literatura venezolana

de hoy y de siempre

Manuel Felipe Rugeles

(San Cristóbal, 1903 – Caracas, 1959)

Hijo de Manuel Salvador Rugeles y Ana Rita Cacique. Hizo sus estudios de instrucción primaria en el colegio Alemán de su ciudad nativa y los de educación secundaria en el liceo Simón Bolívar de esta misma localidad, donde obtuvo el título de bachiller, completando su formación a través del estudio autodidacta. Junto con José Antonio Ramos Sucre, Fernando Paz Castillo, Andrés Eloy Blanco, Antonio Arraiz y Alberto Arvelo Torrealba, fue un destacado miembro de la «generación de 1918» venezolana, grupo poético que dejó atrás el modernismo y transitó hacia las vanguardias.

Fue encarcelado por sus críticas al gobierno de Juan Vicente Gómez, y en 1929 hubo de exiliarse en Colombia. En Bogotá fue secretario de Eduardo Santos, fundador y director del diario El Tiempo, quien más tarde sería presidente constitucional de Colombia. De regreso a Venezuela en 1936, ejerció como director de Cultura y Bellas Artes del Ministerio de Educación y director de la Revista Nacional de Cultura. Formó parte del grupo «Viernes», cuya revista se convirtió en el vehículo fundamental de la vanguardia venezolana, y en la cual colaboró constantemente.

También ejerce cargos como secretario del ministro de Hacienda, diputado a la Asamblea Legislativa del estado Táchira, director de la revista El Agricultor Venezolano, director del diario Crítica, director de gabinete del Ministerio de Agricultura y Cría, director de gabinete de Hacienda y director de la Oficina Nacional de Prensa. Secretario de la delegación venezolana ante la Organización de Estados Americanos (OEA) en Washington (1948), fue consejero cultural de la Embajada de Venezuela en Buenos Aires. En 1953 fue director de Cultura y Bellas Artes del Ministerio de Educación y director de la Revista Nacional de Cultura (1953-1957). En los últimos años de su vida fundó y dirigió una revista para los niños con el nombre de Pico-Pico.

Obra poética: Cántaro (1937), Oración para clamar por los oprimidos (1939), La errante melodía (1942), Aldea en la niebla (1944), Puerta de cielo (1945), Luz de tu presencia (1947), Canto a Iberoamérica (1947), poema premiado en los Juegos Florales Interamericanos, organizados en México por la Unión Femenina Iberoamericana, el 12 de octubre de 1947, Memoria de la tierra (1948), Coplas (1947), ¡Canta pirulero! (1950), Cantos de sur y norte (1954), que mereció el Premio Nacional de Literatura de ese año, y Dorada estación (1961), publicado después de su muerte.

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Canta Pirulero

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