literatura venezolana

de hoy y de siempre

Poemas de José Manuel Briceño Guerrero

Monstruo afligido

Reducido a un ovillo de serpientes,
moño de los cabellos de Medusa,
cerrado y espasmódico, lloroso
como una isla, apretado y doliente,
aspiro al sueño en el regazo de la madre
incorpórea, busco amparo contra mí mismo,
contra el nudo viviente, la estopa neuronal.

(Madre, yo también soy tu hijo,
escóndeme en el secreto de tus glándulas,
albérgame en la intemperie interna,
¡desátame!).

Para mí también se hicieron los relámpagos,
la chispeante alegría compartida,
los manantiales y la sombra,
el rocío y la miel.

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Me acuesto en la luz líquida,
en la agonía de los colores últimos,
todos mis ojos de reptil, todos
vueltos, sin párpados, hacia el vacío central.

¿No surgieron acaso de tu vientre
esta cabellera de ofidios, esta
lengua de fuego, estos colmillos venenosos?
¿No soy yo también nervio de tu nervio?

Madre, ya estoy dormido.
Hazme despertar cantando bajo la lluvia
inventando imposibles
como cualquiera otro de tus hijos.

***

No quiero

No quiero hacer el inventario
de tus pormenores.
Ni repetir quiero la trama
de tus pasos en el espacio eterno.
Cierro los ojos a tu danza creadora
de palacios, la desdeño.

¡Entrégame el mensaje para destruirlo
y parte!

Con un ovario tuyo en cada oído
escuché las mismas palabras
que me hicieron.
Útero y corazón puedes ya deshojar:
nada tengo que buscar en tu ombligo
ni en tu seno de semen derramado.

Algún día te amaré desde la ruta
en espiral,
y habrás muerto.

***

El cielo me cuenta tus estados de ánimo
me habla de tu fiera alegría
de tus exaltaciones y esplendores
me deslumbra con las noticias de tu ingenio.
El cielo me cuenta tus estados de ánimo
me dice cuándo sufres cuándo te encierras
en hondos grises cuándo desesperas
en dónde se esconden tus ojos para soñar
cómo y por qué abandonas los brillos y fulgores.
El cielo me cuenta tus estados de ánimo
me hace escuchar los pasos de tu mente
por los matices de la meditación
desde los desconciertos y las quejas
desde las rebeldes protestas la subversión
hasta la paz profunda la quietud
de las suaves comprensiones
la calma la bonanza.

Yo le agradezco al cielo esos mensajes
pero le guardo rencor por no ser tú
deseo que lo quiebre lo haga trizas
lo disperse lo anule lo aniquile
la tempestad de tu presencia.

***

Eres el único río que yo no cambiaría por el mar.
Eres el único sonido que yo no cambiaría por el silencio.
Eres lo único finito que yo prefiero a lo infinito.
Eres lo único humano que prefiero a lo divino.
Eres lo único mortal que prefiero a la inmortalidad.
No te quiero por tu belleza, aunque sin ella yo no podría justificar
el universo.

No te quiero por el placer que nos damos el uno al otro, aunque
sin él la vida es muerte.
No te quiero por nuestras interminables conversaciones afectuosas,
aunque sin ellas no le veo sentido a la palabra.
No te quiero por los recuerdos de otras vidas que se suman a esta
y alimentan la gracia del encuentro, aunque sin ellos yo no tendría
identidad ni tú tampoco; hijos somos de la memoria.

Te quiero por el vacío en ti que nadie llena.
Te quiero por el dolor de ser que te atraviesa.
Te quiero por la inútil espera, el abandono, la carencia de Dios, el
desamparo.
Por aquel diecisiete de marzo cuando vimos el parentesco horrible
que nos une.

***

La verdadera muerte
es el olvido.
¿Podría uno recordarse
siempre a sí mismo
y así ser inmortal?

***

Espej os no hay en nuestro templo
Espejo son los otros
Soy esta mirada insaciable
Pongo todo frente a mí
No puedo verme. Soy nada
Cuando te miro entro en un espejo obscuro
Glorioso dios vacío.
Cuando me miras entras en un espejo obscuro
No puedes verte. Eres nada.
Pones todo frente a ti
Eres una mirada insaciable
Espejo son los otros
Espejos no hay en nuestro templo.

***

Mis únicos tesoros
son el alma y la palabra;
pero el alma es salvaje
y la palabra no se deja domar.

***

No vivo solamente en la casa
que hice construir hace veinticinco años.
Vivo también en las miradas
de los vecinos,
en las creencias
que me sostienen,
en los temores
que se trasmutan
en muros de piedra,
portones de hierro,
rejas,
cerrojos,
perros.
No te olvides
de pasar la llave,
deja prendido el televisor.
La nostalgia del campo
cría cedros, araguaneyes,
bucares, almendrones,
cambures, yuca, ocumo.
De la infancia perdida
y olvidada
queda una magnolia,
rama dorada,
pasaje al hades.
Mi casa,
hecha de materiales visibles
y tangibles,
columnas, ladrillos,
tejas, madera,
bases firmes y riostras,
mi casa
que cualquiera mira
sostiene otra casa
invisible
donde yo vivo de verdad.
En mi patio se materializan
las afecciones de mi entraña.
Cuando vienes a visitarme
entras en mí.
Ten cuidado
de no quebrar mi corazón.
No me mates.

***

Los hombres
han sido puestos sobre la tierra
para que recobren la memoria.

***

Hoy no he podido verte.
Esa facultad mía
que me permite observar
tu quehacer cotidiano
desde cualquier distancia
y a través de cualquier obstáculo,
con solo cerrar la mano izquierda
y apretar el pulgar con fuerza
contra el índice,
se encuentra inhibida
por la acción de un planeta oculto.

***

En palabras fui engendrado
y parido,
y con palabras
me amamantó mi madre.
Nada me dio
sin palabras.

***

Oía los ruidos familiares
de la noche
y cavilaba.
¿La noche devoraba
todas las cosas nombradas
y organizadas por el verbo
hasta que el alba
les restituía su significación?

Recordé la magnolia
y la imaginé fuerte,
poderosa,
bailando al viento
esa pequeña danza suya
tan parecida a la danza de las cobras.

Me pareció ver una culebra ciega
enroscada en su tronco
mientras el sueño me borraba.

***

También los sueños
pertenecen al verbo.
No solo los sueños
de cada noche
recordados o no.

También los sueños
de ese sueño despierto,
sea real o imaginario
lo que muestran.

***

Una palabra sola,
cuando es liberada
de su significado,
no puede sostenerse
y vuela rauda hacia su origen.

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