literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de María Dayana Fraile

Medusa decapitada 

La cabeza de Medusa cayó al suelo y,
en esta versión de la historia,
se desatan ventiscas y lluvias breves.
Medusa ve todo desde el suelo en el cual yace,
y maldice en grave agonía.
Mis manzanas,
me han robado mis manzanas envenenadas.
Una nota en la nevera implosiona el mediodía.
Medusa fue interpelada por las autoridades
debido a la corta extensión de su falda.
Medusa se fugó con un surfista de enrevesados dreadlocks.
Y Perseo es el chico que juega futbolito en
la cancha del colegio.
Medusa es una figura mortal.
Dibujada en tinta durante la autopsia.
Esta es la triste realidad.
La luna sonríe, hueca y rodeada de nubes.
Perseo no alcanza a meterla en el saco.
Las sirenas empiezan a cantar
y logran raptar al semidiós.
Perseo se pierde encapsulado en una burbuja
que es como una escafandra antigua.
Perseo se sumerge hasta las profundidades del océano
para nadar con las sirenas.
Las canciones de las sirenas son horripilantes
pero efectivas.
Atraen a los hombres como la miel atrae a las abejas.
Un juego de seducción,
inmanente a estas profundidades,
empieza a florecer como orquídeas desatadas y marinas.
Algas desenfrenadas.
Postal de acuarios de focas minusválidas,
en Woods Hole, aquella vez que nos quedamos como
perdidos por las piscinas
en las que se realizaría el show de las focas
con sus entrenadores.
Durante ese viaje estuve en una playa de Massachusetts.
La caseta del salvavidas estaba a la vista, en medio de todo.
Como una cosa roja y sólida mordisqueada por el sol.
Un sol breve y casi primaveral, aunque estábamos en verano.
Me dibujo una aureola de santa.
Una penetrante luz dorada envuelve mi cabeza,
como si yo fuera una figura divina.
Una breve estampa de la santidad.
Porque nos encontramos en el amanecer,
un idilio dorado, en la cintura del cuerpo de Medusa,
una liviana cadena sosteniendo sus caderas
y el paisaje soleado.
Y porque nos encontramos en su espalda,
poder crepuscular,
lejos de todo,
lejos de la penumbra gris de la neblina sucia.
Cruzamos su espalda como los mochileros
que duermen en hostales
y comen pepinillos en conserva.
Colón no era más que un fan de los viajes de Marco Polo.
Con toda la devoción que la cultura impresa representaba.
Colón roto,
con los bolsillos desgarrados, arruinado de luz solar,
angustiado de realidades, pensando en el gran viaje.
Me dibujo una aureola de santa.
Marco Polo no era más que una fantasía.
Medusa era la verdadera realidad.
La dueña de las más terribles catástrofes.
La razón por la que lucharíamos por mejores tierras.
Pétalos iluminados con el rocío e ingeniería
de vapor de fantasía,
El tren susurra chispas a lo largo de todos los rieles.
Hasta que inventaron el crédito
y todos se convirtieron en usureros.
Las sirenas descansan distribuidas en la arena
como en una postal del paraíso, entre los
islotes de los cayos, como una colección de esmeraldas
aderezadas en una gargantilla.
El alma es un concepto indeseable, casi cursi,
Me dijo el estudiante de filosofía.
Mis pinturas preferidas:
las que tenían personajes con grandes aureolas
pintadas en un dorado que recordaba al oro puro.
Soy el futuro. Todos escriben palabrotas en las nubes.
Carrusel de bistecs alados.
Me dibujo una aureola de santa.
Lorena Bobbitt,
nuestra compatriota más famosa de los 90’s
le cortó el pene a su esposo y no fue nunca a la cárcel.
Nacida en Ecuador y criada en Venezuela,
sale en un documental llevando la vida perfecta.
Yo no mataría a mi esposo ni en los poemas.
Lo mantendría errante de la sala a la cocina
y de la cocina al comedor,
escuchando The Beatles.
Preparando el desayuno.
Tiembla en Medusa el cielo.
Sus serpientes se electrizan con la medida del alba,
en un suspiro limpio.
Blancos tulipanes la adornan.
48 serpientes la consagran.
La cabeza de Medusa cae al suelo y,
en esta versión de la historia,
se desatan ventiscas y lluvias breves.
Superamos a Medusa.
Lorena no usurpa si no a Crono, el gran titán,
en esta rebatiña de figuras griegas.
Los griegos nunca hubieran permitido
que Lorena Bobbitt hubiese sido juzgada como inocente.
O quizás, me equivoco.

***

Clases de flauta

Mi profesora atraía a sus alumnos
como el flautista de Hamelín
Sus alumnos éramos ratitas ahogadas
en la bahía del Paseo Colón.
Ratitas altruistas de un laboratorio
que experimentaba con Mozart, Bach y Chopin.
Gestos congelados en la orilla de los sonidos
y la posibilidad de una redención.
Mis pulmones eran heridas que mutilaban la ranura
de soplado.
Pequeñas notas musicales
y escalas enterradas como un tesoro en mi lengua.
Mi lengua, medio animal,
medio postal de una aldea de pescadores.
Poseía una máquina de escribir para redactar mis veranos.
Poseía una mirada albina que cristalizaba en mi cerebro.
Yo me sentaba durante horas,
descifrando partituras y otorgándoles realidad.
Pisando los ocho agujeros con dedos de mantequilla.
Y creyendo que,
tarde o temprano, tocaría tan bien como ella.
La salina sacudía su manto de arena.
Puerto La Cruz era el mar,
era el aprendizaje de los relámpagos
y los besos calientes de las medusas.
Mi flauta era quemadura:
el primer paso para la alianza arquetipal.
La quemadura es el puente entre el reino de la naturaleza
y el horror ideal.
Mamá era una ejecutiva de ventas.
En la casa siempre había muestras gratis de ginebra.
Mamá mercadeaba licores para financiar mis clases de flauta particulares.
Matriarcado o un estado de dominación femenina.
El triste aprendizaje de la muerte y la ciudad fantasma consumían mi personalidad,
modelada por mujeres exitosas que, sin embargo,
no lograban resquebrajar el techo de cristal.
La vida es una virtud exclusivamente femenina
con remiendos de las hilanderas de la muerte.
Puedes pastar en mi mirada
hasta convertirte en una mujer ciervo.

***

Arcadia

Las cabras se te fueron al monte y nunca regresarán.
Arcadia de pompas fúnebres y cardamomo. El tiempo son las imágenes futuristas. El espacio es la tradición y la utopía significa en ninguna parte.
Hoy vamos a morir en el paseo de los veleros, sosteniendo esos terribles arpones de cielo. Arpones de dibujos animados.
Arpones. Simplemente, arpones.
Arpones
Crisis de los relatos. Era el relato de las Luces, un efecto del progreso de las ciencias. Esa violenta heterogeneidad de los juegos del lenguaje. Somos personajes del Quijote.
Somos una poesía que se atreve a romper los límites de la imaginación.
Arcadia saltarina de ojos profanos. Eres un diente en la boca del placer.
Una prótesis de porcelana y esmalte.
Cada uno de nosotros vive en una encrucijada dibujada en los paredones.
El gran héroe y sus dorados propósitos se murieron en la fila de la merienda del hospital psiquiátrico.
Helado y galletas, gelatina y jugo de arándanos.
Alguien me llama Lady Gaga mientras la fila avanza.
Alguien me alza entre sus brazos a la hora de la visita.
Soy la soledad de uñas pintadas con esmalte terracota. El código literario se desvanece y la naturaleza goza de un número limitado de procedimientos.
Estallido de frutas oscuras, tigres de luz, acechando la mañana o una creación fantasiosa de la mente. Las erinias pastan como vacas a mi alrededor. Se comen mis flores. Este es un jardín privatizado. Los gemelos controlan el clima.
Soy el futuro.
No estoy en tu misma frecuencia.

***

¿Puedo beber tu sangre?

1

Yo ingresé a la verdad psiquiátrica

Un templo para los fundidos

Un templo de venas azules y huevos estrellados.

Yo fui sometida por una secta de matones que debatían acerca de mi salud mental

Yo fui sometida

Sometida

Sometida

Ilusión cósmica

Todo lo que escribo es contra el sistema de la mentira psiquiátrica

Se trata de una saga sagrada de bombillos marchitos

Prisión de vanidades: los adoctrinados por tu amor

no podemos volver.

Ballena blanca entrando en la bahía

La jadeante respiración del moribundo de la cama de al lado

Caníbal hundiéndose en el paraíso de la crema ácida

Galeón con velas de terciopelo, comercial o de guerra

Su estela se prolongó hasta el paraíso providencial, tierra de grandes virtudes y valientes ciudadanos

Su estela se prolongó por la vía intravenosa y descubrió un continente entero pululando en mi corazón de colifor-tema-constructivo

La tripulación se zambulló en mi sangre y nadó hasta mi garganta

Los marineros se sujetaron de mis dientes como de un archipiélago rocoso

Salieron, uno por uno, pisaron mi lengua y alcanzaron la habitación de luces blancas

Las enfermeras gritaban, yo estaba dando a luz el horror de una tripulación perdida

2

Yo ingresé a un templo para los quemados

Un templo de batas azules y orina dibujando paisajes mustios en el suelo

Me sentía decapitada como una Medusa o como una virgen raptada de su apartamento

Del teléfono goteaba un arcoíris mientras llamaba al 911

Intenté llamar a la policía pero ellos eran la policía

Yo fui sometida

Sometida

Sometida

La sinestesia de los colores era un duelo profundo

Porque una lata de guisantes es la medida del amor

Cuando estás encerrada en el psiquiátrico en contra de tu voluntad

Y solo queda la noche de los guisantes y la salsa espesa volando por los aires

Ambarinos mis ojos de tanto comer ballenas

Era terrible quedarme sin señal en un lugar como ése

Mis referencias eran McMurphy siendo lobotomizado

La ventana de mi habitación daba a una calle martirizada por los estudiantes de enfermería que patinaban en el hielo como cuervos arrogantes

Los otros pacientes se sumergían en mi herida, nadaban con snorkel y chapaletas y cambiaban los canales de mi imaginación

3

Yo ingresé al templo de la mentira empírica

Me sometieron con esposas en un breve paseo por la catástrofe literal

Me llevaron en las entrañas de un elefante mecánico

Me dieron tres pastillas y dibujaron mi cerebro en la noche de los escalpelos suicidas

Yo solo quería comer unicornios y libros por kilogramos

Las enfermeras estaban clavadas en un corcho con el cronograma semanal

Con sus cuerpos perforados por alfileres de sangre y el primer latido de la mañana brotando de entre sus piernas de orquídeas

Mostraban sus pantimedias de encajes y el puño en alto para los pacientes que no entendían la longitud de aquella manzana podrida.    

Yo ingresé al templo de la mentira abstracta

El pene de Urano arremetía contra mi lucidez en forma de inyecciones que borraban del mundo sensible

Los tecnócratas me dejaban mensajes en la contestadora: 

¿Puedo beber tu sangre?

Sobre la autora

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