literatura venezolana

de hoy y de siempre

Sueños con la guerra

Daniel Oliveros

IKABARÚ
La polvareda se levanta en una columna
dividiendo al cielo en dos cuarteles;
es extraño ese espejismo que hacen las nubes
cuando parecen vetear la bóveda reflejando la luz:
un tigre azur con rayas de plata.

Ahora suena el estruendo de los cascos
que a campo abierto pacta con la llanura a los costados
enfilándose por la carretera terracota embarrialada.

El camino es efímero y perfecto,
incluso la quietud afinca su peso
en el tiempo
pero no es éste el caso.

Ya el sol ha emprendido su descenso a las arenas
los últimos rayos impactan en los lentes tornasolados
del ejército.
en sus bellas armas absurdamente viejas

absurdamente
nuevas.

Los heraldos se enfilan como cuchillos lanzados
con furia.
Los aullidos que cortan paso entre pajonales.
La fuerza de los caballos embistiendo el aire húmedo.
La luz descompuesta por la estela de agua levantada
por la marcha.

 

CUADRILÁTERO HUMANO
Aún permanece el eco de los ancestros;
las guerras españolas y el tránsito europeo
hacia nuestro continente.

Decenas de hijos y familias paralelas,
confesando la inevitabilidad de la poligamia.

Rocemos los cuerpos como un ejército:

Aún lejos de las heridas, ésta es una guerra
que duele en las llagas de las manos y arde
en el corazón.

Los que hayan huido
creerán haber persuadido a la muerte.

 

RASTRO DE AGAMENÓN
La adivina vive en la sombra
proyectada en la escalera; aquella
para quien el tiempo es un bolo que en
la boca se devuelve hacia el estrago.

El momento habitado es incierto
como pasos sobre peldaños
y el corte de la piedra recta blanca;
la adivina acude al mediodía sin sus collares.

La cama nauseabunda de los hermanos.
El plato servido con rábanos y flores.

Adivina y avanza hacia el destierro de sí misma,
los ecos de sus pasos ya se escuchan en el templo.

 

RASTRO DEL PARÁGRAFO 33
Digo la palabra hoja para abrir
los agujeros del pecho:

ahí nacerá el capullo
escribirán las cartas
rebanarán el fiambre en lonjas finas.

Ahora digo:

Hoja de plátano hasta que aparecen las siluetas contra
el amanecer.
Hoja en blanco y mitigar la angustia con palabras.
a C. K.

RASTRO DEL PERGAMINO IX
La escala afectiva
Lo único que recuerdas es el cuerpo;
el instante de arrojo hacia lo que dice
sí, dice
y afirma que sí
que sí hay cielo
habrá más barcas en el mar
se dice que sí

pero desconoce su cuerpo:
sólo el rapto hacia el adentro de sí mismo,
las barcas negras sobre luz plateada;
el viento, el llanto,
las casas vacías.

¿Cómo habremos de recuperar la dignidad de la
muerte?
La confusión de lo onírico mezclándose con la
apariciones;
la mezcalina, las baldosas meadas en los baños del
músculo.

¿Cómo habremos de abolir el imperio sintáctico
del orden que enunciamos?

El Fénix de Aquiles insiste:
los heraldos
Áyax Odiseo y Patroclo

O como refiere Meleagro:
los ancianos
los sacerdotes
el padre
las hermanas
la madre
los camaradas
y más que nadie Cleopatra

¿Cómo hacer del tiempo una esfera?
Ahuyentar el orden en las palabras
¿Cómo se dice mente, ánima y cuerpo
cuerpo, mente y ánima
ánima, cuerpo y mente?

¿Cómo sentir las ramas que tocan el cuerpo,
estar presente en cada partícula que se pisa?

Adiós…

Y pido al Dios que nos encuentre de frente,
con el corazón abierto.

 

RASTRO DE BACANTES
Llevar una máscara sobre el rostro;
el gesto brutal y terrorífico.

A pesar que la mirada es lo único que traspasa,
queda lo confuso y por lo que aún nos preguntamos.

Mientras que en un batir de espirales
se relajan las mandíbulas y las lenguas se entrecruzan.

Así pagamos.

Así pagamos ser testigos de lo eterno;
esclavos de lo efímero.

*Del libro: Warlike. LP5 Editora (2021)

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