Magda Uzcátegui Armas
CAPÍTULO I. CELA
Todos los niños corretean y juegan en el receso. Es viernes, y los alumnos están más ansiosos y alegres de lo normal por ser el último día de clases de la semana, y más aún en esta ocasión, pues se acercaban unas pequeñas vacaciones por el asueto del carnaval. Todos están más contentos que nunca, ríen, juegan y hacen muchas bromas por todo el patio del colegio.
En un banquito ubicado justo debajo de un árbol y algo alejado del patio, se encuentra Cela, una niña de sexto grado no muy alta y gordita que usa unos grandes anteojos y lee un libro tan interesante que ni siquiera se percata de lo que sucede a su alrededor. La maestra Mary, del sexto grado, un tanto curiosa por la actitud distante de Cela, se acerca para hablar con ella.
– Cela, ¿por qué no vas a jugar con tus compañeritos?
Cela alza la mirada y la observa con sus grandes ojos inocentes:
– Porque quiero leer este libro.
– Pero… – insiste la maestra – ¿no puedes leerlo más tarde? Mira, todos los niños están jugando, mientras que ese libro lo puedes leer cuando quieras, incluso en tu casa.
– Pero yo quiero leerlo ahorita maestra –responde Cela tratando de hacerle entender que no quiere jugar.
– Ah bueno está bien Cela, lo que pasa es que siempre te veo leyendo sola en los recesos y pensé que quizás te hacía falta divertirte, jugar con otros niños.
– No se preocupe maestra, estoy bien así, yo se que a la mayoría de los niños les gusta jugar pero a mí no me llaman la atención sus juegos; prefiero sentarme aquí y leer mis cuentos. Siempre me ha gustado leer mucho.
– Bueno, bueno está bien, yo sólo sugería… bueno no importa Cela, nos vemos más tarde en el salón, ¿sí? Debo irme -dice la maestra mientras le sonríe y se aleja caminando rápidamente hacia el salón de profesores.
Cela mira con extrañeza a la maestra y vuelve a sumergirse en su libro.
Ese es el mayor pasatiempo de Cela: sus libros y su imaginación. Le fascina leer e imaginarse como los personajes de las historias, vivir sus aventuras, visitar hermosos lugares, resolver grandes misterios, en fin, ese es su mundo y así es feliz. Mientras el resto de los niños juegan y corren, Cela lee y lee.
* * *
Ya es de noche y Cela se encuentra en el comedor de su casa cenando con sus padres. Sus papás hablan y hablan sin parar mientras ella juega con su comida.
-Debemos encontrar la moneda sagrada –dice Cela mientras agarra su pan y lo pasea por su plato.
– Pero, señor guerrero –dice afinando la voz y tomando su tenedor-, no sabemos qué peligros hay en el bosque, ese lugar es muy oscuro y tenebroso además…
– ¡¡Cela!! –le interrumpe su madre repentinamente.
– ¿Qué pasó mamá? –pregunta sorprendida.
– Tu padre te está hablando, amor, préstale atención.
– ¡Ah! Disculpa, papá, yo…
– Tranquila, hija -le replica su padre- sólo te estaba diciendo que este fin de semana irás a casa de tu abuela, pero como parecías en otro planeta.
– ¿Dónde mi abuela? ¿A la Culata?
– Sí –responde su mamá- tu padre y yo queremos hacer un pequeño viaje a Valencia a casa de tu tía Carla. Ella está muy enferma y creo que lo mejor es aprovechar estos días libres para darnos una pasadita por allá a ver como sigue.
– Ah, y ¿yo podría ir con ustedes?
– No me parece buena idea hija –responde su padre- ninguno de tus primos va a estar y solamente habrá gente adulta en la casa. Además hay mucha preocupación en el ambiente por el estado de tu tía; te aburrirías mucho y no tendrías nada que hacer. En cambio ¡la abuela es genial! Ella siempre se ha llevado bien con los niños y pensamos que allá puedes estar mucho mejor.
– Pero es que tengo tanto tiempo sin verla que ya casi ni la recuerdo.
