literatura venezolana

de hoy y de siempre

«Contigo en la distancia» de Eduardo Liendo

Reseña por José Ygnacio Ochoa

En esta ocasión comentaremos la novela Contigo en la distancia (Seix Barral, Venezuela, 2016). Novela que contiene 26 capítulos. Toda la narración transcurre en el autobús Circunvalación N° 13. Esto en apariencia física  y temporal: Hoy me tocó decidirme al fin, llevaba días pensando en el momento en que abordaría  sin compañía de mamá (p.11)… Es una decisión trascendente para un niño que no llega a los diez años. Es el viaje de pocas horas de toda su vida. La travesía que lo marcará con secretos permeables solo con el lector: su gran cómplice. Los recuerdos, sueños y sobre todo los desvelos de sus lecturas en donde se encuentra con seres que no lo sólo le saludan sino que además intercambian cuitas y secretos de sus vidas. Peculiaridades que se descubren ante el lector.

Veamos algunos rasgos que comportan la novela. Sin olvidar a Elmer como protagonista quien va contando en primera persona todo lo acontecido con la frase: Veo por la ventanilla… expresión que da inicio a  párrafos claves que marcan un ritmo en la historia, detalle que fortalece la narración de un pasado personal. Dicho así, bien puede ser el pretérito de un niño de su edad y otras historias verosímiles o no. Historias en donde aparecen personajes icónicos del mundo del espectáculo, de  la literatura y las artes: Tarzán de los monos, el Dr. José Gregorio Hernández, Pancho Pepe Cróquer, Dick Tracy, Doña Bárbara, Walt Whitman, Franz, con su mundo kafkiano, Gustave Flaubert, Vallejo con Trilce, Stendhal con Rojo y negro, el Doctor Jekyll y Mr. Hyde envueltos por el abrazo de una ola gigantesca, François-René de Chateaubriand, Dante Alighieri y Beatrice, Don Quijote de la Mancha, Cyrano de Bergerac, Pablo Neruda, Oscar Wilde  y hasta el gato Demóstenes. Cada uno de ellos tiene algo que contar o develarle a Elmer, al niño o al hombre que estaba soñando. Sin duda soñaba. Además  dos personajes que le acompañan. Son ellos el chofer y el colector del autobús, cada uno con rasgos muy particulares. Ellos son reales en tanto participan de un presente. Pero igualmente son testigos del viaje en el tiempo de Elmer. Todo el resto de los personajes sube y pasa por el torniquete de la distancia. Es una suerte de caja de sueños en donde el argumento es uno: Consta de un viaje entre la periferia de la memoria de Elmer y la de los personajes que se van incorporando al autobús. Cada calle transitada tiene asignado un nombre para identificar su mundo. La estructura nos conduce a descubrir a Elmer en una suerte de radiografía de su inconsciente: amores posibles e imposibles entran en el juego, así como la Calle de los Cines y uno de estos, como escenario elegido para sus amores con Micaela, el amor de su vida.

El viaje de Elmer es el viaje de todo lector: Es lo que he aprendido esta mañana desde que subí al autobús con el único propósito de sentirme libre… (p. 80) No existe un final como al que estamos acostumbrados. Es una confesión continua desde el asiento con la mirada puesta en esa ventanilla que lo reconoce como el personaje que acepta dos mundos una que parece real y el otro creado a partir del imaginario del personaje. Es la pluma del escritor Eduardo Liendo que nos embarca en otro viaje por vía del encantamiento de la palabra.

Una mención especial merece la novela Los platos del diablo (1985) una historia que gira en torno a dos escritores: Daniel Valencia y Ricardo Azolar, uno ya consagrado y el otro en procura de la fama a como dé lugar. El plagio y las pasiones humanas, como la envidia y la intriga son  los  temas centrales de la novela. Liendo en esta novela hilvana dos personajes que se encuentran con sus complejidades. Es una novela  que se versionó para el cine en el año de 1992 con la dirección de Thaelman Urgelles en donde participó el actor Gustavo Rodríguez encarnando a Ricardo Azolar, además de Mimí Lazo, Julio Sosa Pietri, Víctor Cuica, Claudia Venturini entre otros. El  guión cinematográfico fue escrito por Edilio Peña y Thaelman Urgelles. Es digno resaltar que la versión libre del dramaturgo Juan Martins para el teatro  con la dirección general de quien escribe se estrenó en el Teatro de La Ópera de Maracay el 28 de junio de 1996 con la Agrupación Independiente «Estival Teatro» de la ciudad de Maracay con la presencia del escritor Eduardo Liendo, igualmente se presentó en el Ateneo de Maracay el 31 de octubre del mismo año.

En el programa de mano de ese entonces el ensayista venezolano Juan Carlos Santaella expresa: las adaptaciones cinematográficas o teatrales de obras literarias implican siempre un riesgo inevitable. Ninguna «versión» será absoluta y definitivamente mejor que la obra original. Sin embargo, es necesario acotar que una versión no es más que otra  lectura, otro modo de aproximarnos al texto que, en principio, nos ha servido de punto de partida. En cierta manera, llevar al teatro una obra de ficción novelesca significa ejercer un cuidadoso trabajo de «traducción». Se trata, en efecto, de traducir las claves narrativas y dramáticas sobrepuestas en el texto inicial…Eduardo Liendo escribe para entregarle al lector la posibilidad de encontrarse a través del lenguaje con la connotación de otras vidas desde lo humano y lo sensible de los acontecimientos.

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