literatura venezolana

de hoy y de siempre

“Toda voz es invención de su eco”

(Lectura de “Lo Oculto”, poemario de Miguel Marcotrigiano)

Zorian Ramírez Espinoza

“La escritura
no es espejo, sino más bien
el vidrio granulado de la ducha,
donde el cuerpo se resquebraja
y sólo su sombra trasluce
vaga pero cierta.
Y no se reconoce al que se baña
Sólo su movimiento se comprende.
por eso no importa ver tras la filigrana
si el falsario soy yo
y sólo la filigrana es mi tarea”

Valerio Magrelli- Ora Serrata Retinae

Recientemente, ha sido publicado en la editorial Pre-textos el libro “Lo oculto” del poeta Miguel Marcotrigiano con quien además mantengo un lazo de amistad. Esta relación maestro- discípulo llena de lecturas, conversas y por sobre todo una constante reflexión sobre “el hacer poético”. Es desde acá que puedo atreverme a escribir esta serie de palabras que pretenden ser acordes con  la sencillez, pulcritud y astucia que encontramos en los poemas plasmados por el autor de este libro.

El silencio como cuerpo mismo del poema es digamos un núcleo dentro del libro, visto como un cuerpo sonoro (porque está compuesto de voces) más como un resonar a través de la mirada, el tacto “Más allá de la última palabra/hay un cuerpo construido por voces inexistentes/ es el del creador (¿?)/ ese pequeño dios/ con una capacidad de olvido” diría Kawabata “ninguna palabra podría decir tanto como el silencio” a lo que Marcotrigiano agrega “escucha lo de más adentro/ lo que resuena sin sonido” “no está en la pasión el epicentro del poema/al contrario/si se encuentra en algún lugar/es en la virtud de lo nunca dicho/lo impronunciable”

Partiendo de todo esto entramos a otra dimensión del silencio, la de aquello que escapa a lo visual, a lo que está allí e intuímos, esa verdad sepultada en la memoria. El poeta despliega acá un mundo de sombras, fantasmas, recuerdos, una noche repleta de voces“ regresarás en forma de sonido/ de ruidos nocturnos” y en el mismo poema que narra esta oscuridad prosigue con la luz “noche previa/luz de lejana aurora” entendiéndose el vacío  como revelación. Los personajes, apariciones o fantasmas habitan esta voz indistintamente como si fuesen ajenas al poema o como sombras originadas desde las entrañas del mismo.

Ante este “Espectro” que se intuye, se presenta una suerte de ruego ante una verdad (el tema de la verdad o la mentira es transversal a todo el libro). “El cristo negro/ al píe de mi cama/ se encuentra íngrimo en la blanca eternidad/ de la pared/Se funde con la nada/deslumbrado por esa/ blancura/ como una única letra/sobre la página/Lucha por ser la verdad/Pero esta/precisa/ de lo no dicho/ lo que se arropa en la sombra / Más él es tan elocuente/ tan imágen que resalta”.

El poeta en este libro nos entrega, en palabras, un acto de fe, ya que se enfrenta a la memoria, el deseo y la comprensión de sí mismo en relación con el mundo. El poemario parte desde una reflexión sobre la creación poética, los tormentos y otros procesos a los que se enfrenta el escritor. Luego plantea un diálogo entre lo real, lo verdadero y la mentira que revela una verdad, como diría Luis Aragón, «el mentir verdadero», o tomando un enfoque diferente desde el país del psicoanálisis, «La verdad mentirosa». En todo caso, esta visión que nos presenta el autor parece dirigirse a la siguiente pregunta: ¿Es real lo que he visto? En la siguiente acción, se frota los ojos y desaparece la imagen o se borra, dejando algún rastro que no es más que una mirada surgiendo desde lo profundo de la voz poética y proyectándose sobre el espacio“para que surjan mis imágenes/ no debo verlas/Simplemente debo vaciar mi pecho/ hasta no escucharlo pues silencio y ocultación vienen ha ser lo mismo” “La fantasmagoría termina ocupando/ el lugar de lo real/ y este es parte de la ficción” “Toda voz es invención de su eco”

Se observa que, al aproximarnos a los poemas finales del libro, hay una vuelta del autor a su infancia (ya estamos advertidos de su ficción). «Asómate al borde del cuaderno y atrévete a confirmar que son palabras, personas y no grietas de la mente». El retorno a la vivencia de la casa materna, la voz de la madre y el hermano ya fallecidos, entre algunos objetos que se evocan, uno muy específico figura en uno de los últimos poemas del libro: «dura mucho menos que la melodía que escapa de la caja de música del costurero de mamá», retomando así el carácter audible del recuerdo que en el plano real es un silencio

No es algo nuevo en Marcotrigiano el trabajo con la voz de la muerte, este se puede observar desde un libro anterior titulado “fosa común” muy influenciado por Edgar Lee Masters y su libro “Spoon River” con el libro “Lo oculto” Miguel lográ establecer una coherencia entre “La meditación y Fosa común” (títulos anteriores del autor).Recomiendo sus lecturas, pues pienso que son una unidad discursiva. Lo que cambia en este caso con respecto a “Fosa común” es que en el libro “Lo oculto” quienes vienen a tomar parte de la voz son los ancestros del autor y no sus referentes literarios, en un ejercicio en el que se alude a un espejismo, la duda de eso que esta ocurriendo al enfrentar la memoria y  la nada como espacio de creacíon, mirar fijamente la luz hasta develar lo que subyace más allá de ella.

Inicié estas líneas citando al poeta italiano Valerio Magrelli a quien descubrí gracias a Miguel y que puedo sentir su influencia en muchos versos de “Lo oculto” en este caso la comparación viene a demostrar el claro plano psicológico de una locura que se sabe a sí misma, que puede contenerse, esta locura ha realizado  un arreglo que se manifiesta en el lenguaje, de aquí esta suerte de mirada extremadamente aguda, que llega a ser tan profunda que es cegadora, en palabras de Magrelli “Yo trazo el contorno de mi blanco/ alrededor del objeto golpeado/ yo no apunto al centro sino que centro lo que apunto, hago trampa (…) pongo la mira en la mira”. Ambos poetas desarrollan este carácter metapoético “Lo oculto” es un libro que se problematiza y se sostiene así mismo, no quedan cosas sueltas, no hay baches, es un cuerpo, esta concebido como una unidad.  Es una poesía astuta, intelectual, que va más allá de lo escrito.

Kenneth Kotch poeta norteamericano versa en uno de sus poemas “El buen tiempo se acerca a los perros que ladran en la nieve/Un hombre solo cambia despacio. Y el invierno a un no ha pasado/ Ladren, perros, y llenen los valles/ De blanco con sus horribles lamentos”

Retomando la idea del eco “Lo oculto” cierra con el siguiente poema “Los gritos de los perros/ siempre me han parecido/ la forma como las ánimas del monte/ se comunican desesperadas con los vivos (…) / las animas del bosque/ son apenas/ y con un poco de suerte/ aullidos. Una vuelta completa al punto inicial, el regreso a la página en blanco, como si lo visto ya no es una certeza y desconoce la distancia del recuerdo perdido en el tiempo.

Sobre el autor

*Foto: Carlos Chirivella

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