literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Martha Kornblith

El perdedor se lo lleva todo

El paisaje de mis veinte años fue
encaje y algodón rosado en Las Vegas
olor a ropa nueva de la mano de mi madre
el vapor que exhalaban las alfombras del Caesar’s
violentar precozmente el cerco del bacará
menta con hielo, limosinas y paseos a Virginia City
el legado de hagan sus apuestas
mucho romanticismo.
Vivir era sólo una cortesía de la casa
así de fácil.
La fortuna no iba más allá de la tentación de las fichas
de las grandes suites
del asombro de los hoteles en el Strip
de los bikinis mínimos
de los hombres apuestos
de las caídas del sol en islas exclusivas.
En todo eso creí
porque creer era desestimar el tiempo
y el diseño que él deja
o reservarme también el derecho de admisión
porque a mucha gente no admití.
Aún así
bastantes veces hui a la explosión de las luces de ese destino
fui una muchacha pensativa
pensé cosas por las que nadie daría un níquel.
Ahora que los números me traicionan en las ruletas
y me da miedo ver las cartas
lo he apostado todo.
Pertenezco a una legión distinta de ganadores.

 

A veces
la vida viene
como un haz de reyes
y habitamos palacios
e imperios.
A veces
la vida viene
como la carta más baja
rozamos con otros transeúntes
la suciedad en las aceras
habitamos los árboles, los pájaros
pedimos el pan como los pobres.
A veces
la vida viene como la vileza.
Entonces nos aferramos a la suerte
frenéticamente.

 

Si hubiéramos celebrado
el cumpleaños del poema,
si mi vida hubiera sido
como el hilo de una metáfora
y mis pretendientes aficionados
a vicios más erráticos.
Si el inicio hubiera sido
como estas mis nuevas costumbres.
Si toda mi primera vida
no hubiera caído en desuso, como hoy.
Quizás no conocería la diferencia.
Porque desear y apostar es lo mismo.

 

Me enamoré en diciembre
en el mediodía del lejano oeste americano
cuando, sin sospecharlo,
hilaba sueños a lo Virginia Woolf.
Si no hubiera sido por su prisa
de precoz hombre de negocios
que quería gerenciar hoteles con casinos
hubiéramos recorrido el Gran Canyon
el silencio de Nevada
pero el tiempo se disipó
como una burbuja de champagne.
He vuelto
y la ciudad es un almirante que regresa a su navío
sílabas que se deshacen
en un poniente de luces.

 

Sesión de endodoncia

Hay un dentista
que desde hace dos semanas
conoce cada partícula de
mis dientes.
Hay un dentista
de ojos azules
sonrisa amplia
y dientes perfectos.
Hay un dentista
que habla en argot de dentista:
resinas, impresiones,
tratamientos de conducto,
coronas.
Hay un dentista,
dulce como hombre,
severo como dentista
que recuerdo cada vez
que cepillo mis dientes
que me despide después de
mi sesión de endodoncia
y yo me voy
con mis labios
anestesiados
para no sonreír nunca más.

 

Cuando caiga el gobierno
estaré habitualmente sola.
Como habré pospuesto
las compras
—como es habitual—
de tanto usar el tiempo
para imaginarte,
mi despensa andará
vacía
y deambularé sin un
grano de pan,
ni parientes, sola.
Seré una mujer en un
país en guerra
que piensa en ti
habitualmente
—sola—

 

Adiós, poema, adiós
he tratado de explicarme el cielo
he bailado con un poeta
en noches ebrias.
Adiós, poema, adiós.

Nunca más seré poeta
nunca más seré poeta.

 

Saga de la Familia

En todas las casas
siempre habitará un poeta
con una hermana (que no es poeta)
que le dirá
que escriba una biografía
sobre su familia.
En todas las casas
habitará una poeta
—loca además—
como aquellas que sostienen
a duras penas
sus propias biografías desdeñables:
Ellas avizoran pasados autistas
mujeres que dicen palabras soeces
dan tumbos a medianoche.
En todas las casas
habitará un primo lejano
—que vive en otro país—
y que busca (en inglés)
la génesis de la familia.
Conoció, hace años,
a esta pariente esquizoide
(tan callada, tan lejana —dijo—)
(«So quiet, So withdraw»).
No la reconoció en su última foto.
(«lucía tan diferente»)
(«She looked so different,
so atractive, so outlocket»)

En todas las casa
habitará una hermana poeta
—loca además—
que busca su propia desdeñable
génesis
(aquella que ya conocemos).
En todas las casas
habitará una hermana
que le pedirá a su hermana poeta
que escriba la historia
de la familia.
Esta poeta (loca de la casa)
pasará a formar parte de esta saga
el día en que deje el teléfono desconectado
en el filo de la madrugada.

***

Diría
que hace mucho
apenas viví
la frágil certeza
de un sueño.
Diría
que un día
me prometieron un
jardín de rosas
pero ni siquiera logré atravesar
este puente sobre aguas
turbulentas.
Diría que mi vida
fue la de un trapecista
que ha perdido su cuerda
floja.
No diría
decir «aquellos tiempos»
algo tan obvio para uno
¿qué más da?
si todos los poetas
nos fundamos sobre un
primer lugar común.

Sobre la autora

*Textos: digopalabratxt.com, elcautivo.net y venepoetics.blogspot.com

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