literatura venezolana

de hoy y de siempre

Ojo de pez

Antonieta Madrid

TRUCAJE
Fotos,
tiempo suspendido
de un hilo verbal.
Octavio Paz

Intocada ve pasar el tiempo. Bella luce en medio de la sala: expresión ausente, de muñeca; gato siamés a los pies. Al fondo, un piano de cola con varios portarretratos encima. Diversas Susanas Almarza unidas por una constante: el miedo. Un miedo tan grande que impregna toda la sala. Trucaje. Narración cosmética. Nula toda referencia a lo real. Varias fotos que simulan ser una sola. El ilusorio maquillaje desplaza al tatuaje de la experiencia. Aquel, más acorde con la pulsión del desperdicio. Descarte. Desecho…

Fotomontaje de la hermosa en atrevido escote. Toda relax ella sobre el diván tapizado en terciopelo verde eléctrico, El viento bate las cortinas de gasa blanco-arena y, en su movimiento, dejan entrar una luz velada, difusa, rayada. Vaciamiento de códigos. Burlesco. Ritual. Liturgia. Oficio. Teatro. Parodia. La mitad del rostro iluminado, La otra mitad en sombras. Sin embargo, se corresponden: las dos pertenecen a la misma modelo. Dos caras tiene la hoja de papel: si lo cortas, ambas sufren la morbidez de la rasgadura.

Ideología de la simulación. Desaparición del original. Imposición de la máscara. Body art. Filtraje. Dress art. Trucaje. Técnicas experimentales. Toda técnica alguna vez fue experimental. Vestida de tafetán, los brazos apenas cubiertos por abullonadas mangas cortas que figuran una continuación del escote recamier, exhibe heredadas joyas: en el brazo derecho, apoyado sobre el borde del diván, pulseras de oro macizo con incrustaciones de diamantes; en el izquierdo, lánguido, separado del cuerpo, la mano sobre el muslo, tintineantes dijes y morocotas; en el cuello, sencillo collar de oro y perlas.

¿Es o no es?

¿Es ella misma ésta y todas sus copias sobre el piano? Miríadas de rostros presentes, ausentes, recordados e imaginados se reflejan unos a otros en los cristales de los portarretratos, en el vidrio convexo del inmenso reloj de pie, más grande que un hombre, como un Dios. ¡Cronos! ¡Papá! Visiones diferentes. Pulsión mimética. Imagen retro. Disfraz. Tafetraje tornasol, verde/azul/amarillento. Bordes de encaje hasta la mitad de las finas piernas. Aire inseguro…

…se viven muchas vidas. Se sienten muchas muertes. Se siguen los estilos…

Intocada aún por el amor, incasada, fresca flor, sonríe y muestra unos dientes perfectos. Los mantiene así: intactos y perfectos. No sólo los dientes. Parece que todo lo tiene perfecto. Pretérito perfecto. Pluscuamperfecto del verbo tener. Presente perfecto. Futuro perfecto. Mamatchka segunda. Una muñeca tamaño natural. Por qué será que no hacen muñecas así de grandes para jugar, para sentarlas en los sillones a tomar el té, para jugar alas visitas. Antieconómico resultaría. Existen, aunque para otros fines, Las fabrican en serie. Muñecas de troquel. Inflables. Inflamables también. Se consiguen en los sex-shops.

Susana Almarza. Mamabella. Mamatchka. Matriuska. Susana era una niñita que se montaba en las copas de los árboles y se dejaba colgar como una estalactita. Oscilaba en el aire. Se balanceaba sin caer como la novia de Tarzán. Dianabella, Susanita la amiga de Mafalda. Susanita era una niña que lloraba sin propósito y mordía los lápices y se comía las uñas y se asustaba horrores cuando tenía que presentar exámenes,

Susana es una joven en el umbral del universo, a la expectativa, presta a tomar posesión de la pequeña parcela del mundo que le ha sido asignada, Dispuesta a asumir su papel, a representarlo serena y dignamente, ha cambiado juguetes por joyas, libros por tarjetas de invitación. Ella no siente, quiere, desea, anhela, tiene un carro descapotable, un diamante de innúmeros quilates, un apartamento anexo a la casa de sus padres, sólo para recibir; un flamante enamorado recién graduado; una lista de bodas (regalos incontables…) Planifica un tour por Europa, un crucero por las islas griegas: Mikonos, Santorini, Creta, ltaca y ¿por qué no?, también Estambul.

Mamabella, una mujer grande regañada. Un maniquí tamaño natural, no inflable sino de plástico duro, Un maniquí vestido de seda, de raso, de volle, de moiré, de gasa, con lentejuelas, con encajes, con canutillos, con piedras de todos los colores. Un maniquí de poses soberanas y notable arrogancia. Un maniquí que tiembla de frio y se encoge de tristeza. A pesar del disimulo, el miedo se la come. Miedo. Mucho miedo. Miedo al mármol del piso. Miedo a la alfombra persa. Miedo al enorme reloj. Miedo a la abuela. Miedo a papá. Miedo que alcanza a mamá Ina y hasta sus propios hijos.

¿Qué pasó con la bella intocada de la foto?

¿Qué quedó de ella?

Un maniquí. Un maniquí lleno de miedo. Un maniquí tieso, duro, rígido, sintético, irrompible, de tienda de modas. El modelo superó al original. La copia devoró al modelo. La imagen borró a la copia. La sombra sustituyó a la imagen. El reflejo reemplazó a la sombra.

…se va Muy lejos…

Fijeza. Tiesura. Moda. Muerte.

Intocada. Callada, No tienes por qué contar lo que te pasa, a nadie, si ese alguien no va a ayudarte. Se tiene un cuerpo. Debe ser disfrutado. ¿Qué esperas?

Cuerpo-foto cuerpo-historia cuerpo-texto… Hace veinte años, cuerpo de astucia cuerpo de adorno cuerpo-plano cuerpo-adherente cuerpo-cuadro cuerpo-fantasma cuerpo-sombra cuerpo-recuerdo cuerpo-reflejo cuerpo-adivino.

¿Qué hacer? Nunca sabe… A veces dice lo que no debe decir y otras, calla lo que tiene importancia. Es el miedo que no la deja reír que no la deja vivir que no la deja querer que no la deja sentir que no la deja creer. Teatralidad hipertélica. Más allá de sus propios fines. Tortura y placer. Digna de lástima. No temas, con decir a todos que si, basta. No discutas, después haces como quieras, tal como tú quieras. Tú callada, intocada.

Foto-novela. Melania tiene montones en su habitación. Vidas que parecen desgraciadas pero que siempre terminan

felices. Feliz la muerte. Feliz el fin. Fotos de álbum. Desde el día en que nací. Mejor dicho, desde antes de nacer, Madre Susana embarazada. Desde antes de la boda-génesis. Cada día. Cada mes. Cada año con todos los datos pertinentes. Los impertinentes, en fotos fuera de álbum. Foto enmascarada de técnica propia ésta. Exposición múltiple. Superposición. Sobreimpresión. Superimposición. Yuxtaposición. Sincronía. Una al lado de la otra. Todas a la vez. Fetiche. El tratamiento de este método presupone un dominio artesanal soberano de todas las técnicas: filtraje, enmascaramiento, solarización… Christian Schad y Man Ray, los maestros. Rayo-grafía. Collage. Bauhaus. Moholy-Nagy. Santiago Pol. Diane Arbus. Vasco Szinetar.

He aprendido a no ser como mamá. He aprendido a ser como yo misma. He aprendido a guardar lo que es mío, a economizarme, a ser la única protagonista y sobre todo, he aprendido a no tener nunca miedo, ni de los vivos, ni de los muertos…

El primer beso. Siempre hay un primer beso y un último beso también, sobre todo cuando se trata de una novela. El primer beso de Fabio y Vanesa en la biblioteca de la casa, el lugar más seguro del mundo. Un hormigueo por todo el cuerpo. Una corriente eléctrica que los recorre. Un estremecimiento. Un terremoto interior. Una sensación de suprema felicidad. Un éxtasis. Un beso largo sin tiempo y una percepción divina, indescriptible, infotografiable. Foto-resistencia. Fotografismo libre. Fotosensibilidad. Después, un ligero susto un oscurecimiento una pulsión de fuga ¿de la cámara? ¿salirse de la foto? ¿de la biblioteca? ¿y si lo llegan a saber? No debe repetirse.

Se repitió. Se repitió mil veces. Se repitió al infinito como los reflejos de un espejo en otro espejo en otro espejo en otro espejo…

¿Y si Fabio lo cuenta? Peor para él. No lo veré más. Diré que es un mentiroso. Un calumniador, el peor defecto en un hombre. ¿Y sí nos descubren? Pues, lo negaré. No y no, con todas mis fuerzas. Jamás confesaré No lo he visto nunca. Nunca…

Es por hacer caso a la gente que Mamabella está así, paralizada, congelada como en una foto, Mujer-muro, Mujer estatua. Mujer en foto. Mujer en múltiples portarretratos amontonados sobre un piano de cola. Mujer-espejo. Mujer-río. Mujer-océano. Ana Livia Plurabelle. Molly Bloom. Isolda. Isabel, Susana. Pero el miedo le va creciendo por dentro como una enfermedad mortal. Se va gestando. Se va acumulando. Hace estragos y cuando lo notas, ya no hay remedio; un «cáncer” con metástasis en todos los actos de la vida. Una mujer bloqueada. Un fantasma aterrado. Un vapor, un trompe l’oeil. ¡Pobre Mamabella! A veces pienso que ella se fregó.

Pero no. Ella asegura que no es así. Ella dice que se siente muy bien así, congelada, taxidermizada, momificada. Ella dice que vive como quiere, que ella, a los doce años, ya era toda una mujer porque ya sabía lo que quería: ser un maniquí, divertirse, actuar, mostrarse. Muñeca articulable/desarticulable, al antojo del dueño, o del cliente. Y tú, tan infantil como eres. Yo, a tu edad, ya lo sabía todo, pero lo que se dice, todo, Todo…

¡Qué maravilla! Tú, a mi edad ya lo sabías todo. Mujer biónica. ¡Bruja! Sabías lo que querías. Sabías lo que ibas a ser. Ya estabas tatuada, inscrita, ensamblada, armada, embalsamada, empaquetada, lista para ser vendida, comprada, consumida. Ya habías probado todas las prótesis. Habías pasado por la mejor escuela. ¡Mamatchka! Tenías tu propio envase, al vacío, para preservarte mejor. Mamatchkas, una dentro de la otra. Todas caben, como las cajas chinas, ¡qué maravilla! Habías sido procesada para llegar intacta a tu destinatario. Garantía opcional. Contrato renovable, automáticamente, sin aviso previo.

Y yo, Mamatchka chiquita, en degradé, ni siquiera puedo explicarme por qué estoy aquí, qué hago en este mundo que me resulta tan ajeno. ¿Por qué me trajeron sin mi permiso para clavarme, como una mariposa más, en la vasta colección?

Intocada, callada, Susana Almarza ve pasar el tiempo…

Sobre la autora

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