltas y hasta un pendrive rojo con el logo de la Universidad donde \u00e9l hab\u00eda trabajado durante casi toda su vida. <\/p>\n\n\n\n<p>El legado era una acumulaci\u00f3n obsesiva, un mont\u00f3n de cosas muy suyas en cinco cajas de cart\u00f3n, una sobre el peque\u00f1o escritorio del cuarto que le hab\u00eda sido destinado en el asilo, otras dos colocadas junto a la estrecha cama. El resto en el suelo, colocadas de cualquier manera. Tal vez \u00e9l mismo fue juntando todos aquellos papeles, lenta y met\u00f3dicamente, como una rutina reconfortante, o quiz\u00e1s fue una enfermera llena de caridad la responsable de arrumarlo todo. Leima se inclin\u00f3 por la primera posibilidad: hab\u00eda sido su propio padre quien, con toda la premeditaci\u00f3n de una obsesi\u00f3n, hab\u00eda realizado aquella tarea con una fr\u00eda paciencia, para que, una vez consumado el suicidio, cualquiera pudiera recogerlo sin problemas. As\u00ed era su Pap\u00e1. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfLa polic\u00eda hab\u00eda revisado ese material? No, no lo sab\u00eda. En realidad, aquel mont\u00f3n de basura de papel era irrelevante para cualquier investigaci\u00f3n policial. Enseguida cay\u00f3 en cuenta de que hablar de actividad de investigaci\u00f3n policial en este pa\u00eds, no ten\u00eda sentido. No s\u00f3lo por la situaci\u00f3n precaria de cualquier cuerpo de seguridad del Estado en este pa\u00eds, entre los cuales, los \u00fanicos que se hab\u00edan actualizado con tecnolog\u00eda y procedimientos, hab\u00edan sido los que ten\u00edan fines espec\u00edficamente pol\u00edticos. No era precisamente para combatir el hampa que funcionaban esas c\u00e1maras y esos drones facilitados por los chinos. Todos los cuerpos policiales se somet\u00edan a la fragmentaci\u00f3n de hecho de todo el territorio nacional, entre las \u00e1reas dominadas por las bandas criminales o por las facciones pol\u00edticas, apoyadas por una u otra potencia extranjera o corporaci\u00f3n minera. El s\u00f3lo hecho de llegar al asilo, desde la casa de las primas, hab\u00eda sido una larga y aterradora sucesi\u00f3n de alcabalas, puestos de vigilancia, revisiones, exhibici\u00f3n de rid\u00edculos salvoconductos, pagados por divisas contantes y sonantes, tra\u00eddas desde fuera, y revisados por muchachos armados hasta los dientes con fusiles que casi les superaban en estatura. <\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda sido evidente que el anciano, o hab\u00eda muerto a causa de un accidente (simplemente, lo obvio: un viejo, todav\u00eda fuerte, resbala en el suelo h\u00famedo del ba\u00f1o, cae aparatosamente y se da en la cabeza contra el quicio de la ducha; nada excepcional ni raro; aunque, ante esta hip\u00f3tesis, habr\u00eda que preguntarse \u00bfd\u00f3nde estaba la enfermera o la monja que cuidaba al viejo?\u00bfSiempre lo dejaban solo cuando hac\u00eda todas esas delicadas maniobras y pasos danc\u00edsticos con su aparatosa andadera, para entrar a la ducha o salir de ella?) <\/p>\n\n\n\n<p>O hab\u00eda sido algo adrede, un suicidio, como lo suger\u00eda la nota de la que le hablaron cuando le informaron del suceso, la cual hab\u00eda dejado el septuagenario cuidadosamente extendida sobre la cama de su habitaci\u00f3n. Si este \u00faltimo era el caso, lo embarazoso resultar\u00eda ser explicar la decisi\u00f3n fatal. Ya ser\u00eda un poco m\u00e1s complicado. Labor del psic\u00f3logo o psiquiatra que atend\u00eda a los vejetes, quiz\u00e1s. <\/p>\n\n\n\n<p>La depresi\u00f3n no es rara en este mont\u00f3n de pasado humano. Pap\u00e1 ten\u00eda sus cosas. Pero entonces \u00bfc\u00f3mo quedaba la competencia de ese psic\u00f3logo o psiquiatra que no pudo detener esa decisi\u00f3n? Ya lo ver\u00eda Leima y le reclamar\u00eda airada. Sab\u00eda de antemano que ser\u00eda in\u00fatil, pero lo har\u00eda de todos modos. Tal vez la nota de Pap\u00e1 estaba dirigida a un fil\u00f3sofo o a alguien muy lejano de este mundo vulgar de monjas, ancianos quejosos, enfermeras, psic\u00f3logos, criminales en las calles e, incluso, polic\u00edas esperando y exigiendo sobornos. <\/p>\n\n\n\n<p>Leima sacudi\u00f3 la cabeza espantando esos sentimientos que como moscas feroces amenazaban con hacerle perder el control, la incitaban a disgustarse con su padre muerto, formarle un l\u00edo, reclamarle furiosa, airada, irrespetuosamente, insultarlo, sacudirlo, querer golpearlo con una pizca de odio, por atreverse a reventar su conquistada serenidad y comodidad, lejos de casa, lejos de su pa\u00eds, su lengua, sus amigos de la adolescencia, equilibrio que siempre supo extremadamente fr\u00e1gil como para soportar las implicaciones de esa muerte metida ah\u00ed, a la fuerza, en su vida, por capricho de su padre. Pero hubo un giro. \u201cAs\u00ed se sentir\u00eda\u201d, barrunt\u00f3 con una repentina compasi\u00f3n, en un violento cambio de direcci\u00f3n de sus emociones, que le ocasion\u00f3 el mareo insoportable, propio de las violentas corrientes de una difusa y revuelta culpabilidad. <\/p>\n\n\n\n<p>Le sorprendi\u00f3 de pronto el dolor hincado en su pecho por esta su ausencia, parada all\u00ed a su lado, mirando lo que qued\u00f3, el resto insignificante de su inquietud amada. Repentinamente hab\u00eda estallado en su desnuda supervivencia una ola cruel y gigantesca. La certeza de la muerte de su padre hizo a\u00f1icos la fr\u00e1gil y falsa serenidad con la que contemplaba sus cosas m\u00e1s propias. <\/p>\n\n\n\n<p>Rompi\u00f3 a llorar. Se sienta en la cama que fue el lecho de su padre. La sacuden los bruscos latigazos con los que despiadadamente la castiga la tristeza. Los gemidos brotan en violentos partos de rabia y dolor. La reducen a una criatura reciente y senil a la vez, clamando por el tiempo, por su partida, sin consuelo. El duelo es un tormento del \u00faltimo de los infiernos del amor. <\/p>\n\n\n\n<p>No entiende la turbulencia de emociones que destroza cruelmente lo que queda de sus razonamientos, como una diminuta barca a merced de las inmensas agitaciones de un mar violento. Se yuxtaponen preguntas hirientes e impertinentes. Ya basta. C\u00f3mo va a saber los porqu\u00e9s. Los sentidos de los silencios acumulados durante a\u00f1os que, de golpe, se hicieron d\u00e9cadas, senilidad y ahora muerte. Se descubre a s\u00ed misma acus\u00e1ndolo de crueldad, de abandono, de indiferencia, de lo contrario tanto al odio como al amor. Lo sindica de haberla herido, agredido, golpeado, si no con las manos, s\u00ed con su ausencia injustificada. Lo se\u00f1ala, le acusa de desconsiderado, con ella y con su madre. Las abandon\u00f3 a las dos. Las maltrat\u00f3. No las golpe\u00f3 ni empuj\u00f3, pero \u00bfno fue maltrato esa desaparici\u00f3n? El fue desconsiderado con ella en particular, ella que viv\u00eda tan tranquila, tan c\u00f3moda, tan con su bella hija y su solvente marido, en un pa\u00eds no tan lejano, pero s\u00ed, definitivamente sana y salva de los desastres de esta naci\u00f3n que termin\u00f3 por negarse a comprender. Era lo mejor que pod\u00eda hacer, lo m\u00e1s racional, repet\u00eda una cantinela que intentaba convencerla sin mucho \u00e9xito. <\/p>\n\n\n\n<p>Y empieza a sentir que el instrumento de tortura ahora se dirige hacia ella misma. Se aplica dolorosamente, como un instrumento de dolor, la idea de que fue ella la que lo abandon\u00f3. A \u00e9l y a todos. Dej\u00f3 su tierra y a su padre. Se fue impulsada por un inconcebible ego\u00edsmo. Se hizo objeto del desprecio imaginario de su padre, aunque \u00e9l nunca dijo nada, ni siquiera con esos ojos que siempre am\u00f3 tanto. C\u00f3mo rogaba conseguirlo, no m\u00e1s que para decirle cuatro cosas, gritarle, llorar para terminar hipeando en sus brazos, como la ni\u00f1ita que se ha ca\u00eddo y se cobija en \u00e9l. Una excusa pudo haber sido aquel regalo insidioso: una aplicaci\u00f3n de Internet en su celular, que le permitir\u00eda conocer y controlar, no s\u00f3lo la localizaci\u00f3n de su marido, sino todas sus llamadas, n\u00fameros y duraci\u00f3n, extrayendo de los datos de las personas con quienes tuviera contacto, las constantes de esos encuentros y hasta gr\u00e1ficos para comparar los factores en juego \u00bfC\u00f3mo fue que le consigui\u00f3 Pap\u00e1 ese instrumento de acoso? \u00bfPara qu\u00e9 incentivar los celos hacia el nuevo yerno? \u00bfPor qu\u00e9 no regalarle otra cosa, m\u00e1s \u00fatil, m\u00e1s cari\u00f1osa, m\u00e1s edificante? <\/p>\n\n\n\n<p>Un nuevo latigazo le arranc\u00f3 otro gemido. Ahora se descubr\u00eda el demonio de la culpa. Le abri\u00f3 un fresco surco de dolor en la piel de su alma. Ella lo hab\u00eda encerrado all\u00ed. Lo hab\u00eda dejado solo. Y hasta hab\u00eda pagado por ello, no sin refunfu\u00f1ar contra su hermano, que no aport\u00f3 nada. Ella fue la culpable de su soledad y quiz\u00e1s hasta de su locura senil. Ella, o m\u00e1s bien su abandono, fue la causa de la decisi\u00f3n del amado anciano, de su depresi\u00f3n profunda. En vano recuerda que lo acordaron, primero ella y su marido, luego saber los porqu\u00e9s. Los sentidos de los silencios acumulados durante a\u00f1os que, de golpe, se hicieron d\u00e9cadas, senilidad y ahora muerte. Se descubre a s\u00ed misma acus\u00e1ndolo de crueldad, de abandono, de indiferencia, de lo contrario tanto al odio como al amor. Lo sindica de haberla herido, agredido, golpeado, si no con las manos, s\u00ed con su ausencia injustificada. Lo se\u00f1ala, le acusa de desconsiderado, con ella y con su madre. Las abandon\u00f3 a las dos. Las maltrat\u00f3. No las golpe\u00f3 ni empuj\u00f3, pero \u00bfno fue maltrato esa desaparici\u00f3n? El fue desconsiderado con ella en particular, ella que viv\u00eda tan tranquila, tan c\u00f3moda, tan con su bella hija y su solvente marido, en un pa\u00eds no tan lejano, pero s\u00ed, definitivamente sana y salva de los desastres de esta naci\u00f3n que termin\u00f3 por negarse a comprender. Era lo mejor que pod\u00eda hacer, lo m\u00e1s racional, repet\u00eda una cantinela que intentaba convencerla sin mucho \u00e9xito. Y empieza a sentir que el instrumento de tortura ahora se dirige hacia ella misma. Se aplica dolorosamente, como un instrumento de dolor, la idea de que fue ella la que lo abandon\u00f3. A \u00e9l y a todos. Dej\u00f3 su tierra y a su padre. Se fue impulsada por un inconcebible ego\u00edsmo. Se hizo objeto del desprecio imaginario de su padre, aunque \u00e9l nunca dijo nada, ni siquiera con esos ojos que siempre am\u00f3 tanto. C\u00f3mo rogaba conseguirlo, no m\u00e1s que para decirle cuatro cosas, gritarle, llorar para terminar hipeando en sus brazos, como la ni\u00f1ita que se ha ca\u00eddo y se cobija en \u00e9l. Una excusa pudo haber sido aquel regalo insidioso: una aplicaci\u00f3n de Internet en su celular, que le permitir\u00eda conocer y controlar, no s\u00f3lo la localizaci\u00f3n de su marido, sino todas sus llamadas, n\u00fameros y duraci\u00f3n, extrayendo de los datos de las personas con quienes tuviera contacto, las constantes de esos encuentros y hasta gr\u00e1ficos para comparar los factores en juego \u00bfC\u00f3mo fue que le consigui\u00f3 Pap\u00e1 ese instrumento de acoso? \u00bfPara qu\u00e9 incentivar los celos hacia el nuevo yerno? \u00bfPor qu\u00e9 no regalarle otra cosa, m\u00e1s \u00fatil, m\u00e1s cari\u00f1osa, m\u00e1s edificante? <\/p>\n\n\n\n<p>Un nuevo latigazo le arranc\u00f3 otro gemido. Ahora se descubr\u00eda el demonio de la culpa. Le abri\u00f3 un fresco surco de dolor en la piel de su alma. Ella lo hab\u00eda encerrado all\u00ed. Lo hab\u00eda dejado solo. Y hasta hab\u00eda pagado por ello, no sin refunfu\u00f1ar contra su hermano, que no aport\u00f3 nada. Ella fue la culpable de su soledad y quiz\u00e1s hasta de su locura senil. Ella, o m\u00e1s bien su abandono, fue la causa de la decisi\u00f3n del amado anciano, de su depresi\u00f3n profunda. En vano recuerda que lo acordaron, primero ella y su marido, luego entre los dos hermanos. Se limitaron a informarles a unos primos lejanos, que hac\u00eda mucho tiempo que no quer\u00edan saber de ese pa\u00eds suyo. <\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 conciencia pod\u00eda tener Andr\u00e9s? \u00c9l, con su vida, alejado, tan remoto, en el otro lado del mundo, en China, nada menos, haciendo su vida desde hac\u00eda tiempo. No: hab\u00eda sido ella, ella sola, la que estaba m\u00e1s en contacto; la que, tal vez, se fastidi\u00f3 simplemente del viejo y sus achaques, sus locuras y sus necedades. La que no lo entendi\u00f3. La que no lo am\u00f3. \u00bfC\u00f3mo pudo pensar siquiera en dejarlo solo, encerrado en esta pocilga, en esta c\u00e1rcel perfumada, rodeado de estas monjas con aspecto de verdugos? Ella era la \u00fanica asesina de su propio padre. <\/p>\n\n\n\n<p>Con el desespero del ahogado, al fin emergi\u00f3 de las espesas aguas de la tristeza, de los crueles remoLios de la culpa, adolorida de la tortura que se hab\u00eda infligido ella misma, retom\u00f3 las fuerzas de una fuente misteriosa y comenz\u00f3 a mover sus cosas, a hurgar, a levantar el polvo que le produce escozor en la nariz; procede a abrir una caja, la del escritorio, abrir los legajos y cuadernos, como si buscara un improbable mensaje entre aquellos viejos y sucios papeles. Sin ninguna otra raz\u00f3n que la curiosidad, se detuvo en las cuartillas guardadas en una carpeta marr\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p><em>Aqu\u00ed todas son brujas. Comenzando por la tal Tita esa. Es perversa. La pura maldad. Pero las dem\u00e1s no se quedan atr\u00e1s; le siguen de cerca en crueldad y mala intenci\u00f3n. Viejas brujas. Brujas viejas.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>Nosotros, en cambio, preferimos estar alejados. O quedarnos en la habitaci\u00f3n, sobre todo cuando ellas compiten en maldad. Se da\u00f1an entre ellas pero prefieren y disfrutan hacernos cosas terribles a nosotros, los hombres. Los viejos. Nos llaman los ancianos. O peor: los viejitos. Como si ellas fueran unas carajitas\u2026 Esa Tita. Una vez se lanz\u00f3 a prop\u00f3sito por las escaleras, con el riesgo de matarse de verdad. La osteoporosis no perdona. Pod\u00eda salir de ah\u00ed, m\u00ednimo, con la cadera fracturada. Pero era para satisfacer sus ganas de hacer da\u00f1o, de intrigar contra la Hermana Superior que nos cuida tan bien. Lo hizo porque era d\u00eda de visita y su hija ir\u00eda al asilo con el marido. Cuando \u00e9sta se alarm\u00f3 al ver sus moretones, dijo: \u201cFueron las monjas. Ellas nos torturan, especialmente la hermana Carmen\u201d y clamando con una voz apenas sibilante, una voz sin voz, como<\/em> <em>sacada de la ultratumba de sus pulmones desfallecientes, antiguos, como una culebra inmensa, de esas que descansan enrolladas en las ramas de los manglares, silb\u00f3:\u201cTienes que sacarme de aqu\u00ed. Es una co\u00f1oemadre\u201d. A la hija le dio un soponcio de la angustia y ella ah\u00ed, contemplando su obra, su gracia, brill\u00e1ndole los ojos de bruja, con ese teatro. El yerno no comi\u00f3 cuentos, agarr\u00f3 por el brazo a su mujer y le habl\u00f3 aparte. Luego, los dos fueron donde la Hermana Superiora. Sali\u00f3 como plancha e chino. Todos sab\u00edan que era un invento. La llamaron. Salieron al rato. Yo prefer\u00ed devolverme a mi cuarto. Creo que todos hicimos lo mismo, menos Pedro, que se le pasa en la luna. La arteriosclerosis ya lo jodi\u00f3. A m\u00ed lo que me hace es olvidar vainas. La ventaja es que mi hija me trajo hace tiempo estos libros y estas libretas para escribir tonter\u00edas. Se lo rogu\u00e9. Ahora recuerdo, fue cuando me trajo aqu\u00ed. Yo, feliz, en realidad. \u00bfQu\u00e9 m\u00e1s iba a hacer sino leer y escribir? No me iba a poner a rezar como hacen las viejas brujas. Toda la vida he sido orgullosamente ateo. No creo en esas vainas. Adem\u00e1s, ya yo sab\u00eda que iba a terminar de viejo aqu\u00ed. Siempre so\u00f1aba con el momento en que me recluir\u00eda por fin a leer algo. Lo que me jode es la vista. Pero s\u00f3lo un poco. Gracias a Dios todav\u00eda tengo ojos. Aunque se me cansan mucho. Los nuevos lentes que me consiguieron fueron los mejores regalos desde hace mucho tiempo. Esto es ideal. Salvo por las viejas brujas. Hay unas bobitas. Pero son igual de malas, perversas, crueles y despiadadas. Una, la que se llama Luisa, se pone a cantar a cada ratico<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p><em>Nadie es, por supuesto, como ella, la que me cuida y siempre est\u00e1 pendiente de este pobre viejo. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En estos d\u00edas vinieron unos muchachos de la universidad a echar cuentos. Nos lo hab\u00eda anunciado emocionada la monja. Creo que se llama Carmen\u2026o Petra\u2026No me acuerdo. Bueno, eso fue hace d\u00edas que vinieron. Ya los hab\u00edan anunciado<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p>Cuando levant\u00f3 los ojos de la escritura, descubri\u00f3 incr\u00e9dula c\u00f3mo hab\u00eda pasado el tiempo, varios minutos, quiz\u00e1s media hora, la hora completa que hab\u00eda planificado estar all\u00ed. Pero prosigui\u00f3 en su b\u00fasqueda imposible, hasta que comenz\u00f3 a esbozar un m\u00e9todo, un cierto orden. Del azar surge la necesidad. Extrajo de su estuche la laptop. Le instal\u00f3 el pendrive. Abri\u00f3 los archivos. Es evidente que Pap\u00e1 (qu\u00e9 dulce le suena en su desamparo, ese apelativo que es tambi\u00e9n un llamado) hab\u00eda deseado escribir un libro completo, una novela, un tratado o un conjunto de relatos, pues hab\u00eda acumulado una cantidad importante de papeles escritos, as\u00ed como archivos en su pendrive, debidamente organizados en carpetas tituladas a veces con n\u00fameros que sugieren fechas; otras, tienen palabras como \u201cego\u201d, \u201cel otro\u201d, \u201csaber\u201d, \u201csabidur\u00eda\u201d, \u201cm\u00e9todo\u201d y dem\u00e1s, que esbozan pedazos de filosof\u00edas. Por ejemplo, este texto se titula \u201cEl Otro\u201d: <\/p>\n\n\n\n<p><em>Todos necesitamos que alguien nos mire con aprobaci\u00f3n o con disgusto. Ser-para-el-otro (Lacan \u00bfEl Gran Otro? \u00bfLevinas?). Identificaci\u00f3n Simb\u00f3lica: Ideal del Yo: lugar en la estructura semi\u00f3tica. Somos, para nosotros mismos, el protagonista de la pel\u00edcula o el cantante en el espect\u00e1culo. Ah\u00ed hay egocentrismo. Pero buscamos aplausos, caricias; por eso nos afectan los abucheos. El ego sufre por los otros (el Gran Otro). Siempre estamos pendientes de la interpelaci\u00f3n del Otro. Nuestro p\u00fablico est\u00e1 adentro. Se nos intern\u00f3 en alg\u00fan momento de nuestro crecimiento. En el avance por la cinta de Moebius que es nuestra subjetividad. Internalizamos al Otro.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfAnte cu\u00e1l mirada vivo, act\u00fao, soy? <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfAnte la de mam\u00e1?<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfLuci\u00e9ndome en el acto escolar? Canto. Me luzco.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfAnte la de mi familia: cantando en la reuni\u00f3n familiar? Apariencia de integra<\/em>ci\u00f3n, armon\u00eda y alegr\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfAnte la de una esposa, delegada maternal de mi cuidado?<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfAnte la de la \u00aborganizaci\u00f3n\u00bb? La lucha ideol\u00f3gica activa. (El enemigo de clase, el peque\u00f1o burgu\u00e9s, est\u00e1 adentro y hay que combatirlo). <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfEl Partido? Mis amigos entra\u00f1ables, muchachos compa\u00f1eros de mi vida. Hermanos. Aprendizaje de la triste malicia machista.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfAnte la de la otra esposa arrecha? (El reclamo, el insulto, la culpabilizaci\u00f3n, demostraci\u00f3n de tu irresponsabilidad, tu vileza, tu infidelidad, tu crueldad, tu maldad, tu culpa, tu abandono)<\/em>. <\/p>\n\n\n\n<p><em>Explora esas miradas. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>S\u00e9 que debes decidir, querer-poder, tener la voluntad fuerte, la determinaci\u00f3n simult\u00e1nea de ti mismo y de tus objetivos.<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero, si los otros est\u00e1n en m\u00ed, \u00bfqui\u00e9n decide en m\u00ed?<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfAnte cu\u00e1l mirada me ofrezco?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Tal vez estoy decidiendo estar bajo la mirada imaginaria de personas ausentes. Trascendentes. Simb\u00f3licas. Jes\u00fas, Buda, Lennon, Marx, Nietzsche. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Explora esas miradas. \u00bfQu\u00e9 observan? \u00bfQu\u00e9 miran? \u00bfQu\u00e9 quieren ver? \u00bfQu\u00e9 quieren de m\u00ed?<\/em> <\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfO todo eso es s\u00f3lo otro escape? <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>S\u00f3lo quisiera que me miraras como te miras al espejo y me dijeras la verdad definitiva, T\u00fa, la que me cuida.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Leima quit\u00f3 el pen drive, lo introdujo en su cartera y apag\u00f3 la port\u00e1til. Era suficiente. <\/p>\n\n\n\n<p>En cuanto a los libros, Leima se pregunt\u00f3 si todav\u00eda \u00e9l los leer\u00eda o releer\u00eda. Posiblemente los conservaba, o mejor dicho, la administraci\u00f3n del asilo le permit\u00eda mantenerlos como amuletos, plausiblemente recuerdos de sus tiempos de lector empedernido, cuyos lomos contemplaba con sus ojos cansados, casi ciegos, pero desbordantes de recuerdos. No ten\u00eda que abrir esas cajas para saber que all\u00ed estaban las obras escogidas de Marx y Engels, \u201cLa insoportable levedad del ser\u201d de Mil\u00e1n Kundera, \u201cCrimen y castigo\u201d de Dostoyevski, por supuesto, su novela favorita. Quiz\u00e1s \u201cEl peque\u00f1o arquitecto del universo\u201d de Brice\u00f1o Guerrero o un volumen de cuentos de Jos\u00e9 Balza o de Cort\u00e1zar. Seguro \u201cAs\u00ed hablaba Zaratustra\u201d, \u201cLa genealog\u00eda de la moral\u201d, \u201cHumano, demasiado humano\u201d y \u201cAurora\u201d de Nietzsche. <\/p>\n\n\n\n<p>Volviendo a sus escritos, suspir\u00f3 ante la sorpresa y el misterio. \u00bfC\u00f3mo habr\u00e1 reunido la suficiente voluntad, la fortaleza, la disciplina, para escribir en este peque\u00f1o cuarto, abriendo par\u00e9ntesis en la rutina que debi\u00f3 parecerle diab\u00f3lica, propia de la instituci\u00f3n que odiaba, sobreponi\u00e9ndose a la depresi\u00f3n que, a todas luces, fue lo que lo llev\u00f3 al suicidio? Es verdaderamente admirable. Su pobre padre. Se lo imagin\u00f3, encorvado, sobre el escritorio, escribiendo trabajosamente en su cuaderno. Su Pap\u00e1, en nueve metros cuadrados de soledad. <\/p>\n\n\n\n<p>La directora del establecimiento, una monja alta, muy blanca, tal vez de origen alem\u00e1n, le hab\u00eda dicho que quer\u00eda hablar con ella antes de irse. Le intrig\u00f3 esa convocatoria, la actitud de la religiosa, amable por supuesto, pero te\u00f1ida de cierta severidad fuera de lugar. Sali\u00f3 del cuarto de su Pap\u00e1 justo cuando una muchacha se dispon\u00eda a limpiarlo y acomodarlo, con seguridad, para destinarlo a otro inquilino. El establecimiento, a pesar de todo, es amplio y acogedor. Y eso que para llegar por esa calle llena de huecos y grietas, para atravesar la entrada, tuvo que saltar por encima de una gran quebrada de aguas negras pestilentes. En contraste con ese exterior lamentable, el asilo tiene un jard\u00edn interior. Los pasillos son amplios. En ellos, los ancianos y las ancianas descansan en sus sillones contemplando el jard\u00edn central, la vegetaci\u00f3n fresca, vital, en la cual destacan las flores. Bueno; bastante cara fue la estancia de papa aqu\u00ed. Era un espacio protegido por una burbuja, que dejaba afuera algo que fue un pa\u00eds, las batallas campales entre bandas, las bandadas de ni\u00f1os harapientos y feroces, los adolescentes en cuya estampa contrastaban la sonrisa y el fusil colgado del hombro escu\u00e1lido. Las calles destrozadas por las bombas o por el simple descuido y olvido. La burbuja estaba garantizaba por la cuota de protecci\u00f3n que se deb\u00eda pagar a las bandas criminales que dominaban en el sector. <\/p>\n\n\n\n<p>En conclusi\u00f3n, hab\u00eda valido la pena guardar all\u00ed a su padre anciano. Alejandro fue muy generoso al contribuir al financiamiento de los \u00faltimos a\u00f1os de Pap\u00e1, que no llegaron sino a los seis meses. Se respira tranquilidad en el jard\u00edn central de este asilo. Un pac\u00edfico silencio. Al menos lo parece, pens\u00f3. O tal vez era el contraste que hacen las cayenas, las rosas, la clitorias y los girasoles, no s\u00f3lo con el exterior de una naci\u00f3n dividida por las descargas de las ametralladoras y el odio de dos tiran\u00edas que disputan el mismo territorio, sino tambi\u00e9n con su desesperaci\u00f3n de hace unos momentos, por el caos terrible de sus sentimientos. Esta paz vegetal era justo lo que necesitaba su inquieto padre en sus \u00faltimos d\u00edas. Su \u201cloquito\u201d de cabeza blanca. Leima se dirigi\u00f3 hacia la direcci\u00f3n del establecimiento para su entrevista. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfDesea un t\u00e9, una infusi\u00f3n? \u2013. La directora era una monja alta, blanca, de pelo blanco y ojos claros, con rasgos europeos. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Gracias. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfRevis\u00f3 sus documentos, sus cosas? Su padre le\u00eda mucho. Claro, aqu\u00ed s\u00f3lo ten\u00eda algunos libros. Supongo que rele\u00eda. La vista no lo ayudaba. Por eso, la cuidadora a cargo le le\u00eda. Y escrib\u00eda tambi\u00e9n. Mucho\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Siempre fue as\u00ed\u2026<\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Tome\u2026De todas las cosas que escribi\u00f3 su padre, tal vez esta es la m\u00e1s importante\u2026- y le extendi\u00f3 una hoja con la inconfundible letra de Pap\u00e1. Leima ley\u00f3 con fruici\u00f3n: <\/p>\n\n\n\n<p><em>A quien consiga esta notita: <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Reivindico mi derecho de decidir cu\u00e1ndo terminar. Esta vida ya es tan solo dolor, sin poder leer, escuchar bien la m\u00fasica, amar a una mujer, batallar por la suerte del pa\u00eds, sin poder recordar incluso lo que acabo de hacer. La vida vale la pena, pero ni siquiera me alcanza para seguir apen\u00e1ndome. Prefiero ahorrarla para poder realizar el esfuerzo de aguantar la respiraci\u00f3n y dejar de respirar. Aplicar la vida para dejar de vivir. \u00daltima paradoja de lo que fue siempre una cadena de paradojas. Toda la culpa es m\u00eda. O m\u00e1s bien: todo el m\u00e9rito es m\u00edo. Quisiera que no se pensara mal de ella, de la que me cuida. Ni de esas pacientes mujeres. Las despedidas deben ser cortas y sin mucha conversaci\u00f3n para no tener el pretexto de quedarse. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Adi\u00f3s. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No hab\u00eda sido una nota suicida \u201cnormal\u201d. Claro, no hay tal cosa, pero \u00bfqu\u00e9 era eso de reivindicar \u201cel derecho de decidir cu\u00e1ndo terminar\u201d, de justificar su propia muerte con la p\u00e9rdida de su vista, de su o\u00eddo, de su fuerza, de su habilidad para bailar? \u00bfNo vale la pena vivir sin nada de eso? \u00bfY los mensajes edificantes, recortados y acumulados tambi\u00e9n en esas carpetas, que giran alrededor de alg\u00fan ciego que pudo escribir una serie de novelas, otro peque\u00f1o ser sin brazos y de piernas deformes que toca deliciosamente la guitarra, un paral\u00edtico que gana una carrera ol\u00edmpica, un Down que saca su doctorado?<\/p>\n\n\n\n<p>Era una apolog\u00eda a la insensatez. Le tom\u00f3 la foto a la nota para envi\u00e1rsela a su hermano Andr\u00e9s al otro lado del mundo, a ver qu\u00e9 comentario se atrev\u00eda a hacer. \u00c9l siempre hab\u00eda sido para ella un interrogante, alguien que ten\u00eda que ver con ella desde las ant\u00edpodas del planeta o desde el lado oscuro de la vida de Pap\u00e1, su engendro con una mujer hacia quien s\u00f3lo pod\u00eda sentir rabia, ira, si no odio. La \u00faltima travesura de un hombre que durante toda su vida se permiti\u00f3 bromas terribles, como esa de dejar de mala manera a su familia. Le indign\u00f3 profundamente y le sigui\u00f3 indignando, como si la circunstancia retornara eternamente, esa actitud tan desconsiderada. Ni siquiera en la nota suicida hab\u00eda mencionado a sus hijos, mucho menos a sus mujeres; esa nota tan sarc\u00e1stica, tan ego\u00edsta, tan\u2026 \u00bfpeligrosa? \u00bfC\u00f3mo calificarla? \u00bfSimplemente una locura senil? <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Era tremendo\u2026- dijo la monja e insinu\u00f3 una breve risita que le provoc\u00f3 a Leima una mezcla de indignaci\u00f3n y curiosidad. Entendi\u00f3 al fin que la intenci\u00f3n era aligerar un poco la situaci\u00f3n despu\u00e9s del impacto de la nota. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfA qu\u00e9 se refiere?- , pregunt\u00f3 Leima tomando aliento, buscando la calma. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Nunca le habl\u00e9 de eso. Varias viejitas se quejaron de \u00e9l. Incluso, sus familiares. No se lo hab\u00eda querido comentar, porque son cosas cotidianas, tontas, juegos de estos ni\u00f1os arrugados y llenos de sabidur\u00eda y malicia a la vez. Adem\u00e1s, usted no se hallaba en el pa\u00eds, y aqu\u00ed estaba pendiente de \u00e9l todo el personal, especialmente Francis, la enfermera que se ocupaba espec\u00edficamente de \u00e9l\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>El relato que entonces le hizo la religiosa en realidad no la asombr\u00f3. Pap\u00e1 se burlaba de los oficios religiosos, de la costumbre de los rosarios cotidianos de las amigas ancianas que compart\u00edan aquellos pasillos. Incluso a veces cay\u00f3 en la irreverencia y la sorna ofensiva. Les largaba insultos a todos: ancianas, compa\u00f1eros en las \u00faltimas, religiosas, unos discursos blasfemos, llenos de frases extra\u00eddas de intrincadas filosof\u00edas y chispeantes iron\u00edas y bromas escatol\u00f3gicas y pornogr\u00e1ficas, con una voz que habr\u00eda podido ser potente y agotadora, si sus pobres fuerzas se lo hubieran permitido. Con la \u00fanica con quien siempre era gentil, era con Francis. A veces, dijo la monja con una risita, hasta le declaraba su amor. Su hija no pudo evitar sonre\u00edr. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; S\u00ed, era muy divertido; pero hubo una circunstancia\u2026.su padre nos dio un gran susto. Estuvo a punto de producir una desgracia a pesar suyo\u2026Y eso fue hace poco. Un par de d\u00edas antes de su deceso. <\/p>\n\n\n\n<p>Leima sonri\u00f3 con amargura. Qu\u00e9 peor desgracia que su suicidio <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfC\u00f3mo fue eso? <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Claro. Disculpe. Ya s\u00e9 que las circunstancias son demasiado dolorosas. Yo, como religiosa\u2026 sabe que eso de quitarse la vida a s\u00ed mismo, va contra los mandamientos de Dios. Pero le aseguro que siento una gran compasi\u00f3n hacia su padre y rezo por \u00e9l todas las noches. <\/p>\n\n\n\n<p>Leima suspir\u00f3 hondo para controlarse. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfEso era todo lo que me iba a comentar? <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1Oh, no! Ocurre que cuando lleg\u00f3 su padre se integr\u00f3 al grupo. O por lo menos, eso parec\u00eda. Pero a los pocos d\u00edas, comenz\u00f3 a discutir mucho con las se\u00f1oras. Espec\u00edficamente con una. En una oportunidad, lleg\u00f3 a insultarla muy feo. Con ese tono de voz suave, pero tan \u00e1cido que usaba a veces. <\/p>\n\n\n\n<p>Desconcertada, Leima se pregunt\u00f3 c\u00f3mo reaccionar. Aquellas palabras merec\u00edan una respuesta airada \u00bfO, m\u00e1s bien, una sonrisita c\u00f3mplice? O el silencio, m\u00e1s bien. Quien calla, no otorga. Puede que exprese m\u00e1s bien su deseo de otra conversaci\u00f3n, de otro interlocutor, de otro lenguaje inclusive. El silencio a veces es la respuesta m\u00e1s contundente. Pronto su propio cuerpo, en forma de n\u00e1usea, le dio la respuesta \u00bfC\u00f3mo se atreve aquella vieja a referirse as\u00ed a Pap\u00e1? Ya era suficiente ofensa comenzar a hablar mal de \u00e9l a nombre de una religi\u00f3n carcomida por la corrupci\u00f3n hasta los cimientos. La monja observ\u00f3 algo en su cara por lo que baj\u00f3 la mirada y el tono de la voz. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; De verdad, disculpe. No quiero ofender la memoria de su padre. Aunque usted no lo crea, lo quer\u00eda mucho. Le tom\u00e9 mucho cari\u00f1o en el poco tiempo que nos acompa\u00f1\u00f3. Siempre Francis estuvo pendiente de \u00e9l: le preguntaba c\u00f3mo segu\u00eda, si tomaba sus medicamentos, si se sent\u00eda bien. A veces \u00e9l se resfriaba y eso lo tumbaba. Otras, le daba diarrea. Enfermedades de beb\u00e9s. Pero con la adecuada atenci\u00f3n, siempre se recuperaba r\u00e1pidamente. Francis siempre fue muy especial con \u00e9l. Pero aquellas circunstancias fueron de verdad complicadas. Por supuesto, no es nada raro que se produzcan discusiones entre los viejitos, pero es que su padre era demasiado insistente y duro en sus ofensas. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Pero termine de decir qu\u00e9 fue lo que pas\u00f3. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Est\u00e1 bien-. La religiosa tom\u00f3 aliento-. Ocurre que hace unos d\u00edas, dos antes del deceso de su querido padre, \u00e9l mont\u00f3 en c\u00f3lera, no sabemos por qu\u00e9, y se le abalanz\u00f3, con pu\u00f1os y todo, a una de las viejitas de aqu\u00ed, la se\u00f1ora Flor, vociferando insultos fe\u00edsimos, obscenos. La empuj\u00f3 y menos mal que las amigas y una enfermera que se acerc\u00f3 al lugar del altercado, la sostuvieron casi en el aire, porque estuvo a punto de caer, mejor dicho, cay\u00f3 pero en seguida la recogieron. Eso fue por unos escalones que dan al jard\u00edn, y usted sabe que un accidente de esas caracter\u00edsticas puede llegar a ser mortal entre los alojados en este asilo. Pudo haberse fracturado la cadera o algo parecido. Pudo\u2026 morir. Los familiares, al saber los hechos, se quejaron y tuve que decirle a Francis para que le hablara y lo calmara\u2026 Pero usted sabe que su padre nos rechazaba a todas las monjas de aqu\u00ed, simplemente por el hecho de serlo. Con la \u00fanica con quien bajaba la guardia era con Francis. En aquella oportunidad, de todos modos, tuvimos que recurrir al psiquiatra que muy amablemente viene para ac\u00e1 de vez en cuando. El habl\u00f3 con su Pap\u00e1\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfY? <\/p>\n\n\n\n<p>Nuevamente, la monja suspir\u00f3. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfNo le gustar\u00eda hablar con \u00e9l, sobre su padre? Tal vez tambi\u00e9n le gustar\u00eda hablar con Francis, si lo desea\u2026 <\/p>\n\n\n\n<p>Leima se sent\u00eda furiosa, triste, curiosa, todo a la vez. Su pobre integridad parec\u00eda el cuero de un tambor, templado por todas partes por fuerzas de sentido contrario. Temblaba \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfEra esto una falta de respeto? \u00bfO m\u00e1s bien una considerada atenci\u00f3n? \u00bfQu\u00e9 pod\u00eda decirle el psiquiatra acerca de tantas cosas, comenzando por esa decisi\u00f3n de matarse? \u00bfPap\u00e1 le habr\u00eda hablado de ella y de su hermano? De pronto, se le ocurri\u00f3 algo para ganar tiempo. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00bfY ese fue el psiquiatra que atendi\u00f3 a Pap\u00e1 justo antes de suicidarse? <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; S\u00ed. El doctor Clastres. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1Por Dios! O es un est\u00fapido incompetente o un maldito asesino- Leima estaba alzando cada vez m\u00e1s la voz sin darse cuenta- \u00bfC\u00f3mo fue que no ayud\u00f3 a Pap\u00e1 en esa situaci\u00f3n depresiva? \u00bfO ser\u00e1 que sus conversaciones m\u00e1s bien desataron esa decisi\u00f3n en Pap\u00e1? <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Bueno, c\u00e1lmese, por favor. Si no lo desea, no le hable-. La monja casi susurraba, obligando a Leima a reducir la intensidad de sus impulsos-. \u00c9l me manifest\u00f3 su inter\u00e9s porque entiende, adem\u00e1s, que la familia debe estar afectada por las circunstancias de la muerte de su padre. <\/p>\n\n\n\n<p>Estall\u00f3 en llanto. La monja, compungida fue y le sirvi\u00f3 un vaso de agua. Le coloc\u00f3 la mano en el hombro e intent\u00f3 abrazarla. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Es mejor que se calme. No tiene por qu\u00e9 darme una respuesta de inmediato. <\/p>\n\n\n\n<p>Leima se calm\u00f3 al fin. Lo hab\u00edan enterrado hac\u00eda s\u00f3lo dos d\u00edas. Su ni\u00f1a se hab\u00eda quedado tranquila en casa de sus primas, aunque no entend\u00eda muy bien por qu\u00e9 Alejandro, su marido, se hab\u00eda negado a quedarse con ella, all\u00e1, en San Francisco, sabiendo las dificultades de este pa\u00eds paup\u00e9rrimo, destruido. Su hermano por lo menos hab\u00eda telefoneado, con video y todo, desde tan lejos, el otro lado del mundo. Tom\u00f3 aliento, se sec\u00f3 las l\u00e1grimas y dijo: <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; Vamos a hacer una cosa. Si puede, deme el tel\u00e9fono del tal psiquiatra. Yo lo llamar\u00e9 si decido al fin hablar con \u00e9l. Estaremos una semana m\u00e1s en este pa\u00eds, visitando a unos familiares, haciendo unas diligencias. Antes de regresar a Estados Unidos, le llamar\u00e9. No le doy ninguna respuesta por ahora. Si quiere le informa eso al psiquiatra. <\/p>\n\n\n\n<p>Al salir, en el corredor que da a la puerta de salida, una monja de unos cuarenta a\u00f1os, se le acerc\u00f3 a Leima. Le pregunt\u00f3 si era la hija del se\u00f1or Fuentes. Entonces le dio sus sentidas condolencias y se present\u00f3 como Francis, la que se encargaba de su padre, lo cuidaba, lo ba\u00f1aba y atend\u00eda hasta en sus actividades m\u00e1s \u00edntimas, sus necesidades fisiol\u00f3gicas. <\/p>\n\n\n\n<p>&#8211; \u00a1Oh, gracias, se\u00f1ora! \u2013 contest\u00f3 conmovida Leima-. Muchas gracias. Seguramente vendr\u00e9 otro d\u00eda para que hablemos. En este momento, de verdad, no me siento muy bien. Pero, gracias\u2026<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/jesus-puerta\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Jes\u00fas Puerta Cap\u00edtulo I Al atravesar las rejas, los alambres cargados con electricidad, un gran port\u00f3n de madera a la entrada del asilo, le sorprendi\u00f3 el pasillo amplio y luminoso que ofrec\u00eda al fondo la vista de un jard\u00edn florido y lleno de los colores de las flores. 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