literatura venezolana

de hoy y de siempre

Luis Yrausquin: fruta madura que se descubre en el árbol de la poesía

Una semblanza, por Mirih Berbin

Luis Henrique Yrausquín Landaez (1982). Es un poeta que ha pasado más de la mitad de su vida en el viaje que alivia los avatares de la existencia humana. En apariencia su viaje no ha sido distinto al resto de las personas, pero basta tocar la composición del paisaje que recrea Yrausquin en la poesía para darse cuenta de que su palabra debe ser exactamente como es: aguerrida, ruda, aclimatada con cada ciclo vital que va cerrando, muy cercana e intimista con los recuerdos del joven que se vuelve a ver en la madurez apenas asomada en sus palabras. Comenta que es a sus 12 años cuando siente el primer impulso de aislarse del resto de sus compañeros y empezar a escribir canciones y poemas. Así supo que la rebeldía podía ser un estilo de vida, leyendo en su juventud a poetas surrealistas como Rimbaud, Lautremont, Mallarmé, Valéry, Apollinaire, Bretón, entre otros, quiénes han influenciado a este poeta. Entre sus influencias locales podemos mencionar a Ramos Sucre, Caupolicán Ovalles, y Adriano González.

Como dato biográfico se conoce que reside en El Municipio Hatillo, que abandonó la escuela de letras en la Universidad Central de Venezuela, aunque finalmente se graduó de abogado en otra prestigiosa universidad del país. Ha tenido lecturas de su poesía en diversos recitales con otros grandes escritores como Rafael Cadenas. Organizó recitales de poesía en la Escuelas de Letras de la UCV  y la ULA, aunque siempre se mantuvo al margen de las élites de los literatos. Fue publicado en el libro Manuel Escalona, el héroe de El Hatillo compilado por el entonces cronista de El Hatillo Iván Naranjo (2010). Fue publicado además en una antología titulada Entre sueños de versos y prosas (2018) por Editorial Versoterapia S. E. donde participó con varios poetas suramericanos. Su vida ha sido un constante acercamiento a la poesía. En la juventud, realizó un viaje por Latinoamérica que le ha permitido aprender sobre las cosas. Con lecturas tan variadas como la vida misma, nos habla sobre sus influencias que van desde poetas ingleses como Percy Shelley, George Gordon Byron o John Keats, pasando por el filósofo postmoderno Nietzsche, el poeta Hölderlin o Baudelaire, hasta Morrison. en una Caracas de entre 1997 y 2008.

La poesía de Luis ha sido un descubrimiento increíble, la angustia que sobreviene a la reflexión de la madurez, a la segunda vuelta que no esconde la desnudez del recuerdo, es una búsqueda que ha decantado en una voz que no se identifica con sus iguales. Imaginar que haya escrito esas travesías en cualquier espacio del viaje, en algún país vecino o en la soledad de la habitación de sus noches, no es la manera de adentrarse a su poesía, sólo debes estar tú mismo sentado al borde de su mirada para poder leerlo de verdad, a él, como la primera lectura que debió haberse dado a sí mismo en soledad. Este autor emergente nos entrega los primeros poemas, algunos pertenecientes a su libro Memorias del Delirio, que está por terminar, otros del poemario que está escribiendo llamado La percepción de la realidad abstracta de un poeta y algunos pocos poemas inéditos. Supimos del autor que no son los únicos libros que iniciarán la segunda mitad de su transitar en la poesía, posterior a la brisa, a la fuerza, a la euforia y al deseo en el cuerpo de las mujeres que le han acompañado. En Yrausquin se encuentra la fruta madura que se descubre en el árbol de la poesía, la visión cautivadora de la rebeldía de los primeros años, con el nuevo alcance que tendrán las palabras de un autor sin reglas establecidas. Dejemos que sus palabras vayan a toda velocidad, como él en su moto, que se esparzan sus poemas y nos hagan viajar a ese delirio necesario para todos, que en él encontramos.

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