{"id":10243,"date":"2023-12-22T20:12:17","date_gmt":"2023-12-22T20:12:17","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=10243"},"modified":"2023-12-26T21:36:39","modified_gmt":"2023-12-26T21:36:39","slug":"cuentos-breves-de-wilfredo-machado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/cuentos-breves-de-wilfredo-machado\/","title":{"rendered":"Cuentos breves de Wilfredo Machado"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>LA INVENCI\u00d3N DEL FUEGO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En el sue\u00f1o la mujer entr\u00f3 en el vag\u00f3n y vino a sentarse justo a su lado. A esa hora la estaci\u00f3n del metro estaba vac\u00eda. Los trenes viajaban&nbsp; a gran velocidad. No daba ni siquiera tiempo de leer los carteles que desaparec\u00edan como manchas brillantes sobre el muro y que quedaban atr\u00e1s sumidos en la oscuridad de los t\u00faneles. Record\u00f3 que la mujer ol\u00eda al humo de mil bares y al deseo de tantas preguntas sin respuesta que se hab\u00edan quedado flotando en el aire turbio del sal\u00f3n bajo la m\u00fasica de la orquesta. Coraz\u00f3n de sombra. Pens\u00f3 que era un buen t\u00edtulo para un bolero.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfQu\u00e9 estaci\u00f3n es \u00e9sta? \u2014, pregunt\u00f3 con cierta urgencia, como si de ello dependiera su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014No s\u00e9\u2014, respondi\u00f3. Es dif\u00edcil reconocer las estaciones a esta hora.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00bfPara d\u00f3nde vas?\u2014<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;\u2014Dos caminos\u2014<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014\u00a1Ah, eres de los indecisos!\u2014, dijo con cierta iron\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Fue en ese preciso momento que sac\u00f3 un un cigarrillo de su bolso y le pidi\u00f3 fuego.<\/p>\n\n\n\n<p>\u2014Yo no fumo\u2014, respondi\u00f3 cort\u00e9smente.<\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, acerc\u00e1ndose, le susurr\u00f3 casi al o\u00eddo \u00bfpor qu\u00e9 ese gran incendio sobre tu cama?<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando despert\u00f3, el apartamento ard\u00eda en llamas. Apenas tuvo tiempo de huir escaleras abajo para salvar la vida. Por instrucciones del Cuerpo de Bomberos todos los inquilinos debieron abandonar el edificio&nbsp;&nbsp;esa misma noche. Su coraz\u00f3n, su vida, sus huesos ol\u00edan a humo. Se sent\u00f3 en la acera a observar como las llamas iban desapareciendo entre los escombros. No hab\u00eda nada que hacer. Cuando m\u00e1s tarde tom\u00f3 el metro \u2014casi al amanecer, entre obreros de la construcci\u00f3n y estudiantes somnolientos\u2014, la mujer todav\u00eda estaba all\u00ed, en el mismo vag\u00f3n, aguard\u00e1ndolo. El cigarrillo apagado colgando entre los labios.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>MAGO<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El ni\u00f1o con el pote de pega cruzaba la calle, somnoliento, cuando un autob\u00fas lo embisti\u00f3 con violencia, dej\u00e1ndolo muerto sobre la acera. Todos quedaron conmovidos frente al cad\u00e1ver del infante. Nadie supo de d\u00f3nde sali\u00f3 el mago, quien cubri\u00f3 el cuerpecito con una s\u00e1bana blanca. El mago comenz\u00f3 a realizar una serie de pases m\u00e1gicos sobre la s\u00e1bana que brillaba bajo el sol. Un grupo enfurecido de los que all\u00ed estaba se acerc\u00f3 al mago e, insult\u00e1ndolo, lo golpe\u00f3 con violencia. \u201cQu\u00e9 te has cre\u00eddo\u201d \u00a1Cabr\u00f3n! \u201c\u00bfNo respetas el dolor de la gente?\u201d El mago desapareci\u00f3 del lugar antes de ser linchado. Cuando al fin llegaron los param\u00e9dicos en una ambulancia, levantaron la s\u00e1bana con cuidado. Algunos curiosos que llegaron tarde s\u00f3lo vieron la bandada de palomas que elevaba su vuelo desde la s\u00e1bana manchada de sangre hacia los edificios grises. Todos aplaud\u00edan con l\u00e1grimas en los ojos.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>F\u00c1BULA DEL UNICORNIO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando No\u00e9 vio el cuerno que sobresal\u00eda de la espesa crin en la frente, no dud\u00f3 ni un instante sobre la identidad del animal que ped\u00eda humildemente ser aceptado en el Arca ante la inminencia del Diluvio.<strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Jam\u00e1s hab\u00eda visto a un unicornio, pero los libros antiguos lo describ\u00edan como un animal m\u00e1s bien peque\u00f1o, semejante a una cabra y de car\u00e1cter huidizo; con un largo cuerno rematado en una afilada punta, parecido a ciertas especies de caracol no muy abundantes en estos d\u00edas.<strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cuenta la tradici\u00f3n que, finalizado el Diluvio y agotados los p\u00e1jaros para ir y venir a trav\u00e9s de la tormenta y de la noche, No\u00e9 envi\u00f3 al unicornio a comprobar si hab\u00eda bajado el nivel de las aguas. El unicornio se arroj\u00f3 a la oscuridad y al tocar el l\u00edquido comenz\u00f3 a hundirse. Ante la cercan\u00eda de la muerte rog\u00f3 a un dios por su vida. Este lo transform\u00f3 en un narval, dej\u00e1ndolo conservar s\u00f3lo el cuerno como memoria de un pasado que desaparec\u00eda en el oc\u00e9ano del tiempo.<strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En las noches claras, cuando el viento rompe el crep\u00fasculo del agua en ondas oscuras, a\u00f1ora galopar bajo el vientre de una doncella desnuda como la luna como una pecera de fondo.<strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A veces atraviesa a algunos ba\u00f1istas con su afilado cuerno buscando a No\u00e9 desde tiempos remotos.<strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>EL AMOR DE LAS SIRENAS<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Una de las sirenas hab\u00eda seguido al Arca durante varios d\u00edas a trav\u00e9s de un mar tempestuoso que promet\u00eda echar a pique la fr\u00e1gil embarcaci\u00f3n a la menor falsa maniobra. A veces perd\u00eda el rastro, para luego, m\u00e1s adelante, encontrarlo en alg\u00fan pez muerto que devoraba con fruici\u00f3n de un solo bocado, o en el vuelo lejano de un grupo de gaviotas que acompa\u00f1aba al Arca en su ruta desconocida. Ella pens\u00f3 que era como una c\u00e1scara de nuez a la deriva, o una tortuga flotando muerta o dormida en el oc\u00e9ano.<\/p>\n\n\n\n<p>La noche de la tormenta, al noveno d\u00eda, No\u00e9 pensaba en la sirena mientras finalizaba sus notas. Recordaba los ojos huidizos que comenzaban en aquel momento a hundirse en el agua y que sab\u00eda perdidos para siempre. La memoria era un d\u00e9bil cole\u00f3ptero sobrevolando la escasa luz del candil, una m\u00e1scara gastada por el tiempo y arrojada a la calle. Record\u00f3 como en un sue\u00f1o un grupo de mujeres vendidas en una subasta p\u00fablica la noche del gran incendio de Alejandr\u00eda. Record\u00f3 a otras que hab\u00eda pose\u00eddo en la intimidad de una alcoba a las orillas del Tana, a otras que nunca conocer\u00eda, porque sus d\u00edas estaban contados como las estrellas del cielo.<\/p>\n\n\n\n<p>Lo \u00faltimo que sinti\u00f3 al apagarse el candil y ser arrastrado por la tormenta al fondo del agua, fue la mirada m\u00e1s triste del mundo a su lado, la cabellera de algas verdinegras, las manos h\u00famedas que lo desnudaban en el silencio de las profundidades y unos diminutos dientes de pez que comenzaban a devorarlo despacio, casi amorosamente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>CONTRA EL INSOMNIO<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esa noche, como todas las noches de nuestras vidas, nos fuimos a la cama temprano. Mi mujer tom\u00f3 una de esas extra\u00f1as p\u00edldoras contra el insomnio que anuncian en la televisi\u00f3n y se meti\u00f3 en la cama sin decir una palabra. Me qued\u00e9 a su lado leyendo el peri\u00f3dico bajo la peque\u00f1a l\u00e1mpara de noche hasta que la fatiga me venci\u00f3 y me hund\u00ed en esa tinta oscura de la inconsciencia de donde emergen los sue\u00f1os. M\u00e1s tarde despert\u00e9 contrariado en medio de las sombras que se hab\u00edan apoderado de la habitaci\u00f3n. Apenas un tenue resplandor se filtraba a trav\u00e9s de las persianas desde la calle solitaria. Afuera llov\u00eda con violencia. El ruido apagado de la lluvia lo envolv\u00eda todo. No s\u00e9 si fue un sue\u00f1o, pero sent\u00ed una cosa fr\u00eda y el\u00e1stica como una cuerda mojada deslizarse bajo las blancas s\u00e1banas. Aquello dur\u00f3 apenas un segundo. Mi mujer dorm\u00eda a un lado abrazada a la almohada como sumergida en un lago intranquilo. Respir\u00e9 profundo. Intent\u00e9 relajarme como hab\u00eda aprendido en las clases de yoga. No es nada, me dije a m\u00ed mismo. Estaba a punto de dormirme de nuevo cuando encontr\u00e9 la enorme cabeza de la serpiente, su cuerpo erguido sobre el colch\u00f3n, en mitad de la cama, acech\u00e1ndome desde las sombras. Qued\u00e9 petrificado de miedo. No me atrev\u00eda a mover un solo m\u00fasculo por temor a perturbarla. La anaconda estaba all\u00ed, sobre el lecho, tal vez huyendo del fr\u00edo de alg\u00fan zool\u00f3gico cercano, o de la torpeza de alg\u00fan coleccionista descuidado. Toda mi vida agonizaba en ese brillante resplandor de escamas que anunciaba el tiempo irremediable de la muerte. Mi mujer dorm\u00eda indiferente al peligro. La serpiente estaba all\u00ed, tan cercana a ella, que se fund\u00edan en una sola respiraci\u00f3n y un silencio. Desliz\u00e1ndose pausadamente con movimientos cortos y precisos, observ\u00e9 como el inmenso reptil se enrosc\u00f3 lentamente sobre su cuerpo hasta hacerlo desaparecer en un inusitado y mortal abrazo. Luego disloc\u00f3 la mand\u00edbula y comenz\u00f3 a devorarla despacio. Primero la cabeza, luego los hombros, el torso, las piernas, hasta desaparecer por completo dentro del enorme ofidio. Enton &#8211; ces la temible anaconda vino a tenderse a mi lado donde se ech\u00f3 a dormir para iniciar la digesti\u00f3n. Pod\u00eda ver las formas femeninas dibujadas entre los anillos conc\u00e9ntricos de la gran bestia que exhalaba un aliento de pantano. Permanec\u00ed inm\u00f3vil temiendo lo peor. A ratos sent\u00eda los movimientos de mi mujer que, seguramente, so\u00f1aba dormida en el interior de la serpiente. Pas\u00e9 toda la noche en vela, intentando entender la extra\u00f1a y absurda situaci\u00f3n a la que me hab\u00eda conducido el destino, siempre tan sorpresivo y enigm\u00e1tico. Por la ma\u00f1ana, cuando despert\u00e9 para ir al trabajo, la serpiente todav\u00eda estaba all\u00ed, enroscada entre las s\u00e1banas. En un gesto mec\u00e1nico del amor que todo lo puede y todo lo perdona, la arrop\u00e9 con sumo cuidado para que no sintiera fr\u00edo y le di un beso helado antes de abandonar el apartamento.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/wilfredo-machado\/\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n\n\n\n<h6 class=\"wp-block-heading\">*Publicados en: http:\/\/josejaviersanchez.blogspot.com, con excepci\u00f3n del \u00faltimo, aparecido en https:\/\/leamoscuentosycronicas.blogspot.com<\/h6>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>LA INVENCI\u00d3N DEL FUEGO En el sue\u00f1o la mujer entr\u00f3 en el vag\u00f3n y vino a sentarse justo a su lado. A esa hora la estaci\u00f3n del metro estaba vac\u00eda. Los trenes viajaban&nbsp; a gran velocidad. 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