literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Tibisay Vargas Rojas

CANTO A BIULÚ

Lo que se queda en los ojos

afirma más allá

de la certeza,

es convicción

camino y evidencia

sin el trucaje pardo

de las religiones.

Lo que se queda en los ojos

carece de proporciones

pues se ajusta al latido

que nos vive,

es desembocadura de verbo

canto inaudible

más no por ello

menos cierto.

Lo que se queda en los ojos

es el regalo que más necesitamos

breve y justo

como para no caer

en humanidades.

Lo que se queda en los ojos

viste de colibrí

y ocurre.

***

ALTA MADRUGADA

Un gallo

rasga la tiniebla

en sincronía

otros cantos se agregan

con la limpia prestancia

de la secularidad

alta aun

la luna llena

tiene la plenitud

de un rostro vigilante

ante lo imperceptible

los grillos suman

en menudencias

secundan los seres

de la charca

que fractura el plenilunio

mientras otro canto

enhebra la lucidez

de los patios.

***

A esta hora

enciendo la lámpara

llegan las sombras

y las paredes se confunden

entre insólitas figuras

distingo

un pequeño escarabajo

de ilegible caligrafía

la polilla que empeña vuelo

impenitente

hacia la bombilla

una hormiga alada

remanente nupcial

de medianoche

se precipita

la oscuridad tras la ventana

y este retazo

de luz artificial

sigue arrebatándole seres

a lo ignoto.

***

es el amanecer

un desgranar de cantos

en los patios vecinos

entre verdores

el gallo de alabanza

alterna con los grillos

los sapos de la charca

y yo en suspenso

frente a la ventana

profunda acuarela que asoma

a retazos de luz

todas las formas

presentidas

por mi corazón en laberinto

ya sin luna

ni sol todavía

sólo la mínima

bujía del instante

que este lápiz permite

sin salida.

***

Y entonces ese insecto radiante que tiembla entre las flores

Olga Orozco

Voy a la cocina

el árbol de mi sueño

zumba

la despensa es un rumor

de hojas

sobre mi cabeza

avanza mi brazo

hasta el ambarino tarro

donde miríadas de flores

resplandecen

bajo el ávido enjambre

de mis dedos

brotan soles miniatura

redecillas aéreas

que me dejan a salvo

entre belleza

una vez más mis labios rozan

el misterio del nardo

y la violeta.

***

Los pájaros no tienen tiempo

nada saben de estos ardides

duermen, sí, pero la noche sobreviene

en el cosquilleo de las plumas

y el llamado de los árboles.

Por eso en cada rama

cabe un pájaro perfecto

y de vez en cuando

un nido.

***

Llueve a destiempo

lo saben los pájaros

las cigarras

que seguro apresuran el verano

bajo tierra

la semilla teme al espejismo

titubea

como el canto de la torcaza

apenas enero

ya los cerros ribetean de fuego

y tengo que ir al calendario

para entender

que es tiempo trastocado

cómplice

de la estación humana

que ya no sostiene

la cordura.

***

Rodeada por un ropaje mítico

la ciudad despereza

es la lluvia

sin duda

esa grácil equilibrista de varillas

que pudo ser Dánae fecunda

o la temible precursora del arca

para las conspiraciones

que siempre serán embrión

al filo de cualquier despropósito

porque no puede frenar

su oscilación hacia la vida

sustraerse al germen

a la eclosión, al vuelo

a la ingenua plegaria del labriego

ante la herida del surco

o del sensible

oteador de los cielos

que empeña arcoíris

y relámpagos

a guisa de dioses

irrecuperables.

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