literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Miyó Vestrini

ZANAHORIA RALLADA

El primer suicidio es único,

Siempre te preguntan si fue un accidente

o un firme propósito de morir.

Te pasan un tubo por la nariz,

con fuerza,

para que duela

y aprendas a no perturbar al prójimo.

Cuando comienzas a explicar que

la-muerte-en-realidad-te-parecía-la-única-salida

o que lo haces

para-joder-a-tu-marido-y-a-tu-familia,

ya te han dado la espalda

y están mirando el tubo transparente

por el que desfila tu última cena.

Apuestan si son fideos o arroz chino.

El médico de guardia se muestra intransigente:

es zanahoria rallada.

Asco, dice la enfermera bembona.

Me despacharon furiosos,

porque ninguno ganó la apuesta.

El suero bajó aprisa

y en diez minutos,

ya estaba de vuelta a casa.

No hubo espacio dónde llorar,

ni tiempo para sentir frío y temor.

La gente no se ocupa de la muerte por exceso de amor.

Cosas de niños,

dicen,

como si los niños se suicidaran a diario.

Busqué a Hammett en la página precisa:

Nunca diré una palabra sobre tu vida

en ningún libro,

si puedo evitarlo.

 

DIAGNÓSTICO

A ver,

abre la boca.

Di aaaaaah.

Muéstrame eso que hizo tu madre cuando eras niña.

¿Ese era todo el misterio?

¿Sexo oral?

¿Manipulaciones?

¿Tacto?

¿Manipulaciones?

Veamos tu útero,

amplio y desfasado.

¿Cuántos niños pasaron por allí?

Los expertos te dijeron

que la naturaleza esperaba por ellos.

Pero murieron igual.

Y si sobrevivieron,

unos son tarados

otros más o menos,

todos bien planificados con la excusa de la soledad.

Tienes problemas con tus dientes,

con la lenta digestión de los indecisos,

con el crujido del hueso occipital.

Eres un paciente más.

Todos quisieran haber nacido en Kansas City

o en Amsterdam

o en Toronto.

O por lo menos,

veinte años más tarde.

Déjame agitarte en esta probeta de marfil,

Verificar bien el color de la mezcla.

Asco,

que mal hueles.

 

¿QUÉ DECIRTE HOY?

¿Qué decirte hoy
si la madrugada fue tan difícil
madrugada de estigmas y estertores
sin espacio
para ti
para mi.

Al fin nos han encontrado amado
y somos exactamente como nos inventaron:

dolidos
fastuosos
desanimados
cómicos
furtivos
borrosos
desmadrados

 

NADIE PARECE ESTAR YA TRISTE

Nadie parece estar ya triste.
El rumor lento y grave del agua,
trata de abrirse paso
y llegar hasta aquí.
Impunemente,
se enumeran bienes y quejas y languideces.
Algo habrá de ocurrir
si persiste este canto asonantado.

 

SORTILEGIO

a william Irish

No hay razón para envejecer juntos.
Ya no hay sitios para el desasosiego
para el temor.

Mientras pasan por ti,
todos los caminos del verano
desasidas tus manos y las mías
hay en el pórtico de la casa
pájaros atentos al momento de tu estupor
a lo perturbado de tu alegría.

Es la carretera empinada
la que nos lleva a Caulfield.

¿Me crees, amada?

No te detengas:
las canciones son malditas
algún sortilegio quebrará tu traje blanco.

Ya no estaremos juntos
y quiero morir antes de tiempo
tiempo de Caulfield.

Seré lo que tú quieras
penitente y amado
pero cerraré los ojos
para no envejecer juntos.

 

VIDRIOS ROTOS

Aún tengo el rumor en mis oídos
de los pies desnudos
sobre vidrios rotos.
Y de una adolescente que golpea la suela de sus zapatos
contra la espalda del amigo moribundo.
La opinión general
era que debíamos entristecernos.
Pero sólo la gracia de la irreverencia
nos había tocado,
por arte de magia.
Seguíamos con la cabeza en el mismo lugar
en la perspectiva de un viejo grabado de Da Vinci.
Ellos eran buenos,
nosotros,
mejores.
Sobre el muro,
un letrero para la recompensa:
si ves a un negro durmiendo, no lo despiertes;
está soñando que es blanco.
La muchacha aplicada,
escribió debajo:
si ves a un blanco durmiendo, no lo despiertes;
está soñando que un negro lo viola.

Mi hijo,
mi pan,
mi amor.
Palabras simples de los que regresan a casa
y se echan a dormir,
para no tener que hablar.
Fugazmente,
miran por el balcón y se dejan gotear por la lluvia.
Pero la lluvia no pone fin
a ese eterno y aburrido cielo azul,
donde dicen,
alguien tiene el cabello sedoso
y unas alas de plumas de garza.
Quien lo carga encima,
cada mañana,
sabe de las comicidades del buen ladrón
que justifica el patrimonio celeste.
Sabe de cucas deterioradas y huevos sidosos,
castigados,
porque este no es tiempo de fervor.
Sabe de un hueco en las alturas,
de océanos pestilentes,
de tierras quemadas en ciclos colosos.
Fue la venganza de la venganza
aquel rumor de astillas en la noche.
Yo provoqué los sucesos cuando dije:
si puedes entender el dolor de un obrero,
¿por qué no entiendes el mío?

 

 

Me levanto
no me levanto
me detestan
me ligo
atropello a un motociclista con alevosía y premeditación
me entrego al complejo de edipo
deambulo
estudio con sumo cuidado las diferencias entre dirritmia-
psicosis-esquizofrenia-neurosis-depresión-síndrome-pánico-
y me arrecho
quedo sola en la casa cuando todos duermen
compro una revista que cuesta seis dólares
le roban la cartera a mi mejor amiga
me agarran
amo a mi amigo
lo empujo
lo asesino
recuerdo el paraguas de Amsterdam
y la lluvia
Y el gesto airado
me dedico a la bebida para evitar el infarto
mastico la comida cincuenta veces
y me aburro
y me aburro
adelgazo
engordo
adelgazo
me transo
no me transo
me quedo quieta y lloro
alguien me toma en sus brazos
y me dice quieta quieta estoy aquí
dejo de llorar
escucho el viento que sopla cerca del mar solamente cerca del mar
acepto que existan cucarachas voladoras
descubro que todas mis amigas tratadas por psicoanalistas se han vuelto totalmente tristes totalmente bobas
me leen el oráculo chino y me predicen larga vida
Vida de mierda digo
subo al carro
bajo del carro
comprendo de un solo viaje cuánto petróleo hay en un barril
me dicen apaga la luz
la apago
me preguntan ¿ya?
me hago la loca
me acojo a la pacificación
me joden
duermo apoyada en la barra
oigo la voz del español de siempre que se caga en diez
alguien llora otra vez a mi lado
me pegan
me pegan duro
hay luna llena
corro por la carretera que bordea la montaña,
saco la cuenta,
no me sale,
me duele el pecho,
se hace de día,
el rojo gana
rien ne va plus.

 

Hacíamos votos por una dulce muerte
y hoy,
continente de flores claras,
sofocadas por el humo de los hornos,
sabemos que cierta forma de morir más
ruda nos espera.
¿Lo sabías tú, Giovanna?
Después de ti,tantas otras han muerto,
pero ninguna de ellas por razones
tan buenas como las tuyas.
Sonabas los dedos al cruzar la esquina,
para que te trajera buena suerte,
decías,
gritando no se sabe qué cosa,
la chaqueta azul,
los cuatro botones dorados,
los zapatos de lona y el viento
revolviéndote los cabellos.

 

Los pétalos marchitos de la tía,
el impermeable del abuelo en la perchera,
fantasmas acorralándose en los espejos,
memoria de barajitas,
todavía dices estar triste por eso,
sueño descomunal de una infancia
que va y viene
como pájaro de mal agüero.
Pasó el momento de llorar recordando
el suave olor invernal del Hudson,
y los galopes,
a toda carrera,
hacia el final de la vía Cavour,
Roma,
primavera,
estallante nostalgia,
acecho desde el sur,
torbellino subterráneo de ciertas playas del norte.
Algo tan duro como las puertas que los parientes
batían sobre nosotros
viene contigo,
soberbio,
exasperante adolescente
contigo,
tendido allí,
bajo el tenue soplo de un aire vivo.
Privilegio tuyo esta guerra,
esta sangre,
cosas que huelen a muerte,
pero que estallan en la noche,
con inmenso ruido de manos alzadas.
Adolescente profano, odioso, irritante,
sonreído adolescente,
heredero absoluto de un futuro iracundo,
para nosotros,
pasado roñoso,
para nosotros,
suerte y licor,
magia de colina,
pájaro en vuelo
decían,
burla,
farsa.

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