literatura venezolana

de hoy y de siempre

La gula

Luis Britto García

Personajes:

ELLA

ÉL

Ella y Él, con trajes desharrapados, hecho de restos heterogéneos. Aparecen por los lados opuestos del escenario, y comienzan un conteo regresivo que es al mismo tiempo una escala musical.

ELLA.- Siete seis cinco

cuatro tres dos uno                    Buuuuuuuuuuuuum

ÉL.- Siete seis cinco                  mmmmmmmmmmmmmm

cuatro tres dos uno

(Pantomima de caída al suelo y revolcamiento. Se levantan, sacudiéndose los escombros. Cada uno se apercibe de la presencia del otro. Desde los lados opuestos del escenario, recitan).

ÉL.- El primer día desde la estación meteorológica del Polo Norte vimos las bolas de fuego que quemaban las superficies de los continentes y evaporaban los océanos. Sentimos Ira.

ELLA.- El segundo día desde la estación de observación biológica del Polo Sur captamos las emisiones de la radio donde los líderes nos explicaban lo necesario de la guerra y lo glorioso del triunfo. Sentimos Soberbia.

ÉL.- El tercer día supimos que los hombres condenados a morir por la radiación saqueaban y despilfarraban los tesoros y morían sobre lechos de monedas de oro y agonizaban sobre tejidos de platino. Sentimos Avaricia.

ELLA.- El cuarto día oímos que los supervivientes se entregaban a orgías mientras se desprendía su piel y se hacían fosforescentes sus líquidos vitales. Sentimos Lujuria.

ÉL.- El quinto día supimos que toda obra del hombre había sido destruida y que todo aquello que quisiéramos tener debía ser hecho de nuevo. Sentimos Pereza.

ELLA.- El sexto día supimos que todos habían muerto. Sentimos Envidia.

ÉL.- El séptimo día no supimos nada más. Sentimos hambre.

(Se miran).

ÉL.- Nunca se conoce uno mismo hasta que se le acaban los víveres. Cuando eché a caminar supe que sólo encontraría a los que pudieron esconderse en los refugios más profundos, y que todos estarían saliendo movidos por los mismos  motivos que yo. El primero que encontré fue el Gran Mariscal Generalísimo Estratega Héroe, y quiso comprarme con una colección de medallitas y el nombramiento de Soldado Desconocido.

ELLA.- ¿Y cómo estuvo?

ÉL.- Un poco rancio, pero nutritivo. (Se pule varias medallas en la solapa).

ELLA.- El primero que yo encontré fue el Gran Líder Caudillo Presidente Jefe Guía y Padre de los Pueblos, y me ofreció inscribirme en el Partido y hacerme Secretaria de Reclutamiento y Adoctrinamiento y Organización.

ÉL.- ¿Y cómo estuvo?

ELLA.- (Chupándose los dedos) Indigesto, pero suficiente.

ÉL.- Yo me encontré también al tipo ese, cómo se llama, Presidente de la United Monopolistic Property, propietario de la Universal Oil, accionista del Trust del Agiotistic International Bank, y el hombre me ofrecía paquetes de  acciones y royaltis y datos para jugadas en la bolsa y participaciones como socio y me firmaba cheques.

ELLA.- ¿Y cómo resultó?

ÉL.- Grasiento, pero muy gustoso. (Eructa).

ELLA.- Pues yo me encontré en un montón de ruinas al viejito éste, Su Santidad lo llamaban, con muchos trapos dorados y un gorro enjoyado y un bastón con la punta enrollada. Me ofreció el perdón de los pecados y la resurrección de la carne y la vida perdurable.

ÉL.- ¿Y cómo estuvo?

ELLA.- Mal, porque tragándome los dedos se me atoró un anillo con un zafiro y estuve a punto de ahogarme. Sabía a vino malo y a pan sin levadura. (Hace sonar un enredijo de ornamentos sacros).

ÉL.- Y cuando estaba a punto de desfallecer me encuentro con el Gran Doctor Académico Master Summa Cum Laude P.H.D., que inventó el demoledor de continentes y que me ofreció repartirse conmigo el premio Nóbel si lo ayudaba a inventar una bomba que acabara con las nebulosas espirales. (Agita medallas académicas).

ELLA.- ¿Y cómo estuvo?

ÉL.- Detestable. Cada día que pasa, los supervivientes están más flacos. ¡Puaj!

ELLA.- ¡Puaj! Si ya hemos acabado con todos los que había detrás, entonces debemos ser los últimos.

ÉL.- Uno de nosotros será el último.

(Se miran con incomodidad, todavía distantes).

ELLA.- De repente uno se da demasiada cuenta de que tiene una boca.

ÉL.- Todo esto es la consecuencia lógica de la invención de la mandíbula. Desde que apareció los seres vivientes no han hecho otra cosa que entredevorarse, hasta que aparecieron los más eficaces mordedores, los hombres.

ELLA.- Mandíbulas con lógica.

ÉL.- Después vinieron los grandes partidos, los grandes ejércitos, los grandes estados.

ELLA.- Mandíbulas con ideología.

ÉL.- Hasta que sobre la tierra sólo hubo dos grandes juegos de mandíbulas y cada uno intentó tragarse al otro y se hicieron pedazos.

ELLA.- Y quedamos nosotros.

ÉL.- Dos miserables colmillos.

(Se miran. Pausa).

ÉL.- (Sacando una cantimplora) ¡Brindemos por el tiburón! (La cantimplora está vacía).

ELLA.- (Sacando otra cantimplora) ¡Brindemos por la araña! (También descubre que la cantimplora está vacía. Ambos se miran con atención).

ÉL.- Puedo ofrecerte la muerte rápida e indolora. Puedo ofrecerte la lógica que te permita resignarte, y estos son los dos mejores regalos que jamás ha podido dar el hombre.

ELLA.- Puedo ofrecerte el alivio y el olvido que es en realidad lo único que se quiere. La vuelta al cobijo entre mis piernas y la oscuridad que buscas y éste es el regalo de la mujer. Quieres rendirte y ceder. ¿Verdad que quieres?

ÉL.- Mira, tengo unas manos fuertes y seguras.

ELLA.- Mira, tengo una voz armoniosa aunque un poco ronca. Podría cantarte hasta que olvidaras el tiempo y lloráramos. Hasta que no quisieras otra cosa que oír mi canto y acercarte a mí aunque tuvieras que arrojarte a las aguas.

ÉL.- Schubert vendió cada lieder por el equivalente de medio kilo de mantequilla.

ELLA.- Podría contarte fantasías que te hicieran amar lo que no existe y que decidirían a suspender mi muerte mil y una noches, y aun eternamente.

ÉL.- La traducción de la historia de Aladino se hizo por dos kilos de morcilla.

ELLA.- Inventaríamos juegos y yo fingiría que te resisto y tú fingirías que me persigues. Te haría morir mil veces y volver a la vida. Y dejarías todo por el trance que soy capaz de darte.

ÉL.- (Ovillándose, solloza) ¡Basta! ¡Basta! Sabes que no puedo matarte. El silencio comenzaría a caer sobre mí desde todas las direcciones del espacio. Y para siempre. El silencio.

ELLA.- (Acercándosele por la espalda, saca un fémur y lo alza para golpear) Al fin… juntos… y solos… (Una red la envuelve, repentinamente)

ÉL.- (Salta sobre Ella. Lucha atroz. Empieza a estrangularla) El deber de toda trampa… es fingirse… inofensiva… hasta que la presa… se acerque… confiada… mandíbulas… con lógica… mandíbulas… mandíbulas… silencio… (Alarido final. Inmovilidad. Silencio).

ÉL.- (Dejando caer el cuerpo de la mujer) Ahora no tengo apetito.

Telón

Sobre el autor

*Imagen: Gula, de la serie «Los siete pecados capitales», de Pieter Brueghel el Viejo.

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