literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Salustio González Rincones

XII                                                  …La…
En la Raya blanca.
Lejos de la Orilla
íbase franca
la vereda grácil amarilla.
Vientos fuertes.
Por las idas suntuosas corren,
sin que se borren
Por horizonte las velas inertes.
Un agua de hilo.
Su blancura
dura
pasa enlutada por el cocal tranquilo.
El Tren. El Humo.
(Vibra un pitazo.
Al claro silencio laso
hace vivaz consumo.)
Pasaste. Era
el Mediodía.
Por la vereda, viva lucía
y flava tu cabellera.
Ibas sonriendo simultáneamente
bajo tu ardiente
sombrilla más carmesí.
Luego absorta
como una estrella,
viendo la huella
que estañecía
el agua, la lobreguez rápida y corta
del enorme Steamer que se perdía…

XV                             Hoy la tristeza…

Hoy la tristeza usual de las Ruinas.
Las vegas amarillas.
Lejanas, siluetas sencillas
de Sauces.
Tarde con golondrinas.

Ha pasado la mártir acequia por juncos
terribles.
Horribles
los profusos árboles hacen gestos truncos.

Las ásperas copas;
las resecas colinas estopas;
los magueyes luengos y grises.

Tonos de Verano; enormes matices
abruptos sobre la Montaña.

La Ruina llena de amarilias. Esta paz extraña.

XXV                              Los abruptos…
Los abruptos ojos
del puente,
oscuros miran holgadamente.
Amarillos todos los rastrojos.
Como blancos hollines,
nubes deterioradas
en el Cielo, júntanse deshilachadas.
Enormes claros atentos, dan las ramas ruines.
En la escalera vieja
al fin del sendero,
bajo el Sol ostenta claridad verdeja
– tan vieja!…
El Río. En el agua larga parece disuelto un lucero.

XXXIII                                          Aristocrática…
Un pozo en el Barranco. Flemática
Está y verde el Agua. Aristocrática
Agua, obligadamente enigmática.
Simpática
es la canción de las ranas, ancha y selvática.
Rojos helechos. Críticos juncos.
Sobre la greda pálida, truncos
yerbajos ariscan sus espeluncos.
Fútil como una arruga,
se agobia el agua bajo la cuenca que la subyuga.
Los arenales
tienen blandura doméstica. En espirales
una gota asidua, titila del agua los vitrales.
Que sol… encomia
de ardor la tierra híspida y momia;
Solo el pozo, destella
bajo el Sol, luz atenta como si de estrella.

LVIII …                           dos sauces locos…
Que pared tan larga…
Solo las rosas
hacían su grisura menos amarga
llenándola de claras aguas hojosas.
Al lado con suavidad sarga
escapaba la pálida acequia misteriosa.
Salían los verdes quebradizos
de los próximos juncos lisos,
enjutamente con suavidad irónica
esperando del muro la vejez crónica.
Los claros movedizos
del sol, eran todos en la vereda
haciéndola tigres alegorías
con sus rubias gotas seda
S. La paz aquella solo turbában
la, dos sauces locos que contorsionaban,
y la carreta garza
estriando la carretera bruñida icuarza.

19. …                                 la brisa pobre…
Esclareció tenaz la pasajera
y fútil agua de la acequia lasa,
con extático fulgor de brasa
junto la clara verja vocinglera.
Secas, las hojas envejecían la hoguera
en soñolienta Llama crasa.
Por sobre la impasible pared rasa
escuálida silueta era la higuera.
Suscitó polvaredas la brisa pobre
haciendo chirriar la ardua verja.
Ida hoja por el camino cobre
voltigeaba con solitud de episodio,
esperando la Acequia la sumerja
en su agua silenciosa como el odio.

J.                      …Graves Golondrinas…

El verano nocivo
naufragó los ramajes
en árido oro consuntivo.
Los árboles secos, de paralíticos visajes
ornan al crepúsculo expansivo.

(Por las veredas
pintan hojas secas voces de quebradas monedas)

Las nubes solidarias
en clara glosa de neblinas
ahogan las Montañas silenciarias.

Tal graves golondrinas,
en perplejo vuelo, criollos cuervos
surcan las del Poniente
estadizas lumbres cristalinas.

Y el Puente
con vigentes ojos acerbos
mira la Tarde obvia
dorando al Río de Crisantema.

El volar lóbrego se agobia,
sobre un árbol sin hojas que impasible retuerce el esquema

M.                  SILENCIO

En la Noche pulida,
llena de suspensivos claros, por las estrellas;
sobre la extensión raída
del Paisaje,
hora un reloj con voz de tisis
y la Luna surge con atención de visaje
esperando una tremenda crisis.

Luz. Silencio. A veces, pasajeras,
montan voces de gallos sus escaleras.
O! voces pasivas. O! voces hueras.

Las Ranas.
Croan la Noche. Saltan en las mañanas.
Allá, todas entre los charcos
protegidos por umbrosos yerbajos arcos.
(La croáfila
cáfila
croaka incestuante por toda la Noche lunáfila).
Ahora la Luna en los remajes
como grácil burbuja toda yerma.
…por la vereda la claridad merma
en las crónicas yerbas.
Espionajes
agudos, los sauces hacen sobre el Río.

Y tenaz nube pone su llamarada
blanca sobre la Luna.
Sólo, un lucero frío
castañetea con blancura cansada.

 

V.               PASAS LENTAMENTE.

Pasas lenta.
Por la carretera
sangra intenso tu pañuelo.
Crepúsculo enorme sintetiza el cielo.

Tu pañuelo
puro…
Llegas. Amores hablamos al áspero oro del muro.
Campanear homólogo súbito se acerba.
Yacen perplejas en la yerba
las amarilias. Con rojos,
el cayenar los ojos
enerva.
El puente impone pasivo ojo duro.
Tu pañuelo puro.

Aún amas historias azules.
El conquistador
de la clara mano de la Princesa…
…en el Bosque, la silueta fresa
del Enano, con barba blanqueza…
(como alucinada por algún fulgor)

RIES
Sueñan tus carcajadas
como choques de nuevas espadas.
Tus ojos ungen hondas llamaradas.
Dura,
Como una lunela,
surge sensitiva gruesa estrella abuela…
RECUERDAS? El río se mojaba en blancura
lela…

Sobre el autor

*Viejo trapiche, óleo de Rafael Ramón González

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