{"id":10047,"date":"2023-12-16T23:59:13","date_gmt":"2023-12-16T23:59:13","guid":{"rendered":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/?p=10047"},"modified":"2023-12-26T21:37:24","modified_gmt":"2023-12-26T21:37:24","slug":"calidas-ruinas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/calidas-ruinas\/","title":{"rendered":"C\u00e1lidas ruinas"},"content":{"rendered":"\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\">Rubi Guerra <\/h4>\n\n\n\n<p>Medina tiene varios a\u00f1os casado cuando advierte, un poco repentinamente, aunque las se\u00f1ales estaban frente a \u00e9l desde hac\u00eda ya tiempo, que su esposa no quiere hacer el amor. Ella interpon\u00eda diversas excusas que al principio no lo parec\u00edan: cansancio, dolores de cabeza, y, lo peor de todo porque lo sum\u00eda en una vaga culpa, dolor al momento de la penetraci\u00f3n. Ahora se pregunta c\u00f3mo no lo not\u00f3 antes. Pocos meses atr\u00e1s se han mudado a un apartamento al sur de la ciudad (es una extravagancia mencionar los puntos cardinales en la ciudad; son referencias que nadie utiliza, pero a \u00e9l le gusta saber d\u00f3nde est\u00e1 el norte y el sur y el este y el oeste de la ciudad, como si superpusiera un mapa secreto a las calles cotidianas). Un edificio de tres pisos (cuatro, si se cuenta la planta baja), seis apartamentos por piso; tres habitaciones peque\u00f1as, un ba\u00f1o, una cocina estrecha y una terraza min\u00fascula que se abre a una avenida que conduce a un barrio de reciente creaci\u00f3n y en el que nunca ha estado. Es una mejora con respecto a la casa anterior, peque\u00f1a y estrecha, pero al mismo tiempo esta ubicaci\u00f3n lo aleja de casi todos sus amigos y de los sitios que frecuentan tanto \u00e9l como su esposa, juntos o por separado, y a los que pod\u00edan ir caminando. \u00bfQu\u00e9 ha pasado en estos meses?, se pregunta. \u00bfC\u00f3mo es posible que su esposa no quiera hacer el amor con \u00e9l, si hacer el amor siempre ha sido lo m\u00e1s f\u00e1cil y placentero de su vida en com\u00fan? No lo mejor, porque lo mejor ha sido la mutua compa\u00f1\u00eda, pero s\u00ed el ejercicio de un placer alegre y natural que no se ha agotado en la rutina. Al menos no de parte de \u00e9l; Medina no siente que haya nada rutinario en su forma de hacer el amor, aunque tampoco es que se dedique a inventar nuevas posiciones cada dos semanas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ahora, cuando comprende que algo pasa -y recordar\u00e1 este momento a\u00f1os despu\u00e9s cuando un amigo que todav\u00eda est\u00e1 por conocer comente que cuando en una relaci\u00f3n alguien pregunta qu\u00e9 pasa, es porque ya nada pasa-, tambi\u00e9n se hace consciente de una profunda urgencia sexual que se ha venido acumulando durante semanas, tal vez meses, sin que llegara a su conciencia, sin que hubiera podido ponerla en palabras, condici\u00f3n indispensable para que las cosas comiencen a ser ciertas para \u00e9l.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso se dispone a hablar con su mujer. Est\u00e1 convencido de que hablando lograr\u00e1n entenderse, de que hablando podr\u00e1n desentra\u00f1ar lo que en ese momento se presenta como un enigma, encontrar la ra\u00edz del problema, se dice, avanzar hasta la causa agazapada bajo capas de vida en com\u00fan y acciones intrascendentes.<\/p>\n\n\n\n<p>Las cosas no suceden as\u00ed, sin embargo. Su mujer no entiende de qu\u00e9 le habla. \u00c9l lo plantea con calma, con palabras medidas; est\u00e1 dispuesto a comprenderlo todo, dice. Ella reconoce que sus relaciones no son tan frecuentes, pero no ve nada extra\u00f1o en eso; tienen casi seis a\u00f1os casados y es normal que las relaciones sexuales se hagan m\u00e1s espaciadas; por otra parte, est\u00e1 muy ocupada como asistente en un laboratorio del hospital central y en las noches y fines de semana en el montaje de una obra teatral en la que es actriz protag\u00f3nica. \u00c9l, a su vez, reconoce que dedica mucho tiempo en las noches y las ma\u00f1anas a escribir una novela, estar\u00eda dispuesto a aceptar los argumentos de su mujer si esta no mirara en cualquier direcci\u00f3n menos a sus ojos. Hay algo inquietante en esta actitud inusual. Algo que no tiene explicaci\u00f3n, o, mejor dicho, solo tiene una: su mujer miente. \u00bfEn qu\u00e9 miente? No lo puede precisar. Al poco rato piensa que con seguridad s\u00ed hay otras razones para las miradas errantes de su mujer, aunque de momento no se le ocurra ninguna y sonr\u00ede y se levanta y se sirve otra taza de caf\u00e9.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez porque efectivamente estaba escribiendo una novela y esta le ocupaba casi todo el pensamiento, las horas de sentarse a la peque\u00f1a mesa con un cuaderno grande, pesada y de feas tapas azules, los minutos que consum\u00edas en el ba\u00f1o, al levantarse de la cama en la ma\u00f1ana, el par de horas que pasaba dando vueltas por el apartamento, o sentado en una silla de mimbre en la terraza viendo pasar autom\u00f3viles y autobuses veloces, mientras esperaba que su esposa llegara de los ensayos o del hospital \u2013 o simplemente porque resultaba m\u00e1s c\u00f3modo aceptar la raz\u00f3n m\u00e1s simple, a saber: el cansancio, la rutina, las ocupaciones \u2013. Durante un par de semanas no se preocup\u00f3 ni volvi\u00f3 a tratar el tema. Se acostaba al lado de su mujer y se daba media vuelta, d\u00e1ndole la espalda, o volv\u00eda a girar y sus caras se miraban (solo que en realidad no se miraban porque manten\u00edan los ojos cerrados), a veces sus rodillas se rozaban y \u00e9l sent\u00eda que entre las piernas le crec\u00eda una erecci\u00f3n que siempre lo sorprend\u00eda, como si fuera una reacci\u00f3n impuesta, algo que en realidad no le correspond\u00eda puesto que hab\u00eda decidido que nada extra\u00f1o pasaba y esas manifestaciones hormonales estaban de m\u00e1s. Y sin embargo, all\u00ed estaba su pene latiendo como un for\u00fanculo inflamado.<\/p>\n\n\n\n<p>En la desolaci\u00f3n de la madrugada, al final de la segunda semana que ha ido transcurriendo como un plazo que no se ha fijado de ninguna manera pero igual corre inexorable, comprende que es \u00e9l el que se enga\u00f1a: algo est\u00e1 muy mal en su relaci\u00f3n. Con cuidado, levanta la s\u00e1bana que la cubre. Mira a su mujer, o al menos lo intenta; la imagina, m\u00e1s bien, puesto que la habitaci\u00f3n es oscura y la piel de su mujer tambi\u00e9n y no es mucho lo que puede ver, en realidad: el contorno de un pecho, apenas entrevisto, y el difuso perfil de su rostro en contraste con la blancura de la almohada. El resto no es m\u00e1s que ausencia, negro en lo negro. La contempla con intensidad, como si quisiera, o pudiera, extraer una verdad in\u00e9dita. \u00bfTendr\u00e1 un amante?, piensa. \u00bfMe habr\u00e1 dejado de amar? \u00bfMe habr\u00e9 convertido aburrido, soso, predecible, intolerable?<\/p>\n\n\n\n<p>Sale temprano de casa, antes de que su mujer despierte. Es s\u00e1bado, pero su jefe ha convocado una reuni\u00f3n con el equipo de redacci\u00f3n. Est\u00e1n presentes tres periodistas (\u00e9l es el m\u00e1s joven, los otros dos ya ejerc\u00edan cuando a\u00fan no hab\u00eda nacido), un fot\u00f3grafo y el jefe, que se dedica durante todo el tiempo que est\u00e1n sentados a una larga mesa a contar chistes y an\u00e9cdotas graciosas sobre personajes pol\u00edticos que estuvieron activos treinta o cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s y que a \u00e9l le resultan por completo desconocidos. El buen humor de su jefe le resulta incomprensible y vagamente ofensivo. Luego de tres horas en las que no logra enterarse del motivo de la reuni\u00f3n, su jefe se levanta y dice que tiene que asistir a un almuerzo con el gobernador. Siente -tal vez siendo injusto, como pensar\u00e1 algunas horas m\u00e1s tarde- que estos viejos se han estado burlando de \u00e9l, que lo han hecho venir, dejando a su esposa dormida, ya visible en la claridad de la ma\u00f1ana pero no menos accesible a sus preguntas y sus dudas, para burlarse de su juventud y su inexperiencia.<\/p>\n\n\n\n<p>Mart\u00ednez, el mayor de los otros dos periodistas, parece advertir su malestar y lo invita a tomar caf\u00e9 en una fuente de soda cercana. No sabe por qu\u00e9 acepta, o tal vez s\u00ed lo sabe; no quiere dec\u00edrselo, como si pudiera mantener ocultas ciertas informaciones a una parte de su cerebro. No hay d\u00f3nde sentarse -todas las mesas est\u00e1n ocupadas por estudiantes de una academia de secretariado, as\u00ed que toman sus vasos pl\u00e1sticos por el borde, cuidando de no quemarse los dedos, y caminan media cuadra hasta la plaza Bol\u00edvar, donde ocupan uno de los bancos de cemento parecidos a tumbas elevadas que un reformador urban\u00edstico hizo construir hace pocos a\u00f1os sustituyendo a los viejos bancos de hierro forjado. Mart\u00ednez sopla su caf\u00e9 estirando los labios y de repente Medina lo ve por primera vez de verdad: la cara enorme con se\u00f1ales de una antigua afecci\u00f3n de piel y las manos peque\u00f1as en extra\u00f1a vecindad, la frente recta, como trazada con una escuadra y la nariz corta, insuficiente, el pelo abundante un poco largo, sin canas, notable para un hombre de m\u00e1s de sesenta a\u00f1os. Se pregunta si ser\u00e1 verdad que un par de d\u00e9cadas atr\u00e1s fue un locutor famoso en la radio. Su voz es recia pero insegura, como si vibrara en ella el rastro permanente de la flema. El abuso del cigarrillo y el alcohol, piensa, sin estar seguro de que esa suposici\u00f3n sea correcta; tal vez no sea m\u00e1s que un prejuicio.<\/p>\n\n\n\n<p>Medina est\u00e1 seguro de que no tiene nada que hablar con Mart\u00ednez. No sabe nada de \u00e9l m\u00e1s all\u00e1 de esa historia de la radio, incompleta y casi con seguridad falsa. Por otra parte, su memoria vuelve una y otra vez al momento en que se dispon\u00eda a abandonar el apartamento, todav\u00eda en la habitaci\u00f3n, la mirada sobre el rostro de su mujer, cuando el movimiento de las pesta\u00f1as y el cambio en el ritmo de la respiraci\u00f3n le hicieron comprender que ella fing\u00eda dormir. Ahora apenas escucha lo que est\u00e1 diciendo Mart\u00ednez con su voz rota, con pausas cortas para tomar el caf\u00e9 -soplarlo, aunque ya debe estar fr\u00edo, beber un trago min\u00fasculo, y elevar los ojos al tel\u00f3n de las nubes en el cielo-. Sospecha o siente o presiente la aflicci\u00f3n de su mujer.<\/p>\n\n\n\n<p>Un grupo de muchachas pas\u00f3 frente a ellos dirigi\u00e9ndose a la biblioteca p\u00fablica. Todas vest\u00edan minifaldas, que ese a\u00f1o se hab\u00edan puesto de moda otra vez. Medina mir\u00f3 sus piernas, blancas, morenas, bien formadas, tuvo deseos de acariciarlas y logr\u00f3 imaginarse la frescura de los muslos en las palmas de sus manos, y m\u00e1s que en las manos lo que desea sobre todo es hundir el rostro en ellos, frotarse contra aquellas pieles. Eso, piensa, ser\u00eda un consuelo.<\/p>\n\n\n\n<p>No est\u00e1 preparado para hablar con Mart\u00ednez de sus problemas maritales, y no lo hace, pero si expresa su admiraci\u00f3n (para usar un t\u00e9rmino inocuo) por las muchachas, y algo de su desasosiego debe detectar su viejo colega (en caso de que puedan ser considerados colegas, Medina con su irregular experiencia de dos o tres a\u00f1os, y Mart\u00ednez con casi cuarenta a\u00f1os en la profesi\u00f3n) porque le pregunta desde cu\u00e1ndo est\u00e1 casado. Un poco menos de seis a\u00f1os, responde Medina.<\/p>\n\n\n\n<p>En ese caso, contin\u00faa Mart\u00ednez, necesitas una amante. No tienes ninguna, \u00bfverdad? \u00bfMi siquiera un polvo ocasional? Para el hombre es imprescindible una amante cada cierto tiempo. No dir\u00e9 cu\u00e1nto tiempo porque eso es un asunto personal, digamos ritmos personales. Queda sujeto a las necesidades de cada quien. Lo que s\u00ed es seguro es que el hombre mon\u00f3gamo es consumido por la melancol\u00eda. \u00bfTambi\u00e9n les pasa a las mujeres? Hace algunos a\u00f1os te habr\u00eda respondido que las mujeres son distintas, que sus necesidades son otras o alguna tonter\u00eda semejante. Visto nuestro tiempo, si alguien dice todav\u00eda eso es porque a los hombres nos conviene actuar como si fuera cierto. Pero no hablamos ahora de las mujeres, sino de las necesidades masculinas.<\/p>\n\n\n\n<p>Medina protesta sin mucha convicci\u00f3n, no por falta de convicci\u00f3n, precisamente, sino porque le atormentan las necesidades femeninas, espec\u00edficamente las de su esposa, pero eso es algo que no piensa comentar con Mart\u00ednez. \u00bfC\u00f3mo se expresan esas necesidades femeninas? \u00bfSon, en esencia, distintas de las masculinas, o son la misma cosa? \u00bfY cu\u00e1les son las masculinas? \u00bfNovedad en el sexo? \u00bfOtras pieles, otro olor, otros sonidos? La atenuaci\u00f3n de los sentidos, \u00bfera inevitable? Pero \u00e9l no notaba ninguna atenuaci\u00f3n de los sentidos. Segu\u00eda deseando a su mujer de una manera casi dolorosa, y cuando hac\u00eda el amor con ella (\u00bfhace cu\u00e1ntas semanas ya la \u00faltima vez?) era una experiencia de una plenitud dif\u00edcil de describir a menos que echase mano de las contradicciones a las que eran tan aficionados los poetas m\u00edsticos que hab\u00eda estado leyendo \u00faltimamente.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que declara, con un poco m\u00e1s de firmeza, que no le interesa tener una amante. Es una posibilidad que no ha pasado por su mente. Parecer\u00e1 extra\u00f1o: es cierto que nunca se ha planteado buscarse una amante, en el caso de que a las amantes se les busque y se les encuentre como herramientas en una ferreter\u00eda o como cualquier otra cosa que uno necesite en un momento determinado y que suelen estar all\u00ed, a la mano, como se dice, esperando que se haga uso de ellas.<\/p>\n\n\n\n<p>Tentaciones s\u00ed ha tenido, o sufrido, por supuesto. Tambi\u00e9n breves enamoramientos a los que se ha acostumbrado a resistir (y hasta cierto punto a disfrutar esa resistencia) porque sabe que se desvanecer\u00e1n con el paso de los d\u00edas dejando apenas un aura levemente melanc\u00f3lica en su \u00e1nimo. Pero tener -buscar, comprar, adquirir, agenciarse- una amante, es algo que nunca ha imaginado y que ahora comienza a considerar desde la conversaci\u00f3n con Mart\u00ednez, comprende que esta ser\u00eda una salida parad\u00f3jica a su problema, que no es el de la necesidad de variedad sexual, sino que su esposa no quiere hacer el amor con \u00e9l, tambi\u00e9n comprende, o comienza a comprender, todav\u00eda de una manera difusa, que ambas situaciones pudieran ser una y la misma, o al menos manifestaciones de un mismo fen\u00f3meno -la posibilidad, o la conveniencia, de una amante.<\/p>\n\n\n\n<p>Pasa revista al peque\u00f1o c\u00edrculo de sus amistades femeninas y a pesar de que hay varias mujeres \u2013candidatas \u2013 atractivas, ninguna termina por convencerlo del todo. No sabe qu\u00e9 es lo que falla con ellas, pero algo falla.<\/p>\n\n\n\n<p>Luego de otra noche en vela con los sentidos dolorosamente alertas, sale en la ma\u00f1ana a su trabajo. Ha bajado ya el primer tramo de escaleras cuando escucha que desde arriba lo llaman. Aqu\u00ed habr\u00eda que intentar describir la arquitectura del edificio, o al menos de la escalera, que es en realidad lo que cuenta. La escalera corre por el centro del edificio, que es apenas de cuatro pisos -Medina vive en el \u00faltimo- y en cada uno, una verja met\u00e1lica se abre a la escalera, lo que permite que desde cada planta se puedan observar los escalones que ascienden o descienden seg\u00fan sea la perspectiva del observador. Se necesitar\u00eda un dibujo, uno de esos muy precisos que hacen los arquitectos, para tener una idea cabal del asunto. As\u00ed que cuando Medina escucha que lo llaman levanta la mirada y se encuentra que desde la cuarta planta, acodada sobre la parte superior de la reja o verja, lo mira sonriente Hilda, una vecina de diecis\u00e9is o diecisiete a\u00f1os, o mejor dicho: la hija de unos vecinos, y lo piensa as\u00ed: \u00abla hija de los vecinos\u00bb, como si no tuviera entidad propia, a pesar de que varias veces la ha ayudado con tareas de literatura y castellano para las que la muchacha est\u00e1 \u2014 parece estar \u2013 singularmente poco dotada.<\/p>\n\n\n\n<p>No es, entonces, primera vez que hablan ni siquiera primera vez que ella lo llama por su nombre en un gesto de plena confianza. R\u00e1pidamente dice lo que necesita: pasar\u00e1 en la noche para que la ayude con una tarea sobre <em>Cien a\u00f1os de soledad<\/em>. \u00c9l asiente, casi sin palabras, porque est\u00e1 perturbado. \u00bfQu\u00e9 es lo que lo perturba hasta el punto de sumirlo en el mutismo? Dos cosas: la primera es f\u00e1cil de explicar: la muchacha tiene puesto el uniforme del liceo, del que forma parte una falda que usa bastante corta. Ha adelantado la rodilla izquierda y la ha pasado entre los barrotes de la reja, que est\u00e1n bastante separados, tal vez m\u00e1s de lo que las normas de seguridad de construcci\u00f3n permitir\u00edan.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde donde Medina la mira tiene una visi\u00f3n completa -y privilegiada, dir\u00eda- de la redonda rodilla y la parte interior del firme muslo que le sigue, de una blancura perlada, y m\u00e1s arriba el tri\u00e1ngulo de la pantaleta blanca bajo la que asoma, y esto \u00faltimo Medina est\u00e1 seguro de que se lo est\u00e1 inventando, una sombra h\u00fameda. Pero nada de esto ser\u00eda en s\u00ed mismo perturbador, acaso excitante y divertido como una travesura, como cuando siendo ni\u00f1o, a los cinco o seis a\u00f1os, se met\u00eda bajo la mesa donde su madre recib\u00eda a sus amigas para ofrecerles caf\u00e9 y trozos de torta, y \u00e9l espiaba bajo las faldas de las amigas de su madre consciente solo de que eso era algo que no deb\u00eda hacer y por eso mismo resultaba tan atractivo hacerlo, dominado, sin duda, por ese demonio de la perversidad del que habla Poe.<\/p>\n\n\n\n<p>As\u00ed que la contemplaci\u00f3n excitante y extasiada, que dur\u00f3 unos segundos, no m\u00e1s de medio minuto, se vio acompa\u00f1ada, y se dir\u00eda que potenciada por el segundo elemento \u2013 que podr\u00eda considerarse el primero en orden de importancia, ya que sin \u00e9l el otro (la rodilla, la bella pierna, la promesa impl\u00edcita del trozo de tela entrevisto) no tendr\u00eda trascendencia alguna, que era apenas una sonrisa. La sonrisa. Por supuesto, hab\u00eda visto sonre\u00edr muchas veces a Hilda, y siempre hab\u00eda lamentado que sus dientes sobresalieran un poco m\u00e1s de lo conveniente, pero nunca as\u00ed; nunca con tanta intenci\u00f3n. Era una sonrisa que sab\u00eda de su condici\u00f3n (la de Medina), una sonrisa que promet\u00eda simpat\u00eda, comprensi\u00f3n y pasi\u00f3n; una sonrisa que anunciaba o presagiaba d\u00edas y noches de exploraci\u00f3n carnal, de desenfreno de los sentidos, y en ese momento Medina pens\u00f3 en Rimbaud, a quien apart\u00f3 presuroso de su mente, porque lo \u00faltimo que necesitaba eran distracciones literarias cuando estaba frente a una sonrisa verdadera, la verdadera sonrisa de la lujuria.<\/p>\n\n\n\n<h4 class=\"wp-block-heading has-text-align-right\"><a href=\"https:\/\/eldienteroto.org\/wp49\/rubi-guerra\/\">Sobre el autor<\/a><\/h4>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Rubi Guerra Medina tiene varios a\u00f1os casado cuando advierte, un poco repentinamente, aunque las se\u00f1ales estaban frente a \u00e9l desde hac\u00eda ya tiempo, que su esposa no quiere hacer el amor. 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