literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Keila Vall de la Ville

Burka I

Qué tanto temen
a un trozo de tela
como si el problema fuera
el trozo de tela.

Nosotras tenemos la nuestra
se llama silencio
embudo
se llama templanza
(cuidado con la templanza).

Se llama
sabotaje
sacrificio.
Y miedo.

Burka.

***

Alumbramiento

Ahora
cuando te has ido
es que al fin
me perteneces.

***

Diafragma 

Nadie sabe con certeza dónde queda el orificio 
la vena, el conducto, el pozo turbio. 

Para mirarme en esta historia 
debo hundir un dedo
o varios
en la carne rosa, 
debo hurgar en las costillas 
mirar cómo se arquean
y muestran sus bordes navaja. 

Son dos las costillas flotantes. 
Respiro electroshock, 
operación astral
y vuelven a su lugar. 

Para mirarme en esta historia me encomiendo a un gato 
si es que tienen corte
y puedo encenderles vela.
Tal vez es el hígado, en la punta de mis dedos. 

Si subo, en línea vertical, 
llego a un domo
al paraguas
que protege 
lo que siento que sentí. 

El diafragma, me dijeron una vez 
es el único músculo
que se inserta en sí mismo. 

Una sombrilla extendida a la tormenta 
separa la humedad, la antigua sangre 
de los huesos que crujen 
cada vez que sonríes
o intentas abrazar. 

Un puño apenas, una herida
y se abre.
Te expulsa la membrana como si fueses lluvia, 
salen los recuerdos catapulta
como gotas sin mojar. 

Me sirve de balance
sobre la cuerda floja
este paraguas.
Músculo curioso y fuerte
entre corazón y estómago
no pide nada para comenzar o terminar. 

Se inserta en sí.

***

En dos 

Partir es siempre partirse en dos. 
Cristina Peri Rossi

Partir a tiempo.
Ya no quiero este suelo. 

Partir el tiempo partir el mapa. 

Partir con tiempo partir con mapa. 

No importa hacia dónde. 
Quiero partir
a pie.

***

Maite

Hay algo perverso 
malditas células malditas 
me comen
me dañan.
Hay algo perverso
en mí.
Me atraviesan la memoria. 

Dices guanábana 
rompes calendarios 
hablas del mundo 
me lees la prensa 
dices masaje 
manicurista 
fibra.
Tratamientos que no curan 
pero distraen. 

Eres
la que hice mujer
a fuerza de cafés y mesa redonda 
a fuerza de palabras
y mirada incisiva. 

Te defendí. 
Ahora te dejo 
para morir.

***

En el duelo 

Sombras largas 
vigilantes
como brochas en la brisa 
una rama sobresale
sin hojas. 

No sé por qué elegí las escaleras
para retardar mi llegada 
desplazarme en vertical un poco más 
alargar la línea tensa del tiempo 
me pregunto por qué. 

Para acelerar el pecho y prepararme
no sé por qué elegí las escaleras.

Piso tres
siempre me pregunto dónde es que nacen los bebés 
y de nuevo lo hice. 

Piso cuatro. Pasillo gris. Sin bebés.
Me engulle un pasillo a la hora inconveniente
las visitas ya se fueron y aquí estamos
medio fallecidos
fallidos
traspasamos en silencio la puerta inquieta que chilla 
despertamos sin querer a los enfermos, que temen 
en nuestros gestos y susurros
en la eterna luz gris de neón
lo peor. La muerte es de todos.
Sentada en el duelo soy la mala noticia
la página, doblada en una esquina,
que nadie quiere leer. 

Afuera un árbol
ramas desnudas pintando la noche 
dibujando la periferia
que inauguras.

 

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