literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Juan Vicente Camacho

LA CAUSA DE MI BRONQUITIS

A mi amigo D. Juan Ezela

Ando yo en abierta litis
Con la salud, ¿qué he de hacer?
¿Y tú, Juan, quieres saber
La causa de mi bronquitis?
Como cañón de arcabuz
Los pulmones tengo ya,
Y esto acabándome va
Desde la fecha a la cruz.
Dice el doctor, que bien haya
Que debo dejar a Lima ,
Y buscando mejor clima
A otras regiones me vaya.
Pero digo yo a mi vez,
¿Vale esta vida rastrera
Meterse en la Cordillera
Como en la redoma el pez?
Un instante que es la vida,
¿Merece sin horizontes
Pasarla entre níveos montes
Y entre peñas escondida.

Yo, Juan, no sé qué decir,
Pero te juro a fe mía,
Que muy feliz viviría
Si me dejaran vivir.
Busco en mi cuerpo y no encuentro
Motivo a mi desventura;
Pero otra causa hay segura
Que me carcome por dentro.
Si cierta cosa no hubiera
Que yo me sé y es muy cara ,
Otro gallo me cantara
Y sin bronquitis viviera.
Pero a males sin remedio ,
No hay más que ponerles,
Juan, buena cara; este refrán
De mi consuelo es el medio.
En tanto fuerza es que exista
Diciendo entre desengaños:
«No hay mal que dure cien años,
Ni cuerpo que lo resista».
Y cuando a fuerza de agravios
Temo que mi pecho estalle,
Me echo a pasear por la calle
Con la sonrisa en los labios.
Y al dar nariz con nariz
Me dicen hombres de ingenio:
¡Ay, quién tuviera tu genio!
¡Ay, quién fuera tan feliz!

A fe que tienen razón,
Pues en lugar de ir llorando ,
Me voy riendo y destilando
Lágrimas al corazón.
Si fuéramos a llorar
Nuestros duelos y agonías
El siglo de Jeremías
Había de resucitar.
Y si en el mundo no hay modo
De reír ni de gozar…
Si de todo hay que llorar,
Vale más reír de todo.
Inútil es que te diga
La razón de tanta litis,
¿Y extrañas que haya bronquitis
Asma, angustias y fatigas?
Que se viva es mucha gracia,
Pues si el cuerpo se mantiene ,
Para el alma nunca tiene
Medicinas la farmacia.
Feliz quien tiene la suerte
De caer en la batalla
Y al cabo descanso halla
En los brazos de la muerte .
Pues aunque mucho lo calles,
Confesar, Juan, nos conviene
Que la muerte solo tiene
De espantoso los detalles.

Verse con la sangre viva,
Aunque débil el aliento ,
Un cristiano macilento
En su lecho panza arriba;
Y el sacerdote que auxilia
Y santo consuelo da,
Mientras desolada está
Entre angustias la familia;
Y la mesa con la droga,
Y el cáustico; el vomitivo
Que al pobre que aún está vivo,
Antes que la muerte ahoga:
Esto es lo triste del caso;
Pues si nada de halagüeño
Tiene la muerte, es un sueño,
Y el sueño es un breve paso.
Que a la pobre humanidad
Deja en la materia yerta
Y el alma en brazos despierta
De Dios en la eternidad.
Ah! si mi hora postrera
No fuera desesperada
Por una esposa adorada ,
Por una hija hechicera ,
Que en triste duelo profundo
Quedan sin pan, sin hogar
Sufriendo en revuelto mar
Las tempestades del mundo,

¡Cuántas veces con tesón
Pidiera a Dios mi plegaria
Una tumba solitaria
En olvidado rincón!
Mas, ¿ qué es esto?, ¿lloras, Juan?
Te veo pucheros haciendo;
Que tienes estoy creyendo
El alma de mazapán.
Deja, deja esos agravios
De que burla haciendo voy
Y mírame a mí que estoy
Con la sonrisa en los labios.
Tienes alma de perdiz,
No eres, Juan, hombre de ingenio;
¡Qué! ¿no me envidias el genio ?
¿ No eres como yo feliz?

***

LO QUE ES AMOR

Óyeme, niña inocente,
Tú que en la senda florida.
Has entrado de la vida
Con la ilusión en la mente.
Tú cuya vista no alcanza
Nada que no te sonría,
Y ves el mundo, alma mía,
A la luz de la esperanza.
Tú, cuyas gracias gentiles
Estás mostrando hechicera
En la fresca primavera
De tus diez y seis abriles.
Tú la historia del dolor
No has abierto, dulce Elina ,
Ni has sentido que la espina
Se oculta bajo la flor.
Eres bella, y a millares
Vendrán mil adoradores
Ansiosos competidores
Para levantarte altares.

Hoy me dices con rubor
Que te explique esa palabra,
Y una página te abra
De la historia del amor.
La misión es delicada,
Pues el amor en la vida
Es cosa para sentida
Mejor que para contada;
Con todo, hará mi amistad
Lo que pueda, y si no acierto,
Culpa al ingenio por cierto,
Mas nunca a la voluntad.
El amor es el latente
Anhelo del corazón,
Con el juicio y la razón,
Anda en guerra permanente.
Sol que nace sin aurora,
Que alumbra en la noche umbría,
Puede nacer en un día
Y morir en una hora.
Su origen desconocido
Nadie acierta a comprender,
Pues suele a veces nacer
Del odio mismo en el nido .
Sin motivos tiene celos,
Con una sombra se espanta,
A veces todo lo aguanta,
A veces todo es recelos.
Caprichoso como niño,
Salta y duerme, ríe y llora,
Y pasa en la misma hora
De la cólera al cariño.
Es tan frágil en esencia
Que siempre ha de estar presente,
Pues tiene en cambios de frente
Muchos peligros la ausencia.
Inspira melancolía
Y delirio en solo un rato;
Lo sostiene vivo el trato ,
Lo engendra la simpatía.
Hace con la humana gente
De mil caprichos alarde,
Hace valiente al cobarde
Y cobarde al más valiente.
Lo mata mucha arrogancia
Y lo mata la paciencia,
A veces la indiferencia
Lo devuelve a la constancia.
Cuando alguno quiere bien
Y encuentra un amor apático,
Es un remedio homeopático
El desdén con el desdén.
En su ardiente pubertad
Es su madre la locura,
Y su triste sepultura
Es la voluptuosidad.

A veces sueña un agravio ,
Porque es en el genio pronto ,
Al sabio siempre hace tonto
Y a veces al tonto, sabio.
Al ruin pecho suele dar
Relámpagos de hidalguía,
Y rasgos de villanía
Suele al hidalgo inspirar.
De risa puede nacer
Y la risa cambia en llanto,
¡Tal es el peligro, tanto
De la burla en la mujer!
Hace de altanero alarde
Y del encierro se venga ,
Pues no hay cárcel que
Ni cerrojo que lo guarde .
Y tanto el pícaro sabe ,
Que si le cierran la casa,
Como espíritu se pasa
Por el ojo de la llave.
Si lo comprimen fermenta ,
Si lo sueltan se fastidia,
Si lo atacan lucha y lidia,
Si lo acarician se ahuyenta.
En los jóvenes amor
Anda cerca de locura,
Afecto en la edad madura,
Y en la ancianidad furor.

Cuando ataca un corazón
Y lo parte medio a medio
No conoce más remedio
Que la dulce posesión.
Y esta a veces conseguida
Viene el exceso y lo mata,
Que amor en esto remata
Al fin y al postre en la vida.
Larga ha sido la lección,
Y aunque has oído muy seria,
Te diré al fin que es materia
Que no admite explicación.
Cuando suene, dulce amiga,
Para ti la hora de amor,
Sabrás hacerlo mejor
Que todo lo que yo diga.
Para concluir un consejo
Te daré, niña, de paso,
Perdona que en todo caso
Es privilegio de viejo.
En achaques de pasión
Cuando al fin pierdas la calma,
Consulta tu bella alma
Y tu recto corazón.
No imites las majaderas
Que de todo hacen hatillo,
Ni todo el monte es tomillo,
Ni hay maridos como peras.

Mira bien cómo te portas,
Pues la juventud se va,
Y la que se queda habrá
Hecho un pan como unas tortas .
Ni mucho garbo y desdén,
Ni mucho pelar el diente,
Sino un manejo prudente
Y un discreto ten con ten.
Porque pasan los encantos
Con mucha velocidad,
Y es muy triste a cierta edad
Dedicarse a vestir santos.

***

A MI HIJITA DE CINCO AÑOS

(Imitación de Trueba)

Un rosal cría una rosa
Y una maceta un clavel,
Y un padre cría una hija
Sin saber para quién es.
Cantarcillo popular.

I

Deletreabas a mi lado,
Hijita, el Cristo a b c,
Sirviéndote de puntero
Deditos de rosicler.
Te reías con mi risa
Y con labios de  clavel
En besitos me pagabas
Elogios a tu saber.
Yo suspiraba entre tanto,
Hija, sin saber por qué,
Y lágrimas me brotaban
Sin poderlas contener;
Y al pensar en tu mañana,
Funesto y triste tal vez,
Volví la vista a tu madre
Y con dolor exclamé:
Un rosal cría una rosa,
Y una maceta un clavel,
Y un padre cría a su hija,
Sin saber para quién es.

II
Hijita del alma mía,
Dulce imán de mi querer,
De amor el único fruto,
Bendígate Dios, amén.
Estoy triste, prenda mía,
Triste sin saber por qué;
Ven y tus palabras oiga
De divina sencillez.
Deja a un lado tus juguetes
Y en cambio te contaré
Un cuento muy divertido
De la reina doña Inés.
Esta era una reina hermosa,
Que yendo para Belén,
Habló con un peregrino
Que llevaba un niño al pie:
Iba la reina sedienta,
Y el peregrino también,
Y el niño los contemplaba
Sonreído… Pero, ¿qué?
¿Te duermes? -Duerme, hija mía,
Y tu sueño arrullaré,
Diciéndote con acento
De infinita languidez:
Un rosal cría una rosa,
Y una maceta un clavel,
Y un padre cría a su hija
Sin saber para quién es.

III
ELLA : ¡Qué linda está nuestra hija,
Qué graciosa! ¿no la ves?
¡Cómo ha crecido!
Yo:            Sí, cuenta
Cinco años cumplidos .
Bien;
Pero otros hay que no tienen
Tanta gracia y tanto aquel.
-Si te oyeran, se reirían
De lo que dices.
-¿Por qué?
¡Pedacito de mi alma!
Que Dios nos la guarde.
– Amén.

¿Cuándo la veremos grande?
– Muy pronto, y antes tal vez
De lo que piensas: el tiempo
Se desliza sin querer.
Y ya me dirás mañana ,
Cuando a alguno su amor dé:
¿Quién la viera chiquitilla
Como la vimos ayer?
-¡Jesús! ¡ que no crezca entonces,
Que chiquilla está muy bien!
Un rosal cría una rosa,
Y una maceta un clavel,
Y un padre cría a su hija,
Sin saber para quién es.

IV
Vamos, hijita, al paseo
Con tu traje de piqué,
Y el sombrerito de paja
Que mamá te compró ayer.
¿No ves cuánto niño salta,
Y aquellas chicas no ves
Con sus ayas o sus madres
Por entre flores correr?
¿Quieres flores? Toma, hija,
Toma una rosa, un clavel,
Que son flores menos puras
Que la flor de tu niñez.
¡Que su cáliz de inocencia
Pueda contigo crecer!
Crece feliz, hija mía,
Y el día de la vejez
Sobre mis blancos cabellos
Corona me has de poner,
Que es el amor de los hijos.
De los padres el laurel.
Mas, ¡ay!, mi pecho se oprime,
Hija ,sin saber por qué,
Y exclamo con triste acento
De infinita languidez:
Un rosal cría una rosa,
Y una maceta un clavel,
Y un padre cría a su hija,
Sin saber para quién es.

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