literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Hebe Muñoz

Creo firmemente
en la Luz

la que nunca nos deja

aquella que se refleja
en los cristales acuosos
del llanto con el que se miran
las filigranas de nubes
en las noches más oscuras

creo que ella
salta los linderos de la desesperanza

y corre

corre lejos del país del desatino

donde la demencia colectiva

insiste en trazar mapas 

en delinear fronteras sobre las aguas

Por cuanto intangible y cierta
su naturaleza absoluta
es el cosmos infinito del alma

Creo

en su porfiada esencia libre

en la inminente capacidad
que tiene de caer

redonda como las cosas ciertas

oblicua y perpenticularmente

sobre la tozudez humana

hasta dejarla muda

de tanta hermosa locura

Aquello que

los vigilantes de las tinieblas

insisten en llamar
concienzuda razón del orden de las cosas

no son más
que inútiles cárceles
para el resplandor 
que solo tienen las almas auténticas

viajeras expertas
entre los barrotes
y las grietas
y los puños apretados

El credo de Vida
es fecundo manifiesto  
donde todo tiempo es perfecto

Fuera de las murallas
de la ciudad de la noche
de las calles del desconsuelo
de las tierras del fango

más allá de los párpados caídos
de los ángulos obtusos
de los músculos rígidos
del abismo de sueños

ilumina sin enceguecer
la escrupulosa verdad que siempre es

Yo creo que la Luz
nunca nos deja

nos basta solo habitar en ella

confiadamente desnudos

sin temor alguno a los desengaños

***

La desnudez del árbol
es una luz daga
que enceguece
la tierra ocre durmiente

Destila humedad

Cuela neblina de madera

Se insinúa muda
cual silueta murmurada
al oído blanco del aire

Acalla
el escándalo cromático
de Inti

Por eso

te pido

que extiendas
tus innumerables primaveras

que me conoces

desde esas zonas abstractas
de ramas laberínticas
donde se anida el rocío
como lágrimas de la madrugada

sujétame que tengo frío

Desnuda como el árbol
dejo pasar la luz
para que nos envuelva

y nos arranque de la oscuridad
que acecha

Porque en ti
es la vida de la tierra fértil
donde mis raíces demoran

Es allí
el árbol vestido

***

I
Hay una mudez sonora en todos los silencios
son piedras rodando por las montañas del desconcierto
son el aletear de mariposas que corta el viento de los pensamientos
son olas que se acuestan en la playa del llanto
son las huellas de esa playa y el mismo llanto en espuma
son el tren de una mirada que se pierde 
en la lejanía del paisaje del alma atravesando expedita 
los objetos del amor en flor

como colinas 
los objetos del desamor 
como túneles infinitos

II
Habla el espejo mudo
dice solo nubes de mí

soy intangible reflejo
un pez

III
El abrazo que llega desde lejos

trae consigo el aire llega y no dice nada
se abandona completamente

a quien lo está esperando
lo llena de cielo

IV
En los labios cerrados
en su centro palpitante
habita la posibilidad 
de romperlo todo
de caminar descalzo 
la palabra habita

en una sala de espera

V
La ausencia

respira

VI
Se escucha en las costas
el trueno del mar la mordaza desatada las cadenas rotas
la libertad que abre de golpe sus puertas
el canto el mismo canto

***

Uno de mis pasatiempos favoritos es mirar el mundo
escudriñar los corazones
tratando de entender
el cambio que el pasar del tiempo imprime en las miradas

Observo con detenimiento a las personas
sentadas en el tren
en el café
en los bancos de plaza
que caminan

Sucumbo ante la embriaguez de ciertas nostalgias que traspasan los párpados
de ciertas durezas en el gesto del rostro
de algunos hombros encorvados
del espíritu grave de «la gravedad»

Suelo inventar historias y cruzar destinos

Puedo así permitir que suceda

que ella ría de nuevo
que él la ame
que tengan hijos
que se encuentren y se conozcan en todas sus dimensiones
que se perdonen
que ella le hable
que él la escuche
que ellos vuelvan a ser o a estar
que ellos vayan a donde quieran
que ella grite
que él la sostenga

Otras historias
en cambio
son una suma de instantes vacíos blancos
de verdadero miedo
de sudor frío desde la sien hasta el infinito
absurdos como todo terror

Es allí donde se manifiesta
el poder de tu sonrisa sobre mí
devolviéndome todos los colores que se me van gastando
mientras
observo el mundo

Vivo esta vida
invento historias
escribo poesía
entretejo destinos

***

Donde está el cielo

Que te dejes quieta
que te sueltes las manos aves
que respires del aire del vuelo

Que no te golpees el recuerdo
ni te trates mal
por hacer olvidando
por errar en el hacer

Que ya está bueno
de doblar tus sueños
pañuelos
que rebosan tus bolsillos

Que te quites los zapatos
que te aprietan los pies
que te los dejan
huérfanos de pasos
pasos sin caminos ni huellas

Que te arranques de la piel
las sin-palabras

Que el cielo no está lejos
ni tan alto ni arriba
que te envuelve

***

Travesía

Navego en tus ojos océano
me dirijo hacia tu corazón-centro-de-la-tierra

Permíteme que te diga
que aunque el reloj indique que ya es mañana
yo continuaré mi travesía

Surco tu frente con besos de luna
dejándote una estela de azúcar y saliva

Sobre tus músculos tensos
echo mi ancla
para que me mezan tus ondas

Son tus hombros mis velas

suelto mis amarras
tengo el viento a mi favor

Tu respiración marina agitada
es ráfaga salada que traspasa mi piel
y perfuma mis profundidades

Náufraga
grito
¡Tierra!
me lanzo a tus aguas
me arrastro hasta tu orilla

Fuente de los textos: https://diosablanca.org, https://circulodescritoresvenezuela.org, https://revista.poemame.com, https://astorgaredaccion.com. Foto: Geczain Tovar Andueza

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