literatura venezolana

de hoy y de siempre

Milagros Mata Gil, por sí misma

I.

Nací en Caracas, Clínica Plaza, Parroquia Altagracia, el 17 de abril de 1951 y desde ese día he estado irrumpiendo, cortando, combatiendo. Mi madre «ya tenía una edad» cuando me concibió, luego de varios fallidos intentos, y por razones varias el médico tuvo que usar fórceps. Mi madre quedó desgarrada y yo, con tres cicatrices eternas. Mi madre nunca me perdonó tanto sacrificio sangriento a cambio de la criatura rebelde y de gustos extraños que resulté ser: al principio, me gustaba que me leyeran. Pero los adultos no siempre tenían tiempo o ganas y yo rabiaba por descubrir esos mundos que estaban en los hermosos libros que mi tío y padrino Manuel comenzó a regalarme desde antes que naciera. Así que aprendí a leer. No recuerdo cómo, pero ya a los cuatro años comencé a leer y luego mi madre me puso en una de aquellas escuelitas domésticas para que aprendiera a escribir.

Mi madre siempre se preocupó por mi desinterés por las cosas de los niños «normales», y por ese afán de leer y luego narrar y representar mis propias historias. Tuve un amigo imaginario, que se llamaba Manuel y cada noche yo les narraba a la familia un capítulo de una obra llamada «El pajarito azul». Además, era una niña enfermiza, con muchos males del pecho que me postraban en una habitación de alto techo donde había un tragaluz. Luego, nació mi hermana y mi madre se tranquilizó. Después, Pérez Jiménez decidió hacer desaparecer el barrio de Montepiedad, donde vivíamos y mi padre tenía su negocio, y un día nos vimos literalmente en la calle. Así que emigramos a Angostura, donde ya vivían mis tíos Tirso y Manuel. Yo tenía entonces ocho años. A veces, omito todos los datos cronológicos de ese tiempo, porque, para mí, no hay otra patria chica que Angostura.

II.

En Angostura me crié. Estudié la escuela primaria en un muy ortodoxo colegio de monjas, de dónde egresé con una ortografía impecable, con muchas lecturas de historia sagrada y vidas de santos y un incipiente ateísmo. De ahí, estudié bachillerato mercantil y me encontré en ese liceo una biblioteca gigante donada en su momento por el poeta Héctor Guillermo Villalobos. Era una biblioteca heterodoxa que dirigía una muchacha incapaz de hacer distinciones ni prohibiciones, y así leí desde los Diálogos de Platón hasta los 16 tomos de La Comedia Humana, de Balzac. Desde Malraux a Dante Alighieri. Desde Petronio hasta Charles Dickens. Desde Milton a Andrés Eloy Blanco. Un verdadero enredo de lecturas del que salí al final, con muchas ideas confundidas.

Tenía diecisiete años y muchas ganas de experimentar la libertad. Tuve que irme al Pedagógico de Caracas para dar orden a todo eso y allí adquirí el gusto por lo grecolatino. Mientras, desde los trece me ejercitaba como periodista. El estudio de la Literatura y el ordenamiento de mis lecturas me proveyeron de teorías. El periodismo me enseñó a observar, a ser desenfadada e irónica, a investigar hasta las últimas consecuencias. Di clases, porque para eso me formé. Pero he sido más periodista que otra cosa y aprendí más en las redacciones que en la universidad. De hecho, literalmente, en la redacción de «Antorcha», en El Tigre, Aquiles Lambert Marcano, me puso en las manos la obra de William Faulkner y desde allí me paseé por toda la Generación Perdida y especialmente por Dos Passos. Me impliqué con la Literatura en lengua inglesa, tanto la Norteamericana como la Británica. Mezclé eso con lo grecolatino y con el Siglo de Oro español. Descubrí a Joyce. Y después de eso, a los latinoamericanos.

III.

Mis amigos me llamaban desde muy muchacha «poeta», pero sólo hasta 1984 decidí asumir la escritura como oficio. Y me decanté por el cuento, la narrativa, y el ensayo. En 1986 terminé «La Casa en Llamas», mi primera novela, bajo la guía de Manuel Bermúdez y José Balza. Trabajaba entonces en la Biblioteca Simón Rodríguez, sita en la esquina El Conde, de Caracas. Ese año, creo, o el siguiente, me fui a México y allí escribí otras dos novelas: «Mata El Caracol» y «Memorias de una Antigua Primavera». Entre 1986 y 1995 publiqué varios libros de ensayos y otra novela, «El Diario Íntimo de Francisca Malabar». Fundé en 1995 el Centro de Estudios Literarios de la Universidad Nacional Experimental de Guayana y allí estuve hasta 1999. Tenía varias cosas escritas y publicadas, hasta sumar 32 libros. Entonces, quise descansar. Dije que ya no tenía nada que demostrar. Y me jubilé.

Entre el 2000 y el 2017 tomé un largo descanso de la Literatura y me involucré en la cuestión política. Por lo demás solamente leía y leía y analizaba la evolución, el proceso de la Literatura Venezolana. Vi las realidades y las imposturas. Tanto en la producción como en la crítica. En Facebook descubrí tesoros de letras, gente que jamás había sido reseñada.

Como tantas veces antes, para ser registrado, todo tenía que suceder en los centros establecidos: en Caracas, Valencia, Maracay o Mérida. Y  veces ni así. Un escritor como Golcar Rojas, en 2008, jamás habría sido leído. Una poeta enorme como Emilia Marcano Quijada, mucho menos. Así que me puse a leer en Facebook, y a tomar notas y tal. Yo residía en Barquisimeto, mas no vivía allí. Vivía en mi casa, con mi computadora y mi internet.

En 2018 me volví a mudar a El Tigre y recomencé la escritura: cuentos, una novela, «El Acoso», otras dos que están germinando aún, dos libros de ensayo, «La Libertad como Utopía» y  «En un lugar remoto». En 2020, encontré en Facebook un gran escritor que no estaba entre mis contactos, ni sabía lo bueno que era: Eziongeber Chino Álvarez.  Nos hicimos amigos y decidimos montar una editorial de libros virtuales. Eso nos permitiría vivir, creíamos, publicar y ayudar a otros escritores. Lo hicimos y seguimos en eso: la Editorial Ítaca ya es parte del panorama literario venezolano, ahora encaminada a desarrollar la difusión y promoción la Literatura mediante las modernas tecnologías.

IV.

Como me escribió un amigo: «Crear una editorial y hacer que funcione es llegar a la cueva primigenia de que habla Platón para conservar los secretos, para revelarlos lentamente a los elegidos. La mayor parte de los escritores somos demasiado perezosos o desorganizados para editar». Y no es fácil hacer ambas cosas, aunque la historia universal del quehacer literario está llena de ejemplos.

Ahora bien ¿Una editorial que privilegia los libros virtuales? ¿Y qué pasa con la textura y el olor del libro de papel? Tuve que comenzar por convencer a mi socio, porque yo desde el 2014 había optado por leer en dispositivos electrónicos. Y esa forma me enriqueció intelectualmente sin aumentar mi trabajo doméstico. Y ahora, cuando la Editorial Ítaca está ya posicionada en el paisaje literario, aún tenemos que argumentar en favor de los libros virtuales, aunque tuvimos que recurrir a Amazon para la opción de impresión por demanda.

Hay, además, un fuerte trabajo administrativo: procuramos dar a los autores el 40% del precio de venta y eso implica llevar controles contables. Y el trabajo propiamente editorial propiamente dicho, que requiere dedicación y acuciosidad. Tanto Eziongeber Álvarez como yo hemos aprendido a tener paciencia. Editamos, gerenciamos, vendemos y escribimos nuestra obra. Y en eso andamos.

Para finalizar, copiaré otro texto de lo que escribió mi amigo, el que cité al principio:

«Porque de pronto vi lo que tú estabas viendo: no el hoy sino el mañana. Con ese tu cerebro luminoso, estabas viendo el futuro de todos los que subiéramos a la nave de Ítaca, incluyendo al Chino. Quienes piensan que el de la Editorial es un nombre bonito no comprenden la tensión filosófica que hay detrás: porque Ítaca es el Reino.»

Cuento

El pájaro imposible y En busca de la rosa invisible del paraíso

La elección

Novela

El diario íntimo de Francisca Malabar

Ensayo

Las nociones de libertad, destino y responsabilidad en la Antigua Grecia

En Biblioteca

El acoso

2 comentarios en «Milagros Mata Gil, por sí misma»
  1. Muy interesante el objetivo y la visión de la fundación,me gusta la poesía,he escrito como lo califico yo,algunas letras sueltas,no pretendo con ello estar a la altura de los poetas,quiero leer y aprender lo que es el mundo de la literatura, con todo respeto y humildad deseo llegar a conocer la fundación.Agradezco la atención.

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