literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Jesús Sanoja Hernández

Temblor

Disfruto, una vez salido del marco de la ventana,
diferentes posiciones del espíritu,
en cuclillas cuando me faltan los cristales,
de pie al tratar de fijar la hondura en los cielos,
y envuelto, trazando curvas ascendentes de tornillo,
en el minuto en que me llaman y me sorprendo.

Ya voy. Ya estoy yendo. El zapato va delante
y el pensamiento se retrasa con bruma sediciosa,
sigue el otro pie y me alambra, me punza y doma,
entro en atmósfera rítmica de altitudes y filtraciones,
y los ojos atando cabos, de allá hasta la zaga.

Camino poco a poco hacia atrás, ladeando la cabeza
hacia el libro que ahora cierro. La tijera muerde
y se une en sus dos hojas, me junto, aprieto, consolido
y es como miedo, único, el centro de existir

***

El que lamenta

Blanco dentro de blanco con un concepto blanco
sobre mi sombra,
vacilo ante la acción, puerta que no acaba,
abanico abriéndose a lo largo de mí mismo,
fanáticamente yo dentro de un clavo.

La garganta se parte en dos, quien nombró guillotina
en la casa mía, si parezco desprendido
y rueda mi cabeza por abismos de solitud.

Los creyentes a montones mueven sus caballos de Apure
y juzgan meteoros, sabios de Golfo Triste,
expertos en Cubagua, poderosos señores de la orquídea.
Pero este llanto, pero este ningún año, pero este diente.

Haría falta engomarme, pegarme a la pared
como una loca pintura sin dueño, y estar afuera
estando aquí

***

Errores

Querer serlo ahora ya no vale,
pues más obstina octubre vivo con su lengua, y más arruina,
que el mes pasado con su herida. Y estorba
nombrar lo que ya fue cuando será
una hora mal buscada, y lo que será cuando ya fue
excelencia del recreo, y lo que es
cuando el fondo permutado desvanece, y el no más
cuandonomenos.

Gracioso, así cualquier río es Orinoco,
pero principia de una vez y anda y camina,
o levanta privilegios en esas zonas tan livianas.

Cada vez es lo que vigila, lo que quita sueña,
cada sorbo y todavía sed, cada vino, cada esponja.

Borracho, así algún otro diría mañana sí,
pero forma ejército donde no hay siquiera campo de batalla,
o transparenta, o luce cavaduras en la prisión recta.
Eso te daría esperma, te quemaría hondo.

Ser héroe con más motivos, sin más amparo.
Registrar la escritura sin pedir perdón.

Progresar contra la corriente, insaciarse en el antojo.

***

Salvación

Quédate ahí, pájaro, reventando de amor el cable
y lárgate lleno de gloria a la sexta parte,
y muérete, si quieres.

Pica mientras tanto cuanta flor desees
agitando tus alas en el número, subiéndote a lo alto,
quitando peso a los astros.

Échate en el nido y desde encima
cubre el huevo que atesoras, mortal debilidad
donde músicas suenan sus saetas, donde fuga
pone llamas en el aire, redes a cautela.

Da vuelta allá arriba, mirando mi cabeza
kilómetros abajo, lanza investida de la tierra
sombra atrapada en propio cuerpo.

Luego desciende, muérete entonces si lo quieres
y téjeme máquinas con tu araña silbadora.

Sálvame.

***

Acoso

Esos gestos me hacen turbio, choco con el mezquino
cuando así levantas el día, casi demencia
en vez de agua obediente en el motor divino.

No des más cera a mi nariz, ten piedad
de la caverna que adentro respira, sílaba larga,
espina atravesada, y de la lujuria majada en tiras
que viene con la serpiente cerro arriba, que pega
al pez solo y se coloca en la punta como belfo de lo cruel.

Calla, no empujes mi alma hacia el teléfono,
por una vez déjame amor adherido a mi pimienta
grasa luz de la recta, acción de ceñirme al pico
y ser entonces viva podredumbre de un refugio.

Por favor, cánsame de la paz de otra boca.

***

Viendo el bosque

El bosque se ilumina en bejucos, salen sus gritos
de transparentes gallos, acumulados cristales
a ras de fuego arman escape al igual que orquídeas
y zumban toros fantásticos en el centro de la llama.

Sea el brillo y su espanto metido en clavo
sobre la tabla del espíritu, sea el copete colorado,
el incendio en curvas, el violáceo anuncio de sequía,
la sacudida de orejas en cada animal que corre, la esmeralda
en la fiera sin lomos, el papagayo dulce entre las lianas.

Antes de caer
el agua
en este turbulento huerto de los dioses.

***

Fascinación

Hubo quien dijo qué mala lluvia
bajo la permanente cola del paraíso
y cuánta planta luminosa al pie del número
y cuántas hembras con expresión lujuriosa
y cuánto objeto produciendo fuego.

Hubo quien obedeció metiéndose en la campana
para esperar los gritos de amor. Y quien puso la escalera
hacia lo más alto que el hombre sueña
luciendo vestidos de carácter
y con oreja abierta en carne, lo que ya parece seducción.

Hubo un teñido, un coloreado rostro,
Y menos mal.
Pues tanta desnudez es como infecunda
y da a la claridad un tono mate.

***

Viendo el bosque

El bosque se ilumina en bejucos, salen sus gritos
de transparentes gallos, acumulados cristales
a ras de fuego arman escape al igual que orquídeas
y zumban toros fantásticos en el centro de la llama.

Sea el brillo y su espanto metido en clavo
sobre la tabla del espíritu. Sea el copete colorado,
el incendio en curvas, el violáceo anuncio de sequía,
la sacudida de orejas en cada animal que corre, la esmeralda
en la fiera sin lomos, el papagayo dulce entre las lianas.

Antes de caer
el agua
en este turbulento huerto de los dioses.

***

El tirano

El pez vivo como un caballero medieval, algo reluciente
en sus dedos de nave, ese pez que nada en la historia
de aquí a allá, de acá a la vagina caprichosa del amor,
ese pez no importa que muera y quede, podrido, en su desgaste;
un pez así es breve escalofrío de la existencia.

Más príncipe que el sol, ese pez de siempre es ahora,
es escama, es tiempo sedicioso, una marejada floral
sobre pardas rocas, la vanidad bañada en aguas súbita.

El pez en la mudez obscena. el tiempo con sus movimientos
en la cifra. bate el mar y llega a cúpula, a designio.

***

Fenómeno celeste

Cambio de planos en las alturas, joyas,
desahogo del espacio en una red.
La peripecia del rayo es triste reino
diez mil años más tarde del fulgor.
Virajes de neblinas, tumba y huele la inmensa azucena
al envolver pupilas sin reposo:
llueve mucho:
llueve hasta quedar ciego el ejercicio luminoso.

Desgránese el párpado
frente al celaje, corren cabras como ante un cazador de miedos,
se comprime el cilindro, ya es un flujo de sustancias
y una cirugía de sueños
y un trago.

Permanezco. En el techo se apaga una gran máquina,
entra por los árboles una manga de astro, toda la operación
es silenciosa, y lo hueco crece para inflar sonidos
y seguir a oscuras dentro del grano.

Lentísima palabra como un lamento.

***

Visiones

Niebla el primer mes y antes de la muerte,
aunque ahora vea turquesas a través del vidrio.
Polvareda sobre las azoteas, penuria en los acordes
y cien veces torcida la fórmula del trato.

Dardo en el ardid del tiempo, reja del mundo
a pedazos sobre el siglo como cangrejo de mar,
otra vez caña con picante ruido de mutilación
y fruta cortada, sangrante, en solidez de choque
contra la madera o cilindro de gran estrella.

Al décimo mes aquí y allá la real podredumbre
en rededor del animal, y los senos desgarrados
y el espacio seco cuando ya penetre el humo
por ventanas, con garzas en lujosas amatistas.

La ciudad aniquilada y los distritos divididos después del
pillaje, todo poseído sin sorpresa, casi a petición de una boca
que devora por amor acto. El fuego como albergue solar y
la danza de la llama en el momento en que los sacerdotes
suenan cigarras y espantas yerbas y tabacos. Sin dilación, la
tierra se ha abierto como una mujer y hay toques de ultramar,
laberintos que se cierran, medos en las llaves, ejércitos sin
escudos llorando al pie de un edificio.

Cabriolas de infinito, el seis muestra su cara.
ha vencido y sólo péscase engaño en la voltereta del dado,
sólo fuga, sólo partes de lo que fue íntegro
y ardía como caballo, salaba como un astro, vivía,
soltaba y trepaba, miraba disparos en la noche.

Una vez más la claridad se pierde entre pestañas.

***

Pareja

Finjo no escucharla, acostado a su lado
y en actitud de estar cerca y tan sólo eso, en corazón;
verla allí suelta y tan sólo eso, tendida y tan sólo eso,
tan sólo mujer y lujo tolerable.

Simulo placer finamente ligado a su cuerda,
ella vibra donde habría antes sonido mustio
y le sale por la boca la espuma de sueño.

Entre el milagro y las paredes
la mariposa aletea después de pasar mala noche
y asomar su resistencia; da golpecitos,
baja, sube,
lubrica en la suspensión que a mí también me duele,
velludo se hace el aire a mi vista,
asada y en abandono siento parte de mi carne,
echada a perder hasta la pierna
sobresaliente y pegada como un muerto.

A súplica voy cayendo de orgullos y la corona
me queda a un lado.

Diurno y más ciego, nunca comprenderé
este nuevo sol.

***

Enigma

Ya muestras tornillos de sufrimiento, ya agitas
ocres con párpado
a pinzas levantado
sobre el canal del planeta, lobo.
Sobre mi herida espumante y sin corona. Ya.

Cruel naranja que te partes, ácida
hasta en el amor que de mí chupa
y me da bagazos en el rincón,
me abandona, me liquida. Naranja sin ternura.

Nada hace tu nariz oliéndome, tu cabeza
tirándome a o seco, ni la embestida;
nada logra pasar en sombras por mi cuello.
Cuchillada de duda pones en mi hora.

Podas sin piedad, mi flor, mi espina,
vas a dejarme liso, vas a meterme en cama,
dándome sólo espasmo como arma,
hincándome agujas en cada pata. Podas, podas,
y quedaré cuerpo, quedaré nada.

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