literatura venezolana

de hoy y de siempre

Las olas repetidas

Natalia Chourio

Y seguirán brotando…

Vean, los juncos brotan de mis huesos,
y si muero, seguirán brotando
Federico García Lorca

Los juncos seguirán brotando
de tus huesos,
aunque hayas muerto
y seguirán brotando
después de vivo
en las acequias morenas
de bermejas fraguas.
El surtidor te llama
con la voz del «Amargo».
España te mató
y te sigue matando todavía.
pero tu muerte va más allá,
del despojo de la materia podrida.
Tu muerte
decretó tu vida
Ríete,
los juncos seguirán brotando…

***

Átono

Tu silencio es átono,
sumerges el tiempo
en mares de tranquilidad
y no respondes al vacío.

Regresas a la conquista
de perdones imposibles,
pero lo consigues
por la vía del miedo.
Eres fuerza en la distancia,
yo, duda dispersada.
Átona es tu voz
porque no me dice nada,
tienes el secreto
de conocer la inclemencia
y el susto de recorrer
tu pasado de miserias.

Tu voz no me dice nada
Es mejor que calles,
tu silencio me reconforta
aunque no me diga nada.

***

Se quedaron abiertos
los nombres del agua,
y tu equilibrio
de olas repetidas.
La huida que hiere
desatando la protesta
de los niños que lloran
para comer tiempo oxidado.
Y llega el castigo
de vivencias de diez años
y el silencio agonizante
de una luz prisionera de sierpes.
¡El reloj no se detiene!
¡La vida no se detiene!
Se detiene la bujía seca de tus mentiras
avanzan las ondas ajadas
de sugestiones.
Quiero llorar
de algún modo en tus mejillas
y en las agudas gargantas
golpear el timón.
Insomnio de esquinas oscuras,
no vendrás, lo sé
Sigue desmayando los espartos yertos
y acude desteñido
a tu última hora
de rosas oprimidas.

***

En diminutivo

Sin permiso
entro en tu vientre de luna,
en los ombligos estáticos
de tu retrato obsceno.
Desgasto ruinas,
hago añicos
el celo de tu desnudez.
Me duele tu carne
devorada por el fuego
de mi esencia.
Te amo en diminutivo,
te adivino en la distancia.
Este dolor es perfecto
porque me convierte
en figura de sueño
que me ahoga.
Tu aliento es ícono
de cadenas
donde reluce
y tiembla la inocencia.

***

Vuelvo al final
y me persiguen
los ecos que soñé
en tu cuerpo.
Bésame,
más allá de las palabras
donde encuentres
el retiro de gemidos nocturnos,
donde la voz
encuentre el atardecer,
y comiencen los versos,
donde empiecen los gritos.

***

Cupido

Escupiré
el mal sabor de mis labios
esta discordancia me renace
cuando me fatigo
de quimeras

Hueles a otro tiempo
que nunca fue mío
y te deprimes
en días ocultos
donde yo
solo soy
un remordimiento de conciencia.

Manchaste el riego
de incandescentes hipocresías
te rindes en tu mal
donde la verdad
te atrapa
y todavía te ríes
escupiendo los pies
de esta forma vacía.

***

Costumbres

No me cansa el vicio
de beberme tu ombligo,
copia la amargura
donde la esfinge
me escupe tu sexo.

Soy las ruinas de este mar
soy las orillas de este océano.
La palabra me da posibilidad
de no decir nada,
como si te hablara
en otro lenguaje.

El eco viene en humo,
terreno habituado
en las hélices oscuras
pruditorio juego de tus labios,
y en cada mañana
exprimo las perspectivas.

El fuego se retrae,
me sustraigo de tu cálculo
es más lo que persiste
el ácaro de los espejos.
Cerraré mis ojos
para que el vicio
de beber tus anillos
no me cansé,
y gastemos la costumbre.

Deja una respuesta