literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de Edmundo Aray

DOBLEN CAMPANAS
¡Oh, muerte sagrada y saludable!
Hace tiempo que quería dedicarte
un canto tan fresco como el alba.
Walt Whitman

Con el alba se deshojaron, Walt,
Las rosas que en mis manos
Llevaba para volcarlas
En los ataúdes de la muerte.
Cuánto quería poner en tus brazos
Las primeras lilas, los tempranos lirios,
el ramillete de rosas de la señora Stein.
Doblen campanas.
Murmuren el canto fúnebre
De la negra noche.

***

EMILY
¡Soy nadie! ¿Quién eres tú?
¿También eres nadie?
¿Entonces, ya somos dos?
¡No lo digas! ¡Pudieran divulgarlo, sabes!
Emily Dickinson
¡Qué de lejos la armonía!
¡Qué de triste, qué roce del alba
Tu doliente armonía!
Como los náufragos
Viendo la tierra
En el centro del mar.
Si he de morir Emily
Con el amanecer,
Que sea contemplándote.
El musgo, Emily,
No ocultará
Nuestros nombres.
El tuyo por la Belleza.
El mío por la Verdad.

***

LUCIENTE DÍA
… ni los serafines en el cielo
Ni los demonios en el mar turquí
Podrán mi alma separar del alma
De mi bella adorada Annabel Lee.
Edgar Allan Poe
Salí a buscarte
Para tener una
Esperanza, apenas
Una, luciente día.
Desesperanzado,
Al caer la tarde
Me encontré
En el triste sepulcro
Abandonado
De la bella Annabel Lee.
En el viejo,
Desvencijado reino
Junto al mar turquí.

***

ACCIÓN DE FE
Y existe el silencio de los muertos.
Si nosotros que estamos en la vida, no podemos hablar
de experiencias profundas
¿por qué te asombras de que los muertos
no te hablen de la muerte?
El silencio de ellos ha de ser interpretado
cuando a ellos nos aproximemos.
Edgar Lee Masters

No todos, Edgar Lee,
Están velando.
No todos duermen
Para siempre
En la colina.
No todos callan
Para siempre.
El sol alumbra.
Así no más.
Para ellos alumbra.
Para nosotros,
Edgar Lee.

***

ISMAEL
¡Todos a popa!
¡El cachalote blanco arroja sangre espesa!
Herman Melville

Por el océano navega un barco,
Que alguna vez llamaron Raquel,
Llorando su duelo universal.
Por mar y aire flota,
Con un ataúd como boya,
Alguien para contar el cuento
Y cavar en nuestras almas.
Pico agudo redentor, que barrerá
Los juramentos de violencia
Y de venganza.
—¿Sobre mí, monarca universal,
Echarás el trapo rojo de la vida,
Como las perlas del rocío
El lienzo transparente?
¡Ay! No renunciarás a mi persecución.
No más, dirás, la monumental mortaja.
No más. Por siempre jamás.

***

Oh perla pura en flor
Recibí tus dos cariñosas y tristes cartas,
pero a pesar de lo tristes que son
y que lloro cuando las recibo,
me dan vida, respiro.
Cuídate mucho y no sufras por mí.
Basta con que sufra uno de los dos.

***

Doliendo queda de un dolor sin nombre
Recibí carta tuya de París, fecha 11.
Ese mismo día no pude contestarla
por tener a mi hijo a la muerte.
Cuando me disponía a hablar contigo
por mis cartas, vino a verme Fermín
y me dio una carta tuya y me habló de ti.
Dios sabe lo que pasó por mi alma.
Acabo de leer y de besar con toda la pasión
otra que anoche me envió Fermín.
En ella veo el estado de tu alma,
por eso te idolatro y eternamente seré tuya.
¡Ah, Pepe de mi vida! Me muero.
Solo siento no volver a verte más.
Déjame, que si yo tengo salud,
vaya a donde las cartas, aunque
solo sea para verte antes de morir.
Ahora no puedo escribirte más.
Ahora no me importa que el mundo se hunda

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