literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Jorge Gómez Jiménez

No cabe duda de que los años
tienen patas.
De otra manera
no podrían distribuir vejeces
ni emprender olvidos
que ofrecen de casa en casa,
ni cruzar umbrales
en busca de herrumbre,
ni trepar hasta la azotea
que es siempre más enana,
ni subir a los autobuses
para rasgar los asientos,
ni comprar en los comercios
tintura de canas,
ni ofrecer a los insectos
el papel de la prensa
del fin de semana,
ni tomar fotografías
de cuartos de siglo,
ni podar las ramas
de los árboles,
ni ir de bares
escupiendo en las botellas
que han de añejarse,
ni destruir la relevancia
de las alianzas.
No cabe duda de que los años
tienen patas.
De otra manera
no podrían pisotearnos.

***

Esta mañana desperté mejor
No me duelen las decisiones
ni se me ha brotado el pasado.
Esta mañana una sombrilla
hizo el papel de celador
bajo la llovizna y la bruma.
El sol es mío
y lo llevo en los bolsillos
y en la sonrisa.
Quema.
Qué bien me siento esta mañana
que ya empieza a ser ayer

***

Quiero esta noche decirte amor
que estoy absolutamente disponible
para nuestro viejo proyecto
de amarnos sin razón
toda vez que es bien sabido
que el amor y la conciencia
son enemigos de antes
de antes amor de conocernos

***

Es en este
el último cigarrillo de la noche
donde me aferro
como un loco a tu cabello amado
y te espero
aunque nada salga de tus labios

Y este humo
metáfora vil de la nostalgia
hace olas
como las que amé de tu mirada
y me arrastra
al trepidante abismo de tus besos

Y esta brasa
labra insomne apenas una imagen
de tu fuego
que consumió mi faz cansada
de hurgar
en el desierto hasta encontrarte

La ceniza
gris se oculta entre mis dedos
cual restos
sombríos y tristes del pasado
que consigo
te arrastra al abismo del ayer

***

Con el tiempo crece el dolor absurdo
la intolerable constatación desierta
de que no basta con extrañarte
de que amaneceres
y lunas y árboles y gestiones
se van pareciendo a ti
y describen tu rostro
en el lenguaje agrio de la nostalgia.

***

A hurtadillas aparece   suele hacerlo
en la oscuridad   en mis insomnios
tu sonrisa generosa   tus besos
el rubor de tus pómulos   tu mirada
el calor de tu piel   tu fragor

Y lo juro   lo he intentado
noche tras noche   insomnio a cuestas
atrapar tus besos   tu sonrisa
tu mirada   el rubor de tus pómulos
tu fragor   tu piel que hierve
y nunca puedo   gran fracaso
y duermo solo   tan solo.

***

Se hace necesario preguntarse
cómo están las fuentes del cariño,
si el tiempo al fin
las ha secado
o acaso aún sangran
desde tus venas,
si vale la pena
refrescarse en ellas
o si ahora son sólo
estatuas de piedra,
duras, tan frías.

***

Hubo un tiempo
en el que aún no nos conocíamos.
Tú caminabas entonces
por las mismas calles que yo
sin verme
o me veías pero no me mirabas
y yo te veía o te miraba,
supongo que ya no importa.
En aquel tiempo
mirabas los árboles,
los cuadros, los picaportes.
Las lluvias,
las nubes rojizas,
todo lo abarcabas con tus ojos.
Mirabas otros hombres
que te miraban y quizás pensaban
en el tiempo en que aún
no te conocían.
Lo mirabas todo,
virgen de mí,
y yo caminaba mirando el reloj
esperando el momento
en que al fin
me verías.

***

Digamos para redondear
que se carece de rumbo
se está a la deriva
como criaturas ciegas
o restos de naufragio
o algas perdidas
o cualquier otra cosa
que esté a la deriva

Pero para ser precisos
la deriva
la carencia de rumbo
apunta con certeza
al rumbo final
definitivo
de una isla sin farsas
donde se haga improcedente
guarecerse de la lluvia
de los elementos

***

Mis dedos planean torpemente
dando suaves traspiés
sobre el vaho
de tu aliento

Mi mirada turbia te mira
aunque bien podrías
estar ausente
o no

La fuente de tus licores
escancia a mi través
y yo bebo, bebo
sin medida

Ebrio de ti alzo mi copa
brindo festivo, loco
inmune a la resaca
de tu partida

***

Es apacible el viento
que arrea mis naves
hacia el estuario de tu mirada

tiene
no obstante
vocación de borrasca

confieso que mis naves
están perdidas

***

Quizás debí decirte
que mi alma está herida
que es un ave
a la que le han disparado
y anhela sanación y cobijo.

Pero sentí miedo
de que no me entendieras
y también de que me entendieras
y me hice pasar por alguien
que quiere darte unos besos

Por un hombre simple
que quiere besarte

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